Poesía a la escucha

Voces del Extremo. Poesia i Escolta
Barrios de Zaïdia, Carmen, Cabanyal y Benimaclet. Valencia
Del 28 al 20 de abril de 2017

El último fin de semana de abril tendrá lugar por primera vez en Valencia el encuentro Voces del Extremo. Bajo el epígrafe ‘Poesía y escucha’ pretende crear un encuentro, que no festival, entre movimientos sociales de la ciudad, teniendo lugar los días 28, 29 y 30 de abril en los barrios valencianos de Zaïdia, Carmen, Cabanyal y Benimaclet.

Esta convocatoria nace de la inquietud de un grupo de poetas de la ciudad para hacer un alto en el camino y reflexionar sobre el papel de la poesía y del arte en la sociedad actual. Como señalan en su manifiesto: “Sin poemas en la lengua: hemos llegado a la conclusión, después de tantos recitales de poesía, después de tanta poesía de la conciencia crítica, después de tanto canon y egos siempre inoportunos, que ya no hacen falta más poetas”.

Pancarta en la Avenida del Cid de Valencia. Imagen cortesía de Voces del Extremo.

Pancarta en la Avenida del Cid de Valencia. Imagen cortesía de Voces del Extremo.

Durante el año 2008 apareció colgada de uno de los puentes de la Avenida del Cid en dirección hacia Madrid, una pancarta con un poema de Antonio Orihuela. Esta intervención anónima sirvió para que “fuese el poema más leído de la literatura contemporánea”, bromea el poeta Enrique Falcón en el acto de presentación del Encuentro que se celebró en el contexto de la 17ª Mostra del Llibre Anarquista de Valencia la primera semana de abril de este año.

Dentro de este acto, vecinos y miembros de la Asamblea de Voces del Extremo Valencia pintaron una nueva pancarta con el poema de Antonio Orihuela que acompañará los actos principales de este fin de semana a modo de mantra espiritual o declaración de intenciones.

Los encuentros de poesía de Voces del Extremo nacieron en los años 90 en Moguer (Huelva), con el objetivo de servir como espacio para la conexión de prácticas poéticas con el establishment cultural y artístico del momento. Lo que hoy en día se ha pasado a llamar ‘Poesía de la Conciencia Crítica’, que en la ciudad de Valencia ha estado muy presente siempre, nace de aquellos modestos hermanamientos de poetas en la localidad de Juan Ramón Jiménez.

A lo largo de estos casi veinte años se han celebrado otras ediciones del Encuentro también en Logroño, Madrid, Tenerife entre otros. Pero los poetas de la Asamblea de Valencia quieren dar un giro, según el análisis que llevan realizando desde el mes de octubre, a esos encuentros: un espacio de poetas para poetas.

Haciendo una crítica de la desconexión de la poesía con la realidad actual, cuestionó si la poesía y el arte en general acompañan las luchas sociales y políticas que se están dando en la actualidad en nuestras calles. Es decir, repensar la pregunta de siempre y plantearla desde unas coordenadas culturales, físicas y políticas diferentes.

Desde la Asamblea valenciana de Voces del Extremo se llegó a la conclusión que había llegado el momento de escuchar. Que los poemas y los poetas empiecen a poner en práctica su labor, que consiste, desde su punto de vista, uno de los trabajos más urgentes que ha de imperar en cualquier práctica cultural, poética y/o política actual.

Cartel del encuentro Voces del Extremo. Imagen cortesía de la organización.

Cartel del encuentro Voces del Extremo. Imagen cortesía de la organización.

Es por esto, que desde hace meses se empezó a dar forma a este experimento: la poesía como excusa para la creación de un espacio de encuentro político y personal, un mecanismo para la vinculación. Al mismo tiempo que esa práctica de llevar el arte a la realidad a pie de calle, ofrezca una clave para poder proyectar algún tipo de propuesta cultural políticamente honesta.

El contacto con movimientos sociales y vecinales ha sido la tarea principal desde la organización del encuentro. Estos colectivos y asociaciones ofrecerán, no sólo el espacio donde trabajan, sino su participación activa en torno a los debates y lecturas programados. En la práctica, todo esto se traduce en un Encuentro donde no habrán recitales, propiamente dichos, sino Rutas de la Escucha y Recitales/Asamblea.

Esta edición de Voces del Extremo será itinerante dentro de la ciudad de Valencia. Partiendo desde Ciutat Vella los participantes se acercarán a los diferentes barrios de la ciudad donde los colectivos colaboradores los introducirán en las problemáticas de cada uno de los barrios, cuáles son sus líneas de lucha y cómo se organizan en su día a día.

Serán en los trayectos del tranvía donde tendrán lugar lecturas poéticas improvisadas, y durante las tardes del sábado y domingo se realizarán recitales/asamblea donde los diferentes colectivos y público en general podrán debatir sobre un corpus de poemas predeterminado en formato libro que se distribuirán antes de cada recital entre los asistentes. Y para no dejar a los más pequeños fuera de este experimento se ha creado el Espacio Vocecitas.

No hay autores invitados ni cabezas de cartel, únicamente los poetas que se han sumado a la invitación general de participar como escuchadores. En total hay unos cien poetas de todo el Estado Español confirmados. Los únicos nombres destacados serán los de los poetas valencianos Antonio Martínez i Ferrer (Alzira, 1939) y Marc Granell (València, 1953), que serán homenajeados antes de los recitales/asamblea durante el sábado y domingo.

Con nombre propio también participan el Niño de Elche, que tituló su álbum del 2015 ‘Voces del Extremo’, refiriéndose a los Encuentros de Moguer, que hará llegar un pregón desde Atenas; y el artista visual Isaías Griñolo, que documentará esta edición valenciana para una exposición titulada ‘Notificaciones’ que se realizará en el Centre del Carme a partir de mayo.

 

La mirada despierta de Sergio Larraín

Sergio Larraín: Vagabundeos
Organizada por el Centro José Guerrero de la Diputación de Granada y producida por
Magnum Photos
Centro José Guerrero
C / Oficios, 8. Granada
Hasta el 27 de marzo de 2016

El fotógrafo chileno Sergio Larraín (1931-2012) atravesó el universo de la fotografía como un meteorito. Su preocupación por la pureza y su atracción por la meditación lo llevaron, después de muchos viajes, a retirarse al campo chileno, donde enseñó yoga para vivir en autarquía. Desde allí escribió mucho, preocupado por la necesidad de transformar la humanidad.

La exposición abarca toda su trayectoria, desde los primeros años de aprendizaje hasta su período Magnum, de las imágenes documentales a aquellas más libres de sus dibujos y los satori. Sergio Larraín tenía un ojo muy vivo, desligado de toda convención. Este enfoque a la vez social y poético hace de Larraín un fotógrafo brillante y un modelo que han seguido las nuevas generaciones.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

La del vagabundeo es quizá la poética con la que el arte entró en la modernidad. Baudelaire y Benjamin valoraron en ella la observación atenta y cabal de la ciudad, la confluencia de los ritmos urbanos y el cuerpo del paseante (la mirada alerta, la escucha). También Sergio Larrain elogió (y eligió) esa actitud. Fue fotógrafo por el placer del vagabundeo, por el deseo profundo de estar en el mundo y por la pureza del gesto. Y sin embargo, pasó gran parte de su vida retirado, practicando yoga y meditación, escribiendo y dibujando. Entre esos dos extremos brilla la estela de su paso por el mundo, intensa como la de una estrella fugaz.

Hijo de una familia de la alta burguesía chilena, Sergio Larrain (1931-2012) se alejó muy pronto del ambiente mundano que se respiraba en casa de su padre, conocido arquitecto y coleccionista de arte. A pesar de las difíciles relaciones que mantuvo con él, llegó a reconocer que gracias a la nutrida biblioteca familiar pudo educar su mirada y acceder a la fotografía.

Tras comenzar los estudios en Estados Unidos, viajó por Europa con su familia. A su regreso a Chile en 1951, se aisló durante una temporada y se inició en la meditación. En Norteamérica había comprado una Leica, y comenzó a hacer fotografías al tiempo que frecuentaba asiduamente el animado ambiente artístico de Santiago. En 1954, deseoso de obtener una opinión sobre su trabajo, envió un portfolio al MoMA de Nueva York y Steichen le compró algunas fotografías, lo que le reafirmó en su deseo de ser fotógrafo.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Trabajó como free-lance para la revista brasileña O Cruzeiro, viajó por América del Sur y más tarde recibió una beca del British Council para hacer fotografías en Londres, donde residió durante el invierno de 1958-1959. Con ocasión de este viaje a Europa se hizo realidad su deseo de entrar en Magnum: mostró a Henri Cartier-Bresson su trabajo sobre los niños abandonados de Santiago y fue aceptado en la prestigiosa agencia. Se instaló, pues, en París durante una temporada, lugar desde donde partiría para realizar numerosos reportajes de prensa.

Muy pronto comprendió que ese mundo apresurado no era para él y volvió a Chile. Allí culminó su principal trabajo, sobre Valparaíso, junto a Pablo Neruda, antes de volver a la meditación, al yoga y al dibujo. A partir de entonces vivió en un aislamiento voluntario, durante el que mantuvo correspondencia con numerosos amigos, obsesionado con la idea de salvar al planeta de los estragos causados por el hombre. Pasó los últimos treinta años de su vida en Tulahuén, en el norte de Chile.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Esta exposición, comisariada por Agnès Sire, abarca toda la trayectoria de Sergio Larraín, fotógrafo cuya mirada despierta, desligada de toda convención, y cuyo enfoque a la vez social y poético hicieron de él un brillante referente para generaciones posteriores. En las salas del Centro José Guerrero se distribuye su obra en distintas secciones, con un arco cronológico que va de 1954 a 1977, desde los primeros años de aprendizaje hasta su período Magnum, de las imágenes documentales a aquellas más libres de sus dibujos y los satori.

En la planta baja se muestran las series Isla de Chiloé (1954-1963) y Niños abandonados (1955-1963), a la que acompaña el corto Niños del río Mapocho. La primera planta acoge las series tituladas Bolivia, Perú, Buenos Aires, París y Londres (1958-1975). En la segunda planta se exhiben las obras de las series Italia, Valparaíso y Santiago (1959-1977), además de una muestra de los satori y dibujos de su última época y libros, catálogos y revistas que recogen su obra, así como algunos tirajes originales.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

 

El perturbador Carles Santos

Universo Santos, de Carles Santos
Centre Cultural La Nau
C / Universidad, 2. Valencia
Hasta el 30 de agosto

Al igual que a Bach le gustaba probar un órgano para comprobar su resistencia, a Carles Santos también le gusta someter al piano a situaciones extremas. De manera que tan pronto le clava en mitad de los pulmones de sus teclas una gran cruz, como un enorme zapato de tacón o una hélice. Así entiende el artista castellonense la música: de forma tan clásica como excesiva. Exceso que algunos han dado en llamar vanguardista, pero que a él no le motiva: “Yo soy un clásico total, total”. ¿Entonces? “Yo es que no estoy seguro lo que es vanguardia y lo que no es”.

Obra de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Obra de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

Y alude a Bach, evocado igualmente en su exposición ‘Univers Santos’ de La Nau: “Escuchas a Bach y no sabes lo que hace. Yo estoy igualmente confundido y la palabra vanguardia me produce algo que no sé qué”. Esa incertidumbre, compuesta a partes iguales de veneración clásica, ruptura, perversión y pasión escenográfica, en la que lo religioso y lo pornográfico dan continuamente la nota, se muestra en La Nau de la Universitat de València.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos'. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Hay de todo: sus amados pianos, algunos apilados como si fueran una falla y otros malheridos; impactantes fotografías de alto contenido erótico; video montajes de sus óperas; algunas publicaciones discográficas, partituras y carteles. Dos salas repletas de referencias a ese ‘Universo Santos’ al que alude el título de la exposición, rematado por ‘El fervor de la perseverancia’. Fervor que alcanza grados de sadismo, provocación y violencia cabalgando entre barrocas puestas en escena e inquietantes sonidos.

Fotografías de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Fotografías de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

“Yo estoy con un pie en el teatro y dos o tres pies en la música”. De hecho, dice que los autores teatrales que más le gustan suelen ser músicos. Las dos grandes orejas que completan el cuerpo de uno de los pianos exhibidos resumen esa mezcla de musicalidad y teatralidad en su obra. Mezcla explosiva que ha dinamitado durante 50 años la vanguardia española y de la que se hace eco La Nau con una exposición que no pretende ser “retrospectiva”, porque encaja mal con el espíritu siempre cambiante de Santos, según explicó el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño.

“Es una obra en construcción” que mama de la “tradición histórica del grotesco”. Ariño también apuntó las características de fascinación y perturbación. Fascinación por esa música clásica que siendo muy niño le atrapó, y perturbación porque una vez sumergido en ella (el agua es otra de sus constantes) su sonido adquiere resonancias grandilocuentes. De ahí la conexión con lo sagrado, lo espiritual, lo religioso, perversamente transformado en alusiones al cuerpo violentado.

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

La exposición de La Nau sirve de antesala al homenaje que la Universitat de València tiene previsto realizar el 23 de junio a Carles Santos, otorgándole su medalla en el Claustro del edificio universitario. Fundación Caixa de Vinaròs, CulturArts y el IVAM se suman a este proyecto con diversas actividades en el marco del festival Ensems y Serenates, y un ciclo de cine dedicado a quien también orgía sus extremos musicales en el ámbito cinematográfico.

Josep Ruvira, comisario de Univers Santos, destacó, más que la presencia de obras inéditas, la variedad de “piezas transformadas” para la ocasión. La irreverencia del clásico vanguardista le llevó a decir que, puestos a definir la vanguardia, él la veía menos cerca de músicos como John Cage y más próxima al comportamiento de ciertos concejales. “Me gustaría conocer alguno capaz de hacer lo que se ha hecho en una ciudad alemana, planteando 11 años de música a partir de Cage”. No hay mandatario que lo resistiera, ironizó. Eso también forma parte del Universo Santos, cuya tocata y fuga permanecerá en La Nau hasta el 30 de agosto.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en su 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en su ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

Salva Torres