Fotofestival Benidorm nace lleno de retratos

Fotofestival Benidorm 2017
Retrato. Mujeres fotógrafas
Diversos espacios de Benidorm (Alicante)
Del 15 de julio al 15 de agosto de 2017

La primera edición del Fotofestival Benidorm se dedica al retrato, a la representación, y en especial a la mujer en la fotografía; nueve fotógrafas que han hecho del retrato su modo de reflexionar y trabajar el medio fotográfico: 9+9 exhibiciones durante un mes.

Nueve exposiciones, intervenciones en el callejero de Benidorm, ya que Fotofestival Benidorm se caracteriza por utilizar el espacio público como lugar de encuentro, disfrute y reflexión del arte fotográfico. Y nueve escaparates de comercios de la ciudad que albergarán en sus vitrinas piezas de retratos de otras tantas fotógrafas.

Fotografía de Angelica Dass. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Fotografía de Angelica Dass. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Se apuesta por formatos y espacios expositivos no habituales: fachadas empapeladas, vinilos, escaparates, para acercar el arte fotográfico al público. Habrá conferencias, charlas, intervenciones, talleres, recorridos y cine. Un festival que se realiza gracias a la implicación directa de diferentes agentes locales, comerciantes y hoteleros y que cuenta con la participación de autoras de Méjico, Brasil y Argentina pero que a su vez está muy bien representado por fotógrafas nacionales, consolidadas, de media carrera y emergentes.

Obra de Sofía Moro. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Obra de Sofía Moro. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

El leitmotiv o el motivo central del mismo es el retrato. En esta primera edición se ha querido rendir merecido homenaje a las fotógrafas. De entre las autoras afianzadas,  se cuenta con la presencia de la artista de Terrassa, Joana Biarnés (1935), la mexicana Lourdes Grobet (1940) y la hispano-brasileña, carioca, Angélica Dass (1979).

Fotografía de Bárbara Traver. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Fotografía de Bárbara Traver. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

En la media carrera, están en las artistas madrileñas Sofía Moro (1966) y Estela de Castro (1978); y la bonaerense Romina Ressia (1981). También participan la toledana María Gómez (1990); la madrileña Bárbara Traver (1992) y la ilicitana María Urbán (1971), en virtud al I Premio del Festival Internacional de Fotografía de Benidorm, en el que fueron seleccionadas por un jurado compuesto por: Lucía Casani, directora de La Casa Encendida; Pilar Citoler, coleccionista y promotora del premio de fotografía de su nombre; Rosina Gómez-Baeza, directora de Factoría Cultural Madrid; Chantal Grande, de la Fundación Forvm para la fotografía; Ana Tallés, docente; y los co-directores del Fotofestival Alicia Lamarca Auer y José Luis Martínez Meseguer. Premio que ha sido patrocinado la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Benidorm.

Fotografía de Lourdes Grobet. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Fotografía de Lourdes Grobet. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Fotofestival Benidorm quiere implicar al pequeño comercio de Benidorm, de ahí que organice también una ruta de escaparates. Se trata de una exposición paralela de fotógrafas de Benidorm. Sus fotografías estarán expuestas en los escaparates de los nueve comercios que participan es esta edición; itinerario señalizado en el plano general. De esta manera los visitantes recorrerán los establecimientos y se promocionarán sus actividades comerciales. Las artistas que participan en este recorrido son: Dori Galiana, Alicia Lamarca, Gema Macias, Lola Marpi, Laura Medrano, Dara Nemethova, Ana Sanmartín, Ana Gemma Soto Sanchez y Olivia Such.

Fotografía de Joana Biarnés. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Fotografía de Joana Biarnés. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

El segundo plano de Mike Swaney

Mike Swaney, “Sculptures & Groceries”
Galería L21 Palma
C/ San Martí, 1. Palma de Mallorca
Inauguración: 12 de marzo 2015, 20h.

La galería L 21 Palma presenta la exposición individual de Mike Swaney (Canadá, 1978) en su espacio THE ENVELOPE.

Para esta exposición, ha producido una serie de esculturas de cerámica, que ha dejado secar al aire libre y que posteriormente ha pintado con óleo y ha barnizado. De esta manera, consigue que las piezas brillen y tengan un acabado que imita la porcelana. El artista utiliza como peana cajas de comida, un objeto común de la vida diaria, para conseguir que el espectador se aproxime lo máximo posible a la obra y la considere como cercana.

Mike Swaney realiza fotografías constantemente de todo lo que, a su parecer, existe al margen de la sociedad. Fotografía tiendas de segunda mano, murales, escaparates y chapuzas, y también recoge los objetos que encuentra en tiendas de segunda mano y que llaman su atención. De este modo, dispone de un archivo fotográfico y una colección personal de objetos kitsch a partir de los que crea obras que son versiones u homenajes de lo que él considera arte marginal.

En su trabajo también hace referencia a todos aquellos creadores: niños, ancianos, amas de casa, etc., que hicieron muchos de los objetos originales en los que se basan sus esculturas. Así, rescata y da protagonismo a una serie de objetos a los que normalmente no se les da importancia y que suelen aparecer en un segundo plano.

Las obras de Swaney reflexionan sobre la vida cotidiana y los ritos y costumbres actuales a partir de la ironía y el disparate. Su trabajo se mueve entre la arqueología y la antropología, y el resultado es un reflejo de la sociedad contemporánea.

Mike Swaney. Cortesía Galería L21 Palma

Mike Swaney. Cortesía Galería L21 Palma.

Hiperrealismo: imágenes en alta definición

Hiperrealismo 1967-2013
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 19 de enero de 2015

La muestra comienza con los fundadores del fotorrealismo norteamericano de los años 60 y 70, cuando la abstracción dominaba el horizonte artístico (cumpliéndose así una vez más ese movimiento pendular que parece inevitable entre los opuestos): John Baeder, Robert Bechtle, Chuck Close, Don Eddy, Ralph Goings, Richard Estes, John Kacere, Ron Kleemann o John Salt, para continuar con su internacionalización en las siguientes generaciones hasta la actualidad: Anthony Brunelli, Davis Cone, Robert Gniewek, Gus Heinze, Don Jacot, Ben Johnson, Yigal Ozeri, Raphaella Spence o Bernardo Torrens, entre otros.

Los primeros comparten con ese otro estilo característico de la década, el arte pop, el gusto por los motivos triviales y cotidianos: coches y motos relucientes, letreros luminosos, gasolineras, escaparates, el colorido artificial de los bares de carretera… Suelen ser primeros planos, con ese efecto borroso tan propio de la escasa profundidad de campo de las fotografías que utilizan como modelo.

Obra de Don Jacot en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Don Jacot en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Porque estos pintores utilizan la fotografía como instrumento para la pintura, con técnicas como la proyección de diapositivas o el sistema de mallas. El proceso que siguen es el de captar la realidad mediante la fotografía para luego copiarla en el lienzo hasta en sus mínimos detalles. Pintan con pistola a través de mallas copiando la foto celda por celda, o, si utilizan pincel, raspan la pintura para quitar su huella, para no dejar ninguna textura, ninguna materia, buscando que el cuadro se limite a reproducir el efecto de la pura ilusión fotográfica. De esta manera, el aumento del realismo (hiperrealismo) es en este caso la operación que surge de esta doble manipulación de la realidad, la cual queda como bajo un efecto de postal.

Está claro que es la realidad de los objetos, no del sujeto, lo que les interesa. Tal como les llega la imagen, la devuelven aumentada. En esa devolución, en esa copia, apenas van restos de subjetividad, ningún poso ni rastro alguno de la impresión o movimiento íntimo que ha podido suscitar en ellos. Es la realidad puramente visual, la imagen como pura imagen lo que les atrae de tal manera que cualquier filtración que no sea puro dato objetivo, queda eclipsado. Aquello que no sea imagen veraz, perfectamente reconocible, cualquier interferencia del sujeto, queda excluida.

Obra de Neffson en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Neffson en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013′ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Al no haber respuesta del artista, ningún rastro de él en el cuadro a excepción de su extrema habilidad, se puede decir que este estilo es unidireccional, un viaje pictórico de sentido único.

Pero el caso es que si una obra de arte vive realmente es por la respuesta que el artista (y el espectador) dan a la realidad que les llega, y su valor está en proporción a la cantidad de interrogantes que suscita esa realidad. En el caso hiperrealista, la carencia de ida y venida, de viaje de doble sentido, es un deseo, una meta, que se consigue implacablemente.

Obra de John Kacere en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de John Kacere en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013′ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Llama la atención este delirio por la perfección, por la reproducción exacta, el énfasis en la precisión extrema y la minuciosidad. Hiperdefinición, exactitud, perfección, minuciosidad, son palabras extremas. Y por el hecho de serlas vienen de rebote las opuestas: vaguedad, imprecisión, improvisación, fantasía, imperfección… Parece como si lo humano fuera aquí tabú. Delirio de perfección, es decir, intolerancia del error, de la contradicción, de la sorpresa. El hiperrealismo tiene esta faceta de máquina. El hecho de querer que no exista el fallo, es decir que no haya intrusión de lo subjetivo, remarca este rasgo de reproducción androide.

La condición para este estilo es el virtuosismo, el dominio absoluto de la técnica. La obra no debe quedar fuera del control del autor. De esta manera se ejerce sobre ella absoluto poder, tanto que la obra queda amordazada, fija, tan exacta en su perfección como fría y cerrada. Todo ese virtuosismo, ese despliegue descomunal de talento y técnica, toda esa elocuencia, no evitan sin embargo que la pintura sea muda. Y es que hay que tener claro que lo que se pinta así no ha sido hecho para que el espectador vierta en la obra aquello que pueda completarla. Este sólo puede verla y dejarse asombrar por ella. Es perfecta, y su perfección es la conquista de su autor, como Pigmalión.

Obra de Ralph Goings en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Ralph Goings en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Pero la idea de una imagen hiperdefinida, acabada, perfectamente reconocible, es la utopía del gusto imitativo, que al no tener en cuenta la naturaleza fugaz de la imagen, su movimiento transitorio, comete el error de sobrevalorar una realidad que es sólo un estado entre otros muchos de la cosa representada. Por mucho que el hiperrealista se empeñe en lo contrario, las cosas siempre serán más y de otra manera que como las vemos o las pensamos.

En nuestro deseo de realismo para poder movernos con seguridad por el mundo, solemos tomar la idea por la cosa en una placentera ilusión de reconocimiento e inteligibilidad. Dicho con otras palabras, se suele caer en esta idealización de la imagen, de la apariencia, tomándola por lo real porque nos permite hacernos la ilusión de entender la realidad, el mundo que nos rodea y a nosotros mismos.

Obra de Raphaella Spence en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Raphaella Spence en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013′ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Nos da un placer de complacencia narcisista. El pintor que se complace en el hiperrealismo de la representación goza de sí mismo a través del cuadro. Igual que el espectador que se complace en reconocerlo, en entenderlo. La obra se convierte así en pretexto para ese tipo de narcisismo que la inspira, pues se admira la habilidad del artista, su goce, y no el valor en sí mismo de la obra, es decir, en lo que esta tiene de disparadora de contenidos del sujeto.

Lo mismo pasa con el espectador que se complace en esta relación de espejos; lo que espera del arte es lo que espera de una cámara fotográfica en su gesto objetivador: que se ajuste al orden racional de las cosas, ese orden programado para que no falle el entendimiento con la imagen. Por eso el espectador ve satisfecha en la obra que reconoce y entiende, su propia complacencia. Es así que quiera verse por encima de la obra y hacerse dueño de ella. Quizá sea por esto tan del gusto de la mayoría y esté vigente siempre en el modo de mirar (y enjuiciar) la obra artística.

Obra de John Salt en la muestra sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de John Salt en la muestra sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Porque a fin de cuentas parece que el arte va a padecer siempre esta confusión, la del enfrentamiento entre dos puntos de vista paralelos, condenados a no encontrarse nunca: por un lado, el artista-espectador que se mueve en la lógica de lo que es reconocible y entendible, y por otro el que, sintiendo la experiencia de otra lógica que quiebra todo lo conocido, no puede evitar moverse a tientas en ese vasto espacio de incertidumbre.

Obra de Don Eddy en la exposición sobre el Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Don Eddy en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013′ en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres

Video de Néstor Navarro sobre la exposición:

Hiperrealismo Bellas Artes de Bilbao from Makma on Vimeo.