Sebastián Nicolau, ¿sin trampa ni cartón?

Duplum, de Sebastián Nicolau
Galería Shiras
C / Vilaragut, 3. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

“No hay voluntad de engañar; no hay nada oculto”, insiste una y otra vez Sebastián Nicolau, cuyos últimos trabajos se muestran en la Galería Shiras de Valencia hasta finales de julio. Y sin embargo… Sucede que su obra invita a la duda, a la interrogación: ¿son planchas metálicas lo que el espectador ve o reproducciones infográficas que dan esa impresión? “Yo no hago trampantojo, todo es muy evidente”, recalca.

Y lo que resulta evidente en su obra, que muestra en Shiras bajo el título de Duplum, es su intención de “llevar las cosas al extremo”, de tensar el diálogo entre “lo que es real y lo que no lo es”, explica el artista. De manera que esa mezcla de planchas de aluminio que parecen ser lo que son y esas otras que simulan su carácter metálico, cuando en realidad son impresiones digitales, forma parte del juego al que nos convoca Sebastián Nicolau y para el que cuenta “con la buena voluntad del espectador”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo”

Por eso el artista no esconde nada, sino que pone sus cartas boca arriba para todo aquel que quiera saber en qué consiste el juego, cómo está hecho. Ahí lo tienen, delante de sus ojos: chapas de aluminio manipuladas, cortadas y dobladas sobre las que trabaja Sebastián Nicolau para convertirlas en soporte de sus dibujos y pinturas que terminan comportándose como esculturas. “Es todo muy tradicional: pintura al óleo sobre metal”. Y añade: “Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo y realista, porque más realismo que lo que es físico no hay; yo diría que casi es hiperrealismo”.

Ese carácter escultórico tiene, no obstante, su viaje de vuelta, en forma de imagen plana que evoca el volumen original. “A la pieza tridimensional luego le doy una vuelta de tuerca y la convierto en objeto bidimensional, al que el ollado y cosido le da volumen”. Ese juego del prestidigitador cuya actuación sabemos que se sustenta en el engaño del ojo, en la trampa, al que aún así le demandamos el más verosímil de los engaños, está sin duda en el trabajo de Sebastián Nicolau.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“En mi obra no hay truco, todo es dibujo, pintura, escultura”

De nuevo el espectador y su complicidad. “Sí, es como en los trucos de magia, que aunque sepas que lo son y busques la explicación te siguen maravillando”. Dicho lo cual, insiste en que, en su caso, “no hay truco, todo es dibujo, pintura y escultura”, para concluir que, después de todo, “es el espectador el que se oculta a sí mismo”. Podría decirse, al hilo de los pliegues y dobleces que conforman su Duplum, que es el propio artista también el que se oculta, para dejar que sea la ambigüedad de la realidad y la ficción la que reclame para sí toda la emoción.

Conviene destacar la importancia del juego, del artificio y del doble sentido en la obra de Sebastián Nicolau. Siempre que lo entendamos no como mentira, sino como la manera de producir una emoción interrogativa en el espectador. Arte y artificio colocados en el mismo registro. “Es como salir del cine y pensar lo bien construido que está el guión”. Porque de eso se trata: de construir una ficción que emocione, que sacuda la percepción y “te lleve a preguntarte por el modo en que está hecha la maquinaria”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo siempre he trabajo en espiral, más que en línea recta”

El análisis sería en su caso otra vuelta de tuerca más en el deleite de la emoción, nunca la forma de aniquilarla. De hecho, se acuerda de un espectador inquieto que le demandaba conocer la “verdad” del trampantojo, las tripas del artificio, para mejor degustarlo. “Yo no he sido pintor abstracto nunca, porque empecé haciendo una especie de realismo mágico y, en el fondo, continúo jugando con la realidad y la ficción”. Por eso destaca su trayectoria como un camino alejado de la “somnolencia” rectilínea: “Yo siempre he trabajado en espiral, más que en línea recta”. Y la espiral adquiere resonancias manieristas, por ser una de las figuras señeras de ese movimiento artístico. Espiral que a Sebastián Nicolau le lleva a entender su trabajo repleto de “cambios paulatinos, sin grandes saltos”. Más que concebido como un despliegue lineal, preñado de pliegues.

La veintena de piezas que integra Duplum revela ese carácter espiral, sinuoso, ondulante, por el que las luces y las sombras, lo rígido y lo dúctil, van dialogando. “Hay cierta tensión dramática”, dice. “La cuerda parece tensionar el metal, que se comporta como una tela que al principio coses con mimo y luego avanza en agresividad con el dibujo”. Puro artificio mediante el cual Sebastián Nicolau provoca emociones en un espectador que puede hacer de todo menos aburrirse. Como el propio artista, que ya está pensando en su siguiente serie, en nuevos pliegues y dobleces: “No me gusta dormirme”.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Salva Torres

Imágenes engañosas

Harun Farocki. Lo que está en juego
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 22 de mayo de 2016

El título con el que han sido editados sus ácidos textos en las revistas Filmkritik y Trafic ya lo dice casi todo: ‘Desconfiar de las imágenes’. Ahí está resumido el modo en el que Harun Farocki concibe esas imágenes, que ahora reúne por primera vez en España el IVAM, en colaboración con la Fundación Tàpies. Imágenes reales, muchas de ellas captadas con videocámaras, e imágenes virtuales que vienen a darse la mano para explicar esa forma lábil que tienen las imágenes de construir la realidad. Una realidad que Farocki desenmascara utilizando las propias imágenes como material de engaño.

Imágenes de la exposición 'Lo que está en juego', de Harun Farocki, en el IVAM.

Imágenes de la exposición ‘Lo que está en juego’, de Harun Farocki, en el IVAM.

La exposición Lo que está en juego, comisariada por Carles Guerra y Antje Ehmann, pretende llamar la atención sobre ese carácter epidérmico de lo visual, ocultador de otras capas más profundas de la realidad. “Vivimos rodeados de pantallas, de millones de imágenes, y lo que Harun Farocki nos dice es que hay que desconfiar de ellas, tener una actitud crítica”, señaló José Miguel Cortés, director del IVAM. Actitud que salta a la vista en la galería donde se exhiben los trabajos del cineasta que tachó de conformista el cine de Wenders, Fassbinder o Schlöndorff, lo cual da muestra del lugar extraterritorial de su cine.

En el cortometraje Inextinguishable Fire (Fuego Inextinguible), por poner un ejemplo al que aludió Carles Guerra, un hombre hace las veces de un vietnamita que narra ante la cámara los efectos de las bombas de napalm. Para ello, apaga un cigarrillo en su brazo comparando los 400 grados de esa insignificante pero dolorosa quemadura, con los 3000 grados alcanzados en aquella bárbara explosión. Farocki, tras lo cual, advierte al espectador: “Primero cerrarán los ojos ante las imágenes, luego cerrarán los ojos ante la memoria, después ante los hechos y, finalmente, los cerrarán ante todo el contexto”.

Imagen de la exposición 'Lo que está en juego', de Harun Farocki, en el IVAM.

Imagen de la exposición ‘Lo que está en juego’, de Harun Farocki, en el IVAM.

Las videoinstalaciones que primero se exhiben en el IVAM, para después viajar en junio a la Fundación Tàpies, intentan abrir esos ojos del espectador acostumbrado a ver la parte más edulcorada de las imágenes. “Farocki, deconstruyendo el sentido de las imágenes, nos incita a aprender a mirar”, subrayó Cortés. “Es un trabajo que requiere detenerse para advertir su carácter crítico”, explicó Antje Ehmann, viuda del cineasta. Para Carles Guerra, el cine desconfiado de Farocki “entra en el lenguaje y lo desmonta”, de ahí su rebeldía ante aquellos otros cineastas alemanes que obedecen las reglas cinematográficas.

Lo que está en juego reúne desde sus primeros cortometrajes, algunos recientemente restaurados, a sus más recientes videoinstalaciones, junto a programas de televisión en los que Farocki retrata a otros artistas. “Produjo mucho para televisión”, indicó Guerra, destacando la cadencia natural de su trabajo hacia espacios alejados del cine. “Su lenguaje encaja mejor en galerías y museos por la singularidad de su lenguaje”, añadió el comisario y director de la Fundación Tàpies.

Imagen de la exposición de Harun Farocki en el IVAM.

Imagen de la exposición de Harun Farocki en el IVAM.

El trabajo de Harun Farocki aborda desde el documental a las nuevas tecnologías, ya sean aplicadas a la simulación militar o los videojuegos. “Empezó haciendo películas documentales para acabar obsesionado con los videojuegos y el pixel de la imagen”, apuntó Guerra. Ese acercamiento a lo real de la huella fotográfica está, en cualquier caso, presente a lo largo de su producción, ya sea en forma de ese brazo quemado a golpe de cigarrillo o mediante la presencia de la muerte recogida en la videocámara de un centro penitenciario. Y es que lo que está siempre verdaderamente en juego en la obra de Farocki es el continuo desenmascaramiento de la realidad. Un juego que explora sus diversas capas, en su afán por alcanzar el tuétano de la misma. “Imágenes que te envuelven y se apoderan de nosotros”, señaló Cortés en relación al conjunto expositivo.

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Imágenes de la exposición de Harun Farocki en el IVAM.

Imágenes de la exposición ‘Lo que está en juego’, de Harun Farocki, en el IVAM.

Salva Torres

Novelistas engañados por la Trama Carena

Carena Editors
Venta de la editorial valenciana

La editorial valenciana Carena Editors ha dejado de pagar a sus escritores e ilustradores los derechos económicos que les corresponden por las obras editadas a lo largo de 2014. Más de medio centenar de autores, la mayoría valencianos, se han visto afectados por la llamada Trama Carena, que evidencia su  indefensión en tales circunstancias. Ninguno ha recibido las cantidades pactadas en sus contratos o los derechos de autor que por ley le corresponde.

Logotipo de Carena Editors.

Logotipo de Carena Editors.

“Nos sentimos defraudados y engañados”, dicen en un comunicado los afectados por la Trama Carena. “Queremos hacer llegar a todas las personas que aman y trabajan con libros la precaria situación en la que nos encontramos, derivada de una nefasta gestión de la empresa que en su día fue un referente en temas relacionados con nuestra cultura, y en definitiva, en el sector editorial”.

Los afectados llevan más de seis meses intentando ponerse en contacto con la nueva dirección, que hace caso omiso u ofrece excusas para seguir demorando el pago.

En el caso de los derechos de autor, se trata de cantidades que la editorial ya ha cobrado por la venta de los libros realizadas en 2014, pero que no ha ingresado en las cuentas de los escritores e ilustradores.

“Lamento la situación de los autores pero yo no soy responsable”, afirma Enrique Olmos, el director de la editorial. “El pasado mes de febrero recibí una propuesta de compra muy interesante de  Gráficas Barcina propiedad de Mª Ángeles Gervilla que acepté con la condición de que no lo comunicara a los autores”.

Olmos reconoce que no informar de la venta en su momento, “fue un error” pero se siente tan estafado como los autores. “Después de la Feria del Libro ingresé los beneficios, unos 60.000 euros, pero me dieron largas y tuve que pagar los desplazamientos a Ontinyent de mi bolsillo. ‘A posteriori’ me enteré de que la idea de Gervilla es liquidar la empresa, y que no es la primera vez que lo hace”.

Carena Editors sigue vendiendo en las principales librerías de la Comunidad Valenciana y en otros puntos de España muchos de los libros de los autores a los que no se ha pagado las cantidades pactadas.

Las doce llaves, uno de los libros de Carena Editors.

Las doce llaves, libro de Carena Editors.

Sello veterano

Durante más de veinticinco años, la editorial Carena Editors, dirigida por Marcos G. Zacarés, publicó centenares de títulos, la  mayoría relacionados con la cultura, la historia y las tradiciones valencianas, algunos de ellos con gran éxito de ventas.

En 2012, con motivo de su jubilación, Zacarés vendió la editorial a Enrique Olmos, quien utilizó sus fondos y contrató a decenas de nuevos libros a sus respectivos autores, que se comprometieron de buena fe, confiados en las garantías de una empresa editorial conocida por su seriedad.

El hundimiento de Carena, uno de los contados sellos editoriales de la Comunidad Valenciana, es un triste episodio más que lamentar. Demuestra el hondo abismo que separa a los creadores, que intentan aportar algo valioso a la cultura, de los que sólo piensan en hacer negocio aprovechándose del trabajo de otros. Y lo peor es que las leyes, en vez de amparar a las víctimas, protege a quienes mediante manipulación y engaños se apropian de lo que no les corresponde.

Portada de Maná, uno de los libros de Carena Editors.

Portada de Maná, uno de los libros de Carena Editors.

Bel Carrasco

Los espejismos de Jeff Koons

Jeff Koons: Retrospectiva
Museo Guggenheim Bilbao
Plaza Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 27 de septiembre de 2015

El Museo Guggenheim de Bilbao ha estado vinculado a la obra de Jeff Koons desde su inauguración en 1997. La escultura ‘Puppy’ (1992), ese terrier gigante cubierto de plantas en flor situado a las puertas del museo, y de ‘Tulipanes’ (1995-2004), ese ramo de flores inmenso de acero inoxidable colocado en la terraza del edificio, han iluminado de color las placas de titanio del Guggenheim. Es lógico, por tanto, que la primera muestra retrospectiva de la obra de Jeff Koons en nuestro país sea en el Museo Guggenheim, el mismo año en que éste ha alcanzado la mayoría de edad.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Por fin, la obra de Jeff Koons ha entrado en el interior del museo y las salas han explotado con el color, el brillo y la luz que exhalan sus esculturas y sus pinturas monumentales. Esculturas y pinturas barrocas, kitsch, pastiches, hiperrealistas, ready-mades, collages, palabras todas ellas que definen la obra de Koons, a la vez que oscurecen la mirada para la reflexión.

Una obra desmesurada, de volutas y de grandes movimientos (en el material utilizado: acero inoxidable, madera policromada, cristal de murano, porcelana….). Una obra que parece que le tiene miedo al vacío y, por eso, cuando hay vacío lo llena en seguida con flores y la recubre con espejo para que toda la superficie se llene con el reflejo de los espectadores y los objetos de la sala. Una obra para invadir el vacío y llenarlo con una escritura demasiado floripondia y frondosa, como la sociedad de consumo y mass-mediática que la inspira.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Koons intersección Guggenheim

La obra de Jeff Koons hace que el Guggenheim resuene a celebración, especialmente por las piezas que componen  la serie ‘Celebration’ (1994-2004) expuestas en esta retrospectiva. Esta serie recrea objetos típicos de las fiestas infantiles en pinturas y esculturas, tales como ‘Play-Doh’ (1995-2008), ‘Balloon Dog’ (1995-1998), ‘Cat on Clotheslin’ (1994-2001), ‘Moon’ (1995-2000), etcétera.

Sí, el Guggenheim puede celebrar tan explosivamente como las obras de Koons su mayoría de edad. El Museo Guggenheim del arquitecto Frank O. Gehry, o mejor el “fenómeno Guggenheim”, comparte una de las cualidades que se le otorga al “fenómeno artístico” de Koons: su posmodernidad. Y, en concreto, de ese conjunto de ideas eclécticas y heteróclitas que conforma la posmodernidad, destacar aquella que considera el arte posmoderno como un producto del capitalismo de consumo y ocio.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Si Jeff Koons ha creado su obra con los productos de consumo y ocio propios del mundo hogareño (colección ‘The New’ 1980), deportivo (serie ‘Ball 50/50 Tank’ 1985), y massmediático (colecciones ‘Popeye’ y ‘Hulk Elvis’, 2009-2015), el edificio ideado por Frank O. Gehry ha transformado la ciudad de Bilbao en un espacio para el consumo y el ocio de un turista, en estos momentos, incipiente. Toda huella de su pasado industrial y moderno propio de un capitalismo de producción ha sido borrada.

El turista, al igual que el observador de la obra de Jeff Koons, circula eclipsado tanto por la ciudad como entre la obra expuesta. El primero, el turista, por el titanio que recubre el Museo Guggenheim; el segundo, el observador, por las esculturas de acero inoxidable pulido con acabado de espejo de Jeff Koons. Y tras ese primer y breve deslumbramiento, ambos visitantes verán reflejada su propia imagen, debido a la cualidad reflectante de la superficie del material.

Superficies reflectantes, al igual que las aguas de Narciso. El tiempo dirá si el “fenómeno artístico” de Koons y “el fenómeno Guggenheim” no se hunden tras ese primer reflejo deslumbrante que las aguas del mercado del consumo artístico y turístico ha colocado como imagen digna de admiración, tanto estética como monetaria.

Antiquity 3, en 'Jeff Koons. Retrospectiva'. Museo Guggenheim Bilbao.

Antiquity 3, en ‘Jeff Koons. Retrospectiva’. Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles

Sencillamente, amor

Magia a la luz de la luna, de Woody Allen
Intérpretes: Colin Firth, Emma Stone, Maarcia Gay y Jacki Weaver
Estados Unidos, 2014

Probablemente Woody Allen, para sobrevivir a la angustia de la vida y de la muerte, nos regala una película todos los años desde 1982. Cada año una historia diferente, pero todas ellas salpicadas con mayor o menor intensidad de su irónico humor que se trasluce en la verborrea y las situaciones neuróticas de sus personajes. Tras la agria comedia, Blue Jasmine, sobre la especulación inmobiliaria y bancaria y la venganza femenina, la simpática, entretenida comedia romántica Magia a la luz de la luna. Sí, Magia a la luz de la luna es una película entretenida.  Con una narración concisa, clara y con buen ritmo consigue hacernos sentir la existencia menos molesta, por lo menos por dos horas. Y, ¡ya es mucho!.

Fotograma de 'Magia a la luz de la luna', de Woody Allen.

Fotograma de ‘Magia a la luz de la luna’, de Woody Allen.

Magia a la luz de la luna  pivota  sobre  la dialéctica de lo material y lo trascendental, lo racional y lo irracional, lo inteligible y lo ininteligible, lo natural y lo sobrenatural, lo mágico y lo científico,  lo masculino y lo femenino. Una dialéctica que Woody Allen inserta en la trama y en la caracterización de los personajes.

Veamos. El espacio temporal donde la historia se ubica ya marca ese contraste entre lo sensitivo-emocional y lo material-racional. La película  está ambientada en el espacio apacible y estival de la naturaleza del mediterráneo francés  a finales de los años veinte en plena expansión tecno-industrial. Y en ese ambiente surge la historia de amor entre el mago Stanley Crawford y la falsa médium Sophie. Él y ella enfrentados. Él, mejor mago del mundo, cuyos excepcionales trucos se sustentan en el conocimiento del pensamiento cognitivo, científico y tecnológico, frente a ella, una actriz desconocida, contratada para interpretar el papel de una mujer con poderes sobrenaturales. Él, invitado por un colega suyo para desenmascarar a esta médium, se ve envuelto en una farsa donde su pensamiento racional, científico, material se va a desmoronar.

Fotograma de 'Magia a la luz de la luna', de Woody Allen.

Fotograma de ‘Magia a la luz de la luna’, de Woody Allen.

Él frente a ella: ella mira a él, él mira a ella. Ambos atrapados por la mirada. Una mirada  que atraviesa la conciencia racional de él hasta penetrarle en el corazón. Y surge el amor: un sentimiento que nace de lo irracional-inconsciente de la mirada.

Magia a la luz de la luna nos cuenta una sencilla historia donde el amor atraviesa la dialéctica de lo material y lo trascendental, lo racional y lo irracional, lo inteligible y lo ininteligible, lo natural y lo sobrenatural, lo mágico y lo científico,  lo masculino y lo femenino. Fin.

Fotograma de 'Magia a la luz de la luna', de Woody Allen.

Fotograma de ‘Magia a la luz de la luna’, de Woody Allen.

Begoña Siles

Déjà vu, imágenes que resuenan

Déjà vu. Relecturas y discronías visuales
Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado
Universitat Politècnica de València UPV
Hasta el 15 de julio de 2014

Somos y no somos, decía Heráclito, para referirse al río en el que jamás entramos dos veces por igual. Esa misma extrañeza es la que nos provocan ciertas imágenes que juraríamos haber visto antes, sin saber dónde ni cómo ni por qué. Lo cierto es que algo resuena en nuestro interior, por evocación de alguna vivencia pasada en forma de imagen que retorna, y no terminamos de localizar la fuente exacta que nos suscita ese temblor presente. Desubicados, zarandeados por el déjà vu (lo ya visto) que genera esa impresión, dudamos siquiera por un instante del ser al que Hamlet interrogaba en su famoso monólogo.

Fotografía de Alberto Adsuara en la exposición 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Edificio del Rectorado de la UPV.

Fotografía de Alberto Adsuara en la exposición ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Edificio del Rectorado de la UPV.

Déjà vu. Relecturas y discronías visuales agrupa un buen puñado de imágenes con la sana intención de provocar en el espectador esa extraña sensación de lo ya visto y, sin embargo, misteriosamente percibido de nuevo. Ya sea el bravío mar de Alberto Adsuara, la reconocible Ophelia de Marta Blasco, los innumerables rostros femeninos de Javier Gayet, los ventiladores de Irene Pérez Hernández o las Naturalezas muertas de Vanessa Colareta. Todo se muestra idéntico a como lo reconocemos, en tanto elementos de cierta serie de imágenes, para reflejar enseguida esa otra cara extraña del mismo río en el que jamás nos bañamos dos veces.

Serie fotográfica de Javier Gayet en 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Serie fotográfica de Javier Gayet en ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Que las obras mostradas, todas ellas de reciente adquisición por el Fons d’Art i Patrimoni de la Universitat Politècnica de València (UPV), no se hallen ubicadas en ninguna de sus dependencias públicas y, por tanto, exhibidas por vez primera, le agrega extrañeza al déjà vu propuesto por el comisario David Pérez. Extrañeza que tiene que ver tanto con las imágenes que recuerdan otras imágenes similares, como con aquellas otras cuya puesta en escena ha sido pensada para provocar ese efecto de rara percepción. Tal es el caso de las fotografías de Greta Alfaro, cuya mesa repleta de cálidos alimentos contrasta con el nevado paisaje donde se inserta, para observar después otra (¿la misma?) mesa ya devastada en un paisaje agreste.

Obra de David Ferrando en la muestra 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Edificio del Rectorado de la UPV.

Obra de David Ferrando en la muestra ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Edificio del Rectorado de la UPV.

En el fondo, valga la redundancia por aquello del fondo artístico del que proceden las imágenes, diríase que Déjà vu. Relecturas y discronías visuales alienta cierta desazón motivada por esa interrogación del ser desubicado. Cristina Middel lo acusa en sus fotografías con la representación de dos mujeres asustadas, quién sabe si temerosas de un pasado que amenaza con regresar violentamente o sintiendo miedo por un futuro que inquietantemente se abre. Como se abre el campo por culpa de un supuesto meteorito que David Ferrando muestra como metáfora del engaño. Si la naturaleza no miente, los hombres sí, parece decirnos el artista.

Instalación de Patricia Gómez y María Jesús González en 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Instalación de Patricia Gómez y María Jesús González en ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Álex Francés abre un agujero en esa misma naturaleza para mostrarnos en su interior el cuerpo desnudo de un hombre, éste sí extrañamente carnal, frente al ficticio meteorito de Ferrando. Francisco Sebastián cierra el círculo de esa naturaleza, en su mayoría protagonizada por la muerte, con su bosque gris. La relación de ciertos objetos en un hierático espacio interior, obra de Nuria Fuster, y la piel “extraída” de un solar del barrio del Cabanyal en Valencia y luego “estampada” a modo de pieza escultórica, de Patricia Gómez y María Jesús González, configuran dos muestras más de ese espíritu enigmático que provoca el retorno de algunas imágenes. La pieza sonora de Nacarid López, realizada a partir de la resonancia del entorno escultórico de la UPV, no hace más que agregar misterio al déjà vu propuesto.

Fotografía de Greta Alfaro en la exposición 'Déjà vu'. Sala de Exposiciones del Rectorado de la Universitat Politécnica de València.

Fotografía de Greta Alfaro en la exposición ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la Universitat Politécnica de València.

Salva Torres

Monsalvatge y la política o ese peligro permanente

11 años de peligro permanente, de Xavier Monsalvatge
Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí
C / Poeta Querol, 2. Valencia
Hasta el 4 de mayo

El peligro permanente del que habla Xavier Monsalvatge (Godella, 1965) se puede entender nada más entrar a su exposición en el Museo de Cerámica de Valencia. Bajo el elocuente título de la muestra figura esta frase de George Orwell (1984): “En  nuestra época no existe tal cosa como ‘mantenerse fuera de la política’. Todas las cuestiones son cuestiones políticas, y la política misma es una masa de mentiras, evasivas, tonterías, odio y esquizofrenia”. El peligro, pues, resulta evidente: no hay salida posible, porque todo es política y, por tanto, lamentable falsedad.

Detalle del cartel de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí de Valencia.

Detalle del cartel de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí de Valencia.

Monsalvatge se hace cargo de esa poderosa ficción en 11 años de peligro permanente, exposición de lozas, porcelanas, serigrafías y alguna pintura acrílica, junto a diversos objetos dispuestos en vitrinas, que sirven de soporte ilustrativo de toda esa “masa de mentiras” que constituye la política. Los 11 años a los que alude el título de la muestra se refieren al tiempo que Monsalvatge ha pasado en diferentes lugares, para dar forma al conjunto expositivo mostrado en una de las salas del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí, que celebra este año su 60 aniversario.

Obra de Xavier Monsalvatge en la exposición '11 años de peligro permanente'. Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Obra de Xavier Monsalvatge en la exposición ’11 años de peligro permanente’. Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Sargadelos (Lugo), La Rambla (Córdoba), Fuping (China), Bornholm (Dinamarca), Milwakee y Filadelfia (Estados Unidos) y Çan (Turquía) fueron las ciudades que el artista de Godella frecuentó y de las que extrajo el fruto del trabajo que ahora expone. De los peligros que ha ido corriendo durante esta última década, Monsalvatge nos advierte mediante una obra salpicada de títulos harto significativos: Vamos a contar mentiras, Estamos perdidos, Estudio de frenología, 14 de septiembre, Conexiones incorrectas. Jarrones, platos y cabezas escultóricas acogen ese discurso crítico y desencantado con la política y el poder financiero, que Monsalvatge ilustra con brillante pulso narrativo y poderosa pincelada.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en el  Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Por sus piezas de loza y porcelana van desfilando escenas de políticos, a los que parecen darles cuerda el propio engranaje mecanizado de la sociedad posmoderna. También hay manos industriosas alimentando “con ahínco” las tuberías de un sistema angustioso, expresionista, alienado. Tanto es así, que una de las porcelanas de la exposición (Study of phrenology) recoge en una cabeza la confusa fragmentación del desorden impuesto.

Porcelana de Xavier Monsalvatge en la exposición '11 años de peligro permanente' en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Porcelana de Xavier Monsalvatge en la exposición ’11 años de peligro permanente’ en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Ése es el peligro del que nos advierte Monsalvatge con su agobiante escenografía sobre cerámica y del que nos avisa de entrada con la cita de George Orwell. Por si fuera poco, en las ocho vitrinas de la exposición va dejando huellas literarias del agujero de lo real que se abre a causa de ese totalitarismo de la política: Muerte accidental de un anarquista (Darío Fo) o Sobre la historia natural de la destrucción (W.G.Sebald), además del propio 1984 de Orwell, son algunos de esos textos admonitorios.

Piezas en una vitrina de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Piezas en una vitrina de la exposición de Xavier Monsalvatge en el Museo Nacional de Cerámica González Martí de Valencia.

Monsalvatge también tiene tiempo de cartografiar la costa mediterránea y más allá, siguiendo la estela náutica de Piri Reis (1465-1554), creador de uno de las mapamundis más importantes del mundo. Y de fotografiar y pintar diferentes edificios industriales tomando como referencia el barrio viejo de Filadelfia, donde prosigue su crítica de la política aprovechando que en esos momentos había sido reelegido Obama como presidente de los Estados Unidos. 11 años de peligro permanente parece llevarnos de la mano de la cerámica por ese mundo al borde el abismo que Orwell decreta por culpa de tamaña contaminación política. Si algo nos puede salvar, a juzgar por las imágenes de Xavier Monsalvatge, es el propio acto creativo destinado a conservar la belleza allí donde todo apunta hacia su destrucción.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en la exposición '11 años en peligro permanente'. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Detalle de una de las obras de Xavier Monsalvatge en la exposición ’11 años de peligro permanente’. Museo Nacional de Cerámica González Martí.

Salva Torres

Bichobola o la luz interior de la naturaleza

Naturaleza enmascarada, de Davy Bytrap y Mercedes Mollá
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Hasta finales de marzo

Cogen troncos que yacen junto a los lagos y les dan vida. Es la manera que tienen Davy Bytrap y Mercedes Mollá, con su proyecto artístico Bichobola Creativo, de poner en cuestión la naturaleza robada por los múltiples enmascaramientos de la sociedad contemporánea. Hablan, lógicamente, de la naturaleza exterior con la que ellos trabajan, pero incidiendo en la repercusión que tiene sobre la naturaleza humana. Al conjunto expositivo que presentan en la galería Imprevisual lo han llamado Naturaleza enmascarada, porque a su juicio “nuestra esencia queda oculta bajo máscaras sociales que nos convierten en seres neutros”.

Detalle de una de las esculturas de luz de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las esculturas de luz de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Y como queriendo dar cuenta de esa esencia, Bichobola arroja luz al interior de esos troncos, después del adecuado tratamiento plástico de la naturaleza rescatada. De manera que Bytrap y Mollá intervienen las piezas con resina de poliéster, a las que añaden trozos de mecedoras o telas de ganchillo a sus esculturas de luz. El resultado es un inquietante paisaje de restos mortales procedentes de esa naturaleza que los artistas invocan, devolviéndoles la vida tras la inyección de diversos artificios. El desenmascaramiento de esa esencia interior oculta, luminosa, se lleva a cabo mediante la naturaleza enmascarada a la que alude el título del conjunto expositivo.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Así explica Bichobola su laborioso trabajo: “Realizamos esculturas de luz partiendo de estructuras naturales a las que alteramos su carácter expandiendo sus formas y aplicándoles capas de color”. Esta alteración del carácter natural de los troncos de árbol, que luego se convierten en piezas expositivas, tiene algo del enmascaramiento que los artistas denuncian. Por lo que se daría la paradoja de estar señalando cierta recuperación de la identidad perdida, enmascarándola de nuevo. “Transformamos partes de árboles varados en lagos, en objetos atrayentes que enmascaran formas existentes en la naturaleza”, explican Bytrap y Mollá.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Detalle de una de las obras de Davy Bytrap y Mercedes Mollá. Imagen cortesía de Imprevisual.

Lo antiguos griegos lo tenían claro, cuando los actores en sus representaciones de la tragedia clásica utilizaban máscaras, que etimológicamente asociaban con la palabra persona. Y es que para tocar lo real de la experiencia humana, necesitaban esas máscaras que amortiguaban el dolor o el intenso goce narrado. La persona, su identidad, guardaba relación con la máscara, la cual además de ocultar servía para acceder a ese interior en llamas del sujeto. La posmodernidad ha hecho de esa máscara un lugar vacío.

Bichobola retoma ese debate para ofrecernos la posibilidad, mediante sus esculturas de luz, de avivarlo. Así lo proclaman en su proyecto artístico, el cual se anuncia como una “apuesta por establecer conexiones con la naturaleza como medio para recuperar nuestra identidad perdida en la masificación y el gregarismo de la ciudad”. Sus conexiones con esa naturaleza pueden verse en la galería Imprevisual, donde se exhiben sus esculturas de luz con el objeto de proyectar las sombras de nuestra sociedad contemporánea.

Obras de Dani Bytrap y Mercedes Mollá, del proyecto Bichobola Creativo. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obras de Dani Bytrap y Mercedes Mollá, del proyecto Bichobola Creativo. Imagen cortesía de Imprevisual.

Salva Torres