La Volière de Hélène Crécent

La Volière, de Hélène Cécent
Trentatres Gallery
C / Dénia, 62. Valencia
Inauguración: viernes 22 de mayo, a las 20.00h

La volière es el término que designa en francés esas enormes jaulas en las que los pájaros vuelan pero no escapan. Es también el nombre de la exposición en la Trentatres Gallery de la artista francesa Hélène Crécent (Pau,1966).
Fascinación por los pájaros, animal nada domesticable. Solo en el Museo del Prado, el biólogo Gómez Cano contabilizó en su día 729 pinturas con representaciones de aves de 36 especies: de la saga Brueghel al concierto de Jan Fyt.

Más allá de los muros académicos, en las cuevas de sueños olvidados donde nos introdujo el cineasta alemán Werner Herzog, nuestros antepasados ya consideraron importante detener la frágil estructura de las aves en la superficie con memoria de la roca.

La exposición en Trentatres, una de las galerías de arte de referencia más frescas de Valencia, está más cerca de la fascinación primigenia –entre el art brut (expresión acuñada por Dubuffet para referir el arte más allá de la puerta de salida del sistema: trazos de dementes, niños y reclusos) y el pigmento natural de la caverna– que de los híbridos de Max Ernst.

Mirada virginal o primigenia y, sin embargo, la obra de esta pintora, poeta y escultora con aspecto de bailarina de danza clásica está penetrada, versada, por decirlo quizás de forma políticamente correcta, de formación, desde la Ecole des Beaux Arts de Bordeaux a las influencias de la también francesa Annette Messager (Le repos de pensionnaires) o de los mejores representantes del grupo CoBrA (Karel Appel o Asger Jorn).

No hay en esta volière de pájaros arrebatados -como no había en la adaptación hitchcockniana de Daphne du Murier- interés por el último motivo ni voluntad de conocerlos bien a todos. Que lo haga el espectador. Una únicanota basta para caracterizar una de las exposiciones más interesantes de esta primavera: Crécent ha emprendido el regreso, un jalón, en la delirante tarea de deshacerse.

Despojada, con la técnica más rudimentaria, la mirada ahora interrogada, ahora decidida de las aves cuestiona la verja de hierro pero también de auto-concesiones de nuestra propia volière: la danzarina disposición de los pájaros dibuja también el bosquejo de un mapa de salida.

Obra de Hélène Crécent. Cortesía de Trentatres Gallery.

Obra de Hélène Crécent. Cortesía de Trentatres Gallery.

Jesús García Cívico*
*Por cortesía de TrentaTres Gallery

Cinco días bailando y aprendiendo

Five days to dance, de Rafa Molés y Pepe Andreu
Cines Lys
Paseo de Ruzafa, 3. Valencia
Hasta el 31 de diciembre
Cineteca de Madrid, hasta el 4 de enero de 2015

Una pareja de bailarines aparece una mañana en el aula de un instituto. Es lunes y anuncian al grupo de adolescentes que tienen cinco días para subirse a un escenario y bailar. Una semana para cambiar las cosas. Un pequeño plazo pero una gran reto: mover a las personas cuando el mundo nos paraliza.

Una escena de 'Five days to dance', de Rafa Molés y Pepe Andreu. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.

Una escena de ‘Five days to dance’, de Rafa Molés y Pepe Andreu. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.

La danza obliga a estos jóvenes a romper sus roles sociales justo en el momento de sus vidas en el que éstos se están afianzando. El chico guapo deja de ser el más admirado, el tímido da un paso adelante… Bailar les obliga a tocarse. Se comunican, se igualan. Alguno no se liberará hasta el último instante.

Wilfried Van Poppel y Amaya Lubeigt son los coreógrafos. Él holandés, ella española. Llegan de Bremen. Dos bailarines que han trabajado con Pina Bausch, Susanne Linke o Urs Dietrich y que ahora han decidido trabajar con gente que jamás ha bailado. Lo hacen cada semana en Alemania pero también en muchas ciudades de toda Europa, entre ellas San Sebastián y Valencia.

Imagen de 'Five days to dance', de Rafa Molés y Pepe Andreu. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.

Imagen de ‘Five days to dance’, de Rafa Molés y Pepe Andreu. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.

La danza es el leguaje común. No importa el lugar. Éste es su reto: cinco días, una clase de adolescentes, un microcosmos en el que sucede un pequeño big-bang.

‘Five days to dance’ es un largometraje documental de la productora valenciana SUICAfilms en coproducción con la productora donostiarra REC. SUICAfilms vive del hambre de ir más allá en el lenguaje narrativo. Sin límites en las formas y sin miedos en los argumentos. El proyecto nace de la asociación entre Pepe Andreu y Rafael Molés. Apasionados por el formato documental y por sus posibilidades expresivas y de alcance social. A la pasión añaden su larga experiencia, de más de 15 años, en el mundo audiovisual y en la producción y la realización de documentales. Desde el sector público han contribuido al desarrollo de formatos poco explotados por la televisión comercial como la investigación y la Historia.

Detalle del cartel diseñado por Paula Bonet del documental 'Five days to dance', de Rafa Molés y Pepe Andreu.

Detalle del cartel diseñado por Paula Bonet del documental ‘Five days to dance’, de Rafa Molés y Pepe Andreu.

REC Grabaketa Estudioa lleva 20 años ofreciendo servicios globales de producción audiovisual. En 2004 inicia su producción documental con ‘The Pamps’ para ETB. También ha producido ‘Prohibido recordar’ (2010) o ‘To say goodbye’ (2010), que se estrenó en el Festival de San Sebastián.

Además, ha coproducido películas como ‘Kutxidazu bidea, Ixabel’ (2005), ‘Las Olas’ (2011) y el largometraje de animación ‘Gartxot, el bardo de Itzaltzu’ (2011). El último proyecto de REC, ‘Encierro’, es un relato sobre los corredores que participan en los encierros de San Fermín y se ha grabado en 3D.

Parte la financiación de ‘Five days to dance’ se consiguió mediante una campaña de crowdfunding que logró el apoyo de 119 personas.

Escena de 'Five days to dance'. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.

Escena de ‘Five days to dance’. Imagen extraída de la web de la productora SUICAfilms.