El tiempo trenzado de Encarna Sepúlveda

‘Trenzando el tiempo’, exposición de Encarna Sepúlveda
Fundación Chirivella Soriano
Palau Joan de Valeriola, C/ Valeriola, 13, Valencia
Hasta el 29 de marzo de 2020

Mostrando el resultado de más de tres décadas dedicadas a la producción artística, ‘Trenzando el tiempo’ es una cuidadosa selección de obras que ofrece un recorrido por la carrera de la artista valenciana Encarna Sepúlveda. El título de la muestra define el planteamiento que se ha seguido a la hora de abordar esta exposición, pues se trata de entrelazar distintas etapas pictóricas en un mismo espacio, entrecruzando distintos tiempos pretéritos con el presente. El verbo ‘trenzar’ alude a la inherente geometría empleada en las obras de Sepúlveda las cuales se agrupan, entretejen y expanden cuando la mirada del espectador impacta sobre sus superficies.

Encarna Sepúlveda en la Fundación Chirivella Soriano. Fotografía cortesía de la Fundación.

Encarna Sepúlveda comenzó su periplo en el mundo artístico tras graduarse en Bellas Artes en 1989 y, desde entonces, se ha dedicado exclusivamente a la actividad artística, en la que se incluyen obras pictóricas y escultóricas. Su trayectoria ha estado compuesta por numerosas exposiciones tanto individuales como colectivas y su obra ha sido mostrada en numerosas ocasiones en ARCO, además de encontrarse presente en diferentes colecciones públicas y privadas.

Actualmente, presenta esta retrospectiva individual, comisariada por ella misma y la también artista Carolina Ferrer. La muestra abarca un conjunto de trabajos desde el 2002 al 2019, mostrando algunas obras inéditas para el público valenciano. El planteamiento no ha sido tanto llevar a cabo una exposición retrospectiva propiamente dicha, sino más bien un work in progress. En este sentido, Encarna Sepúlveda aclara que se trata de una manera de mostrar sus presupuestos pictóricos e intereses plásticos a lo largo de estos años y que, en gran medida, siguen vigentes. Un momento de reflexión, revisión personal y análisis en profundidad del propio quehacer artístico, donde la artista se permite una pausa para observar su trabajo desde otro ángulo y perspectiva.

Exposición Trenzando el tiempo. Fotografía cortesía de la artista

La obra, enmarcada en el ámbito de la abstracción geométrica, ha visto reducido paulatinamente el papel de otras formas orgánicas propias de fases anteriores, convirtiendo la geometría en el eje central de su lenguaje plástico. Así, se podría decir que, con el tiempo, ha depurado su lenguaje formal y, en los últimos años, su producción artística ha experimentado una suerte de despojamiento en sus elementos compositivos. Sepúlveda afirma que su pretensión es, en realidad, perseguir lo esencial y prescindir de lo accesorio. Quizá, todo ello responda a un intento de dotar de mayor fuerza y rotundidad a las imágenes, a lo que contribuye un uso del color muy contrastado y una paleta más reducida. Todas sus series se entrelazan de un modo natural, inevitable e indisoluble; “la urdimbre que las une es muy clara para mí”, comenta Encarna Sepúlveda, “aunque sus hilos resulten invisibles al espectador”. Según la propia autora, sus últimos cuadros contienen todos los anteriores que ahora se le antojan como una lenta y obstinada preparación de los últimos.

En esta exposición, junto a la obra de etapas anteriores tales como ‘Disonancias’, ‘Retazos’, ‘Recortando la pintura’, ‘La corteza del eco’ y ‘Ángulos del vacío’, encontramos una nueva serie de título homónimo a la exposición. Esta ha sido creada exprofeso para la muestra a lo largo de 2019. Abarca desde piezas de gran formato realizadas en acrílico sobre tela, hasta obra sobre papel, así como una pieza escultórica, site specific, situada en la planta baja del palacio. Asimismo, Encarna Sepúlveda incide en la importancia del espacio expositivo, así como en su conquista por parte de los artistas en pro de la convivencia entre contenido y continente. En esta ocasión es más relevante si cabe, pues el Palacio Joan de Valeriola con su singular arquitectura gótica, no sólo acoge la obra, sino que la realza e incluso la redimensiona.

Exposición trenzando el tiempo. Fotografía cortesía de la artista.

En definitiva, se trata de un reclamo expositivo importante del año a nivel cultural y en la ciudad de Valencia. La Fundación Chirivella Soriano nos ofrece la posibilidad de realizar un recorrido inédito por la trayectoria de Encarna Sepúlveda, donde las fases de su obra, a modo de hebras, se entretejen para que desde la perspectiva del tiempo, el espectador contemple todo aquello realizado y proyecte sobre el futuro las infinitas posibilidades con las que la artista puede seguir entrelazando geometrías.

Andrés Ávila Valverde

“Me gusta el silencio de la poesía”

Travesía, de Lola Andrés
Ediciones Contrabando

Escribía Silvia Plath en sus diarios, de reciente publicación, que “los poemas son monumentos a algunos instantes”. Para Lola Andrés la poesía es un estado natural, una forma de ser, de sentirse en el mundo y relacionarse con los demás. “No me tienta escribir en otro género”, dice. “La poesía es mi canal de comunicación con los demás. El hecho de que sea un género minoritario tampoco le resta un ápice de entusiasmo y de riesgo. Me gusta su silencio y a la vez el alto tono con el que significa la realidad”.

Tras ‘Moléculas y astros’, ‘Jocs de llum’, ‘Materia’, ‘Pendiente del aire’ y ‘Cielo líquido’, aparece ‘Travesía’ (Ediciones Contrabando), un libro que nace y se escribe al tiempo que ‘Cielo líquido’, editado por Amargord en 2015.  “Con éste  he ido un poco más allá, permitiéndome licencias que no suelen aparecer o que no están bien consideradas en poesía”, señala Andrés. “Se trata del trayecto de una criatura consternada, mutante, a la que su “tiempo” expulsa. Durante ese viaje asiste al hundimiento de su entorno y acaba ocultándose. También hay una llamada al amor y a la belleza”.

Cubierta de 'Travesía', de Lola Andrés.

Cubierta de ‘Travesía’, de Lola Andrés.

En el prólogo del libro el poeta José Luis Falcó trenza el hilo de Ariadna que guía al lector por el laberinto. La escritura del cuerpo, de la restauración del instinto con la finalidad de comprenderse, el eco de otras voces, la evocación de la infancia, el duelo por las pérdidas.

“Cambia la escritura como cambia la vida”, dice Andrés sobre su evolución en los veinte años que lleva consagrada a la poesía. “Ahora el poema se despoja más de artificios innecesarios. La lectura y la escucha son sabias compañeras en el proceso de la escritura.  Aunque no reniego de ninguno de mis libros”.

Cubierta de 'Jocs de Llum', de Lola Andrés.

Cubierta de ‘Jocs de Llum’, de Lola Andrés.

Escritora en español y valenciano comenta: “Acepto con naturalidad este bilingüismo. Amo profundamente el valenciano, aunque mi lengua materna sea el castellano. En su momento, cuando apareció ‘Jocs de llum’ en Bromera, me planteé esta disyuntiva, sobre todo porque una lengua minoritaria necesita más atención, más visibilidad. Pero con el tiempo y de manera natural, también escribía en la otra. De manera que habitualmente tengo en danza poemas en valenciano y en castellano. Que salgan editados en una lengua u otra depende de factores externos”.

Nacida en 1961 y licenciada en Filología por la Universitat de València, Lola Andrés ha recibido premios como el Gerardo Diego o el Alfons el Magnànim.  Ha traducido al castellano Atlas, de Pere Salinas y Joan Navarro. Ha colaborado en diferentes revistas siendo incluida en diversas antologías. Sus poemas han aparecido en publicaciones nacionales e internacionales y ha formado parte de proyectos interdisciplinarios: poesía, música, danza y pintura. Por ejemplo, la exposición ‘Ángulos del vacío’, en el Centre del Carme, con el pintor Pere Salinas y las pintoras Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda. También formó parte del proyecto SonEn4 junto la violinista Ester Vidal, la viola Pilar Parreño y la artista en arte sonoro, Ramona Rodríguez, que  realizó una potente propuesta de videoarte para la presentación de Travesía.

También ha traducido  parte de la obra de Joan Navarro al español. “Su poesía es de una calidad altísima”, afirma, “aunque a veces es difícil el reajuste a otra lengua, lo tengo a él para consultar dudas”

Andrés considera que “la poesía goza de una salud espléndida”. Tanto la catalana contemporánea como la que se escribe en español o en otras lenguas “tiene nombres en mayúscula como Louise Glück, Joan Navarro, Chus Pato, Antonio Gamoneda u Olvido García Valdés, por citar algunos. Habrá quien diga que hay pocos filtros, que las redes sociales son un saco donde cabe todo. Sí, pero esto no es malo, a mi juicio, el buen lector es sabio y elige, siempre elige”

“En Valencia, añade, “se está haciendo una poesía espectacular. Me interesan especialmente poetas como José Luis Falcó, Antonio Cabrera, Víktor Gómez, Maria Josep Escrivà, Mar Benegas, Anna Montero, Antonio Méndez Rubio, Laura Giordani o Joan Navarro. De entre los más jóvenes, Rubén Luzón, Lucía Boscà o Luci Romero. Y se me quedan en el tintero una barbaridad”, concluye Lola Andrés.

Lola Andrés. Imagen cortesía de la autora.

Lola Andrés. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Un alumbramiento de vértigo

Ángulos del vacío, de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 5 de febrero de 2017

“Muy inquietante y desasosegante”, acertaron a decir dos jóvenes cuando Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda les preguntaron acerca de la instalación que recoge el título del conjunto expositivo: ‘Ángulos del vacío’. Y no es para menos. Los 16 módulos cuadrangulares, dispuestos sobre un gran espejo, iluminados como grandes luciérnagas en la noche cerrada, desconciertan. De manera que el alumbramiento de la primera instalación que juntas realizan, después de compartir estudio durante años y trayectorias por separado, resulta de vértigo. Un vértigo que asumen como parte intrínseca del propio proceso creativo.

“La verdadera herramienta del artista es la incertidumbre”, comentan. Incertidumbre nacida del mismo instante en que la comisaria Isabel Justo les propuso la realización de la que a la postre ya es su primera exposición conjunta. Y visto lo visto, exclaman: “¡No concebimos cómo no se nos ha ocurrido antes!” Lo cierto es que ahí está, invitando al espectador, en la Sala Refectorio del Centre del Carme, a perderse por el infinito túnel de geometría y luz que Sepúlveda y Ferrer construyen a modo de inquietante sueño.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

“Queremos que el espectador se sienta inmerso en otro mundo”. Siguiendo a Paul Éluard, que dijo aquello de “hay otros mundos, pero están en éste”, las artistas ensayan en ‘Ángulos del vacío’ a sentir esa experiencia. Lo hacen sumando sus respectivos lenguajes: más geométrico, lineal, poblado de repeticiones, en el caso de Encarna Sepúlveda, y más lumínico, alentando cierta poética del vacío, en el caso de Carolina Ferrer. De ahí que, sumadas ambas visiones, a la poetisa Lola Andrés se le ocurriera el título que ha dado forma a la exposición realizada ex profeso para las salas Refectorio y Contrafuertes. Suyos son, al mismo tiempo, los poemas que acompañan la muestra.

“La instalación no tiene fin y posibilita múltiples puntos de vista”, explican a pie de obra. Esa multiplicación obedece al modo en que ha sido concebida tan enriquecedora fusión de elementos. Y en semejante marco. “Lo gótico y lo futurista conviven felizmente”. De manera que el Refectorio del Centre del Carme, al tiempo que remite a una época pretérita, se proyecta hacia delante estirando ese tiempo como suele hacerse en los mejores sueños y las peores pesadillas. “En el arte no hay propósitos, sino descubrimientos. Los artistas no sabemos lo que buscamos”, explican ambas artistas.

Esos descubrimientos, alumbrados en la exposición tras hurgar en lo desconocido (el propio ensamblaje de sus respectivas trayectorias), convierten ‘Ángulos del vacío’ en una experiencia creativa en toda regla. Experiencia ofrecida al espectador con la intención de “hacerle sentir algún tipo de emoción”. Para ello, se hace necesario, dicen, “dejarse embargar” por la instalación, que “ha de verse en soledad”. Porque Ferrer y Sepúlveda conciben así el arte, como un acto que “requiere contemplación y un ejercicio lento de asimilación”.

Carolina Ferrer (izquierda) y Encarna Sepúlveda (en el centro hablando), con José Luis Pérez Pont, director del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana, entre ambas, durante la presentación de 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Carolina Ferrer (izquierda) y Encarna Sepúlveda (en el centro hablando), con José Luis Pérez Pont, director del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana, entre ambas, durante la presentación de ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Esa lentitud, en una sociedad agitada por las prisas y la “sobredosis informativa, icónica”, ya es de por sí un acto de resistencia. “Sí, pensamos que es un ejercicio de resistencia, porque te obliga a entrar en un espacio regido por otros parámetros”. Y aunque el espectador tiene siempre la última palabra, se atreven a decir: “Ojalá tuviera nuestra obra el poder de sugerir, evocar, formular preguntas” y, en última instancia, “suscitar la reflexión”. En todo caso, como dijeron los jóvenes que en ese momento observaban la instalación, “impresiona”.

Es a partir de esa impresión que la obra de Sepúlveda y Ferrer puede dar pie a la reflexión. Para ello sólo es necesario sumar el espejo, a modo de profundas aguas, la repetición de los módulos cuadrangulares, la intensa y cautivadora luz de las fluorescentes y el reflejo que producen conjuntamente la “sensación de abismo”, a la que aluden las propias artistas. Abismo hacia el mundo telúrico vertical y hacia el espacio infinito horizontal que remite al sueño o la pesadilla.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

-¿A ti qué te sugiere?, cuestionan ahora las artistas.

-Me viene la secuencia final de ‘La dama de Shanghai’, en la que un desencajado Orson Welles dispara contra sucesivos espejos intentando matar a su antagonista reflejado en multitud de cristales. La sensación, tan contemporánea, de fractura del yo dada la dificultad para construir una identidad que ya no es uniforme.

Y vuelven a evocar la tarea del espectador, a quien corresponde interpretar su obra. “Como autoras, no disponemos de más respuestas que los espectadores”, subrayan. Además, explican que a la hora de producir son “lentas”, porque controlan mucho el proceso. Aún así, atesoran una larga trayectoria artística, representada en numerosas colecciones y jalonada de premios. Trayectorias que ahora desembocan en su primera exposición común y su primera instalación. Carolina Ferrer ya tuvo una experiencia similar antes, mientras que para Encarna Sepúlveda es su estreno, aunque no dudan a la hora de señalar el buen sabor de boca que les ha dejado tan feliz descubrimiento.

“Sí, pensamos repetir, seguir haciendo nuevas instalaciones”. Como piensan seguir ahondando en la creación: “Es lo que nos da vida”, apuntan iluminadas por la cercanía de su más reciente instalación y por la propia pasión creativa. Agradecidas por el apoyo de las empresas Cristalería Berol, Alumida, Re-habitStudio o Bodegas Chozas Carrascal, que patrocina a su vez el concierto del 20 de diciembre en la Sala Refectorio a cargo de la soprano Isabel Monar con Conchita Sánchez-Ocaña al piano, Ferrer y Sepúlveda apuntan el vértigo que les provoca cada nueva obra. Un vértigo al que no se pueden resistir.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres