Del Mediterráneo a Manhattan

Els valencians d’Amèrica, de Juli Esteve, Esther Albert y Antoni Arnau
Serie de documentales producidos por InfoTV

Huir del hambre, de la guerra, del paro. Ir en busca de una vida mejor, de nuevos horizontes, de aventuras. Los motivos que impulsan a las personas a abandonar su hogar y su país no han variado a lo largo de los tiempos. Tampoco sus destinos o tierras de promisión: América, Australia, Europa. A diferencia de otras comunidades españolas como Galicia o Extremadura, la Valenciana no es tierra de exiliados sino de acogida, pero también se han dado importantes movimientos migratorios, como el que llevó a Argelia unas 250.000 personas a principios de los años sesenta. A partir de un documental sobre este fenómeno, realizado en 2012 por el guionista y productor de audiovisuales Juli Esteve, director de InfoTV, surgió la idea de un proyecto mucho más complicado y ambicioso. Seguir el rastro, a través de imágenes y testimonios de las familias valencianas exiliadas en Estados Unidos.

Valencianos y otros emigrantes europeos volviendo a casa en el Manchuria en abril de 1921. Imagen cortesía de InfoTV.

Valencianos y otros emigrantes europeos volviendo a casa en el Manchuria en abril de 1921. Imagen cortesía de InfoTV.

“El proyecto tenía el gran aliciente de ser prácticamente inédito, aunque ya había aparecido en Edicions 62 un libro de Teresa Morell que lo estudiaba”, dice Esteve. “En todo caso tuvimos que empezar de cero y el primer paso consistió en localizar a todas estas personas, un trabajo fácil pero tedioso, que me llevó a consultar los portales de ellisisland y ancestry, donde están registrados los lugares de origen de quienes entraban en Estados Unidos, nada menos que un millón de viajeros al año a principios del pasado siglo”.

En total localizó 15.780 valencianos que entraron en el país entre 1906 y 1920, cuando se cerraron las fronteras a los procedentes de España e Italia por temor a atentados anarquistas. En la posguerra se produjo otra oleada de varios miles, aunque la mayoría de los que se marcharon entonces lo hicieron con destino a México y otros países de Sudamérica.

“La segunda fase del trabajo fue conectar con casi un centenar de ayuntamientos, la mayoría de La Marina y La Safor, para conseguir financiación y ayuda que nos permitiera localizar a los descendientes de los exiliados y a partir de su memoria reconstruir sus respectivas trayectorias. A dibujar un plano general y a la vez individual”.

John Signes hijo de un matrimonio de Gata y Oliva con uniforme de soldado americano en la II Guerra Mundial. Imagen cortesía de InfoTV.

John Signes hijo de un matrimonio de Gata i Oliva con uniforme de soldado americano en la II Guerra Mundial. Imagen cortesía de InfoTV.

Se consiguieron nombres, direcciones, datos y un total de 12.000 fotografías e imágenes con las que Esteve, junto a Esther Albert y Antoni Arnau, se pusieron manos a la obra. A lo largo de cuatro años realizaron cuatro documentales de seis horas de duración bajo el título genérico, ‘Els valencians d’Amèrica’.

El primero, ‘Cap a la terra promesa’ se centra en el origen de la primera hornada de emigrantes que huían de la catástrofe agrícola y económica producida por la filoxera de la vid que asoló los campos de La Marina, en 1904. “El mundo rural estaba dominado por el caciquismo y la miseria”, cuenta Esteve. “En algunas comarcas los jornaleros apenas ganaban 150 pesetas al año, lo mismo que podían ganar en sólo una semana en la tierra prometida”.

Una de las fotos que se hacían para demostrar el éxito del viaje. Son un grupo de emigrantes de Benilloba en Newark. Imagen cortesía de InfoTV.

Una de las fotos que se hacían para demostrar el éxito del viaje. Son un grupo de emigrantes de Benilloba en Newark. Imagen cortesía de InfoTV.

Regreso a las raíces

El documental muestra cómo se adaptaron al nuevo ambiente tan distinto al suyo, los trabajos que encontraron y sus formas de ocio. En la segunda entrega, ‘Adéu Amèrica’ se plasman las vicisitudes de los que regresaron a sus pueblos con dólares en los bolsillos y una experiencia transformadora que abrió sus mentes. “El retorno de los emigrados generó una especie de reforma agraria espontánea, pues los caciques, faltos de mano de obra, habían abandonado sus tierras que fueron adquiridas a buen precio por los trabajadores americanos”, comenta Esteve.

Algunos de ellos, nombrados alcaldes en el periodo de la República, ejercieron el poder con criterios democráticos y se da la circunstancia de que todos sufrieron una dura represión. Acabaron en prisión, fusilados u otra vez en el exilio. Esta parte de la historia se cuenta en el episodio ‘La guerra de sempre’.

Una emigrante valenciana y su hijo americano fotografiados en Estados Unidos durante la guerra. Imagen cortesía de InfoTV.

Una emigrante valenciana y su hijo americano fotografiados en Estados Unidos durante la guerra. Imagen cortesía de InfoTV.

Los arraigados

La cuarta y última pieza de la serie, ‘Del Montgó a Manhattan. Valencians a Nova York’, presentada en el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València el 17 de noviembre, cuenta la historia de los emigrantes que arraigaron en el Nuevo Mundo.  Entre los valencianos de origen entrevistados hay soldados que combatieron en la Segunda Guerra Mundial, en Corea o en el Vietnam, como John Fignes, hijo de un matrimonio de Gata y de Oliva, que cuenta su experiencia  en el desembarco de Normandía. También aparecen jugadores de béisbol, profesores universitarios y artistas famosos. Predominan, no obstante los obreros industriales, especialmente en el Estado de Connecticut, y el singular testimonio de una valenciano-americana que trabajaba en las Torres Gemelas de Nueva York y sobrevivió al atentado del 11S.

El documental también aborda cuestiones culturales, sociológicas y psicológicas, como la perpetua dualidad sufrida por los emigrantes, con el corazón en el Mediterráneo y la cabeza en Manhattan. La añoranza los movió a crear clubes y asociaciones, como la que todavía existe en New Britain (Connecticut) que llegó a tener más de 200 miembros en los años cincuenta y sesenta. En muchos pueblos valencianos se recuerdan aquellos emotivos regresos veraniegos de los emigrantes USA que volvían en vuelos comerciales tras décadas de ausencia, a tiempo de ver vivos a sus padres, de pagar la fiesta del pueblo y presumir de cochazo. La resistencia del valenciano bajo la enorme presión del inglés se refleja de una manera respetuosa pero a la vez divertida. Por ejemplo en las palabras de una mujer que le preguntaba a la vecina: “¿Consuelo, hui què fas per lonchar?”, sustituyendo nuestro ‘dinar’ por este derivado del inglés ‘lunch’.

Un grupo de trabajadores valencianos, algunos de ellos de Pedreguer. Imagen cortesía de InfoTV.

Un grupo de trabajadores valencianos, algunos de ellos de Pedreguer. Imagen cortesía de InfoTV.

La producción de Info TV ha contado con el apoyo del Instituto de Estudis Comarcals de la Marina Alta, la Macma y una cuarentena de ayuntamientos valencianos, sobre todo de la Marina, la Safor y la Ribera. También las Universidades de Valencia, Alicante, Politècnica y Miguel Hernández, la empresa Rolser, la Diputación de Valencia y la Acadèmia Valenciana de la Llengua.

Los cuatro episodios de la serie ‘Els valencians d’Amèrica’ se han podido ver en unas 200 proyecciones en cines y casas de cultura de los municipios implicados y están editados en DVD por InfoTV. “Hemos ofrecido a la nueva Canal Nou una serie de siete capítulos de 50 minutos para que las historias de estos hombres y mujeres que cruzaron el Charco en busca de algo mejor puedan llegar a todos los valencianos”, concluye Esteve.

María Moreno, de Denia en New Britain, en los años 50 con el coche y los hijos. Imagen cortesía de InfoTV.

María Moreno, de Denia en New Britain, en los años 50 con el coche y los hijos. Imagen cortesía de InfoTV.

Bel Carrasco

Artur Heras o la pintura como combustible

No Ficción. Artur Heras
Sala Estudi General i Acadèmia
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 18 de septiembre de 2016

Artur Heras, acuciado por la rabiosa actualidad del discurso periodístico, tuvo que aclarar: “No hay temas de actualidad en mi obra; no pretendo hacer crónica puntual”. Gay Talese, al que Tom Wolfe atribuyó el nuevo periodismo que a él le adjudicaban, ya advirtió que para escribir un buen reportaje había que poner mucho cuidado en no imaginar absolutamente nada. Se trataba, dijo, de colocarse en la posición de quien nada sabe de antemano y por eso escucha. Y el emigrante le parecía un buen punto de arranque.

“La razón por la que la emigración es necesaria es porque la gente necesita sentirse un extraño. Eso es combustible, te da energía”. Artur Heras diríase que, siguiendo el ejemplo de Talese, se vuelve un exiliado cuando pinta, atendiendo a la extrañeza que le produce la vida. De manera que su obra, lejos de navegar plácidamente por esa actualidad palmaria, se deja empapar de la extrañeza que produce el tejido mismo de la realidad. “Yo escribo reportajes, y un reportaje no es ficción”, que decía Talese y secunda Heras.

Imagen de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Imagen de la exposición de Artur Heras en La Nau.

La exposición ‘No-Ficció’, que ocupa dos salas del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València, explora esa ficción que no es tal. El propio Heras lo aclara cuando dice que al igual que la literatura, “la pintura está históricamente asociada a la ficción y en cualquier caso, tanto en las historias inventadas como en la transcripción de un hecho real, esta construcción se hace a través del lenguaje”. Y es a través de él como el artista de Xàtiva pone en tela de juicio los lugares comunes, emergiendo la extrañeza propia de quien se descubre atravesado por esas formas pictóricas.

Las más de 400 obras que integran esa ‘No-Ficció’, y que según Heras bien podrían servir de biografía, parecen construir una red mediante la cual contener cierta energía destructiva. De ahí la presencia de calaveras, de muerte, de esqueletos, pero también de esvásticas, de utopías, de rostros cariacontecidos. “Me interesa la pulsión a la hora de crear”, y cómo “cada proyecto es un modo de viajar por la experiencia, sin un plano para ese viaje”. Algo así como el texto y el abismo, con el que el profesor Jesús González Requena distingue ficción y artificio.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

“La palabra ficción no me gusta. Todas las grandes películas y todas las grandes novelas son verdad. Son verdad subjetiva. Son el resultado del trabajo que le ha permitido a un sujeto sobrevivir. Y que permite a otros sobrevivir porque lo revisitan y lo hacen suyo”. Artur Heras acoge en su obra “las emociones y el laboratorio” mediante el cual recrea ciertas experiencias. De ahí la importancia de las citas literarias como parte intrínseca de ciertas vivencias y que le llevan al artista a emitir cierta crítica: “Eso de que una imagen vale más que mil palabras es una soberana estupidez”.

Y con el lenguaje como único medio de acceder a esa extrañeza de quien emigra hacia territorios siempre nuevos, Artur Heras va construyendo esos espacios de ficción que se comportan como reflejo de experiencias vividas. “Arte y artificio están en el mismo registro. Lo que debe quedar claro es que artificio no es sinónimo de mentira: es sinónimo de construcción humana”, apunta González Requena, como abriendo camino hacia la obra Heras, quien dice “reivindicar el poder de les imatges per transcendir les fronteres de la simple percepció, intentant oferir un antídot a l’excés de missatges que inunda les nostres retines”.

Vista de la exposición de Artur Heras. Fotografía de Miguel Lorenzo por cortesía de La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras. Fotografía de Miguel Lorenzo por cortesía de La Nau.

Josep Salvador, comisario de la exposición ‘No-Ficció’, explica que en las propuestas de Heras “hay una defensa del carácter revelador y comunicativo de la emoción, más allá de una lógica reductora y programática: la imagen siempre como símbolo o metáfora. Se trata pues de descifrar y no de la simple efusión lírica”. También: descifrar a partir de las formas efusivas que dialogan entre sí en su obra, y que hacen de sus imágenes un territorio a explorar, ajeno a la profusión de mensajes tan nítidos como atropellados.

La Sala Academia de La Nau reúne una veintena de piezas en torno a ‘Les emocions’, mientras que la Sala Estudi General compendia las relacionadas con el ‘Laboratori’, en una de cuyas paredes se suman 365 + 1 imágenes que vienen a radiografiar el actual año bisiesto en otras tantas emociones. “No se trata de ejercicios formalistas, sino que son trabajos que tratan de describir una significación precisa”, señala Salvador. “Son el simulacro de una experiencia”, añade.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, ofrece un título alternativo de la exposición: “La estética aumentada”, refiriéndose a la realidad aumentada tan en boga ahora. Sin embargo, la ‘No-Ficció’ de Artur Heras, en tanto espacio donde múltiples formas combaten entre sí en medio del mundanal ruido, ya parte del aumento que provoca la extrañeza. El artista fija su atención en algo que le conmueve y, a partir de ahí, crea formas que le permitan sobrevivir. En este sentido, Heras, como Talese, se colocan siempre del lado de quien no es el conquistador o el poderoso, sino de quien siente la fragilidad del ser humano.

“La práctica de la pintura es solitaria”, dice. Y en esa soledad ha producido en tres o cuatro años el 90% de la obra inédita que muestra en La Nau. Obra en la que también subyace la idea de memoria “existencial o de ocultamiento de la misma”. Historia e intrahistoria, que diría Unamuno, de esa memoria que vuelve a luchar contra el olvido o los lugares comunes. “Hay mucho de memoria, de cuestionamiento acerca del sentido de la vida”.

Artur Heras, en medio de la vorágine de las presentaciones y las ruedas de prensa, recuerda lo que apuntó el compositor ruso Dmitri Shostakóvich, cuando en plena Guerra Mundial, sitiada Leningrado, hablaba de las emociones que le llevaban a seguir creando sinfonías en medio del horror bélico. He ahí el combustible, sin duda producto de la extrañeza, del que hablaba Talese y del que Artur Heras se nutre para construir la ‘No-Ficció’ que hasta mediados de septiembre se mantendrá en La Nau.

Artur Heras delante de una de sus obras. Fotografía de Miguel Lorenzo cortesía de La Nau.

Artur Heras delante de una de sus obras. Fotografía de Miguel Lorenzo cortesía de La Nau.

Salva Torres

Aquí hay dragones. Joan Morera

[sic]
Joan Morera Arbones
Comisaria: María Marco Covelo
Zona “C”, Santiago de Compostela
Hasta el 22 de mayo 2016

AQUÍ HAY DRAGONES / HIC SUNT DRACONES
Sobre la obra de Joan Morera

“Aquí hay dragones” es una expresión que utilizaban los cartógrafos del siglo XVI —aparece por primera vez en el Globo de Hunt-Lenox (1503-07)— para referirse a aquellas terras ignotas, lugares desconocidos que el hombre no había conquistado todavía. Los planisferios combinaban el rigor de las ciencias cartográficas con dibujos de serpientes marinas gigantescas que complacían los miedos de una civilización que resolvía a golpe de mito lo que aún no había resuelto mediante el logos. En ese momento el paisaje no existía. La construcción cultural de la postal paisajística llega de la mano de los artistas, a partir del XVII, cuando los pintores viajeros registraban sus topografías en aras de un imperialismo cultural. El primero fue Hans Post (Haarlem, Países Bajos,1612 – Haarlem, Países Bajos,1680) quien le dio a Pernambuco (Brasil) su primera representación pictórica. Paulatinamente el interés por documentar lo conquistado creó un nuevo género artístico y de lo pictórico se pasó a lo fotográfico, una técnica definitivamente más ágil que los largos tiempos de secado que el óleo necesitaba. La fotografía de viajes se convierte en la gran aliada de etnógrafos y arqueólogos expandiendo el concepto de paisaje no sólo al entorno natural, sino a todo lo que suceda vinculado al habitat y a los habitos del ser humano.

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El trabajo fotográfico y artístico de Joan Morera (Vigo, 1984) bebe desde sus inicios de la curiosidad de ese etnógrafo decimonónico. Su interés por el paisaje se aleja de la mera aproximación estética y contemplativa para abordar cuestiones de relevancia política y social, como en la serie que presenta en esta exposición colectiva de la Galería adhoc titulado Toldscapes (del inglés “Told” v. to tell: narrar, contar y Scape: paisaje, vista; “Paisajes narrados”), una serie fotográfica que surge a partir de lugares de represión, concretamente de los “paseos”, fusilamientos producidos durante la Guerra Civil española en el sur de Galicia. A través de conversaciones con vecinos de la zona Morera rastrea el lugar exacto donde todo aquello ocurrió e intenta plasmar la transformación de dicho paisaje casi ochenta años después. Otra aproximación al paisaje, en este caso desde el dibujo, sucede en su proyecto Visions da paisaxe I, II y III (Lei 10/1995, do 23 de novembro, de ordenación do territorio de Galicia). El mismo texto legislativo publicado en el DOGA, el Diario Oficial de Galicia, es transcrito manualmente, calcado con precisión quirúrgica y convertido en paisaje abstracto. El trazo del grafito se convierte estrato y horizonte, constructor y constructo, teoría y práxis enmarcadas en una misma pieza.

De las convergencias emocionales vinculadas a los espacios trata su último proyecto: More(i)ras. Realizando durante una estancia de investigación predoctoral en Argentina, Morera establece varios paralelismos entre su álbum fotografico familiar y el rodaje de la pelicula La Misión (localizada en las cataratas del Iguazú, en el límite entre la provincia argentina de Misiones y el estado brasileño de Paraná), y como de modo paradógico, surgen confluencias casuales (o causales) entre la película y su propia vida; como el apellido de uno de los niños protagonistas del film que coincide, excepto en una vocal, con el suyo propio. Morera utiliza el paisaje como un instrumento más de investigación antropológica pero aplicando las estrategias propias del modus operandi artístico.

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Ese es uno de los factores clave que nos lleva a definir la obra de Morera como post paisajística: La apropiación de historias ya existentes que re-estructura y samplea en una suerte de postproducción, de síntesis entre la investigación académica y la deriva emocional; como afirma Nicolas Bourriaud en su texto Post Producción. La cultura como escenario: modos en que el arte reprograma el mundo contemporáneo: “La apropiación es en efecto el primer estadio de la post producción; ya no se trata de fabricar un objeto, sino de seleccionar uno entre los que existen y utilizarlo o modificarlo de acuerdo con una intención específica. Marcel Broodthaers decía que “después de Duchamp el artista es el autor de una definición” que vendría a sustituir la de los objetos que escoge”.

Morera se apropia, redefine y finalmente reconquista para su propia práctica aspectos marginales del paisaje como aquellas tierras ignotas del XVI habitadas por animales fabulosos eran reconquistadas por los cartógrafos renacentistas. Su paisaje ya no es antropología, ni arqueología, ni cartografía, sino todo eso y nada de eso simultáneamente.

María Marco

Web del artista
Web de la comisaria
Web de la galería AD HOC

Polification o la nerviosidad urbana moderna

Polification
Plastic Murs
C/ Denia, 45. Valencia
Hasta el 8 de abril de 2016

Vivimos en ciudades nerviosas -Roberto Arlt hubiera escrito epilépticas- que nos pueden. A veces es por su crecimiento extraño a través de planes generales de ordenación urbana haussmanizantes, a veces por costumbre, a veces por el modo en el que se superponen los sustratos de población, como capas de tiempo, en oleadas de emigración, como bandas organizadas, delimitando sus zonas de operación en barrios y arrabales.

Nuestro territorio, nosotros, nuestras ciudades de ahora, son la evolución post de la ciudad moderna que inventó la flânerie romántica del s.XIX y la vanguardia futurista del s.XX -siempre pienso en Metrópolis, el collage de Paul Citroën-, varias guerras mundiales y reconstrucciones postmodernas, todas las revoluciones (menos la próxima), la atención a fenómenos como la gentrificación y el sinsentido que gobierna este mundo mediático.

Polification. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Polification. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Cada uno en su casa y todos en nuestros distritos forzamos al límite las imposiciones de la ciudad. Empujamos las paredes de nuestros apartamentos y los mismos márgenes de lo urbano reinventando un mar de mampostería que es historia y recursos, tantas veces descuidados estúpidamente.

La pintura en cuadro de Manolo Mesa y Mohamed L’Ghacham muestran los escenarios, el espacio desgastado para la acción necesaria, fijando el lugar adecuado o las personas que lo habitan; la de Sebas Velasco traslada la potencia y urgencia del acto de pintar en la calle a través de su factura, subrayando la denuncia; por su parte, la estructuras geométricas de Alessandro Etnik construyen una visión abstracta, por ideal, de línea clara.

Los cuatro artistas anteriores desarrollan parte de su trabajo en la calle, y el contrapunto lo pone el hiperrealismo de Jessica Hess, que no interviene muros pero sí traslada al lienzo la belleza del horror vacui de una invasión total de tags y pintadas reales que, con su histeria, nos increpan contra el deterioro de nuestras ciudades.

Plastic Murs.

Polification. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Ricardo Forriols

Tres flamencas en New York

Gipsy Cabaret
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Del 4 al 6 de marzo de 2016

Cuando algunos esgrimen una incipiente recuperación económica, España sigue sufriendo una  sangrante fuga de talentos. Sin embargo, aunque podemos encontrar algunos paralelismos, es algo distinta de la que vivió el país cuando, tras la guerra civil, se produjo un éxodo de artistas no sólo por cuestiones ideológicas, también puramente alimenticias.

Sala Russafa acoge del 4 al 6 de marzo Gipsy Cabaret, una divertida propuesta que recrea el viaje a Nueva York de tres flamencas que huyen de la miseria y la incultura. En la gran manzana les espera una prima que se abrió camino en ‘las Américas’, montando su propio cabaret.

Gipsy Cabaret. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Gipsy Cabaret. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Un espacio de mentalidad abierta, donde se fusionan culturas y ritmos. Sobre aquellas tablas, su duende y su gracia les llevarán a conseguir el éxito, con contratos millonarios para dar la vuelta al mundo. Y años más tarde volverán al mismo escenario cargadas de recuerdos, de vivencias y de experiencia.

Dentro del ‘Ciclo de compañías Valencianas’, regresa al teatro de Ruzafa Xhido Teatro-Danza, una formación que ya lo visitó en 2012 con la propuesta multidisciplinar Pretextos. En marzo regresa con esta divertida pieza, que ha pasado por el café teatro y que ahora llega a las tablas en un formato ampliado, que permite profundizar en la entrañable historia de estas buscavidas, contada en clave de swing, mezclando la interpretación y la improvisación, el canto, la danza, el flamenco y hasta el claqué.

Escena de Gypsi Cabaret.

Escena de Gipsy Cabaret. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Patrícia Pardo y la fuga de ‘cerebros’ en arte

Companyia Patrícia Pardo – Drama i Circ
C / Alberic, 15 – 3. Valencia

La autora e intérprete Patrícia Pardo, en un artículo para la revista literaria L’Aiguadolç, analiza la programación de los últimos 10 años de festivales y salas públicas valencianas. Artículo en el que avanza que de las 171 obras de teatro y circo exhibidas en la Mostra de Teatre d’Alcoi a lo largo de estos diez últimos años, solo 11 obras las firman autoras valencianas o tienen autoría compartida con una mujer. En el caso de la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos de Alicante, en toda su historia (que se remonta a 1993), de las 547 obras seleccionadas solo 16 las firman autoras valencianas o tienen autoría compartida con una mujer.

Patrícia Pardo en un momento de su obra 'Comissura'. Fotografía: Jordi Pla. Companyia Patrícia Pardo.

Patrícia Pardo en un momento de su obra ‘Comissura’. Fotografía: Jordi Pla. Companyia Patrícia Pardo.

En el comunicado emitido por la Companyia Patrícia Pardo, en relación con dicho artículo, se apunta cómo “la falta de apoyo a la nueva escena valenciana (donde la mujer se vincula exponencialmente) y la ausencia de un plan estratégico en cultura son origen de la emigración de compañías, autores y directores valencianos. No solo en ciencia, también en arte perdemos ‘cerebros’ los valencianos”.

La otra opción -se agrega- “es resistir e intentar exportar las creaciones que se hacen desde la Comunidad. Aun así, las compañías que se lanzan en la internacionalización tienen que construir relaciones bilaterales desde cero por no contar con el apoyo institucional de su Comunidad como lo pueden tener a través de programas y convenios las Comunidades de Catalunya, Aragón o País Vasco”.

Patrícia Pardo en un momento de 'El fandango de Marx'. Companyia Patrícia Pardo.

Patrícia Pardo en un momento de ‘El fandango de Marx’. Companyia Patrícia Pardo.

Trabajando la internacionalización desde 2012, la compañía Patricia Pardo ha conseguido despertar un interés fuera de sus fronteras creando vínculos con ciertos países y ciudades. En los próximos meses, México, Islandia y Catalunya acogerán las dos obras de la compañía: ‘Comissura’ y ‘El fandango de Marx’, donde se  ofrecerán una visión del trabajo de esta creadora valenciana.

En mayo, la compañía pasará por México presentando ‘Comissura’ en el Centro Cultural de España del DF y en el Festival Cosmicómico de Teatro Alternativo Internacional de Zacatecas. En Junio, el Festival Inund’Art de Girona acogerá el domingo 5 la obra ‘El fandango de Marx’, la nueva creación de la compañía.

Patrícia Pardo en 'Comissura', en el Teatro Calderón de Zacatecas (México). Fotografía de Sergio Salinas cortesía de Companyia Patrícia Pardo.

Patrícia Pardo en ‘Comissura’, en el Teatro Calderón de Zacatecas (México). Fotografía de Sergio Salinas cortesía de Companyia Patrícia Pardo.

Y para terminar el verano, en agosto, se representarán las dos obras de la compañía en Islandia, primero en Reykiavik y días después en Rif. El prestigioso poeta gallego-islandés Elías Knörr es el encargado de la traducción de las obras de Pardo. Ya colaboraron cuando ‘Comissura’ visitó por primera vez Islandia, y ahora que ‘El fandango de Marx’ también se atreve con la isla de hielo, Knörr vuelve a formar parte del equipo de esta compañía.

Patrícia Pardo en un momento de su espectáculo 'Augusta'. Companyia Patrícia Pardo.

Patrícia Pardo en un momento de su espectáculo ‘Augusta’. Companyia Patrícia Pardo.