Just in Heaven: Inma Coll en ‘La maleta de Victoria’

‘También los ángeles tienen alas’, de Inma Coll
La maleta de Victoria
Buenos Aires 5, Valencia
Hasta el 31 de marzo de 2017

“¡Quién, si yo gritase, me escucharía entre la jerarquía de los ángeles!”
‘Elegías de Duino’, Reiner María Rilke

‘También los ángeles tienen alas’ es el título de la exposición de la artista Inma Coll en el delicadísimo espacio del barrio de Ruzafa ‘La maleta de Victoria’: una veintena de obras de distintas técnicas y formatos de una estupenda pintora de larga trayectoria, con más de 56 exposiciones y ferias nacionales e internacionales, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Valencia (1980) y diplomada en Diseño por la Università Internazionale dell’Arte de Firenze (Italia) (1983), Inma Coll también cursó estudios de grabado calcográfico en el Instituto de Artes Gráficas de Santa Reparata (Florencia).

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición 'También los ángeles tienen alas'. Fotografía cortesía de la artista.

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición ‘También los ángeles tienen alas’. Fotografía: FreeZia Estudio

La presencia de los ángeles como tema del arte, especialmente de la pintura, ha permitido la creación de todo un imaginario de símbolos bajo la insoslayable mirada de aquel archiconocido detalle de la ‘Madonna Sixtina’, el cuadro que Rafael Sanzio pintó en el siglo XVI; un imaginario que tiene como hitos más hermosos, por citar sólo algunos gustos personales ubicados en El Prado, la ‘Santa Cecilia’ de Nicolas Pussin, el boceto sobre la felicidad eterna de José de Madrazo y Agudo o la multitud angélica concentrada bajo la ‘Inmaculada niña’ de Francisco de Zurbarán.

Sin embargo, una primera mirada a la obra tan clásica como brutal de Inma Coll emplaza de inmediato al visitante a la apertura de ese referente alado, que posiblemente desde la penúltima revolución científica no sea ya sino una expresión efímera del contradictorio estado del espíritu más humano y a cuya imposible disección le ha dedicado tantas páginas la angeología. Así, desde ‘Nacer de un ángel’, el collage de gran tamaño con el que se inicia el inquietante paseo por el cielo a través de las obras de Inma Coll, todo nuestro cuerpo y no sólo el tradicional destino de las emociones –el corazón y la cabeza– se tensa y pone en guardia.

Inma Coll. Makma

Ángeles, como la propia pintura de Coll, nada inocentes. Ángeles, como la propia pintura de Coll, poco convencionales. Ángeles impuros, ángeles de complejas revelaciones. Hay un ángel negro entre tela metálica y zinc que atestigua el cosido que remienda un corazón quizás también quebrado y el impulso de esta artista de largo y coherente recorrido por la fina línea que separa (o que une) el horror y la belleza, esto es, la determinación por aprehender sobre el papel, la tabla y el lienzo el impacto último de lo sublime.

Hay problemas ontológicos (‘El sexo de los ángeles’), primitivismo, cuerpos, provocación, símbolos, pintura despojada de cálculos, de toda jactancia, de toda petulancia; hay grabados de dos ángeles, ecos de sexo y ángeles caídos, trapecistas (ángeles metafóricos), ángeles ilustres (Ícaro) y hay bestiarios (‘Mujer sobre glifo’, ‘El ángel exterminador’), hay autobiografía y erotismo, animalidad y delicadeza y en todos esos casos, los ángeles de Coll tienen, sobre todo, algo urgente que decirnos.

Los ángeles que orbitan sobre su obra no son blancos ni puros, sino llenos de palabras y obsesiones; el ángel es también o, sobre todo (recordémoslo), un mensajero de alegrías o de cataclismos, de textos crípticos o de amor hacia los hombres como en el bello filme de Wim Wenders ‘El cielo sobre Berlín’. Poder de la palabra, incluso cuando ésta cae sobre una sima invisible de la comunicación y desaparece (‘Ha pasado un ángel’). Hay, de hecho, en aquel ángel negro una de las piezas centrales de esta hermosa exposición, ecos de las ‘Elegías de Dunio’, el poema removedor de tripas y conciencia, que debió movilizar en su momento el pincel clásico, primitivo, moderno y contemporáneo de Inma Coll: de nuevo la fuerza primordial de las palabras.

Fotografía de una de las piezas que conforman la exposición 'También los ángeles tienen alas'. Fotografía cortesía de la artista.

Fotografía de una de las piezas que conforman la exposición ‘También los ángeles tienen alas’. Fotografía: FreeZia Estudio

Efectivamente, nada en el repaso del currículo de los ángeles (desde el anuncio del embarazo más complejo de la historia a la eminente llegada del apocalipsis) permite confiarnos demasiado en su gracilidad, en sus alas o en su peso. Ligeros, pero nada predecibles, son los ángeles, por eso, y porque algo semejante a una celebración es lo que suele ocurrir en el particular espacio de Victoria (un espacio donde la artista y artesana colombiana despliega toda la magia de su personal escenografía), una última nota debe recogerse: Inma Coll, que ha expuesto en tantos lugares, ha acertado al integrar esta excelente muestra de su arte en un espacio personalísimo y angélico, con ecos de Venecia, Florencia y Estrasburgo, lleno de ángeles que se confunden con la propia obra de una pintora (volvemos a Inma Coll) cercana a los espíritus celestes, a los códices y al arte románico, pero también a Grosz, a Bacon y a sus demonios, a los sentimientos febriles como cuerpos deformados, al derroche del arte y la lujuria, a Rilke y a toda su poesía.

‘El cielo está vacío’ es el nombre de, en mi opinión, una de las obras más emocionantes de Inma Coll, sin embargo, como ocurre con los mejores artistas, Coll también se contradice: su cielo, alborotado de cuerpos, Eros, sueños y desvelo, figuras clásicas, terror, belleza y fantasía no está vacío sino repleto de ángeles… terribles.

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición 'También los ángeles tienen alas'. Fotografía cortesía de la artista.

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición ‘También los ángeles tienen alas’. Fotografía: FreeZia Estudio

Jesús García Cívico

 

Web semántica y gestión de la información en Artium

VIII Encuentros de Centros de Documentación de Arte Contemporáneo
Artium, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo
Francia Kalea 24, Vitoria-Gasteiz
19 y 20 de octubre de 2016

Artium, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo de Vitoria-Gasteiz, organiza y acoge los próximos 19 y 20 de octubre los VIII Encuentros de Centros de Documentación de Arte Contemporáneo, un encuentro bienal que reúne a algunos de los principales expertos de museos, universidades y bibliotecas en el ámbito del tratamiento y difusión de los archivos patrimoniales. Este año, el tema a tratar será el de los datos abiertos vinculados y la gestión integral de la información, y para abordarlo han sido invitados expertos del Rijskmuseum de Amsterdam, el Museo Reina Sofía, el Prado, la Biblioteca Nacional, las universidades de Aalto y Politécnica de Madrid y de la Fundación Sancho el Sabio, entre otras instituciones.

Artium. Makma

Los enormes avances realizados en los últimos años en la gestión de la información, con la posibilidad de enlazar e interconectar datos procedentes de distintas fuentes y facilitar, de esta forma, la transmisión de conocimiento al usuario de Internet suponen una gran oportunidad y un reto para las instituciones que gestionan el patrimonio cultural y, en especial, el patrimonio contemporáneo. La capacidad de los servicios de información de compartir, vincular y reutilizar sus datos en el entorno de la llamada web semántica puede proporcionar al usuario experiencias de búsqueda mucho más completas y enriquecedoras. Los VIII Encuentros de Centros de Documentación van a abordar precisamente este tema desde la perspectiva de algunas de las instituciones culturales y educativas que más han avanzado en este terreno. Elena Roseras, responsable de la Biblioteca y Centro de Documentación de Artium, abrirá el día 19 de octubre el turno de ponentes con una reseña del trabajo que se viene realizando en el Museo para gestión tanto de su archivo histórico de actividades como el fotográfico, que van a pasar a estar normalizados bajo la norma MARC de las bibliotecas.

A continuación, intervendrán, en sesiones de mañana y tarde, Pilar Cueva, del Museu Marítim de Barcelona; Javier Pantoja, del Museo del Prado; Bárbara Muñoz de Solano, del Museo Reina Sofía; María Poveda, de la Universidad Politécnica de Madrid; y Juan Antonio Pastor Sánchez, de la Universidad de Murcia. A destacar igualmente en esta primera jornada la intervención de Jesús Manuel Zubiaga y Charo Martínez, de la Fundación Sancho el Sabio, cuya ponencia girará en torno a la integración y difusión de materiales gráficos en el mayor archivo de la cultura vasca.

Artium. Makma

Durante la segunda jornada, el 20 de octubre, y ya en ponencias sólo por la mañana, participarán Lizzy Jongma, del Rijksmuseum de Amsterdam; Gildas Illien, del Museo Nacional de Historia Natural de París; Ricardo Santos, de la Biblioteca Nacional; Sara Sánchez, del Servicio de Aplicaciones de Bellas Artes del Ministerio de Cultura y Nuria Rodríguez, de la Universidad de Málaga. En esta sesión intervendrá también Eero Hyvönen, de la Universidad de Aalto en Finlandia, con una ponencia sobre la publicación y el uso de datos sobre el patrimonio cultural en la web semántica.

Los Encuentros de Centros de Documentación de Arte Contemporáneo nacieron en el año 2002, bajo el impulso del Museo Artium en el año de su apertura, con el fin de servir de punto de encuentro de las instituciones y profesionales que trabajan en este ámbito. Desde entonces, y con carácter bienal, se han convertido en una cita ineludible para conocer y reflexionar sobre los avances que se vienen realizando en todo el mundo en materia de tratamiento de la información aplicada al patrimonio cultural.

Los Encuentros se celebran en el Auditorio de Artium. Tras cada sesión de mañana y tarde se celebrará un debate sobre los temas abordados en cada una de ellas. Al final de la primera jornada, los participantes realizarán una visita guiada al Museo.

Artium, Makma

 

Mariela Apollonio y la institución arte

The Art Circle. Directors. Mariela Apollonio
SpazioFMG for Architecture. Milán.
Octubre 2014

What it shows invokes what is not shown.
 John Berger.

El SpazioFMG for Architecture de Milán presenta el proyecto de Mariela Apollonio The Art Circle. Directors, premio Next Landmark Venice 2014 en la sección de Fotografía del Concurso Internacional de Arquitectura y Fotografía urbana Floornature. La convocatoria y la exposición se desarrollan en paralelo a la Biennale de Venecia de Arquitectura, orientada en esta edición por Rem Koolhaas hacia el legado de la arquitectura, su evolución y contemporaneidad, bajo el lema Fundamentals, que, literalmente refiere lo esencial de un edificio, en cualquier época y en cualquier lugar, y en sentido figurado alude a lo primordial, a la idea central que fundamenta, se trate de arquitectura, o de fotografía, como es el caso del proyecto premiado, cuyo concepto parece en sintonía con los planteamientos teóricos de la actual Biennale. Solicitar a Directores de Museos que se dejen fotografiar subidos a una peana no es cualquier cosa; al menos, nada común. Y lograrlo, cosa ardua, menos aún. Sin embargo, transcurridos más de cinco años desde el inicio del proyecto, ahí están los retratos de más de treinta directores de algunos de los Museos de Bellas Artes y de Arte Contemporáneo más importantes del mundo, activos en la actualidad, o cuya gestión finalizó recientemente -el Metropolitan Museum of Art, el Louvre, el Prado, la Tate Modern, el Museo Tyssen-Bornemisza, …-, fotografiados en el marco arquitectónico de la institución artística que gestionan, o en un espacio natural indeterminado -al que parecen asociarse aquellos directores que ya no están en activo-, subidos a una peana, o interactuando con ella.

Lorenza Barboni. Directora del Espacio de Arte Contemporáneo de Castellón 2008

Lorenza Barboni. Directora del Espacio de Arte Contemporáneo de Castellón, 2008

La asistencia de Mariela Apollonio como becaria de la Cátedra del Museo del Prado 2009, El Museo: hoy y mañana, dirigida por Phillipe de Montebello, le dio la oportunidad de poner en marcha el proyecto fotográfico concebido.  Precisamente, el Director del Metropolitan Museum of Art de New York hasta el año 2008, fue el primero en dejarse retratar subido al pedestal blanco construido por la fotógrafa. Puede influyera a su favor el factor sorpresa, lo inusitado del planteamiento, la novedad de la sugerencia, o la simpatía generada entre los directores congregados, pero, lo que determina la participación de los retratados es el reconocimiento social a la excelencia de la colección e institución que gestionan y su prestigio como expertos que legitiman el Arte. En este sentido, basta mencionar la influencia ejercida por Alfred Barr, Director del Museo de Arte Moderno de New York (1929-1943), con su Diagrama de las vanguardias (1936), y el proyecto museográfico para la colección del MOMA (1967), en la lectura del Arte del siglo XX. Un esquema dominante que a día de hoy no resulta paradigmático. El Círculo del Arte del teórico George Dickie, y su idea de que “las obras de arte son arte como resultado de la posición que ocupan dentro de un marco o contexto institucional”[1], orientan el proyecto fotográfico de Mariela Apollonio, que toma prestado el título del autor para reflexionar sobre la “institución arte”, y concretamente en esta primera serie Directors, sobre los agentes y procesos que intervienen en la validación de la obra artística. Las fotografías comunican la representatividad del director y del museo correspondiente, pero, también dan visibilidad a una realidad velada al hacer posar a los protagonistas en torno a un pedestal, al que la artista sugiere se suban y con el que algunos prefieren interactuar. La presencia de un objeto tan banal como simbólico distorsiona la visión de la imagen e insta al espectador a captar lo que otra mirada ofrece a su lectura. “What it shows invokes what is not shown”, en palabras de Berger. Lo que la fotografía muestra, y lo que la fotografía desvela. Un modo de representar que, no es únicamente imagen estética, técnicamente perfecta, sino argumentación crítica de la realidad, que recurre al procedimiento conceptual del artificio para interpretar visualmente las interrelación entre gestores e instituciones y la interconexión que opera en el mundo del arte, ese “Círculo del Arte” descrito por Dickie, y del que también forman parte los artistas, pues, no se puede obviar que fuera del sistema carecen de la consideración y del reconocimiento como tales. Como expresa Estrella de Diego, la serie fotográfica Directors “pone de manifiesto la imposibilidad última de subvertir lo establecido que nos atrapa a todos, lo queramos o no, en un juego perverso en el cual incluso la mencionada “crítica institucional” termina por refrendar el sistema, quizás porque el sistema es poderoso, sinuoso y perfeccionado en sus estrategias”[2].

María de Corral, directora del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

María de Corral, directora del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 1991-1994

No todos los directores de Museo invitados a participar en el proyecto aceptaron. Puede que sea el “vago temor” a ser fotografiado que expresaba Balzac y describe Susan Sontag: “Para Balzac, el espíritu de todo un medio social podía revelarse mediante un único detalle material, por baladí o arbitrario que pareciera. Toda una vida puede ser sintetizada en una aparición momentánea. Y un cambio en la apariencia es un cambio en la persona, pues él rehusaba a postular una persona “real” velada por esas apariencias”[3]. Una cosa es posar siguiendo los parámetros convencionales del retrato, y otra aceptar representar un determinado rol en imagen. Sin embargo, también se puede subvertir la idea de la autora en cuanto al uso del recurso, como hace Vicente Todolí, que convierte la peana ofrecida por la fotógrafa en un práctico macetero; o manifestar cierta reticencia al estatus, o a la disciplina, como en el caso de Agustín Pérez Rubio que, sin subirse a la peana, apoya un pie de soslayo; u optar por no mostrarse frente a la cámara sino de perfil, como posa Udo Kittelmann. En cualquier caso, la adhesión de los retratados al proyecto fotográfico El Círculo del Arte, Directors, es una afirmación de la pertenencia a ese círculo exclusivo, y excluyente, del que los gestores e instituciones forman parte, y algunos se muestran persuadidos por ser, por una vez, obra de arte ellos mismos. Por otro lado, su participación podría estimarse, en cierta medida, como un aval a la propia iniciativa artística en la que intervienen como protagonistas. Tal vez por eso.

Carlota Álvarez Basso. Directora del Matadero, Madrid. 2012

Carlota Álvarez Basso. Directora del Matadero. Madrid, 2012

En Understanding a Photograph (1968), John Berger escribe que “cualquier fotografía es en realidad un medio de probar, confirmar y construir una visión total de la realidad”. Cada una de las fotografías de la serie Directores del proyecto El Círculo del Arte, describe un mismo esquema compositivo -figura humana, arquitectura o paisaje, y objeto-, unidades básicas o estructura elemental por la que los registros establecen relación de parentesco, concitando en imagen una síntesis de la realidad artística contemporánea. El cargo institucional y el pedestal vinculan a todos los directores de museo retratados, y su registro en serie, con los valores documentales inherentes, permite hacer visible las interconexiones y los procesos que se desarrollan en el “círculo del arte”. En definitiva, y tal como expresaba Álvaro de los Ángeles, “el territorio ganado por la fotografía”[4] en este proyecto de Mariela Apollonio. El próximo mes de noviembre la Kir Royal Gallery de Valencia presentará una muestra de los distintos trabajos desarrollados por la artista como Fotógrafa de Arquitectura.

Helena de las Heras


[1] Dickie. G., El Círculo del Arte, Paidós, 2005, p. 17.
[2] Diego, Estrella de, El director de Museo como obra de arte, incluso, Blog de Cultura El País, 2 julio 2012.
[3] Sontag, Susan, Sobre la fotografía, Debolsillo, Random House Mondadori, S.A., Barcelona, 2008, p. 155.
[4] de los Ángeles, Álvaro., “El territorio ganado por la fotografía”. The Art Circle. Directors. Mariela Apollonio, Kir Royal Gallery, Valencia (22 jun – 07 jul. 2012).

 

“Cristianismo e islamismo dificultan la vida”

Brujas, sapos y aquelarres, de Pilar Pedraza
Editorial Valdemar

La palabra bruja es, posiblemente, la única del diccionario que se puede usar como insulto o halago, según el tono e intención de quien la pronuncie. En esa ambigüedad reside parte de la fascinación que inspira la figura de la bruja, representada tanto como una vieja arrugada y repugnante que como una seductora beldad.

De dónde surge la figura de la bruja, cómo evoluciona a lo largo de los siglos y qué huella han dejado en el arte y el cine. Pilar Pedraza responde a éstas y otras muchas cuestiones relacionadas con el mundo de la hechicería en su último ensayo publicado por Valdemar que acaba de llegar ‘volando en escoba’ a las librerías.

‘Brujas, sapos y aquelarres’ reúne la impresionante erudición que la autora ha acopiado a lo largo de casi cuatro décadas dedicadas al estudio de la manipulación de la imagen femenina en las bellas artes y a la enseñanza de la Historia del Arte en la Universitat de València. “Uno de los propósitos del libro es deshacer errores, disolver obviedades y sobre todo combatir las tonterías que se van acumulando sobre este tipo de temas por culpa de la ignorancia posmoderna –tan letal como la clásica-, y de una divulgación  ramplona por parte de los medios”, señala Pedraza.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

¿A qué se debe su fascinación por este tema?

Me interesa mucho la historia de las mujeres y más aún la historia de las imágenes que se han elaborado sobre ellas en las artes, o cómo se han configurado como personajes en la literatura. Llevo muchos años, unos cuarenta, escribiendo sobre este tema. Comencé con ‘La bella, enigma y pesadilla’, sobre figuras mitológicas; luego vino ‘Máquinas de amar, autómatas y ciborg’;  ‘Espectra’, sobre la bella muerta, y ‘Venus barbuda y el eslabón perdido’, sobre la mujer pilosa. He tenido la suerte de que interesaran a excelentes editoriales (Tusquets, Valdemar, Siruela), a pesar de que el ensayo no suele ser bien recibido por el mercado y las editoriales generalistas le tienen pavor.

¿La figura de la bruja encarna el recelo y el miedo que siente el hombre hacia lo femenino?

Más que el hombre, quien crea el recelo es la sociedad y la cultura patriarcal y machista, y quien lo maneja, el sistema y el poder. El hombre y la mujer son víctimas de ello casi en el mismo grado. Hablar de hombres o mujeres en el siglo XXI no tiene mucho sentido; son los sistemas, las tradiciones y las malas herencias las que nos rigen y contra las que tenemos que reaccionar hombres y mujeres, codo con codo. En la conciencia de los ciudadanos, en las buenas políticas, en la enseñanza y en los medios de comunicación responsables es dónde recae esta ingente tarea.

¿Tiene alguna bruja preferida? ¿Por qué ha prevalecido en la imaginería popular la bruja medieval de aspecto repulsivo?

Me encantan las brujas grecolatinas de Horacio, Lucano, Apuleyo, Petronio, y las grandes figuras de hechiceras como Medea y Circe, y sus proyecciones en el arte y el cine, porque en ellas se unen lo culto y lo popular, lo realista y lo imaginario, la madre abyecta y la femme fatale. Además, son hechiceras sin demonio; no tienen jefe, sino una diosa que las protege y que es totalmente admitida en el panteón grecorromano, con sus templos y su ritual: Hécate. Esto, en sí, no tiene nada que ver con el feminismo. Es la historia la que debe hablar, no las palabras sueltas de la opinión.

A su segunda pregunta respondería que importó crearla así en el tiempo de las grandes hogueras que asolaron la Europa católica y protestante desde el siglo XV hasta mediados del XVII. La vieja desnuda de Salvator Rosa o de Goya es una figura satánica, del mismo modo que el anciano desnudo es un titán cristiano, como en el cuadro de Tiziano, La Gloria (Prado). El cuerpo viejo femenino se sataniza (brujas) y el masculino se santifica. Las iglesias han actuado siempre en la configuración de este imaginario, bien de una manera brutal o bien armadas con todas las sutilezas del arte, intoxicando profundamente la cultura.

Portada de 'Brujas, sapos y aquelarres', de Pilar Pedraza. Editorial Valdemar.

Portada de ‘Brujas, sapos y aquelarres’, de Pilar Pedraza. Editorial Valdemar.

¿Se puede considerar a estas mujeres pioneras del feminismo?

El feminismo es un fenómeno moderno y burgués que nace con la Ilustración. Las brujas no son pioneras de nada salvo de su propia historia. El aquelarre tiene que ver, hasta cierto punto, con la sociedad secreta contra en Antiguo Régimen, con la revuelta popular y con la jacquerie campesina, en un mundo feudal dominado por los señores y la iglesia. Desde el punto de vista de la historia de la cultura, interesa mucho no mezclar los conceptos, porque si no, no se entiende nada o se cae en la banalización.

¿Por qué durante varios siglos suscitaron el odio de la Iglesia Católica y  otras religiones? ¿Se usaron como chivo expiatorio?

Pues, sí, como los herejes, los judíos y los judaizantes. Las iglesias cristianas y sus sectas han sido enemigas de la mujer desde que se crearon hasta la fecha, y sus inquisiciones han enviado a la hoguera a una cantidad escandalosa de inocentes, hombres, mujeres y niños. El cristianismo y el islamismo han hecho la vida humana más difícil de lo que ya es de por sí, y en su propio favor. La memoria histórica sirve para comprender y relatar lo que pasó, para que no vuelva a ocurrir, pero también para castigar a quien proceda.

El demonio, el sapo, el gato negro forman parte del atrezzo brujeril. ¿Cuál es su papel en la realidad?

En los manuales de los inquisidores de la época de las grandes hogueras, que son libros tremendamente interesantes para darnos cuenta de hasta qué punto fueron ellos quienes crearon a las brujas antes de enviarlas a la hoguera, leemos que cuando una bruja hace pacto con Satán, éste le adjudica un diablejo ayudante, un “familiar”, que puede ser un sapo, un mono o un gato, cualquier animal tenido por repugnante, y ella le cose trajecitos: a estas monadas se le llama en los textos de la época “sapos vestidos”, o el animal que sea. Podemos decir que el bicho es una especie de mascota de la bruja, que el demonio le regala para ayudarla y no quitarle ojo de encima.

¿Qué movimiento artístico ha reflejado mejor el mundo de la hechicería?

Los cuadros de brujerías de los pintores de género barrocos de los Países Bajos, los grabados de Durero, los óleos de Salvator Rosa, las obras de Francisco de  Goya y de Félicien Rops, cada uno según su época. Son obras maravillosas, grotescas, siempre con un punto de sonrisa maligna.

¿Qué películas de brujas no hay que perderse?

Yo no me perdería: Haxän, Dies Irae, El Crisol, Lord of Salem,  Suspiria y La Bruja de Blair. Hay muchas más, pero estas que he mencionado, y que están en el librito con todos sus datos, son obras maestras del género con las que se podría montar un ciclo sorprendente.

¿La bruja es una especie ya extinta? ¿Queda alguna entre nosotros? 

Hay sectas de brujas no satánicas muy respetables y legales, conocidas y con páginas en Internet, creadas a base de elementos feministas (éstas, sí) y ecologistas, como la Wicca, a la que dedico mucho espacio en el libro, y también hay movimientos satánicos machistas de música rock, como el black metal, menos interesantes a mi modo de ver, pero que también tienen cabida en él. Lo que no es brujería sino charlatanería televisiva de la más baja estofa es el tarotismo espurio de ciertas cadenas, imagen patética no sólo de las pretendidas “videntes” sino de los espectadores embobados por sus miserables discursos.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

“Dirigir un museo requiere concurso público”

Ester Alba Pagán (Valencia, 1974) forma parte del Consejo Rector del IVAM desde su última reestructuración, en junio de 2013, para representar a la Universitat de València en ese órgano como decana de la Facultat de Geografia i Història, a petición del rector Esteban Morcillo.

El IVAM no pasa por su mejor momento y el gesto de politizar la composición de su Consejo Rector, expulsando del mismo a profesionales estrechamente relacionados con su actual directora, Consuelo Ciscar, da signos de la desconfianza política del partido que la designó. Una desconfianza que prefiere ignorar los desatinos en la programación, clamorosos, pero que ve con preocupación la gestión económica del museo tras los numerosos episodios de instrumentalización protagonizados por su directora y divulgados por los medios de comunicación. El más escabroso de ellos puso en contacto al IVAM con Gao Ping, el presunto cabecilla de una mafia china dedicada al blanqueo de capitales. Así es el IVAM de Consuelo Ciscar.

En esta segunda parte de la entrevista, Ester Alba aborda su actual relación con el IVAM y expone la necesidad de que los museos cuenten con una dirección científica, que garantice la idoneidad del perfil de los candidatos mediante un proceso transparente de concurso público, “como en el resto del mundo civilizado”. Un mundo que nos queda cada vez más lejos.

Accesos al IVAM en su 25 aniversario. Foto: MAKMA

Accesos al IVAM en su 25 aniversario. Foto: MAKMA

Hace unos meses te incorporaste como miembro del Consejo Rector del IVAM. ¿Cómo está siendo esa experiencia?

Sí que es cierto que nos ha provocado una especie de inquietud. Primero por la reacción, no estamos acostumbrados a la repercusión mediática, somos académicos y nuestro mundo es otro. Puede resultar molesto que el nombre de uno esté en prensa, y que se juzgue sin saber qué hacemos allí, ni porque, ni para qué, y que nadie preguntase tampoco, es algo que me llamó mucho la atención. ¿Tienes una duda? Pregunta.  Entiendo que pueda levantar suspicacias el nuevo Consejo Rector y ver allí a la universidad. La respuesta no sé si es fácil: es una cuestión de compromiso universitario, una responsabilidad institucional. Y eso es lo que pesó en la decisión. La universidad tiene que estar presente en estos lugares, en estos órganos de toma de decisiones, porque la voz de la universidad se tiene que escuchar, nosotros tenemos un compromiso no solo como universidad con los alumnos que formamos, sino también con la sociedad. Esta Facultad es una facultad que tiene y debe tener una íntima y estrecha relación con el mundo del arte, con el mundo de los museos, porque formamos a nuestros estudiantes en esos ámbitos. Nuestros estudiantes hacen sus prácticas externas en museos, como el Museo de Bellas Artes, como el IVAM, como el González Martín, MUVIM, en galerías de arte, etc. Pero además también tenemos algunos asuntos en común con el IVAM, concretamente el departamento de historia del arte tiene una cátedra de investigación junto con el IVAM: la Cátedra Ignacio Pinazo, codirigida por dos profesores del departamento de Historia del Arte, un profesor ya jubilado Javier Pérez Rojas y José Luis Alcaide, que activamente investigan y llevan a cabo trabajos muy importantes en el campo de la investigación artística valenciana.  En ese sentido consideré que como profesora de historia del arte y en segundo lugar como representante de una facultad como ésta, tenía la responsabilidad de estar presente en ese consejo rector, primero para que se escuchase nuestra voz pero también para de alguna manera hacer valer los intereses de nuestros alumnos. Posiblemente a veces puedo resultar una voz disonante, pero esa es, desde mi punto de vista, la grandeza de la democracia. Y estar en el Consejo Rector del IVAM sin duda fortalece la posición de un amplio sector de la sociedad civil que ve esta institución de forma crítica.

¿La experiencia? Pues está siendo… sorprendente, por utilizar algún término, si que es cierto que las primeras reuniones del consejo rector se trataron aspectos que tenían que ver con cuestiones de carácter más burocrático: aceptación de obras, de donaciones, la gestión del calendario de exposiciones… en las que había algunas cosas que me gustaban más y otras menos, y el ultimo de los consejos rectores al que pude asistir fue donde se planteó el tema de la reducción de plantilla del IVAM, y yo mostré públicamente mi rechazo, mi negativa a la reducción de personal, y así consta en acta.  Primero por lo que significa mi papel en el consejo rector y a quien represento –la Universitat de València-, y sobre todo, haciendo un ejercicio de honestidad, no podía mostrarme de acuerdo con una reducción de plantilla cuando estoy formando personas que van a trabajar en un futuro en ese sector, me parece una contradicción, y ese tipo de contradicciones no las digiero bien. Y, en segundo lugar, porque en épocas difíciles como esta, en las que hay que ajustarse el cinturón creo que la postura es reducir en todo menos en personas, lo último que se debe tocar son la personas, hay que luchar por ellas pues de lo contrario las avocamos a un “sinfuturo”.  En este sentido, he de valorar que se han hecho esfuerzos para que ese ajuste fuera lo mínimo posible y de lo que se planteaba en un inicio las cosas han cambiado bastante, no sé si mi postura consiguió mover sensibilidades, mi espíritu rousseauniano así lo desea. El consejo rectoral no decide, lo hace la mesa negociadora, el comité de empresa y la dirección, las negociaciones sé que han sido duras ante la postura de Hacienda, pero que se ha llegado a un consenso-acuerdo que ha minimizado el impacto.

Exactamente, ¿qué funciones cumplen los integrantes del Consejo Rector del IVAM?

Bueno, el Consejo Rector hasta ahora está aprobando cuestiones relacionadas con el calendario de exposiciones, con la aceptación de donaciones, con la aceptación de las compras que el IVAM hace y en los últimos tiempos estas compras se están haciendo a galerías de arte valenciano en su mayoría, la aprobación del presupuesto, aunque viene establecido por Cortes, pasa por el Consejo Rector y se informa del presupuesto y se da el visto bueno, y alguna que otra cosa más. Pero, realmente, en el tema de exposiciones simplemente se aprueba el calendario y la información que nosotros recibimos es una información muy general sobre las exposiciones: el titulo de la exposición, un poco el planteamiento o concepto en general, si está esponsorizada o no. Todo lo que es la gestión del proyecto expositivo, quien comisaría esa exposición, cuales son los tiempos, cual es el cronograma, cual es el presupuesto, la viabilidad, etc. eso ya queda a manos de la gestión de la gerencia.

¿Y qué opinión tienes de la programación que estáis aprobando desde el Consejo Rector del IVAM?

En los últimos consejos rectores, como había pasado tanto tiempo desde las últimas reuniones, la programación que se aprobó fue la que ya estaba realizada  y se han apuntado las líneas de las exposiciones futuras.

¿Eso no es una anomalía?

Parece ser que hacía bastantes meses que no se había convocado Consejo Rector, se había quedado eso pendiente de aprobación, en este sentido era un trámite burocrático.

Las exposiciones, sinceramente creo que hay exposiciones mejores y exposiciones que tienen una calidad un poco menor. En las últimas exposiciones por evidentes cuestiones presupuestarias se está jugando con la propia colección, que por otra parte es una colección magnifica, con las obras que hay en depósito, y creo que están dando resultados interesantes. Esto no es algo que sea nuevo ni único en el IVAM, otros museos lo están haciendo, El Prado lo hace continuamente, lo de revisar y jugar con su colección, con lo que tienen en depósito y contar historias nuevas. Recuerdo una frase, que a mí me gusta mucho, de Jean Baudrillard, quien afirmaba a colación del papel de la cultura que «todo lo que queda por hacer es jugar con los fragmentos». La sociedad contemporánea que elige y adapta elementos de su pasado y su presente, otorgándoles un valor significativo como expresión de su identidad. Ese universo de reconocimiento elocuente de nuestra cultura y nuestra cohesión social, que convierte el patrimonio en expresión de la memoria colectiva e histórica de la sociedad y que cobra importancia como expresión de la diversidad cultural.  Definitivamente ese es también el valor de un museo, tenemos fragmentos de nuestro pasado, de nuestro arte del pasado, o de nuestro arte actual, son fragmentos que nos cuentan distintas cosas y según cómo las mostremos, narremos, las expongamos, etc. podemos mostrar cosas distintas, tampoco hace falta traer grandes exposiciones que cuesten un riñón a todos para que una exposición sea buena, esté mejor o peor valorada, creo que debemos ser conscientes de cuál es nuestro presupuesto, de cuál es la situación, y en ese sentido, también hacer un ejercicio de conciencia. En su último libro el ICOFOM, sobre la definición de determinados conceptos museológicos, criticaba el desarrollo que la ciencia de los museos ha desarrollado en los últimos años basado en edificios espectaculares o exposiciones deslumbrantes.

Evidentemente, eso no significa que no hayan exposiciones loables, y esta es una opinión muy personal, tampoco soy quien para criticar, considero que una de las grandes valías del IVAM es su personal, su plantilla, creo que tienen un cuerpo de conservadores y de técnicos excelente y eso es algo que hay que proteger porque a nosotros nos preocupa el IVAM, lo que significa el IVAM en su conjunto. No hay que perder de vista que el IVAM es patrimonio de todos los valencianos. Y por tanto, creo que aquellas exposiciones que se gestionan por parte de sus conservadores son excelentes, porque son muy buenos investigadores. Pero mi opinión personal es que en estos momentos es más acertada una política de pocas exposiciones más significativas con una ampliación temporal más larga, y yo eliminaría esta abundancia de pequeñas exposiciones, esto es un planteamiento quizás muy personal. En clase de museología y museografía, cuando a mis alumnos les comento cómo gestionar un espacio expositivo o un museo les planteo la necesidad de establecer un plan expositivo y siempre mi consejo va dirigido a ese tipo de planteamiento con un cronograma claro.  Dadas las circunstancias económicas, pero también desde una perspectiva profesional, me inclinaría por una programación más selectiva, con 2 o 3 exposiciones notables e importantes al año, y cuatro de menor calado.

Lo que sí que echo en falta y no es que sea algo que sea propio del IVAM, sino de todos los museos valencianos, y que está afectando mucho a la recepción de lo cultural en la sociedad valenciana es que no hay dinero para invertir en dar difusión a las actividades museales, creo que falta esa especie de agenda común cultural y que la sociedad valenciana en su conjunto sepa y aprecie qué es lo que se está haciendo. Me sorprende, las colas que dan la vuelta a determinados edificios en Madrid o Barcelona para ver una exposición y me pregunto ¿qué pasa aquí?

El presupuesto que tiene el IVAM ahora, incluso este presupuesto reducido, es mucho mayor que el presupuesto que tienen otros museos en España. Esos museos, con las correspondientes restricciones presupuestarias del momento, mantienen su posicionamiento y el respeto del público y de los profesionales. Aquí el declive llegó antes de la crisis. ¿Por qué el IVAM ha perdido su posicionamiento? 

Es una pregunta un tanto difícil de responder, yo estoy de acuerdo, pero no es algo único del IVAM, le pasa a otros museos valencianos. También el MUVIM está siendo muy criticado porque ha perdido el horizonte que marcó Román de la Calle y, ahora mismo, está descapitalizado y sin orientación. No tiene una línea expositiva, ni un único discurso….  y el Museo de Bellas Artes adolece de dirección científica. Yo pondría algunas excepciones, el González Martí, dependiente del Ministerio de Cultura, es uno de los museos que funciona bien. Los museos dependientes de la Diputación de Valencia tampoco están mal, desde el punto de vista de cómo se gestionan las actividades que otros realizan y la programación, incluso yo diría que la difusión que dan de sus actividades. Es cierto que el IVAM cuenta con un presupuesto que supera en mucho lo que reciben otros museos, como el González Martí que su presupuesto es mucho menor. Algo pasa evidentemente.

Ester Alba Pagán. Foto: Adela Talavera

Ester Alba Pagán. Foto: Adela Talavera

De algún modo, el mismo hedor que intoxica otros ámbitos de lo público, ha intoxicado por contaminación y por repetición al mundo del museo. Se están reproduciendo sistemáticamente modelos de comportamiento, gestión, conductas y nombramientos que tienen que ver con formas opacas y poco democráticas.

Lo mismo que defendemos para la Universidad, acerca de cómo se accede a determinados puestos laborales, a determinados cargos de gestión basado en un modelo participativo, comprometido, democrático y que asegure la igualdad de oportunidades lo hemos de defender en otros ámbitos de gestión, en este caso en el ámbito cultural. Considero que esos son los modelos válidos, pues garantizan siempre que los mejor preparados accedan a los puestos correspondientes, luego uno se puede equivocar o no. Otra cosa sería caer en contradicción.

Aunque existen diversos modelos de gestión museográfica, en nuestra opinión el director o directora de un museo debería de ser un director científico, que accede de una manera transparente, por concurso público, como en el resto del mundo civilizado, a ese cargo, igual que pasa en el mundo de la universidad. Ello aseguraría su independencia y, así, poder gestionar de manera adecuada un museo, dando cuenta de su gestión y sometido a auditorías que hagan transparente todas las decisiones adoptadas, llevando a cabo las funciones y las finalidades del museo, aquello que todos conocemos: preservar y conservar la colección, difundirla, mostrarla y exhibirla, documentarla e investigarla, esas son las tres grandes funciones de un museo, esto es fundamental. No significa que no haya un gerente, una persona que se encargue de otro tipo de cuestiones, pero el papel de un director científico en un museo ha de ser una premisa. Y lo mismo en el mundo de la cultura, que en el mundo de la educación o el mundo de la sanidad, hay cuestiones que tienen que ser de consenso, cuestiones de estado y que no sea algo que dependa de un color o de un partido o de quien gobierne, no pueden ser cargos de confianza. Estamos en un momento crucial en el que la sociedad demanda un cambio y hay que escuchar su voz. En mi opinión estamos en un momento clave para revisar el modelo de museo que quiere esta sociedad, que necesita esta sociedad y que demanda esta sociedad.

Al hilo de esto, me gustaría aclarar que yo no aceptaría nunca un cargo de ese tipo. Cuando yo entré en el Consejo Rector mucha gente malpensó, creyendo que pretendía medrar para ser directora del IVAM o directora de algún otro museo. No, jamás, no, no, no. Soy una persona muy universitaria, me encanta la docencia y la investigación. Soy una persona muy institucional, muy universitaria, y no, no aceptaría nunca un cargo de ese tipo sin un concurso público. Pero en estos momentos no.  Primero no lo aceptaría por mi compromiso con la universidad, eso es un hecho, y en segundo lugar, porque estaría cayendo en lo mismo que crítico. Si yo defiendo que el director de un museo debe ser un director científico, y que debe acceder a través de un concurso público, en igualdad de oportunidades, transparente, no parece coherente entrar en ese juego, no me parecía ni lógico ni honesto. Lo digo públicamente: no me interesa absolutamente para nada.

El asunto de las donaciones al IVAM despierta preocupación, pues podrían estar aceptándose donaciones de un modo arbitrario. Hay que tener en cuenta que las obras donadas pasan a formar parte de la colección y hay que invertir recursos económicos para su almacenamiento, aseguramiento y conservación. Has comentado que desde el Consejo Rector se aprueban las donaciones, ¿bajo qué criterios se produce la aceptación de las mismas?

Todavía no tengo suficiente trayectoria en el Consejo Rector para realizar una valoración de las donaciones. Por ahora lo que he visto que se ha donado me ha parecido bueno y aceptable… me leo con detenimiento todos la documentación que nos presentan desde el Consejo Rector y en un principio la valoración de lo que se presenta es positiva. Sí que es cierto que lo ideal es que pasase por el filtro de una comisión de expertos, creo que está pendiente la aprobación de un consejo asesor, que se encargaría de estas cosas. Lo ideal es que exista al menos una comisión que se encargue de valorar y de apreciar si las donaciones que llegan al IVAM reúnen las condiciones de idoneidad y esto finalmente pasase al Consejo Rector, que es el que las aprueba como órgano responsable en última instancia. Es muy importante estudiar las obras que son donadas, pues a nadie se le escapa que la entrada de obras de un artista en un museo, prestigia al museo, pero, indudablemente, también prestigia al artista. No todo vale.

Se ha criticado la politización del Consejo Rector del IVAM, con motivo de su última reestructuración. ¿Cuántos de los integrantes tenéis un perfil profesional o académico en materia artística?

En realidad pocos, solo dos, José María Lozano, que es profesor de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Valencia y yo. El resto son cargos políticos o relacionados con hacienda, pues hay un fuerte control por parte del sector económico. A mi me gustaría que hubiesen más personas del ámbito profesional del arte en el Consejo Rector, es una desiderata, pero…

¿A qué crees que se debe esa situación?

En principio esto se debe a un cambio legislativo, y posiblemente hay algún interés por controlar las cuestiones relativas al IVAM, hay un interés por seguirlo de cerca… es mi apreciación personal. Aunque, naturalmente, se podrían arbitrar otras soluciones para gestionar el museo que no pasasen exclusivamente por el perfil actual del Consejo Rector.

Antes de tener esa vinculación con el museo, ¿qué opinión tenías del actual IVAM?

La misma que tengo ahora. Para mí el IVAM es una institución muy importante dentro de la sociedad valenciana en su conjunto. Creo que el IVAM es y fue una apuesta fuerte, significativa e importante, creo que el IVAM es el gran buque insignia del arte contemporáneo y del arte actual en el conjunto de la sociedad valenciana. Creo que el IVAM cuenta con una plantilla excelente, con profesionales de primerísimo nivel, es una institución muy importante y significativa pero creo que debe ampliar horizontes. Es decir, mi impresión, primero es que el IVAM debe ampliar y abrir las puertas y los brazos al mundo universitario, sobre todo a las universidades públicas. Creo que el IVAM debe contar con los profesores de la Universidad, y los profesores de la Universidad contar con el IVAM, es decir, que se establezca un binomio, muy similar a lo que realizan otros museos.  En Madrid el Thyssen, el Reina Sofía o El Prado, tienen programas museo-universidad, que son sumamente interesantes y que funcionan realmente muy bien en la programación de difusión y de investigación científica de la colección del propio museo. Tiene que hacerse una política de acercamiento al conjunto de la sociedad valenciana, creo que se debe mostrar otra manera de abrirse a la sociedad, al público, esto lo pensaba antes y lo sigo pensando. Creo que hay que innovar, utilizando las tecnologías de la comunicación, haciendo una buena apuesta de difusión, mejorar esos aspectos de comunicación que faltan, además de apostar por la investigación. Y, finalmente, creo que debe dar cabida a la producción artística valenciana. El arte actual valenciano tiene mucha calidad y debería buscarse un espacio específico para que se mostrase lo que hoy en día se está produciendo.

Fachada del IVAM. Foto: MAKMA

Fachada del IVAM. Foto: MAKMA

Se celebran los 25 años del IVAM y la opinión general entre los especialistas, dentro y fuera de Valencia, es que no será fácil recuperar el prestigio perdido. ¿Cuál crees que debería ser la hoja de ruta para este centro?

Para mí lo más importante es una buena planificación, todo pasa por planificar correctamente, desarrollar un plan de trabajo de un año o de dos años para así trabajar en la comunicación, realizar unas buenas exposiciones, con un carácter importante y relevante. No significa que estas exposiciones tengan que ser grandes eventos, realmente se puede hacer en conjunción con otras instituciones. Creo que la creación de sinergias es muy importante entre los propios museos valencianos, que sé que se ha hecho algunos intentos que no han salido lo bien que uno desearía, pero sobre todo con los museos a nivel estatal, creo que es fundamental, es como están trabajando el resto de museos. En un momento de precariedad financiera y económica hay que utilizar las colecciones y hay que aprovechar las de nuestros amigos y vecinos, que los tenemos al lado, para hacer trasvases de obras de arte, de exposiciones, con carácter itinerante, etc. Entrar en ese circuito es fundamental, sobre todo para que el IVAM siga estando y al mismo tiempo recupere ese posicionamiento de carácter nacional e internacional que siempre ha tenido. Creo que eso es fundamental. En cualquier caso, me centraría en una programación coherente, focalizada en aquellas lagunas que todavía no se han mostrado. Concentraría todos los esfuerzos en la producción de exposiciones “necesarias” y, de momento, dejaría aparcada la presencia internacional hasta alcanzar el nivel óptimo de la hoja de ruta.

(Transcripción: Ana Flores Díaz)

José Luis Pérez Pont

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Ester Alba Pagán. Foto: Miguel Lorenzo.

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