Allan Poe se hizo verbo en Jack Mircala

Jack Mircala and The Art of Extraordinary Tales
Librería Estudio 64
C / Benicolet, 2. Valencia

El mundo es injusto. Eso es algo que todos conocemos, una frase manida sin demasiado sentido, pero que cuando la aplicas a tu día a día cobra un especial significado. El arte es injusto también. Triunfan, en el sentido más crematístico, los que mejor saben adaptarse a las demandas del mercado o los que generan ese mercado, tal vez inexistente antes. Crear algo de la nada es prácticamente imposible en nuestros días, donde parece que tras Warhol o Pixar poco se ha creado; pero no, a veces, aunque muy pocas, la campana de la creatividad aparece, y suena en algún lugar, en alguna cabecita.

El nicho creativo se descubre a sí mismo, y es uno quien lo explora, a veces con miedo, otras con pasión. ¿Dioramas realizados con cartulinas de colores, representando imágenes bucólicas de Poe?¿Quién habría pensando eso? Primero, ¿existía la técnica? Si no existía, había que crearla y rodearla de unos códigos estéticos, trazar una imaginería, en cierta parte adoptada de Tim Burton y en otra de cosecha propia. Inventar el lenguaje con el que transmitir, algo difícil cuando la obra es estática, pero a la vez se mueve entre las neuronas de forma abstracta e inquietante. Explicar la técnica, algo que parece caminar por el desierto en un país aborregado. ¿Es sólo cartulina y mis ojos hacen el resto?

Jack Mircala edifica un estilo, una técnica, la moldea a su gusto, creando un universo de lenguaje poético, con aire dramático y que supura la esencia de su creador hasta límites insospechados. Inventa un mundo vaporoso, iriscente, regado de iconografía funesta, pero mágica. La primera vez que mis pupilas enfocaban hacia su obra, algo palpitaba en mi interior, ¿estaría sintiendo lo mismo que aquel que vio por primera vez ‘El Grito’ de Edvard Munch, sin saber de qué iba eso del expresionismo?

Jack Mircala junto a dos jóvenes fans. Fotografía: Lorena Riestra.

Jack Mircala junto a dos jóvenes fans. Fotografía: Lorena Riestra.

Jack ha venido a Valencia, un acontecimiento para la ciudad, no viene un creador, viene el padre de la técnica. Su fundador y ejecutor. Su presencia se la debemos a dos fans, de esas que rebuscan en insólitas aventuras de recortables y pegamento, y descubren el tesoro de Mircala. Unas chicas que siguen a un autor casi de culto, no por su obra, que lo debería ser, sino por ser minoritario, una injusticia en toda regla. ¿Cómo puede ser minoritario un genio?

Jack Mircala es un genio. Un artista sin parangón, porque su obra es única y en cierta medida transgresora. Nos muestra su mundo interior sin miedo a escenificar sus referentes, como bien hacía Dalí con su admirado Velázquez. Un universo extraño para el común de los mortales, que no aprecian detalles que denotan su amor por el clasicismo en obras como ‘El nacimiento de Venus’ de Botticelli o  Peter Pan y sus humeantes tejados londinenses.

Necesitamos que llegue lejos, no por él, que sin duda, ya os lo digo yo, se lo merece, sino por la humanidad. Por esa humanidad que dejó de soñar con mundos fantasiosos y que se creyó aquello de que todo estaba inventado ya. Tiene que convertirse en un autor de referencia para que la gente aprecie y disfrute de su obra, para que el público conozca un artista diferente, arriesgado e inusitado. Ha de llegar más lejos, no por él, repito, sino por mucha gente que precisa en conocerlo, en disfrutarlo, en saber de su obra para admirarla.

Dejarse llevar por los sentimientos que evocan sus imágenes detenidas en el tiempo, de colores pastel y brillos subacuáticos. Los genios no deben estar ocultos, solo un esnob diría tamaña imbecilidad, no deben ser minoritarios, deben abarcar cuanta más gente mejor. Necesitamos arte, cultura y creatividad.

Jack Mircala junto a Javier Caro y Lorena Riestra.

Jack Mircala junto a Javier Caro y Lorena Riestra.

Jack presentaba su última obra ‘Jack Mircala and The Art of Extraordinary Tales’, un libro que resumía su trabajo para la película ‘Extraordinary Tales’ (2015) de Raúl García. El lugar elegido para dar a conocer los entresijos de tan admirable trabajo de animación fue la librería Estudio 64. La película está dividida en cinco segmentos o historias, cada una con una animación diferente (un trabajo muy arriesgado), a Jack le tocó vertebrar esas historias (‘La caída de la casa Usher’, ‘El corazón delator’, ‘La verdad sobre el caso del señor Valdemar’, ‘El pozo y el péndulo’ y ‘La máscara de la muerte roja’), que son de Allan Poe, a través de sus dioramas. Una película donde participó Christopher Lee, en el que fue su último trabajo, poniéndole la voz a la narración.

La casualidad hizo que Raúl conociera a Jack y que ambos pudieran llevar adelante este film, que todavía no ha encontrado distribución en España, aunque en otros países con un público más maduro en la animación sí. La librería estaba llena, algo que preocupaba mucho a Vanessa Vaquer y a Isabel Hernández (así, con apellidos, porque son gente importante); comprensible, siempre produce un poco de vértigo la insuficiencia de público a un evento donde has puesto todo tu cariño.

La presentación fue amena, Jack parecía el cuervo de Poe mientras hablaba, tranquilo, impávido, viendo el gentío, viendo las miradas curiosas por esas inquietantes figuras de cartulina y pegamento que parecen mirarte de forma inmutable. Fue un placer cómo Jack, con su habitual amabilidad y cercanía, departía con los asistentes, cómo las botellas de vino eran ingeridas entre risas y charlas, y cómo The Cure sonaba aderezando la tarde de un modo cuasi hipnótico. Tras la presentación, muy bien acompañada por Javier, uno de los dueños de la librería, la firma, y tras asegurarnos que en esa fabrica de ideas que tiene por cabeza, todavía hay sitio para más proyectos, nos marchamos a cenar con el autor y su grupo, muy agradable, de fans/amigas a un bar cercano.

La charla versó sobre su viaje a EEUU para presentar la película de la mano de Raúl, y sobre la exposición de los materiales artísticos desarrollados para el metraje en el Center Stage Gallery de Los Angeles. Descubrimos su pasión por la horchata, ¿qué tendrá ese brebaje que atrae tanto a los forasteros?, por Sisters of Mercy y por un buen chivito. Entre tanta conversación a uno le invade la rabia, una rabia porque es conocedor de lo que se está perdiendo el público, ese público al que a veces hay que darle las cosas a cucharadas y por televisión, pero que suele admirar la belleza cuando la tiene a pocos palmos de la cara.

Duele comprobar que no sabemos reconocer el arte y la creatividad cuando sale de nuestra cantera, cuando es parte del ADN de tu pueblo, lo buscamos fuera, apelamos a la grandiosidad de otras culturas, de otros artistas, de otros conceptos y nos olvidamos de lo que se cuece aquí. Viendo una obra tan interesante como la de Mircala uno se pregunta, ¿cómo es posible que alguien no entienda la fuga de cerebros y creatividad de España? Estamos matando al padre.

Jack Mircala junto a Vanessa Vaquer e Isabel Hernández.

Jack Mircala junto a Vanessa Vaquer e Isabel Hernández. Fotografía: Lorena Riestra.

Javier Caro

Los efectos sonoros de Mustang Art Gallery

Mustang Art Gallery
Efectos Sonoros
Nuria Fuster, Pablo Bellot y Rubén M. Riera
Hasta el 22 de Junio
Comisariado por Juan Fuster

When the world is your own echo chamber.

“Los objetos que rodean mi cuerpo reflejan la acción posible de mi cuerpo sobre ellos”. (Henri Bergson, Materia y memoria)

La posibilidad de un cuerpo se abre en la acción producida por este. Esta acción puede obrarse sobre el propio cuerpo que actúa, sobre los objetos que le rodean o sobre el propio espacio en el que se sitúa. Cuerpos y objetos parecen cobrar la forma de un reflejo, los unos responden en los otros, como un espejo o como un eco.

Efectos sonoros es un dispositivo expositivo experimental de parámetros abiertos. Entre lo sensible y lo inteligible, la acción humana y los procesos de producción de sonido, las frecuencias y las ondas, el silencio y la palabra todo cobra sentido en su trasmisión. En ocasiones la recepción acústica se confunde con la repetición de la acción, como un eco. A cada secuencia de acciones le siguen consecuencias más o menos predecibles o contingentes de un nuevo cuerpo sonoro. Cuando nos aproximamos al sonido desde Efectos sonoros lo hacemos poniendo nuestro cuerpo en el centro de acción. Los tres artistas elegidos para este proyecto, Nuria Fuster, Rubén M. Riera y Pablo Bellot parten de este cometido, la acción del cuerpo, como formulación de efectos sonoros en los que se incluyen el silencio, el ruido, el eco o la reverberación.

Sounding Stone, Nuria Fuster.

S

Sounding Stone, de Nuria Fuster. Imagen Roberto Ramos.

Una plataforma de hierro diseñada para que el cuerpo esté abocado a vivir una experiencia que transforme sus sensaciones. La estructura de metal rompe su horizontalidad en una elevación ligera pero precisa para su finalidad. La elevación y su tendencia produce cierta inestabilidad del paso, inclinando el cuerpo que camina sobre la superficie metálica que genera una sensación de vértigo. El vértigo aparece como una sensación de mareo, de movimiento exterior que puede conducir incluso a la caída por la pérdida del equilibrio. Sin embargo, el vértigo es la consecuencia de la descompensación del oído que produce un desequilibrio en la aprehensión del espacio circundante.

Sounding Stone, de Nuria Fuster. Imagen cortesía de Mustang Art Gallery

Sounding Stone, de Nuria Fuster. Imagen Miriam Asencio.

La inclinación de la plataforma representa la misma tendencia que produce el vértigo: un ligero o grave declive en nuestro contacto con la realidad. El vértigo produce una sensación de movimiento irreal, puesto que se trata de una sensación subjetiva de movimiento. El trastorno del desequilibrio constituye un cuestionamiento importante en cómo se reflejan los cuerpos en el espacio. Puesto que estos no son solo percibidos, sino apercibidos por sentidos como el oído que es capaz de recrear situaciones, espacios y cuerpos mediante las ondas que produce el movimiento de estos. Al igual que la experiencia de vértigo, Sounding Stone de Nuria Fuster reflexiona sobre las relaciones entre nuestra interioridad y exterioridad.

El silencio de un cuerpo, Rubén M. Riera.

Un vídeo multicanal fragmenta la imagen de un brazo que con la mano abierta y boca abajo se sitúa sobre un fondo negro. La imagen dividida en cuatro pantallas descompone en cierto modo la figuración real.  La mano permanece inmóvil hasta que la escala musical entra en escena: un “Do” se extiende a lo largo del plano y cuando cesa, la mano golpea el fondo negro. Repentinamente este aparece como un agua negra, algo imposible en su sustancia natural. Y entonces las ondas producidas por el choque de la mano en el agua provocan un titilante movimiento lumínico. La luz emana del agua en ondas cuando el sonido desaparece. Así la escena se convierte en una doble realidad. Como en el caso de la reverberación, un cuerpo de producción acústica pierde en la repetición su forma transformándose en otra figura.

El silencio de un cuerpo, de RubenM. Riera. Imagen cortesía Mustang Art Gallery

El silencio de un cuerpo, de Ruben M. Riera. Imagen Roberto Ramos.

Lapsus es el nombre del proyecto en el que Rubén M. Riera inserta El silencio de un cuerpo y como tal nos advierte de un tiempo entre dos límites. El lapso de tiempo anuncia ese transcurrir entre los límites del audiovisual. El sonido precede a la imagen que parpadea como un eco transfigurado. Al “Do” le sigue el resto de la escala en este inusual causa-efecto invertido. Este espacio de tiempo es capaz de construir una imagen audiovisual en virtud de una virtualidad del presente en el se entremezclan materialidad e inmaterial en un tiempo de dos.

El grito ­_ Acto de comunicación nº2, Pablo Bellot.

El cuerpo, de nuevo, se pone en el centro de la acción. Un puñetazo parece ser el acto que Pablo Bellot elige como evocación del primer ejercicio de comunicación. El grito ­_ Acto de comunicación nº2 toma como inspiración la cita de Paul Virilio: “El puñetazo es el principio de la comunicación: con el puñetazo se gana proximidad cuando ya no se tienen palabras”. Si la palabra parece el acto de comunicación más sofisticado del ser humano en el que sonido, idea y creación van de la mano brindándonos la posibilidad de encuentro, el grito -como un puñetazo- rompe con la reglas de la transmisión del mensaje. Un acto de fuerza que imprime la posibilidad de disenso. Sin embargo, este grito queda enmudecido.

El grito, acto de comunicación nº 2, de Pablo Bellot. Imagen cortesía de Mustang Art Gallery

El grito, acto de comunicación nº 2, de Pablo Bellot. Imagen Roberto Ramos.

En la instalación observamos como un círculo de veintiocho megáfonos rompen con todo mensaje probable. Si la finalidad del megáfono es ampliar el sonido, en este caso amplificaría el grito, este queda enmudecido por el ruido infinito. Un megáfono conduce el sonido a otro megáfono que a su vez reproduce el sonido en otro dentro de una cadena circular irrompible. Entonces el sonido ampliado permuta en ruido.

Los efectos sonoros implícitos en los tres casos nos hacen experimentar cómo el mundo deviene una caja de resonancia permanente.

Johanna Caplliure

Doña Letizia y las damas del pop (Art)

Otra historia, de Javier Granados
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de mayo

La historia de su reconocimiento pasa por ciertos trabajos en plastilina. Como el que realizó para Don Felipe y Doña Letizia como regalo de boda, a petición de Ana Togores, madrastra de la entonces princesa y ahora reina. O como el que le hizo al peluquero suizo que peinaba a la diva del rock Tina Turner. O a Alejandro Sanz. Por ello, a Javier Granados se le conoció al principio como el chico de la plastilina. Cuando lo recuerda, no puede dejar de esbozar una sonrisa de complicidad que le lleva a mostrar algunos de aquellos trabajos, ahora agazapados entre la producción con la que se presenta en Valencia.

Chupa Chupo, en alusión a Mariana de Neoburgo, de Javier Granados, en 'Otra historia'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Chupa Chupo, en alusión a Mariana de Neoburgo, de Javier Granados, en ‘Otra historia’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Toda esa historia inicial ha dejado paso a esta ‘Otra historia’ que muestra en la galería Alba Cabrera. Una historia del arte que Granados interpreta a su manera, retomando obras de Hopper, Vermeer, Schiele, Munch o Velázquez para darles una vuelta en tono irónico, sarcástico, mordaz. Una vuelta protagonizada por mujeres, todas ellas ocupando la posición que en muchos de los cuadros comparados era exclusividad del hombre. Como, por ejemplo, en el retrato ecuestre del Conde Duque de Olivares, sustituido en la versión de Granados por una mujer rodillo en mano.

'Correos pero rápido', de Javier Granados, aludiendo a 'Desnudo femenino reclinado' de Ego Schiele, en la exposición 'Otra historia'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

‘Correos pero rápido’, de Javier Granados, aludiendo a ‘Desnudo femenino reclinado’ de Ego Schiele, en la exposición ‘Otra historia’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

-¿Por qué?

– Porque me interesaba devolverle a la mujer el protagonismo que le han robado.

Y Javier Granados llena la galería Alba Cabrera de cuadros y esculturas con desbordante colorido y no menos desbordantes mujeres. Algunas, de alta alcurnia; la mayoría, mujeres de andar por casa. Todas mostrando ese “poder en la sombra” que Granados les otorga utilizando una iconografía pop y cierto lenguaje publicitario pasados por la batidora del humor manchego. “Me gusta Almodóvar”, reconoce.

'Maria Antonieta revolucionada', de Javier Granados, aludiendo a la María Antonieta de Vigee Lebrun. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

‘Maria Antonieta revolucionada’, de Javier Granados, aludiendo a la María Antonieta de Vigee Lebrun. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Y al igual que le sucede al cineasta, también Granados transforma la angustia existencial de todas esas mujeres al borde de un ataque de nervios, en damas del pop (art) llevando la voz cantante. De manera que ‘El grito’ de Edvard Munch pierde su carácter siniestro para convertirse en un ‘No me grites’. Al igual que el ‘Desnudo femenino reclinado’ de Egon Schiele deja de parecer un cuerpo obsceno, para clamar como figura de sello ‘Correos pero rápido’.

'No me grites', de Javier Granados, en referencia a 'El grito' de Edvard Munch, en la exposición 'Otra historia'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

‘No me grites’, de Javier Granados, en referencia a ‘El grito’ de Edvard Munch, en la exposición ‘Otra historia’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

La crudeza y claroscuros de las obras originales dejan paso en la comparativa de Granados a la luminosidad y el aire jocoso. “Me gustan los juegos de palabras y el humor negro con el fin de desmitificar la historia del arte”. Y lo hace bajo una apariencia frívola que el artista achaca a la “factura pop, que es muy visual”. Apariencia que a su juicio esconde “segundas lecturas, guiños irónicos y cierta crítica”. De ahí esa ‘Otra historia’ que da título al conjunto expositivo.

'Un timbrazo a tu corazón', de Javier Granados, en alusión al Retrato de Gabrielle d'Estrées y su hermana la duquesa de Villars, de Pomarède. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

‘Un timbrazo a tu corazón’, de Javier Granados, en alusión al Retrato de Gabrielle d’Estrées y su hermana la duquesa de Villars, de Pomarède. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Frente a la Historia del Arte con letras grandes, Granados ofrece esa otra historia del arte con minúsculas, paradójicamente poblada de mujeres mayúsculas. Mujeres redondas, afables, cachazudas, transmutando el universo hondo del referente artístico en otro más chispeante, más de superficie, aliado con la publicidad. “Para mí es una catarsis en positivo”. Ninguna bajada a los infiernos creativos. “Hago cuadros que me gustan y eso me ayuda”. Le ayuda a Javier Granados a interpretar el arte como lo protagonizan sus mujeres: de forma descarada y lúdico festiva.

'Condesa de mis olivares', de Javier Granados, en referencia al Conde Duque de Olivares de Diego Velázquez. Cortesía de Alba Cabrera.

‘Condesa de mis olivares’, de Javier Granados, en referencia al Retrato ecuestre del Conde Duque de Olivares de Diego Velázquez. Cortesía de Alba Cabrera.

'Ya es primavera', de Javier Granados, en referencia a Edward Hopper. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

‘Ya es primavera’, de Javier Granados, en referencia a Morning Sun de Edward Hopper. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

 

Salva Torres