Retrato de una mujer libre

Como arena entre tus dedos
Gadea Fitera
La Esfera de los Libros

Algunas personas tienen vidas tan intensas y extraordinarias que desafían las leyes de la verosimilitud. Vidas tan increíbles que parecen fruto de los delirios de un guionista trastornado por los excesos de las drogas y el alcohol. Es el caso de Margarita Ruiz de Lihory, aristócrata valenciana que, a principios del pasado siglo y con sólo 20 años de edad, abandonó a su marido, dejo a sus cuatro hijos al cuidado de su madre y  emprendió una aventura  insólita para una mujer de su época.

Gadea Fitera, autora del blog ‘Diario de una madre inexperta’ que publica El Mundo digital, fabula su historia en ‘Como arena entre tus dedos’ (La Esfera de los Libros). Un relato que plasma las múltiples facetas de esta mujer fuera de serie, la primera periodista con corresponsalía extranjera propia, agente doble, pintora, abogada y amante de grandes hombres de su tiempo, como Miguel Primo de Rivera o Henry Ford entre otros muchos. Además del título de baronesa de Alcahalí, que usurpó a su hermana mayor, acumuló otros varios títulos nobiliarios de abolengo.

Portada del libro 'como arena entre tus dedos', de Gadea Fitera.

Portada del libro ‘como arena entre tus dedos’, de Gadea Fitera.

“Conocí la apasionante figura de Margarita de forma casual durante una conversación con una de mis tías y quedé fascinada”, dice Fitera. “A medida que me informaba sobre su vida iba quedando más atrapada por la personalidad de esta mujer arrolladora, egocéntrica, narcisista, superdotada, ante todo un espíritu libre”.

Fitera se documentó a fondo en las hemerotecas de ABC y Las Provincias centrándose en el periodo 1920-1954 en el que trascurre la historia. A lo largo de los dos años que ha dedicado a escribirla afronta con valentía el reto de dar vida a un personaje que, de haber sido totalmente imaginario, la haría sospechosa de impostura y exageración. Porque la vida de Margarita Ruiz de Lihory es un conjunto de avatares que supera la más febril fantasía. “Fue una de esas personas que puede caer muy bien o resultar insoportable”, comenta. “Yo quería que los lectores empatizaran con ella, que al llegar al final del libro comprendieran sus motivaciones”.

Coleccionista de reliquias

Para lograr ese objetivo, Fitera combina el relato en presente y en primera persona con la voz de un narrador imparcial que rememora las peripecias de Margarita por Marruecos, México, Cuba, Estados Unidos y París hasta su regreso a España, donde residió sus últimos años a caballo de sus residencias en Madrid, Barcelona y Albacete. Fue en esa etapa cuando un macabro suceso eclipsó su brillante trayectoria para convertirla en carnaza del populacho y llevarla incluso a la cárcel, aunque por pocos días. Uno de sus familiares denunció que había amputado la mano del cadáver de su hija pequeña, Margot.

“El semanario El Caso dio noticia del suceso que suscitó un aluvión de críticas y rumores”, comenta Fitera. “Se decía de ella que oficiaba misas negras, que daba amparo a nazis, incluso que mantenía contactos con alienígenas del planeta Humo. Todo ello especulaciones sin sentido. Lo que sí es cierto es que Margarita tenía gran afición a conservar reliquias, desde el bisturí con el que habían operado a uno de sus hijos, a los órganos de sus mascotas que ella misma extirpaba y guardaba en formol tras su muerte”.

Gadea Fitera. Imagen cortesía de la autora.

Gadea Fitera. Imagen cortesía de la autora.

Como Fitera relata en las primeras líneas de su novela, fue en Marruecos donde se inició en los rituales funerarios de los yezidíes, una secta islamista que acostumbra a mutilar a sus difuntos.  Siendo católica devota combinaba su fe religiosa con las creencias esotéricas muy en boga en su época. La familia Bassols de su último esposo, mucho más joven que ella, era propietaria de la mayor biblioteca espiritista de Cataluña de la época. Mundana y cosmopolita y a la vez animada por un intenso afán espiritual que la impulsaba a buscar algo más allá de los límites de la realidad.

Entre claros y oscuros, gozos y tormentos, Fitera traza una retrato de un mujer libre, adelantada a su tiempo. “Es cierto que la situación de la mujer es hoy mejor que a principios del XX, pero creo que estos últimos años se ha producido una involución. Si una mujer abandona a sus hijos  recibe muchas más críticas y rechazo que si lo hace un hombre”.

‘Como arena entre tus dedos’ es la primera novela que publica, pero no la primera que escribe. Con ‘La sombra de un desconocido’ quedó finalista de los Premios Planeta. Ahora piensa ya en su próxima obra ambientada en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Bel Carrasco

Calles negras, periodismo sórdido

Calles negras. Valencia 1980-2000
J. Aleixandre, G. Lucas, V. Martínez, M. Molines y Vicent M. Pastor
Sala Alta del MuVIM
C/ Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 29 de junio

Aunque faltan muchas cosas por esclarecer, el asesinato de Isabel Carrasco conmueve por la visceralidad, paradójicamente calculada, de un crimen que entronca con la larga cadena de crímenes que jalonan la historia de la humanidad. Al margen de las igualmente viscerales salidas de tono en las redes sociales, que funcionan en muchos casos al modo de La jauría humana, magnífica película de Arthur Penn, el sórdido suceso viene a dar la razón a los organizadores de la exposición ‘Calles negras’, cuyas 50 fotografías exhibidas en el MuVIM, como parte del festival Valencia Negra, muestran un similar reguero de víctimas y criminales a ojos de un espectador atraído por tan bárbaros sucesos.

Fotografía de Vicente Martínez. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de Vicente Martínez. Imagen cortesía del MuVIM.

Si dejamos de lado la ideología que viene a empobrecer lo que sin duda puede dar lugar a una buena crónica literaria del suceso, nos encontraríamos con la fuente misma del periodismo: el esclarecimiento de cierta verdad, a partir de un confuso material proveniente del igualmente confuso deseo humano. Lástima que el periodismo haya basculado entre ‘El Caso’, célebre semanario de noticias escabrosas, y la adopción del suceso como hijo legítimo de la prensa en general, una vez hallado en el morbo fuente de negocio.

Fotografía de José Aleixandre. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de José Aleixandre. Imagen cortesía del MuVIM.

Sea como fuere, lo cierto es que la exposición ‘Calles negras’ nos recuerda la atracción humana por lo sórdido, allí donde la víctima es reflejo de la muerte que nos acecha, y el criminal, figura del exceso cuyo contagio tememos y en el fondo ansiamos. A través de las imágenes de los fotoperiodistas valencianos José Aleixandre, Guillermo Lucas, Vicente Martínez, Manuel Molines y Vicent M. Pastor, podemos contemplar algunos de esos sucesos recogidos en la prensa entre 1980 y 2000. Sucesos que los autores de las fotos se limitan a mostrar, más allá de la calidad de sus imágenes.

Fotografía de Manuel Molines. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de Manuel Molines. Imagen cortesía del MuVIM.

Son fotografías disparadas con el mismo grado de improvisación que se les supone a los sujetos y objetos retratados, fruto del desgarro existencial que confiere al suceso la cualidad de agujero negro en la vida cotidiana. Como apuntaba Roland Barthes en ‘La cámara lúcida’, toda una “gama de sorpresas” acompaña las imágenes de ‘Calles negras’. Sorpresas que evitan caer en la tentación de abundar en la calidad fotográfica de los trabajos, en su mayoría ausente, debido a la premisa mayor de captar el instante fugitivo del siniestro en caliente.

Fotografía de Guillermo Lucas. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de Guillermo Lucas. Imagen cortesía del MuVIM.

Desde la captura de un delincuente, cuya mirada fría atraviesa en ocasiones el objetivo de la cámara, al cadáver calcinado o fugazmente cubierto por un plástico, pasando por escenas masivas de duelo o el simple refugio sombrío de la droga, todas las imágenes poseen ese aire de suciedad que pone en relación la depravación de unas mentes supuestamente racionales, con los instintos o más bajas pasiones. Aleixandre, Lucas, Martínez, Molines y Pastor se limitan a pasar por ahí, casi de puntillas, para dejar constancia gráfica del realismo sucio que, como su otra cara, vive en paralelo con la más laboriosa, aseada y brillante vida cotidiana.

De todas esas ‘Calles negras’ se nutre el periodismo de sucesos, antaño pasto de ciertas publicaciones especializadas y hoy campando a sus anchas por las páginas de casi todos los periódicos y pantallas televisivas. Diríase que hemos llegado al punto de preferir lo crudo a lo cocido; de masticar imágenes con ojos de depredador, en lugar de digerirlas con calma, para que lo sórdido, siendo plato de mal gusto, adquiera en el fondo cierto sentido.

Fotografía de José Aleixandre. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía de José Aleixandre. Imagen cortesía del MuVIM.

Salva Torres