Alessandro Brighetti: PENTOTHAL

Alessandro Brighetti: Pentothal
Kir Royal Gallery
C/ Reina Doña Germana, 24. Valencia.
Inauguración: 23 de abril a las 19 h.
Hasta el 10 de junio de 2014

¡Dónde está la justicia, Dios, si el don sacro, si el genio inmortal no se da como premio al sacrificio, al amor ardiente, a las plegarias, al celo diligente, al estudio, y ilumina a un loco, un vagabundo ocioso! …¡Oh Mozart, Mozart!
Alexander Puskin, Mozart y Salieri, 1830

Pentothal es la primera exposición en España del joven artista italiano Alessandro Brighetti. El título de la exposición hace referencia a un barbitúrico que en pequeñas dosis se utiliza como suero de la verdad, en grandes dosis como droga hipnótica o anestésica.

“La verdad” es un concepto muy importante en las obras de arte de Brighetti: el fluido que utiliza es siempre fiel a sus reacciones químicas/físicas y los mecanismos de las esculturas se revelan sin ocultar nada.

La muestra expositiva parece una orquestra donde todos los “instrumentos”, escondidos en las obras mismas y creados por el artista/director, hacen bailar rítmicamente las diferentes esculturas.

Alessandro Brighetti, "Lophophora" (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería..

Alessandro Brighetti, «Lophophora» (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería.

Las obras de Brighetti se presentan como cuerpos fluidodinámicos de un mecanismo continuo que encrespa el material y transforma reiteradamente la forma. A la rigidez de la materia, el artista opone, de este modo, un material adaptable, elástico, flexible y moldeable: el ferrofluido. El fierrofluido – a través de las relaciones y reacciones internas, atracciones y repulsiones causadas por engranajes mecánicos y electrónicos – fluye continuamente y entre en movimiento para crear volúmenes suaves y angulares, cinéticos y pasajeros.

En sus últimos trabajos, el arte y la ciencia viven una fuere relación de coparticipación. Células y maquinaria industrial, microscópico y macroscópico, bidimensional y monumental son algunas de las constantes de su obra.

El artista se inspira en el movimiento del arte cinético de los años 60, y en particular, en Davide Boriari, uno de sus fundadores. El movimiento es necesario para el cuerpo de la obra para poner en escena la magia de la transformación. Rotaciones, pulsaciones y la recirculación son las dinámicas de esta primera fase. El paso siguiente será la interacción con la música.

Alessandro Brighetti, "Mozart e Salieri" (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería.

Alessandro Brighetti, «Mozart e Salieri» (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería.

Muchas de sus obras tienen nombre de psicofármacos, otros elementos que lo une a la medicina. Los títulos son una consecuencia imprescindible: antidepresivos para la primera circunstancia, ansiolíticos e hipnóticos para la segunda.

“Tener cuidado de estas obras significa poner en marcha cada vez su magia en primera persona y volver momentáneamente al niño curioso e estupefacto que juega al pequeño químico”.

Alessandro Brighetti, "Narciso" (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería.

Alessandro Brighetti, «Narciso» (Serie Pentothal). Imagen cortesía de la galería.

Manual de identidades en construcción

Miguel Trillo. Parejas y placeres
Galería Alfredo Viñas
C/ José Benis Belgrado, 19, 1º. Málaga
Inauguración: 13 de diciembre de 2013, 20 h.

Las imágenes de Miguel Trillo rebosan deseo. Sus capturas fotográficas son el resultado de una permanente búsqueda, una revisión constante de la imagen de la juventud a lo largo de las últimas décadas en ciudades como Madrid, Londres, La Habana o Manila. Unos ojos, los de los fotografiados, que delatan a menudo la incertidumbre de su proceso vital, la necesidad de afirmación individual mediante su adhesión a estéticas corporales de grupo, a modo de furia elevada contra el sistema. Trillo muestra, en algunos casos, auténticos archivos de “historia nacional” en los que se relata cómo a principios de los ochenta la banalidad ganó el pulso al compromiso social, cómo bajo los ambiguos signos de la modernidad incipiente se extendía el espejismo de la libertad, celebrada a golpe de laca, anunciándose capaz de redimir a la juventud de la parálisis en justa proporción a la altivez de sus cabellos. Las consignas políticas de esforzadas generaciones de españoles -emigrados, encarcelados o meramente sometidos por el régimen anterior- quedaron silenciadas por el ensordecedor zumbido de decibelios que inundó el hábitat juvenil. Cantaba El Fary, desde su honda sabiduría popular, que “el dinero, para tenerlo hay que saber gastarlo”.

La obra de Trillo se convierte en un manual de identidades en construcción, preservando para el estudio sociológico fugaces destellos de adolescentes insertos en el via crucis del materialismo, donde la relevancia del individuo viene determinada por los atributos que lo adornan y su personalidad se define por la peculiaridad de la apariencia que le devuelve el espejo. Los mismos adolescentes, aunque otros, siguen posando en la actualidad, más complacidos si cabe, ante su objetivo, albergando el deseo aprendido de trascendencia reproductible, inherente a nuestro tiempo, para los que la representación del éxito y el poder se cuenta por impactos mediáticos. Los relatos visuales construidos por Miguel Trillo son, sin duda, una fiel acta de nuestro mundo de consumo, en el que la metamorfosis del cuerpo concentra la revolución egocéntrica del ser, anulando cualquier aspiración introspectiva y derivando hacia una homogeneización identitaria basada en la reafirmación de la estética diferencial. En palabras de Albert Boadella (El rapto de Talía), “se percibe en la juventud una vocación de funcionarios voluntarios en la mundialización de las modas para mayor gloria de las empresas que marcan los límites de la subversión…”, abocados a una realidad precarizada y ausente de valores, sujeta por el dominio de falsos placeres a menudo insatisfechos.

José Luis Pérez Pont