Donald Trump, entre Jesucristo y Hitler

The Art of the Deal, de Jeremy Konner
Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina
Del 3 al 13 de noviembre de 2016
Sala Luis García Berlanga de la Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Estreno mundial: martes 8 de noviembre, a las 20.00h

“Este es el segundo libro más vendido después de la Biblia, aunque ésta la escribieron entre 12 tíos”. Así le explica Donald Trump a un niño, que entra por equivocación en su despacho, el éxito de su best seller ‘The Art of the Deal’. El chaval, que acudía a la presentación del libro, aprovecha la ocasión para que el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos le firme el ejemplar y de paso le cuenta su vida. Poniéndose a la altura del mismísimo Jesucristo, Trump va desgranando su triunfadora existencia, encarnado por un histriónico Johnny Depp en el mediometraje que se ha estrenado a nivel mundial en Valencia dentro del festival La Cabina.

Johnny Depp caracterizado como Donald Trump en la película 'The Art of the Deal', de Jeremy Konner. Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia La Cabina.

Johnny Depp caracterizado como Donald Trump en la película ‘The Art of the Deal’, de Jeremy Konner. Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia La Cabina.

La película dirigida por Jeremy Konner refleja en clave satírica la personalidad de Trump, cuya filosofía existencial queda resumida al final del mediometraje en su propia lección de vida: “¡Pásalo bien!” Divertimento que es desglosado en diversos capítulos por el Trump de ficción mediante sospechosas artes: “El arte de intimidar a inquilinos de renta antigua, el arte de ganar demandas falsas por discriminación, el arte de comprar un casino a la familia Hilton y el arte de casarse con una preciosa inmigrante”, su mujer de origen checoslovaco Ivana Trump. Así va explicando al niño su vertiginosa y competitiva vida.

“Los triunfadores siempre estamos al teléfono, aunque no haya nadie al otro lado”, dice Trump en un momento de ‘The Art of the Deal”. El chaval le sigue ensimismado sus explicaciones hasta que es cambiado por otro niño, y así sucesivamente, cuando algún comentario no le gusta. Johnny Depp, fielmente caracterizado y sobreactuando, con el fin de adaptarse a la propia sobreactuación del candidato a la Casa Blanca, forjado a sí mismo a golpe de show televisivo, va narrando diversos episodios de su vida a modo de autobiografía paródica.

Cuando habla de la Quinta Avenida de Nueva York, Trump reconoce que tuvo dos sueños: disparar en la calle a un transeúnte y verle morir (gesto surrealista por antonomasia) y construir un rascacielos. Esos delirios de grandeza que vinculan el acto criminal con el levantamiento de un emporio financiero dibujan el perfil de Trump, que Konner subraya en su película con trazo grueso. Otro ejemplo: cuando el arquitecto que le hace los planos de lo que será el Taj Mahal, casino de Atlantic City emblema de su poder, se desmarca de su origen alemán diciendo que Adolf Hitler fue “terrible”, el empresario le advertirá: “¡No te metas con él!”.

Fotograma del mediometraje 'The Art of the Deal', de Jeremy Konner. Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia La Cabina.

Fotograma de ‘The Art of the Deal’, de Jeremy Konner. Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia La Cabina.

Donald Trump es, a través de sus continuos excesos y exabruptos verbales, ridiculizado en ‘The Art of the Deal’, cuya proyección el festival de mediometrajes La Cabina ha querido hacer coincidir con las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos, que se celebran mañana martes 8 de noviembre. Así, cada vez que estrecha la mano de alguien para cerrar un trato, se oye tras el movimiento de los brazos el sonido de una caja registradora. Los otros siempre comparecen como potenciales clientes a los que convencer o destruir.

Tampoco sale bien parado en cuestión de amores. Su esposa Ivana es igualmente ridiculizada, en tanto mujer objeto a la que tan pronto ensalza por sus encantos naturales como desprecia vilmente. En esa montaña rusa se mueve Donald Trump: “Me he pasado la vida destruyendo vidas y aún así me siento vacío”. Vacío que no deja de llenar con nuevos planes de construcción faraónica siempre ligados a la destrucción colateral de cuantos se lo impiden. Jeremy Konner, una vez finalizada la película, propone su destrucción como catarsis liberadora. Otra cosa es que lo consiga, porque como dice el propio Trump: “¡Soy inmortal!”. Que nadie, entonces, le de por muerto, pase lo que pase mañana en las elecciones que le enfrentan a Hillary Clinton. El festival La Cabina ha dejado constancia ¿paródica? de ello.

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Fotograma de 'The Art of the Deal', de Jeremy Keene. Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina.

Fotograma de ‘The Art of the Deal’, de Jeremy Konner. Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia La Cabina.

Salva Torres

Molotov incendió Valencia

Molotov
Espai Rambleta
Carrer de Pius IX, s/n. València
Viernes 1 de Julio de 2016

Las paredes de la ciudad estaban pegadas de los carteles que rezaban que la banda más peligrosa de habla hispana iba a venir a sacudir Valencia. Su disco, para mí cassette, ‘¿Dónde jugarán las niñas?’, lo tenía medio roto de darle vueltas, sus letras me habían impactado mucho, su música me había dejado noqueado y su canción-himno ‘Gimme the Power’, me había abierto los ojos a unos horizontes diferentes. Algo se me había revuelto por dentro con esos mejicanos.

Debía ser el ´97 o ´98 en la Roxy Club, no lo recuerdo bien, y aunque he mirado en la red no hay información al respecto. Aquella noche no pude asistir al concierto, me quedé sin ver a Molotov en su apogeo, cuando hacían correr ríos de tinta de los periódicos más conservadores, cuando acababan de golpear en castellano a una pacata sociedad. Aquella noche estuve triste, es el primer recuerdo que tengo de querer ir a un concierto de rock.

Por eso el día 1 de julio la cita con la banda no podía eludirse, hubiera sido casi un pecado, aunque eso resultara una ironía con este grupo. Y ahí estaba yo, en la Rambleta, en una de las noches en las cuales cumplía con una deuda que tenía con mi Yo del pasado, con mi Yo preadolescente que deseaba romper las reglas, con mi Yo ilusionado por sentir el fuego de un concierto recorriendo mis tuétanos.

Imagen de la portada del disco 'Agua maldita', de Molotov.

Imagen de la portada del disco ‘Agua maldita’, de Molotov.

Molotov llegaba con una gira enorme por la península para celebrar sus veinte años desde su fundación, su primer trabajo discográfico, el anteriormente mencionado ‘¿Dónde jugarán las niñas?’, no apareció hasta el ´97. Los cuatro pistoleros de Ciudad de Méjico no sacan disco desde 2014, ‘Agua Maldita’, con el que lograron el Grammy Latino a mejor grupo de rock. Curiosamente, con el elepé que les catapultó a la fama internacional ‘¿Dónde jugarán…?’ sólo consiguieron la nominación, pero no el premio, supongo que todavía no estábamos preparados para lo que podían hacer los mejicanos.

Como ya he dicho, el concierto se iba a celebrar en La Rambleta y como no venían a presentar ningún disco en especial, podríamos disfrutar esa velada de temas de todos sus trabajos, a modo de grandes éxitos. El hall de La Rambleta estaba completamente vacío, todavía quedaba una hora para el inicio del concierto, previsto para las 23.00 horas, pero aquella imagen me hizo preconizar lo peor: esa misma noche Alan Parsons Project tocaba en Viveros.

El tour manager me había citado a las 22.00 para poder realizar con ellos una entrevista, por desgracia llevaban algo de retraso y llegó más tarde, con lo cual tuve que acelerar las preguntas y dejarme alguna sin formular. Junto al tour manager descendí las escaleras que conducían a la sala, donde en unos minutos iba a haber una descarga monstruosa de rock´n´roll. Comprobé mientras bajaba que el aforo estaba casi lleno. Cruzamos una puerta y allí estaban los chicos de Molotov, junto a ellos reposaba una enorme paella que tenía una pinta fantástica y botellas de tequila.

Molotov, en un momento del concierto en Espai Rambleta. Fotografía: Javier Caro.

Molotov, en un momento del concierto en Espai Rambleta. Fotografía: Javier Caro.

Nos estrechamos las manos y en los pocos minutos que tuve para conversar con ellos se mostraron muy amables. Quizás estábamos los asistentes al bolo ante la banda más importante de rock latino, y eso para Valencia era una muy buena señal. “No nos podíamos creer que el disco (‘¿Dónde jugarán las niñas?’) fuera a ser un éxito en todo el mundo”, comentan al ser preguntados por el repentino triunfo de su ópera prima. Molotov siempre ha sido un grupo con letras delicadas, por decirlo de alguna forma, sobre todo en su primer elepé; quizás la bisoñez o la temperatura de sus ideales fueran los causantes de esa rabia: ¿habrían sufrido censura por ello?

«No hemos tenido censura, quizás una canción (ndr: con el tema ‘Quítate que ma´sturbas, Perra arrabalera’) en algún sitio, pero no más”. Molotov son de Méjico y siempre se han posicionado de una forma muy concreta a nivel político; ahora Donald Trump parece una gran amenaza mundial y sobre todo para su país vecino: “Es una cortina de humo, no va a pasar nada, hasta en su país le tienen miedo, pero si gana es algo muy malo para México”. Nos despedimos, ya que el tiempo apremia y en breve van a comenzar su bolo. Una lástima no haber dispuesto de más tiempo, muchas preguntas se me han quedado en el tintero, pero tenían que concentrarse para poder darlo todo en directo.

El inicio se retrasó más de lo conveniente, pero eso ayudaba a que la sala fuera llenándose poco a poco hasta casi completarse. Molotov saltaron a la tarima con mucha fuerza; en la primera parte de su show nos deleitaron con canciones de todos sus álbumes, muy potente el trallazo de ‘Chinga tu Madre’, pero no fue hasta su primer bis que no arremetieron con temas del calado de ‘Gimme The Power’, con un momento catártico entre todos los asistentes, que se hermanaban ante un himno en castellano que ha derribado todas las fronteras. He de reconocer que desde el primer compás a uno se le ponían los pelos de punta.

Molotov, en un momento de su actuación en Espai Rambleta. Fotografía: Javier Caro.

Molotov, en un momento de su actuación en Espai Rambleta. Fotografía: Javier Caro.

Continuaron con ‘Frijolero’ y ‘Hit me’. No paraban de cambiarse las posiciones entre ellos, turnándose en la batería, en el bajo y en la voz. El tequila, cómo no, estaba muy presente encima del escenario: ‘Marciano’, ‘Amateur’ o ‘Parásito’ fueron temas que cayeron contra nosotros en un aplastamiento sonoro de mucha calidad y con un sonido muy nítido, menos alguna vez que sufrían algún acople bastante molesto. Cuando el calor de la sala se hacía pegajoso y el vaho inundaba el recinto, Molotov se marcharon del escenario a meditar su tercer asalto. ¿Podrían ganar por KO?

Emergieron entre cánticos que les reclamaban ‘Puto’, una canción que les encumbró al olimpo de los chicos malos del rock. Pero antes de sacudirnos un buen sopapo con esa canción, nos dejaron afónicos con ‘Mátate teté’, para mezclarla con ‘Puto’ y hacer saltar por los aires nuestros cráneos. Por cierto, en medio de ‘Puto’ tuvieron que volver a dejar claro, como ya han hecho en múltiples ocasiones, que “no es una canción homofóbica, va contra nuestros políticos”. Y así, con el listón tan alto que no se veía, nos dejaron ir a casa a dormir todo el cansancio que nos habían provocado. Yo, todavía en estado de shock, había saldado mi deuda (aunque siempre me quedaré con la espinita de aquel concierto) y además los había conocido en persona, aunque con muchas prisas. Una lástima. El próximo año celebran los veinte de ‘¿Dónde jugarán las niñas?’, otra buena excusa para pasarse por estos lares. Estaremos atentos.

Javier Caro

“Muchos políticos ponen su ego sobre el bien común”

Elia Barceló, Premio de Narrativa de la Crítica Literaria Valenciana
La Maga y otros cuentos crueles
Editorial Cazador de ratas

Elia Barceló nació en Elda (Alicante) en una casa llena de libros, creció rodeada de ellos, devorándolos. Su destino estaba escrito; maquinar historias. Una colección de 14 de sus relatos, ‘La Maga y otros cuentos crueles’ (Cazador de ratas) se alzó con el Premio de Narrativa de la Crítica Literaria Valenciana desbancando por su carácter innovador a la brillante prosa de Manuel Vicent en ‘Desfile de ciervos’.

Residente desde hace 38 años en la bella ciudad alpina de Innsbruck (Austria), considera que este galardón “es una bonita manera de decirme que soy un poco profeta en mi tierra, que lo que escribo interesa y se aprecia”, dice. “Que se trate de un libro de cuentos es un regalo añadido porque me encanta el género que muchos especialistas consideran el más difícil del mundo”.

Cubierta de 'La Maga y otros cuentos crueles', de Elia Barceló.

Cubierta de ‘La Maga y otros cuentos crueles’, de Elia Barceló.

Tras su primer libro de relatos, ‘Sagrada’ (1989) y ‘Futuros peligrosos’, una antología de ciencia ficción prospectiva, ‘La Maga y otros cuentos crueles’ reúne 14 historias escritas en distintas épocas  cuyo denominador común es cierto punto de crueldad. “Cuando los reuní para publicarlos, cada uno me traía recuerdos de cómo se me ocurrió, de qué estaba haciendo por entonces, de qué edad tenían mis hijos. Por eso decidí añadir un comentario al final explicando a los lectores algo sobre el contexto en el que surgió el relato. Me encanta escribir cuentos. Como a mi admirado Julio Cortázar, me encanta sentir ese momento fulgurante en que algo se te ocurre de pronto, se condensa, te sientas a escribir y sale el cuento de un tirón. Con suerte, esférico, como una pompa de jabón que se desprende de ti y adquiere existencia propia”.

Cubierta de 'Las largas sombras', de Elia Barceló.

Cubierta de ‘Las largas sombras’, de Elia Barceló.

Barceló acaba de terminar una novela en la misma línea que sus dos títulos anteriores: ‘Disfraces terribles’ y ‘Las largas sombras’. “Todavía no tiene título y es una historia realista que comienza en Australia y se desarrolla entre Madrid y Rabat. Una historia de secretos ocultos en el pasado que afectan hasta hoy en día a las personas de una familia, que comienza en los años veinte y termina en la actualidad”

La llamada la Dama de los Mil Mundos por su fértil imaginación no cree que el género fantástico sea minoritario ante el interés que despiertan sagas y series como ‘Canción de Hielo y Fuego’, o el entusiasmo que existe hoy en día por las distopías y el terror.  “Creo que cada día hay más lectores que se interesan por el fantástico o que, al menos, no tienen prejuicios a la hora de elegir. Como lectores nos estamos haciendo cada vez más abiertos y flexibles. Por fortuna empezamos a perder esas manías heredadas de la crítica del XIX y de la crítica marxista que consideraban que lo único que tenía valor literario era lo realista, sin darse cuenta de que el realismo también es sólo una técnica, una moda que no siempre es la mejor herramienta para narrar lo que uno quiere narrar. Lo que sí es minoritario en España es el público lector”.

Desde su perspectiva austriaca lamenta el declive de la imagen que estas últimas décadas ofrece España. “Parece que vuelve a ser lo que afirmaban los viejos estereotipos. El país de mañana, menos desarrollado, del sur, con su siesta, sus tapas y sus playas. Un lugar al que ir de vacaciones, pero donde nada funciona como debiera, un sitio donde campa la corrupción en los ambientes políticos y nadie paga por sus delitos, donde una gran parte de la población dice en las encuestas que no confía en la justicia. Después de haber visto desde fuera lo que podía ser España y haberme sentido tan orgullosa por ello, me da mucha pena ver cómo todo se va perdiendo y cómo tantos de nuestros políticos ponen su imagen y su ego por encima del bien común”.

Observa con recelo el ascenso de las derechas en su país de adopción, aunque considera que se trata de un fenómeno global en Europa y América (Trump). “En Austria siempre ha habido una cierta tendencia al radicalismo de derechas, pero últimamente lo que más influye es que las grandes masas de población inmigrante que viven y trabajan en Austria ya en la segunda o tercera generación son los que más votan a la derecha para impedir que el país se abra a los nuevos inmigrantes. Temen que haya que repartir entre más personas los beneficios sociales que son abundantes, aunque los impuestos son muy fuertes. También cuentan con los votos de los agricultores y de gran parte de la clase obrera que ya no se siente representada por los socialistas, y de las capas sociales de educación más baja. Además, hace unos años se rebajó la edad del voto a los 16 y muchísimos chavales ignorantes votan a Hofer porque es más joven. Menos mal que por fin ganó Van der Bellen”.

Elia Barceló.

Elia Barceló. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco