¿Una camisa de fuerza para Arístides Rosell?

Esquizografías, de Arístides Rosell
Sporting Club Russafa
C / Sevilla, 5-B. Valencia
Inauguración: viernes 19 de junio, a las 20.00h
Hasta el 10 de julio, 2015

Tras casi doce años de silencio y ostracismo voluntario, Arístides Rosell vuelve a la escena pictórica valenciana. Entre el 19 de junio (Inauguración) y el 10 de julio, el Sporting Club de Russafa acoge la muestra Esquizografías, una treintena de dibujos a plumilla, la mayoría en blanco y negro, más otros ocho con relieves escultóricos, que rinden tributo de fidelidad al término de la psiquiatría francesa elegido como título de la exposición.

Si la palabra describe “el lenguaje incoherente que sintomatiza trastornos del pensamiento en ciertos estados de psicosis”, la muestra gráfica es la versión plástica, anárquica y grotesca, de una subjetividad creativa entregada al delirio y a las sorprendentes patologías de un inconsciente abandonado a su propia suerte. El resultado de este envite está ahí, a la vista de todos. Y la pregunta que inevitablemente suscita es: ¿debemos ir preparando una camisa de fuerza para Arístides Rosell? ¿O haremos lo de siempre: mirar para otro lado y llegado el momento decir como unos bobos que “creíamos era una buena persona” el mismo día que la página de sucesos del Levante desvela la aparición de un nuevo Haníbal Lecter en Valencia?

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Quizá lo mejor para prevenir y evitar ese espantoso ridículo sea sentar un rato a Arístides Rosell en el diván psicoanalítico (un diván extraño, eso sí, como una hamaca tendida entre dos palmeras) e intentar indagar en el origen de  los trastornos que lo han llevado a estas grafías delirantes, esquizoides. Lo hemos hecho. Y el resultado es este.

Arístides Rosell Cabrera vino al mundo el 7 de enero de 1965 en Ciudad de la Habana, Cuba. Olvidamos la infancia (freudianos heréticos) para llegar cuanto antes al decisivo momento en que ciertos impulsos estéticos le llevan a integrarse en la facultad de diseño. Es el buen momento del cartel cubano. Es el momento (mediados de los ochenta) en que jóvenes con inquietudes plásticas y un gen libertario todavía vivo aprovechan las aristas de la realidad para exponer leves disonancias.

Unos lo hacen cuestionando los símbolos patrios. Otros, como él, utilizando el sexo. Sexo explícito, penes y vaginas, de grandes dimensiones. Aunque es real que el sexo en Cuba está tan presente como el aire que se respira, su exhibición plástica era tabú. Estaba tan ausente de la plástica como la educación sexual de las escuelas. Exhibir la sexualidad era provocar: desafiar los clichés, importunar al machismo, recordar la falta de pedagogía social (y sus perversas consecuencias: enfermedades venéreas, embarazos prematuros, abortos traumáticos, luego el sida…).

Una exposición del 87 en la biblioteca del Instituto Superior de Diseño, titulada Sex-appeal, fue clausurada al día siguiente de su apertura. Otras, en cambio, pasaron el filtro de la censura, algunas de ellas junto a su profesora y amiga Eidania Pérez (arbitrariedad suprema del poder).

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Pero esta veta creativa no era el único filón que explotaba ya entonces el joven Rosell. Según su propia confesión, siempre ha sido un artista “bipolar” (eufemismo de uso reciente para evitar la palabra “esquizofrenia”, mucho más incómoda). Mientras en el campo más específico del diseño gráfico (la cartelística, por ejemplo) era deudor de la estética del compromiso (y lo sigue siendo: cree en la función pedagógica, moral, política o social del cartel, en que debe ser un mensaje destinado a la denuncia y a provocar el debate), en cambio en el ámbito pictórico se borran esas prescripciones y se convoca a todos los demonios internos. Mientras en el diseño gráfico se muestra incondicional de la racionalidad y el utilitarismo, y cree en la función social del arte, cuando se desplaza a la creación íntima parece dispuesto a mudarse al país de la Irracionalidad.

Pero esa irracionalidad no debe confundirse con el caos absoluto, no es una “pintura automática” al modo de la “escritura automática” de los surrealistas (y que en su versión más radical nunca produjo nada mínimamente satisfactorio). Al permitir el ingreso de lo inconsciente, se abren cajones de la mente que la racionalidad (el orden) tenía cerrados. Ingredientes censurados y ocultos de nosotros mismos, vuelven a entrar en acción.

Los deseos reprimidos se expresan mediante símbolos más explícitos, pero que aún encubren su impronta desestabilizadora. Incluso en ese caos hay un cierto orden. O, si acaso, unas débiles reglas que canalizan el desbordamiento. Rosell mantiene (a veces a duras penas) la figura, aunque sometida a grotescas formas de distorsión o a estructuras morfológicas delirantes. Como en el mundo del sueño, hay objetos, hay cosas, hay cuerpos, hay interacciones entre objetos y sujetos, entre unos cuerpos y otros, entre órganos, a veces entre vísceras (y aquí se despierta el inicial temor de este artículo).

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías'. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

La naturaleza de todo está a veces alterada: hay manos de madera, o que se hunden en la tierra, o que se transforman en garras, o que han sido crucificadas… Todo está deformado, atravesado, hendido, desgarrado, metamorfoseado, devenido en otra cosa, sin utilidad. Todo está conectado, enganchado, colgado, sostenido (por esas horcas tan dalinianas). Hay enganches, remaches, clavos, ganchos… como si Rosell temiera que todo se desgajara, se dispersara, se desmigara y se perdiera en el espacio infinito. Esas “ataduras” de las cosas a veces son dolorosas, como esos ganchos que atraviesan las manos y que producen una aguda e inevitable sensación de dolor.

Y en medio de estos paisajes oníricos dibujados a plena luz del día (a lo largo de seis años, y mientras levantaba y mantenía viva la galería Imprevisual y se convertía en uno de los gestores culturales más valiosos de Valencia), un Rosell que ya ha cumplido los 50, vuelve una y otra vez a dibujar aquellos penes y vaginas de sus veinte años, en ávida remembranza de aquello gestos libertarios con los que se constituyó como artista.

Si en aquellos penes y vaginas había entonces un anhelo de escape y de fuga, también ahora los hay. Solo que ahora muchas cosas han perdido su vigor, aparecen fosilizadas, talladas en madera o mineral, resquebrajadas o rotas, necesitadas de sostén. El tiempo, tirano cruel, ha devorado la frescura y la firmeza de las cosas. La mano del pintor aparece ahora clavada a una cruz, desvitalizada, casi muerta, aunque aún busca prolongarse hasta el infinito para alcanzar el olvidado placer.

No, no creo que debamos preparar una camisa de fuerza para Arístides Rosell.  Al menos, no más que le necesitamos cada uno de nosotros. Lo que sí debemos es agudizar la mirada (hacia fuera: hacia sus dibujos) y hacia dentro (al bullente mundo escondido de cada uno) para sacar todo el partido posible de una exposición que no nos dejará indiferentes. Sí. Es así. Arístides Rosell ha vuelto.

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Manuel Turégano

Galería Thema ‘redescubre’ a Esteban y Armengol

Palimpsesto, de Rafael Armengol y Pedro Esteban
Galería Thema
Plaza de América, 4. Valencia
Inauguración: miércoles 24 de septiembre, a las 20.00h
Hasta  finales de octubre

Galería Thema arranca la nueva temporada con la exposición ‘Palimpsesto’, protagonizada en este primer capítulo por el veterano y consagrado artista Rafael Armengol (Benimodo, 1941), junto con el joven y prometedor artista emergente, Pedro Esteban, (Puerto de Sagunto, 1991), nueva apuesta de la galería para Abierto Valencia.

Galería Thema se embarca en su proyecto palimpséstico con una serie de exposiciones duales, divididas por capítulos, donde artistas consagrados y emergentes nos mostrarán lenguajes visuales muy distintos entre ellos pero con recursos pictóricos similares a la vez, donde destaca la reutilización y superposición de capas, produciendo personales y originales lenguajes plásticos que muestran trazos visibles de su forma y gestualidad previamente borrada.

Obra de Pedro Esteban para la exposición 'Palimpsesto'. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Pedro Esteban para la exposición ‘Palimpsesto’. Imagen cortesía de Galería Thema.

Román de la Calle, Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, durante el acto de ingreso de Rafael Armengol en la Real Academia, expuso: “Es como si el principio del palimpsesto tomara plenamente sentido en su quehacer: escribir y reescribir, pintar y repintar, descubrir y redescubrir, siempre sobre las mismas bases de la historia, con el peso y el protagonismo de las imágenes, de sus programas iconográficos y también de sus estudiados principios iconológicos”.

Por otro lado, Pedro Esteban, recién licenciado en BBAA por la Universidad Politécnica de Valencia, ya ha expuesto en importantes espacios expositivos como el Palau de la Música de Valencia, recibiendo siempre una excelente aceptación por el público espectador. Su leitmotiv es la interpretación del recuerdo, como si de una imagen palimpséstica de la memoria se tratase, de ahí provienen los fondos ausentes de información, los rostros borrosos, el contraste de colores vivos con diferentes grises, y la distorsión o la carencia de detalles.

Obra de Rafael Armengol para la exposición 'Palimpsesto'. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Rafael Armengol para la exposición ‘Palimpsesto’. Imagen cortesía de Galería Thema.

Además, se proyectará en la apertura de la inauguración el vídeo de entrevista-muda-documental a Rafael Armengol, producido en colaboración con Hour Interview, colectivo audiovisual romano que promociona a los artistas, ahora también de Valencia.

La exposición Palimpsesto, comisariada por Beatriz Aranda de Galería Thema Plaza, cuenta con la colaboración del artista plástico y comisario Antonio Barroso. Los tres actos con los que cuenta esta exposición, sorprenderán al público por la cuidada selección y puesta en escena de sus artistas, esta nueva andadura y propuesta, colocará a Thema Plaza, dentro del circuito de interesantes ofertas expositivas de la ciudad de Valencia.

Thema Plaza será el punto de partida de estas tres historias que está previsto viajen a Roma y Londres, donde sus artistas harán acto de presencia promocionando el buen arte nacional. Bodegas Vicente Gandía y Le Petite Brioche, apoyarán la celebración de la nueva temporada para el arte y la cultura en la Galería Thema.

Obra de Rafael Armengol para la exposición 'Palimpsesto'. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Rafael Armengol para la exposición ‘Palimpsesto’. Imagen cortesía de Galería Thema.