UN EMAKIMONO PORTÁTIL Y «ENCAPSULADO»

EMAKIMONO (proyecto de arte portátil para Tokio, Seúl y Pekin), por ENCAPSULADOS
Del 27 de junio al 12 de julio de 2016

Hace 9 años Encapsulados celebró su primera exposición en un hotel-cápsula de Tokio situado junto a la céntrica estación de Ebisu. Los habitáculos 610 y 612 medían poco más de un metro cúbico pero alojaron sin problemas una exposición de veinte pinturas, dibujos y fotografías que fue transportada hasta las correspondientes cápsulas en un par de bolsas de aseo.

Desde aquella primera exposición programática, Encapsulados ha comisariado once exposiciones dedicadas al pequeño formato y a reivindicar espacios tan singulares y poco previsibles como, por ejemplo, el interior de un depósito de agua en la Finca Roja de Valencia. Esa querencia por los lugares inusitados le ha llevado en algún momento a cierto grado de encubrimiento y prisa. La visibilidad de lo expuesto es muy limitada en esas ocasiones, pero queda compensada con la documentación posterior y su difusión a través de una red de simpatizantes encapsulados, cofrades de lo portátil y lo leve. José Oliver, a propósito de la instalación en el Albion Hotel de Miami, definió con mucha exactitud estas exposiciones como “breves y secretas, descubiertas en un descuido, al dirigir uno sus pasos de la piscina a la barra del bar, o al ser convocado clandestinamente por la organización”

Tarjeta Tokyo Encapsulados

Encapsulados tiene también algo de laboratorio. Encierra pequeñas dosis de la sustancia prescrita por los artistas en cápsulas visuales que deben tomarse sin tardanza porque, habitualmente en apenas una hora o, incluso, unos pocos minutos, se desmonta el artificio. Así fue en los casos mencionados de Tokio, Miami, Valencia y Hanoi, los más fugaces. También en Berlín y en Nueva York, pero ha habido excepciones. En algunas ocasiones las exposiciones de Encapsulados, previo acuerdo con el espacio expositivo, se exhiben durante un mes o dos, abandonan sus prisas y su discreción y, como dijo Degas, “sus secretos corren por la calle”.

Ahora Encapsulados sale de gira asiática por las ciudades de Tokio, Seúl y Pekín y presenta el trabajo de 19 artistas contemporáneos españoles en un emakimono (rollo de papel) de 11 metros de longitud y 50 cm de ancho, así como otras pequeñas piezas realizadas a propósito para la exposición como muestra de las poéticas diversas de los artistas participantes.

Imagen de la pieza Emakimono, perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.

Imagen de la pieza ‘Emakimono en blanco’, perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.

El emakimono portátil ha viajado de estudio en estudio. Con tan sólo unas determinaciones técnicas mínimas, cada artista ha trabajado libremente sobre un fragmento de ese papel enrollado. El papel es el soporte común en el que se amoldan todas las imágenes y el espectador tiene que enfrentarse a un trabajo colectivo sin sentido de continuidad, una obra inconexa cuyo objetivo es el de propiciar hallazgos. La imagen resultante es sin duda extraña, tensa, fragmentada, chirriante en ocasiones. Una asamblea ruidosa de pintores, como los convocados por Francis Picabia a pintar conjuntamente su obra El ojo cacodilato, que mostrará el carácter plural y diverso de unos artistas forzados a coexistir en una tira de papel. Ante tanta diversidad lo único que tal vez nos permita a la postre establecer cierta unidad o sentido sea su propia rareza resultante. Una rareza de artistas y para artistas dibujada y pintada en un emakimono. 

27-28 Junio ____ Sala de exposiciones de la Embajada de España en Tokio. Japón 30 junio -2 julio _ TOTAL Museum. Seúl. Corea www.totalmuseum.org/ 6 -12 julio _____ TAM. Today Art Museum. Pekín. China www.todayartmuseum.com/

ARTISTAS Pepe Medina / Joël Mestre / Teresa Moro / Jorge Tarazona / Fernando Vélez Castro María José Gallardo / Montse Caraballo / Felipe Ortega Regalado / Teresa Tomás Ángel Mateo Charris / Paco de la Torre / Gonzalo Sicre / Dis Berlin / Alejandro Calderón Gabi Alonso / Juan Cuéllar / Marina Iglesias / Roberto Mollá / Lebrel

ENCAPSULADOS Grupo formado por Juan Cuéllar y Roberto Mollá en 2007 Arte portátil www.encapsulados.info/ 

Imagen de la pieza 'Emakimono', perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.

Imagen de la pieza ‘Emakimono’, perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.

 

Treinta y nueve pintores, un solo tema

En un silenci quiet. Paisatges
Llotja de Sant Jordi
Plaça Espanya, Alcoi, Alicante
Inauguración el 7 de abril a las 20h
Hasta el 29 de mayo de 2016

“Hay otros mundos, pero están en este”
Paul Éluard

En torno al paisaje contemporáneo hemos reunido obras de treinta y nueve pintores que han tratado este tema tan clásico. En algunos autores ha sido de manera puntual, como es el caso de Gerardo Aparicio, Víctor Cámara, Eutiquio Estirado, Lidó Rico o Ramón Urbán. Para otros ha sido una investigación constante: Calo Carratalá, Dis Berlin, Damián Flores, Emilio González Sainz o Joan Hernádez Pijuan.

En la muestra En un silenci quiet. Paisatges, están representados artistas de larga trayectoria, como Francisco Farreras o Ramón Cascado. Y autores jóvenes como Albano, Elena Alonso o Rafa Macarrón.

La datación de las obras va desde 1961 (el óleo de Manuel H. Mompó), hasta 2015 (el aluminio de Marlon de Azambuja). También es muy variado el estilo pictórico: el lirismo de Salvador Victoria, la geometría de Robert Ferrer, la objetualidad de Guillermo Lledó, la espacialidad de José María Yturralde.

Para esta ocasión hemos contado con los fondos de la Colección Ars Citerior de la Comunidad Valenciana. De ella hemos escogido paisajes sosegados y tranquilos, aunque en alguna de las obras haya quien encuentre elementos que puedan inquietarle.

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José Agulló. En su obra, de carácter abstracto, cabe destacar el estrecho contacto con la Naturaleza, tanto que hay elementos orgánicos animales y vegetales que forman parte de su obra, rebosante de lirismo. José Agulló, en Mercurio I, nos muestra una manera muy personal de ver el cosmos. Una visión tranquila y lírica de un universo lleno de energía y en constante evolución. El elemento geométrico ayuda a contener y controlar las fuerzas del planeta Mercurio. El crítico José Ramón Danvila definió a José Agulló “Como el pintor más visceral y también como el más geométrico, aunque bien es verdad que nunca están ambas opciones totalmente independizadas. Se trata más bien de ofrecer la contraposición de las mismas, de establecer un equilibrio basado en desequilibrios entre dos oportunidades expresivas, pero conservando al mismo tiempo ese punto de fricción entre la pasión que da el color o la postura matérica y la organización del propio espacio pictórico”.

Albano. Pintor de desiertos, como ya se definió hace años cuando comenzaba a pintar grandes lienzos con pintura expandida. En un silenci quiet. Paisatges, nos presenta las dunas de arena blanca y los manglares del Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses en Brasil. Paisaje que recuerda una sábana blanca cuando es visto desde el aire, de donde recibe su nombre ¨lençóis¨. Es un desierto que en la estación húmeda se llena de lagunas, y ese es el momento en que esa barcaza varada vuelve a deslizarse por las aguas, que sirven de espejo mágico a un cielo azul. En la tabla Lençois maranhenses, no faltan los verdes quebrados que envuelven la atmósfera de este paisaje y que son tan característicos del autor.

Elena Alonso. La presencia de la escuadra en la base de la obra crea el equilibrio necesario entre todas las piezas presentes en la composición. No en vano su título Composición de lugar nos predispone a poner orden en una superficie arqueológica, donde tendremos que determinar los estratos donde van surgiendo los diferentes objetos. Hugo Castignani al hacer referencia a esta serie creada por Alonso, hace referencia a la cuestión espacio-lugar con las palabras: “se establece en esta serie un contraste muy marcado entre la figura negra en primer plano – oriental, trazada como una caligrafía, a pulso – y el fondo claro – occidental, trabajado, difuminado – que podemos interpretar como un tenso diálogo entre la cosa y el espacio al que ella da lugar, y del que es algo así como su precursor oscuro y ciertamente inquietante”.

Gerardo Aparicio. En Hecatombe y Tormenta en Vallecas Sur, el autor nos muestra un mundo existente a las afueras de una gran ciudad como Madrid a mediados los años ochenta. Con elementos a modo de collage pegados individualmente sobre el papel, elabora la historia de un paisaje que va dejando su aspecto agrícola para pasar a ser industrial, despojado de cualquier elemento estético.

Marlon de Azambuja. Artista multidisciplinar, en cada una de sus obras reconocemos su impronta. Trabaja en series que toma y retoma, según cree oportuno. Piensa en una idea que quiere expresar y entonces busca los materiales y técnica más adecuados para llevarla a cabo. Pueden ser las etiquetas adhesivas desplazadas, la cinta que envuelve un banco público o una parada de autobús, las líneas trazadas  con tinta china que unen dos trapas del alcantarillado, o los trazos realizados con rotulador permanente sobre una fotografía impresa en aluminio con los que oculta unas partes de un paisaje urbano y resalta otras, como es el caso de Cerqueira Cesar, dedicada a la avenida Paulista de la ciudad de São Paulo.

Tania Blanco. Pintora preocupada por el mundo que le rodea y  su devenir, no escapa a los miedos y esperanzas del ser humano. Así lo plasma en sus tondos, formato habitual en su producción, donde las alteraciones neurológicas como sufrimiento y los avances científicos como esperanza de su solución, son el contraste no solo entre naturaleza y tecnología, sino entre éxito y fracaso de las facultades humanas. En Tree lab, de pinturas planas, nos muestra el punto de contraste, y a la vez de obligada convivencia, entre la naturaleza y la arquitectura casi futurista, donde existe el peligro de que la tecnología llegue a transformar y destruir el mundo tal y como lo hemos conocido.

Alejandro Botubol. A través de una ventana abierta al horizonte, Botubol nos muestra la gama de colores que conforman su mundo plástico, lleno de luz. Es una apertura que nos invita a ser traspasada no solo con la mirada, sino físicamente, pues nos crea el deseo de formar parte de un nuevo paisaje que nos espera. Una de las características de su obra es la exploración constante y perseverante de los fenómenos espaciales

Joan Boy. En su obra el paisaje es una constante. Lugares habitados por personajes solitarios que se encuentran perdidos entre la naturaleza onírica, sin un destino predeterminado. El pintor ve reflejada su obra en el texto “Volverás a región” de Juan Benet:”Toda la vegetación que la naturaleza ha negado a la montaña y economizado en la meseta, la ha prodigado en los valles transversales donde se extiende y multiplica, se comprime, magnifica y apiña transformando esas someras y angostas hondonadas en selvas inextricables donde crecen los frutales silvestres –los cerezos bravíos, el maíllo, los piruétanos, el arraclán y el avellano– entre salgueros y mirtos, acebos arborescentes y abedules susurrantes, robles y hayas centenarios, confundidos todos bajo el abrazo común del muérdago y del loranto. Y, sin embargo, esos estrechos y lujuriantes valles también están desiertos, más desiertos incluso que el páramo porque nadie ha sido lo bastante fuerte para fijarse allí. Porque si la tierra es dura y el paisaje es agreste es porque el clima es recio: un invierno tenaz que se prolonga cada año durante ocho meses y que sólo en la primera quincena de junio levanta la mano del castigo no tanto para conceder un momento de alivio a la víctima como para hacerle comprender la inminencia del nuevo azote.”

Víctor Cámara. Heredero del pop, trata con humor e inteligencia los temas populares de la función de las imágenes en la cultura.
Rememorando los inconfundibles cuadros de una enorme carga kitsch que se encontraban en los salones de muchas casas españolas en los años sesenta y setenta, Víctor Cámara plasma a modo de cartón goyesco una de las imágenes frecuentes en los años de prosperidad económica en nuestro país.

Lourdes Castro Cerón. Paisajes que la pintora interioriza, naturaleza que hace íntima y donde olvida la dicotomía figuración-abstracción. Pinceladas con trazos seguros y rítmicos que transforman la imagen en algo más, lo que la convierte en arte. Naturaleza, ritmo, música, frescura, todo está en la obra de Castro Cerón.

Calo Carratalá. Tras un viaje a Brasil, y provisto de muchos dibujos, Calo Carratalá se dispuso, ya en su tranquilo estudio de Valencia, a pintar Selvas, una de sus mejores series. En sus cartones, como Chambeando con paraguas azul, nos muestra, a través de un catalejo, una selva con multitud de verdes que inundan y se apropian de toda la superficie. Solo alguna barcaza y los personajes que viajan en ellas dan un respiro a nuestra mirada.

Ramón Cascado. De formación autodidacta, Ramón Sánchez Cascado, tras unos años de juventud en Madrid, se traslada a París en la década de los sesenta, hecho que el autor califica como su “segundo nacimiento”. Será en la capital francesa donde conocerá el mundo del teatro, la literatura y la pintura contemporáneas. La referencia hacia el tema de la infancia en su obra es una constante, con trabajos en blanco y negro, para más tarde, llegar a realizar la serie denominada “ventanas”, donde solo existe el color blanco del propio soporte. Logra, sin la utilización del collage, sacar “el alma” del papel. Al papel de 28 x 38 cm utilizado como soporte, el autor le aplica el grabado metódico por incisión y las “no pinturas” (pigmentos con los que colorea). En un silenci quiet. Paisatges, podemos observar una de sus obras,  donde la Luna ilumina un fondo marino lleno de vida. Es el resultado de un trabajo metódico, donde ningún elemento técnico se ha dejado al azar.

Dis Berlín. Su universo procede de la literatura (Lewis Carroll), el cine clásico (Ciudadano Kane, Vértigo, Escrito en el viento, Mi tío…) y la publicidad, la estética y el diseño en la sociedad norteamericana de los cincuenta. No de la pintura de esa época.

Entre las obras que podemos ver en la presente muestra esta Paisaje para Glend Gould, donde el autor imagina al músico sentado en la misma silla a la que hace unos años acortó las patas, quedando así el teclado casi a la altura de su nariz. En esta tarde de invierno, en este paisaje tranquilo y silencioso, de colores fríos, muy lejos de la gama habitual empleada por Dis Berlin, el pintor quiere que escuchemos al maestro interpretando las Variaciones Goldberg, la música que la sonda Voyager 1 mandó al espacio como carta de presentación de la humanidad.

Eutiquio Estirado. Las imponentes edificaciones sin aberturas que nos presenta en Espacios para los que olvidan, son grandes contenedores de donde nada puede escapar, en un intento de proteger y salvaguardar la memoria de aquellos que han entrado en su interior. Pero el viento exterior seguirá, queramos o no, erosionando esas construcciones realizadas por el hombre. La naturaleza llegará a borrar todo intento humano de salvaguardar la memoria, llevando con ella el olvido.

Juan Manuel Fernández Pera. Por su lirismo abstracto fue definido por Juan Manuel Bonet como “Poeta de la pintura”. Sus cielos castellanos, deudores del maestro Díaz Caneja, sus ríos y charcos, son los elementos que conforman los paisajes despojados de Fernández Pera. Pinturas melancólicas y machadianas, donde la quietud en una mañana de primavera invita al paseo.

Francisco Farreras. Maestro del collage y de las composiciones realizadas mediante el ensamblaje de maderas que transforma en puro lirismo. Aunque sus obras están alejadas de cualquier referencia figurativa, carentes de título y solo tienen una simple identificación numérica, en ocasiones, las formas resultantes asemejan a grandes bloques pétreos o a formas morfológicas subacuáticas, como es el caso del collage nº 069 B de 1994, donde las estructuras irradian luz propia sobre un fondo oscuro. Ya en 1989 José María Iglesias escribió al respecto: “Hay, en ocasiones, algo de antropológico y visceral en estas configuraciones de bordes difusos, de modulaciones y tonalidades infinitas. Las superficies aparecen como dotadas de una respiración, de una palpitación que las hace vivas y vibrantes.”
En las obras de Farreras prima la proporción y el orden plástico. Los diferentes elementos compositivos se emplazan tras una reflexión detenida, en busca del equilibrio deseado. Y cuando esto se consigue, el autor sabe que la obra está terminada.

Robert Ferrer i Martorell. Las huertas valencianas y su sistema de riego “a portón” proveniente de las acequias de origen árabe, son el punto de partida para la serie que el autor denominó El Rec. En el presente caso, con una visión nocturna del mismo, los campos vienen referidos por trozos de papel blanco y negro, suspendidos como en una visión aérea. Solo la presencia de un elemento industrial como la chincheta, nos recuerda la presencia e intervención del hombre.

Damián Flores. Los paisajes urbanos, especialmente la arquitectura racionalista, están entre los motivos principales que interesan al pintor, ilustrador y grabador Damián Flores. Sus paisajes transmiten tranquilidad y nos dan la sensación de estar en un entorno familiar. Jesús Marchamalo la califica de pintura “llena de perspectivas y ángulos insólitos que muestran sus paisajes, lugares apacibles… y luminosos fidedignamente recreados, al menos en apariencia. Porque ante sus cuadros se acaba siempre teniendo la sospecha de que lo que se contempla es una realidad fabulada, figurada, repleta de invenciones, a veces, inquietamente inapreciables.”

Diana García Roy. En Pasadizo se mezclan las luces y las sombras, lo claro con lo oscuro, la mancha con el trazo gestual. Todo para disponer un paso que da lugar a un lugar desconocido, aunque mejor que el que hemos dejado atrás. Una esperanza para la humanidad.

Pep Garro. Con la técnica del collage ha creado un mundo de identidad propia. En contadas ocasiones, como En Construcción, recurre a un formato mayor para dar sensación de magnitud en el espectador. La pieza en blanco monocromo y la utilización de elementos geométricos que nos recuerdan el interior de las cajas de cerillas, ha bebido de las fuentes de uno de nuestros grandes collagista, Gerardo Rueda, al que le ha querido rendir este bello homenaje.

Gerardo Gimona. Artista que nunca ha abandonado sus referencias figurativas, aún a pesar de que sus lienzos se nos muestren bajo la forma de la abstracción, en la que sabe combinar las manchas y el grafismo para ofrecernos un nuevo concepto de paisaje. Capa tras capa va superponiendo la pintura, por la que deja pasar la luz. Tal vez de ahí el título de esta obra: Donde la luz penetra directamente.

Emilio González Sáinz. En su obra apreciamos primero una vista general del paisaje, pero al acercarnos a pocos centímetros vamos observando y contemplando los pequeños detalles que conforman el conjunto: un pájaro en una rama seca, una persona durmiendo a los pies de las ruinas, etc. González Sainz, al igual que nuestro admirado Gustavo Torner, es un admirador del paisajista romántico Caspar David Friedrich, con quien comparte la observación detenida de la naturaleza. Fija su atención tanto en lo microscópico como en lo macroscópico, para crear sus característicos paisajes rocosos de colores armoniosos, surcados por aguas que le confieren un carácter melancólico y de espera contemplativa.

Joan Hernández Pijuan. “El pintor del paisaje en la memoria” realizó desde principios de los años setenta, y durante tres décadas una profunda investigación plástica del espacio pictórico desde una interiorización del paisaje de Folquer.

A mediados de los ochenta, dedicó una serie a la catedral de Lleida. En ella se observan ondulaciones que nos recuerdan los arcos góticos del claustro, y la presencia central del ciprés, figura que le sirve para marcar diferentes ritmos en las obras. La visión es como a través de una ventana, un encuadre frecuente en su posterior producción.

A partir de 1993, tras viajar a Granada y Marruecos, comienza a aparecer en sus lienzos y papeles el signo de la “trama”, donde realiza el ejercicio de  mostrar y ocultar al mismo tiempo el óleo, que escapa entre los huecos de esta malla, resaltando la profundidad del surco.
En la trayectoria de Hernández Pijuan hay que destacar la importancia del papel como soporte, lo que él denominaba “la piel de la pintura”, gouaches y óleos con una mayor calidez, sobre papeles Japón, Archés y Corea. La mayoría obras sin título, pero siempre con una iconografía identificable: el árbol, los surcos, la morera, el patio…

En palabras del propio pintor: “Es un paisaje que está más en la memoria que en el recuerdo. El recuerdo es nostálgico, pero la memoria es más profunda.”

José Leguey. Con una larga trayectoria, dejó hace diez años de lado la abstracción para adentrarse en el mundo del collage y la figuración. Lleva casi diez años investigando en las asociaciones plásticas de la figura humana y de los insectos y pequeños reptiles, que en ocasiones los agrupa creando mundos paralelos dentro de la misma obra, sin llegar a explicarnos si existe una conexión entre estas diferentes dimensiones. En El dilema, el paisaje es un difuminado de color ceniza, donde un grupo de hombres desnudos parecen buscar una salida, que tal vez sea la apertura negra y profunda que Leguey les muestra a su derecha.

Lidó Rico. Nos presenta uno de sus bloques de resina en el que introduce elementos propios de su mundo, como es el caso de la ficha de rompecabezas, elemento con una fuerte carga conceptual. Dentro de su intensa trayectoria, tal vez las obras realizadas entre los años 2002 y 2005, época a la que pertenece este collage, son las de mayor sentido poético, al fijarse en la cultura oriental, a la que dedicó una serie donde predomina el color amarillo y las manchas rojas a modo pétalos de una gran flor.

Guillermo Lledó. Artista creador de esculturas realizadas con materiales industriales que nos recuerdan a objetos funcionales de la vida cotidiana, a los que dota de mensajes y de vacíos, de poesía. Tras conocer la obra de Guillermo Lledó y en nuestro deambular por las ciudades, es muy difícil dejar de ver la obra del artista, como si el propio Lledó hubiese ido disponiendo objetos por cada lugar: tapas de alcantarillado, palets de madera o perfiles de metal que mantienen cristales armados…

Guillermo LLedo, Tapa, 19. 1978. Acrílico sobre tabla 40 x 40 x 5. Cortesía de Ars Citerior

Guillermo LLedo, Tapa, 19. 1978. Acrílico sobre tabla 40 x 40 x 5. Cortesía de Ars Citerior.

Rafa Macarrón. Con una corta pero meteórica trayectoria, Rafa Macarrón sigue en un proceso creador en el que intercala la obra tridimensional, basada en estructuras áureas, con la obra más plana, como es el caso de Camino interior, donde el tema tratado suele ser cotidiano, lleno de personajes corrientes que buscan en el ocio los placeres honestos de la vida, dejando de lado problemas existenciales que parecen haber resuelto de una manera sencilla, sin grandes preguntas pero con unas claras respuestas. La amistad, la familia y las creencias en una vida sin traumas hacen de los habitantes de este paisaje unos seres felices.

Antoni Miró. Es un artista del que es imposible separar su pintura y escultura de sus creencias en una lengua y en una cultura propia, en una sociedad más tolerante y ética. De ahí una de sus últimas series: Mani-festa.
El paisaje de una u otra manera ha estado presente durante más de cincuenta años de su pintura, en las diferentes etapas. En la Serie Vivace, que data de la década de los noventa y llega hasta principios del dos mil, los mares, árboles o cielos sirven de fondo a elementos como la bicicleta o la excavadora. Pocos años más tarde comenzó con la serie dedicada a paisajes arquitectónicos, el de los edificios de los museos que previamente había visitado: Museo de Arqueología de Atenas, el Solomon G. Museum de Nueva York o el Gulbenkian de Lisboa. Obras donde la geometría y los elementos constructivistas están presentes. Para esta exposición se han seleccionado el Museo Serralves de Oporto, diseñado por el arquitecto Siza Vieria, y una panorámica de su ciudad natal, Alcoi, titulada Muntanya Roja 2015, en la que se perfila el Barranc del Cint y una parte del pueblo con un primer plano de las terrazas de colores violeta, amarillo y rojo. A Antoni Miró siempre le ha seducido más el paisaje interior humano, que la belleza externa.

Manuel H. Mompó. Se ha dicho muchas veces de Mompó que parte de la pureza de las pinturas infantiles, a las que sumerge en su propio universo transformándolas, creando, en sus propias palabras, “un mundo sano y positivo”.

Esta obra de 1961, junto a otras sobre cartón, viajó ese mismo año a Lisboa para una exposición. Eran momentos complicados en el país vecino debido a la guerra de Angola. Su primera esposa, Catalina Postma, pensaba “que no se vendería nada”, pero fue un éxito que ayudó al joven matrimonio en unos difíciles momentos económicos.

De una de las mejores épocas creativas del pintor, este cartón se caracteriza por la combinación abigarrada de masas de color azul, que se irán segmentando en sus obras con el paso del tiempo. En su posterior evolución irá apareciendo la línea, terminando por convivir mancha y línea. La coherencia en toda su producción es indiscutible, fue fiel al mundo que creó, un universo vivo y animado. Interesado en la vida bulliciosa, dijo Mompó: “Me gustaría pintar el ruido”.

Pedro Muiño. Desde el 2006 Pedro Muiño ha ido desarrollando la amplia serie denominada Pinturas Negras, a la que pertenece Geografía de la seducción I, que podemos ver en la presente exposición. En ella seguimos observando los iconos con los que Muiño realiza sus composiciones sobre fondos planos grises y negros, cada vez más limpios. “Los tiempos, la reflexión, la intención, son elementos que aquí viajan juntos; es una obra alejada del ruido de la palabra y aunque no sea su única finalidad, se diría que están destinadas a la contemplación”. De este modo define el autor esta obra.

Amadeo Olmos. Su obra comenzó siendo realista, pero poco a poco investigó nuevos caminos, siempre dentro de la figuración.  La presencia en sus lienzos de dos imágenes distintas, obliga al espectador a que, además de percibirlas, tenga que pensar en su relación. Alejado de cualquier corriente, ha buscado su propio camino, donde siempre espera la compañía del espectador. Según Gustavo Martín Garzo, la intención en la pintura de Amadeo Olmos es la de “crea un espacio que dé cabida a las imágenes de la realidad, pero también a las que pueblan nuestras fantasías y sueños”.

Sara Quintero. Pintora de paisajes inquietantes como ha sido definida en varias ocasiones, en la obra Encerrad la hierba, nos habla de libertad y de espacios protegidos, de lugares visibles pero no habitables, donde la hierba no osará esparcirse, pues sabe que fuera no hay nada, y que sólo mientras esté protegida por esos muros blancos seguirá viva y verde.

Alberto Reguera. En sus obras siempre hay una referencia a la naturaleza, y sabe unir como pocos abstracción y naturaleza. Estos paisajes los construye sobre el lienzo con acrílico y pinturas metálicas que va superponiendo, produciendo efectos de arrastre, girando en ocasiones la posición del lienzo para seguir depositando nuevas capas, para luego raspar y que de este modo vayan saliendo a la luz los colores más profundos y, al mismo tiempo, se vayan creando las sombras. También utiliza las resinas y los pigmentos, soplados o arrojados sobre el lienzo.

En el diccionario interno de la obra de Alberto Reguera podríamos citar, entre otras, las palabras paisaje, nubes veloces, espacios atmosféricos, lirismo, armonía de colores, terciopelo, limpieza, orden, imaginación del espectador… y en todas ellas encontramos la presencia de un lírico misterio.

Rex Weil, crítico de arte de la revista americana Art News, escribió: «Reguera utiliza su cuerpo y su aliento, moviéndose alrededor de un cuadro, soplando pigmento seco sobre una superficie mojada. Como una tormenta de polvo, el pigmento se entierra y exagera los contornos de las capas originales de la pintura y de la tela. Es una danza de accidentes controlados, como la naturaleza”.

Beatriz Saenz. Ceramista de vocación, actividad que desarrolló durante varias décadas, se sumergió en el collage en sus últimos años. Obras en las que buscaba la parte amable y sencilla de la vida, los colores y la luz del Mediterráneo, del que no quiso despegarse tras haberlo vivido.

Señor Cifrián. Como en un herbario, el colectivo formado por Esther Señor y Carmen Cifrián, han ido realizando la catalogación de diferentes plantas que dejan su impronta en un papel de algodón, tras haber sido tiznado con el humo de una vela. En el caso de Dibujo de Humo # 67 se trata de la Tovomitopsis paniculata.
A Señor Cifrián les atrajo la relación plástica que podían tener estas obras con los orígenes de la fotografía: “su gama de grises y cálidos nos recuerdan a los orígenes fotográficos en las placas de Daguerre o Fox Talbo….A través del uso de elementos precarios, nos interesa la huella y su perdurabilidad en el tiempo; una búsqueda por apresar en un papel la fugacidad de un material etéreo. Se vende humo.”

Ramón Urbán. En 2013 el artista dio un paso más en su investigación plástica, abandonando en parte los trabajos con la forma del círculo, llegando a adentrarse en un nuevo paisaje. Los tituló “Paisajes…en tránsito”. Maderas superpuestas con una geometría estudiada, pero sin dejar la parte de “gesto”, donde materia y soporte se encuentran ensamblados formando un único conjunto. Ramón Urbán reconoce que en sus obras conviven “calladas arqueologías, sombras de silencios ancestrales que desprenden misticismo, serenidad, belleza…”

Salvador Victoria. La esfera como forma perfecta, como figura geométrica de lo eterno, estará presente en la obra de Victoria durante más de una década.

La formación humanista de este pintor queda plasmada en sus inquietudes pictóricas. Los colores con sus transparencias, nos ofrecen una contemplación serena. La esfera suspendida en el espacio alberga en su interior el gesto contenido de la brocha, y todo ello enmarcado dentro del cuadrado, como “un cuadro dentro del cuadro”.

La pintura de Salvador Victoria bebe del lirismo informalista más colorista y alegre. Su obra destaca por los colores apastelados, tonos naranjas, azulados, amarillos; colores cálidos y fríos en conjunción. Ahonda en la abstracción incorporando en su obra círculos, tangentes, secantes, geometrías envueltas en una nebulosa de suaves y dinámicas pinceladas, cosmologías que evolucionan hacia búsquedas sutiles del espacio.

En su última etapa, de geometrías áureas, tal vez la más lírica de todas, se ocupará de la temática cósmica. A través de la esfera va mostrando todo un mundo lleno de espacios infinitos, de colores difuminados y veladuras que transmiten armonía y sensación de tranquilidad.

José María Yturralde. En 1995 comienza la serie de los Eclipses, caracterizada por la investigación plástica de la luz y la forma del cuadrado, pero en esta ocasión no se trata de un cuadrado exacto, sino una forma cuadrada al estilo Malévich, en la que las paredes verticales son menores que las horizontales y que, además, se mueve. La serie de los Eclipses no será desarrollada y completada hasta años más tarde, quedando solo en un conjunto de bocetos.

La serie Postludios, que abarca desde 1998 a 2007, es una continuación de la lógica evolución de las dos series anteriores, denominadas Preludios e Interludios. Partiendo de un profundo estudio de la forma geométrica del cuadrado y su interacción con el color en los Preludios, va desembocando hacia una obra donde la luz y el color, equivocadamente interpretado como monocromo, son los únicos protagonistas, llegando así a los Postludios.

Como en un big-bang cromático, los Postludios de Yturralde se nos presentan como superficies pictóricas en expansión, donde ha dejado de existir la estructura sustentante, con ausencia de casi todo. Pero no es el vacío, la materia está ahí porque la luz está presente, y la luz, que es energía, puede transformarse en materia.Los bordes de esta eclosión de color no son los límites del bastidor, lo que vemos es tan sólo una pequeña parte de todo ese universo en expansión.

José María Yturralde, Eclipse.1995-1996. Acrílico sobre lienzo. 16 x 24. Cortesía de Ars Citerior.

José María Yturralde, Eclipse.1995-1996. Acrílico sobre lienzo. 16 x 24. Cortesía de Ars Citerior.

Al ver estas obras nos sumergimos en una zona silente donde no dejan de suceder cambios que, no siendo percibidos, ocurren en el interior de esa masa oscura rodeada de un estallido de energía. El hipnotismo creado por estas piezas transmiten al espectador un espíritu sereno. Citando al propio Yturralde “El negro sobre azul que restablece la armonía perturbada, la inquietud compensada por la armonía”.
Jesús Zurita. En su producción están presentes el dibujo, la pintura y la instalación, esta última denominada por el autor “pintura mural”. Hay quien ha visto en las obras de Zurita una narración, donde el artista nos ofrece unos pocos elementos reconocibles y son los espectadores quienes los aúnan y crean una historia, diferente para cada uno de nosotros. Jesús Zurita define su obra como “crónicas de lo que sospecho ha sido y será, con el somos entre medias. Como un garbanzo alcanzando la singularidad de un agujero negro; inverosímil, estúpido e irrelevante pero sé que ha ocurrido. Y va a ocurrir”. En el lienzo Otra podemos ver una Anunciación, con los rayos provenientes de un creador que, entre magmas de color rojo, hace surgir la naturaleza pura, verde y luminosa.

Javier Martín

Café Malvarrosa: fin de ciclo

Café Malvarrosa (2010-2015)
C / Historiador Diago, 20. Valencia

Café Malvarrosa Espai Paral.lel ha sido un proyecto que, para su desarrollo, se adecuó como sede el local de la calle Historiador Diago, en Valencia, un espacio pensado para conciliar las letras con las artes y con la amistad, desde el que, en estos cinco años, hemos programado exposiciones, presentaciones de libros, lecturas de poesía y de relatos, y muchas otras actividades relacionadas con la cultura y con el ocio.

Tarjeta del Quinto Aniversario de Café Malvarrosa.

Tarjeta del Quinto Aniversario de Café Malvarrosa.

Desde mayo de 2010 se han realizado exposiciones individuales de G. Peyró Roggen, J. Giménez de Haro, Javier Chapa, Gabriel Alonso, Julio Bosque, Enric Alfons, Juan Cuéllar, Calo Carratalá, Mery Sales, Jordi Teixidor, Joël Mestre, Juanjo Tornero, Rosa Gimeno, Antoni Domènech, Fernando Cordón, Dis Berlin, Joan Verdú, Marta Marco Mallent, Toshiyuki Iwasaki, Enrique Carrazoni, Manolo Gil Labrandero, la exposición ‘Salva Álvaro & Ximo Amigó. Dos hombres y un destino’, y las colectivas “’Música de papel’, “Un poema un quadre’, “Fons d’Art (1/5))’, “25 Anys de la Fotogalería Railowsky. La Col.lecció’, “Salón de primavera (1) y (2): Lorena Beferull, Dadi Dreucol, Toni Signes / Victoria Iranzo, Chiara Sgaramella, y ‘Crimea (Cazadoras Asociados)’.

Han leído sus poemas José Luis Parra, Juan Pablo Zapater, Susana Benet, José Mas, Luis Colombini, Antonio Cabrera, José Luis Martínez, Blas Muñoz Pizarro, Vicente Gallego, Begonya Pozo, Vicent Berenguer, Juan José Romero Cortés, Raúl Alonso, Ana Noguera, Carlos Marzal, Xelo Candel, Ricardo Virtanen, Vicent Alonso, Rafael Correcher, Anastasia Kontratevidi, Marian Lledó, Marta R. Sobrecueva, Teresa Espasa, Rafael Soler, Lola Mascarell, José Saborit, Miguel Romaguera, Pilar Blanco, José Luis Falcó, Francisco Ferrer Lerín, Francisco Benedito, Vicente Picó Galache, Teresa Pascual, Arturo Tendero, Juan Ramón Barat, José Luis Morante, José Iniesta, Wences Ventura, Víktor Gómez, Juan Noyes Kuehn, Antonio Praena, Gregorio Muelas, José Antonio Olmedo, Rafael Coloma, Estel Julià, Juli Capilla, Pilar Verdú, María Barceló, Carlos Alcorta, Miguel Ángel Curiel y Alejandro Lorente.

Fachada del Café Malvarrosa, en Historiador Diago. Imagen del 'face' de Café Malvarrosa Espai Paral.lel.

Fachada del Café Malvarrosa, en Historiador Diago. Imagen del ‘face’ de Café Malvarrosa Espai Paral.lel.

Tan destacada programación de lecturas poéticas ha sido posible gracias, en los primeros tiempos de este proyecto, al querido amigo y admirado poeta José Luis Parra, y a la generosa complicidad de Juan Pablo Zapater, quien ha propuesto y presentado magistralmente la mayoría de estos actos.

Han leído sus relatos y presentado sus libros Abelardo Muñoz, Pepe Cervera, Vicente Marco, Miguel Sanfeliu, César Gavela, Miguel Mas, Jesús García Cívico, Ginés S. Cutillas, y en el Ciclo ‘En Clave Narrativa. Los relatos del Malva’, organizado por C.L.A.V.E. y Café Malvarrosa (con una excelente coordinación de Juan Luis Bedins, estimado colaborador en muchas de nuestras actividades) han participado Pepe Cervera, Miguel Sanfeliu, Amparo Andrés Machí, Raúl Borrás, César Gavela, Marian Torrejón, Luis Auñón Muelas, Manuel Giménez González, Rosario Raro, Miguel Torija, Irene Estrada, Luis Sánchez, Rafael Camarasa, Jesús Zomeño, Marta R. Sobrecueva y Rafael Soler.

Se han presentado libros de las editoriales Los Sentidos, Renacimiento, Tusquets, Menoscuarto, Calambur, Pre-Textos, Denes, Nau Llibres, La Mansarda, Contrabando, Opticks, etc., y la revista de poesía La Galla Ciencia.

Además de los citados anteriormente, han intervenido en los actos organizados otros escritores (Marc Granell, Fernando Delgado, Alfons Cervera), artistas (Yturralde, Pamen Pereira), galeristas (Rafael Ortíz, Tomás March), críticos y editores.

Una vida dibujando, de Juanjo Tornero.

Una vida dibujando, de Juanjo Tornero. Cortesía de Café Malvarrosa.

Otras actividades realizadas han sido la presentación de ‘ARTIFARITI ’10’ (Encuentros Internacionales de arte en territorios liberados del Sáhara Occidental), la mesa redonda ‘De Galerías’, las proyecciones del documental ‘Café Malvarrosa’ o del largometraje de animación ‘El viaje de Chihiro’ de Miyazaki (con motivo de la presentación de la Guía para ver y analizar El viaje de Chihiro, de Raúl Fortes), los homenajes ‘En recuerdo de Parra’, la presentación de los libros ‘Hasta más ver’, de José Luis Jover, ‘Entropía’, de José María Yturralde, ‘La moneda’, de Curro Canavese y ‘Una vida dibujando’, de Juanjo Tornero, del documental ‘Tan lejos de Dios’ y de las antologías de poesía mexicana de la frontera, de Uberto Stabile…las presentaciones del fanzine Arròs Negre, etc.

Nuestro local ha sido la sede del encuentro semanal de jugadores de Go (Club de Go Malvarrosa), por el que han pasado destacados jugadores de este milenario juego de estrategia de origen oriental. Hemos asistido a partidas entre campeones, lecciones magistrales, y sesiones más pedagógicas, abiertas a todos los interesados en el juego. Estos encuentros han sido el germen de la recientemente creada Asociación Valenciana de Go.

También la Asociación ‘La Vaca Multicolor’ organizó un ciclo de lecturas sobre diversos autores (Leopoldo Mª Panero, Charles Bukowski, Chuang-Tzu, Eduardo Galeano, Joan Margarit, Jorge Reichmann, Maram Al-Masri, Wislawa Szymborsca, etc.). Y otras asociaciones, de escritores, de artistas, de cinéfilos, han realizado reuniones y actividades en el Café Malvarrosa (C.L.A.V.E., Cazadoras Asociados, Afectados de Filmosis…).

En nuestras vitrinas hemos mantenido una importante selección de libros de las editoriales Pre-Textos, Renacimiento, Los Sentidos, Media Vaca, Campgràfic, etc.; y cómics y fanzines (en colaboración con Futurama).

Café Malvarrosa Espai Paral.lel ha editado dos entregas de la colección de poesía “Poema a poema’, la caja de grabados “Gravat a gravat’, la escultura-múltiple ‘En el aire’, de Julio Bosque, las cajas/catálogo ‘Retratos furtivos en el Malva’, de Gabriel Alonso, y ‘Dos hombres y un destino’, de Salva Álvaro y de Ximo Amigó, y dípticos, carteles, etc.

Desde Café Malvarrosa Espai Paral.lel, con el apoyo decidido de Carmen Monteagudo, José L. Falcó y Wences Ventura, se ha creado la editorial Leteradura (mayo 2013), que ha publicado los libros: ‘La Coleccionista’, de Juan Pablo Zapater, ‘Casa de los estudiantes de Asia’, de Wences Ventura, y ‘30 Niñas’, de Francisco Ferrer Lerín.

Ha llegado el momento, cinco años después, de dar por concluido este proyecto. Con la celebración de nuestro Quinto Aniversario, el 20 de mayo, finalizamos la programación de actividades en el local de Historiador Diago, y a finales de mes … bajaremos la persiana.

Muchas gracias a todos quienes habéis hecho posible que Café Malvarrosa Espai Paral.lel haya sido, durante estos años, un referente de la cultura y de la amistad.

Toni Moll (izquierda) y Víctor Segrelles, según Gabriel Alonso en su 'Relatos furtivos en el Malva'.

Toni Moll (izquierda) y Víctor Segrelles, según Gabriel Alonso en su ‘Relatos furtivos en el Malva’.

Toni Moll, Víctor Segrelles

 

45 RPM: El tiempo de las canciones

El tiempo de las canciones, exposición colectiva
Galería My Name’s Lolita Art.
Calle Almadén, 12, bajo. Madrid
Inauguración: jueves 12 de febrero, a las 20.00h
Hasta marzo, 2015

Esta exposición es un homenaje a las canciones. Quienes tuvimos la suerte de tener tocadiscos de jovencitos, paladeábamos la música canción a canción en los discos de 45 rpm. A parte del encanto de sus portadas, en ellos estaba generalmente lo mejor de los LP’S.

El impulso de querer escuchar determinada canción, tenía la ritualización inevitable de sacar el vinilo de su funda, colocarlo en el giradiscos y finalmente con delicadeza posar la aguja. Antes de esto, estaba la decisión de elegirla entre todas las que nos tentaban en la tienda discos, pues era un objeto caro.

Ahora que la música parece llovida del cielo, con Spotify o los MP3, los tres minutos que solía durar una canción, ya no son el formato con el que se suele disfrutar la música. El mismo empacho se ha impuesto en los interminables CD’s, frente a la más o menos media hora que duraban los LP’S.

Obra de Guillermo Trapiello para la exposición 'El tiempo de las canciones'. Cortesía de Galería My Name's Lolita.

Obra de Guillermo Trapiello para la exposición ‘El tiempo de las canciones’. Cortesía de Galería My Name’s Lolita Art.

Me temo que ese cambio no es algo que tiene solo que ver con la forma en que se reproduce la música, sino con la esencia de lo que es o no es una canción.

Hoy mucha gente confunde “temas” con “canciones”. Simplificando, la diferencia entre uno y otro sería que un tema se nos olvida a los pocos minutos de haberlo oído; una canción, buena o mala, se nos graba, a veces a fuego, en nuestra memoria. Basta una ráfaga de notas de una canción que no escuchábamos hace años, para que cobre vida de nuevo. Un tema, debido a su naturaleza amorfa, nace de la nada y se va al olvido. Una canción, a veces a pesar nuestro, es un “alien” que vivirá para siempre dentro de nuestra mente o de nuestro corazón.

El título que he elegido para esta exposición es la frase con la que suele iniciar su programa ‘Islas de Robinson’, Luis de Benito en Radio 3. Un programa que, al igual que el imprescindible ‘Flor de pasión’ de Juan de Pablos, recomiendo siempre a los fanáticos de las canciones.

Aunque, por desgracia, es raro que nos pidan portadas a los pintores, somos probablemente el gremio que más música consume y que por lo tanto más disfrutamos de su influencia.

Obra de Roberto Mollá en la exposición 'El tiempo de las canciones'. Imagen cortesía de la galería My Name's Lolita Art.

Obra de Roberto Mollá en la exposición ‘El tiempo de las canciones’. Imagen cortesía de la galería My Name’s Lolita Art.

Dis Berlin

IVAM: acogedor e inhóspito paisaje

El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM
Instituto Valenciano de Arte Moderno
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 15 de febrero, 2015

“El paisaje es antropomórfico. Por eso la belleza –o su reverso, la fealdad- es uno de los parámetros primeros de todo paisaje. Y por eso, junto a esa belleza o fealdad del paisaje, postulamos enseguida su habitabilidad o inhabitabilidad, su carácter acogedor o inhóspito”.

El paisaje del que habla Jesús González Requena en ‘El paisaje: entre la figura y el fondo’ posee los emblemas del sujeto que lo habita. No hay paisaje sin mirada que se haga cargo del espacio abierto ante sus ojos, ya sea para sentirse acogido por lo que ve o sobrecogido por aquello que hiere su visión. Todo sujeto expuesto al paisaje siente en sus carnes alguna vez ese temblor propiciado por la visión acogedora o hiriente del espacio exterior.

Fotografía de Robert Doisneau en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Robert Doisneau en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’ ofrece un amplio muestrario de ese carácter acogedor o inhóspito de las ciudades, en tanto naturaleza domeñada por el hombre. Pero naturaleza al fin y al cabo. De ahí que sus edificios, calles, avenidas y parques, al tiempo que se doblegan al urbanismo, a su tejido arquitectónico, muestren igualmente su fuerza telúrica, aquella que sobreviene de la tensión entre sus luces y sombras.

Fotografía de Robert Frank en 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Robert Frank en ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Ana Lozano, comisaria de la exposición, ha seguido el trayecto propuesto por Italo Calvino en ‘Las ciudades invisibles’. Más o menos. De manera que las 75 imágenes de ese paisaje urbano se hallan divididas en apartados como ‘Las ciudades y los ojos’, ‘Las ciudades y la memoria’, ‘Las ciudades y el deseo’, ‘Las ciudades y los signos’ o ‘Las ciudades escondidas’, por citar algunos. Y siguiendo a Calvino, diríase que esas ciudades expuestas van desvelando sus misterios contenidos, como las líneas de una mano, “en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras [o] en las antenas de los pararrayos”.

Fotografía de Dis Berlin en 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Dis Berlin en ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Misterios que nos devuelven ese carácter antropomórfico del paisaje, en tanto conformado por líneas, rectas o curvas, transversales, objetos y figuras que dejaron huella indeleble en nuestro inconsciente. Serán por tanto bellos los paisajes que acolchen el fondo opaco del que procedemos y serán feos aquellos otros cuya visión desgarre ese tejido de signos y de imagos placenteras, para mostrar su fondo hiriente, angustioso.

Fotografía de Franco Fontana en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Franco Fontana en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Hay signos, y muchos, en las imágenes de Carlos Cánovas, Gabrielle Basilico, Horacio Coppola, Franco Fontana o Robert Frank. Signos industriales (puentes, trenes, grandes edificios) y signos urbanísticos del trazado de sus calles, ya sea a pie de asfalto o a vista de pájaro. Los hay igualmente en Walker Evans, Kineo Kuwabara o Lee Friedlander. Pero todos esos signos, que Italo Calvino atribuye al carácter redundante de la ciudad, repitiéndose “para que algo llegue a fijarse en la mente”, no dejan de lindar con ese otro carácter de los signos conformadores de una lengua, “pero no la que crees conocer”.

Fotografía de Carlos Cánovas en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Carlos Cánovas en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

De manera que, si bien en apartados diferentes, esas otras imágenes que apuntan hacia lo ininteligible de ese lenguaje de signos terminan confundiéndose con aquellas otras. Gilbert Fastenaekens, Francisco Gómez, Ian Wallace, Grete Stern o Manuel Esclusa movilizan esos signos urbanísticos en la dirección del misterio que la ciudad redundante en apariencia escondía. Si exceptuamos los casos de Eduardo Arroyo, Dis Berlin y George S. Zimbel (Billy Wilder y Marilyn Monroe), en los que la ciudad es sobradamente pictórica o nostálgicamente cinematográfica, ‘El paisaje urbano de la Colección de Fotografía del IVAM’ diríase toda ella penetrada por la melancolía.

Fotografía de Lee Friedlander en la exposición Colección Fotográfica del IVAM.

Fotografía de Lee Friedlander en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Salva Torres