La triple tragedia de Medusa

Medusa, de Sara Baras
Festival d’Estiu Sagunt a Escena
Martes 12 de agosto, 2014

Fundir la estética griega clásica y la pasión dinámica del baile flamenco es uno de los retos que vence Sara Baras  en su montaje ‘Medusa’, que se podrá disfrutar el 12 de agosto en el Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Estrenada con gran éxito en el Teatro de Mérida la pieza proseguirá su gira por otras localidades y festivales. Cuenta la triple tragedia de la bella sacerdotisa de Atenas, violada y luego condenada por la diosa, que la convierte en un monstruo capaz de petrificar a los hombres con una mirada, decapitada por el héroe Perseo.

Otro de los retos asumidos por Baras, Premio Nacional de Danza 2003, responsable también de la dirección, la iluminación y el diseño de vestuario,  consiste en mantener una narración lineal más allá de una sucesión de números de baile. Para ello combina la danza con la palabra declamada por el actor Juan Carlos Vellido, que interpreta a la conciencia de la protagonista con textos rimados del cantautor Javier Ruibal.

Escena de la obra 'Medusa', de Sara Baras. Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Escena de la obra ‘Medusa’, de Sara Baras. Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

“Ha sido la obra más fiel a lo que quería contar”,  afirma la bailarina gaditana. “No ha sido un pretexto para bailar, sino hacer un guión para una historia y no salirme de ahí en ningún momento”.

Fundir dos códigos estéticos aparentemente opuestos como el universo griego, estático y contenido, y el mundo flamenco, potencia y movimiento se ha resuelto con brillantez. Convertir los tacones en sandalias y las túnicas en batas. O viceversa. Y, sobre todo, los elementos de baile: el tritón de Poseidón que agita David Martín, las armas exhibidas por el cuerpo de baile, el escudo de Perseo. Elementos que limitan el juego de brazos. “En estos tres meses hemos pasado hasta cuatro horas bailando con las armas”, cuenta Baras y potenciando el zapateado, la gran baza de la bailaora.

¿Qué representa este montaje en el conjunto de su trayectoria? 

Medusa significa un paso adelante y no sólo para mí sino también para la compañía. La identidad como dramaturgia flamenca de esta pieza es muy diferente y hemos crecido sobre todo a nivel interpretativo.

¿Qué es lo que le fascinó de este  personaje mitológico?

Me enamoró descubrir que detrás del monstruo con cabellos de serpiente había una mujer violada y castigada injustamente por un juego de dioses. Necesitábamos defenderla  y eso hacemos en cada función.

¿A quién le gustaría dejar petrificado con una mirada? 

Me gustaría dejar petrificado al Síndrome Rett y a todas las enfermedades crueles como ésta, una enfermedad que se da solo en las niñas y es un sufrimiento horroroso de ellas y de sus familias. Colaboro con una fundación que llevan los papás de Martina que se llama Miprincesarett  y su labor es admirable. Pienso en ellas y sus familias y sueño que alguien tuviera el poder de dejar petrificada ésta y otras enfermedades tan crueles.

Escena de la obra 'Medusa', de Sara Baras. Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Escena de la obra ‘Medusa’, de Sara Baras. Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

La tragedia de Medusa es similar a la que padecen muchas mujeres en algunos países que tras ser violadas sufren el rechazo de la gente. ¿Qué opina al respecto?

Soy partidaria de defender a todas las personas que sufren injusticias. Es increíble que dentro de la mitología haya historias que miles de años después se sigan repitiendo. Es doblemente doloroso pensar en el sufrimiento de esas mujeres.

Hace poco se cumplió el décimo aniversario de la muerte de Antonio Gades. ¿Qué recuerda del gran maestro? 

Antonio Gades marcó un antes y un después en la danza de nuestro país. Su disciplina, su seriedad, su orden y su puesta en escena eran impecables. Nos trasmitió el amor y el respeto por nuestro arte y por nuestros maestros. Yo tuve la suerte de verlo bailar muchas veces y de conocerlo personalmente. Era una pasada, uno de esos genios de los que nunca dejas de aprender.

¿Por qué el ballet es un arte minoritario en España? 

Sinceramente yo no considero que el ballet sea un arte minoritario en España, aunque en estos momentos debido a las circunstancias tan complicadas que vivimos hay muchas compañías de danza que no han conseguido mantenerse y muchas personas que no pueden permitírselo.

¿Qué recuerdos guarda de Valencia? 

Todos muy buenos. No sé cuántas veces he bailado allí pero tengo clavado la entrega del público valenciano que es maravilloso. Tenemos muchas ganas de volver con nuestra ‘Medusa’ y espero que sea una noche tan mágica como su público.

Una escena de la obra 'Medusa', de Sara Baras. Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Una escena de la obra ‘Medusa’, de Sara Baras. Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Silmäterä: ¡Peligro, mujer protectora!

Silmäterä, de Jan Forsström
Sección oficial de largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

Madre no hay más que una, pero cuando su figura se engrandece hasta querer abarcarlo todo, siendo más-que-una la totalidad, surgen los problemas. Problemas para el hijo que, de sentirse protegido, pasa a reclamar el aire que le falta por tan asfixiante delirio de seguridad. Silmäterä, del director finlandés Jan Forsström, narra el caso de una de esas madres sobreprotectoras. Marja (Emmi Parviainen) es una madre soltera feliz de tener para sí a su hija Julia (Luna Leinonen Botero). Hasta que llega Kamaran (Mazdak Nassir) reclamando su paternidad, para desatar en ella un irracional estado de sitio en defensa de su queridísima hija.

Emmi Parviainen (izquierda) y Luna Leinonen Botero en un fotograma de 'Silmäterä', de Jan Forsström. Cinema Jove.

Emmi Parviainen (izquierda) y Luna Leinonen Botero en un fotograma de ‘Silmäterä’, de Jan Forsström. Cinema Jove.

Silmäterä se presentó a concurso en Cinema Jove después de que lo hiciera la rumana Roxanne, de Vali Hotea. Merece la pena su visionado una al lado de la otra, porque de la comparación entre ambas películas saltarían chispas en un debate posterior. En ambas hay dos hombres solicitando su justa paternidad, pero el destino de los acontecimientos es muy distinto en una y otra. En Silmäterä, Kamaran es despreciado como padre de esa hija, lo cual provoca sucesivos desatinos en la mente de Marja, mientras en Roxanne, la paternidad reclamada va encontrando apoyos, por dolientes que sean, en pos de una verdad que se le trata de ocultar.

Emmi Parviainen en un fotograma de 'Silmäterä', de Jan Forsström. Cinema Jove.

Emmi Parviainen en un fotograma de ‘Silmäterä’, de Jan Forsström. Cinema Jove.

Silmäterä, he ahí su principal virtud, ahonda en la sobreprotección de esa madre soltera, mostrando los estragos de su obsesión. La muestra sin caer en la tentación, tan posmoderna, de terminar deleitándose con el sin sentido al que convoca el progresivo avance hacia el abismo, de una mujer entrega a la defensa numantina de su hija. Kamaran, que tan sólo pretende el reconocimiento de su paternidad y poder conocer a Julia, será el detonante de la explosividad de Marja, posesiva hasta límites suicidas.

Jan Forsström debuta en el largometraje con Silmäterä, y lo hace con grandeza. No sólo por saber trasladar a la pantalla un material tan ignífugo sin quemarse, sino por hacerlo asumiendo riesgos en la interpretación por parte de dos jóvenes (jovencísima Luna Leionen) actrices. El salto al vacío le sale bien, porque la película sigue los avatares de esa madre y su hija, cuanto más unidas igualmente condenadas a un suicida aislamiento. Soledad que ya viene marcada por el trabajo nocturno de Marja y esa pléyade de trabajadores de diferentes países, a modo de metáfora de la difícil convivencia entre culturas diversas.

Luna Leinonen Botero en un fotograma de 'Silmäterä', de Jan Forsström. Cinema Jove.

Luna Leinonen Botero en un fotograma de ‘Silmäterä’, de Jan Forsström. Cinema Jove.

Forsström no rehúye este conflicto social, pero apunta en otra dirección: “Estoy también interesado en las cuestiones sociales, pero opino que son a menudo un subproducto de la psicología”. Y la psicología de esa madre soltera que tiende a proteger a su hija pistola en mano si hace falta, es lo que reclama toda la atención del director finlandés. Y a ello se entrega, mostrando el paulatino descenso a los infiernos de Marja, cuya irracionalidad se nutre de los fantasmas que van poblando su cabeza, por efecto de una maternidad que niega la función paterna.

Silmäterä, como ya sucediera en Nagima o en Ártico, otras dos películas a concurso, pero ofreciendo una salida bien distinta, habla de la maternidad y las dificultades para sacar adelante un hijo, cuando la existencia está cogida con hilos. Con tan finísima urdimbre emocional, Forsström teje una historia cuyo giro final la engrandece. Sin duda candidata al Premio Luna de Valencia.

Emmi Parviainen en un fotograma de 'Silmäterä', del director finlandés Jan Forsström. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove

Emmi Parviainen en un fotograma de ‘Silmäterä’, del director finlandés Jan Forsström. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove

Salva Torres

Obietnica, una palabra tuya bastará…

Obietnica, de Anna Kazejak
Sección oficial de largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

Aquella creencia bíblica en la palabra, una sola bastará para sanar, se torna en la película Obietnica (The Word), de la directora polaca Anna Kazejak, palabra maldita. Porque será la palabra a la que alude el título del film, pronunciada por la joven Lila (Eliza Rycembel), la que desencadenará la pulsión asesina de Janek (Mateusz Weiclawek). La perversa nínfula, que recuerda en esto la retorcida representación de la infancia en La cinta blanca, de Michael Haneke, pedirá a su novio infiel que si quiere volver a tener su amor mate a quien ha osado robarle el cariño: la atractiva Angelika (Luxuria Astaroth).

Eliza Rycembel y Mateusz Wieclawek en un fotograma de 'Obietnica', de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Eliza Rycembel y Mateusz Wieclawek en un fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Esa transformación de la palabra sanadora, que hasta hace bien poco servía igualmente para sellar acuerdos sin necesidad de papeles, aparece rebajada en Obietnica a palabra deudora de muerte. Habrá otras, pero serán de rango policial, sin duda necesarias para descubrir a los autores del crimen, pero incapaces de detener el mal de amores de los jóvenes adolescentes. Como sucede en la gran mayoría de películas a concurso en Cinema Jove (lo cual daría para un análisis más profundo), las familias apenas sirven de marco impotente a tamaña crispación juvenil.

Los padres, tanto en Obietnica como en Ártico, Nagima o Violet, por citar algunas de las ya presentadas a concurso, aparecen como meros comparsas de la desnortada vida de sus hijos, los cuales vagan como almas en pena en contextos, no por diferentes, igualmente vacíos de sentido. Anna Kazejak narra la desolación de Lila, tras descubrir la infidelidad de su novio, y su posterior sed de venganza, con la cámara pegada a los rostros de sus protagonistas. Resulta claustrofóbico ese seguimiento y, al hilo de las últimas tendencias, repetitiva esa manera de colocarse a sus espaldas, pero aunque plásticamente no haya aportaciones dignas de encomio, la narración crece en intensidad a medida que se va desvelando la autoría criminal.

Fotograma de la película 'Obietnica', de la directora polaca Anna Kazejak. Cinema Jove.

Fotograma de la película ‘Obietnica’, de la directora polaca Anna Kazejak. Cinema Jove.

Lila lo fiará todo a la palabra con la que Janek ha sido abducido: jamás revelará que fue ella quien le indujo a cometer el vil asesinato. Lila se sabe fuerte, a pesar del llanto que sigue a su particular versión de los hechos, porque Janek la tiene por diosa de un amor eterno. Diosa que impone cierto sacrificio de muerte, que su novio cumplirá como fiel devoto; devoción imaginaria a la que sucumbe vía internet mostrándole Lila su desnudo cuerpo. La masturbación será el lógico desencadenante de su frustrada relación con aquella que le demanda muerte en lugar de encuentro amoroso.

Aceptado el lugar residual de los padres, patéticos adultos reflejo de la inmadurez de sus propios vástagos, sólo queda la red social como alternativa del sufrido amor esquivo o la crispación derivada de su imposible consumación. Obietnica es un ejemplo más, sin duda clarividente, del malestar juvenil en tiempos de indolencia paterna. Tachada la institución familiar de conservadora, por ese marchamo de rancio autoritarismo, el cine se llena de jóvenes perdidos que optan por la violencia o el crispado desencanto. Lo muestra la directora polaca Anna Kazejak, pero es el síntoma reflejado en otro buen puñado de películas y cortometrajes de Cinema Jove, sin duda magnífico escaparate para un posterior análisis sociológico.

Eliza Rycembel en un fotograma de 'Obietnica', de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Eliza Rycembel en un fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres