El blanco ‘flagelante’ de Lucian Freud

Panorámica para Lucian Freud sin Blanco de Cremnitz, de Gonzalo Sicre
Galería My Name’s Lolita Art
C / Almadén, 12. Madrid
Hasta finales de julio

Siempre me interesó la obra de Lucian Freud y el personaje. Creo que su trabajo trasciende la realidad de lo representado y consigue eso que es tan difícil de explicar al menos para mí por ser tan sorprendente. Igual de sorprendente es la colección de arte que tenía en su casa de Kensington. Obras de Francis Bacon, Frank Auerbach (ambos eran amigos de Lucian) Camille Corot, bronces de Rodin, Degas…

Normalmente solemos ver estas obras en museos, perfectamente ordenadas  y con una buena iluminación. Al verlas en un ambiente doméstico con montañas de libros por los suelos al pie del cuadro ‘Two Figures’ de Bacon, o ‘Balzac desnudo con los brazos cruzados’ de Rodin sobre una mesa rodeado de platos, trapo de cocina y apenas iluminación, me decidí a pintar una gran panorámica de 140 x 800cm sobre algunas habitaciones de la casa.

Obra de Gonzalo Sicre. Imagen cortesía de My Name's Lolita.

Obra de Gonzalo Sicre. Imagen cortesía de My Name’s Lolita.

Comienza con una habitación que tiene un Corot sobre la chimenea y un bronce de Degas, un Auerbach en la pared contigua. Continúa con dos cuadros del dormitorio de Lucian de diferentes ángulos. Aquí hay un Bacon y un Auerbach, sobre la mesa un bronce de Rodin “Isis” y un caballo en broce de Degas sobre el aparador.

El último lienzo se encuentra en una sala que tiene el Balzac, “desnudo sobre una mesa redonda”, y como punto final de este recorrido localicé un caballete en un rincón de la habitación en penumbra. Me pareció que era el mejor final ya que la casa pertenece a un artista y este rincón en penumbra me recordaba al Cristo de Velázquez, sin tener nada que ver, pues el caballete tiene forma de cruz, esa cruz que llevamos a cuestas los artistas. En palabras de Truman Capote, “cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para auto flagelarse”.

Obra de Gonzalo Sicre. Imagen cortesía de My Name's Lolita.

Obra de Gonzalo Sicre. Imagen cortesía de My Name’s Lolita.

Al hilo de estas asociaciones como la del Cristo de Velázquez, también vi a Vermeer, Mark Rothko…. Y esto siempre me parece un buen punto de partida para comenzar un cuadro que luego no tendrá nada que ver con ellos… como suele ocurrir.

Acerca del título Panorámica para Lucian Freud sin Blanco de Cremnitz, es el blanco que él utilizaba para pintar. Era un color muy apreciado por los pintores de entonces, por su magnífica luz. Hace algunos años lo dejaron de fabricar por contener plomo. Cuando Lucian se enteró, llegó a presionar a un amigo que tenía en la cámara de los Lores para que no dejaran de comercializarlo. Como no lo consiguió, compró todas las existencias que había. He intentado comprarlo por internet para pintar esta panorámica con el blanco de Cremnitz  pero ha sido imposible.

Obra de Gonzalo Sicre. Imagen cortesía de My Name's Lolita.

Obra de Gonzalo Sicre. Imagen cortesía de My Name’s Lolita.

Gonzalo Sicre

Ramón Llull: caballero de Dios

700 aniversario de la muerte de Ramón Llull
Eventos organizados por el Institut Europeu de la Mediterrànea

Cuando se piensa en genios polifacéticos, adelantados a su época que abrieron nuevos caminos al saber, es inevitable remitirse al Renacimiento. Pero la Edad Media también generó personajes fuera de serie que consolidaron los cimientos de la civilización. Uno de los más fascinantes es Ramón Llull. Este catalán de Mallorca, como él mismo se definía, considerado el padre de la literatura catalana, tuvo una vida intensa y provechosa, plagada de viajes y vicisitudes que podrían inspirar una gran producción cinematográfica. Con motivo del 700 aniversario de su muerte, el Institut Europeu de la Mediterrànea (IEMed) ha organizado una serie de eventos que evocan su figura a caballo de la fe y de la razón destacando especialmente su dimensión como pionero del diálogo entre religiones y culturas.

“Ramón Llull es uno de los primeros personajes interculturales cuya obra ofrece algunas pautas de pensamiento y de acción que continúan siendo vigentes en el siglo XXI”, dice Senén Florensa, presidente ejecutivo del IEMed. “Políglota autodidacta capaz de expresarse y escribir en latín y árabe, utilizó a la vez el catalán como lengua tanto de creación literaria como de transmisión científica, siendo un verdadero pionero  en la Europa medieval”.

Cubierta del libro sobre Ramón Llull.

Cubierta del libro sobre Ramón Llull.

Ramón Llull nació en Mallorca, en 1235,  en el seno de una rica familia barcelonesa. A la sazón, la isla era una encrucijada tanto militar como comercial, habitada por una gran diversidad de credos y razas. Occitanos, genoveses, catalanes y musulmanes, que integraban una tercera parte de la población.

Esta complejidad social se reflejó en la obra y pensamiento de Llull que desde niño manifestó una gran inteligencia y recibió una exquisita formación cortesana y caballeresca. Fue senescal del futuro Jaime II de Mallorca, cultivó la poesía cortesana y llevó una existencia disipada propia de su condición. Una experiencia mística, a los 30 años dio un giro radical a su vida, abandonó a su familia, los fastos mundanos y se entregó por completo al difundir el mensaje de Dios apoyado en la ciencia y la razón, a través del arte.

Pionero intercultural

Raimundus Christianus Arabicus. Ramon Llull y el encuentro entre culturas es el título de la muestra itinerante que se pudo ver en La Nau de la Universitat de València y que se trasladará a Barcelona, Lleida, Vic y Bruselas en los próximos meses. Una serie de paneles con textos en cuatro idiomas -castellano, catalán, francés y árabe-, que describen la vida de Llull en su contexto histórico. El itinerario resalta su faceta como pionero del diálogo intercultural con el mundo musulmán en una época en que el Mediterráneo era un espacio de conflicto entre religiones.

Llull se trasladó al Próximo Oriente y al Magreb, donde entró en contacto con los sabios y pensadores musulmanes de su tiempo. También se relacionó con  los poderes políticos y eclesiásticos de Roma, Francia, las repúblicas italianas y la Corona de Aragón. Uno de sus objetivos era impulsar la creación de escuelas de árabe para los misioneros.

Breviculum X. Ramón Llull.

Breviculum X. Ramón Llull.

Combinaba sus viajes y actividad misionera con la escritura, 265 títulos sobre las materias más diversas, incluida la literatura. Su obra magna, Ars llulina, es un método de métodos que integra diversas disciplinas cuyo objetivo era ser herramienta de persuasión racional. Llegar a Dios por el camino de la ciencia buscando un terreno común entre las distintas creencias.

Ramon Llull y los diálogos mediterráneos, es otra de las vertientes de esta celebración, una compilación de los trabajos de una treintena de estudiosos, historiadores medievalistas, historiadores de la ciencia, antropólogos, escritores e islamólogos conocedores de la obra lulliana.

Banda sonora

La banda sonora la aporta la formación valenciana Capella de Ministrers con un libro disco, Ramón Llull, el último peregrinaje, que se grabó en el Centro del Carmen. Carles Magraner propone un viaje musical por el Mediterráneo medieval inspirado en los itinerarios de Ramon Llull. El proyecto se presentará en los Cloister del Metropolitan de Nueva York, a finales de 2016, preámbulo al 30 aniversario de la formación valenciana.

Llull fue un gran viajero. Desde Mallorca recorrió Barcelona, Montpellier, París, Italia y el norte de África. Un misterio vela su muerte, pues no se sabe si murió en Túnez, a finales de 1315 o en su ciudad natal a principios de 1316. En todo caso fue muy longevo para su época.

700 aniversario Ramón Llull.

700 aniversario Ramón Llull.

Bel Carrasco

Sempere y sus serigrafías sonoras

La música de los números que no existen, de Eusebio Sempere
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 1 de abril de 2016

Dicen que la música de Bach conecta directamente con dios. La obra artística de Eusebio Sempere, también. Siempre que tomemos a dios como metáfora del anhelo por alcanzar lo más profundo e incognoscible del ser humano. Las “nueve joyitas”, según palabras de Rosa Castells, directora del Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA), que se muestran en el Centro del Carmen, son prueba evidente de ese anhelo. En ellas, o mediante ellas, Eusebio Sempere y su “arcángel” Abel Martín logran esa conexión con las altas esferas celestes o los más telúricos abismos, gracias a La música de los números que no existen que da título al conjunto.

Las serigrafías que parecen repicar dentro del Refectorio del Carmen están acompañadas de textos de grandes poetas. Y es esa conjunción de obras, en las que se suceden delicadas geometrías y líneas finísimas o más anchas en diversa gradación tonal, y textos de intenso lirismo lo que produce finalmente esa extraña música. “La música atraviesa toda la exposición”, subrayó Castells, comisaria a su vez de una muestra enmarcada en los actos programados por el Año Sempere, con motivo de los 30 años de su fallecimiento.

Vista de algunas de las serigrafías de Eusebio Sempere en el Centro del Carmen.

Vista de algunas de las serigrafías de Eusebio Sempere en el Centro del Carmen.

Su obra, pasado el tiempo, no ha perdido un ápice de vigencia, sino todo lo contrario: “No ha pasado de moda, está de plena actualidad”, remarcó Rosa Castells. A su lado, Daniel Simón, concejal de Cultura de Alicante, lamentó la “ignorancia” de su propia ciudad hacia el más ilustre de sus artistas. “Ha habido una falta de apreciación de su obra”, manifestó el regidor, quien lo achacó a la “insensibilidad” y a la “ignorancia de los políticos”. Y todo ello a pesar, como coincidieron Castells, Simón y Felipe Garín, director del Consorcio de Museos, en el “reconocimiento de Sempere incluso en vida”. Ahí están, por ejemplo, los más de 1.500 artículos que se le escribieron durante sus años de actividad artística.

¿Entonces? “Dada su trascendencia está poco investigado”, explicó Simón. De ahí la “cuenta pendiente” que, a su juicio, tienen las instituciones universitarias en relación con la obra de un artista al que entienden mejor los niños que los adultos, según apreció Castells. Irene Mira Sempere, sobrina del pintor alicantino, apuntó que merecía la pena entrar en su obra porque destila “profundidad y altura”, al tiempo que consideraba a la sociedad “enferma” cuando se quedaba sin arte.

El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, por Eusebio Sempere, en el Centro del Carmen.

El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, por Eusebio Sempere, en el Centro del Carmen.

La música de los números que no existen. Eusebio Sempere / Abel Martín se inicia con ‘Las Cuatro Estaciones’ (1965), “la primera carpeta de serigrafías artísticas que se estampa en España”, destacó Rosa Castells, que fue más lejos: “Esto es un incunable de la serigrafía”. Nunca antes se había aplicado en nuestro país  la técnica industrial que importaron Sempere y Martín de Francia. A esta carpeta le van sucediendo otras ocho, todas ellas acompañadas de textos poéticos de Pedro Laín Entralgo, Julio Campal, José Miguel Ullán, Edmond Jabès, poetas árabes de Granada, Gabriel Miró o San Juan de la Cruz, cuyo ‘Cántico espiritual’ sirvió de testamento literario a Eusebio Sempere en 1982.

La suma de la contemplación de las serigrafías y la lectura poética es lo que confiere a la exposición un alto vuelo emotivo. Rosa Castells lo infundió leyendo alguno de ellos, a pie de obra, durante su visita guiada. María Aranguren completa la exposición con su particular visión de Sempere, plasmada en los 14 pasos del Vía Crucis desplegado alrededor del claustro gótico del Centro del Carmen. También se incluye el proyecto educativo de Elena Mora, en forma de la instalación ‘A escala de un artista, músico y poeta’. La exposición, procedente del MACA, estará abierta hasta el 17 de abril. A falta de esos estudios más profundos sobre su obra, Sempere repicará dos meses en la sala Refectorio con sus místicas serigrafías.

Ver noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Vista de la serie Homenaje a Gabriel Miró, de Eusebio Sempere. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Vista de la serie Homenaje a Gabriel Miró, de Eusebio Sempere. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres

Las Diosas: figuraciones de lo femenino

VII Congreso Internacional de Análisis Textual: Las Diosas
Facultad de Ciencias de la Información
Universidad Complutense de Madrid
25, 26 y 27 de marzo de 2015

La consolidación del Dios de Occidente, monoteísta y patriarcal, vino a desdibujar un largo periodo anterior en el que las divinidades matriarcales ocupaban lugares de privilegio en sus respectivos panteones. Su estudio sigue pendiente, no sólo para ampliar el conocimiento de los universos simbólicos del pasado, sino también para mejor comprender y aquilatar la novedad que hubo de suponer la irrupción del nuevo Dios que vino a arrinconarlas en un panteón profundamente transformado por su nuevo protagonismo.

Detalle del cartel del congreso Las Diosas, obra de Luis Sánchez de Lamadrid. Asociación Cultural Trama y Fondo. Universidad Complutense de Madrid.

Detalle del cartel del congreso Las Diosas, obra de Luis Sánchez de Lamadrid. Asociación Cultural Trama y Fondo. Universidad Complutense de Madrid.

Es ésta, por otra parte, una temática que cobra una especial actualidad una vez que el Dios patriarcal ha caído de la que fuera su posición de dominio. Son muchas las preguntas que desde entonces han quedado abiertas, no sólo para la antropología, sino también para la psicología y el psicoanálisis, para la historia del arte y la de los discursos de los medios de comunicación de masas, para la sociología, la política, los estudios culturales y de género…

Pandora, de Alexandre Cabanel, extraído del video 'The Metamorphosis of the Goddess', de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso Las Diosas de Trama y Fondo.

Pandora, de Alexandre Cabanel, extraído del video ‘The Metamorphosis of the Goddess’, de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso Las Diosas de Trama y Fondo.

La caída del Dios patriarcal, ¿constituye el punto final de la historia de los dioses o abre el campo al retorno de otras divinidades más antiguas? ¿En qué medida los discursos indigenistas, ecologistas o nacionalistas poseen resonancias mitológicas de antiguas divinidades maternas? Si el Dios patriarcal fue el pilar simbólico en el que se asentaba el prestigio de la función paterna, ¿hasta qué punto su caída dificulta la presencia y la eficacia de ésta? Y sobre todo: la construcción de la subjetividad en el mundo contemporáneo, ¿se realiza al margen de todo presupuesto mitológico o, por el contrario, actúan en él moldes mitológicos implícitos que escapan a la conciencia de los sujetos?

Venus Verticordia, de Rossetti, extraído del video 'The Metamorphosis of the Goddess, de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso Las Diosas de Trama y Fondo.

Venus Verticordia, de Rossetti, extraído del video ‘The Metamorphosis of the Goddess, de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso Las Diosas de Trama y Fondo.

Y está, por otra parte, el paisaje visual contemporáneo, tal y como se realiza en la web y en la televisión, en la publicidad, en el cine, en la literatura, la pintura y las nuevas escenografías de la música contemporánea. Todo parece indicar que en él, y con independencia de la valoración final que de ello pueda realizarse, cierta aura de divinidad inviste a las más variadas figuraciones de lo femenino.

Detalle del cartel del congreso Las Diosas, obra de Luis Sánchez de Lamadrid. Asociación Cultural Trama y Fondo. Universidad Complutense de Madrid.

Detalle del cartel del congreso Las Diosas, obra de Luis Sánchez de Lamadrid. Asociación Cultural Trama y Fondo. Universidad Complutense de Madrid.

Es éste pues un territorio tan amplio como pregnante que resulta idóneo para orientar los trabajos del VII Congreso Internacional de Análisis Textual que, con el tema “Las Diosas”, convoca la Asociación Cultural Trama y Fondo con la colaboración de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid para los días 25, 26 y 27 del mes de marzo de 2015.

Como es costumbre en los congresos de Trama y Fondo, sólo existe un pie forzado para participar en él: que las reflexiones suscitadas encuentren su apoyo y verificación en el ejercicio de análisis de un determinado texto o conjunto de textos de referencia.

Palas Atenea, de Gustave Klimt, extraído del video 'The Metamorphosis of the Goddess', de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso 'Las Diosas' de Trama y Fondo.

Palas Atenea, de Gustave Klimt, extraído del video ‘The Metamorphosis of the Goddess’, de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso ‘Las Diosas’ de Trama y Fondo.

Las tentaciones del demonio

Ciclo de cine: Las tentaciones del demonio
Organiza Aula de Cinema de la Universitat de València
Colegio Mayor Rector Peset
Plaza Horno de San Nicolás, 4. Valencia
Martes 13, 20 y 27 de enero de 2015, a las 18.00h

El Colegio Mayor Rector Peset acoge el ciclo cinematográfico ‘Las tentaciones del demonio’, en el que veremos al demonio como uno más, integrado entre nosotros, en su forma más elegante y lejos de los estereotipos del cine de terror. El público podrá ver la obra maestra de Dreyer ‘Páginas del libro de Satán’; un clásico del cine francés como ‘La belleza del diablo’ (René Clair, 1950), con el gran Michel Simon en el papel del demonio; y la norteamericana ‘El corazón del Ángel’, dirigida por Alan Parker, con Robert de Niro y Mickey Rourke como actores protagonistas.

El ciclo está compuesto por tres títulos que tratan de hacer un repaso a la representación del demonio como fuerza tentadora y elegante que ofrece tratos y servicios a los humanos, siempre a cambio de alguna cosa valiosa para quien tiene que aceptar el trato. Toda una metáfora de la corrupción humana, del precio que cada persona está dispuesta a pagar a cambio de conseguir lo que quiere. El ciclo nos sitúa en diferentes formas de abordar el tema desde el cine dramático, fantástico o de intriga.

Fotograma de la película 'Las páginas del libro de Satán', de Carl Theodor Dreyer. Cortesía del Aula de Cinema de la Universitat de València.

Fotograma de la película ‘Páginas del libro de Satán’, de Carl Theodor Dreyer. Cortesía del Aula de Cinema de la Universitat de València.

El ciclo se abre con ‘Páginas del libro de Satán’ (Blade af Satans bog, Carl Theodor Dreyer, 1921), que se proyectará el martes 13 de enero, a las 18 horas. Se trata de una visión clásica de la condena que Dios le impone al demonio, un ángel caído en desgracia, por la cual es obligado a vivir entre las personas y a tentarlas para ver si son capaces de resistir sus estratagemas.

Fotograma de 'La belleza del diablo', de Rene Clair. Cortesía del Aula de Cinema de la Universitat de València.

Fotograma de ‘La belleza del diablo’, de Rene Clair. Cortesía del Aula de Cinema de la Universitat de València.

El martes 20 de enero continuará el ciclo con la proyección de ‘La belleza del diablo’ (La Beauté du diable, René Clair, 1950), una revisión del tema de Fausto en la que René Clair modifica algunos de sus elementos, introduciendo una mirada irónica sobre la obra de Goethe.

Fotograma de 'El ángel dei diablo'. Cortesía del Aula de Cinema.

Fotograma de ‘El corazón del ángel’, de Alan Parker. Cortesía del Aula de Cinema de la Universitat de València.

Finalmente, el martes 27 de enero, el público podrá ver ‘El corazón del Ángel’ (Angel Heart, Alan Parker, 1987). Una película sobre el demonio, en clave de intriga policíaca, en la que un personaje misterioso encarga a un detective privado con poco éxito la búsqueda de un cantante desaparecido. Bajo una atmósfera turbia, en su periplo por encontrar al artista, el detective irá encontrándose una sucesión de muertes de difícil explicación.

Como es habitual en la programación cinematográfica del Palau de Cerveró, cada sesión contará con una presentación previa a cargo de un miembro del Aula de Cinema, así como de un coloquio posterior en el que podrá participar el público asistente.

Eduardo Infante: El mar es más que el cielo

Eduardo Infante: El mar es más que el cielo – Painting in Love
Parking Gallery
C/ Bailén, 15. Alicante
Inauguración: 26 de abril a las 20:00 h.
Hasta el 28 de junio de 2014

Cuando nos enfrentamos cara a cara con una pieza de Eduardo Infante (Gerona, 1973), lo primero que hace nuestro ojo, de manera instintiva, es buscar formas identificables. Al principio parecemos reconocer una figura, pero un segundo después se desdibuja con el fondo.

El artista dice de su trabajo que es una totalidad en la que el dibujo y la pintura caminan juntos, sin distinguirse, y que ambos sirven, en sus posibilidades plásticas, para mostrar mucho más allá de lo evidente. Quizá por esto yo misma sintiera, la primera vez que vi sus piezas, una especie de desconcierto visual; no sabía muy bien si estaba viendo abstracción o figuración. Y probablemente sea esta la cuestión principal para comprender mejor su trabajo: las obras de Infante son un punto intermedio entre ambos, un resquicio en el que jugar, sin miedo a equivocarse, con lo reconocible y lo abstracto.

La Historia del Arte ha tenido como eje principal de debate, durante siglos, la discusión entre los defensores de la imagen y los que la rechazaban. Las religiones monoteístas son, en el fondo, el origen de estas trifulcas. La imposibilidad de representar a Dios como ente reconocible supuso que tanto el judaísmo como el islam optasen por una total iconoclastia en su desarrollo artístico y cultural, dando paso así a la palabra escrita como una personificación de la divinidad. Frente a esto, el cristianismo entendió la imagen de Dios como inviolable pero no así todo lo derivado de esta, como la naturaleza o los Seres Humanos, permitiendo la representación fidedigna de la realidad visible.
Pues bien, Eduardo Infante intenta moverse entre ambos mundos sin decantarse por ninguno, cuestionándose también la veracidad de lo representado, e incluso se atreviéndose a negarlo.

Así, en algunas de sus piezas podemos ver el trazo de una primera figura en dibujo, como en “Prodigio abandonado”, de 2008, y sobre ella su propia inexistencia: el color que se superpone e impide reconocer lo que se esconde debajo. Dibujo frente a color. Figuración frente a abstracción.

Eduardo Infante, "El mar es más que el cielo" (fotografía: Germán Fernández). Imagen cortesía de la Parking Gallery.

Eduardo Infante, “El mar es más que el cielo”. Foto: Germán Fernández. Imagen cortesía de Parking Gallery.

Hay, pues, en la producción de Infante un punto de incertidumbre, una duda posible entre nuestra propia imaginería. ¿Qué representa mejor lo inmaterial y lo intangible, la abstracción o la figuración? Sus piezas no intentan ser una respuesta a esto, sino más bien con una continuación de la pregunta, un enfrentamiento directo a esta.

Presentando sus últimas piezas en esta exposición individual en la Parking Gallery, bajo el título de “El mar es más que el cielo”, Infante nos interpela directamente con estas cuestiones, ya que, ¿no es el mar el reflejo del cielo? ¿No es su color azul, intenso, vivo, potente, un espejo en el que se mira el cielo? Estos contrapuestos son una de las preferencias más evidentes de Infante, siempre cuestionando lo definido como estable, contraponiéndolo a algo más para cuestionarlo y de paso utilizando, como aquí, el tema como excusa para retomar el vivo color que protagoniza muchas de sus piezas. Parejas de piezas que se exponen juntas porque incluso en el proceso creativo se han ido estableciendo como contrapuestas.

Es interesante tener en cuenta también que la gama cromática que utiliza Infante es, en muchos de los casos, muy intensa y con colores muy vivos. Manchas que ocupan grandes espacios en la obra y que contrastan con el abocetamiento que se percibe en el trazo del dibujo. La delicadeza de la línea y la fuerza del color perfectamente combinados.

En sus obras encontramos también algunas referencias a la influencia oriental. Es cierto que el uso del papel y el dibujo, especialmente como él lo trabaja, nos remite a China, por ejemplo. Sin embargo aquí hay mucho más: el artista explora las posibilidades plásticas del material para incorporar lo inmaterial, como el vacío. Los grandes huecos que vemos en muchas de las piezas están tan cargados de significado como el dibujo y el color.

Desnudos sutiles con una sensualidad que se percibe a través del trazo casi infantil que Infante impronta en sus obras. Grandes vacíos, manchas de color que ocupan toda la superficie, líneas abocetadas…

Y es precisamente el papel su soporte fetiche uno de los culpables que le vinculan con la influencia oriental. Lo característico del papel es su tactilidad, su permeabilidad, capaz de absorber los colores y marcar más los trazos.
Tampoco es inocente esta relación si observamos cómo la naturaleza, en las piezas del artista, es representada de manera imaginativa, inventada y con un trazo que nos recuerda a nuestra infancia. Montañas a base de triángulos y con apenas un blanco en la cumbre, a modo de nieve, como en “Pink Dead Redemption”, de 2011. Un paisaje confuso, múltiple, ensoñado, a base de grandes manchas superpuestas y líneas imprecisas.

En el fondo, de lo que nos está hablando Eduardo Infante en toda su producción, que ahora muestra en Parking Gallery, es de la dificultad humana para definir su propia existencia. El pensamiento es propiamente, abstracto, pero nuestra realidad material es figurativa, así que, ¿cómo representamos esto en la creación artística? ¿Ha sabido el arte fluctuar entre ambas posiciones? ¿Cómo estar entre las dos sin decantarse por ninguna? La respuesta en las piezas de Infante es una mezcla de ambas, un intento por aproximar lo inmaterial y lo material.

Con esta exposición, “El mar es más que el cielo”, tenemos de nuevo la oportunidad de asomarnos a la ventana que Infante nos abre para ver que la realidad es, más allá de cómo la percibimos, mucho más compleja.

Semíramis González

Eduardo Infante fotografiado junto a la obra que da título a la exposición. Fotografiado por Germán Fernández. Imagen cortesía de la Parking Gallery.

Eduardo Infante fotografiado junto a la obra que da título a la exposición. Foto: Germán Fernández. Imagen cortesía de Parking Gallery.

Boix: “Sin compromiso social no hay arte”

El viaje del tiempo, de Manuel Boix
Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 22 de junio de 2014

“¿Cuán grande tiene que ser el cementerio de mi isla?”, se preguntaba Giusi Nicolini, alcaldesa de Lampedusa, tras el naufragio en octubre de una barcaza con 500 inmigrantes a media milla de la isla italiana. Manuel Boix se hace eco de esa interrogación, y de muchas otras, en su exposición El viaje del tiempo que acoge hasta el 22 de junio La Nau de la Universitat de València. Haciendo acopio de un vasto caudal de conocimientos en filosofía, literatura, historia y mitología, el artista de L’Alcudia va dejando en la Sala Acadèmia del recinto universitario un reguero de sombras en torno al naufragio existencial evocado en 15 grandes piezas.

Al.legoria de l'arqueologia, de Manuel Boix, en la exposición 'El viatge del temps' de la Nau de la Universitat de València.

Al.legoria de l’arqueologia, de Manuel Boix, en la exposición ‘El viatge del temps’ de la Nau de la Universitat de València.

Las continuas referencias “misteriosas”, por emplear el adjetivo utilizado por el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño, pueden llevarnos hasta el propio Lampedusa, escritor de El gatopardo que pronunció la célebre “que todo cambie para que todo siga igual”. Y ya más explícitamente al Caronte que sirve de título a una de las obras de la exposición. En ella, mediante el bronce, la madera y el hierro, Manuel Boix nos sitúa en el corazón mismo de esa barcaza cuyo naufragio costó la vida a cientos de inmigrantes, que desde las costas de Libia buscaban cierto horizonte de futuro. El Caronte mitológico, barquero de Hades, era el encargado de trasladar a un lado y otro del río Aqueronte a quienes tuvieran dinero para pagarse el viaje.

Obra de Manuel Boix en la exposición 'El viatge del temps' de La Nau de la Universitat de València

Obra de Manuel Boix en la exposición ‘El viatge del temps’ de La Nau de la Universitat de València

Las conexiones intertextuales, siempre realizadas con la intención de movilizar la reflexión en torno a problemas tan actuales como universales (inmigración, poder, corrupción, agitación social), hacen de la exposición El viaje del tiempo un efectivo recorrido por el pasado y el presente, proyectándose todo ello hacia un futuro que Boix refleja en su obra con las tonalidades del blanco y del negro. Abel Guarinos, comisario de la muestra, habló de un primer protagonismo del “gesto, la mirada y los impactantes primeros planos de caras conformadas a base de trazos gruesos y oscuros”, asociado a su serie El Rostro, para derivar después hacia ese “color negro” que toma “aún más protagonismo mediante la técnica de la grisalla”.

'Generación espontánea', de Manuel Boix en la exposición 'El viatge del temps' en La Nau de la Universitat de València.

‘Generación espontánea’, de Manuel Boix en la exposición ‘El viatge del temps’ en La Nau de la Universitat de València.

Un blanco y un negro salpicados de brochazos y tenues pero coloristas gestos expresivos, que vienen a reflejar esa preocupación por las cuestiones que hoy, al igual que ayer y hace cientos de años, agitan nuestro interior. Y en esto fue muy claro Manuel Boix: “El arte o tiene compromiso social o no es arte, porque aunque se niegue cada obra habla de unas vivencias o de un momento concreto”. Instante determinado que, sin embargo, trasciende su particularidad para emocionar a quienes nada saben de ese momento concreto dentro del viaje por el tiempo que Boix propone.

Obra de Manuel Boix en la exposición 'El viatge del temps' en La Nau de la Universitat de València.

Obra de Manuel Boix en la exposición ‘El viatge del temps’ en La Nau de la Universitat de València.

Así lo demuestra otra de sus obras expuestas: Generación espontánea. Múltiples gusanos parecen agitarse en masa, de manera que allí donde muchos ven corrupción, el artista observa cierta regeneración social provocada por los nuevos movimientos sociales. En todo caso, más allá de la asociación con el 15-M, el compromiso de su arte suscita emociones muchas veces contrarias. Como igualmente ocurre con su Políptico metafísico, donde se mezcla el mito de la inmaculada concepción con el cuerpo apolíneo de quien, como dios, parece jugar a los dados sobre un suelo compuesto por más de 70.000 teselas.

Pieza del 'Políptic metafísic' de Manuel Boix en la exposición 'El viatge del temps' en La Nau de la Universitat de València

Pieza del ‘Políptic metafísic’ de Manuel Boix en la exposición ‘El viatge del temps’ en La Nau de la Universitat de València

El viaje del tiempo ha sido realizado ex profeso para La Nau, habiéndose inspirado Manuel Boix en el patrimonio cultural y científico conservado en la Universitat de València, en un diálogo que permite a su vez contemplar, entre otras piezas, el globo terráqueo de Willen Janszonn y Jan Blaeu del siglo XVII. En el claustro, también se han instalado cinco esculturas de la serie Los Borja, aludiendo al Papa Alejandro VI en tanto figura relacionada con la fundación de la propia universidad hace 500 años. Un viaje apasionante, repleto de blancos y negros como reflejo del naufragio existencial que Manuel Boix suscita abriendo múltiples interrogantes.

Manuel Boix, entre algunas de sus obras en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Manuel Boix, entre algunas de sus obras en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

Lukas Ulmi. Laberintos visuales

Lukas Ulmi. Laberintos visuales
Set Espai d’Art
Plaza Miracle del Mocadoret, 4, Valencia
Hasta el 16 de noviembre de 2013

 Hay que guardarse de decirles que a veces ciudades diferentes se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, que nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí.

 Italo Calvino, Las ciudades invisibles

 

Romper con el antiguo entendimiento de la escultura como una forma de expresión encerrada en sí misma, concibiendo la necesidad de circunscribir su potencial expresivo a unas pocas y axiomáticas categorías formales, en una búsqueda o retorno a la estructura primaria, describe el itinerario iniciático con que nos acerca Lukas Ulmi a su nueva obra. Sin embargo, al escultor le contemplan años de creación que interpretan los interrogantes del universo, dibujando el espacio mediante hermosas levedades espaciales de objetos encontrados. Restos de vida engarzados en sutiles móviles con los que nos mostraba una particular arqueología del lenguaje; ramas, piedras, esqueletos de la naturaleza que ya la pensadora malagueña, María Zambrano, en su personalísima poética concebía como las semillas del conocimiento, de la razón, y de los que ahora, el artista, en cierto modo se desprende.

Su capacidad para dialogar con el vacío trazando formas geométricas e infinitas en universos hipotéticos se define muy bien en esta nueva serie de “Laberintos visuales”, que nos presenta. Arquitecturas móviles que despliegan espacios infinitos en su interior a través de coetáneos cubos, engarzados con imanes. Una suerte de construcciones cercanas al Minimal Art con las que concebir los sencillos determinantes espaciales, como señalaba el escultor minimalista Robert Morris: simplicidad de formas no quiere decir necesariamente simplicidad de vivencia artística. Las formas unitarias no reducen las relaciones, sino que las ordenan. Cuando la hierática naturaleza dominante de las formas unitarias actúa como constante, no se neutralizan las relaciones singularizantes de dimensión, proporción, etc, sino que, por el contrario, se asocian más sólida e inesperadamente.  En este sentido, Ulmi da una vuelta de tuerca a la modernidad, circundando aquel arte cinético de mediados de siglo xx dentro de un particularísimo postminimalismo volátil.

Sus obras albergan un insólito y misterioso movimiento, intrínsecas al concepto kantiano de belleza que resume los elementos en formas simples, lidiando con el aire. Sorprendentes esculturas que debaten ilusiones ópticas mediante delicadas dobleces y estructuras simples, conforman el trabajo. Trazos de alambre asumidos como una cosmogonía, símbolo de los universos temporales, tan presentes a lo largo de su trayectoria. Amante del movimiento y la simplicidad estética, Ulmi domina la escultura como un auténtico fabulador que quiere acercarse a los misterios de la creación, sin dogmas ni aspavientos. Lugares paradójicos, fija simbólicamente un movimiento del exterior hacia el interior, de la forma a la contemplación, de la multiplicidad a la unidad, del espacio a la ausencia de espacio, del tiempo a la ausencia del tiempo. Representa también el movimiento contrario: de dentro hacia afuera, sugiriendo una progresión simbólica hacia el infinito en todo los aspectos del proceso artístico.

Representación escultórica en que el todo se nos muestra pero nunca se nos da.

Observamos como las construcciones pueden montarse de maneras distintas, según la característica del lugar donde se efectúe la instalación, prevaleciendo la coexistencia dialéctica de las formas. Esta lógica estructural que presentan permite observar cómo Ulmi otorga un valor idéntico en la ubicación de todos los elementos. Es decir, en su obra no se percibe ningún valor jerárquico entre lleno y vacío, abierto y cerrado, delante y detrás. Paradigma insoluble de una misma realidad, donde el artista ordena el sigiloso laberinto de la mirada, mediante geometrías y juegos visuales de nuestro espacio imperecedero. Y es, en esta particular falta de jerarquía donde se haya el enigma de cualquier laberinto, no únicamente como la misteriosa estructura arquitectónica descrita a lo largo de la historia por artistas, arquitectos, o escritores, sino como la inquietud y la incertidumbre de la mente humana ante los caminos desconocidos del conocimiento, la razón, la vida.  

Una espectacular construcción vertical de cubos flanqueados por espejos, trasporta al espectador por un viaje espacial, y es al final de este recorrido donde muy a menudo el hombre se encuentra así mismo. Donde el conocimiento ulterior es el de uno mismo, la comprensión del propio yo, reflejado en el propio conocimiento, como señala Paolo Santarcangeli autor de “El libro de los laberintos”: Allí reside la razón profunda de que en el fondo del laberinto figure muchas veces un espejo, para que el hombre, al llegar por fin a la meta de su peregrinación, descubra que el último misterio de la búsqueda es el mismo.

Alegorías que encontramos a lo largo de la Historia del arte, y la literatura en esas construcciones asfixiantes sin salida, sin fin. Como describieron, por ejemplo, los grabados de Piranesi y que también narra muy sabiamente en el cuento “Los dos reyes y los dos laberintos”, el escritor Jorge Luis Borges, acercándonos a este  misterio de la propia vida, y a la infinitud del espacio-tiempo. Cuenta la historia que el rey de Babilonia mandó construir un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros. Una obra escandalosa, porque la confusión y la maravilla eran operaciones propias de Dios y no de los hombres. Un laberinto que sucumbió finalmente ante la infinitud del laberinto de un rey árabe, donde no había escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que vedasen el paso. Metáfora del desierto, donde murió de hambre y de sed el mordaz rey de Babilonia.

Encontraríamos que en este caso, el laberinto simbolizaría el proceso transformador de la experiencia artística donde el hombre constantemente se enfrenta al vacío, pero también a la creación. Concepciones de universos infinitos en la levedad interior de los cubos, que el escultor extiende a través de la simplicidad formal en el horizonte. Un mismo símbolo que puede servir para evocar las realidades invisibles: el destino humano o como en el cuento, la voluntad inescrutable de Dios, el misterio de la obra de arte.

Rosa Ulpiano

 

La irreverencia de Alberto Polo

Creus en mi. Alberto Polo

Galería la Real
Camino de la Real, 5, Palma
Inauguración: 6 de septiembre de 2013, 20 h.

Alberto Polo Iañez. Creus en mi, 2012-13. 18x26cm. Papel Algodón HahnemÜehle. Imagen cortesía Galería La Real

Alberto Polo Iañez. Creus en mi, 2012-13. 18x26cm. Papel algodón HahnemÜehle. Imagen cortesía Galería la Real

Para Alberto Polo Iañez (Palma de Mallorca, 1980), este juego de palabras (en catalán, “creus en mi” puede significar ‘cruces en mi’ o ‘crees en mi’) nace de la búsqueda de otro ser para encontrarse a uno mismo. Como él mismo dice, “nací católico sin elegirlo y sin entender porqué era el culpable de matar al hijo de Dios, pecador sin saber si lo era”.

Un sentimiento de culpabilidad que, como afirma, nos persigue y que nos hace creer en otra persona “porque no sabemos creer en nosotros mismos”.

Las imágenes que forman parte del proyecto  Creus en mi, provocativas e irreverentes, fueron realizadas entre 2012 y 2013 en Galicia y Mallorca en formato analógico (35 mm, 120 mm y polaroid). Las fotografías están impresas en papel algodón HahnemÜehle.

Alberto Polo Iañez. Creus en mi, 2012-13. 42x29cm. Papel algodón HahnemÜehle. Imagen cortesía Galería la Real

Alberto Polo Iañez. Creus en mi, 2012-13. 42x29cm. Papel algodón HahnemÜehle. Imagen cortesía Galería la Real

Chillida: la dignidad del portero ante el vacío

Obra gráfica. Eduardo Chillida
Galería Benlliure
C/ Ciril Amorós, 47. Valencia
Hasta mediados de junio

Eduardo Chillida tuvo unas manos prodigiosas. Prodigiosas para la escultura, pero también para el fútbol, una pasión truncada a los 19 años. Llegó a ser portero de la Real Sociedad en la temporada 1942-43, cuando el equipo donostiarra jugaba en Segunda División. Una lesión de rodilla lo apartó del fútbol. Su experiencia bajo los tres palos de una portería no fue, en todo caso, baldía. Ni mucho menos. Aprendió dos cosas: a achicar espacios, agrandando su figura en cada salida del arco, y a descentrar su posición para alterar la percepción del oponente. Dos cosas que luego trasladó a su práctica artística.

Obra de Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Obra de Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Chillida repitió en numerosas ocasiones que sus esculturas no se lograban sumando elementos, sino restando cosas; más por sustracción, que por agregación. Y que más que respuestas, él lo que tenía era una infinidad de preguntas. Por eso su percepción espacial, sin duda generada con materiales como la piedra, la madera, el hierro o el hormigón, giraba en torno al vacío que otros intentaban ocupar. Algunos de esos vacíos, en forma de sutiles grabados y serigrafías, pueden intuirse en la exposición que estos días acoge la Galería Benlliure de Valencia.

Un total de 15 piezas integra la muestra titulada Obra gráfica. Piezas que vienen a resumir el trayecto de Chillida en pequeño formato. Ahí están recogidas esas manos abiertas al mundo, al vasto espacio de un campo de fútbol que el portero trata de reducir a su mínima expresión para que el balón no alcance su objetivo. Lo mismo que hacía el escultor con sus grandes piezas, peinando el viento, queda reflejado en las pequeñas, surcando vastos territorios imaginarios a golpe de un simple vistazo. Lo grande y lo pequeño, lo oscuro y lo diáfano, tratando de encontrarse al tiempo que se demora ese encuentro en una especie de espiral, tan del agrado de Chillida.

Biesku IV, Eduardo Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Biesku IV, Eduardo Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Líneas y formas, superficies y relieves, conjugando esa danza en torno al vacío que la posmodernidad ha tomado como figura del sinsentido, pero que en el caso de Chillida es fruto de la interrogación radical que dignifica al ser. Vacío, pues, en tanto lugar que desencadena las preguntas que impiden que la vida se clausure. Y al igual que Dios, para cierto poeta, es la estaca que evita el cierre del mundo, para Chillida el vacío en torno al cual se vehicula su obra es ese lugar habitable para quien se sobrepone al miedo mediante la dignidad.

Los grabados y serigrafías, junto a las dos grandes piezas de la entrada e incluso la alfombra, alumbran formas que tan pronto invaden manchas negras como amenazan con ocupar fondos claros. De igual modo que tan pronto señalan líneas que no terminan de alcanzar la plétora del sentido, como superficies en estado cambiante. A Eduardo Chillida le interesaban los espacios tridimensionales, ajenos a la unidad, porque concebía la vida como un espacio inestable que convenía explorar a través de la materia: piedras, maderas, hierros. Materiales que anuncian el advenimiento del ser, siempre y cuando haya un artista capaz de aproximarse al vacío que nos constituye. En la Galería Benlliure hay unos cuantos en forma de Obra gráfica.

Medicins du monde, de Eduardo Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Medicins du monde, de Eduardo Chillida. Imagen cortesía de Galería Benlliure

Salva Torres