Weegee The Famous

Weegee The Famous
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 31 de agosto, 2015

Ilustrar las páginas de sucesos con imágenes frescas más o menos truculentas, retratar el cadáver cuando todavía estaba caliente, llegar el primero a los restos del naufragio. Fue la vocación de un intrépido fotógrafo que no temía la nocturnidad ni el crimen, y armado con su cámara exploró los bajos fondos de Nueva York entre los años treinta y cuarenta.

Estamos hablando de Weegee, antropónimo de Arthur Fellin, protagonista de una muestra organizada por el III Festival Valencia Negra que se expone en el MuVIM hasta el 31 de agosto. La exposición fotográfica Weegee The Famous, compuesta por 95 imágenes de gran tamaño, resume el trabajo de pionero del fotoperiodismo, comisariada por Silvia Oviaño, de Caravan Cultura. La vida de película de este artista fue llevada al cine por Howard Franklin en el filme El ojo público.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Con diez años, hijo de emigrantes austrohúngaros, Weegee llegó a Nueva York como Arthur Fellig en 1909. Ejerció de aprendiz de fotógrafo en las calles del Lower East Side hasta que, en 1923, empezó a trabajar en el laboratorio Acme Newspictures. Doce años después comenzó su carrera como fotógrafo independiente y, en 1938, consiguió permiso para instalar en su casa y en su coche una emisora que le permitía escuchar la frecuencia de la policía.

También adaptó el maletero de su vehículo para convertirlo en un laboratorio de revelado y positivado. Con todo ese equipamiento conseguía llegar antes que nadie a la escena del crimen y salir de allí con copias en positivo, acuñadas por detrás con la leyenda Weegee the famous, que vendía a los más importantes diarios y agencias de Nueva York y de Estados Unidos.

Sobre el antropónimo empleado por el fotógrafo hay diversas teorías. Bernardo Carrión, responsable de prensa del Festival y organizador de la muestra, recordó que Weegee en sus años de juventud trabajó en un lavadero de coches y quizá su nombre artístico haga alusión al sonido del parabrisas cuando se limpia. Según la comisaria Silvia Oviaño, surgió de la afición de Weegee por el espiritismo y por el juego de la Ouija, cuya pronunciación se asemeja con el nombre escogido por el personaje.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

“Weegee le tomó el pulso a la ciudad”, dijo Oviaño en la inauguración de la muestra. “Fue uno de los precursores de la inmediatez periodística al instalarse en su vehículo un laboratorio de revelado y un receptor para escuchar la emisora de la policía. Esta circunstancia le permitía llegar a los lugares críticos, antes incluso que la policía.

Como una auténtica pesadilla de los actuales CSI, su gusto por la estética le llevaba a retocar las escenas de los crímenes e incluso a modificar la posición de los cadáveres para lograr una mejor composición fotográfica.  Otra de sus máximas era contextualizar las imágenes que servían de decorado a la escena del crimen, y prefería tomar una fotografía lejana que permitiera observar el entorno antes que un primer plano de un cuerpo ensangrentado.

“Desde medianoche hasta la una, escuchaba todas las llamadas que hacían sobre mirones en las azoteas y en las escaleras de incendios de las habitaciones de enfermeras. De una a dos, los que se resistían a dejar los últimos delicatessen abiertos. De dos a tres, accidentes de coche e incendios. A las cuatro cerraban los bares y los chicos estaban achispados por las bebidas. Los camareros gritaban ‘estamos cerrando’, pero los clientes se negaban a salir… Los chicos de azul los escoltaban hasta la salida y luego entraban ellos para tomar algunas copas a oscuras en los cuartos de atrás. Después, de cuatro a cinco, venían las llamadas por robos y rotura de escaparates”, solía explicar Weegee cuando alguien le preguntaba cómo transcurría su jornada laboral. También alardeaba sobre la importancia de sus retratos: “Aunque figure entre los enemigos públicos número uno de la lista del FBI, ningún malhechor alcanza su consagración hasta que yo lo haya fotografiado”.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

De Nueva York a Hollywood

Durante la década de los cuarenta su prestigio creció. En 1941, la Photo League de Nueva York organizó su primera exposición bajo el título Murder is my business, y en el 43 el MOMA adquiere cinco fotografías suyas para la muestra Action Photography. En 1945, publica su primer libro, Naked City, al que sigue un año después Weegee’s People. A finales de 1948 se muda a Hollywood, donde Naked City se convierte en una película y produce su primer documental, Weegee’s New York. Fruto de su estancia en la cuna del cine es el libro Naked Hollywood. A finales de los 50 Weegee es ya un afamado artista que recorre el mundo dando conferencias. Murió en Nueva York en 1968.

La obra de Weegee, donada por su viuda al ICP de Nueva York, se encuentra en la colección de numerosos museos de todo el mundo y ha servido de inspiración a artistas como Diane Arbus, Andy Wharhol o Stanley Kubrick. No solo incluye escenas de sucesos, sino también instantáneas que atestiguan el modo de vida de los habitantes de la Gran Manzana en actividades de asueto: en el cine, en el teatro o en bares y todo tipo de locales, muchos de ellos marginales. También el cine se ha sentido atraído por sus imágenes y su vida; Howard Franklin dirigió en 1992 El Ojo Público, una película basada en su personaje protagonizada por Joe Pesci.

Una mirada muy personal

En tiempos en los que en el mundo de la prensa aún se valoraba la primicia y la exclusiva, Weegee logró sorprender infinidad de veces con sus fotografías descarnadas tomadas segundos después de haber ocurrido el suceso. Sus imágenes, directas, sorprendentes y con una mirada muy personal, captaron momentos dramáticos de los neoyorquinos. Para rebajar su descarnado realismo, solía trabajar en el laboratorio con una iluminación lateral que él mismo llamó “estilo Rembrandt”.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Fotografía de Weegee en el MuVIM. ©weegee-caravan.

Bel Carrasco

¿Existe una mirada femenina?

Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM
Sala de la Muralla
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 15 de junio

“Se ha escrito mucho sobre la ‘mirada masculina’ que cosifica a las mujeres, pero nos preguntamos si existe la ‘mirada femenina”, se interroga Barbara Rose, crítica de arte norteamericana. Suya ha sido la elección de las 31 fotógrafas de la colección del IVAM cuyas 95 imágenes se hallan expuestas en la Sala la Muralla del museo valenciano. La pregunta que se formula Rose es la misma que durante las últimas décadas se han venido haciendo teóricas reputadas del movimiento feminista como Laura Mulvey, Teresa de Lauretis o Luce Irigaray.

Detalle de una fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM.

Detalle de una fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM.

Y la respuesta no es siempre la misma, porque depende del punto de vista que las propias feministas adopten. Las más radicales dicen que sí, que por supuesto, que cuando una mujer se pone detrás de una cámara deja de tomar a la mujer por objeto, para rescatarla de la jaula en la que el hombre la encierra. Las más moderadas dicen que da lo mismo, porque en el fondo lo que cuenta es la subjetividad más allá de encorsetamientos ideológicos o de género. Si el arte, dirían estas últimas, lo es porque trasciende el tiempo y alcanza las capas más profundas del ser humano, rompiendo identidades monolíticas, entonces no puede haber más que una mirada: la del hombre o la mujer desprejuiciados.

Fotografía de Cristina Lucas. Imagen cortesía del IVAM.

Fotografía de Cristina Lucas. Imagen cortesía del IVAM.

En todo caso, de existir esa mirada femenina, Barbara Rose la entiende “basada en una capacidad para enfatizar y comunicar las sutilezas de la intimidad y la emoción que tradicionalmente se han asociado con la capacidad de la mujer para mirar en las profundidades más que en las superficies de las cosas”. Menos mal que Rose introduce el latiguillo de “tradicionalmente”, porque volvemos a incurrir en tópicos de los que precisamente pretenden huir las feministas a la hora de ir a la caza y captura de esa supuesta mirada de mujer.

Fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM

Fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM

Lo mejor, en cualquier caso, es acudir directamente a las imágenes de esas Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM, que hasta el 15 de junio permanecerán en el museo valenciano. Hay, por supuesto, de todo, pero tomando al azar una de esas fotografías, por ejemplo la de Cindy Sherman, Untitled Film Still nº 15 (1978), en la que se ve a una atractiva mujer mirando por la ventana, el debate sobre la supuesta mirada femenina se recrudecería. Y si tomamos una imagen más actual, por ejemplo la de Cristina Lucas, The last will of Anne Sexton (2005), en la que aparece una mujer de riguroso negro y de espaldas en el interior de un descapotable rojo, vemos que no hay manera de despejar la confusión en torno a tan espinosa pregunta.

Fotografía de Laurie Simmons en 'Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM'.

Fotografía de Laurie Simmons en ‘Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM’.

Y bien, entonces ¿existe o no una mirada femenina? Por supuesto, ahí está, en las 95 imágenes de esas 31 fotógrafas que, con todo el derecho del mundo, han tomado su cámara y se han puesto a reflejar su punto de vista de cuanto les rodea. Y lo que ven, he ahí la pluralidad de contenidos, concierne tanto a la mujer que mira como a la mujer mirada, unas veces adoptando el mismo rol pasivo que se le atribuye cuando es un hombre el fotógrafo, y en otras ocasiones revelando cierta sorpresa, malestar o incredulidad por el hecho de ser mujer encerrada en el estrecho marco de una realidad violentada.

Fotografía de Grete Stern en 'Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM'.

Fotografía de Grete Stern en ‘Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM’.

La exposición, desde el punto de vista técnico, se divide en secciones: El ojo documental, desde Dorothea Lange a Tina Modotti, pasando por Diane Arbus, Lisette Model o Marta Sentís; Mujeres mitológicas, con especial atención a la serie de sueños de Grete Stern, sin olvidar las contribuciones de Cindy Sherman, Ouka Leele, Cristina Lucas, Cristina García Rodero, Carmen Calvo, Eva Lootz o Rita Martorell; Arquitecturas, con Cristina Iglesias, Concha Pérez o Chus García Fraile, y Mujeres mirando mujeres, donde se incluyen imágenes de Claude Cahun, Ariane López-Huici, Vanessa Pastor, Eva Blanch Vallhonrat o Laurie Simmons. Un total de 95 fotografías, tan dispares entre sí, que obligan a pensar acerca de esa supuesta mirada femenina en clave negativa. Todo lo más, como señala Barbara Rose, podría llegar a decirse sucintamente que “esta selección muestra una gran pluralidad con diferentes miradas y técnicas”. Tantas como mujeres fotógrafas hay en esa rica colección del IVAM.

Fotografía de Cindy Sherman en la exposición 'Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM'.

Fotografía de Cindy Sherman en la exposición ‘Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM’.

Salva Torres