El cuerpo y la materia en Pedro Hernández

La Véritè du Corps, de Pedro Hernández
Pictograma Llibreria d’Imatge – Sala d’Art
Plaça de la Muralla Liberal, 1. Castellón
Hasta el 15 de julio de 2016

Proyección de diaporamas de su trabajo seguida de charla con el propio artista
Foto Club Montepio del Puerto
Calle de la Reina, 5 bajo. Valencia
Viernes 24 de junio de 2016, a las 19.30h

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Hay en las fotografías de Pedro Hernández una necesidad de tocar lo real. De sentir el cuerpo como si fuera “la materia de la que están hechos los sueños”, según lo expresó Shakespeare.

Esa mezcla de corporeidad, materia y ensoñación atraviesa la serie de imágenes que el autor ha reunido bajo el elocuente título de ‘La verdad del cuerpo’. Una verdad enigmática, por cuanto se nutre a partes iguales de esa aspereza de lo real que en sus fotografías se revela mediante paredes, fachadas, cielos y mares, y el evanescente cuerpo desnudo.

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Superpuesta la materia y el cuerpo, la obra de Pedro Hernández deviene táctil y vaporosa. Como si al querer tocar esa materia y esos cuerpos fundidos entre sí, la imagen, al igual que le ocurriera a Narciso, fuera las profundas aguas del sueño.

Que polvo somos y en polvo nos convertiremos ya lo dice el Génesis. Pedro Hernández se limita a revelarnos esa cruda verdad con su talento fotográfico. Materia, cuerpo, ensoñación: he ahí la santísima trinidad de su trabajo. Entre lo real y el sueño caben múltiples imágenes, todas ellas, por obra y gracia del artista de El Cabanyal (Valencia), residente en Marsella, reflejo de nuestra frágil condición humana.

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández. Cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Pedro Hernández. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Heroínas del cáncer

Fotografías de Belén Caballero
Centro Cívico del Puerto de Sagunto
Jardines del Antiguo Sanatorio s/n. Sagunto (Valencia)
Hasta finales de junio, 2015

Desde el éxito de la película Las chicas del calendario es muy común que algún colectivo de hombres o mujeres opte por desnudarse total o parcialmente por una buena causa. Las 21 mujeres que posan en esta ocasión no lo hacen en un calendario sino en una muestra de la fotógrafa Belén Caballero que se expone este mes en el Centro Cívico del Puerto de Sagunto.

Son mujeres de distintas edades y lugares, unidas por un nexo común, han superado un cáncer de mama y retomado las riendas de su vida. Prestando voluntariamente su imagen, sin complejos ni tapujos, animan a las personas y familias afectadas transmitiendo un mensaje de esperanza. La muestra reúne 21 fotografías en gran formato; 70 X 70 centímetros y dos de 70 X 2 metros. Es uno de los actos programados por Amucanma, asociación dedicada al acompañamiento y apoyo de personas afectadas por el cáncer de mama y a sus cuidadores, con motivo de  su segundo aniversario.

Pilar Rico, en un retrato de Belén Caballero. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Rico, en un retrato de Belén Caballero. Imagen cortesía de la autora.

Las organizadoras animan a visitar la muestra fotográfica, pues “van a encontrar cómo la alegría, la amistad, y en general todo lo tremendamente vital, tiene cabida incluso durante los meses o años en los que se convive con el cáncer”, aseguran. “Es una exposición para compartir sentimientos, para compartir experiencias y para crecer todos como personas”. En resumen un proyecto con alma que celebra el triunfo de la vida y las ganas de luchar contra la adversidad para conservarla.

“Las sesiones de fotos con estas mujeres fue una experiencia muy intensa y emocionante, porque se crean relaciones muy íntimas”, dice Caballero. “Pude comprobar que todas son mujeres muy valientes que se han enriquecido y fortalecido superando una difícil prueba como es el cáncer”.

María Jesús Merlos, fotografiada por Belén Caballero. Imagen cortesía de la autora.

María Jesús Merlos, fotografiada por Belén Caballero. Imagen cortesía de la autora.

“Una etapa más”

Isabel Galdón, una de las modelos y fundadora de Amucanma, reconoce que “superar un cáncer exige un esfuerzo titánico, pero también puede vivirse como una etapa más en la vida, con ilusión por renacer, por sentirse otra vez bella y atractiva”. Durante esta lucha a muerte se desarrolla una mirada introspectiva, la búsqueda de uno mismo. “Después de tanto esfuerzo, y cuando el cáncer ha desaparecido, estamos agotadas, pero entonces comienza el resurgimiento, y esta fase es muy gratificante”, apunta Galdón.

La doctora Elvira Buch, cirujana de la Unidad de Mama del Hospital de Sagunto, sugirió a Galdón que crease una asociación para las mujeres afectadas de cáncer de mama y sin dudarlo se puso manos a la obra. Junto a su amiga Kety Simón Gurumeta, fundó la Asociación de Mujeres de Cáncer de Mamá, Amucanma,  presentada en las XIII Jornadas sobre esta enfermedad, celebradas en el Hospital de Sagunto en mayo de 2013. Ese mismo día se apuntaron muchas mujeres y, posteriormente, se incorporaron también hombres. El 5 de junio tuvo lugar la primera junta general, de la que salió la directiva y un buen número de voluntarias para empezar a poner en marcha un proyecto lleno de ilusión.

Begoña Parras, en un retrato de Belén Caballero. Imagen cortesía de la autora.

Begoña Parras, en un retrato de Belén Caballero. Imagen cortesía de la autora.

Belén Caballero abrió su estudio a principios de los noventa en la localidad valenciana de Sagunto y desde entonces compagina su actividad de fotógrafo con la docencia del lenguaje fotográfico. Con el tiempo se ha convertido en referente de la fotografía de retrato en el ámbito de lo Social en España y en el resto de Europa.

Ha dirigido cursos y ponencias, y recibido numerosos galardones en prestigiosos concursos internacionales. Es Maestro Fotógrafo de la Federación Española de Profesionales de la Fotografía y de la Imagen, y Medalla de oro de la Confederación Española de Fotografía. Veintisiete obras suyas han destacado en los distintos certámenes de calificaciones de la Federación Española de Profesionales de la Fotografía y de la Imagen de las cuales 21  forman parte de la colección de honor de la Federación Española.

Encarna, retratada por Belén Caballero. Imagen cortesía de la autora.

Encarna, retratada por Belén Caballero. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Pedro Hernández, cuerpo a cuerpo

Sens / Sex. ¡El cuerpo la arma!, de Pedro Hernández
Espacio 40
C / Puerto Rico, 40. Valencia
Inauguración: sábado 23 de mayo, a las 20.00h
Hasta el 11 de julio de 2015

Espacio 40 inaugura el sábado 23 de mayo la exposición de fotografía ‘Sens/Sex: ¡El cuerpo la arma!’ del artista Pedro Hernández, nacido en el Cabanyal pero con residencia en Marsella. Se trata de un conjunto de imágenes que, conviene advertir, pueden herir la sensibilidad del público. Un público acostumbrado a ver las imágenes más descarnadas en televisión, pero que luego puede llegar a escandalizarse al contemplar otras más carnales y artísticas.

Fotografía de Pedro Hernández en 'Sens / Sex'. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández en ‘Sens / Sex’. Espacio 40.

Lo que propone Pedro Hernández con ese conjunto de fotografías en torno al desnudo franco y sin concesiones, es atrapar la mirada del espectador y zarandearla mediante un cuerpo a cuerpo a veces envuelto en sombras y otras abrasado por el goce. Hay primeros planos de sexo púbico e impúdico, de senos, de culos. Cuerpos femeninos osados, entregados al placer de una mirada que hurga en ciertos relieves y oquedades para adentrarse en los misterios de la naturaleza arrebatada.

Fotografías de Pedro Hernández en 'Sens / Sex'. Espacio 40.

Fotografías de Pedro Hernández en ‘Sens / Sex’. Espacio 40.

Los desnudos de Pedro Hernández, que hasta el 11 de julio permanecerán expuestos en Espacio 40, se ocultan en la intimidad de las cuatro paredes, al tiempo que se ofrecen transgresores mostrando su poder evocador. Y lo que evocan tiene mucho que ver con la pasión allí donde ésta nos confronta con los límites que impone la cultura en pugna con lo animal. Por muy  cruda que parezca la visión de esos cuerpos, lo cierto es que Pedro Hernández los cocina mediante cuidadosos encuadres y un primoroso trabajo del blanco y negro.

Fotografías de Pedro Hernández en 'Sens / Sex'. Espacio 40.

Fotografías de Pedro Hernández en ‘Sens / Sex’. Espacio 40.

Espacio 40 se adelanta al caluroso verano con esta encendida exposición. Está permitido asomarse a su interior, pero dado el peligro que se corre en medio de tanta llama corporal, conviene protegerse con el cortafuegos de una mirada atenta y desprejuiciada. Cuando el cuerpo la arma, mejor tener a mano el arte con el que aplacar la violencia a la cual esa pasión nos convoca. ¡Pasen y vean ese cuerpo a cuerpo al que nos convocan los desnudos de Pedro Hernández!

Fotografía de Pedro Hernández del cartel de la exposición 'Sens / Sex. ¡El cuerpo la arma!'. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández del cartel de la exposición ‘Sens / Sex. ¡El cuerpo la arma!’. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández en la exposición 'Sens Sex. ¡El cuerpo la arma!'. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández en la exposición ‘Sens Sex. ¡El cuerpo la arma!’. Espacio 40.

 

Arte cubano en Kir Royal y la UPV

La Tercera Orilla: Arte Cubano Contemporáneo
Kir Royal Gallery
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Sala Josep Renau de la Facultad de Bellas Artes de Valencia
Universitat Politècnica de València (UPV)
Hasta el 29 de marzo, 2015

Hay sexo, a veces bien explícito (Los Carpinteros). Y hay, siguiendo ese mismo rastro, cuerpos desnudos asaeteados (Carlos Martiel, Lázaro Navarrete). Por ese mismo lado, conexiones con cierta violencia (José Bedia). También hay críticas, más o menos veladas, a la identidad (Glauber Ballestero), a la sociedad del camuflaje y la mascarada (Wilber Aguilera), a las fronteras (Guibert Rosales) al tiempo dilapidado (Glenda León). Hablamos del mejor arte cubano que acaba de desembarcar en Valencia de la mano de Kir Royal Gallery y la Facultad de Bellas Artes de la UPV.

Obra de Carlos Martiel en la exposición 'La tercera orilla'.

Obra de Carlos Martiel en la exposición ‘La tercera orilla’. Kir Royal Gallery.

Un total de 14 artistas mostrando su particular visión del mundo, a la espera de que la isla caribeña abra definitivamente sus puertas. Con todo, el arte cubano está aquí, en ‘La tercera orilla’ a la que alude el título de la exposición. Una tercera orilla que empieza en el propio lugar de origen (‘revolución o muerte, valga la redundancia’), pasa por Estados Unidos o México y desemboca en España. “En Cuba no existe mercado interno del arte, lo cual nos obliga a sacarlo fuera”, explicó Rafael Acosta de Arriba, que participó en una mesa redonda sobre arte cubano en la UPV, al tiempo que presentaba en Valencia su libro ‘La seducción de la mirada’.

Instalación de Glenda León en la exposición 'La tercera orilla'. Sala Josep Renau de la Facultad de Bellas Artes de Valencia.

Instalación de Glenda León en la exposición ‘La tercera orilla’. Sala Josep Renau de la Facultad de Bellas Artes de Valencia.

Un arte cubano representado por artistas de distintas generaciones, que abarca creaciones de las tres últimas décadas. Creadores que mediante la pintura, fotografía, escultura, instalación y video, viajan “con comodidad desde la estética del arraigo a la estética nómada”. Estéticas que siembran Kir Royal y la sala Josep Renau de Bellas Artes de “lo real maravilloso”, término de Alejo Carpentier utilizado por Guibert Rosales, comisario junto a Eleonora Battiston y Ricardo Forriols de ‘La tercera orilla’.

Obra de José Bedia en la exposición 'La tercera orilla'. Kir Royal Gallery.

Obra de José Bedia en la exposición ‘La tercera orilla’. Kir Royal Gallery.

Lo real, pues, y lo maravilloso desplegado en dos espacios, porque uno resultaba insuficiente para mostrar algunas de las propuestas. Por ejemplo, las de Glenda León (que acaba de inaugurar en Matadero de Madrid) y Lázaro Navarrete. La primera, por su reloj de arena que se amontona como metáfora de cierto tiempo desaprovechado. El segundo, por su tributo de gran medida al hombre suspendido y mortificado por múltiples pinchos. Pero si alguien reúne lo real y lo maravilloso, como resumen de ‘La tercera orilla’ es el colectivo Los Carpinteros, con sendos videos.

Obra de Carlos Quintana en la exposición 'La tercera orilla'.

Obra de Carlos Quintana en la exposición ‘La tercera orilla’.

‘Pellejo’, proyectado en Kir Royal, da cuenta de lo real del cuerpo, de su materia, en plena combustión sexual. Dagoberto Rodríguez que, junto a Marco Castillo, representa a Los Carpinteros, explicó que no era un “video porno”, por mucho que la explícita sexualidad así lo diera a entender. ‘Polaris’, exhibido en la sala Josep Renau, aborda todo lo contrario: el esfuerzo agónico de un hombre por subir tres tumbadoras hasta la cima de una gran montaña nevada, para gozar finalmente con su percusión.

El actual entramado de las artes visuales cubanas se halla magníficamente representado en todos ellos: Aguilera, Ballestero, Bedia, Martiel, Navarrete, además de Alexis Esquivel, René Francisco, Eduardo Ponjuán o Carlos Quintana. Todos ellos apropiándose de forma “indiscriminada de otras poéticas, todo ello mezclado, copulando y en interacción”, tal y como apunta Acosta. De ahí que haya algún ‘Venado guerrero’, algún que otro ‘Cuervo’, sangrientas ‘Simientes’ o gente ‘Por las ramas’, radiografiando ese arte cubano que se debate entre lo siniestro y lo maravilloso poético. Una oportunidad única para ver de cerca la Cuba que algunos idolatran y otros simplemente aguardan que abra definitivamente sus puertas. Sueños y pesadillas en Kir Royal y la UPV.

Obra de Lázaro Navarrete en la UPV.

Obra de Lázaro Navarrete en la exposición ‘La tercera orilla’. Sala Josep Renau de la Facultad de Bellas Artes de Valencia.

Salva Torres

La mujer salvaje, en Bluebell Coffee

La mujer salvaje, por Araski
Bluebell Coffee co.
C/ Buenos Aires, 3. Valencia
Inauguración: sábado 17 de enero, a las 20.00h

“Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros sentimientos. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin duda cuatro patas”, señala Clarissa Pikola Estés.

Los arquetipos son prototipos que ordenan la psiquis en imágenes arquetípicas que sólo se pueden reconocer por los efectos que producen. La mujer salvaje es el alma femenina, es el origen de lo femenino. Ella es el Yo instintivo intrínseco en cada mujer. Se trata de una mujer completa, con ganas de vivir plenamente su feminidad con convicción.

El nombre del proyecto lleva intrínseco el origen del mismo. “Mujer” y “Salvaje” son dos palabras que llaman a la puerta de la profunda psique femenina. Significa utilizar unas palabras que dan lugar a la abertura de lo femenino.

Nastassja Kinski en 'El beso de la pantera' (Cat People, 1982), de Paul Schrader.

Nastassja Kinski en ‘El beso de la pantera’ (Cat People, 1982), de Paul Schrader.

“Cualquiera que sea la cultura que haya influido en una mujer, ésta comprende intuitivamente las palabras mujer y salvaje”, subraya Pikola Estés.

La representación de la mujer salvaje se vincula directamente con el retrato de estas mujeres como forma de representación. Para ello se utiliza el desnudo como forma de destapar su Yo instintivo y los elementos de la naturaleza las pone en contacto con el Yo salvaje del que están tan desvinculadas. En definitiva, se trata de mostrar la naturaleza salvaje con una identidad propia e integridad.

Este es un proyecto muy personal que intenta proyectarse a un nivel más colectivo. El objetivo del proyecto es mostrar de una manera artística el arquetipo de ‘La Mujer Salvaje’ que tanto me ha ayudado a mí y que creo que puede ayudar a muchas mujeres. Se centra en el género femenino como base de la creación de una “nueva” manera de hacer y construir las cosas. Una manera muy merecedora de nuestra atención, pero sobre todo, olvidada y desvalorizada durante muchas generaciones.

Simone Simon en 'La mujer pantera', de Jacques Tourneur.

Simone Simon en ‘La mujer pantera’ (1942), de Jacques Tourneur.

“La identidad de las mujeres es el punto clave. Definiendo ésta como el conjunto de características sociales, corporales y subjetivas que las caracterizan de manera real y simbólica de acuerdo con la experiencia de la vida en sociedad. Perspectiva ideológica a partir de la cual, cada mujer tiene conciencia de sí y del mundo, de los límites de su persona y de los límites de su conocimiento, de su sabiduría y de los confines de su universo”, postula Marcela Lagard en ‘Identidad femenina’.

La exposición intenta hacer una mínima representación de este arquetipo, teniendo como nexo de unión el hecho de ser mujeres salvajes, reales, naturales y diferentes, desligadas de cualquier estereotipo impuesto por la sociedad. Teniendo como objetivo principal el dar a conocer este arquetipo como manera profunda de conexión con el instinto de la psique femenina y motivar a las mujeres a sentirlo sin miedo.

“La Mujer Salvaje como arquetipo, a fin de comprenderla, captarla y aprovechar lo que ella nos ofrece, debemos interesarnos más por los pensamientos, los sentimientos y los esfuerzos que fortalecen a las mujeres y debemos tener en cuenta los factores interiores y culturales que las debilitan”, concluye Pikola Estés.

Imagen de la exposición La mujer salvaje, de Araski, en Labelle Coffee.

Imagen de la exposición La mujer salvaje, de Araski, en Bluebelle Coffee.

Araski

Tomislav Gotovac en Espaivisor

Total Gotovac de Tomislav Gotovac
En Galería espaivisor
c/  Carrasquer, 2. Valencia.
Hasta el 21 de Marzo de 2014.

Nacido en 1937 en Sombor (Reino de Yugoslavia, hoy en Serbia), murió en 2010 Zagreb, Croacia. Tomislav Gotovac fue un cineasta, fotógrafo, artista visual y performer. Estudió en la Facultad de Arquitectura de Zagreb (1955-1956) y se inscribió en el programa de dirección de cine en la Academia de Artes Escénicas en Belgrado en 1967. Se graduó en 1976.

Desde principios de la década de 1960 introdujo los temas sociales en su trabajo los cuales aborda de manera crítica, usando un lenguaje contemporáneo con una actitud radical. Este director de cine estructuralista y accionista no creía en la política, que consideraba muerta, pero sí en el arte como vehículo para el cambio. Caminó desnudo por diversos espacios públicos en un intento de provocar a un estado construido sobre la docilidad de las masas, afirmando su diferencia entre la dura línea de la conformidad social. Ridiculizó todos los puestos de poder y “a todos los que sirven al poder, independientemente de los sistemas políticos y sociales”.

Tomislav Gotovac en una de sus performances.

Tomislav Gotovac en su performance, “¡Te quiero!”

Junto con sus acciones, Gotovac hizo películas experimentales y, en 1964, inauguró la edad dorada del cine underground yugoslavo con tres de sus obras. Gotovac mostró un temprano interés en el cine viendo películas clásicas en los cines del Zagreb. A mediados de los años 1950 asistió a proyecciones y reuniones en el Kino-klub de Zagreb (Cine-club de Zagreb), donde conoció a algunos de sus futuros colaboradores. Su artística carrera comenzó en el 1960 con una serie de fotografías (Cabezas 1960), seguidas pronto con otras fotografías relacionadas con su cuerpo como tema principal (la exposición “Elle”, en 1962, “respirando el aire”, 1962; “Manos”, 1964; “Posando”, 1964; “Cabezas de 1970”, 1970). Realizó su primera película experimental en 1962 (La muerte). Además para un documental experimental hizo películas como “La mañana de un fauno” (1963) y la trilogía de la línea recta (Stevens-Duke), “El Jinete Azul” (Godard Art) y “Círculo” (Yutkevich-Count), todas hechas en 1964. Recibió por ello varios premios en los festivales cinematográficos.

Además de trabajar en la fotografía y el cine, Gotovac hizo numerosos collages en 1964 y 1965, inspirados en la obra de Kurt Schwitters. Hizo su primera performance “Nuestro Happening” en Zagreb en 1967. En la mayoría de los casos, sus acciones provocadoras no fueron anunciadas, como el “Streaking” realizado delante de una gran multitud de personas en 1971, cuando corrió desnudo por la calle en Belgrado, Zagreb, o con ¡Te quiero! caminando desnudo y dando besos al asfalto en el centro de Zagreb en 1981.

Él es el autor del primer happening en Yugoslavia (Zagreb, 1967) y el primer “Streaking”(Belgrado, 1971), además de hacer diversas series fotográficas que presentó como secuencias de películas o como documentos de sus performances, como por ejemplo, la exposición “Elle” (1962), “las manos” (1964), o “Streaking” (1971), donde Gotovac corrió desnudo a través de la calle Sremska de Belgrado. Gotovac recrea la performance diez años después en “Ilica”, (la calle principal de Zagreb) en su actuación titulada Zagreb, te amo (corriendo desnudo, besando el asfalto). La performance sorprendió al público de a pie de Zagreb. Se resta pues importancia a la recuperación de su obra dentro de la narrativa de Historia del arte nacional croata y los clichés habituales de los subrepresentados disidentes que lucharon por la libertad de expresión artística en los tiempos oscuros de la represión comunista, tal y como cuenta en la historia de las lecturas estándard de “El cuerpo en el socialismo “. La selección de sus obras intenta acentuar procedimientos específicos, cuya estricta disciplina y posesividad analítica, a menudo traspasen en exceso y transgresión, para reforzar una vez más principal la organización sistémica que subyace a ellas, manteniendo su autonomía como la última responsabilidad para el sistema auto-inventado y perfeccionado cuya lógica de hierro gobierne la vida y arte de Gotovac.

A mediados de los años 1980, Gotovac realiza varias performances vestido con diferentes trajes, como el de Superman, barrendero, deshollinador, momia o Santa Claus. Pasó muchos años haciendo performances en distintos espacios públicos, basándose en el body art, cuyo propósito era sorprender y escandalizar al ciudadano medio, con un contenido provocativo. La excepcional popularidad de Gotovac o la fama de su “cuerpo retórico” se basa en las representaciones fotográficas que realiza en su práctica artística accesible para el público en general. El culto estatus de Gotovac se basaba en una creatividad y persistencia existencial con la identificación del arte y (su propia) vida, en la consideración de la creatividad como una extensión de la existencia del artista y la anticipación del arte en las mitologías individuales a través de (su propia) realización de la absoluta singularidad y la inadaptación de la personalidad del artista. Por estas razones el carisma de sus obras fue inconmensurable, -especialmente cuando se refieren a la relación entre el arte y política- y sus performances antológicas.

En 1984 se proclamó “Paranoia View Art” como una serie de actividades tales como performances y exposiciones de documentos. Durante toda su carrera artística Gotovac utilizó en distintas ocasiones su propio cuerpo como sujeto, mostrando distintos cambios físicos sin esconderse. Un ejemplo de ello es “Mister Foxy” (2002), donde recrea las mismas poses que hizo una modelo en una revista porno. En 2005, cambió su nombre por el de Antonio Gotovac Lauer como un acto de homenaje a su madre Elizabeta Lauer.

Gotovac es visto hoy en día como un artista cuyas innovaciones tuvieron una gran influencia en generación posterior de artistas plásticos, cineastas y artistas en general. Su culto estatus se basa en una persistencia creativa y existencial que identifica su arte y su propia vida. Sus obras han sido expuestas tanto en Croacia como en el extranjero. Entre las exposiciones y proyecciones mas recientes están las exposiciones individuales hechas en la Galeria Frank Elbaz, en París; en el estudio Edward Krasinski, en Varsovia (2012), y en la 54 ª Biennale di Venezia. La presentación croata realizada en 2011; Moderna galerija, Ljubljana (2009) y numerosas muestras colectivas: como formas biográficas. Entre estas encontramos la construcción de la persona Mitológica realizada en el Museo Reina Sofía, Madrid (2013-14); La Libertad de sonido: John Cage detrás de la Cortina de Hierro en el Ludwig Muzeum, Budapest; la exposición de hombres desnudos a partir de 1800 hasta la actualidad en el Leopold Museum, Viena; El hombre desnudo, en museos como el Lentos Kunstmusem, Linz, Ludwig Muzeum de Budapest o el Zagreb kinoklub. También ha realizado performances como, “la acción y la película” en el Centre Pompidou, Cinema 2, París y en Yugoslavia. Ha presentado cine experimental como en el Anthology Film Archive, en Nueva York; Ecologías de la Imagen/una sexta parte de la Tierra. Ecologías de la imagen -MUSAC- Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, León (2012); Museu de les narrativas Paral-leles / Museo de paralel Naratives-MACBA-, Barcelona; El socialismo y la Modernidad: Arte, Cultura y Política 1950-1974 en el Museo de Arte contemporáneo, Zagreb (2011); Promesas del pasado. Una historia discontinua del arte en la Europa del Este en el Centro Pompidou de París, de máscaras en el Bregenz, Magazin4 Bregenzer Kunstverein (2010);  o la exposición “Gender Check Feminidad y masculinidad en el arte de la Europa del Este” en el Museo Moderner Kunst de Viena (2009).

Tomislav Gotovac en una de sus performances.

Tomislav Gotovac en una de sus performances.

Adsuara, el mayor coleccionista de cuerpos

El cuerpo de la fotografía
Colección de Alberto Adsuara

No hay otra igual. No, al menos, de imágenes sobre el cuerpo y el desnudo contemporáneos. Alberto Adsuara posee tan inigualable colección de más de medio millar de fotografías, realizadas por autores prestigiosos y grandes fotógrafos, tras años de intenso intercambio, búsqueda y captura. La colección destaca no sólo por su cantidad, sino por lo que el propio Adsuara considera primordial: “El conjunto posee una alta calidad debido a la excelencia de las imágenes seleccionadas”. Por eso junto a autores de la talla de Toni Catany, Sally Mann, Alexis Edwards o Isabel Muñoz, figuran otros que por su sobresaliente trabajo profesional rayan a igual altura: Pedro Hernández, Paco Moltó, Joaquín Collado, JAM Montoya, Miguel de Miguel, Juan Manuel Castro Prieto, Mariano Vargas o Manuel Sonseca.

Fotografía de Miguel de Miguel, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

Fotografía de Miguel de Miguel, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

La mayoría de esas fotografías que se refieren al cuerpo, en sus diversas modalidades representacionales, son fotografías analógicas en toda su amplitud. Otro hecho destacable de la colección. “Son fotos positivadas en papel químico a partir de un negativo de celuloide y, por tanto, fotografías irrepetibles”. Es decir, que no hay dos iguales y encima con la notable peculiaridad de que, como subraya Adsuara, “ya hace años que nadie copia en químico”. “Son fotos vintage que adquieren después en subastas los precios más altos”. Y pone como ejemplo las dos imágenes que tiene de Sally Mann, cuyo valor rondaría los 15.000€ cada una.

Fotografía de Isabel Muñoz, de la colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Isabel Muñoz, de la colección de Alberto Adsuara.

SIN TRADICIÓN FOTOGRÁFICA

Para denominar su colección, Adsuara ha optado por El cuerpo de la fotografía. ¿Por qué ése y no el más directo de El cuerpo en la fotografía? “Es más ambiguo el primero”, dice, para redondear la respuesta con otra pregunta: “¿La fotografía de un cuerpo se parece más un cuerpo o a otra fotografía?”. Y así, mediante ese cuerpo a cuerpo de unas fotografías con otras, es como Alberto Adsuara ha ido montando tan singular colección, apenas vista públicamente. Sólo Railowsky y una sala de Vinaroz perteneciente a la Universidad Jaume I han tenido el privilegio de una reducida exhibición.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto. Colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto. Colección de Alberto Adsuara.

“No ha habido tradición fotográfica en España, tal y como ha existido en Francia, Inglaterra o Dinamarca”, afirma quien hace tres años dejó la profesión de la fotografía “porque no daba más de sí y no quería repetir lo mismo”. De manera que su colección está a la espera de que una institución pública o privada se atreva con ella. Lo cual se antoja difícil, no sólo por los tiempos que corren, que se precipitan, sino por el terreno escasamente abonado con que cuenta Valencia. “Mientras en París había cuatro galerías por cada uno de los 16 distritos de la ciudad, aquí apenas contábamos en los 80 con Railowsky, Visor y la Sala Parpalló, hoy desaparecida como tal y en la que Artur Heras hizo un trabajo excepcional”.

Fotografía de Joaquín Collado, de la colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Joaquín Collado, de la colección de Alberto Adsuara.

CIUDAD CAINITA

De aquella tímida efervescencia fotográfica (“había cuatro salas dedicadas a la fotografía en toda España y dos estaban en Valencia”), ahora “no queda prácticamente nada”. Los directores de museos, según Adsuara, se han ido cargando el tema de la fotografía (“algunos lo han incluso reconocido”). De hecho, la bienal Fotográfica Valencia, que se celebró de 2006 a 2010, no ha tenido continuidad y, cuando la tuvo, tampoco llegó a contar con el suficiente calado, proyección y cuerpo que, precisamente, tiene la colección de Adsuara. “Somos una ciudad cainita”, remacha.

Fotografía de Toni Catany, de la colección de Alberto Adsuara.

Fotografía de Toni Catany, de la colección de Alberto Adsuara.

Mientras tanto, ahí está la estupenda serie de Paco Moltó sobre El Balnerario de Las Arenas, la de Joaquín Collado sobre el barrio chino de Valencia, el autorretrato de Isabel Muñoz, el “increíble” Alexis Edwards, los desnudos siniestros de JAM Montoya, el “menos habitual desnudo” de Castro Prieto, la carnalidad de Pedro Hernández o el excelente trabajo de Toni Catany. Todos ellos esperando algún día ver la luz pública a través de una colección que Adsuara completa, aunque “en tono menor”, con una serie sobre el paisaje y el entorno. Medio millar de fotografías con el cuerpo como protagonista. Una sorprendente historia del ojo en imágenes que cautivan por su alta calidad, su rareza y el misterio de su privacidad.

Fotografía de Alexis Edwards, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

Fotografía de Alexis Edwards, de la colección de Alberto Adsuara. Imagen cortesía de Alberto Adsuara.

Salva Torres

Los cuerpos siniestros de Barroso

Moments Maniacs. Antonio Barroso.
La Lisa Arte Contemporáneo
C / Collado Pina, 10. Albacete
Inauguración: 3 de mayo
Hasta el 14 de junio

Dice Jean-Luc Nancy, citado por el comisario Fernando Castro, que “tocar la interrupción del sentido” es lo que, “por mi parte, me interesa del asunto del cuerpo”. Y dice bien. Al menos en lo que se refiere a la exposición de Antonio Barroso, que la galería La Lisa Arte Contemporáneo acoge hasta el 14 de junio. Interrupción del sentido: eso es lo que reflejan los retratos y figuras, literalmente plastificadas, que Barroso muestra en la sala albaceteña.

Castro ha seguido el rastro de esa interrupción para hablar de “función del velo” acerca del conjunto expositivo. Y, además de citar a Nancy, también se refiere al Freud de Mas allá del principio del placer. Otra cita ajustada a lo que la muestra concita. Porque es sin duda del goce, en tanto pulsión de muerte, lo que  aflora en esos cuerpos plastificados y un tanto mortificados de Barroso. O, por seguir la estela freudiana, la revelación del cuerpo en tanto cuerpo siniestro.

Y como lo siniestro el padre del psicoanálisis lo asoció a lo familiar, lo más íntimo y cercano, que, de pronto, se vuelve extraño, nada más natural que trasladar ese enunciado a las figuras y retratos de Antonio Barroso. Ahí, en esos cuerpos fotografiados como si fueran mortajas o diana de punzantes sensaciones, se ubica lo siniestro freudiano que el artista valenciano parece hacer leit motiv de su obra.

Antonio Barroso. La Lisa Arte Contemporáneo

Antonio Barroso. La Lisa Arte Contemporáneo

Fernando Castro, quizás más pudoroso, levanta un velo para fijar su meditación en el enmascaramiento de esos modelos, en ocasiones forrados “literalmente de plástico adhesivo”. Pero el Más allá del principio del placer va más allá de ese velo; que es, sin duda, el lugar al que apunta Barroso. Un lugar siniestro por cuanto la “interrupción del sentido” lo provoca, lo reclama, hurgando en la oscuridad del cuerpo lacerado, mortificado, “preparado para escuchar lo inaudito”, precisa Castro.

El velo y lo inaudito no terminan de cuadrar en la obra de Antonio Barroso, porque lo que el velo vendría a tapar es precisamente la voz estentórea, radical, de lo que debiendo permanecer oculto se revela, por seguir a Rilke. En todo caso, Barroso no vela nada, sino que utiliza el velo como anunciación del cuerpo siniestro. Un cuerpo tocado por la “interrupción del sentido”, en tanto ningún horizonte simbólico parece aguardarle. Nada que pueda hacerse cargo de eso real, amenazante, que en la obra de Antonio Barroso se manifiesta como destino inexorable de esa carnalidad lacerada.

Salva Torres