Miedos Cruzados. Ángeles Corella y Victoria Santesmases

Miedos cruzados. Ángeles Corella y Victoria Santesmases
Galería Alba Cabrera
C/Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 10 de noviembre 2018

Las paredes de la Galería Alba Cabrera generan un gran abanico de emociones encontradas, desde el terror más absoluto hasta una sensación de libertad privada y ganada. La visión vibrante de Victoria Santesmases y Ángeles Corella, en torno a una temática de rabiosa actualidad, como la violencia machista, concuerda a la perfección con las bases rompedoras de la galería.

Miedos Cruzados pertenece a la extensa trayectoria creativa de Santesmases, donde aúna artes plásticas y su labor como docente. Gracias a su capacidad traductora de vivencias, usando el arte como vehículo, obtuvo la medalla al mérito cultural de Castilla La Mancha el pasado día 8 de octubre de 2018.

Sin embargo, toda prosa necesita un verso que refuerce el mensaje. Con este fin, la escritora Ángeles Corella compuso una serie de poemas donde plasma la quinta esencia del trabajo plástico. Evocadores y a su vez reflexivos, cargando contra consciencias acomodadas, lanzando el guante a una sociedad falta de lucha y hermanamiento.

‘Miedo a morir, miedo de seguir viviendo.
Miedo del miedo’

La obra expuesta creada a partir de verso y prosa, como la vida misma, juega con rojos vibrantes sobre fondos blancos, espirales blancas, e interacciones directas con el visitante. La inteligente utilización de la perspectiva genera diferentes gamas cromáticas a partir de un mismo blanco mate.

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrero. 'Grafías del dolor', selección de Miedos Cruzados

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrera. ‘Grafías del dolor’, selección de Miedos Cruzados

Para alcanzar este punto catártico destaca el empleo de diferentes materiales, desde hilo rojo cosiendo heridas imaginadas y clavadas, hasta papel de distintos gramajes simulando el relieve de la piel. Esta elección aporta un carácter más humano y cercano, recreando obras tridimensionales, que implican la sensibilidad y consciencia social usando la voz femenina, anónima, como narrador de una historia próxima a todos.

‘Parí un deseo y luego otro, otro y uno más.
Según iban naciendo los dejaba en el camino
Cuando me miro, sólo veo una cicatriz cosiéndome la cara’

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrero. Obra titulada Camino de espinas, se compone a partir de pintura sobre plexiglás y la incorporación de varillas.

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrera. Obra titulada Camino de espinas, se compone a partir de pintura sobre plexiglás y la incorporación de varillas.

La violencia machista siempre estuvo presente en el plano artístico, bien como modelo o como ejecutora. El arte rupestre presenta estudios apoyando una discriminación al papel femenino en la sociedad, relegando su función a actividades meramente familiares. Esta reflexión invita a buscar en los grandes yacimientos representaciones femeninas, para darnos cuenta que serán los hombres quienes pueblan paredes y plaquetas en su mayoría.

El movimiento renacentista presenta como paradigma una nueva consciencia antropocentrista, un despertar a la reflexión. Sin embargo, seguimos encontrando  representaciones que destacan esta situación de infravaloración  femenina como ocurre en Susanna ei  vecchioni de Artemisa Gentileschi, o El rapto de las Sabinas, raptadas y violadas como afrenta a los Sabinos.

Imagen: Cortesía Galería Alba Cabrero. Obra recogida en el   magnífico libro-artista que se integra en la colección. Por Ángeles Corella.

Imagen: Cortesía Galería Alba Cabrera. Obra recogida en el magnífico libro-artista que se integra en la colección.  Construido por Ángeles Corella.

Pero no debemos remontarnos cientos de años, en el siglo XX destaca la gran revolución femenina, donde las artistas obtuvieron su sitio en la historia del arte no sin tener que luchar día a día. Es el caso de Nan Goldin o Louise Bourgeois, quienes expusieron la problemática machista sin tapujos. De nuevo la violencia sigue siendo un tema recurrente en sus representaciones.

Podríamos creer que, a día de hoy, las obras que muestran escenas de supremacía machista resultan trilladas y vinculadas al pasado, incluso casposas. Sin embargo, no tenemos más que recurrir a Miedos Cruzados y a la necesidad de recordar que estamos aquí, que siguen muriendo mujeres a manos de quienes eligen amarlas libremente, que siguen teniendo un papel de segunda en la sociedad, que siguen siendo objeto de burla y discriminación. Y surgen varias preguntas evidentes: ¿si desde los primeros tiempos existe esta desigualdad, será algo inherente al ser humano? ¿Estamos predestinadas a ser personal de segunda? ¿La unión de dos cromosomas al azar tiene el poder de dictar nuestro estatus social?

Realmente no existe una respuesta que calme todas las consciencias, pero lo que sí queda patente es la responsabilidad que tenemos como sociedad, para que las generaciones venideras se apoyen en los ejemplos mencionados exclusivamente para defender el gran recorrido andado, y no para tener que seguir escribiendo crónicas de muertes anunciadas.

Imagen: Cortesía de Galería Alba Cabrero. Detalle  la portada. Grafías del dolor. Pintura y papel cortado

Imagen: Cortesía de Galería Alba Cabrera. Detalle la portada. Grafías del dolor. Pintura y papel cortado.

Victoria Herrera Lluch

L’esperit català de Antoni Tàpies

L’esperit català, de Antoni Tàpies
Obra invitada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 30 de junio de 2014

Hay cuadros que descansan en sí mismos, como organismos que viven de su propia existencia, son inabarcables, inagotables, interrogantes que contienen respuestas que abren otros interrogantes. Obras que al concentrarse en sí mismas y ser su propia referencia, se destacan con un valor absoluto. Esta condición estética excluye toda función que no sea la artística, renunciando por tanto a ser panfleto político, ensayo social o mensaje moral.

Otros cuadros sirven como instrumento, como medio para conseguir otros fines que se sitúan fuera del campo artístico. Tienen por tanto un valor relativo en el sentido de que su valor está relacionado con el fin que se persigue. El centro de gravedad deja de estar en su interior para saltar fuera y convertirse así el cuadro en médium que obedece a voces extrañas a lo puramente estético. La consecuencia es que el mensaje, ese sentido ajeno a lo artístico en cuanto tal, acaba reclamando toda la atención y convirtiendo al cuadro en mera comparsa.

L'esperit català, de Antoni Tàpies. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

L’esperit català, de Antoni Tàpies. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao presenta como obra invitada este año la de Antoni Tàpies L’esperit català. Lo acompañan otras dos obras más: Gran Oval (1955) y Signe i matèria (1961). Estas pertenecen a la primera categoría que acabamos de señalar; la invitada pertenece a la última.

Creada en 1971 este cuadro de gran formato, pintado con polvo de mármol, óleo y pigmentos, dibuja cuatro barras rojas sobre un fondo amarillo oscuro. Es un gran cartel, un grafiti formado con palabras como Llibertat, Democracia, Veritat o Cultura entre otras muchas componiendo un manifiesto donde se destaca sobre todas ellas la de Catalunya como símbolo y síntesis de ese mensaje. Palabras que comparten el mismo espacio que esas huellas rojas como arañazos de los que tal vez pudieron apenas escribirlas. Agonizante el largo período franquista, disipándose como negro humo, van apareciendo debajo las señales de lo que había estado antes y estaría de nuevo, como ese ojo que mira como si no hubiera sido cerrado nunca, o esa boca abierta congelada en una voz que quiere volver a oírse con más fuerza que cuando fue callada.

Este cuadro quiere ser al mismo tiempo pancarta reivindicativa, el testimonio anónimo de un pueblo formado por esas huellas y esas palabras cuyo valor, por cierto, no está en ellas sino en quien se atreve a realizarlas.

A esto nos obliga el cuadro, a saltar fuera de él y desentrañar quizás el valor de palabras como verdad o libertad, una mera abstracción mientras no haya personas que sepan pensar por sí mismas. Este cuadro muestra las marcas dejadas por un pueblo que, para bien o para mal, siempre será la extensión de lo que cada uno es, y que se revela en la relación con uno mismo, con los demás y con todas las cosas. Palabras arañadas en ese muro que quiere denunciar la situación de autoridad y obediencia de un pasado que al basarse en una imposición, mutiló su derecho a comprender lo que puede ser la libertad, un reto que sigue vigente en nuestras relaciones.

En definitiva, un cuadro que atravesado por esa fuga a la denuncia social y política, proclama tal vez sin quererlo que lejos de esa genuina individualidad que materializa la libertad, no puede haber democracia, no puede haber cultura, y la verdad o el arte son sólo un cuento.

L'esperit català, de Antoni Tàpies. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

L’esperit català, de Antoni Tàpies. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres