Un MuVIM para comérselo

Quique Dacosta. Paisajes Transformados
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 29 de noviembre

Como apuntó Paco Molina, director de MuVIM, “la gente se extraña de que no haya recetas”. Y no las hay en la exposición Quique Dacosta. Paisajes Transformados, porque el universo del cocinero asentado en Denia (Alicante) va más allá del escueto corolario de ingredientes con los que preparar un plato de comida. Es un universo repleto de olores, sabores, texturas y formas que trascienden la simple deglución de alimentos para alcanzar la categoría de arte. Por eso está en el MuVIM hasta el 29 de noviembre, después de que haya sido prorrogada un mes su exhibición que tenía previsto concluir el 27 de septiembre.

Quique Dacosta en su exposición. Fotografía de Raquel Abulaila, cortesía del MuVIM.

Quique Dacosta en su exposición. Fotografía de Raquel Abulaila, cortesía del MuVIM.

Algunos dirán que se exagera metiendo en un museo la gastronomía. Pero la sociedad del bienestar, en su punto álgido, hace ya tiempo que viene considerando el acto de comer una cuestión estética. De manera que una vez superada la subsistencia, en aquellos lugares que tienen tamaña suerte, se busca alcanzar la plétora de los sentidos por vía no sólo oral, sino también visual, táctil e incluso auditiva. De todo ello se hace cargo la exposición de Quique Dacosta mediante paneles explicativos, escenografías, videos, fotografías de Sergio Coimbra y reproducciones de algunos platos.

El proceso creativo del famoso cocinero se enmarca en tres paisajes relacionados con su singular actividad culinaria: el Montgó, la Marjal de Pego y el Mediterráneo. Del primero derivan una infinidad de aromas; del segundo, su inigualable arroz, y del tercero, la gamba roja como uno de sus productos estrella. Tres grandes fotografías, medio estáticas medio dinámicas, alusivas a esos tres espacios de referencia reciben al visitante nada más acceder a la exposición. Luego, una especie de túnel ideado a modo de ‘Tránsito espiral’, va mostrando ese proceso creativo ligado a territorios transformados en estados de ánimo.

Fotografía de Quique Dacosta en la exposición del MuVIM.

Fotografía de Quique Dacosta en la exposición del MuVIM.

Quique Dacosta lo recordó el día de la inauguración: “Con el lenguaje de la cocina cuento mi vida y mis recuerdos”. En lugar de utilizar los platos, que también, el chef valenciano se sirve de las paredes del túnel construido en el interior del MuVIM, para desplegar toda esa imaginación culinaria que le ha valido el título de doctor honoris causa en Bellas Ares, amén de sus tres estrellas Michelín por el restaurante que posee en Denia.

Comisariada por Beatriz García, de QB Arquitectos, en colaboración con el Estudio 2E+1L, Quique Dacosta. Paisajes Transformados es una exposición recreativa del alto valor alcanzado en los últimos años por la gastronomía en manos de cocineros artistas. Aquí no es que esté señalado como peyorativo lo de comer con los ojos, sino que es condición indispensable para adentrarse en el universo creativo de Quique Dacosta. Basta para ello detenerse en la reproducción de platos como Salmonetes azafrán Mark Rothko, Cuba libre de foie, Ostra Guggenheim o La gamba [roja de Denia], para entenderlo. También las 43 fotografías de Coimbra ayudan, y de qué forma, a consumir por la vista el universo de formas, colores, sabores y olores de Dacosta. La gastronomía convertida definitivamente en un nuevo espectáculo.

Fotografía de uno de los platos de Quique Dacosta en la exposición del MuVIM.

Fotografía de Sergio Coimbra de uno de los platos de Quique Dacosta en la exposición del MuVIM.

Salva Torres

El surco es el alma del vinilo

Libro: El surco es el alma del vinilo
Autor: Rafael Orihuel
Ediciones oblicuas
Presentación: For Amur
c/ Foramur, 3, Denia (Alicante)
Viernes 20 de febrero a partir de las 19’30 horas

vinilo - makma

Una nueva obra de Rafael Orihuel, nacido en Gandía y residente actualmente en Tarragona, surca (nunca mejor dicho) el mundillo de nuestras letras. Para quien no conozca al autor de “El surco es el alma del vinilo” se trata de un escritor más especializado en relatos cortos con premios obtenidos por “El país de la lencería”, “Los nombres de Juana”, “Et in Arcadia ego”, “De una prenda íntima hallada en el patio de un convento” o en la colección de relatos  “De la duración del amor”.

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Rafael Orihuel – Autor del libro «El surco es el alma del vinilo»

Este nuevo libro fue presentado por primera vez el pasado 30 de enero en “El galliner de L’Antiquari” de Tarragona y es el próximo 20 de Febrero la fecha escogida para mostrarse en la Comunidad Valenciana. Y qué mejor lugar para ello que ese entrañable y estupendísimo lugar llamado For Amur, en pleno corazón de Denia (Alicante).

foto interior for amur . makma

Fotografía interior For amur – Denia – Lugar de presentación.

La recomendable obra que nos ocupa es una colección de relatos relacionados con el mundo de la música, algo así como un particular tributo al entorno de ese mundillo y que a través de sus personajes hace especial hincapié en lo que rodea a ese objeto de culto que es el vinilo discográfico.

Portada "El surco es el alma del vinilo" de Rafael Orihuel.

Portada «El surco es el alma del vinilo» de Rafael Orihuel.

Los Kinks, Beatles, Dylan, Easybeats, Pink Floyd, Jefferson Starship, David Bowie, Rolling Stones, Beach Boys, Neutral Milk Hotel, Velvet Underground,… son algunos motivos de esta obra para sentirse atraídos, al menos, todos aquellos que somos perpetuamente amantes del mundo del rock. Se halla disponible tanto en librerías tradicionales como también la versión E-book (formato epub) en las principales librerías on-line. Véanse los siguientes enlaces de Amazon, Casa del Libro o El Corte Inglés.

JJ Mestre

El juguete en Alicante: un siglo de historia

Presentación de la revista Canelobre: Joguets. La historia del juguete en Alicante
Exposición de juguetes antiguos
Casa Bardín. Calle San Fernando, 44. (Alicante)
Inauguración: 17 de diciembre de 2013 a las 19,45 horas
Hasta el 23 de febrero de 2014

El departamento de Revistas del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, organismo de la Diputación de Alicante, presenta un nuevo número del monográfico Canelobre dedicado al juguete en la provincia de Alicante. Se trata de un extenso recorrido por su historia de la mano de José Ramón Valero Escandell, doctor en Geografía e Historia y autor de numerosos libros dedicados a esta industria, y Alfonso Payá, perteneciente a una de las sagas jugueteras más importantes de la provincia. Este Canelobre contará con interesantes aportaciones de estudiosos sobre esta materia que nos introducirán en este particular mundo y nos llevarán a cada uno de los museos alicantinos especializados en el juguete: Ibi y el juguete de lata, Dénia y la madera, y la muñeca en Onil. Además, estudia el proceso histórico, el progreso industrial y analiza el mundo del juguete desde los más diversos aspectos: la memoria, la innovación tecnológica, la función de la publicidad, el valor educativo o el testimonio de antiguos protagonistas. Por último, tres coleccionistas contarán su experiencia atesorando piezas y juguetes de gran valor sentimental.

Uno de los juguetes de la exposición. Imagen cortesía de la Casa Bardín

Uno de los juguetes de la exposición. Imagen cortesía de la Casa Bardín

En el Consejo de Revistas del IAC surgió la idea de acompañar la presentación de este número 62 de Canelobre de una exposición del juguete antiguo formada por fondos de la familia Payá, entre ellos una espectacular maqueta de tren de 1930 que ocupa 18 metros cuadrados, y aportaciones del Museo Valenciano del Juguete de Ibi, Museo de las Muñecas de Onil y el Museo del Juguete de Dénia; en total más de doscientas piezas que abarcan el período desde finales del siglo XIX hasta los años ochenta. Además, contaremos con la cesión de la casa de muñecas propiedad de la familia Bono Guardiola, réplica de la Casa Bardín de principios del siglo XX. La muestra se prolongará durante dos meses en las instalaciones de la Casa Bardín, coincidiendo además con el periodo navideño durante el cual, tiene previsto abrir sus puertas también los fines de semana.

Uno de los juguetes de la exposición. Imagen cortesía de

Uno de los juguetes de la exposición. Imagen cortesía de la Casa Bardín

Afeites y envoltorios, la vida según Barroso

Flash Moments, de Antonio Barroso
Centre d’Art l’Estació
C/ Calderón, 2. Denia (Alicante)
Inauguración: viernes 4 de octubre, a las 20.00h
Hasta el 3 de noviembre

Hardcore, de Antonio Barroso, es una serie fotográfica. Y es también una galería sobresaltos cotidianos. Cuando nos miramos al espejo adoptamos nuestro mejor perfil, o aquello que creemos que es nuestro mejor perfil. Hacemos ademanes, estiramos esta o aquella arruga, nos aplicamos cremas y ponemos nuestra mirada más seductora. Si alguien nos viera en ese instante, probablemente pareceríamos ridículos, incluso patéticos. Pero no: llevamos siglos, que digo siglos: llevamos milenios acicalándonos, maquillándonos, restaurándonos para que el resultado responda a los cánones cambiantes de la belleza. Lo que no sabemos es si aquello que nos parece deseable es lo que los demás ven como apetecible. Lo que no sabemos es si la cara es efectivamente rostro con máscara, si es una segunda piel. Antonio Barroso parte de este supuesto, de esta percepción. No hay cara sin afeite, no hay efigie sin envoltorio.

Hemos definido lo corriente según ciertos cánones y, por ello, todo lo que se aparta del código previsto nos choca, nos sorprende, incluso nos desagrada. Hardcore es un repertorio de hermosuras alteradas, efigies lindas y previsibles que han sufrido una metamorfosis (afeite o envoltorio), algún tipo de mutación. Es también un conjunto de pesadillas reales, bien reales en las que conviven monstruos que aspiran a la normalidad y la belleza. El monstruo de Frankenstein, en la novela homónima de Mary W. Shelly, aspiraba a lo mismo: a tener un aspecto aceptable (¿aceptable para quién?) y a tener compañera. Lo monstruoso es lo que nos perturba, aquello a lo que no nos habituamos. Antonio Barroso lo sabe bien: sabe perturbarnos. Ese hecho puede provocar en los espectadores algún malestar, acostumbrados como estamos a lo obvio, al oleaje y a la determinación de la corriente.

A no ser gregarios se aprende. Para curarnos de toda tentación normalizadora hay que repudiar la homogeneidad étnica o la identidad firme, hay que aceptar que el extraño no es sólo aquel que desde fuera me inquieta con su particularidad, sino también ese lado oscuro que me constituye, que mantengo en secreto y que me incomoda.

En las fotos de Antonio Barroso, una demografía abundante, hallamos desnudos modificados, cuerpos ceñidos con plásticos, con cordeles, con máscaras, con medias: envoltorios y afeites. Sin medias tintas: están atados, amarrados, empapelados. En las instantáneas de Barroso hay animales que conviven con individuos anónimos, individuos que comparten la vida o la muerte con cabezas de animales seccionadas. ¿Acaso son escenas de bestialismo?  ¿Acaso son meras mascotas?

Fotografía de Antonio Barroso.

Fotografía de Antonio Barroso.

Ignoramos todo de la pose, del antes y del después. Sencillamente vemos episodios y forman híbridos inquietantes. Son como retratos nuestros a los que se les hubiera cambiado levemente el rostro, la envoltura, el cuerpo. Son, sí, retratos de gentes que sufren alguna perturbación, de individuos con la efigie trastornada: como si al retratado se le hubiera forzado, obligado, violentado. Así vivimos, con un entorno que nos hostiga, con una colectividad que se nos impone hasta desfigurarnos. Si la sociedad nos desfigura, nos cambia las formas, ¿por qué no vamos a transformarnos nosotros mismos? La filosofía de Transformer (1972), de Lou Reed, era exactamente ésa. Como dijo un reportero del Rolling Stone, el personaje de la portada, profundamente maquillado y alterado, era algo así como “an effeeminate Frankenstein monster in whiteface with baleful blackened eyes”.

Barroso emprende algo semejante: crear monstruos de viejas resonancias con ecos actuales. En realidad, esas imágenes son calcos de nuestro interior, estados del alma: malestares aquietados, aceptados resignadamente. O quizá son reproducciones de nuestro perfil, de nuestra imagen pública. Así es como nos ven, no como nos vemos nosotros. Hay una sensualidad sadomasoquista más o menos velada y hay un dolor y un placer que no tienen nada de perversos. Cada uno de nosotros arrastra su pena o exhibe su dicha, pero el resultado bestial acaba siendo perfectamente corriente, llevadero. El resultado bestial: nos miramos y sin duda observamos algo extraño y común, horroroso y corriente.

¿Qué creíamos? ¿Que el cuerpo es apolíneo o dionisíaco, que reproduce formas equilibradas o desmesuradas? No hay tal disyuntiva: en cada uno de nosotros anida un tipo inquietante, extravagante; en cada uno de nosotros hay un individuo normal, gregario. El salvaje y el civilizado, el primitivo y el socializado. Los plásticos que ciñen son la vestidura del cuerpo salvaje: no tapan exactamente; dejan ver. Los cordeles que rodean son el aparejo del cuerpo desnudo: no atan exactamente; son ornamento y afeite, un artificio que los primitivos también usaron. Las máscaras son rostros sin mohín… Algunos retratados nos miran, sabiéndose captados por el objetivo, retando humildemente al espectador; algunos otros tienen los ojos velados, como si de muertos se tratara.

No somos quienes somos todo el tiempo. No mantenemos la figura ni la apostura en todo momento. A poco que nos descuidemos, dejamos ver al ser aterido, desnudo, enlodado que hay en cada uno de nosotros. Lo que sucede es que ese ser primitivo aparece sólo con recursos culturales, con artificios, ya digo. Incluso en su desnudez, la intervención del artista los inviste de significado. Algo semejante nos sucede en la vida corriente: no hay gran hacedor ni sumo pontífice que nos garanticen la vida eterna; hay individuos que viven y mueren solos, que se las ventilan como pueden. Y que ventilan sus interioridades: no es carne corrupta, sino humanos aún vivos.

Antonio Barroso nos ha hecho radiografías, diagnósticos, exámenes periciales: sin duda le debemos esta tarea forense. Yo miro a esos congéneres y me conmuevo. Soy tan feo como ellos. O soy tan egregio como aquel otro. No hay paz que me salve. Cada vez que me mire al espejo encontraré a un ser ceñido, acicalado, aterido. No puedo más, no me soporto más: las imágenes de los otros me salvan de mí mismo.

Fotografía de Antonio Barroso. Flash moments, en el Centre d'Art l'Estació de Denia.

Fotografía de Antonio Barroso. Flash moments, en el Centre d’Art l’Estació de Denia.

Justo Serna