El paisaje como enigma

Constelaciones de un todo infinito
Comisariado: Juan Luis Toboso
Artistas: Pepa López Poquet, David Ferrando y Vicente Tirado
Centre del Carme
C / Museo, 2. València
Hasta el 18 de febrero de 2018

¿Cómo nos posicionamos frente al paisaje? ¿Cómo analizamos y documentamos las capacidades sensoriales de la naturaleza? Estas son algunas de las preguntas que el comisario Juan Luis Toboso se hace en la exposición Constelaciones de un todo infinito. Para ello, reúne en el Centre del Carme la obra de los artistas Pepa López Poquet, David Ferrando y Vicente Tirado, cuyos proyectos giran en torno al enigma de ese paisaje una vez capturado mediante la imagen. O como plantea Toboso, “en qué modo la tecnología ha condicionado la percepción de algunos aspectos sensoriales del paisaje”.

El propio título de la muestra arroja algunas respuestas. Porque ese todo infinito, sin duda abrumador, termina siendo configurado por ciertas constelaciones que orientan la mirada. Constelaciones que López Poquet, Ferrando y Tirado dibujan cada cual a su modo, ya sea inspirándose en la obra literaria ‘La invención de Morel’, de Bioy Casares, en las relaciones entre la naturaleza y su domesticación tecnológica, o en un viaje en crucero, respectivamente. Diferentes formas de manifestar la diferencia entre lo real del infinito aludido y su representación.

Instalación de Pepa López Poquet. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Pepa López Poquet. Imagen cortesía del Centre del Carme.

“Una persona o un animal o una cosa, es, ante mis aparatos, como la estación que emite el concierto que ustedes oyen en la radio”, recoge Bioy Casares en su novela. Y Pepa López Poquet se hace eco del carácter especular de la imagen, tratando de retener la materialidad de lo representado mediante el propio artificio. Así, muestra los dispositivos de proyección e incluso el propio negativo fotográfico, dispuesto en diferentes tiras que cuelgan, para revelar el carácter artificial de las imágenes. El paisaje, difuminado por efecto de la tecnología y atrapado por el fantasma que recorre las páginas de la novela, aparece velado y abierto a las múltiples interpretaciones que angustian al protagonista del texto narrativo.

La idea de infinito, asociado en cierta forma al drama de no hallar sentido a las cosas (“sentí repudio, casi asco, por esa gente y su incansable actividad repetida”, se dice en la citada novela), atraviesa ese cuestionamiento de la imagen. “Este infinito, cuyo significado sobrepasaría de forma permanente los intentos de acotar, definir y colonizar el paisaje, nos cautiva por la existencia de una idea de totalidad inabarcable”, explica Toboso. De ahí, los discursos en bucle que David Ferrando incluye en su instalación Prótesis discursiva (Una conversación alquímica).

Obra de David Ferrando. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Obra de David Ferrando. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Un grupo heterogéneo de personas, desde abogados a economistas pasando por geólogos y filósofos, van dando cuenta de sus reflexiones en diferentes altavoces. Ferrando contrapone esta profusión de mensajes con las imágenes que se suceden en una pantalla, donde diversos aparatos domésticos se mezclan con objetos artísticos y elementos naturales. Se pretende cuestionar “la percepción de la naturaleza y la cultura como realidades estancas”. Las constelaciones aludidas en el título no dejan de ser intentos de organizar el caos del infinito mediante su representación.

Obra de Vicente Tirado. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Obra de Vicente Tirado. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vicente Tirado utiliza la fotografía para reflexionar igualmente sobre el paisaje como fuente de inabarcable mirada y su necesidad de acotamiento. Que el nombre del crucero, desde donde fueron captadas las imágenes de su obra, sea ‘Fantasía’ ofrece alguna pista. A un lado, dos jóvenes aparecen risueñas mientras corren por su cubierta. Y, del otro, una serie de fotografías reflejan la superficie espumosa del mar en primeros planos tomados en picado. Sus aguas muestran el enigma del paisaje, al tiempo que las jóvenes, despreocupadas de lo que la fuerza del mar puede llegar a desencadenar, ríen dando la espalda a esa naturaleza.

Constelaciones de un todo infinito forma parte del proyecto ‘Reinventar lo posible / Imaginar lo imaginable’ de una de las convocatorias lanzadas por el Centre del Carme. El paisaje, cuya presencia en el arte viene de lejos, es protagonista de una exposición que articula tres espacios diferentes ligados por el enigma que representa la imagen de la naturaleza. Pepa López Poquet, David Ferrando y Vicente Tirado conversan con ella dejando huella de su fantasmal presencia.

Obra de Vicente Tirado. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Obra de Vicente Tirado. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

Déjà vu, imágenes que resuenan

Déjà vu. Relecturas y discronías visuales
Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado
Universitat Politècnica de València UPV
Hasta el 15 de julio de 2014

Somos y no somos, decía Heráclito, para referirse al río en el que jamás entramos dos veces por igual. Esa misma extrañeza es la que nos provocan ciertas imágenes que juraríamos haber visto antes, sin saber dónde ni cómo ni por qué. Lo cierto es que algo resuena en nuestro interior, por evocación de alguna vivencia pasada en forma de imagen que retorna, y no terminamos de localizar la fuente exacta que nos suscita ese temblor presente. Desubicados, zarandeados por el déjà vu (lo ya visto) que genera esa impresión, dudamos siquiera por un instante del ser al que Hamlet interrogaba en su famoso monólogo.

Fotografía de Alberto Adsuara en la exposición 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Edificio del Rectorado de la UPV.

Fotografía de Alberto Adsuara en la exposición ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Edificio del Rectorado de la UPV.

Déjà vu. Relecturas y discronías visuales agrupa un buen puñado de imágenes con la sana intención de provocar en el espectador esa extraña sensación de lo ya visto y, sin embargo, misteriosamente percibido de nuevo. Ya sea el bravío mar de Alberto Adsuara, la reconocible Ophelia de Marta Blasco, los innumerables rostros femeninos de Javier Gayet, los ventiladores de Irene Pérez Hernández o las Naturalezas muertas de Vanessa Colareta. Todo se muestra idéntico a como lo reconocemos, en tanto elementos de cierta serie de imágenes, para reflejar enseguida esa otra cara extraña del mismo río en el que jamás nos bañamos dos veces.

Serie fotográfica de Javier Gayet en 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Serie fotográfica de Javier Gayet en ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Que las obras mostradas, todas ellas de reciente adquisición por el Fons d’Art i Patrimoni de la Universitat Politècnica de València (UPV), no se hallen ubicadas en ninguna de sus dependencias públicas y, por tanto, exhibidas por vez primera, le agrega extrañeza al déjà vu propuesto por el comisario David Pérez. Extrañeza que tiene que ver tanto con las imágenes que recuerdan otras imágenes similares, como con aquellas otras cuya puesta en escena ha sido pensada para provocar ese efecto de rara percepción. Tal es el caso de las fotografías de Greta Alfaro, cuya mesa repleta de cálidos alimentos contrasta con el nevado paisaje donde se inserta, para observar después otra (¿la misma?) mesa ya devastada en un paisaje agreste.

Obra de David Ferrando en la muestra 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Edificio del Rectorado de la UPV.

Obra de David Ferrando en la muestra ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Edificio del Rectorado de la UPV.

En el fondo, valga la redundancia por aquello del fondo artístico del que proceden las imágenes, diríase que Déjà vu. Relecturas y discronías visuales alienta cierta desazón motivada por esa interrogación del ser desubicado. Cristina Middel lo acusa en sus fotografías con la representación de dos mujeres asustadas, quién sabe si temerosas de un pasado que amenaza con regresar violentamente o sintiendo miedo por un futuro que inquietantemente se abre. Como se abre el campo por culpa de un supuesto meteorito que David Ferrando muestra como metáfora del engaño. Si la naturaleza no miente, los hombres sí, parece decirnos el artista.

Instalación de Patricia Gómez y María Jesús González en 'Déjà vu. Relecturas y discronías visuales'. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Instalación de Patricia Gómez y María Jesús González en ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la UPV.

Álex Francés abre un agujero en esa misma naturaleza para mostrarnos en su interior el cuerpo desnudo de un hombre, éste sí extrañamente carnal, frente al ficticio meteorito de Ferrando. Francisco Sebastián cierra el círculo de esa naturaleza, en su mayoría protagonizada por la muerte, con su bosque gris. La relación de ciertos objetos en un hierático espacio interior, obra de Nuria Fuster, y la piel “extraída” de un solar del barrio del Cabanyal en Valencia y luego “estampada” a modo de pieza escultórica, de Patricia Gómez y María Jesús González, configuran dos muestras más de ese espíritu enigmático que provoca el retorno de algunas imágenes. La pieza sonora de Nacarid López, realizada a partir de la resonancia del entorno escultórico de la UPV, no hace más que agregar misterio al déjà vu propuesto.

Fotografía de Greta Alfaro en la exposición 'Déjà vu'. Sala de Exposiciones del Rectorado de la Universitat Politécnica de València.

Fotografía de Greta Alfaro en la exposición ‘Déjà vu. Relecturas y discronías visuales’. Sala de Exposiciones del Edificio del Rectorado de la Universitat Politécnica de València.

Salva Torres