Cuando hay verdad

¿De qué nos reímos en Europa?
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Agosto de 2019

En estos últimos años de bulimia cultural con fondo anoréxico aparecen, de vez en cuando, eventos culturales que redimen a la Instituciones Programadoras de su estulticia ideologizada y cansina.

Nada asegura que un proyecto cultural vaya a funcionar, pero lo que ha quedado claro es que todo depende generalmente del personaje que se lo inventa, de sus conocimientos y de su capacidad de trabajo. Podría parecer esta afirmación una perogrullada innecesaria, y casi lo sería si no fuera porque resulta del todo necesario reivindicar los proyectos realizados por verdaderos expertos. 

Cabe la pregunta, ¿qué sería un verdadero experto? Pues aquel que no sólo está bien informado. Y también aquel cuya independencia “natural” le ha mantenido lejos de los poderes fácticos, o al menos a la distancia justa. Un estudioso, un ratón de biblioteca, un apasionado, un conocedor y un trabajador impenitente. De alguna forma y a su manera (la de cada cual) un sabio que aleja de sus conocimientos toda esa deriva “revolucionaria” que, paradójicamente demandan las Instituciones. Todo lo contrario, pues, a un “intelectual orgánico”, por naturaleza mediocre. Si no directamente incompetente.

Una de las veladas de cine en el Centre del Carme. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Cuando se dan estas cualidades a un experto sólo le queda explosionar. Cosa que hará sólo y exclusivamente cuando alguien se lo permita con una simple contratación basada en la confianza. Acaba de pasar aquí, en Valencia. El Centro Cultural del Carmen ha contratado a Dani Gascó para hacer un ciclo de cine en los claustros del Museo. 

La propuesta ha sido -y es- excelente debido a una doble imprevisibilidad: 1. la contratación de un experto de verdad, Dani Gascó, que no era previsible en un mundo tan burocratizado e ideologizado como el valenciano (decir cultura valenciana podría ser un perfecto oxímoron), y 2. la extraña y excelente selección de películas que el propio Dani Gascó se ha encargado en ocasiones de traducir y subtitular -en un empeño generoso y atrevido. Un recorrido por la comedia europea desde el punto de vista de un conocedor independiente. Y conviene insistir en esto último.

Así, la propuesta de Dani en el Carmen ha sido posible cuando ciertos planetas se han alineado de una forma en la que no suelen hacerlo y el resultado, casi azaroso por ello, ha sido un evento cultural valenciano del todo original, culto y popular, ameno y culturizante, imprevisible y por ello necesario. Espero que en ediciones venideras no me valencianicen al bueno de Dani y lo dejen así, independiente y ciudadano del mundo. Dicen que las comparaciones son odiosas. No es exacto: son buenas, al menos, cuando el dinero público está por en medio.

Fotograma de ‘La vida de bohemia’, de Aki Kaurismaki, dentro del ciclo ‘¿De qué nos reímos en Europa?’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Alberto Adsuara

En primera persona

Capturar, de Fernando Merinero
Estreno en cines
Marzo de 2017

Jean-Luc Godard afirmaba que el cine era la verdad 24 fotogramas por segundo. Una célebre boutade que contradecía la actriz protagonista de su film ‘L’amore’ (1969): “El cine es el arte de la mentira”. Un nexo paradójico de ambas sentencias nos daría una frase muy similar de otro artista eternamente joven por deconstructivo, rebelde y contestatario: “El arte es la mentira que nos ayuda a ver la verdad” (Pablo Picasso).

El nuevo viaje que nos propone Fernando Merinero nos transporta directamente al corazón de ese antagonismo. Si una primera visión de su película ‘Capturar’ puede desconcertar es, precisamente, porque ese juego constante de máscaras que caen hace imposible averiguar dónde se halla la frontera de la ficción.

Fotograma de 'Capturar', de Fernando Merinero.

Fotograma de ‘Capturar’, de Fernando Merinero.

Su argumento divaga en torno al ensayo y el error, aborda la preproducción de una película y utiliza el nombre real tanto de las actrices como el director y dedica varias alusiones directas a los dispositivos de grabación y hasta enfoca y transforma en personajes a las cámaras. En muchos momentos, ‘Capturar’ parece un documental de su propio rodaje.

El cine no ha muerto: ¡hagamos, entonces, películas vivas! Una obra muerta está pactada, cerrada, planeada de antemano. Ruedas conforme a guión; montas de acuerdo a rodaje. Una obra viva, sin embargo, es sensible a las circunstancias de su producción, parece haberse construido sobre la marcha. No oculta el boceto, el trazo, las primeras pinceladas. No sólo admite la media frase, el titubeo, el desliz, tampoco corrige esa mirada que, consciente de ser grabada, se clava en varios instantes en el objetivo la a cámara.

‘Capturar’ puede resultar perturbadora si no se acepta esa puesta en escena que reproduce el directo, o no se entiende su tono constante de comedia autoparódica que se ríe de los propios elementos que pone en juego. “Estamos aquí, ahora. Y tú nos estás viendo”. Esa primera persona del singular o plural agresiva desde la que cuenta Merinero pone en crisis la figura de un espectador que cuestiona, por momentos, la posibilidad del relato.

Cartel de la película 'Capturar', de Fernando Merinero.

Cartel de la película ‘Capturar’, de Fernando Merinero.

La narración cabalga con un montaje frenético que enlaza, casi solapa, los tres tiempos: pasado, presente y futuro. Sus planos no se unen, copulan; hasta que todo se rompe, adquiere cordura, profundidad, y la sonrisa se congela. Importante: una película que se pretenda viva, cambia de dirección; un film que no quiera ser difunto, jamás se conforma, no quiere la comodidad de encajar sus aristas en un sólo género. Y, sobre todo, nunca se agota en sí misma: sea porque carece de un verdadero final, porque tiene continuidad o por dejar abierto un debate posterior de difícil solución.

La áspera dialéctica hombre-mujer que exhibe, a ratos jocosa, la mayoría de veces absurda, no se reduce a una cuestión de género, a una mayor o menor empatía con el hombre o la mujer. Para Merinero cada desencuentro está relacionado con una puesta en imágenes que se boicotea a sí misma, que cuestiona su propio dispositivo de narración. Poco importa si lo presenciado es verdadero o falso, si caes rendido ante esa intriga o seducción que su autor activa, dentro y fuera de la pantalla, lo único relevante es que toda esa mascarada, esa mentira, está expuesta con una abrumadora verosimilitud.

Fotograma de 'Capturar'.

Fotograma de ‘Capturar’, de Fernando Merinero.

Dani Gascó

Canibaal, para voraces del arte y la literatura

Canibaal, revista de arte y literatura
Directores: Ximo Rochera, Fran Amador y Aldo Alcota
Nº 1, Sexo y Locura. 8€
De venta en quioscos y librerías

A rebufo de aquel Manifiesto Caníbal Dadá de Francis Picabia, leído en 1920, nace la revista de arte y literatura Canibaal, dirigida por Ximo Rochera, Fran Amador y Aldo Alcota, así, por riguroso orden alfabético inverso. Con la idea de ponerlo todo patas arriba, o al menos con la intención de no andar cabizbajos, han decidido sacar el primer número de la revista sin publicidad, con la imaginación por montera, poniendo (de momento) dinero de sus bolsillos y dedicando este primer ejemplar al sexo y la locura. Al sexo, es de suponer, porque parir una revista requiere de cierta pasión por el cuerpo textual y la imagen que lo acompaña, y a la locura, porque cierta demencia se hace necesaria para sacar un proyecto editorial en tiempos de virtualidad extrema.

Portada del primer número de la revista Canibaal.

Portada del primer número de la revista Canibaal.

Como el antecedente Caníbal del que maman, Rochera, Amador y Alcota se estarán preguntando por la incredulidad con que muchos habrán acogido su propuesta artístico literaria. Y, al igual que Picabia, dirán: “¿Qué hacen ustedes [ahí], hacinados como ostras serias?” Y la respuesta no se hace esperar en su primera editorial de la revista: “Hay que reventar los globos de la idiotez y la hipocresía”. Para terminar lanzando su grito de guerra: “Canibaal, la disciplina de lo asombroso. Caníbaaaaaaaaaal! Salimos al recreo. A divertirnos con las corbatas de los zombies!”

La bestia humana, de Fillol, obra citada en uno de los artículos de Canibaal.

La bestia humana, de Fillol, obra citada en uno de los artículos de Canibaal.

Para combatir esa idiotez e hipocresía que está provocando la emergencia de tanto zombie desorientado, Canibaal nos propone un menú rico en ensayos con colmillo filosófico (que arranca con El imaginario del escritor loco, de Jesús García Cívico), en entrevistas (a Nazario), en relatos (El año que perdí la inocencia, de Roser Amills, o Art Brut, del propio Ximo Rochera), en poesía (de Bruno Montané, Roberto Yáñez o Lola Pan), en cine (Bienvenido a la carne, de Dani Gascó), en un buen puñado de mordiscos en la red, y en regalos, porque este primer numero lleva en su interior una obra del artista Alfonso Renza.

Fotograma de Chroniques sexuelles dune familie daujourdhui, en el artículo de Dani Gascó para Canibaal.

Fotograma de Chroniques sexuelles dune familie daujourdhui, en el artículo de Dani Gascó para Canibaal.

Canibaal, que ya se puede comprar en quioscos y librerías al módico precio de 8€, tiene 66 páginas bien maquetadas, que arrancan con una ilustración de Aldo Alcota: Caníbal de la confusión patajazz. Un mundo caníbal para lectores con hambre voraz de arte y literatura, en medio, efectivamente, de una confusión alarmante. Quizás alentado por ella, como quien echa gasolina al fuego para acelerar el proceso de combustión interna que parece agitar nuestra, por otra parte, adormecida sociedad, la revista Canibaal inunda sus páginas de sexo y locura.

Hastiados del vacío lenguaje político y del anestesiante, pero sin duda seductor, lenguaje publicitario, el manifiesto caníbal del que se nutre la nueva revista con sede en la Calle dels Tomasos de Valencia, no viene si no a agitar esa coctelera con el fin de revelar su ausencia de contenido. A cambio, prometen palabras subversivas, incendiarias, poéticas, con las que adentrarse en lo real de una experiencia caníbal. Entren a la revista con cuchillo y tenedor, porque con las manos, por muy Canibaal que se anuncie su lectura no entenderemos nada. Debajo del humor siempre hay cierta verdad escondida. Que aproveche.

Fotograma de Shortbus para el artículo de Dani Gascó en Canibaal.

Fotograma de Shortbus para el artículo de Dani Gascó en Canibaal.

Salva Torres