Pugna entre cristianos y paganos en Sala Russafa

Los últimos paganos, de Luis Díaz Viana, bajo dirección de Magda García Arenal
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Viernes 16 y sábado 17 de noviembre de 2018, a las 20.30h

‘Los últimos paganos’, la versión teatral de la novela homónima del antropólogo y poeta Luis Díaz Viana, ganadora del premio Ciudad de Salamanca de Novela 2010, llega el 16 y 17 noviembre a la Sala Russafa de Valencia. Bajo la dirección de Magda García Arenal, ‘Guirigai’ lleva a escena el conflicto de la identidad de los pueblos a partir de una fábula teatral situada en la Hispania del siglo V. Una tragedia sobre la decadencia de una época, donde se da un combate feroz entre cristianismo y paganismo.

La versión teatral está firmada por el propio Díaz Viana y el dramaturgo Agustín Iglesias y presenta a los protagonistas, Antonio y Vetula, como dos náufragos en una villa romana resistiendo el asedio de bárbaros cristianizados. Buscan en los antiguos ritos y la ingesta de hongos el conocimiento para encontrar sentido a la destrucción y respuesta a su futuro.

Los últimos paganos. Imagen cortesía de Sala Russafa

Los últimos paganos. Imagen cortesía de Sala Russafa

El espectáculo es un viaje, unas veces lúcido y otras alucinatorio, buscando antiguas y permanentes respuestas. Una noche en medio de un “inmenso desastre” que toca temas universales como el enfrentamiento de los pueblos, el choque de religiones, donde la amistad se muestra como motor de vida.

Texto bellísimo de oscuras profecías, amor y magia. Con música de la antigua Roma reproducida por los instrumentos antiguos del grupo Synaulia, unida a fragmentos musicales  de Arvo Pärty Penderesky; una puesta en escena  contemporánea  para disfrutar de la palabra y entrar en una fábula mágica.

Los últimos paganos. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Los últimos paganos. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Un médico árabe entre cristianos

Los señores del fin del mundo, de Enrique Vaqué
Editorial Almuzara

Aparte de su mayordomo quien mejor conoce las flaquezas de un gran señor es su médico de cabecera. En virtud de su profesión los matasanos están legitimados para moverse de forma transversal en la sociedad, lo que les hace testigos de excepción. En este sentido, al igual que periodistas, policías y detectives resultan excelentes narradores de historias.

El escritor valenciano Enrique Vaqué ha optado por el punto de vista de un galeno para remontarse al pasado, cinco siglos atrás, en su segunda novela, Los señores del fin del mundo (Almuzara). Es Sidi Umar ibn Nasar, un médico árabe de la familia real nazarí inspirado en Averroes, que se codea indistintamente con cristianos y musulmanes. Quien relata retrospectivamente sus lances es su ayudante, Hasib ibn Al-Sharif, durante una cura que realiza a la reina Isabel la Católica.

Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

De esta forma, al estilo de Las mil y una noches se desgrana un apasionante relato de amor y de muerte, de ciencia y de guerra, de viajes y aventuras que lleva a los protagonistas desde Córdoba a la batalla de Olmedo, y desde allí a La Meca, a Pakistán asolado por la peste, a Constantinopla cercada por los turcos, hasta llegar a Granada a punto de caer en manos cristianas.

“Me atraía recrear esa época, mediados del siglo XV, que marca el fin de una edad y también el fin de un mundo”, dice Vaqué. “Creo hoy que estamos al final de otro mundo, del que empezó con la revolución francesa y acabó con la caída del muro de Berlín. Quería averiguar qué hacen las personas cuando la historia da un giro tan brusco. Cómo reaccionan, qué conservan y en qué cambian”.

Vaqué es químico, trabaja en una multinacional y ha invertido todo su tiempo libre estos últimos tres años en levantar un animado mosaico de la península ibérica en perpetua lucha de tronos entre los reyes castellanos, aragoneses y navarros, así como de los lugares exóticos donde transcurre la acción.

La biblioteca como trasfondo de 'Los señores del fin del mundo', de Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

La biblioteca como trasfondo de ‘Los señores del fin del mundo’, de Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

Para empaparse de la cultura islámica pasó muchas horas en el Instituto del Mundo Árabe de París, ha contado con la ayuda de José Durán y los artículos de la Revista Española de Estudios Medievales le sirvieron para retratar el convulso mundo cristiano. Además, siguió cursos de sufismo con un maestro árabe y hasta practicó esgrima en un castillo con espadas medievales. Los viajes forman parte activa del proceso de documentación.

“Los lugares que describo en la novela los conozco sólo parcialmente”, señala. “Estuve en Punjab pero no en Pakistán, Egipto o la península arábiga. Para describirlos me he basado en la imaginación y en los escritos de los viajeros árabes. Los lugares de la trama que transcurren en Europa, incluyendo Estambul, sí los he visitado”.

Los señores del fin del mundo no es una novela de médico al estilo de Noah Gordon, indica su autor, sino “un viaje al fin de una época para indagar en la naturaleza del mundo”. Pero sí da cuenta de la evolución de la medicina desde la muerte de Avicena al fin del medievo. Por entonces ya existían las operaciones de cataratas, de  oído, la ligadura de arterias para evitar el desangramiento, el hilo de seda para las suturas, el empleo del fórceps en los partos…

La cultura árabe como marco de 'Los señores del fin del mundo', de Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

La cultura árabe como marco de ‘Los señores del fin del mundo’, de Enrique Vaqué. Imagen cortesía del autor.

“Todo esto lo habían desarrollado los árabes y era común en la medicina medieval, pero en el siglo XIII el  médico valenciano Arnau de Vilanova situó a Occidente por delante”, dice Vaqué. “No descubrió la destilación de los alcoholes pero sí su poder antiséptico. También es un teórico práctico de la dosificación  de los fármacos basados  en las propiedades medicinales de las plantas. Ya las  habían puesto los antiguos de manifiesto pero  los monjes las  sistematizaron en sus herbolarios”.

Tras su inmersión por el mundo islámico Vaqué ha reflexionado a fondo en los motivos por los cuales una civilización tan refinada dejó en un momento de evolucionar para, en ciertos aspectos, quedar anclada en la Edad Media.

“Hay un momento clave en la historia del Islam, a finales del siglo XII, cuando el influyente teólogo persa Al-Ghazali escribe La incoherencia de los  filósofos, en la que declara que éstos no pueden dar explicaciones racionales para las cuestiones metafísicas, con lo que desacredita a la filosofía y al pensamiento crítico en general. Aunque el gran Averroes intentó refutarlo, no tuvo éxito porque llegaron los almorávides y los censuraron a los dos. En esta misma época se desarrolla la secta de los asesinos que cometen crímenes políticos por el procedimiento de la autoinmolación. O sea, el terrorismo. Mi impresión es que todo esto supuso un punto de inflexión para una de las civilizaciones más brillantes de la humanidad”, concluye Vaqué.

Cubierta de 'Los señores del fin del mundo', de Enrique Vaqué. Editorial Almuzara.

Cubierta de ‘Los señores del fin del mundo’, de Enrique Vaqué. Editorial Almuzara.

Bel Carrasco

Circles, sobre héroes y tumbas

Circles (Krugovi), de Srdan Golubovic
Sección Oficial de Largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove
Del 21 al 28 de junio

Nadie se creía, durante los terribles años del Holocausto nazi, que aquello pudiera estar pasando. Parecía imposible que la civilización a la que habíamos llegado pudiera contener en su seno tamañas atrocidades. Pero ocurrió, y una vez pasada la ceguera transitoria que lo produjo, hubo una tranquilizadora respuesta: quienes lo hicieron estaban locos. Y, sin embargo… llegaron después otras guerras, entre ellas la de Bosnia, que es la que ahora nos ocupa, para demostrar que la violencia, dentro de un marco adecuado de permisividad institucionalizada, se desata una y otra vez.

Fotograma de Circles, de Srdan Golubovic. Cinema Jove

Fotograma de Circles, de Srdan Golubovic. Cinema Jove

Circles, del serbio Srdan Golubovic, vuelve a poner en escena la irracionalidad que nos constituye en tanto seres habitados por una violencia que, dadas ciertas condiciones, aflora sin cortapisas. En este caso, la de tres militares serbios contra un ciudadano musulmán, al que propinan una brutal paliza, en medio de la plaza de un pueblo. Marko, un soldado serbio, interviene para detener la matanza de sus compañeros, pero termina siendo apaleado de muerte por sus propios camaradas, ante la pasividad general. Unos años después, la vida de todos ellos se entrecruzarán, para dar pie a un relato crudo, intenso y repleto de claroscuros que Golubovic narra con verdadera sutileza.

Lo hace mostrando algo que se nos suele olvidar: que para que ciertas personas abusen de otras hacen faltan tres partes en litigio. Las dos primeras son obvias, el maltratador y la víctima, pero hay una tercera cuyo silencio resulta indispensable para que la violencia prolifere: los ciudadanos que miran para otro lado. En Circles las tenemos: Los tres militares agresores; las víctimas, primero el musulmán Haris y luego el soldado serbio Marko, y, por último, el amigo de éste que observa impasible cómo lo matan a patadas.

Imagen de Circles, de Srdan Golubovic. Festival Internacional de Cine de Valencia

Imagen de Circles, de Srdan Golubovic. Festival Internacional de Cine de Valencia

Golubovic, en lugar de mostrar este hecho central hasta sus últimas consecuencias, lo pospone para contarnos el drama de quienes sobreviven al traumático suceso, una vez concluida la guerra de Bosnia. Y, así, va tejiendo un conmovedor relato, en el que afloran sentimientos contradictorios debidos a inesperados encuentros entre las partes implicadas. Ernesto Sábato, en otro contexto y siguiendo pasos bien distintos, abarcó encuentros similares en su novela Sobre héroes y tumbas, cuyo título se adapta como un guante a Circles. Porque la película de Golubovic está marcada por esas tumbas y la alargada sombra que pesa sobre los supervivientes de aquellas muertes pasadas. Sombras que, lejos de oscurecer para siempre el presente de quienes las padecen, terminan dejando paso a un hilo de luz.

Golubovic, con pulso de relojero, ajusta todas estas piezas para que Circles, en lugar de apuntar al círculo cerrado de los odios enfrentados, abra un horizonte de futuro para esos personajes roídos por la culpa y el desencanto. Víctimas, sin duda, pero víctimas que transforman su pesar y odio a quien se lo inoculó, en acto desprendido, lo que finalmente les convierte en héroes. Porque un héroe, conviene recordarlo, no es quien todo lo puede, sino aquel que, a sabiendas de la muerte, se resiste a su inexorable dictado. Que es lo que hacen el padre de Marko, el hijo de uno de los militares asesinos, el musulmán Haris y, si me apuran, el cobarde testigo serbio, cuando años después se vea en el dilema de tener que operar a quien asesinó impunemente a su amigo. Hubiera sido fácil caer en la trampa de los buenos y los malos. Golubovic la sortea tejiendo con gran sutileza esas vidas cruzadas por la amargura. Cinema Jove ya tiene una seria candidata al premio de mejor largometraje.

Fotograma de Circles (Krugovi), de Srdan Golubovic. Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Fotograma de Circles (Krugovi), de Srdan Golubovic. Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Salva Torres