El trampantojo de Fernández Alvira

La Dernière Lueur, de Antonio Fernández Alvira
Espai Tactel
C / Dénia, 25. Valencia
Hasta el 11 de noviembre de 2016

La Galería Espai Tactel acoge hasta el 11 de noviembre el proyecto ‘La Dernière Lueur’ de Antonio Fernández Alvira (Huesca, 1977), coincidiendo con Abierto Valencia 2016, la apertura general de las galerías de arte contemporáneo organizado por la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana LaVAC.

Obra de Antonio Fernández Alvira. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Antonio Fernández Alvira. Imagen cortesía de Espai Tactel.

La Dernière Lueur’ es un proyecto de Fernández Alvira que empezó con el solo show que tuvo lugar en La Chapelle des Calvariennes en Mayenne (Francia), comisariado por Mathias Courtet que define el espacio como “un centro de arte contemporáneo que reivindica su lado más experimental”.

‘La Dernière Lueur’ es una investigación sobre los conceptos de representación y fraude visual, que a través del uso del preciosismo y el trampantojo (simulando la madera mediante el papel y la acuarela) funciona como metáfora de lo asumido como real.

Obra de Antonio Fernández Alvira. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Antonio Fernández Alvira. Imagen cortesía de Espai Tactel.

«Este trabajo, junto a la voluntad de contemplación y análisis intrínseco a toda obra, operan a la vez en el propio desmontaje de sus mecanismos. La obra no sólo ocupa un lugar complaciente en una “crítica” de los mecanismos de poder, sino que ella misma se encuentra en crisis, evidenciando su fragilidad al tiempo que pone en cuestión la verdadera construcción de nuestras realidades», señala el crítico de arte y comisario Eduardo García Nieto.

«Tanto el arte como el poder operan en el terreno de la representación, al margen de los efectos que ambas esferas ocupen en lo real. Pero ambas construcciones son tan endebles como un punto de vista. Muchos sostienen que el carnaval reforzaba las estructuras del poder, pero su inversión no podía más que evidenciar la arbitrariedad de estas construcciones, visibilizando lo endeble de estos andamiajes”, concluye el comisario.

Obra de Antonio Fernández Alvira. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Antonio Fernández Alvira. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Nagasaki acoge 37 obras de Julio González

Julio González
Obras de la colección del IVAM
Prefectural Art Museum de Nagasaki

37 obras de la colección del IVAM de Julio González han viajado a Japón para exhibirse en una exposición, que se inauguró el 7 de junio, dedicada al que está considerado el padre de la escultura de hierro. La muestra que lleva por título el nombre del escultor español podrá verse primero en el Prefectural Art Museum de Nagasaki, pero después itinerará por otras tres ciudades niponas. Se exhibirá en el Museo de Arte de Iwate, del 1 agosto al 23 septiembre; en el de Setagaya, del 28 de noviembre al 31 enero de 2016, y en el Prefectural Art Museum de Mie, antes de junio de 2016.

Se trata de una colaboración del museo valenciano con diferentes museos japoneses en su empeño por dar a conocer la enorme contribución de Julio González (1876-1972) en la evolución de la escultura moderna. Entre los fondos del IVAM que se han seleccionado para la exposición hay principalmente escultura, como Daphné (1937), Cabeza ante el espejo (1934) o Mano derecha levantada nº1 (1942), pero también dibujos y varias piezas de orfebrería.

Cabeza ante el espejo, de Julio González, de la colección del IVAM.

Cabeza ante el espejo, de Julio González, de la colección del IVAM.

El director del IVAM, José Miguel G. Cortés, que viajó a Nagasaki para la inauguración de la muestra, ha destacado la importancia de la figura de Julio González en el desarrollo de la escultura contemporánea. Cortés también ha subrayado que González es una de las señas de identidad del museo.

Con casi 400 obras el IVAM reúne la que se considera la colección más completa del escultor español iniciada en julio de 1985 a partir de adquisiciones y de las donaciones de las herederas del artista, Carmen Martínez y Viviane Grimminger. Julio González transformó la noción de la escultura con su particular manera de modelar el volumen, construir el espacio y soldar elementos constructivos.

El IVAM considera esta itinerancia de la obra de González una gran oportunidad tanto para dar a conocer la obra del escultor español como para establecer relaciones más estrechas con diferentes museos japoneses.

Daphne, escultura de Julio González, de la colección del IVAM. Cortesía del museo valenciano.

Daphne, escultura de Julio González, de la colección del IVAM. Cortesía del museo valenciano.

Hugo Martínez-Tormo. Arde, dispara, golpea

Hugo Martínez-Tormo. Interlinks
Sala de Exposiciones del edificio Rectorado y Consejo Social del campus de Elche de la Universidad Miguel Hernández (UMH)

La desesperación es una realidad que se ha instalado en nuestro entorno más cercano. No son ya cuestiones subjetivas las que argumentan ese estado, sino circunstancias reales que los gobernantes tratan de disolver ante la opinión pública, a través de la narración estadística y la argumentación macroeconómica. Durante demasiado tiempo la sociedad adoptó una actitud pasiva y finalmente las consecuencias corren a su cargo, recayendo el mayor peso sobre las ramas más débiles.

Hugo Martínez-Tormo reúne en Interlinks siete instalaciones audiovisuales en las que aborda, de diferentes modos, la destrucción y la autodestrucción como reflejo del abandono y la desesperanza de una parte creciente de la ciudadanía. Cada uno de los proyectos desarrollados por el artista llevan consigo un código autorreferencial que toma al autor como medida de representación de la masa, como eslabón de una cadena que se hunde y arrastra tras de sí al resto de eslabones. La reflexión se conduce hacia la singularidad del individuo, como proyección de una constante relación de causa-efecto, que proporciona a su vez un espejo en el que verse reflejado.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

El arte moderno ha llevado a cabo un proceso de transfiguración de lo banal, desacralizando la obra clásica, la escultura, el lienzo, con la incorporación de objetos y materiales más humildes que arranca del uso cotidiano para someterlos al extrañamiento en el territorio del arte. Martínez-Tormo huye de lo rico y lo pomposo, para elevar lo desechado a una categoría en la que corresponde al artista mostrarnos que lo cotidiano es cualquier cosa menos corriente. Cada una de las instalaciones audiovisuales que el artista presenta en esta muestra parte de experimentaciones realizadas en primera persona, a partir de acciones o elementos cercanos que tienen el objetivo simbólico de representar diferentes formas de llevar a cabo un suicidio.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Broken Bubble (2014) aborda la desesperación de millones de personas tras el estallido de la burbuja económica, causada en parte por la sobredimensión del sector inmobiliario y por las ansias de enriquecimiento veloz. El artista comienza por realizar una pintura mural sobre el lateral de una construcción semiderruida, creando la escena de un tren de alta velocidad que se aproxima mientras sobre las vías yace en espera el propio autor. Una vez finalizada la pintura, desde la parte interior de la construcción, el artista echa a bajo a mazazos los 230 x 230 cm. de pared que ocupa el mural. Todo el proceso de creación y destrucción, costoso en ambos casos, es registrado en vídeo y reproducido en la sala, junto a diez sacas de escombros con 250 k. de los restos del muro.

Hugo Martínez-Tormo. Just passing through, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Just passing through, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

El ser humano posee una gran capacidad para inventar y crear, a la vez que parece proyectar la misma energía en sentido inverso, siendo capaz de hacer saltar por los aires cualquier lógica que garantice el equilibrio. Con Just Passing Through (2014) el artista muestra cinco autorretratos de grafito sobre papel, en los que ejemplifica –literalmente- cinco manera de pegarse un tiro. Se plantea un símil del suicidio con la acción destructora de la especie humana sobre el planeta. Sucesivamente cada uno de los dibujos acaba roto en numerosos pedazos, dentro de cinco urnas de metacrilato, mientras una proyección de video nos hace testigos silenciosos del proceso. Testigos silenciosos de la tragedia, durante nuestro paso.

Partiendo de la Teoría del Todo, que unifica desde la ciencia todas las teorías hasta ahora formuladas, simplificando la complejidad de la naturaleza y sus leyes, Hugo Martínez-Tormo lleva a la práctica su investigación a través de un juego físico en torno a las dimensiones. Hace converger distintas disciplinas artísticas, que habitualmente se emplean por separado, para romper la artificialidad de unas fronteras que no existen. La cuarta dimensión aportada por el tiempo, a través de la acción, modifica las dos dimensiones del plano o las tres dimensiones del volumen. El diálogo entre disciplinas y dimensiones es una seña de identidad de esta serie de trabajos, que relaciona metafóricamente la forma en la que las tecnologías de la comunicación y la velocidad en los medios de transporte han fulminado las tradicionales barreras de tiempo y espacio, haciéndonos cargar con todo lo que la globalización lleva consigo.

Hugo Martínez-Tormo. Dimensional game, 2013. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Dimensional game, 2013. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

En Dimensional Game (2013) el artista se representa en una pintura sobre poliestireno expandido, tras ingerir una sobredosis de cápsulas. En el vídeo vemos como lleva a cabo la destrucción del material que sirve de soporte al autorretrato, hasta quedar desmigado, esparcido sobre una superficie en una disposición que recuerda a la imagen –ahora deshecha- de las cápsulas caídas alrededor del personaje. Una acción tan letal como los efectos que el uso indiscriminado de ciertos materiales tiene sobre el equilibrio ambiental.

Unos moldes de arcilla, colgados de la pared, han servido para reproducir los brazos del artista en ese débil material. Una fotografía sobre aluminio nos muestra la imagen de esos brazos cubiertos de cortes, en tentativa suicida. Dialogo & Materia (2012) se completa con una plataforma que sostiene el mazo con el que se ha llevado a cabo la destrucción y los restos de arcilla. La pieza When X cuts Y (2012) relata cuando X corta con Y. En este caso Hugo Martínez-Tormo opta por un arma blanca para mostrar una nueva manera de autodestrucción, cortando consigo mismo. Un cristal transparente pintado con su retrato, en el que se refleja él mismo mientras cae a pedazos tras una serie de golpes secos. La acción, reproducida a cámara lenta, tiene a sus pies los restos afilados del cristal. En cada uno de los casos, la intervención del artista tiene efectos en el estado dimensional de los materiales, así como en su función y la interpretación que nos brinda.

Hugo Martínez-Tormo. When X cuts Y, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. When X cuts Y, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

El artista, dibujado con un kimono sobre papel negro, lleva a cabo un harakiri como forma ceremonial de buscar la muerte. Global Sepukku (2012) se compone de ese mismo dibujo, tras sufrir los efectos de las cuchillas de una trituradora de papel, mientras la proyección documenta el proceso de fragmentación del dibujo. El tiempo, y su capacidad de triturar la vida, se confronta con el afán devorador del fuego en Trialogue (2010). Un individuo, siempre sintetizado en la figura del autor, aparece sentado ardiendo junto a una garrafa de combustible. La acción, el tiempo, se ocupa de hacer arder la propia pintura hasta dejar a la vista el esqueleto chamuscado del bastidor. Las cenizas, reunidas en una urna, reposan como testimonio.

Hugo Martínez-Tormo. Global Seppuku, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Global Seppuku, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo viene desarrollando desde 2005 esta serie de trabajos, de los que aquí se muestra una selección, en los que la fragilidad del individuo y la fugacidad de la vida se brindan a la determinación del ser humano por llevar a cabo aquello que se propone. El resultado de los trabajos rebosa serenidad, a pesar de la dureza de las narraciones. La capacidad transformadora que nos caracteriza como especie encuentra sus sombras en los extremos, en los polos que hacen tambalear nuestro equilibrio.

Hugo Martínez-Tormo. Trialogue, 2010. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Trialogue, 2010. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

José Luis Pérez Pont

Fanny Galera. Épica de la ilusión

Fanny Galera. Ilusiones
Ademuz Espai d’Art
El Corte Inglés
Avda. Pío XII, 51. Valencia
Inauguración: 9 de abril, 19.30h.
Hasta el 17 de mayo de 2014

No obedeceré todavía, que con mis ojos veo que está muy lejana la tierra donde, según afirman, he de hallar refugio; antes procederé de esta suerte por ser, a mi juicio, lo mejor: mientras los maderos están sujetos por las clavijas, seguiré aquí y sufriré los males que haya de padecer, y luego que las olas deshagan la balsa me pondré a nadar, pues no se me ocurre nada más provechoso.
Homero. Odisea. (Canto V).

Un fragmento de biografía… siempre fue. El propio pasado queda ubicado ahí, en la memoria, contenido en los tejidos de ideas que hacen aparecer, luego, un renovado sentido. Y ese es el presente del artista, es su realidad, pero no como una referencia contextual de carácter social, ni un encuentro cultural, ni tampoco una formalidad estética. Se trata de un presente autoconfigurador, equilibrante de estos aspectos sin renunciar a nada, esencialmente lanzado a la vivencia en todos y cada uno de sus límites, insatisfecho, esperanzado e hilvanado de oficio, éste último, además, tan soslayado de la intelligentsia creativa postmoderna. La propia construcción, que no refuta lo real, es un hacerse en consecutivas imágenes, criterios, objetos y recuerdos, degustando lo pertinente al tiempo que tiempla lo insustancial, porque nada es inalterable aún en prolongado deterioro. Es posible actuar con las luces tenues, tantear los desperfectos, no desballestar la nave de los argonautas. El timón de la ilusión orienta el viaje, desde la experiencia, de quien se sabe inclinado a palpitar, aún con cercas y vallados, sin descanso.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

El ejercicio ilusionante de Fanny Galera (Valencia, 1973) no es dogmático, por más que exista un sustrato deseante ligado a demostrar una verdad íntima. En modo alguno se contagia de aquella «idea delirante» freudiana, un apremio para destinos crueles detenidos en la historia. Es, su poética, una práctica artística que activa y es a la vez activadora de la persona en la conciencia del itinerario. Andan en la travesía sus escenografías para breves representaciones escultóricas, atemperados modos de hacer humanidades mínimas en tamaño, pero de grandes aspiraciones y anhelos que, paradójicamente o tal vez por ello, se han reunido en el lugar de la figura episódica. Así, los sucesos han permanecido como oportunidades, momentos, eventualidades y motivos de su hábitat personal.

Quizá lo perecedero se asienta en la contingencia del cobre filífero que circunda propósitos, intenciones y proyectos. Se diría que la expectativa está capturada dando elocuente cuerpo y forma a volúmenes pacientes que el cable se encarga de recorrer. Privándole al espacio de vacíos, sustrayéndoselos con las manos puestas en el papel o en el aire, el quehacer de la artista valenciana asimila a J. Plensa o gesticula en lo ínfimo con J. Muñoz, otras moldea una torsión entre la apariencia de lo inacabado de Rodin y la síntesis deslizada de Giacometti, referentes modernos para una mayor levedad tridimensional en la obra de Galera, naturalmente elaborada en proceso, casi suturada en un silencio interno, coleccionada, presentada fundida a la cera perdida, o suspendida en el éter como hipotética sustancia aristotélica. Estas nuevas tanagras contemporáneas, a sabiendas que el arte se basa en su voluntad de ilusión, se reúnen perpetuando la pequeña danza de la existencia, biológica, de esencialidad vital sobre la cual aproximarse y presenciar de cerca ideas y formas, sin excepción ni prioridades entre ambas, antes al contrario, más bien un punto de vista que se amplifica con la sensibilidad y la razón.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Nietzche indica que la perspectiva debería considerarse como la condición básica de toda la vida. A ello hay que apelar a través de la necesidad de las ilusiones, no como trompel’oeil pictórico, tampoco en función de un gozoso y crédulo sentirse «iluminado» en la imaginatio, sino jugando mediante la esperanzada tarea del arte y la vida, esa a la cual se refería el filósofo de Röcken. En cierto modo, una confianza in ludere. ¿Cómo sino podría alguien dejar un lastre pétreo de mil fragmentos y reconstruirse luego? ¿Cuándo sería oportuno emplazarse al dialogo con los demás? ¿Dónde buscar el fértil significado de las gemas? ¿Quién no ha completado alguna vez un arco iris entre la niebla de su propia visión?

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera (escultura en metal). Imagen cortesía de la artista.

Cabe entonces inclinarse ante la ilusión vital de las apariencias, las del animal fantástico (CONILL, Jesús (1991). El enigma del animal fantástico. Madrid, Tecnos.) que somos, y digerirlas sin ingenuidad pero con sobria inocencia. En este sentido, el espectador se advertirá tal cual son los personajes sin caducidad, los que no fingen ser dúctiles, aquellos atravesados por una luz flexible que los hace cimbrear, vibrando en vertical o en nuestra segura, opaca, eventualidad personal. Seguramente estos argumentos, siendo ya de todos, sí condensan la idea de una ilusión con historia y, por tanto, con más de un sólo tiempo. Ilusiones intersubjetivas, sentidas y practicadas en un desarrollo sin simulacros o espejismos. No estamos pues ante el desvanecimiento (BAUDRILLARD, Jean (2006). El complot del arte: ilusión y desilusión estéticos. Madrid. Amorrortu.) de la ilusión estética de Baudrillard, sino en el ímpetu afinado de la creación. Nunca la filigrana se ha convertido en algo tan poco ornamental, ni en falseado prologo decorativo.

Se trata de un selecto encaje imperfecto. Esto lo sabemos. Pero igualmente y por ello, percibimos exquisitas narraciones secretas, invisibles, que acechan hasta la curiosidad del metal. Si intuimos los rostros, por diminutos que estos sean, estamos predestinados a multiplicar las ilusiones, siempre compartidas y nunca inéditas pues…siempre fueron.

Ricard Silvestre.
Institut de Creativitat i Innovacions Educatives. Universitat de València – Estudi General.

Fanny Galera, "Ilusiones". (cable eléctrico 98x38x95 cm). Imagen cortesía de la artista.

Fanny Galera, «Ilusiones». (cable eléctrico 98x38x95 cm). Imagen cortesía de la artista.