Tratado ibérico del hijoputismo

Patente de corso, director Alfonso Sánchez
Con Alberto López y Alfonso Sánchez
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 16 al 19 de julio de 2015

“Los hijos de puta con nombres y apellidos van y vienen, pero los arquetipos permanecen”. ¿A qué arquetipos se refieren Alberto López y Alfonso Sánchez protagonistas de Patente de Corso? A los que Arturo Pérez Reverte rastrea en los 1.200 artículos o columnas periodísticas en los que se basa el espectáculo que hasta el domingo se representa en el Teatro Olympia de Valencia. Artículos que, una vez seleccionados en comandita con la dramaturga Ana Graciani, se redujeron a 22, a partir de los cuales se construyen esos arquetipos en torno al reguero de pólvora que ha ido dejando el abuso de poder.

Alberto López (izquierda) y Alfonso Sánchez en Patente de corso. Cortesía de Teatro Olympia.

Alberto López (izquierda) y Alfonso Sánchez en Patente de corso. Cortesía de Teatro Olympia.

“Es un espectáculo sobre la tragicomedia de ser español”, afirmaron López y Sánchez, este último en calidad a su vez de director de Patente de Corso. “Tratado ibérico del hijoputismo”, señalaron ambos como título de un montaje que durante 1 hora y 40 minutos no deja títere con cabeza. Ellos se limitan a seguir al pie de la letra lo que Pérez Reverte dice con lengua afilada en sus artículos. “Escribo con tanta libertad que me sorprende que me dejen”, apunta sorprendido el escritor, lo cual debería ser motivo de reflexión. La suya va por otro lado: “En 500 años el dinero lo han tenido los mismos”, subrayan a rebufo López y Sánchez, encarnando los diversos personajes que dan vida a tanto hijoputismo ibérico.

“A Pérez Reverte no le hacen falta armas; con la palabra le basta”. Que es lo que hacen Alberto López y Alfonso Sánchez sobre el escenario con su Patente de Corso. “Hay mucha verdad encima del escenario”. Verdad sostenida merced al estilo “muy directo, muy de verdad, muy honesto de Arturo”. Al público le caen como un torrente todas esas verdades lanzadas como motivación. “No golpeamos al espectador, sino que le hacemos reflexionar”. Porque a juicio del director del espectáculo “la agresividad bien entendida está bien, lo cual nada tiene que ver con la violencia”.

Alberto López (en primer plano) y Alfonso Sánchez protagonizan 'Patente de corso'. Teatro Olympia.

Alberto López (en primer plano) y Alfonso Sánchez protagonizan ‘Patente de corso’. Teatro Olympia.

López y Sánchez, famosos por su participación en Ocho apellidos vascos y El mundo es nuestro, huyen de la etiqueta de ser los nuevos Morancos. “Llevamos más de 20 años en el mundo del teatro”. Quien vaya a ver Patente de Corso lo podrá comprobar. “Es una comedia que te hace reír, llorar, reflexionar”. Una reflexión en torno a lo que Quevedo dejó dicho en su famosa sentencia “poderoso caballero es don dinero”. De hecho, la obra que del 16 al 19 de julio acoge el Teatro Olympia arranca con el artículo de 1998 de Pérez Reverte titulado ‘Los amos del mundo’.

“Casi 30 años después, lo que apuntó Arturo y nadie escuchó se ha hecho evidente”, señalan los admiradores del escritor de Territorio comanche. ¿Y qué dijo? Volvemos a Quevedo: que el dinero tiene poder inmemorial. Alrededor de ese poder, encarnado en el timador Luciano (Sánchez) y el hastiado ciudadano Mariano (López), Patente de corso va dando cuenta del catálogo de bribones que jalonan nuestra historia reciente. Y no tan reciente, si nos atenemos a esos arquetipos que jalonan “la tragicomedia de ser español” a la que alude con lengua viperina Patente de Corso.

Salva Torres

El Greco, también arquitecto a su ‘maniera’

El Greco Architeto. Algo más que retablos, de Joaquín Bérchez
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 31 de agosto

El historiador y sociólogo del arte Arnold Hauser apuntó que la pintura de El Greco, Doménico Theotocópuli (1541-1614), llegaba a disolver las formas terrenales. Todo lo sólido, incluido el orden que la perspectiva favorecía, era “liquidado” por obra y gracia del artista cretense afincado en Toledo. De forma que la realidad, valga el juego de palabras, aparecía deformada, transmitiendo ese punto de irrealidad que media entre el reino de los vivos y el de los muertos. El manierismo de El Greco no se manifestó únicamente en su pintura, sino que se alargó, tanto como sus figuras, al terreno de la arquitectura que él también exploró.

Una de las obras de la exposición 'El Greco Architeto. Algo más que retablos', de Joaquín Bérchez, en el Centro del Carmen.

Una de las obras de la exposición ‘El Greco Architeto. Algo más que retablos’, de Joaquín Bérchez, en el Centro del Carmen.

Joaquín Bérchez se hace cargo de esta última faceta menos conocida de El Greco, en la exposición ‘El Greco Architeto, algo más que retablos’. Exposición que mediante 15 fotografías y un video subraya la importancia del marco arquitectónico en la obra del autor de ‘El entierro del señor de Orgaz’, uno de cuyos detalles aparece en una de las imágenes expuestas en el Centro del Carmen.

Bérchez repasa con sumo cuidado fotográfico y un video, en el que colaboran Juan Peiró (edición) y Juan Castro Zuzuarregui (música), la actividad artística de El Greco en el ámbito de la arquitectura. Y lo que conmueve observar es esa íntima conexión entre la disolución de las formas terrenales en su pintura y la necesidad de expresarlo arquitectónicamente, mediante alargadas columnas verticales y remates a la maniera de los clásicos, mostrando su peculiar punto de vista.

Fotografía de Joaquín Bérchez en la exposición 'El Greco Architeto. Algo más que retablos', en el Centro del Carmen.

Fotografía de Joaquín Bérchez en la exposición ‘El Greco Architeto. Algo más que retablos’, en el Centro del Carmen.

La misma pasión que le llevó a romper con las frías geometrías, para que se desencadenara en el interior de su obra esa tempestad de formas desproporcionadas, aparece en los retablos que Joaquín Bérchez nos acerca fotográficamente también a su manera. Encuadrando la imagen para revelar detalles inadvertidos y alternando en el video pintura y arquitectura como danzando entre sí, Bérchez va desplegando en su exposición el mismo diálogo que El Greco sostuvo entre lo terrenal y lo celestial.

Pilastras estriadas y anguladas, vista cenital de alguna bóveda, detalles de capiteles, de fustes columnarios o de diversos retablos, en Illescas o el propio Toledo, conforman la orografía de El Greco Architeto, según la singular percepción de Bérchez. Un recorrido por la pintura del manierista atormentado, que Joaquín Bérchez realiza tomando como referencia el insigne marco que la contiene.

Fotografía de Joaquín Bérchez en la exposición 'El Greco Architeto. Algo más que retablos', en el Centro del Carmen.

Fotografía de Joaquín Bérchez en la exposición ‘El Greco Architeto. Algo más que retablos’, en el Centro del Carmen.

Sin duda, algo más que retablos es lo que nos ofrece la exposición del Centro del Carmen. Porque al igual que la pintura de El Greco parecía querer salirse del cuadro, también la arquitectura en la cual se enclavaba ofrece dudas acerca de sus límites. Esa sensación de continuo desarraigo o perpetua disgregación, ya sea por disolución de las formas o realidades entreveradas, es lo que revela la exposición El Greco Architeto. Una maniera diferente de celebrar el cuarto centenario del fallecimiento de Doménico Theotocópuli, artista incomprendido y silenciado durante siglos y desde hace ya tiempo objeto de académicas y, a veces, de luminosas interpretaciones. Como la de Joaquín Bérchez.

Fotografía de Joaquín Bérchez en la exposición 'El greco Architeto. Algo más que retablos'. Centro del Carmen.

Fotografía de Joaquín Bérchez en la exposición ‘El greco Architeto. Algo más que retablos’. Centro del Carmen.

Salva Torres