Bergonzi y Magnarelli, dos astros en Jimmy Glass

Jerry Bergonzi & Joe Magnarelli Quartet
Jimmy Glass Jazz Bar
C / Baja, 28. Valencia
Miércoles 16 de julio, a las 20.45h. 17€

Dos gigantes del jazz contemporáneo, Jerry Bergonzi y Joe Magnarelli, se reúnen el 16 de julio en un especial de verano del Jimmy Glass en un cuarteto que completan el contrabajista Johnny Aman y el batería Andrea Michelutti. La música del gran maestro Jerry Bergonzi (Boston, 1947) es objeto de auténtica veneración por su solidez, fuego interno, control total del instrumento, lirismo, brillantez, creatividad y grandes dotes como pedagogo.

Bergonzi ha protagonizado grandes momentos en los más importantes festivales y escenarios del mundo. Con más de treinta discos como líder para diversos sellos como Blue Note, Concorde, Atlantic, Columbia, Enja o Savant, y con más de ciento diez como colaborador o colíder, ha trabajado con grandes estrellas del jazz como Dave Brubeck, Joe Lovano, Miles Davis, Quincy Jones, Mulgrew Miller, Keny Barron, Gil Evans, Bill Evans, Eddie Gomez, Billy Hart, Roy Haynes, Dave Holland, Jack DeJonette, Paul Desmond o Gerry Mulligan.

El trompetista Joe Magnarelli actúa en Jimmy Glass Jazz Bar.

El trompetista Joe Magnarelli actúa en Jimmy Glass Jazz Bar.

El trompetista Joe Magnarelli (Siracusa, 1960) se trasladó a Nueva York a mediados de los años ochenta donde muy pronto se unió a los grupos de Jack McDuff y Lionel Hampton y fue requerido para colaborar con otras grandes figuras.

Su estilo, directo y complejo, su visión global de la música y su tremenda capacidad de comunicar el sonido de su trompeta le convierten en un músico completo e ideal para moverse como un maestro en diferentes contextos.

A principios de este siglo alternó su trabajo en solitario con su participación en el grupo del gran percusionista latino Ray Barretto y, poco después, su disco ‘Time Was, Time Is’ logró ser nominado a los premios Grammy.

Magnarelli trabaja y hace giras regulares con la prestigiosa Vanguard Orchestra, formación vinculada al histórico club Village Vanguard. Ha colaborado, entre muchos otros, con Jimmy Cobb, Jon Hendricks, John Pizzarelli, Tom Harrell, Daddo Moroni o Aretha Franklin. Es profesor en la Julliard School Of Music y de la Universidad de Rutgers. Durante su periodo de aprendizaje fue alumno de James Moody y Sal Arnico.

Johhny Aman (Finlandia, 1986) inició sus estudios musicales en Suecia. Hoy es uno de los contrabajistas más reputados de la escena nórdica del jazz. Ha tocado con George Garzone, Jerry Bergonzi, Phil Grenadier, Jonas Holgersson o Gerard Presencer. Andrea Michelutti es un sólido baterista de depurada técnica, colaborador de grandes del jazz como Art Farmer, Steve Gossman, Ben Sidran, James Spaulding, Benny Golson, Birelli Lagrene, Chris Potter, Randy Brecker, Grant Stewart o Dick Oatts.

El saxofonista Jerry Bergonzi. Fotografía de Antonio Porcar por cortesía de Jimmy Glass.

El saxofonista Jerry Bergonzi. Fotografía de Antonio Porcar por cortesía de Jimmy Glass.

 

«A veces el escritor saca lo sucio de una época»

El amor no es un verso libre
Última novela de Susana Fortes
De venta en librerías

La Residencia de Estudiantes, en la cuesta de los chopos de Madrid, fue un epicentro intelectual y cultural en el que coincidieron grandes hombres que dejaron huella en la historia: García Lorca, Pedro Salinas, Dalí y Buñuel, entre otros muchos. Susana Fortes eligió este escenario, “el Bloomsbury español”, para situar su última novela, El amor no es un verso libre. Cuenta el tempestuoso amor imposible entre un profesor y poeta casado y una americana ingenua que llega a Madrid en el verano de 1935, en vísperas de la guerra civil, ambos inspirados en personas que realmente existieron. Como telón de fondo de la trama, un hecho histórico poco conocido: El escándalo del Estraperlo, un juego de ruleta, que llevó a la dimisión a Lerroux y muchos miembros de su Gobierno, “una especie de Gürtel de la República”.

Susana Fortes. Foto: Alfonso Martí

Susana Fortes. Foto: Alfonso Martí

Susana Fortes (Pontevedra, 1959)  reside en Valencia, donde imparte clases de Historia del Arte en un instituto y es columnista de la delegación de El País. Tiene una decena de novelas publicadas, algunas galardonadas con  importantes premios (finalista del Planeta, Fernando Lara y Primavera) que conjugan la capacidad de entretener y sugerir con una prosa impecable, muy cuidada que en ocasiones se eleva hasta el nivel de la poesía.

Pregunta.- Basta repasar su bibliografía para percibir que, a diferencia de autores que se encasillan en un género o tema, usted toca todos los palos de la baraja. ¿Es algo deliberado o le surge de forma natural?

Respuesta.- De vez en cuando me gusta cambiar de paisaje, pero  en todas mis novelas hay unas constantes vitales bastantes reconocibles.

P.-¿Cuáles son esas constantes?

R.-Cada cual tiene su propio territorio sentimental. En el mío suele haber mujeres que no se ciñen al guión que les marca la vida, un enigma cuya solución a menudo se halla en el fondo de uno mismo, un trasfondo histórico, intriga, amor, riesgo, cierta dosis de melancolía. En fin todas esas cosas que yo como lectora también busco en las novelas.

P.-¿Por qué eligió la Residencia de Estudiantes como escenario y personajes inspirados en personas reales como protagonistas?

R.-Me gusta el cóctel de ficción y realidad. Después del dry Martini, es mi favorito. La novela está inspirada en el romance real entre el poeta de la generación del 27, Pedro Salinas, y la americana Katherine Whitmoore, cuya relación alentó algunos de los más bellos poemas de amor de la literatura española. Y  la Residencia de Estudiantes, en la colina de los chopos, siempre me fascinó. Fue nuestro Bloomsbury particular, el escenario perfecto para la historia que quería contar, un ambiente  moderno, culto, cosmopolita… Todos esos chicos con pantalones de pliegues, corbatas de pajarita y jerséis blancos de pico parecía que habían venido al mundo sólo a divertirse. Bohemios, brillantes, soñadores, elegantes,… Sin embargo, todos los espejos tienen su lado oscuro y a veces al escritor le toca sacar los trapos sucios  de una época como quien mete la nariz en una alcantarilla.

P.-Un crimen horrendo, un importante escándalo político. ¿Se podría decir que su libro se adscribe al género policiaco hoy tan en boga?

R.-Bueno en realidad no sé si es propiamente una novela negra. La narración arranca con la llegada de una joven americana  a la Residencia de Estudiantes en el verano de 1935. Madrid era entonces una ciudad rugiente y fabulosa. La Residencia de Estudiantes reunía a poetas, dandys, soñadores, arribistas e intelectuales de todas partes. Pero esa atmósfera glamourosa estalla cuando el cadáver de un alumno  aparece flotando en un canal de riego próximo. Hay una trama histórica de suspense, por supuesto, con intriga psicológica de por medio. Cada personaje juega sus fichas en un brutal tablero de ajedrez con implicaciones empresariales y políticas de primer orden, como dice. Una especie de caso Gürtell de la época, para entendernos. Pero la novela más que una crónica negra,  es sobre todo una  historia de amor. Nunca se sabe qué es más peligroso.

P.-El cine, el arte, la música, el cómic…Sus novelas se alimentan de referencias culturales, pero, ¿cómo se enciende la chispa de la ‘inspiración’?

R.-Depende. Por ejemplo, la idea de El amor es un verso libre, nace con la imagen de una mujer que mira por la ventana. Cuando un hombre se asoma a una ventana suele ver lo que tiene delante. Sin embargo, cuando lo hace una mujer, acostumbra a ver también todo lo que ha dejado detrás. Kate es la mujer que se asoma a la ventana al principio de esta historia. Fuera está nevando y falta muy poco para Navidad. Lo que ocurre al otro lado de esa ventana es algo que me dio bastante que pensar. Sobre todo porque a mí nunca me ha ocurrido nunca nada parecido. Quizá es algo que sólo les ocurre a las personas especiales o a las que de verdad lo merecen.

P.-¿En qué fase se encuentra el proyecto de llevar su libro sobre el fotógrafo Robert Capa al cine?

R.-La Columbia compró los derechos de Esperando a Robert Capa, aunque de momento el proyecto está algo estancado. Al parecer la crisis también ha llegado a Hollywood. Así que ya veremos.

P.-¿Es duro resistir  la presión de las editoriales que cada equis años esperan la entrega de un original?

R.-Escribir no es un oficio duro.  Nunca entendí muy bien esa obsesión de algunos escritores por pintar este oficio como una pesada carga intelectual o una misión sagrada. Aquí no hay más presiones que las que una esté dispuesta a aceptar. Yo cuento las historias que me apetece contar e intento hacerlo lo mejor que sé, tratando de ser fiel a mí misma, a mis gustos, a las cosas que me importan, a mis amores y a mis odios.

P.-Como profesora y madre de una hija, ¿qué es lo que más le preocupa del futuro que le espera a la última generación de españoles?

R.-Sabrán sacarse las castañas del fuego. No son ningunos corderitos de Norit camino del matadero. Tienen agallas, talento, energía e ideas. Confío en su coraje para defenderlas.

P.-¿Su colaboración en ‘El País’ como columnista le aporta algo a su faceta de escritora o al revés?

R.-El columnismo tiene una cosa fascinante, y es que puedes tomarle el pulso a la vida. El periódico es algo muy vivo, directo, pegado a la calle, a la actualidad. La novela es otra cosa, una carrera de fondo, un trabajo más solitario también. Otra manera de ajustar cuentas.

Susana Fortes. Foto: Alfonso Martí.

Susana Fortes. Foto: Alfonso Martí.

Bel Carrasco