Muñoz Puelles: Vidas gigantes para ‘nanos’

A la velocidad de la luz (El joven Einstein)
Vicente Muñoz Puelles
Editorial Anaya

Las biografías de los grandes hombres y mujeres forman parte esencial de la educación de las nuevas generaciones como ejemplo y  estímulo al estudio y superación personal. El escritor valenciano Vicente Muñoz Puelles, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, ha dedicado parte de su producción literaria a este tipo de obras. La última, ‘A la velocidad de la luz (El joven Einstein)’, recientemente publicada por Anaya, cuando se celebra el año dedicado al científico más importante del siglo XX, Premio Nobel de Física en 1921 y padre de la teoría de la relatividad.

Portada del libro 'A la velocidad de la luz (El joven Einstein)', de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

Portada del libro ‘A la velocidad de la luz (El joven Einstein)’, de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

¿Por qué se ha especializado en este tipo de libros?

Lo que he hecho es más bien ampliar el campo de mis actividades literarias, simultaneando esas biografías recientes con mi propia obra de ficción y con las adaptaciones de obras clásicas. Pero a la hora de escribir el trabajo es muy parecido. Por seria y rigurosa que sea, una obra literaria siempre es ficción, en el sentido de que solo puede abarcar determinados aspectos de la realidad. Lo que sí es nuevo en mi producción son las vidas de científicos, como Ramón y Cajal, Charles Darwin, sobre quien he escrito dos novelas, Marie Curie y Einstein, que acaba de salir.

Portada del libro 'El rayo azul', de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

Portada del libro ‘El rayo azul (Marie Curie, descubridora del radio’, de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

¿Cuántos ha escrito y a qué edades van destinados?

Es difícil dar una cifra exacta, porque hace ya muchos años que escribí un ‘Yo, Goya’ y un ‘Yo, Colón’ para jóvenes, y algunas de mis novelas, como ‘El último manuscrito de Hernando Colón’, tienen mucho de biografía. Tampoco hay una diferencia esencial, desde el punto de vista narrativo, entre un libro como ‘La guerra de Amaya’, que cuenta la juventud de mi madre, y ‘El rayo azul (Marie Curie, descubridora del radio)’, que cuenta la juventud de esta última, salvo, naturalmente, los aspectos científicos. Por dar una cifra, podría decir que he escrito alrededor de una quincena de libros biográficos. En cuanto a la franja de edad, los editores suelen destinarlos a alumnos de la ESO o de Bachillerato, pero a mi modo de ver escribir solo tiene sentido cuando uno se dirige a todos los públicos.

¿Qué método sigue para armonizar la amenidad y la didáctica?

Más que un método, es una suma de factores: identificación con el punto de vista del personaje que cuenta la historia, sencillez de estilo, claridad de exposición. Nunca cuento algo que a mí mismo no me interese o que no entienda. Y procuro que nada entorpezca la fluidez del relato. Creo que es posible ser preciso sin ser aburrido o inexacto.

Portada del libro 'El pintor de las neuronas', de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

Portada del libro ‘El pintor de las neuronas’, de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

¿Qué hay en la vida de Eisntein que pueda resultar interesante a los jóvenes?

Las cualidades más características del joven Einstein, tal como lo veo, eran la amplitud de su curiosidad, su imaginación, su rechazo al autoritarismo, su inconformismo permanente, su carácter independiente y su escepticismo ante las creencias de los mayores y ante la ciencia oficial de su tiempo. Tenía la ambición de entender el universo y, al mismo tiempo, un elevado sentido del humor. Esas cualidades, a mi modo de ver, siguen siendo muy deseables entre los jóvenes.

¿Cómo cree que influye en la educación el conocimiento de la vida de estos grandes hombres?

Según un estudio de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y la Obra Social La Caixa presentado hace poco, la divulgación científica aumenta un 5,6 % el número de los jóvenes interesados en estudiar ciencia o tecnología. Eso, naturalmente, en cuanto a los científicos. El ejemplo debería ser válido en otros campos, y parece posible que, leyendo mis libros sobre Goya o sobre Dickens, otros jóvenes sientan deseos de pintar o escribir. No en vano la juventud es o debería ser la etapa más creativa.

Vicente Muñoz Puelles. Imagen cortesía del autor.

Vicente Muñoz Puelles. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Willy Ramos, la infancia recuperada

Memoria del color, de Willy Ramos
Salas Ferreres y Goerlich
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 28 de septiembre

Dijo sentirse como aquel que tras un vigoroso impulso hacia delante cae en el mismo sitio de partida. No tanto una repetición, como un singular asentamiento. Y lo explicó utilizando la imagen del niño que, bien asentado, explora las infinitas posibilidades del dibujo. Una vuelta a los orígenes, tras múltiples fugas y recorridos. Willy Ramos (Pueblo Bello, 1954) afirmó que ese giro no era “el de una despedida, sino el de un nacimiento”. Para contemplar ese florecimiento, basta acudir a su exposición ‘Memoria del color’ del Centro del Carmen.

Escultura de Willy Ramos en la exposición 'Memoria del color', en el Centro del Carmen.

Escultura de Willy Ramos en la exposición ‘Memoria del color’, en el Centro del Carmen.

A caballo entre Valencia y Colombia, las 45 obras exhibidas en las salas Ferreres y Goerlich fusionan el color y el calor que hermana ambos lugares de su experiencia vital. Más de 20 pinturas, 12 dibujos en tinta china y 11 esculturas en madera policromada y hierro dan cuenta del vigor que exhala tamaño bombeo colorista, una vez recuperada la infancia de quien se aventura por paisajes y naturalezas interiores. “Estoy en un momento de perenne duda existencial, pero llena de energía”, explicó Willy Ramos mientras iba dando ricas pinceladas de su obra.

Obra de Willy Ramos en la exposición 'Memoria del color', en el Centro del Carmen.

Obra de Willy Ramos en la exposición ‘Memoria del color’, en el Centro del Carmen.

Para ser de “frases cortas”, según reconoció el artista, el color, incluso en las piezas realizadas en blanco y negro, debió removerle la memoria a la que alude el título de la exposición. Memoria en la que se fue recreando para explicar, por ejemplo, que el gran descubrimiento del siglo XX fue la pintura de Velázquez, en cuya claridad le gustaría trabajar. “Es claro y rotundo”. Transparencia que le aleja del sufrimiento al que suelen abocarse algunos artistas. A Willy Ramos ese sufrimiento no le gusta, por eso huye de los “cuadros torturados”. Prefiere la obra plena de color y de energía.

Escultura de Willy Ramos en la exposición 'Memoria del color', en el Centro del Carmen.

Escultura de Willy Ramos en la exposición ‘Memoria del color’, en el Centro del Carmen.

‘Memoria del color’ es una explosión de esas formas rotundas y luminosas; un paseo que evoca espacios valencianos como el Jardín Botánico o El Saler, salpicados todos ellos del colorido “como nutriente de la exposición”, puntualizó Ramos, al que la mirada se le encendía con cada explicación. “Empecé a hacer esculturas como en broma”. Y ahí estaban esos rostros de mujer, en madera o hierro, igualmente “fuertes, vigorosas y enérgicas”, porque las “diosas protectoras” reflejadas en algunas de esas esculturas “tienen que ser fuertes” para que produzcan esa sensación pletórica.

No son las mujeres eróticas acostumbradas en la obra de Willy Ramos, sino evocadoras de la explosividad “tropical y valenciana” de su actual ‘Memoria del color’. Más de un año ha empleado Ramos en la exposición del Centro del Carmen. Un año repleto de paisajes entre figurativos y abstractos, propios de quien reconoce trabajar mediante “ciclos cortos, lunares”, que le llevan a empezar pintando “muy figurativo” para pasarse enseguida “a la abstracción”. Como dijo en cierta ocasión, los artistas latinoamericanos “somos más solares, que lunares, que no lunáticos”.

Escultura de Willy Ramos en la exposición 'Memoria del color', en el Centro del Carmen.

Escultura de Willy Ramos en la exposición ‘Memoria del color’, en el Centro del Carmen.

Alejado del sufrimiento, porque los caribeños “no somos nada sombríos”, ciertas de sus mujeres esculpidas en hierro destilan, de tan vigorosas, una oscura protección. “Cuando pinto soy más mental y con la escultura hay más fisicidad”. La infancia recuperada por Willy Ramos haciendo ‘Memoria del color’ quizás se deba a esa remembranza mental, salpicada de instantes matéricos. Nada de tristes trópicos, sino de alegre experiencia vital, entre valenciana y colombiana, de un artista al que le gustaría alcanzar la claridad de Velázquez una vez asentado en los orígenes de aquella infancia felizmente recuperada.

Esculturas de Willy Ramos en la exposición 'Memoria del color', en el Centro del Carmen.

Esculturas de Willy Ramos en la exposición ‘Memoria del color’, en el Centro del Carmen.

Salva Torres

Lafosse: “El cine debe molestar al espectador”

Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia
29ª edición del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Celebrado del 20 al 27 de junio de 2014

A Joachim Lafosse le haces una pregunta y, lejos de tomarse el encuentro con los periodistas como un acto de obligado cumplimiento promocional, medita cada respuesta como si estuviera disfrutando de un buen solomillo. Sería una falta de decoro, pero a Lafosse se le ve tan a gusto respondiendo, que diríase tentado a rebañar cada palabra con la lengua. De manera que cada pregunta, en la distendida comida con el director de  perdre la raison (Perder la razón) en el restaurante Mar de Avellanas, se convertía en una aventura, quizás debida al impacto que le había producido el rodaje en Marruecos de su última película Les chavaliers blancs (Los caballeros blancos).

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

“Ha sido impresionante trabajar en un campamento con 50 niños de un montón de familias, mientras sobrevolaban helicópteros. Un caos del que todavía no me he repuesto”, dijo para abrir boca con los periodistas. Un caos que, sin embargo, parece gustarle a Lafosse, puesto que en varias de sus películas, sin duda en menor grado, participan niños con los que siempre resulta difícil trabajar. “Me gusta llevar las cosas al límite”, reconoció, para enseguida explicar su tendencia a mostrar personajes igualmente sometidos a excesos y contradicciones.

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

“El cine debe molestar al espectador”, por eso admitió que los personajes que más le gustaban eran aquellos que en principio parecían “luminosos y encantadores”, pero que luego terminaban siendo “malvados”. Un rasgo de carácter que el director de Nue propieté (Propiedad privada) suele inscribir en el marco de la familia. En esta película, por ejemplo, se ve al matrimonio protagonista recoger los cristales de una mesa rota durante el enfrentamiento entre dos hermanos. La fragilidad como denominador común de un cine que él entiende siempre al límite de lo permitido.

“Me gusta que el espectador se sienta incómodo con el comportamiento de los personajes”. Que no entienda, por ejemplo, la deriva de una pareja primero felizmente enamorada y luego en franco proceso depresivo, tal y como sucede en À perdre la raison. “Creo que es la película más dura que he hecho”. No se mostraba Lafosse especialmente satisfecho con la utilización del encuadre en esta película, estrechándolo mediante la aparición lateral de franjas borrosas. “Quise dar la impresión de que alguien acechaba a esa pareja, pero no creo que logré ese efecto”, admite con total sinceridad.

Fotograma de 'Lecciones privadas', de Joachim Lafosse.

Fotograma de ‘Lecciones privadas’, de Joachim Lafosse. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Para Lafosse, los personajes son el material del que se nutre, “como el periodista busca los hechos o el juez la verdad”. Pero matiza que, a diferencia de estos, los protagonistas de sus películas “no se instalan cómodamente en la realidad, sino que provocan emociones muchas veces contradictorias”. A Joachim Lafosse, que recibió el Premio Especial Luna de Valencia en la recién concluida 29ª edición de Cinema Jove, le gusta explorar esas contradicciones de sus personajes, hasta el punto de dibujar el perfil de lo que le gustaría ver en una pantalla: “Un superhéroe de los de Hollywood que a medida que avanza la película da un vuelco, desconcertando al espectador con su lado más oscuro”. Y agregó: “Una especie de Batman que al quitarse la máscara resulta ser el Joker”.

En À perdre la raison explora en esta dirección, aunque de forma muy sutil. El personaje benefactor, médico y amigo de la joven pareja protagonista, va descubriendo poco a poco su faceta opresiva. “Es quien va imponiendo sus normas y provocando el triste desenlace”, que Lafosse dijo haber tomado prestado de una noticia en prensa. Les chavaliers blancs dijo que se despegaba de esa tendencia en su cine por mostrar la doble faz, luminosa y oscura, de sus personajes. Y terminó de hablar para salir en busca de algún recuerdo de su visita a Valencia. Objeto de un deseo que, apuntó suavemente, “conviene también alimentar”.

El director belga Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de la 29ª edición del Festival Internacional de Cine de Valencia. Imagen cortesía de Cinema Jove.

El director belga Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de la 29ª edición del Festival Internacional de Cine de Valencia. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Salva Torres