Charpa, siempre a contracorriente, nos deja

Mercè Moreno, Charpa
Junio de 2020
Obituario

La conocí cuando decidió reabrir la Galería Charpa, después de mucho trotar por el mundo. Fue en marzo de hace seis años, cuando en un reportaje periodístico trataba de recoger su venida a Valencia, al tiempo que Kessler Bataglia cerraba su sala. Una sonada defunción junto a otro exclamativo renacimiento. La conocí y enseguida hicimos buenas migas, porque mientras ella largaba, sin pelos en la lengua, yo tomaba buena nota de su insolente manera de llamar a las cosas por su nombre. Venía, como los antiguos aventureros, trayendo consigo el aire fresco de los lugares distantes, el aire que despeja la turbia atmósfera local impidiendo, muchas veces, ver al rey desnudo.

Ella seguía a lo suyo, dispuesta, en lo que llamaba su “capilla” artística que reabría en Tapinería, a mostrar en Valencia nuevos artistas venidos de lejos, en este caso de China, hoy tan de moda. Apasionada, lenguaraz, entusiasta del arte hasta límites indecibles, se fue volcando con cada exposición, como se vuelcan los niños con un juguete al que dotan de inconmensurables poderes anímicos. No entendía la vida consumida a sorbos, sino a tragos largos, al igual que se encendía cada vez que las palabras, como los relojes de Dalí, se ablandaban por la rutina. Siempre a contracorriente, una enfermedad tan tenaz como ella se la ha llevado, dejando su “capilla” con un silencio insondable. Para que su voz siga resonando, valgan estas palabras del día en que rememoró su vuelta a Valencia.

Charpa observando una de las obras de su galería. Imagen extraída de su Facebook.

18 de marzo de 2014

Todo el mundo la conoce por Charpa. Su verdadero nombre, Mercedes Moreno, sólo sale a relucir “cuando me viene algún recibo del banco”. Fundó su Galería Charpa, a modo de estudio, en Gandía hace ya 35 años. “En 1983 me vine a Valencia”. Primero a la calle Sorní y luego a Tapinería, donde todavía permanece contra viento y marea. El pasado año, en plan frenazo de película muda, decidió cerrar y recorrer medio mundo: Pekín, Londres, Nueva York. De manera que el hastío que le produce Valencia (“da muy poco de sí”), no ha podido con su pasión por el arte, ahora reverdecido tras su largo periplo viajero. “He conocido a una serie de magníficos artistas chinos y americanos”, a los que piensa exponer en Charpa, arrancando así nueva etapa.

De momento, ahí está la dedicada a Bingyi, de la que habla maravillas, no sólo ella, sino Vicente Todolí que acudió a verla. A Charpa, curtida en mil batallas, le sigue sorprendiendo el “escaso interés” por el arte que existe en Valencia. Y aunque tiene claro que una galería debe vender obras, también subraya que, por encima de todo, “es una forma de entender la vida”. Por eso habla de su galería como si fuera una “capilla”, que le sirve de fortaleza interior frente al adverso ambiente exterior. “Se han cargado el IVAM, que en su día dinamizó la ciudad. Y no lo digo porque esté Consuelo Ciscar, que esto viene de antes, sino por esa utilización del museo para fines personales, y con exposiciones mediocres y sin interés”.

Las galerías de arte, “ahora mismo”, dice que “tienen poco sentido”, frente al avance estrangulador de los museos. También apunta que en pleno auge económico no es que hubiera más coleccionistas, sino que había “compradores” salidos de la construcción. “Ahora ni eso”. Tampoco le seduce ARCO: “No me interesa cómo está montado, con mucha morralla que se hace pasar por bueno; prefiero los Documenta o las bienales”. Eso, y seguir apostando por los artistas que de verdad le conmueven. Allí, en su “capilla” de la galería Charpa, donde las campanas han vuelto a sonar con ritmo asiático.

Charpa en una imagen extraída de su Facebook.

Salva Torres

Charpa, la vía del arte chino en Valencia

‘Uno’, de He Zhihong y Guillaume Olive
Galería Charpa
C / Tapinería, 11. Valencia
Hasta finales de noviembre

Bi Ying, Casey Tang y, ahora, He Zhihong acompañada de Guillaume Olive, por citar las últimas incorporaciones. De manera que la galería Charpa sigue apostando por los artistas chinos, abriendo su espacio y ofreciendo sus paredes para que declamen sus sorprendentes propuestas, alejadas del tradicional colgado de obras. Que declamen, sí, porque los trabajos expuestos se ofrecen al espectador a modo de frases sueltas que adquieren sentido mediante la contemplación pausada del conjunto. Es la sutileza oriental por la que Charpa apuesta en tiempos de discursos gruesos.

Una de las obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa en Valencia.

Una de las obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa en Valencia.

Y lo hace en esta ocasión con la obra de He Zhihong, cuyas ilustraciones acompañan suavemente los poemas de la dinastía Tang, reinante hace más de diez siglos en China. Guillaume Olive se suma al esfuerzo por recuperar aquella poesía, entregando ambos un trabajo conjunto repleto de naturalezas desbordantes, paisajes románticos y personajes salidos de tradicionales cuentos infantiles. Por ellos desfilan figuras, animales, monstruos y lugares característicos del mundo rural donde se tejen tramas novelescas que sirven de fondo a la inmemorial existencia.

Obra de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa en Valencia.

Obra de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa en Valencia.

Gracias a las labores de intérprete realizadas por Salvador Albiñana, ex director del Col.legi Major Rector Peset, que ejerció de improvisado guía, supimos que el padre de Zhihong era calígrafo y que, por tanto, ella “mamó desde pequeña” esa pasión por las letras. Pasión que aparece reflejada en esa cadencia formal con la que He Zhihong va penetrando en los paisajes y escenarios de aquellos cuentos chinos. Algunos de los cuales, obra de ambos artistas, se hallan en forma de libro expuestos para que puedan ser hojeados.

Obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa de Valencia.

Obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa de Valencia.

Una parte de la muestra aparece bajo el dominio de la sutil naturaleza, en la que el ser humano resulta minúsculo en comparación con el gran paisaje que lo desborda. Zhihong lo exhibe a modo de gran mural que se extiende más allá del frágil marco que lo contiene, para rebasarlo e invadir el espacio de la pared. La naturaleza así desplegada termina por diluir los límites espaciales, en clara alusión a esa otra naturaleza interior de quien se ve invadido por tan fantástico paisaje.

La otra parte expositiva se halla protagonizada por ilustraciones saturadas de color de esos cuentos de tradición oral, en un montaje lineal que se ve quebrado por alguna ilustración fuera de lugar. De manera que el propio montaje se convierte en narración, puntuando ciertas imágenes al margen del conjunto, sobre todo aquellos que tienen que ver con la presencia de monstruos. Tinta china a color sobre papel de arroz y de seda.

Obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa de Valencia.

Obras de He Zhihong en la exposición de la Galería Charpa de Valencia.

Pero hay algo más, sin duda obvio, una vez descubierta la pasión de Zhihong por la caligrafía paterna. Se trata de ese poema caligrafiado en la pared de entrada de la galería, dedicado al campesino, traducido así: “Escardando los brotes de cereales, a mediodía, en pleno sol, las gotas de sudor resbalan a lo largo de los tallos y penetran en la tierra. Quién se acuerda que la comida de cada plato, es el producto de tanto trabajo?”

Para recordarnos esa relación con la naturaleza, ya no imaginaria sino directamente asociada a la más intrínseca supervivencia humana, He Zhihong y Guillaume Olive suman fuerzas en la recuperación de una tradición oral que hurga en cierta memoria ancestral. Charpa la acoge en su galería para ofrecer testimonio, vía oriental, de los cuentos que nos constituyen. Cuentos a seguir teniendo muy en cuenta.

Una de las obras de He Zhihong en la exposición de la galería Charpa.

Una de las obras de He Zhihong en la exposición de la galería Charpa.

Salva Torres