The Waterboys, grandeza y modernidad

The Waterboys
Modern blues
2015
Harlequin and Clown Records

Tras más de dos docenas de audiciones, como requería la ocasión, bien efectuadas, con concentración y abstracción, del nuevo “Modern blues” de Mike “Big” Scott y sus WATERBOYS me he sentido capacitado por fin para escribir unas líneas sobre este trabajo. La verdad, no quería precipitarme, de sobras es conocida entre mis íntimos (y entre los que no son tanto) una confesable devoción por el legado de este artista.

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Mike Scott

Para que nos hagamos una idea, cuando oigo la voz de Mike Scott se me disparan las alarmas de forma peculiar desde el pabellón auditivo, algo similar a lo que podría ser cuando se cruza con la vista una hembra de buen ver. Estas cosas pasan y tampoco hay que darles mayor importancia. Quizás sea un poco como esos “Destinies entwined”, el hipertemazo con el que abren fuego y la causa sea el azar de la vida que siempre nos aproxima. Porque unidos por el destino nos vende el “big” tal y como otros nos venden sus productos, porque nos gusta que nos ofrezca el “big” tal y como otros nos ofrecen un maravilloso Edén. Nuevos dioses, nuevos guías pero al fin y al cabo lo único claro es que el amor en todas sus manifestaciones es el auténtico motor vital. A los que conocemos y nos congratula el estilo de los Waterboys no nos extraña ese misticismo o espiritualidad que rodea una canción que en cierto modo enlaza con un álbum que no obtuvo buenas críticas, el “Dream harder” de 1993, un disco exquisito pero el primero con el que ciertos sectores se empeñaron en liquidar, desprestigiar, vapulear,…, qué fácil es decir eso de que a fulanito o menganita se le ha pasado el arroz.

Ojo, resulta obvio que muchas bandas o artistas de rock dejan de mantener su nivel de calidad cuando transcurre la década en la que gozaron de sus primeros éxitos (o mejor decir, valga la redundancia, de las mejores críticas). Pocos fueron los supervivientes de los 80’s y muchos menos los que después de treinta años mantienen la cota de clase y pedigrí de aquellos años. Me vienen ahora a la cabeza Steve Wynn, Robyn Hitchcock,… y, sobre todo, Mike Scott con sus Waterboys.

-- THE WATERBOYS - Modern blues - 1

The Waterboys – Modern blues

Al gran “Big” siempre le ha gustado reivindicar con carácter cíclico las diferentes etapas de su dilatada trayectoria. Por ello no resulta tan sorprendente ese acercamiento al sueño más difícil. En cambio, con “November tale” hay un héroe, hay un aventurero, hay dudas sobre la fe y sobre las religiones pero por encima de todo hay un desfile de locos dentro de un tema del que se podría decir que conecta a nivel musical con, por ejemplo, aquella maravilla y ninguneada obra maestra “Still burning” que el gran “Big” publicó en solitario allá por el 97 y donde en realidad era tan Waterboys como en el resto de sus obras.

Pocas son las sensaciones de que este álbum ha sido grabado en Nashville, quizás un “Still a freak” que posee esa pincelada americana junto a un épico in crescendo marca de la casa, toda una declaración de intenciones de un artista motivado, ilusionado, apasionado, un rara avis en esto del rock que explora otros territorios que le puedan generar inspiración. Quizás por ello resulta después ideal “I can see Elvis” donde es capaz de imaginar a Elvis fumando porros con Bob Marley y Jimi Hendrix, en un nuevo desfile de locos donde también participan Keith Moon, Charlie Parker, John Lennon, Marvin Gaye,…, hasta incluso Juana de Arco y Platón.

Una que no me acaba es “The girl who slept for Scotland”, quizás demasiado ñoña y sensiblera, aunque puedo llegar a entender la necesidad de que un artista de su magnitud necesite transmitir recuerdos de sábanas, de ríos salvajes y de actos de amor entre estrellas, en este caso desde Dublín hasta el amanecer escocés. ¿Qué será de ella? Otra cosa es “Rosalind”, tiene blues y tiene modernidad. Sin duda Rosalind se casó con el hombre equivocado dentro del tema que a mi gusto mejor define los tiros por donde quiere ir ahora Mike Scott con sus Waterboys.

-- THE WATERBOYS - Modern blues - 4

Mike Scott

Cual si fuera un cruce de caminos resulta «Beautiful now», ella era hermosa y para un caballero todavía lo es más ahora, me evoca a una especie de encuentro musical entre el Boss y los Dire Straits del “Making movies”. Y llegamos a “Nearest thing to hip”, muy, muy bonita, todo un “mistake brilliant”, de lo mejor del disco me parece esta atípica canción que no provoca un intenso primer flechazo pero que luego se va abriendo paso, más y más. Contiene el espíritu del León de Belfast y resulta muy adecuada para escuchar degustando un café y un dulce en algún viejo tugurio, donde deambulen los fantasmas de Sun Ra, Charlie Parker, Miles Davis o John Coltrane.

Y llegamos al final, algunos nunca lo entenderán, no profundizarán, a otros no les interesará y otros tantos no lo valorarán. A los suficientes nos da lo mismo, “Long strange golden road” es todo grandeza, la misma, la idéntica, la que en otros tiempos nos enseñó que habían héroes, un camino por recorrer, Jack Kerouac, la épica y la existencia de diosas de la lujuria y de la belleza, musas por las que los hombres hacen sacrificios, deidades del pecado y ninfas que simbolizan todo aquello que hay de bello en el mar.

Que nadie espere del “Modern blues” unos irrepetibles “This is the sea” o “Fisherman blues”. Ni esto es el mar ni la fisherman-star tiene que hacer méritos en forma de históricas obras maestras para captar personal a estas alturas de la vida. Ni tan siquiera considero que supere a ese anterior fantástico artefacto sónico que fue en el 2011 “An appointment with Mr. Yeats”. Pero una cosa hay que tener en cuenta, con otro episodio de su segunda división pocos del año en curso están o estarán por encima de sus caderas. La inicial desconfianza por excesivas connotaciones comerciales, similares a la del discazo de The War on Drugs en el pasado 2014, o porque el órgano hammond sea más protagonista que el violin, se van disipando en cada audición. Apuesto que más de un crítico implacable y voraz recapacitaría si escuchase estas coplas en vivo y en directo.”Modern blues” es suficiente, es notable y al final Mike Scott siempre es “big”.

JJ Mestre

  * Publicado también en Espacio Woody/Jagger

Jersey Boys, el musical de Clint Eastwood

Jersey Boys, el musical de Clint Eastwood

Me rindo ante la evidencia una vez más. La grandeza de Clint Eastwood va más allá de lo que dudo mucho que alguien hubiera imaginado en sus inicios. Y no me refiero a los tiempos de “Por un puñado de dólares”“La muerte tenía un precio“ o “El bueno, el feo y el malo” sino más bien al período entre “Escalofrío en la noche” y “Bronco Billy” como director. Su versatilidad, mutabilidad o como se le quiere catalogar dentro de su trayectoria es uno de los muchos factores para admirar profundamente su faceta detrás de la cámara con un volumen de cintas de prestigio a la altura de unos pocos elegidos.

Ahora, con casi 85 tacos a sus espaldas, se dice pronto, ha engendrado otra interesante peli, Jersey Boys, esta vez con una propuesta arriesgada, la de un musical con tintes biográficos y dramáticos, en otra dirección a la línea que marcó con el biopic de Charlie Parker en 1988 titulado “Bird” o con el episodio de “Piano blues” en el documental de 2003.

jersey boys 1

El modo vehemente en que se apodera Clint Eastwood de la típica historia musical basada en el ascenso, fama y decadencia, en este caso de Frankie Valli y su banda The Four Seasonsy de qué forma adapta al cine un exitoso musical de Broadway podría ser digno de análisis pormenorizado. A tanto no llegaremos, apuesto que más de un especializado sabrá hacerlo con detenimiento y pulcritud. Lo que sí creo que se puede destacar sin profundizar en exceso es cómo demuestra su pasión por la música, transmitiendo emoción en ese sentido a la concurrencia de turno, retratando una época con fidelidad y conocimiento de causa (no en vano el director californiano ya contaba con más de treinta años cuando Sherry se convirtió en el primer gran éxito de los de Nueva Jersey). Me atrevería a decir incluso que Clint homenajea un período muy importante de su vida, valga como ejemplo cuando en una secuencia aparece su imagen en un western televisivo.

A título particular me parece un gran acierto haber mantenido a John Lloyd Young, adaptando su papel teatral de Frankie Valli al cine. Por supuesto mención especial sobre cómo este actor borda el falsete del legendario artista al mando de una banda caracterizada por las armonías vocales y preludio de otras que serían más populares poco tiempo después como los Beach Boys o los Beatles. Por otra parte, la fórmula de que los actores hablen a la cámara no es nueva pero en el entorno argumental aparenta innovadora. Otro tino importante es la aparición de Christopher Walken como amigo mafioso de la banda con nombre de bolera, un secundario de lujo, menudo crack, se sale en cada una de sus apariciones.

jersey boys 4

Esa recta final tras el trágico suceso de Francine, la hija de Frankie Valli que muere por sobredosis, y cómo recupera el éxito perdido interpretando Can’t take my eyes off you son algunas escenas que transmiten emoción aunque a esas alturas el film ya ha perdido el poder seductor inicial para convertirse en una película biográfica más convencional. A ellas incluso añadiría algunas finales que pudieran ser cargantes como las de los componentes que cuentan visiones o retazos de su vida a la cámara a modo de despedida o ese colofón festivo-musical a modo de consumación teatral.

En definitiva, apuesto que este biopic, excesivamente largo a mi gusto y que a mi juicio dista de los mejores films de Eastwood, recibirá críticas negativas desde las posiciones más puristas, pero tiene bastantes detalles para ser alabado por cualquier revivalista o admirador de la música que se gestó a finales de los cincuenta y a principios de los sesenta así como por buena parte de amantes de la música popular en cualquier vertiente o estilo. Eso sin contar con aficionados cinéfilos tanto desde la perspectiva más especializada como desde la más comercial y popular. Y todo ello con un musical. ¿Qué más se puede pedir entonces? A los que haya unido Clint Eastwood que no los separe el hombre.

JJ Mestre

woody-jagger.blogspot.com.es

La historia del jazz, en discos y carteles

Con acento. Memoria gráfica del jazz en España
Comisarios: Jorge García y Toni Picazo
La Nau de la Universitat de València
C / Universidad, 2. Valencia
Hasta el 12 de enero

Decía Charlie Parker que la vida siempre había sido cruel con los músicos. Y ponía el siguiente ejemplo: “He oído decir que Beethoven, al encontrarse en su lecho de muerte, cerró el puño contra el mundo porque no lo entendía. Nadie comprendió verdaderamente en los tiempos de Beethoven lo que éste escribía. Pero eso es música”. Una música, centrándonos ya en la de jazz, que, según el sociólogo y vicerrector de Cultura de la Universitat de València, Antonio Ariño, “llega al 2% de la población”. Un porcentaje que contrasta con el 21% del IVA cultural. En semejante contexto, cuasi inmemorial, el jazz se ha ido abriendo paso contra viento y marea, para reclamar ahora su atención gracias al recientemente clausurado Congreso Internacional: El Jazz en España celebrado en Valencia.

Detalle de la portada del disco 'The Crazy World of Jess Franco' en la exposición 'Con acento. Memoria gráfica del jazz en España'. La Nau.

Detalle de la portada del disco ‘The Crazy World of Jess Franco’, ilustrado por Jordi Labanda, en la exposición ‘Con acento. Memoria gráfica del jazz en España’. La Nau.

La Nau de la Universitat de València acogió el encuentro entre músicos y expertos del mundo del jazz, que todavía hoy guarda su eco en la Sala Oberta. En ella, una exposición de carteles, discos, revistas, ilustraciones, partituras y folletos publicitarios, pertenecientes a diversas colecciones públicas y privadas, recoge la historia del jazz en forma de memoria gráfica. Un audiovisual completa la muestra precisamente titulada Con acento. Memoria gráfica del jazz en España, comisariada por Jorge García y Toni Picazo.

'Gracias, Pedro', ilustración de Chema Peral e Inma Lorente, en la exposición 'Con acento. Memoria gráfica del jazz en España. La Nau.

‘Gracias, Pedro’, ilustración de Chema Peral e Inma Lorente, en la exposición ‘Con acento. Memoria gráfica del jazz en España. La Nau.

Los carteles anunciadores de diversos eventos y festivales llenan una de las paredes de entrada. Previo al espacio poblado de discos y folletos publicitarios, hay un audiovisual que recoge testimonios relacionados con la historia del jazz. Una historia plagada de obstáculos que saltar y que, quizás por ello, parece la historia de unos aventureros en busca de un territorio donde pastar una música destinada a ese 2%. Entre esos aventureros destaca Juan Claudio Cifuentes y su Jazz entre amigos de la 2 de Televisión Española. Aquel programa, que se sostuvo en antena entre 1984 y 1991, fue como un oasis en el desierto de la música de jazz televisiva. El propio Cifu aguanta, ahora en radio, con su longevo Jazz porque sí, demostrando que los porcentajes valen de poco cuando predomina la pasión. “Durante siete años hicimos una labor de difusión del jazz bastante correcta”, explica con modestia Cifu en el video.

Detalle de uno de los carteles de la exposición 'Con acento. Memoria gráfica del jazz en España'.

Detalle de uno de los carteles de la exposición ‘Con acento. Memoria gráfica del jazz en España’.

Ya en el espacio dominado por las portadas de discos, partituras, folletos publicitarios, así como libros y revistas expuestos en vitrinas, se puede contemplar esa memoria gráfica del jazz a la que alude el título de la muestra. Tete Montoliu,  Nuria Feliu y Lou Bennett, Jordi Sabatés, Pedro Iturralde, Juan Carlos Calderón, Jorge Pardo o Carles Benavent son algunas de las figuras que encabezan esas portadas, entre las que destaca la ilustrada por Jordi Labanda para el disco The Crazy World of Jess Franco, director de cine fallecido este año que, además de su larga y singular trayectoria cinematográfica, también hizo sus pinitos en el mundo de la música.

Carteles de la exposición 'Con acento. Memoria gráfica del jazz en España'. La Nau de la Universitat de València.

Carteles de la exposición ‘Con acento. Memoria gráfica del jazz en España’. La Nau de la Universitat de València.

Folletos de los años veinte y treinta, junto a otras portadas de vinilos de corta duración y alguna que otra ilustración, como la dedicada a Pedro Iturralde, conforman el grueso de la exposición que permanecerá en la Sala Oberta de La Nau hasta el 12 de enero. Memoria gráfica del jazz que a más de uno le arrancará cierta sonrisa cómplice y la sensación de que el jazz sigue vivo, a pesar o gracias a ese 2% de público entregado a su música. Y como viene diciendo Juan Claudio Cifuentes, Cifu, en sus ya legendarias despedidas de Jazz porque sí: “Besos, abrazos, carantoñas y achuchones múltiples para todos y todas”.

Detalle de uno de los carteles de la exposición 'Con acento. Memoria gráfica del jazz en España'. La Nau de la Universitat de València.

Detalle de uno de los carteles de la exposición ‘Con acento. Memoria gráfica del jazz en España’. La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres