ESTEVE ADAM. EL COLOR DEL TIEMPO.

El color del tiempo. Esteve Adam.
Casino Liberal. Algemesí. (Valencia)
Prorrogada hasta el  3 de abril

La naturaleza está en la esencia misma de la condición de pintor de Esteve Adam. De su contemplación directa aprendió la geometría perfecta e irregular creada por la tensión de los elementos, la riqueza orográfica de sus colores que explotan como sonidos secos del campo en amarillos y verdes matizados por la tenacidad de una atmósfera cambiante. Es un paisaje físico que se aferra a la tierra, al agua y al aire rasgado por un horizonte que delimita mediante líneas y manchas unas composiciones rigurosas, a veces cartesianas, donde la compensación del color y los gestos son medidos y conscientes.

El color del tiempo. Esteve Adam.

El color del tiempo. Esteve Adam.

La pintura al aire libre dotó a los artistas de vigor y espontaneidad, de impresiones plasmadas a base de toques de color  y trazos inmediatos que inyectan de modernidad a la escuela valenciana a través del pensat i fet de Pinazo.  Ese es el punto de partida de la configuración del paisaje en la obra de Esteve Adam, al que debemos sumar la tradición de paisajes pensados que toman la herencia de Cézanne, Picasso o Juan Gris, la cartografía plástica de Díaz Caneja y la visión nueva del mediterráneo de Francisco Lozano. E incluso sentimos la profundidad metafísica de Hoper o Morandi. Un compendio de referencias o coincidencias que nos ayudan a entender la aportación de Esteve Adam que conjuga este género en el discurso del arte contemporáneo a través de lo que hemos llamado “Paisaje elaborado” al que llega incorporando, a la observación de la naturaleza, los recursos constructivos de la abstracción de los ochenta, explorados en sus premiados “Bodegones”

El color del tiempo. Esteve    Adam.

El color del tiempo. Esteve Adam.

Con esta exposición, compuesta de pequeñas tablas, apuntes y dibujos tomados en las salidas pictóricas, Esteve Adam fusiona la tendencia inmediata, física y sonora de la pintura plenairista con la estructura meditada del paisaje. El cultivo del arroz en los marjales es el tema central de estas tablas en las que registra rigurosamente los cambios de color, luz y en distintos momentos del año y a distintas horas del día. Retoma el afán de los impresionistas al que le incorpora una mayor dosis de experimentación científica, en justo equilibrio con los valores poéticos y musicales de las variaciones. Esteve Adam se decanta más por desgranar matices sobre una esencialidad de color que predomina  en función del proceso de cultivo del arroz, aliándose con los cambios de luz y la atmósfera a lo largo de las estaciones. El verde de la floración del verano, jugoso y rutilante, da paso en septiembre a la explosión de amarillo de la espiga ”ventrellada”. Tras la siega de setiembre, el azul inunda las parcelas en un invierno que se prolonga hasta la “aixugà” de febrero que imprime de tierras y ocres el paisaje.

El color del tiempo. Esteve Adam.

El color del tiempo. Esteve Adam.

Hasta el próximo 3 de abril podemos ver en Algemesí ese ciclo que  repite metódico su variación a través del tiempo, en el cual se sumerge el pintor para incorporar el momento y su color en la noción del “Paisaje elaborado”.

Alejandro Villar

Fotografía de portada, Oscar Vázquez Chambó.

Concha Ros: El lugar de partida

The Mirror, de Concha Ros
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 13 de marzo, a las 20.30h
Hasta el 4 de mayo, 2015

“Soy dibujante, pienso en imágenes.” Así empezó nuestra conversación. Siempre he pensado que dibujar es una oportunidad para representar lo que no volverá a ser visible. Es un momento único, irrepetible, lleno de emociones. En palabras de Cézanne: “Está pasando un minuto en la vida del mundo. Píntalo como es”. Vivimos mirando y buscando zonas intermedias de comunicación a través de la obra que realizamos, motivados por un intento no tanto de identificar, ni hallar, ni descubrir, sino de mirar para poder fijar la imagen, entenderla, traducirla y habitarla. La imagen está en la retina y en el pensamiento y el dibujo contiene la experiencia de mirar, obligándonos a detenernos y entrar en su tiempo. Ese tiempo que reúne la totalidad de los instantes.

Obra de Concha Ros en la exposición 'The Mirror', en Imprevisual Galería. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Concha Ros en la exposición ‘The Mirror’, en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

John Ashberg pensó que “La mente es tan hospitalaria, lo aloja todo…”. Nos encontramos envueltos por cientos de imágenes formadas por pequeños puntos de luz que visibilizan nuestro entorno, seleccionando capturas a modo de “pantallazos”. ¡Existen tantas imágenes en el mundo! Pero ¿cuál es, de todas esas imágenes, la que finalmente fijamos?

Concha Ros traduce su memoria de imágenes en un cuerpo femenino, que se repite en su diferencia al igual que el Rizoma que actúa como mapa y no como calco: “El mapa no reproduce un inconsciente cerrado sobre sí mismo, lo construye. Contribuye a la conexión de los campos, al desbloqueo de los cuerpos sin órgano, a su máxima apertura en un plan de consistencia. Forma parte del rizoma. El mapa es abierto, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantes modificaciones.” (1)

Se dibuja así misma, desde fuera, pero también desde dentro; sin principio ni final, sin fronteras, adaptándose a la superficie convertida en espacio. No en vano su mano y su lápiz, en muchos de sus trabajos, están todavía terminando el dibujo, lo que los hace realmente inquietantes y nos llevan a plantearnos si debemos terminarlos en nuestra imaginación, apropiándonos de ellos.

Obra de Concha Ros en la exposición 'The Mirror', en Imprevisual Galería. Foto de Maite Backman, cortesía de Imprevisual.

Obra de Concha Ros en la exposición ‘The Mirror’, en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

Juan José Gómez Molina en ‘Proyectar y Proyectarse’ escribe: “Asumir como proyecto de dibujo y no como dibujo de proyecto surge también del hecho inquietante de la ineludible necesidad de establecer la propia proyección (…). La línea con memoria que va determinando el dibujo constituye el eje de doble referencia desde donde es posible la separación del objeto y la configuración del yo”.(2)

Este viaje comenzó con el trazo de esa línea con memoria que es el dibujo, produciendo una determinación del límite que focaliza sucesivamente la imagen proyectada en la representación de un ser, que haciéndose se mira. Ofreciendo la suficiente resistencia a la luz para que no la atraviese, estableciendo el perfil preciso. El perfil de una línea fina y sensible sobre papel blanco, pero también sobre papel negro (positivo/negativo), nos señala y desdibuja el paso de dentro a afuera: es el espejo (The Mirror), ese lugar metafórico que aloja la imagen y que la devuelve convertida, mediante el dibujo, en el lugar de llegada.

1 Deleuze, G., Guattari, F., Rizoma. Ed. Pretextos, Valencia 2003. Página 29

2 Gómez Molina, Juan José, La representación de la representación. Ed. Cátedra. Madrid 2007. Página 62

Obra de Concha Ros en la exposición 'The Mirror' en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

Obra de Concha Ros en la exposición ‘The Mirror’ en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

Rubén Tortosa

Tiepolo y sus retratos de fantasía

Giandomenico Tiepolo
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 20 de abril, 2015

¿Pueden convivir las obras de arte sean de la época que sean? ¿El mural más reciente de Banksy o la última ilustración de Pawel Kuczynski por ejemplo con un grabado de Goya? Las afinidades y divergencias entre las obras podrían tener que ver, más que con el tiempo, con la manera de ver el mundo de los artistas. Miró puede ser más afín a un artista pictográfico de hace doce mil años que a cualquier expresionista de su época.

Los que se interesan sólo por lo último de lo último, o los que consideran que arte es sólo lo que hicieron los clásicos, o sea, que murió antes del impresionismo, creen en la idea de la evolución (o involución) del arte. Pero puede ser que no tenga nada que ver con eso. Que las obras simplemente coexistan.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Al fin y al cabo, la evolución es una idea que afirma la existencia de un punto fijo desde el cual arranca todo el proceso. Pero el caso es que aquí no hay ningún punto fijo, ningún centro sobre el que gire nada. Por tanto, no hay proceso lineal. Parece más bien que en el arte el punto es móvil y se desplaza con cada obra que se crea. Como si no pudiera parar quieto. Los estilos se suceden recogiendo elementos de los otros estilos, modificándose y envolviéndose continuamente. Es como un ADN en el que todo está en todo.

Por esas afinidades y divergencias, el tiempo, en el arte, se esfuma, y en su lugar aparece la simple comunicación entre las obras, que parecen hacerse confidencias, como invitados en una fiesta con ganas de conocerse, o que discuten y, al hacerlo, se revelan sus tensiones íntimas, como en una cena de navidad −aquello que más les preocupa o que precisamente mejor (o más dolorosamente) las define.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Bingyi, por ejemplo, con su pandemonium de luces y sombras, tendría mucho de qué hablar con Turner, pero también, por contraste, con su actual coetánea He Zhihong. Los poéticos paisajes de esta, a su vez, convivirían perfectamente con los de Constable, Friedrich o incluso Cézanne, pero se destacarían sobre todo si se encontraran con los de Van Gogh. O en fin, si los retratos en lejía de Barceló tuvieran delante los de Giandomenico Tiepolo que el Museo de Bellas Artes de Bilbao acaba de presentar en su nueva exposición, en colaboración con BancaMarch y Consulnor.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Cortesía de Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Cortesía de Museo de Bellas Artes de Bilbao.

No son retratos de personas concretas, sino de fantasía, es decir, son inventados. Y lo que Tiepolo ha inventado son tipos genéricos –tres hombres maduros con toque oriental y ocho mujeres jóvenes pintados con un estilo que recuerda a Rembrandt-. Están fechados alrededor de 1768 cuando aprovechó su estancia en Madrid, a donde había ido con su padre y su hermano para pintar al fresco varios techos del Palacio Real.

Al no representar a nadie en concreto, este artista se decide por pintar tipos, como si dijéramos a la manera de Jung, es decir, arquetipos. Su preferencia son los filósofos de la antigüedad, en cuanto a los hombres, y su ideal de belleza femenina en el caso de las mujeres (inocencia, austeridad, personalidad, decisión, bondad). Temas estos que, por sí solos, abren un sin fin de interrogantes.

Completa la exposición doce aguafuertes cedidas por la Biblioteca Nacional de España.

Retrato de mujer de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de mujer de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres

Barcelona, zona neutral en la Gran Guerra

Barcelona, zona neutral (1914-1918)
Fundació Joan Miró, Barcelona
Inauguración 25 de Octubre
Hasta el 15 de Febrero del 2015

La Fundació Joan Miró presenta Barcelona, zona neutral (1914-1918) como consecuencia del centenario de la Gran Guerra que se conmemora este año 2014, una exposición sobre la cultura, la sociedad y el arte barceloneses durante aquellos cuatro años de neutralidad.

La exposición, comisariada por Felix Fanés y Joan M. Minguet, propone un recorrido temático por la Barcelona del período de la Primera Guerra Mundial, una ciudad que acogió artistas europeos exiliados y acontecimientos culturales de gran importancia interrumpidos por la guerra. Una transformación convulsa que cambió la producción cultural de Barcelona, introduciendo la polaridad entre la cultura oficial y la cultura de vanguardia.

La muestra se divide en un total de nueve salas, y abarca los más variados formatos visuales: el arte de la fotografía, las ilustraciones, las revistas, las postales, la publicidad, los cromos, el cine y las artes tradicionales. Las obras de Picabia, Togores, Picasso, Delaunay, Gleizes, Torres-García y Sunyer, entre otros, conviven con elementos de comunicación de masas de la época en formato original.

Vista nocturna del monumento a Cristóbal Colón, obra de Josep Brangulí, en la exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918). Imagen cortesía de la Fundación Joan Miró.

Vista nocturna del monumento a Cristóbal Colón, obra de Josep Brangulí, en la exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918). Imagen cortesía de la Fundació Joan Miró.

BARCELONA DURANTE LA GRAN GUERRA

En los primeros años se manifestaba un patriotismo exaltado en las calles. La primera guerra industrial fue, al mismo tiempo, la primera guerra fotográfica. Las imágenes del frente servían por encima de todo como elementos de propaganda y manipulación de masas, que junto a la producción de carteles, aportaba una nueva visualidad técnica que convivía con los artistas.

Los procesos de modernización en Barcelona estaban muy ligados a Francia, como también lo estaba el arte. La influencia del francés Cézanne está presente en las pinturas de Sunyer, y en general, de los artistas catalanes.

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Paisatge amb pis, obra de Joaquim Sunyer, en la exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918). Imagen cortesía de la Fundación Joan Miró.

La expansión económica de Barcelona provocó un aumento de la población. Hubo un crecimiento notable de la burguesía pero también de la nueva masa obrera que fortaleció a las organizaciones sindicales. Fueron años de conflicto que culminaron con la huelga general de agosto de 1917 en la que Joan Miró fue llamado a filas. En la exposición, su retrato, vestido de militar, permite recordar su figura y la intervención del ejército.

Existen pocas fotografías de aquellos manifestantes, la mayoría eran de los militares. Para los comisarios, la imagen de Sagarra muestra la manifestación a favor de la amnistía de los presos detenidos durante aquella huelga, que junto al filme de Gaumont Pathé, representan dos de las primeras muestras del género del fotoperiodismo.

Manifestación a favor de la amnistía para los presos detenidos en la huelga, obra de Josep María de Sagarra, en la exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918). Imagen cortesía de la Fundación Joan Miró.

Manifestación a favor de la amnistía para los presos detenidos en la huelga, obra de Josep María de Sagarra, en la exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918). Imagen cortesía de la Fundación Joan Miró.

La guerra fue vista en Barcelona a través de la ilustración y la caricatura. En la exposición, podremos ver una ilustración de Apa (Feliu Elías) en la que se expone el dibujo original y también la revista donde se publicó. Además, los dibujos expuestos de Josep Clarà son inéditos.

Impressions de carretera obra de Josep Clarà, en la exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918). Imagen cortesía de la Fundación Joan Miró.

Impressions de carretera obra de Josep Clarà, en la exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918). Imagen cortesía de la Fundación Joan Miró.

El cartel de la Exposition d’Arts Français, realizado por Lucien Simon, refleja la importancia que tuvo la muestra cuando fue inaugurada en el Palacio de Bellas Artes el 23 de abril de 1917.

Otras obras, como la de Gleizes, explican aquel momento en que los artistas extranjeros se instalan en Barcelona, y la fascinación que algunos sintieron por el flamenco, muy presente en la ciudad. También el cartel y las imágenes del combate de boxeo entre Arthur Cravan, poeta, anarquista y boxeador, y Jack Johnson, ilustran la visualidad de la época. Aunque no todos los recién llegados eran extranjeros; algunos, como Pablo Picasso, volvían a casa siguiendo a los Ballets Rusos y a su futura esposa, Olga Khokhlova.

Bailes rusos. Teatro del Liceo, Barcelona obra de un anónimo, en la exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918). Imagen cortesía de la Fundación Joan Miró.

Bailes rusos. Teatro del Liceo, Barcelona obra de anónimo, en la exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918). Imagen cortesía de la Fundación Joan Miró.

La producción de imágenes seriadas (carteles, fotografías, etc.) nos permite apreciar los hábitos de consumo y ocio de la época. Una exposición que nos traslada a la Barcelona del pasado, la Barcelona neutral, a través de toda una serie de obras artísticas que se ofrecen al público en la Fundació Joan Miró hasta mediados de febrero del 2015.

Cartel obra de Lucien Simon en la exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918). Imagen cortesía de la Fundación Joan Miró.

Cartel obra de Lucien Simon en la exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918). Imagen cortesía de la Fundación Joan Miró.

Joaquín Bérchez: Miscelánea Geográfica

Joaquín Bérchez: Miscelánea Geográfica
Sala de la Muralla. Colegio Mayor Rector Peset
Plaza Horno de San Nicolás, 4. Valencia
Hasta el 25 de mayo de 2014

Joaquín Bérchez en Miscelánea Geográfica ofrece una selección de ese marco geográfico que es la Comunidad Valenciana.: «A mí me encanta narrar, narrar el paisaje, el marco geográfico… Me considero valenciano, uno es del lugar donde más tiempo ha vivido y más experiencia ha tenido». La Sala de la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset acoge una serie de fotografías en las que Bérchez captura el entorno a través de sus elementos básicos: el agua, el río, la albufera, el mar… Sus imágenes se convierten en una crónica del momento vivido, a través de su plástica narra los acontecimientos que modifican y renuevan nuestro paisaje.

«El paisaje envejece, se trastea, necesita sobrevivir trasteándose», Esto ha sido, la foto de la alambrada de colchones, es testimonio de esa transformación. Era camino de paso hacia la zona del Cabañal, la huerta interrumpida, una resistencia de la memoria que subsistió a las sucesivas embestidas del ladrillo y que finalmente sucumbe a la vorágine del asfalto. Los círculos oxidados enfocados en primer plano difuminan el edificio que avanza hacia esa huerta ahora ya extinguida. Igual que la lonja de pescadores, arquitectura en yuxtaposición, lo nuevo y lo viejo se contrapone, un mosaico de lo valenciano. Ahí está la Fórmula 1, las rectificaciones sobre el edificio; como señala Yolanda Gil, comisaria de la exposición, Travesía de pescadores es como «una caligrafía en un manuscrito», un collage de la ciudad de Valencia en un edificio amenazado a punto de extinción. Está también la albufera, el Lluent, nos deja ver una línea de edificación Catarroja al atardecer, las luces de la civilización se reflejan en la calma del agua y la barca ancestral. A los arrozales no les acompañan ya las barracas, sino la línea de contenedores del puerto, Capricho arquitectónico con arrozal, es nuestro paisaje construido, el huerto solar en el Interludio fotovoltaico, atrapado en entre el trigo y el bosque mediterráneo. En Más allá y más acá del Edén todavía los naranjos pueblan el paisaje de Simat de Valldigna, el marco de ladrillo lo convierte en un lienzo donde se inmortaliza, un preludio quizá de lo que pronto desaparecerá.

Joaquín Bérchez, "Miscelánea Geográfica" (fotografía). Imagen cortesía del Colegio Mayor Rector Peset.

Joaquín Bérchez, “Miscelánea Geográfica”. Imagen cortesía del Colegio Mayor Rector Peset.

La serie se fue componiendo con motivo de encargos diferentes, algunas de las imágenes formaron parte del libro editado por Bancaja, La historia de España, veinte temas sin argumentos ni títulos en los que la imagen ilustraba un texto pero sin determinarse mutuamente. La foto germinal es la del río, con ese color de agua revuelta casi en ebullición, el Turia naciente aún es agua y tierra. Una abstracción de la fuerza y el vigor de la naturaleza, el agua vibra en busca de un camino. Mientras, la vid se retuerce en el secano, una Torsión de vida borrominesca en el ojo del profesor, del experto en narrar el Barroco. La huerta se escribe a lo Mondrian, líneas que se cruzan el verde de los cultivos con el ladrillo y la pared blanqueada; y en el centro el agua, azul intenso, Abreviatura del cielo.

Joaquín Bérchez, "Miscelánea Geográfica" (fotografía). Imagen cortesía del Colegio Mayor Rector Peset.

Joaquín Bérchez, “Miscelánea Geográfica”. Imagen cortesía del Colegio Mayor Rector Peset.

Un paisaje que como plasmó Cézanne, se reduce a líneas geométricas esenciales, la lengua de asfalto escupiendo civilización a través de la Tierra madre geometrizada por la erosión natural. Los renglones torcidos de la piedra natural cruzados por la línea recta que escribe la casa del hombre en Alpuente, mientras permanece a sus pies el zigzag de sus huertos medievales, la Presencia del pasado. Un pasado que está presente también, en la arquitectura gótica, en esas características cúpulas de cerámica azul, yuxtapuestas a la vegetación, lo construido junto a la naturaleza. Sin embargo, es también una naturaleza construida, una línea de palmeras que también ha sido trazada por la mano humana.

Joaquín Bérchez, "Miscelánea Geográfica" (fotografía). Imagen cortesía del Colegio Mayor Rector Peset.

Joaquín Bérchez, “Miscelánea Geográfica”. Imagen cortesía del Colegio Mayor Rector Peset.

Un repertorio que es testimonio y crónica, pero que a través de su mirada experta Joaquín Bérchez, catedrático en Historia del Arte y Académico en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, transforma jugando con sus ángulos de visión, con la luz del momento elegido, con su encuadre. Nos da su particular visión del paisaje y nos sugiere reflexión. Sobre sus imágenes afirma Bérchez: «son invenciones, no soy tendente a establecer paisanaje, quizá por eso me distancio, y aprecio el paisaje de forma distinta a otros. No es paisanaje, es admiración, sorpresa, reflexión…».

Mª Ángeles Pérez Martín.

Joaquín Bérchez, "Miscelánea Geográfica" (fotografía). Imagen cortesía del Colegio Mayor Rector Peset.

Joaquín Bérchez, “Miscelánea Geográfica”. Imagen cortesía del Colegio Mayor Rector Peset.