Los pensamientos a mano de Sorolla

Sorolla, apuntes en la arena
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 25 de mayo de 2016

“Es un género frágil”, apuntó Felipe Garín, director del Centro del Carmen, refiriéndose al dibujo. De ahí las dificultades para su exposición. Joaquín Sorolla, dibujante compulsivo, realizó miles. Y no ha sido hasta ahora, gracias a un arduo trabajo de conservación y catalogación por parte del propio Museo Sorolla, que ven la luz los 120 expuestos en el Centro del Carmen. Son una parte minúscula pero muy relevante de los más de 5000 catalogados.

¿Por qué relevante? Porque como explicó el propio Garín y la comisaria de la exposición Sorolla, apuntes en la arena, Consuelo Luca de Tena, directora a su vez del Museo Sorolla, muestran “los procedimientos de trabajo” del pintor valenciano. Algunos de esos dibujos aparecen ligados a otros cuadros del artista, pero en líneas generales permiten conocer la singularidad de lo que fueron simples esbozos u obras con carácter propio. “Es una exposición muy útil, muy amena para el público en general”, destacó Garín. Para Albert Girona, secretario autonómico de Cultura, la muestra se centra en la elaboración de los dibujos que realiza Sorolla “a orillas de nuestras playas con elementos casi etnográficos”.

'Bajo el toldo, playa de Zarautz', de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

‘Bajo el toldo, playa de Zarautz’, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

La muestra se halla dividida en algunos de los aspectos que primaron en la obra de Joaquín Sorolla: la playa, el mar, las mujeres, las barcas, las velas, los bueyes o el trabajo en el mar. Famoso por atrapar como nadie la luz del mediterráneo en sus lienzos, la apuesta que llega al Centro del Carmen extiende esa percepción a sus frágiles dibujos. Dibujos en los que Felipe Garín confirmó la práctica ausencia del color. “Es poco frecuente. Todo lo más utiliza el clarión para reforzar algún aspecto del cuadro”.

El conjunto de dibujos, junto a algún cuadro grande y ciertas notas de color, no se había expuesto hasta la fecha, lo que supone un valor añadido a estos “apuntes en la arena” de Sorolla. De nuevo, la fragilidad atravesando la totalidad. Fragilidad del dibujo, cuyo papel corre el riesgo de la degradación temporal, y fragilidad de los apuntes tomados a pie de la inconstante arena. “Sorolla pensaba con las manos”, subrayó Garín. Y sus manos, como el pensamiento, no sabían de irregularidades o dificultades para expresar aquello que Sorolla miraba con gran pasión.

Madre con su hijo, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Madre con su hijo, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Además, esa impulsividad a la hora de dibujar, le venía condicionada por la propia naturaleza. En ella, ningún objeto, ninguna figura está quieta. Y aunque lo estuviera, como recordaba el pintor, cambiaba por la luz del sol que tampoco está nunca quieta. Así veía Sorolla el proceso creativo y así se recoge en sus dibujos, donde bastan unos trazos para iluminar la figura femenina, un ser casi mitológico para el artista valenciano, sus barcas o esas playas inmortales de su vasta producción.

“Sorolla dibujaba como el que respira y producía estos dibujos casi a diario”, puntualizó la comisaria de la exposición, en la que también estuvieron presentes Beatriz Alventosa, directora comercial de CaixaBank en la Comunitat Valenciana, e Isabel Salgado, directora de exposiciones de la Obra Social La Caixa, como entidad colaboradora junto al Consorcio de Museos de una muestra producida por la Fundación Museo Sorolla. Garín abundó en la presencia del dibujo, “un género que no ha gozado de la importancia que merece”. A ver si ahora, tratándose de un material inédito de Sorolla, la cosa cambia. “Detrás de esa aparente naturalidad que tenía [Sorolla] al pintar” hay “una amplia disciplina de estudio y de dibujo”, concluyó Luca de Tena. Sorolla, apuntes en la arena, viajará después del 29 de mayo a Girona y Tarragona, tras haber pasado ya por Madrid y Lleida.

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Figura en la arena, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Figura en la arena, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Salva Torres

La Volière de Hélène Crécent

La Volière, de Hélène Cécent
Trentatres Gallery
C / Dénia, 62. Valencia
Inauguración: viernes 22 de mayo, a las 20.00h

La volière es el término que designa en francés esas enormes jaulas en las que los pájaros vuelan pero no escapan. Es también el nombre de la exposición en la Trentatres Gallery de la artista francesa Hélène Crécent (Pau,1966).
Fascinación por los pájaros, animal nada domesticable. Solo en el Museo del Prado, el biólogo Gómez Cano contabilizó en su día 729 pinturas con representaciones de aves de 36 especies: de la saga Brueghel al concierto de Jan Fyt.

Más allá de los muros académicos, en las cuevas de sueños olvidados donde nos introdujo el cineasta alemán Werner Herzog, nuestros antepasados ya consideraron importante detener la frágil estructura de las aves en la superficie con memoria de la roca.

La exposición en Trentatres, una de las galerías de arte de referencia más frescas de Valencia, está más cerca de la fascinación primigenia –entre el art brut (expresión acuñada por Dubuffet para referir el arte más allá de la puerta de salida del sistema: trazos de dementes, niños y reclusos) y el pigmento natural de la caverna– que de los híbridos de Max Ernst.

Mirada virginal o primigenia y, sin embargo, la obra de esta pintora, poeta y escultora con aspecto de bailarina de danza clásica está penetrada, versada, por decirlo quizás de forma políticamente correcta, de formación, desde la Ecole des Beaux Arts de Bordeaux a las influencias de la también francesa Annette Messager (Le repos de pensionnaires) o de los mejores representantes del grupo CoBrA (Karel Appel o Asger Jorn).

No hay en esta volière de pájaros arrebatados -como no había en la adaptación hitchcockniana de Daphne du Murier- interés por el último motivo ni voluntad de conocerlos bien a todos. Que lo haga el espectador. Una únicanota basta para caracterizar una de las exposiciones más interesantes de esta primavera: Crécent ha emprendido el regreso, un jalón, en la delirante tarea de deshacerse.

Despojada, con la técnica más rudimentaria, la mirada ahora interrogada, ahora decidida de las aves cuestiona la verja de hierro pero también de auto-concesiones de nuestra propia volière: la danzarina disposición de los pájaros dibuja también el bosquejo de un mapa de salida.

Obra de Hélène Crécent. Cortesía de Trentatres Gallery.

Obra de Hélène Crécent. Cortesía de Trentatres Gallery.

Jesús García Cívico*
*Por cortesía de TrentaTres Gallery

El Museo de Cerámica se viste de México

Manuela Ballester en el exilio. El traje popular mexicano
Museo Nacional de Cerámica González Martí
C / Marqués de Dos Aguas, 5. Valencia
Hasta el 28 de junio, 2015

El Museo Nacional de Cerámica presenta la exposición ‘Manuela Ballester en el exilio. El traje popular mexicano’, con la colaboración de la Asociación de Amigos del Museo. La muestra presenta un conjunto de 47 pinturas y dibujos de Manuela Ballester pertenecientes a la serie del traje popular mexicano que la artista desarrolló en México entre 1945 y 1953, durante su exilio (1939-1959). Junto a las obras de Ballester, se exhiben 48 piezas de indumentaria popular mexicana que la pintora adquirió en mercados del país. Todas las piezas expuestas pertenecen a los fondos del Museo y fueron donadas por Manuela Ballester en 1982. La exposición estará abierta al público hasta el 28 de junio.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica. Cortesía del museo.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica. Cortesía del museo.

La muestra, comisariada por Liliane Cuesta, quiere así rendir homenaje a Manuela Ballester dando a conocer esta parte de su obra, a la vez que permite exponer fondos que normalmente se encuentran en los almacenes del Museo. Plasma el interés de la artista por la moda y la indumentaria en general, y por el traje popular en particular, incidiendo en el carácter etnográfico del trabajo de Ballester a la hora de documentarse y recopilar datos sobre el tema.

La exposición quiere cumplir con varios objetivos. Por una parte, se pretende resaltar la figura de la artista Manuela Ballester (Valencia, 1908-Berlín, 1994). Todavía en vida, la obra de Ballester fue objeto de una retrospectiva en la galería Estil de Valencia en 1980. Tras su fallecimiento, se organizó en 1995 una exposición homenaje celebrada a iniciativa del Institut Valencià de la Dona y comisariada por Manuel García, con el objetivo de recuperar y visibilizar el papel desempeñado por mujeres en la historia.

En 2008, se le dedicó el documental ‘Manuela Ballester, el llanto airado’, con guión y dirección de Giovanna Ribes, a iniciativa de la asociación valenciana Dones en Art y con motivo del III Festival Octubre Dones, dedicado a Ballester en el centenario de su nacimiento.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.

Tanto la figura de Manuela Ballester como su obra es poco conocida del gran público y ha sido muy poco difundida. El Museo quiere contribuir así a difundir la obra de la pintora, centrándose en el periodo del exilio mexicano y la personal mirada a la población mexicana. De la misma manera, rinde homenaje a esta artista dando a conocer parte de la donación que generosamente efectuó al museo en 1982.

En segundo lugar, las piezas seleccionadas para la exposición permiten dar a conocer la indumentaria y artesanía tradicionales mexicanas, patrimonio de los pueblos indígenas de ese país. Muchos de los trajes tradicionales mexicanos, de raíz prehispánica, se han conservado prácticamente iguales a pesar de la presencia colonial española y la introducción de nuevas vestimentas, técnicas y materiales.

En tercer lugar, el Museo quiere potenciar, poner en valor y difundir sus colecciones en general y, en particular, aquellos fondos que por motivos de espacio no se encuentran expuestos de forma permanente, como es el caso de la totalidad de las 95 piezas (pinturas e indumentaria), así como de los documentos de archivo que componen la muestra.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.

Se trata además de piezas práctica o totalmente desconocidas del gran público y de los investigadores ya que han sido prestadas en contadas ocasiones. Antes de formar parte de las colecciones del museo, las pinturas de Ballester sobre el traje mexicano se expusieron en dos ocasiones en los años sesenta: en 1963 en el Club de Creadores de Cultura de Berlín, y en 1965 en la exposición México y su mundo celebrada en Berlín y Dresde.

La realización de una exposición temporal con piezas procedentes exclusivamente de los fondos del museo conlleva una labor de investigación, documentación, catalogación y difusión de estas piezas que amplían considerablemente la información disponible sobre las mismas y ayudan a ponerlas en valor.

Por último, y en estrecha relación con los otros tres aspectos, el Museo quiere con esta exposición cumplir el deseo de Manuela Ballester, expresado en sus cartas a los directores del museo, de exponer sus obras sobre el traje mexicano, como forma de difundir y valorizar su obra y de dar a conocer al público visitante este particular aspecto, el traje tradicional mexicano.

Imagen de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.

Cartel de la exposición sobre Manuela Ballester en el Museo Nacional de Cerámica González Martí. Cortesía del museo.