Retrato íntimo de una reina

Sofía, de Ignacio García May
Teatro Español de Madrid
Estreno: miércoles 1 de junio de 2016

Es habitual que una actriz se enfunde en regios ropajes para interpretar a una reina histórica o imaginaria. Encarnar a una  soberana viva que, tras reinar durante décadas en España, mantiene incólume su prestigio y ha sabido granjearse el respeto de la gente, la Reina emérita Sofía, es harina de otro costal. Ese es el desafío al que se enfrenta la actriz valenciana Victoria Salvador, protagonista absoluta de Sofía que se estrena el 1 de junio en el Teatro Español de Madrid. Escrita y dirigida por Ignacio García May a partir de un encargo de Juan Carlos Pérez de la Fuente, la obra es un retrato íntimo de la enigmática personalidad de la Reina emérita en el que no se eluden temas escabrosos, como los líos de faldas de su marido Juan Carlos,  la cacería en Botswana o el caso Nóos. A lo largo de la función Salvador realiza una auténtico tour de force desdoblándose en varios personajes: la Reina emérita, su enérgica madre Federica o una cronista de sociedad.

Lola Salvador en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

“Un reto así sólo puede plantearse desde una palabra que es sacrosanta para nosotros los actores: la concentración”,  dice Salvador. “Hay que estar absolutamente concentrado para recorrer el itinerario de palabras, emociones, acciones que constituyen el texto teatral. Es como un viaje: lo emprendes con la decisión y la energía necesarias para que los espectadores te sigan en ese recorrido vital que vas a compartir con ellos en esa hora larga. Y me preparo adquiriendo seguridad y soltura en cada ensayo, pasando cada día el texto en mi cabeza, animándome con el estímulo que supone contar a los demás una hermosa historia. Está siendo un trabajo muy enriquecedor para mí. Desde el primer momento, May ha ido dándome claves para entender el tipo de interpretación que desea, y también me ofrece un tipo de acciones escénicas y de músicas que me ayudan mucho a entrar en la acción del texto. Es una relación muy fluida en la que los dos estamos muy abiertos a lo que propone el otro”.

Desde niña a María Victoria o Mavi, como la llamaban entonces, le encantaba disfrazarse y sorprender a su familia y amigos. Un traje de marciano, confeccionado por ella misma y otro de oveja hecho con ayuda de su abuela Pepa, fueron sus primeros atuendos teatrales. En esta ocasión la diseñadora de vestuario Almudena Rodríguez Huertas se encarga de darle un look apropiado a base de joyas y complementos, aunque no existe una deliberada intención de que se parezca a Sofía, al contrario. Fue elegida por este papel porque no guarda ninguna semejanza fisonómica con ella, además de ser una excelente actriz con potencial necesario para llevar adelante el exigente proyecto. Que no sea una cara famosa (todavía) también jugó a su favor.

“El papel llegó a mí a través del ayudante de dirección de Ignacio García May que es Javier Sahuquillo,  mi director, junto a Gonzalo Azcona en una obra llamada Nagg i Nell que estrenamos en Valencia el noviembre pasado. Javier le habló al director de mí como posible candidata al papel; él vio el vídeo de la función, le pareció que me ajustaba al perfil de la actriz que estaba buscando y contó conmigo. Mi primera impresión que se mantiene todavía es la de un regalo caído del cielo pues supone una gran oportunidad presentarme en Madrid con un papel de este calibre”.

Lola Salvador, en escena. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador, en escena. Imagen cortesía de la autora.

Salvador confiesa que nunca ha tenido una visión demasiado hecha sobre Sofía por lo que no ha interferido en su trabajo. “No soy gran lectora del ¡Hola!, sólo leo esta revista de vez en cuando en la peluquería, y voy muy poco. A la peluquería, digo. Pero bueno, siempre me ha parecido una mujer muy elegante, muy correcta, muy discreta. Algunas cosas que he sabido de ella, como que es vegetariana, me han hecho gracia pues yo misma lo he sido durante mucho tiempo. Es verdad que he leído algún libro sobre su vida para conocerla más antes de interpretar su vida. Pero el trabajo de esta función no es exactamente interpretar a la persona real en sus dos acepciones, de realidad y de realeza, sino más bien encarnar unas palabras que hablan de ella”.

La lectura de El teatro y su doble de Antonin Artaud en un viaje a Formentera catalizó su vocación dramática y decidió presentarse a las pruebas para entrar a la Escuela de Arte Dramático de Valencia. “Quería que el teatro me ayudara a conocerme más a mí misma, a expresar la auténtica persona que habitaba en mí y que el miedo, la inseguridad y mi congénita timidez no me permitían mostrar”, confiesa. “Entré en el teatro por la vena mística, como si a través de aquel ritual fuera a revelárseme el conocimiento de mí misma, mi auténtica esencia”.

Lola Salvador, en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador, en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Como si se tratara de una premonición del futuro que le esperaba, siendo una entusiasta veinteañera  siguió en el Teatro Español un taller de teatro clásico impartido por José Luis Gómez en el que participaron actores de gran prestigio como Joaquín Hinojosa, Isabel Ordaz y Antonio Banderas, “que tuvo que irse a rodar una película”, recuerda.  Con 23 años debutó en el Escalante interpretando a Toneta en El malat imaginari, una versión de la pieza de Molière dirigida por Carles Alfaro con quien colaboró en Moma Teatre y otros proyectos. “Durante los tres primeros minutos en escena tenía la boca seca como el esparto, no sé cómo conseguía articular palabra”, comenta.

“Pero poco a poco fui cogiendo confianza y empecé a salivar. Es algo que aún ahora en determinados momentos me ocurre. El exceso de tensión bloquea las glándulas salivares y hasta que la cosa no se relaja, hablar se convierte en una proeza. Aquella mi primera aparición en escena fue reveladora: me impregné de la presencia del público, sentí que el teatro es un maravilloso acto de comunicación donde se une la energía del actor y la del espectador y se alimentan mutuamente. Yo sentía la energía de ese público y me cargaba de ella para devolverla crecida con mi propia energía. Tanto era así que incluso el final de la función, que apenas estaba ensayado, supe cómo hacerlo y mis últimas intervenciones salieron redondas, contundentes”.

En busca de nuevos horizontes y de una didáctica teatral más completa  siguió unos cursos en Milán  con el gran maestro Strehler. Su trayectoria ha estado unida a la compañía Pavana de Rafa Calatayud cuyo último montaje fue Hora y media de retraso de Gerald Syblerias. También ha trabajó recientemente con Lola Moltó en una comedia de Vicente Marco dirigida por Manuel Maestro, Si yo fuera rica montada con una compañía formada  para la ocasión, Guanchuzrí. Esta año hizo  bolos con La Hostalera de Goldoni, dirigida por Vicente Genovés, producción de Culturarts, y con Nagg i Nell, de Laura Sanchis, dirigida por Gonzalo Azcona y Javier Sahuquillo, de Perros Daneses por la que  estuvo nominada al premio de  la Asociación de Actores Valencianos (AAPV). Esta vez lo ganó Juli Mira, pero ella lo obtuvo hace unos años.

Lola Salvador. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Crepúsculo de un Rey

Final de partida, de Ana Romero
La Esfera de los Libros

Los reyes y los héroes siempre suscitan el interés del público. Y todavía más los antihéroes o los monarcas caídos a los pies de los caballos (o de un elefante). Este interés, equidistante entre el morbo y la legítima curiosidad por las figuras públicas, explica en parte el éxito de ‘Final de partida’, un libro de la veterana periodista Ana Romero escrito con conocimiento de causa y sin paños calientes que encabeza esta primavera las listas de best sellers.

La crónica de los hechos que llevaron a la abdicación de Juan Carlos I es el subtítulo de este retrato doblemente real, más en oscuros que en claros, que va más allá de la figura del monarca para reflejar a los personajes de la alta política y sociedad que le jalearon las gracias y lo protegieron de la Prensa, hasta que ya no se pudo más y las costuras del cordón sanitario reventaron.

Portada del libro 'Final de partida', de Ana Romero. La Esfera de los Libros

Portada del libro ‘Final de partida’, de Ana Romero. La Esfera de los Libros

El título ‘Final de partida’ remite a una obra de Samuel Beckett, ambientada en un espacio claustrofóbico, en la que un personaje le dice al otro: ‘Será el fin y me preguntaré qué pudo ocasionarlo y me preguntaré por qué tardó tanto’.

Romero no se inventa nada, aunque en su relato a veces la realidad supera la ficción. Se basa en cinco años de trabajo, decenas de entrevistas a personajes clave en el entorno del monarca y su propia experiencia como corresponsal en la Casa Real. “En mayo de 2010 ocupé ese puesto en El Mundo y al principio pensé que iba a hacer crónica rosa, pero me equivocaba”, dice Romero. “Me vi inmersa en una vorágine donde la monarquía y la alta política se mezclaba con el mundo empresarial y el establishment español”.

Lento declive

El declive del Juan Carlos I no fue cosa de un día, sino un largo proceso en el que convergieron un cúmulo de circunstancias: problemas de salud, amores no tan secretos, el asunto Nóos, etcétera. “En 1992 y 1997 ya se produjeron sendos amagos de escándalo a causa de sus líos de faldas, con una mallorquina y con la actriz Bárbara Rey”, cuenta Romero. “Entonces los barones del sistema hicieron piña para proteger al rey con una especie de cordón sanitario que mantenía amordazada a la prensa”.

El 14 de abril de 2012 fue una fecha decisiva, el amanecer de un regio crepúsculo. “El asunto del elefante fue la gota que desbordó el vaso. Las redes sociales la emprendieron con los medios tradicionales españoles. A partir de la caída en Botsuana, la puerta se abrió de par en par y por ella entraron a borbotones todo tipo de noticias, incluidas las averías de los aviones oficiales, metáfora perfecta de la crisis institucional y personal que sufrió la monarquía. Ocurrió todo al mismo tiempo, y cuando peor venía a todos. ‘Se le marchitó el clavel’, me dijo con gran clarividencia una persona de su entorno”.

Paul Preston explica el declive real en la búsqueda a una edad tardía del ‘descanso del guerrero’. Otros testimonios recogidos por Romero señalan que ‘dejó de entender al país y pensó que se lo perdonarían todo’.

'Final de partida', de Ana Romero. La Esfera de los Libros.

‘Final de partida’, de Ana Romero. La Esfera de los Libros.

En su libro, Romero cita a un amigo que lo quiere bien, quien compara el efecto de esta adulación con la «mala educación» que recibió su abuelo Alfonso XIII, mimado desde que nació hasta convertirse en un ser insoportable. La carta blanca que le concedió el sistema político, económico y social de la Transición le hizo relajar sus costumbres hasta niveles «inaceptables», según otro entrevistado.

Los acontecimientos se precipitaron en 2004. En febrero conoció a Corinna; en abril entró en prisión su amigo e intendente real, Manuel Prado, y en verano, el monarca hizo un préstamo-donación de más de un millón de euros a la infanta Cristina para que esta, junto a su marido, adquiriera el palacete de Pedralbes.

Campechano. Es  el epíteto que más se relaciona con Juan Carlos, el hombre que se impacientó con aquel ¡¿Por qué no te callas?! “Ese exabrupto lo retrata”, afirma Romero. “Es muy simpático pero sólo cuando él quiere. Tiene un gran olfato para los negocios y podría dar el tipo del típico comerciante levantino”.

Futuro de la monarquía

En cuanto al futuro de la institución en Europa y España, Ana Romero opina que «la monarquía está inmersa en un experimento que determinará si tiene o no lugar en una sociedad moderna».

“Si quiere sobrevivir deberá adaptar su origen arcaico a las exigencias de los nuevos tiempos y, sobre todo, que no se reproduzcan los esquemas infantiles e inmaduros que se han dado en el caso de Juan Carlos I. Mi libro pone en evidencia la necesidad de que exista un control sobre el trono y total transparencia. Creo que Felipe VI estará a la altura”.

¿Y Leticia? “Letizia todavía es una incógnita. De momento suscita sentimientos muy extremados de amor y odio, pero supongo que con el tiempo se irán equilibrando”.

Ana Romero (Cádiz, 1966) ha trabajado en Diario de Cádiz, Agencia EFE y El Mundo. Es autora de ‘Retratos del siglo XXI’ y ‘Carmen, Suárez y el Rey. El triángulo de la transición’. Ha sido corresponsal en Nueva York y Londres y ha vivido varios años en Abu Dabi por destino diplomático.

Ana Romero en la presentación de su libro 'Final de partida'. Imagen de Europa Press.

Ana Romero en la presentación de su libro ‘Final de partida’. Imagen de Europa Press.

Bel Carrasco