La introspección en tránsito de Rosa Padilla

‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla
Casa del Cable
Sala de exposiciones
Av.Marina Española 6, Jávea
Hasta el 23 de abril de 2017

En la Casa del Cable, en Jávea, cerca del mar que ella ha mirado, vivido y pintado tanto, cuelga su última obra la artista Rosa Padilla (Valencia, 1949). Esta entrevista tiene lugar semanas antes de la inauguración en su estudio de Valencia. Es una mañana soleada y la luz se cuela tamizada en el local en el que –entre botes de pintura, pinceles, bastidores, cartones…–, descansan ya, apoyados en las paredes, los cuadros que pronto viajarán a la exposición.

Mientras me va mostrando uno a uno sus lienzos más recientes, nos sumergimos en una charla que fluye como su pintura; introspectiva, lírica y serena. Sus palabras traducen el ejercicio previo de reflexión y análisis de sus propios sentimientos y en su obra, lo esencial se crece frente a lo anecdótico y en su búsqueda por atrapar y transmitir visiones que salen del alma, su iconografía más íntima se alía con el color y emerge espontáneamente componiendo en las telas paisajes a golpe de trazos evocadores, ritmos, equilibrios y emociones. Brochazos contundentes, pinceladas enérgicas y firmes irrumpen en sus cuadros frente a otras más delicadas y sutiles creando composiciones en las que alegría y belleza comparten, como en la poesía y en la vida, espacio con el dolor, la rabia y la tristeza.

‘El alma en tránsito’, ¿por qué has elegido este título para la exposición?

Se me ocurrió a partir de leer una frase de Samuel Bresson relacionada con el proceso creativo que hacía referencia a lo que puedes transmitir al observador mediante tus obras, el sentimiento de emoción que a través de un cuadro puedes provocar. Hablaba Samuel Bresson de “el alma en tránsito” y me gustó porque mi obra no es premeditada sino que es una obra creada a partir de rasgos emocionales, directa y que intenta expresar mis vivencias.

¿En qué momento pictórico te encuentras?, ¿cómo te has enfrentado al reto de llevar a cabo esta exposición?

Creo que es un buen momento después de haber superado etapas de mi vida bastante difíciles donde la enfermedad ha tenido un protagonismo importante y ha hecho que me detuviera en varias ocasiones impidiéndome desarrollar algunos proyectos. Ahora tengo más tiempo, más energía y los años te dan un bagaje desde el que puedes reflexionar y analizar lo que has hecho, corregir errores y analizar la evolución de tu trabajo. Todas las experiencias son importantes, tanto las buenas como las malas, de todas se aprende y todo conforma un “legado vital” que es lo que realmente se transmite.

Imagen de una de las piezas presentes en la exposición. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen de una de las piezas presentes en la exposición. Fotografía cortesía de la artista.

Esta nueva etapa vital se refleja en tus últimos cuadros en los que la pintura se ha desprovisto de capas, se ha hecho más etérea, más ligera y luminosa…

Sí, es que la vida y la pintura están estrechamente relacionadas. Personalmente también me he desprendido de muchas cosas materiales. Si realmente lo que más queremos son las personas y… ¡es inevitable que vayan desapareciendo! Cuando perdí a mi madre tuve una sensación de claridad acerca de lo material que nunca olvidaré, cualquier problema me parecía minúsculo comparado con su ausencia. En la pintura también se refleja ese afán de eliminar lo superfluo y atrapar la luz, lo esencial.

Has sido siempre muy coherente en tu trayectoria artística, has seguido siempre un estilo que te identifica perfectamente, ¿te sientes cómoda cuando definen tu obra como “abstracción lírica”?

Sí, porque es una abstracción del paisaje que me rodea y lírica porque de alguna manera narra mis emociones, las cosas que veo a través de mis sentimientos en una labor de introspección.  Realmente me considero fiel más que a un estilo a una forma de hacer, pienso que cada un tiene su propio lenguaje y es en el que se debe profundizar, pulir y evolucionar sin perder nunca la curiosidad y el interés por seguir indagando nuevas propuestas.

No se puede hablar de tu obra sin hablar de mar, ¿siempre ha sido así?, ¿concebirías vivir lejos del mar?

Me sería realmente difícil. Bueno, cuando era muy pequeña veraneaba en un sitio de montaña, en La Cañada, hasta los doce o trece años, pero como a mi padre le gustaba el mar y le encantaba pescar siempre nos escapábamos a El Saler, a El Perelló, o algunas noches al Puerto donde “tiraba las cañas” mientras mis hermanos y yo cogíamos gambas. A veces íbamos unos días a Tavernes de la Valldigna  donde teníamos familia. En La Cañada pasábamos temporadas porque veraneaban sus amigos pero nunca quiso comprar nada allí, siempre alquilábamos. Cuando un día conocimos Moraira, mis padres dijeron: “aquí sí” y fue cuando adquirieron el terreno e hicimos una casa y ya se convirtió en nuestro destino. Luego, cuando conocí a Moncho, mi marido, ya fue “mar adentro”, porque él es un amante de la navegación y me contagió esa pasión. Al principio pasaba mucho miedo en el barco…

…y ahora te has convertido en una experta marinera.

Es muy bonito, me llena de sensaciones especiales, en varios de mis cuadros reconozco la costa vista desde el mar, muchos horizontes, amaneceres, puestas de sol…

En algunas de tus últimas exposiciones en el Museo del Ruso de Alarcón, en Doce Islas… pudimos ver algunos collages que reflejaban paisajes más introspectivos, ligados a tu familia o a estados de ánimo relacionados con momentos vividos felices y también dolorosos.

Eran trabajos de mesa, dibujos y collages. Me gusta hacerlos porque ahí no sueltas de golpe la expresión sino que son más meditados, más íntimos y es otro tipo de técnica porque es muy diferente trabajar sobre el papel que trabajar sobre la tela. Los formatos también condicionan mucho, el formato grande te permite accionar de otra manera, el formato pequeño te recoge y te invita a probar técnicas, componer.  Me gusta mucho utilizar el collage, me abre un mundo de posibilidades.

Han escrito textos sobre tu obra importantes críticos como Juan Ángel Blasco Carrascosa, Rafael Prats Rivelles, Wences Rambla, Francisco Agramunt…, también el gran pintor Michavila, ¿crees que en general se ha entendido bien tu obra o que hay aspectos de los que aún no se ha hablado?

Guardo esos textos como tesoros. Sí, puede ser que falte profundizar, decir algunas cosas. Yo también he ido madurando con los años y afianzando paso a paso mi trabajo.

¿No te has sentido nunca dirigida, ninguna galería o marchante ha intentado marcar tu trayectoria?

Nunca he tenido marchante, llevo muchos años con Galería Thema, casi desde sus inicios, su directora y yo somos amigas y alguna vez me ha dicho que le gustaba una etapa más que otra pero mi evolución es mi evolución aunque eso signifique vender menos. Nunca podría pintar algo que no surja de la más absoluta sinceridad, a veces da vértigo no saber qué puede pasar pero ahí está la emoción y la magia. Me siento completamente libre haciendo lo que hago y hago lo que me gusta, procuro estar informada, visitar exposiciones, ferias y museos, es necesario conocer las tendencias y lo que hacen los artistas, todo aporta y enriquece.

Imagen general de la exposición 'El alma en tránsito', de Rosa Padilla. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

Imagen general de la exposición ‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

¿Qué importancia ha ejercido en tu obra el pintor Joaquín Michavila?

Joaquín Michavila fue mi profesor en la asignatura de Dibujo Decorativo cuando estudiaba Bellas Artes en San Carlos. Guardo un cariñoso recuerdo y una profunda admiración como profesor, artista y persona. Escribió un texto para una de mis primeras exposiciones. Siempre he sido admiradora de su obra que sin duda ejerció una gran influencia en mis primeros pasos hacia la abstracción.

Además de Michavila, ¿qué referentes tienes?

Otros referentes fueron los pintores del grupo El Paso que configuraron la vanguardia española de posguerra, Manolo Millares, Antonio Saura, Manuel Viola etc. El Museo de Arte Abstracto de Cuenca, iniciativa de Fernando Zóbel, fue uno de los lugares fetiche en mi recuerdo.

¿Sigues en contacto con compañeros de Bellas Artes?, ¿tu vida se mueve en ambientes artísticos?

Durante años no he tenido la suerte de tener a mi alrededor gente ligada al mundo del arte. Iba más por libre. Ahora, sin embargo, estoy en un grupo en el que disfruto, compartimos muchas inquietudes artísticas, muchos momentos buenos, mucho cariño. La verdad es que de mi generación salió gente interesante pero cada uno después de la carrera tiró por su lado. Sí conservo contacto con un grupo de compañeros capitaneados por nuestra querida amiga Francisca Lita Sáez. Hace unos años compartí un periodo interesante con la galerista y amiga Pilar Marcellán, la pintora Helga Dietrich y la ceramista y escultora Marisa Herron, juntas visitábamos exposiciones, viajábamos a Madrid para ver la feria de Arco y nos reuníamos periódicamente. Fue una etapa bonita pero por unas cosas u otras fuimos poco a poco dejándolo.

Con la artista Marisa Casalduero también tuviste mucha amistad. En el 2015, al cumplirse dos años de su muerte, vuestra obra compartió espacio en una bonita exposición en Moraira…

Sí, con Marisa Casalduero tuve mucha amistad, la conocí siendo alumna mía en el colegio donde yo daba clases de dibujo. Cuando terminó la carrera vino a decirme que había acabado, recuerdo ir a su primera exposición, procuraba acudir cada vez que me llamaba. Había mucho cariño entre nosotras, mucha conexión, nos gustaban las mismas cosas. La culminación fue la exposición que hicimos en Moraira, lugar tan querido por las dos, pero unos años antes hubo una casualidad que nos unió más; un día viniendo de Moraira me suena el teléfono y era ella para decirme: “Rosa, ¡que tu hijo sale con mi sobrina, que somos familia! A raíz de ahí, retomamos el contacto, nos veíamos más, hablábamos por whatsapp, que entonces empezaba a utilizarse, y quedábamos para ir a ver las exposiciones en El Carmen, en el IVAM, disfrutábamos mucho. En esa época conocí a varios de sus amigos que hoy lo son también míos. Otras de mis alumnas también artistas a las que tengo un especial cariño son Cristina Alabau y Rocío Villalonga.

Tus años como profesora, ¿qué aportaron a tu formación como pintora?

Mucho, el trabajo me obligaba a reciclarme año tras año. Tuve que ponerme las pilas, por ejemplo con el dibujo técnico que no me gustaba nada. Empecé queriendo enseñar y transmitir lo que yo más dominaba, el dibujo artístico. Yo quería enseñar a dibujar, incluso a las que no sabían dibujar, y buscaba los procedimientos para que de alguna manera pudieran disfrutar aprendiendo. Aparte, me sirvió para documentarme mucho, fue cuando empecé a ir a Cuenca, a buscar en libros, a estudiar las vanguardias, la Bauhaus que me interesaba mucho, quería contar a mis alumnas todo aquello que a mí no me habían enseñado, todo eso que yo no había vivido. Poderlo transmitir y hablarles de lo importante que era la creatividad, el poder desarrollar ideas, expresarse con libertad.

En el año 2009, mostraste tu obra en una gran muestra en La Gallera titulada “La magia de lo casual”, ¿qué supuso para ti esta exposición?

Pues absolutamente supuso una motivación, porque cuando estás transmitiendo, lo que quieres es que tu obra llegue al máximo número de gente o al menos que se te dé cobertura, que la gente lo pueda ver, que te conozcan. No tanto que se te reconozca como que se te conozca, el reconocimiento vendrá o no, pero sí, fue fundamental para mí, cuando expuse en La Gallera ya tenía 52 años y era la primera exposición realmente importante que yo hacía en toda mi carrera y llevaba pintando desde los veinte años, empecé la carrera con 16 años y mis primeras muestras las hice mientras estudiaba.

Un instante de la inauguración de la exposición 'El alma en tránsito', de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

Un instante de la inauguración de la exposición ‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

¿Crees que muchas veces las instituciones valencianas se olvidan de artistas comprometidos con su obra que llevan trabajando tantos años?

Pues, yo creo que sí, pero a veces es estar en el lugar idóneo, conocer a la gente adecuada. Yo no culpabilizo solamente a las instituciones, yo pienso que hay gente que tiene más oportunidades porque se maneja mejor en esos ambientes, tiene más facilidad. Yo quizás, en ese sentido, he estado más alejada, más apartada y a veces cuando he querido solicitar esos espacios institucionales, el procedimiento era complicado, no lo ponían fácil. Ahora con las nuevas tecnologías, piden presentar todo en unos formatos en los que a veces yo me pierdo, menos mal que cuento con la ayuda de amigos, como en este caso la de Juanra Bertomeu que me facilita tanto las cosas.  Me acuerdo, hace años, que para participar en concursos tenías que prepara unos dosieres que para mí suponían un esfuerzo. A mí que me pidieran meterme un mes en un cuarto a pintar murales o a hacer lo que sea, pero manejar el ordenador… A esa burocracia, a ese papeleo, se refería una artista, creo que Rebeca Plana, cuando decía que a veces a los artistas para llegar a algún sitio nos hacen hacer casi una oposición. Eso y la competitividad que hay a veces te desmotiva.

A lo largo de tu carrera, ¿te has sentido arropada por tu entorno, por tu familia?

Sí, siempre me apoyaron. Yo desde muy pequeña siempre estaba con un lápiz en la mano, me pasaba horas dibujando, además tenía un déficit atencional –lo descubrí décadas más tarde– y a mí en esa época eso me acomplejaba y pensaba ¿por qué me cuesta tanto estudiar? Y claro, ese complejo se me iba, se me diluía, con los buenos resultados en dibujo –sacaba matrículas–, en el colegio me encargaban hacer los murales… Mis padres vieron pronto que tenía facultades y a los diez años me apuntaron a clases particulares en el piso en el que enseñaba la misma profesora del colegio, allí empecé a pintar mis primeros cuadritos, copias al óleo …y después me matricularon en Barreira en verano, cuando acababan las clases. Yo vivía en la calle Salamanca y Barreira estaba muy cerca, en la Gran Vía. Luego, la casualidad hizo que años después fuera compañera de Vicente Barreira y de su mujer, Esperanza, en la carrera de Bellas Artes.

Yo no he estado rodeada de personas que fueran entendidas, de gran cultura artística. Mi familia y mis amigos han pertenecido a otro mundo pero siempre les ha gustado, han entendido y apoyado mi trabajo, –no les ha quedado otro remedio, no han sido muy objetivos… –. La ayuda de Moncho, mi marido, ha sido fundamental para mí. Recuerdo, hace tiempo, cuando expuse en Luxemburgo, que nos alquilamos una furgoneta, cargamos los cuadros y allá que nos fuimos. Siempre viene conmigo, me ayuda a colgar, siempre para arriba, para abajo. No le ha importado nunca que yo me pasara el tiempo que fuera metida en el estudio pintando.

Tienes dos hijos y cinco nietos, ¿ves a alguno de ellos siguiendo tus pasos?

Sí, a mi nieta Laura, es idéntica a mí. Me identifico muchísimo con ella. Le encanta dibujar y lo hace muy bien. Con seis años compone cuentos en tres dimensiones recortando y pegando materiales. Tiene muchísima imaginación.

Tras esta exposición, ¿cómo ves el futuro?, ¿cuáles son tus próximos retos?

Voy a experimentar un momento de cambio, nos vamos a vivir a Moraira. Si antes vivíamos aquí e íbamos mucho a Moraira, a partir de ahora Moraira será mi casa pero seguiré viniendo a la ciudad porque lo que tengo aquí no lo voy a dejar. Ahora que por fin he encontrado gente con la que comparto gustos, que conectamos tan bien, que hacemos tantos planes juntos… eso no lo quiero perder. Esos lazos son importantes. Mi rutina variará, el estudio de Valencia, en el que he trabajado siempre tan a gusto, pasará a ser básicamente almacén y el estudio de Moraira tendrá todo el protagonismo. Espero que esta nueva etapa sea fructífera, me enfrento a ella con ilusión.

La artista Rosa Padilla y la comisaria Marisa Giménez durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía de la artista.

La artista Rosa Padilla y la comisaria Marisa Giménez durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía de la artista.

Marisa Giménez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Feraz reivindicación de la armonía esencial

Secret Garden. Perceval Graell y Hans Some
Casa del Cable
Av. Marina Española. Xàbia, Alacant
Hasta el 8 de mayo de 2016

En consecuencia la influencia de otras disciplinas en el proceso de creación es fundamental desde el inicio para establecer la relación entre la emoción y la técnica, entre la estructura y lo poético”

José Manuel López López

Cuando contemplamos dos obras de arte relacionadas por un marco de contigüidad espacio-temporal, inmediatamente no deslizamos hacia convenciones argumentales. ¿Existe una influencia recíproca? ¿Cabe desentrañar una intención dialógica? Parece que la tarea del espectador consiste en construir algún tipo de sentido al binomio y por ello recurre a las estructuras de pensamiento que tenga más a mano. Un poco de analogía de la forma, pequeñas gotas de conceptualismo curatorial, una dosis de posicionamiento artístico, de dialéctica y exploración de la materia. Fuegos de artificio, tan banales como irrelevantes. Casi tanto como las rocambolescas explicaciones que el galerista despliega ante el coleccionista en una feria de arte. Allí se legitiman transacciones financieras, aquí discursos para engrasar el sistema del arte.

Y sin embargo, algo en las tripas nos dice que estamos ante una manifestación veraz cuando dos artistas, desde estructuras de lenguaje diferentes, se entienden. Hans Some y Perceval Graells lo hacen. Su acorde suena. Da igual que el humus del jardín secreto tenga una composición esencialmente distinta. Tampoco importa que los procesos artísticos transcurran por rutas paralelas. El resultado rima porque el receptor reconstruye lo que no existe o lo que existiendo no puede trascender, pues es efímero y contingente.

La poesía reverbera, dibuja ecos en el tiempo y coloniza los espacios. Esa poesía polifónica puede nacer del microtiempo o del macroespacio, componer un valor tímbrico o melódico, estallar en la forma o negarla. Pero cada jardín tiene sus flores y el polen vuela como los sueños hasta la vigilia del que mira. Sencillamente, dos artistas y sus obras titilando en el firmamento escrutado por la mirada estereoscópica.

Uno de ellos, Hans Some, trabaja la escultura y, por tanto, el combate entre la materia y la forma, la energía resultante y las consecuencias expresivas de todo ello: tiempo, espacio, volumen, velocidad, vacío, calor, frío, etc. Nuestra mirada resbala por las piezas como una mano acariciadora. La percepción visual y háptica marcan itinerarios para recorrer todas las tensiones que estallan en cada obra, salpicando al que observa y dejándolo impregnado de placenta primigenia.

Empezando por la forma anguloesférica o cudrancircular, siguiendo por las secuencias disruptivas, la organicidad entrópica o la arqueología del futuro. Toda divergencia es conciliable cuando el fuego alcanza la temperatura necesaria. Otra más: la anulación del tiempo que congela la forma es también supresión del espacio. El magma interior coloniza la superficie, la transfiguración de la materia crea nuevos paisajes tras el vómito y el desvelamiento de la carne.

La belleza en sus sphids y otras series y piezas está más allá del sujeto, porque éste renuncia al control y admite la genialidad del caos. Reside más bien en la libertad con que se desafían los límites. Es de otro orden. Estriba en el coraje del mensajero y en la valentía del que mira. Un juego mágico, que reconoce la cualidad de lo ancestral y la mediación del artista.

Pero esta mediación no se fundamenta en la inspiración sino en la desfiguración. El poder de lo arcaico cobra carta de naturaleza a través de la experiencia volitiva que compromete la corporeidad misma del objeto y del sujeto. Verdades a martillazos, entender a golpes, experimentar el dolor. Lugares del lenguaje, pero también ideas-fuerza a las que asirnos.

Tal vez por ese radical ensimismamiento antrópico, las esculturas de Hans Some tienen algo de ingenioso, aletean como aves fénix despidiendo y atrayendo fuerzas telúricas. Una gravitación que las modula sobre el plano terrestre y las plasma a modo de amebas de hielo o las proyecta hacia el espacio, desintegradas en mil formas punzantes o arborescentes. A veces la tensión se resuelve en fractura y la fractura se restaña, como la vida misma cura las heridas.

Esta desconcertante sinfonía se macera en crudo, a través de las recetas del inconsciente y por eso alimentan el alma mejor que los platos racionales, aliñados con certezas y servidos al punto de consciencia. Paradojas del arte, nada puede ser si parece.

Serenamente disonantes, las pinturas de Percevall Graells lanzan sus mensajes emotivos a través del color y la forma. Indiferentes y coherentes al mismo tiempo, interpelan al ojo atento desde su aparente ensimismamiento. La atonalidad de la forma escultórica encuentra la réplica tímbrica de la pintura. El lienzo es un puro aliento expresivo que conecta el gesto con la emoción y trabaja desde el color y la forma, a veces apropiándose del signo, una dimensión poética.

Detalle de la exposición "Secret Garden" 2016. Cortesía de la galería.

Detalle de la exposición “Secret Garden” 2016. Cortesía de la galería.

Tampoco aquí hay treguas significantes, ni la certidumbre de una conexión con el sujeto. Es pintura y dejaría de serlo si buscara referentes. Funciona como invitación a observar el fruto sensible de lo vivido. Es la antítesis del mapa, una no-cartografía. Inextricable e in-significante, su falta de pretensión la dota de fuerza.

Como la poesía o la música, hay distintos elementos a considerar. Pero no se atienen a las reglas perceptivas ni buscan el aplauso desde los palcos o el patio de butacas. Su razón de ser reside en la capacidad de revelar nuevas combinaciones de la forma, el color y la materia, no por azarosas menos concluyentes. Resulta normal que lo intangible solo pueda encontrar su cauce expresivo a través de lo ininteligible. El ritmo y la seriación se alternan con el apunte o la deriva. El estallido de la forma puede resultar equivalente a una implosión afectiva. No hay itinerarios ni rutas, porque cada obra es la hoja del diario íntimo del artista que el aire vuela y modela hasta depositarla sobre la piel desnuda del que yace en la mirada.

¿Y todo esto cómo combina? Muy sencillo: La energía es trabajo, el trabajo se expresa por el movimiento y la variación solo se entiende de modo relacional. A fin de cuentas, armonía

Jordi Navas

Xàbia ya incumple el Código de Buenas Prácticas

AVVAC (Asociación de Artistas Visuales de Valencia, Alicante y Castellón) ha emitido un comunicado de denuncia sobre la Convocatoria que el Ayuntamiento de Xàbia ha hecho pública recientemente para cubrir la programación de sus espacios expositivos durante el próximo año 2016.

En dicha convocatoria AVVAC denuncia la vulneración de los derechos fundamentales de los profesionales de las Artes Visuales, tales como los derechos de contratación o de remuneración. Así mismo, continúa diciendo el comunicado, existe una irresponsabilidad manifiesta por parte de este organismo tanto al delegar en los propios artistas los gastos que se puedan derivar de la actividad como a eximir cualquier responsabilidad que asegure la integridad de la obra durante el periodo de préstamo. De manera igualmente incomprensible se exige la donación de una obra por parte del artista participante en la actividad.

Además de ello, todas estas cuestiones “ponen en tela de juicio la postura del actual Conseller de Cultura, Vicent Marzá, respecto a su compromiso con las Buenas Prácticas. La convocatoria que se ha hecho pública desde el Ayuntamiento de Xàbia es un agravio a la profesionalización de todos los artistas en general, y supone un nuevo obstáculo en la dificultosa tarea de configurar un tejido cultural sostenible en la Comunidad Valenciana”.

De izquierda a derecha, Albert Girona, Vicent Marzà y Carmen Amoraga, durante la presentación del Código de Buenas Prácticas en el Teatro Principal de Valencia.

De izquierda a derecha, Albert Girona, Vicent Marzà y Carmen Amoraga, durante la presentación del Código de Buenas Prácticas en el Teatro Principal de Valencia.

Este es el texto completo del Comunicado al Ayuntamiento de Xàbia

Qué ganamos con las malas prácticas 

Resulta preocupante que de nuevo la Associació d´Artistes Visuals de València, Alacant i Castelló (AVVAC), se vea obligada a señalar y llamar la atención a una institución pública, en este caso el Ayuntamiento de Xàbia. El Ayuntamiento de esta localidad incurre en el incumplimiento de las buenas prácticas profesionales en lo que se refiere al trato a los artistas visuales. Después de años de denuncia pública de las diversas asociaciones profesionales y de la extrema precariedad que viene amenazando la supervivencia del sector, es sorprendente y decepcionante la falta de conocimiento y respeto que se detecta hacia los productores de contenidos (los creadores) en la convocatoria pública para la presentación de proyectos expositivos de carácter artístico, con fecha del 19 de noviembre del año en curso, destinados a cubrir la programación de la temporada 2016 -2017.

Que una convocatoria pública, a estas alturas, después de que recientemente se haya oficializado un compromiso institucional firme por las buenas prácticas, no contemple un trato profesional a los artistas, obviándose no sólo la remuneración por su trabajo si no además exigiéndoseles el pago en obra por el mero hecho de exponer sus obras, es una afrenta a la consideración del artista como un profesional y un trabajador más con derecho a vivir de su labor como el resto de profesionales de cualquier sector.

En las bases de la convocatoria también resulta llamativo el desconocimiento de unas nociones mínimas acerca de las buenas prácticas, haciéndose además nula mención de la firma de un contrato entre el artista y la institución. De nuevo recordamos que cualquier relación entre artista, centro de arte y/o artista-galerista debe ser negociada y reflejada en un contrato por escrito donde se aclaren y definan las condiciones del compromiso y obligaciones entre ambos (albarán, seguros, transporte, fechas de entrega, depósito, etc).

Especialmente grave es que la propuesta esté avalada por profesionales de diversos espacios dependientes de Consellería, a través de técnicos vinculados al Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana y profesores de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia, así como responsables del Espai Rambleta dependiente del Ayuntamiento de Valencia. Esta actuación pone en entredicho el compromiso del actual Conseller de Cultura, Vicent Marzà, con las buenas prácticas y con el sector profesional de las artes visuales, ignorando las recomendaciones que hacía en noviembre de 2014 el Defensor del Pueblo tras la queja presentada al mismo por parte de los artistas visuales de la Comunidad Valenciana.

De izquierda a derecha Albert Girona, Vicent Marzà y Carmen Amoraga, durante la presentación del Código de Buenas Prácticas en el Teatro Principal de Valencia.

De izquierda a derecha Albert Girona, Vicent Marzà y Carmen Amoraga, durante la presentación del Código de Buenas Prácticas en el Teatro Principal de Valencia.

No cabe en la cabeza que los responsables que están al frente y al servicio de las instituciones públicas aún no sepan tratar a los creadores como profesionales desde la horizontalidad y la igualdad. Las iniciativas públicas deben ser enfocadas de manera profesional para que la dinamización de los diferentes espacios expositivos que pueblan los municipios de la Comunidad Valenciana se caractericen por la calidad y el rigor.

En lo concerniente a las bases reguladoras de la convocatoria arriba mencionada observamos una falta absoluta de tacto ante el desarrollo del tejido artístico al comprobar que dicho Consistorio anima a aquellos que deseen participar en la convocatoria a correr con los gastos que la muestra del proyecto desarrollado pueda generar, dando por hecho que el creador que participe quedará suficientemente remunerado por su trabajo tras su presentación pública en alguno de los espacios de Ca Lambert o la Casa del Cable en Aduanas del Mar. Es más, dicho creador, como muestra de su agradecimiento por tan elevado honor se obliga a donar una obra de su autoría a la entidad convocante.

Desde la Asociación de Artistas Visuales de Valencia, Alicante y Castellón (AVVAC), queremos subrayar que estas prácticas no suponen un refuerzo de cara al desarrollo investigador de los artistas, que al no remunerar la labor de estos investigadores se amplía el abismo profesional que estos deben afrontar, que estas políticas culturales tan solo conducen a un amateurismo de las propuestas en detrimento de la calidad de contenidos, que es responsabilidad de las instituciones que la sociedad ha constituido actuar de forma éticamente responsable y ejemplar en el trato que dispensa a los ciudadanos, y entendemos que esta actuación supone un abuso y una falta de respeto por las prácticas artísticas y hacia quienes desarrollan dicha actividad.

Es imprescindible que nos quede claro que configurar una sociedad justa basada en el respeto pasapor valorar a todos los individuos que la constituyen por igual, y que una consideración profesional bajo ningún concepto debe vulnerar los mínimos que permita el desarrollo de la actividad dignamente.

Junta Directiva AVVAC

Las catedrales de Manuel Jorge

Catedrales, de Manuel Jorge
Galería Isabel Bilbao
Avenida Ausiàs March, 9-11. Jávea (Alicante)
Hasta el 11 de septiembre de 2015

El Museo Soler Blasco, la Casa del Cable y Ca Lambert, son los tres espacios municipales de Xàbia/Jávea, en donde se darán cita alrededor de 200 obras de Manuel Jorge y que representan una parte de las más de 2000 obras que forman la colección de la Fundación Manuel Jorge.

Con motivo de la magna exposición y en colaboración con la Fundación Manuel Jorge, Isabel Bilbao Galería de Arte expone una serie expresamente pensada para serigrafía de temática y título Catedrales. Consta de una treintena de obras cuya tirada varía entre 10 a 25 ejemplares firmados y numerados. Esta serie se convierte en la única creación bidimensional de Manuel Jorge a la venta hasta el momento, dada su voluntad y la de la Fundación de que la colección permanezca unida.

Catedrales, de Manuel Jorge, en Isabel Bilbao, por cortesía de la galería.

Catedrales, de Manuel Jorge, en Isabel Bilbao, por cortesía de la galería.

La colección de la Fundación Manuel Jorge consta de más de 2000 obras entre las que se incluyen bocetos, dibujos, pinturas y varias series de obra gráfica. En sus archivos figuran esbozos, planos y fotografías de toda la obra arquitectónica realizada por Manuel Jorge desde 1959. La fundación, garante de la obra de Manuel Jorge, realiza diversas actividades, programa exposiciones y edita publicaciones sobre los trabajos del arquitecto pintor.

Manuel Jorge nace en Chantada (Lugo) en 1929. En 1959 obtiene el título de Arquitecto Superior y en 1965 el de Doctor Arquitecto. En 1960, vive y pinta en Menorca y en 1961 expone en la Galería Biosca de Madrid, dirigida en aquel entonces por Juana Mordó.

Durante el año 1961 se traslada a Cadaqués (Girona) donde conoce a la pintora finlandesa, Christina Snellman, quien pronto se convertiría en su esposa. A partir de 1963, Manuel Jorge y Christina Snellman se instalan en Jávea (Alicante) donde erige sus primeros proyectos arquitectónicos.

En 1975 se trasladan -Manuel y Christina- a París (Francia). Viven y pintan en la Cite Internacionale des Arts, fundada en los años cincuenta según una idea de Eero Snellman, el padre de Christina. Viajan por España, Escandinavia, Inglaterra, Italia, Rusia, Grecia, Centro Europa, los Estados Unidos de América, Egipto, Arabia Saudí, Australia…

A partir de mediados de los setenta el matrimonio alterna su vida en Jávea con viajes a Finlandia y otros países y ciudades del mundo. Manuel ha combinado desde entonces sus dos pasiones: la arquitectura y la pintura; siempre al lado de su mejor amiga y compañera, Christina.

Tarjeta de presentación de la exposición Catedrales, de Manuel Jorge, en Isabel Bilbao. Cortesía de la galería.

Tarjeta de presentación de la exposición Catedrales, de Manuel Jorge, en Isabel Bilbao. Cortesía de la galería.

 

Reunión de artistas latinoamericanos en Xábia

Artistas Latinoamericanos en la Colección Tomás Ruiz
Casa del Cable de Xàbia
Av. Marina Española. Xàbia (Alicante)
Hasta el 6 de enero de 2015

No siempre es fácil encontrar en un solo espacio expositivo un conjunto coherente, y a la vez con un discurso propio e independiente, de obras de artistas latinoamericanos; un territorio plástico fascinante todavía desconocido para la mayor parte del público. La Casa del Cable de Xàbia nos ofrece, en esta ocasión, la oportunidad de llevar a cabo un recorrido sensitivo de la mano de algunas de las obras de la Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Ignacio Iturria. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Ignacio Iturria. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Debido a la fusión de tradiciones indígenas, europeas, africanas y asiáticas, los artistas latinoamericanos desarrollan de manera exitosa una suerte de hibridación cultural que les conduce a una estética mestiza, a un sincretismo cultural que, unido a la atención que prestan a las vanguardias, lleva las obras que realizan más allá de lo meramente exótico, en un inestable diálogo entre su variada y rica tradición y el ritmo vertiginoso de cambios que vive el subcontinente en la actualidad.

Dibujo de José Gurvich. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de José Gurvich. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

El público que visite esta exposición podrá encontrar desde obras de artistas de reconocido prestigio como José Gurvich, Fernando Prats, José Mederos o Ignacio Iturria hasta obras de artistas jóvenes. Gracias a este nuevo proyecto que impulsa el Ayuntamiento de Xàbia, el público asistente recorrerá algunas de las sendas del arte latinoamericano contemporáneo, de la mano de dibujos y de algunos óleos, descubriendo estéticas y discursos plásticos diferentes.

Dibujo de Marco Arce. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Marco Arce. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Los artistas que integran la exposición son: Gustavo López Armentía y Angela Bassano (Argentina); Antonio Hélio Cabral y José Carlos Viana (Brasil); Fernando Prats (Chile); Natalia Granada (Colombia); José Mederos, Eric Rojas, Douglas Pérez, Elsa Mora, Gertrudis Ribalta, Eduardo Ponjuán, Carlos Sosa Quintana y Kcho (Cuba); Dr. Lakra y Marco Arce (México); Martín López Lam (Perú); Ignacio Iturria y José Gurvich (Uruguay); Ronaldo Peña, Blanca Haddad y Carlos Rivera (Venezuela).

Dibujo de Natalia Granada. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Natalia Granada. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Carlos Rivera. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Carlos Rivera. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Martín López Lam. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Martín López Lam. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Marta Ruiz Espinós