El arte y el poder en las ideas

Cartell Cubà 1959-1989. Crònica gràfica de la història recent de Cuba
Sala Parpalló del MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 15 de octubre de 2017

El cartel cubano mantuvo las distancias con la etapa sombría del realismo socialista y la influencia nociva del triunfalismo panfletario de la propaganda revolucionaria. Desde una conceptualización creativa que marcó una insuperable diversidad estética y definió una personalidad única en el contexto contemporáneo, supo acompañar cada episodio y acontecimiento político, histórico y cultural del incipiente proceso que definió la Cuba posterior a 1959. De modo que esta cartelística se convirtió en una mediadora atípica en las relaciones entre el nuevo poder y la propaganda.

Ciertamente no fue una relación idílica. No estuvo ajena a censuras, ni al voluntarismo ideológico que invadió la institucionalidad. Pero lo que realmente le otorgó una dimensión internacional y un protagonismo sin precedentes, fue un lenguaje nacido de la síntesis de recursos expresivos bajo los designios del pop art, el arte óptico, el art noveau y todas las reformulaciones artísticas que se asimilaban en la isla y se cubanizaban al mismo tiempo, mientras desarrollaba una iconografía y un simbolismo sin apego alguno al cartel comercial.

Vista de la exposición sobre el cartel cubano. Imagen cortesía del MuVIM.

Vista de la exposición sobre el cartel cubano. Imagen cortesía del MuVIM.

El Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM) abre, al parecer, una nueva etapa de “redescubrimiento” museístico al dejar inaugurada esta amplia muestra que agrupa no solo la vanguardia del diseño gráfico cubano que tuvo el mayor exponente en el cartel de cine -conocido por anteriores muestra exhibidas en este recinto-, sino en todo el escenario político y propagandístico en un período de tres décadas enmarcadas entre 1959 y 1989, año que marca la caída del muro y el impás de una crisis material que se extiende hasta el presente.

La exposición comprende un recorrido visual por la gráfica de los primeros 30 años de la revolución cubana. El poder de la propaganda del régimen naciente jugó un papel fundamental en los mensajes destinados a crear una conciencia colectiva sobre el ejercicio de la soberanía e identidad nacional. Un remix de carteles representativos de la época, diseñados por los principales exponentes de la gráfica cubana. La ausencia de mujeres diseñadoras es un denominador común en este período. Pocas oportunidades tuvieron las creadoras para dejar su impronta en la nueva cartelística cubana que nacía con fuerza renovadora del lenguaje visual imperante. ¿Casualidad? “No hay motivos aparentes”, según explicaba la comisaria de la exposición, Moraima Clavijo, “solo es un hecho constatable que a fecha de hoy, sigue siendo un tema a revisar”.

En la etapa que comprende la muestra, la producción de carteles fue inmensa. Los contenidos propagandísticos a divulgar, eran los logros de la revolución repletos de metáforas visuales. El juego de imágenes, los héroes de la revolución, las efemérides, la contienda de la caña de azúcar, la campaña de alfabetización, las organizaciones de masas, la pesca y los actos culturales eran los temas recurrentes a tratar en la gráfica naciente.  Carteles cargados de color con influencias del pop art norteamericano, el realismo socialista, el art deco o influencias tan dispares como la gráfica polaca.

Un cartel que nace de la necesidad, aunque la actividad creativa era desbordante, faltaba todo lo demás. Se contaba con pocos recursos para desarrollar los diseños y trabajaban con medios precarios. De ahí su virtud, un nuevo sello marcaba la identidad del cartel cubano, limitados medios técnicos y la fuerza visual de las ideas, imperaba en los diseños.

Uno de los carteles de la exposición. Imagen cortesía del MuVIM.

Uno de los carteles de la exposición. Imagen cortesía del MuVIM.

El movimiento cultural de los primeros años de la revolución cubana marcó un inédito rumbo en la cinematografía. La producción era insaciable, películas filmadas en Cuba y gestionadas desde el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica), necesitaban transmitir un mensaje acorde con los nuevos tiempos. Temas recurrentes como pasajes de la revolución, los héroes de la patria, la cultura con influencias de la Unión Soviética y el bloque socialista del este eran las historias contadas bajo el prisma revolucionario. Un cine cubano que expresaba las realidades protagonizado por la sociedad del momento, la experiencia de la revolución y sus hechos trascendentales. En este contexto se desarrolla una gráfica muy visual, con motivos aparentemente simples donde la idea prevalecía en el resultado final.

Muchos creadores conforman la escuela cubana del cartel, entre los que destacan Rafael Morante, Julio Eloy, Alfredo Rosgaaart, Eduardo Muñoz Bach (de origen Valenciano), René Azcuy o Antonio Pérez NIKO, algunos en activo a fecha de hoy. Un movimiento renovador marcado por una época, que supieron adaptarse al contexto internacional para crear la identidad de la gráfica cubana que prevalece hoy día. Estos y muchos otros diseñadores y artistas trabajaron sin descanso durante más de una década, creando una ingente producción con la que conseguirán además de informar de la ajetreada vida cultural del momento, elevar el cartel publicitario a la categoría de obra de arte.

Según palabras de la comisaria Moraima Clavijo, el objetivo principal de la exposición ‘Cartell Cubà 1959-1989. Crònica gràfica de la història recent de Cuba’ “es el de dar a conocer la importancia de la producción gráfica cubana y la efervescencia creativa de la segunda mitad del siglo XX en un campo como el de las artes gráficas, convertidas (con el cartel propagandístico a la cabeza) en vehículo de expresión de las complejas vicisitudes sociales de la etapa inmediatamente posterior al triunfo revolucionario”.

Vista de la exposición sobre el cartel cubano. Imagen cortesía del MuVIM.

Vista de la exposición sobre el cartel cubano. Imagen cortesía del MuVIM.

Con esta muestra el MuVIM realiza su particular aportación al conocimiento del arte y los artistas latinoamericanos y la inclusión de los mismos en los circuitos nacionales y locales, estrechando relaciones y creando sinergias con centros internacionales. La muestra forma parte de un proyecto expositivo mayor que bajo el título de ‘Poder y Propaganda’ alberga además la muestra ‘Les imatges del poder’ que inaugurará el museo el próximo día 29 de junio.

Inmersos en plena Revolución tecnológica digital, nos encontramos en una época dominada por un lado por la licuada actualidad política y la supuesta alteración de las estructuras del poder, y por otro por el bombardeo iconográfico y la continua aparición de nuevos o renovados códigos visuales, aparentemente, cada vez más simplificados. Resulta de especial relevancia en este contexto plantear una reflexión como la que aborda el MuVIM con esta propuesta.

El ciclo ‘Poder y Propaganda’ lo conforman dos exposiciones de tesis que investigan, reflexionan y dan algunas pistas sobre cómo se construye -y se ha construido históricamente- la imagen del poder, poniendo de manifiesto la potencia propagandística, expresiva y comunicativa de la imagen artística, y su maleabilidad al servicio de las exigencias del poder (centralizado, absolutista, o democrático, horizontal y “enredado”), siempre atento a los gustos y tendencias del momento.

La muestra se divide en cuatro grandes bloques (‘El cartel político’, ‘El cartel cultural’, ‘El cartel de cine’ y ‘El cartel institucional’) que abordan las similitudes y discordancias en el desarrollo del arte del cartel y su devenir estético según el carácter de su ámbito de actuación y el tipo de organismo emisor que realizaba el encargo.

Las obras expuestas, 57 carteles originales de la época, realizados en serigrafía y una selección de fotografías que ilustran el paisaje urbano cubano con algunas de sus vallas más representativas, forman parte de los fondos del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana (26 carteles), y de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (31 carteles).

Además, el MuVIM ha enriquecido la muestra incorporando parte de su recién adquirida colección de 14 carteles cubanos que, a partir de octubre, conformarán (junto con una serie de paneles divulgativos y otros elementos) la versión itinerante de esta exposición. Una apuesta del MUVIM por dotar de fondos al museo como una experiencia inicial que pretende ser de largo recorrido.

Uno de los carteles de la exposición. Imagen cortesía del MuVIM.

Uno de los carteles de la exposición. Imagen cortesía del MuVIM.

Los diseñadores cubanos y el arte del cartel

Tres son las características que comparten todas las obras que se integran en esta muestra: su falta de finalidad comercial, hecho que los sitúa en el ámbito de la propaganda institucional, su gran calidad artística, y su carácter innovador representativo de una estética y lenguaje propios cultivados y llevados a su máxima expresión a lo largo de este particular período.

El nuevo régimen surgido de la Revolución vio en la democratización cultural una de sus principales estrategias de acción para el desarrollo del nuevo orden social. Proliferan en esta época políticas culturales orientadas a corregir desigualdades ilustrando a las masas, y a preservar y construir la nueva identidad cultural cubana.

En la propaganda, a través de soportes tradicionalmente publicitarios y de la mano de una generación de artistas y diseñadores locales, el régimen cubano encuentra una excelente vía de comunicación directa con el pueblo que se convertirá además en un fecundo campo de experimentación artística que sentará las bases para la aparición y el desarrollo de un lenguaje y un estilo propios que elevarán el cartel a la categoría de obra de arte.

La vida cultural y el cine como campo de experimentación

En la efervescencia creativa cubana del arte del cartel tendrán un papel decisivo una serie de instituciones oficiales, fundadas tras la victoria revolucionaria, para la promoción cultural en el país. El cine, con la aparición en 1959 del ICAIC – Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico, se convierte en el principal campo de experimentación artística y en la vía para el desarrollo de un diseño gráfico caribeño de nuevo signo.

Destacan en este ámbito los carteles reinterpretados a la manera cubana de películas importadas (japonesas, checas, soviéticas, francesas, italianas, rumanas, alemanas, polacas, búlgaras, coreanas, etc). Esa libertad de reinterpretar, por artistas cubanos, la publicidad de estas películas se revela como uno de los factores cruciales para la expansión de este particular universo gráfico y del ocio cinematográfico.

Uno de los carteles de la exposición. Imagen cortesía del MuVIM.

Uno de los carteles de la exposición. Imagen cortesía del MuVIM.

Propaganda con influencias artísticas

Los creadores del momento, que ya habían formulado las directrices de la emergente estética cubana vinculada al ámbito cultural, supieron aprovechar estas experiencias, reconvertir soportes y códigos propios del lenguaje publicitario de tintes capitalistas, superar la herencia del realismo socialista y crear una gráfica política de nuevo sello al servicio de la revolución.

Los carteles de esta sección son una buena muestra de cómo las soluciones estéticas se despegan de la rigidez socialista inicial para jugar con las posibilidades expresivas del color, el uso de recursos propios de tendencias pictóricas como el art nouveau, la abstracción geométrica, el pop art o el informalismo y la potencia comunicativa del diseño puramente tipográfico.

La ciudad y el paisaje urbano

Otra de las características más sobresalientes del diseño gráfico cubano de estas décadas es su importante proyección urbana. Más allá de la intencionalidad del mensaje que se quería divulgar, y del valor creativo de la pieza en sí, tanto el cartel como la valla van a convertirse en elementos absolutamente representativos, icónicos, del paisaje urbano cubano. En la exposición se muestra una serie de fotografías y reproducciones de los ejemplos más significativos de este período. Su carácter efímero, su constante renovación y su valor creativo, convierten a estos soportes en huellas documentales, testigos directos de la historia gráfica, política y social de la isla y en verdaderas obras de arte.

Vista de la exposición sobre el cartel cubano. Imagen cortesía del MuVIM.

Vista de la exposición sobre el cartel cubano. Imagen cortesía del MuVIM.

Arístides Rosell

¿Una camisa de fuerza para Arístides Rosell?

Esquizografías, de Arístides Rosell
Sporting Club Russafa
C / Sevilla, 5-B. Valencia
Inauguración: viernes 19 de junio, a las 20.00h
Hasta el 10 de julio, 2015

Tras casi doce años de silencio y ostracismo voluntario, Arístides Rosell vuelve a la escena pictórica valenciana. Entre el 19 de junio (Inauguración) y el 10 de julio, el Sporting Club de Russafa acoge la muestra Esquizografías, una treintena de dibujos a plumilla, la mayoría en blanco y negro, más otros ocho con relieves escultóricos, que rinden tributo de fidelidad al término de la psiquiatría francesa elegido como título de la exposición.

Si la palabra describe “el lenguaje incoherente que sintomatiza trastornos del pensamiento en ciertos estados de psicosis”, la muestra gráfica es la versión plástica, anárquica y grotesca, de una subjetividad creativa entregada al delirio y a las sorprendentes patologías de un inconsciente abandonado a su propia suerte. El resultado de este envite está ahí, a la vista de todos. Y la pregunta que inevitablemente suscita es: ¿debemos ir preparando una camisa de fuerza para Arístides Rosell? ¿O haremos lo de siempre: mirar para otro lado y llegado el momento decir como unos bobos que “creíamos era una buena persona” el mismo día que la página de sucesos del Levante desvela la aparición de un nuevo Haníbal Lecter en Valencia?

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Quizá lo mejor para prevenir y evitar ese espantoso ridículo sea sentar un rato a Arístides Rosell en el diván psicoanalítico (un diván extraño, eso sí, como una hamaca tendida entre dos palmeras) e intentar indagar en el origen de  los trastornos que lo han llevado a estas grafías delirantes, esquizoides. Lo hemos hecho. Y el resultado es este.

Arístides Rosell Cabrera vino al mundo el 7 de enero de 1965 en Ciudad de la Habana, Cuba. Olvidamos la infancia (freudianos heréticos) para llegar cuanto antes al decisivo momento en que ciertos impulsos estéticos le llevan a integrarse en la facultad de diseño. Es el buen momento del cartel cubano. Es el momento (mediados de los ochenta) en que jóvenes con inquietudes plásticas y un gen libertario todavía vivo aprovechan las aristas de la realidad para exponer leves disonancias.

Unos lo hacen cuestionando los símbolos patrios. Otros, como él, utilizando el sexo. Sexo explícito, penes y vaginas, de grandes dimensiones. Aunque es real que el sexo en Cuba está tan presente como el aire que se respira, su exhibición plástica era tabú. Estaba tan ausente de la plástica como la educación sexual de las escuelas. Exhibir la sexualidad era provocar: desafiar los clichés, importunar al machismo, recordar la falta de pedagogía social (y sus perversas consecuencias: enfermedades venéreas, embarazos prematuros, abortos traumáticos, luego el sida…).

Una exposición del 87 en la biblioteca del Instituto Superior de Diseño, titulada Sex-appeal, fue clausurada al día siguiente de su apertura. Otras, en cambio, pasaron el filtro de la censura, algunas de ellas junto a su profesora y amiga Eidania Pérez (arbitrariedad suprema del poder).

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Pero esta veta creativa no era el único filón que explotaba ya entonces el joven Rosell. Según su propia confesión, siempre ha sido un artista “bipolar” (eufemismo de uso reciente para evitar la palabra “esquizofrenia”, mucho más incómoda). Mientras en el campo más específico del diseño gráfico (la cartelística, por ejemplo) era deudor de la estética del compromiso (y lo sigue siendo: cree en la función pedagógica, moral, política o social del cartel, en que debe ser un mensaje destinado a la denuncia y a provocar el debate), en cambio en el ámbito pictórico se borran esas prescripciones y se convoca a todos los demonios internos. Mientras en el diseño gráfico se muestra incondicional de la racionalidad y el utilitarismo, y cree en la función social del arte, cuando se desplaza a la creación íntima parece dispuesto a mudarse al país de la Irracionalidad.

Pero esa irracionalidad no debe confundirse con el caos absoluto, no es una “pintura automática” al modo de la “escritura automática” de los surrealistas (y que en su versión más radical nunca produjo nada mínimamente satisfactorio). Al permitir el ingreso de lo inconsciente, se abren cajones de la mente que la racionalidad (el orden) tenía cerrados. Ingredientes censurados y ocultos de nosotros mismos, vuelven a entrar en acción.

Los deseos reprimidos se expresan mediante símbolos más explícitos, pero que aún encubren su impronta desestabilizadora. Incluso en ese caos hay un cierto orden. O, si acaso, unas débiles reglas que canalizan el desbordamiento. Rosell mantiene (a veces a duras penas) la figura, aunque sometida a grotescas formas de distorsión o a estructuras morfológicas delirantes. Como en el mundo del sueño, hay objetos, hay cosas, hay cuerpos, hay interacciones entre objetos y sujetos, entre unos cuerpos y otros, entre órganos, a veces entre vísceras (y aquí se despierta el inicial temor de este artículo).

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías'. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

La naturaleza de todo está a veces alterada: hay manos de madera, o que se hunden en la tierra, o que se transforman en garras, o que han sido crucificadas… Todo está deformado, atravesado, hendido, desgarrado, metamorfoseado, devenido en otra cosa, sin utilidad. Todo está conectado, enganchado, colgado, sostenido (por esas horcas tan dalinianas). Hay enganches, remaches, clavos, ganchos… como si Rosell temiera que todo se desgajara, se dispersara, se desmigara y se perdiera en el espacio infinito. Esas “ataduras” de las cosas a veces son dolorosas, como esos ganchos que atraviesan las manos y que producen una aguda e inevitable sensación de dolor.

Y en medio de estos paisajes oníricos dibujados a plena luz del día (a lo largo de seis años, y mientras levantaba y mantenía viva la galería Imprevisual y se convertía en uno de los gestores culturales más valiosos de Valencia), un Rosell que ya ha cumplido los 50, vuelve una y otra vez a dibujar aquellos penes y vaginas de sus veinte años, en ávida remembranza de aquello gestos libertarios con los que se constituyó como artista.

Si en aquellos penes y vaginas había entonces un anhelo de escape y de fuga, también ahora los hay. Solo que ahora muchas cosas han perdido su vigor, aparecen fosilizadas, talladas en madera o mineral, resquebrajadas o rotas, necesitadas de sostén. El tiempo, tirano cruel, ha devorado la frescura y la firmeza de las cosas. La mano del pintor aparece ahora clavada a una cruz, desvitalizada, casi muerta, aunque aún busca prolongarse hasta el infinito para alcanzar el olvidado placer.

No, no creo que debamos preparar una camisa de fuerza para Arístides Rosell.  Al menos, no más que le necesitamos cada uno de nosotros. Lo que sí debemos es agudizar la mirada (hacia fuera: hacia sus dibujos) y hacia dentro (al bullente mundo escondido de cada uno) para sacar todo el partido posible de una exposición que no nos dejará indiferentes. Sí. Es así. Arístides Rosell ha vuelto.

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Manuel Turégano