El IVAM sigue apostando por el cómic

TBO IVAM, de Daniel Torres y Carlos Pérez
Panoràmica. Un passeig per l’IVAM, de Carlos Maiques
Diciembre de 2017

El IVAM ha reeditado el cómic ‘TBO IVAM’, que realizó el dibujante valenciano Daniel Torres (València, 1958) en colaboración con el pedagogo, escritor y experto en arte valenciano Carlos Pérez (València, 1947-2013) y ha publicado un nuevo libro sobre los espacios del museo ilustrado por Carlos Maiques (València, 1971). L’Institut Valencià d’Art Modern afianza así su apuesta por el cómic y la ilustración, disciplinas artísticas que comienzan a hacerse un hueco en la programación de los museos.

‘TBO IVAM’ es un cómic de 8 páginas creado en 1990 por el guionista Carlos Pérez y el dibujante Daniel Torres, que narra la visita al museo de un grupo escolar en el que las obras de arte aparecen referenciadas, empleando para ello el propio estilo que han desarrollado ambos artistas a lo largo de su carrera.

Portada TBO de Daniel Torres

La reedición de este cómic, que se distribuirá de manera gratuita a visitantes del museo y participantes en los talleres del IVAM, confirma el compromiso del museo con este género. Un compromiso que se materializó en las exposiciones ‘VLC. Valencia Línea Clara’ que reunió 200 cómics originales sobre la generación de autores valencianos de los años 80 y una exposición sobre la obra del dibujante valenciano Daniel Torres, recogido en la muestra ‘La casa. Crónica de una conquista’. Tiempo después el IVAM inauguraba la exposición ‘Fanzination!. Los fanzines de cómic en España’, una selección de un centenar de ejemplares fruto de la donación de más de 2.100 fanzines que ha realizado al museo el experto e investigador de cómic Álvaro Pons y que se concibió como el primer paso para la creación de una fanzinoteca en la Biblioteca y Centro de Documentación del IVAM.

Desde el pasado 14 de diciembre, la sala de la Biblioteca del museo acoge la muestra documental ‘Sueños ilustrados. Grandes ilustradores para pequeños lectores’, un recorrido histórico por los principales libros ilustrados dedicados al público infantil, incidiendo de manera especial en los trabajos que han supuesto una evolución estética en este ámbito artístico.

Ilustración de Carlos Maiques. Imagen cortesía del IVAM.

Ilustración de Carlos Maiques. Imagen cortesía del IVAM.

El IVAM también refuerza su apoyo a la ilustración con la publicación de ‘Panoràmica. Un passeig per l’IVAM’ de Carlos Maiques, una visión del dibujante valenciano sobre las distintas dependencias del museo y de la vida cotidiana que en él se desarrolla. A través de los espacios comunes del museo, en las galerías, las oficinas, los almacenes o durante las conferencias, conciertos, charlas y performances, el autor muestra una visión panorámica del IVAM. El libro reúne más de 80 ilustraciones realizadas en técnica mixta sobre papel por Carlos Maiques.

Ilustración de Carlos Maiques. Imagen cortesía del IVAM.

Ilustración de Carlos Maiques. Imagen cortesía del IVAM.

Carlos Pérez da su nombre a una sala del Carme

Sala Temporal Carlos Pérez
Centre de Cultura Contemporània
Consorcio de Museos de la Generalitat Valencia
C / Museo, 2. Valencia

La Conselleria d’Educació, Investigació, Cultura i Esport ha aprobado la propuesta del director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, de otorgar el nombre de Carlos Pérez, fallecido en 2013 y referente imprescindible del panorama artístico valenciano, que dedicó su trayectoria profesional a que Valencia dejara de ser lo que él denominó “la capital de la Tierra de la Modernidad Imposible”, a la sala temporal situada en la planta baja del Centre de Cultura Contemporània.

Pérez Pont explicó que “con este tributo queremos llevar a cabo un acto de justicia simbólica por el papel innovador y crítico del trabajo que durante toda su vida desarrolló Carlos Pérez. Sus iniciativas en el campo de la pedagogía y la inclusión social a través del arte siguen resultando pioneras, siendo una referencia indiscutible para el nuevo Centre del Carme, con quien estamos emprendiendo proyectos educativos que abren la puerta de la activación cultural desde la primera infancia».

Para inaugurar la sala, el Consorci de Museus realizará un acto de homenaje al pedagogo valenciano, el 26 de enero, que estará presidido por el conseller Vicent Marzà.

Licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad de Valencia, profundizó en el diálogo entre el arte moderno y los movimientos pedagógicos renovadores desde los años 70 con el diseño de materiales didácticos, con influencias de Maria Montessori o la Bauhaus y el “Taller de l’Infant”, un proyecto colectivo ubicado en la calle Guillem de Castro, para fabricar y comercializar esos diseños vanguardistas que fue también pionero en el empleo de personas con diversidad funcional.

A mediados de los años 80 fue director general de Servicios Sociales de la Generalitat Valenciana y en 1989 entró en el Departamento de Didáctica y Comunicación del IVAM, institución de la que luego sería conservador de material impreso y conservador jefe de la colección.

Carlos Pérez. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Carlos Pérez. Imagen cortesía del Centre del Carme.

En el año 2000 se incorporó como conservador al Museo Reina Sofía de Madrid, y en 2005 volvió a Valencia para hacerse cargo del programa expositivo del MUVIM, definiendo las tres grandes líneas de la institución: el arte gráfico, la fotografía y el libro ilustrado.

A lo largo de su trayectoria profesional, escribió textos sobre artistas como Picasso, Steinberg, Grosz, Torres García, Depero y Gómez de la Serna, entre otros. También escribió literatura de ficción, en ocasiones bajo seudónimo.

Reconocido internacionalmente, en 2004 el Presidente de la República de Chile le confirió la Orden de Bernardo O’Higgins en grado de comendador; en 2011 recibió la medalla de honor del Ministerio de Relaciones Exteriores checo, y en 2012, la Embajada de Francia le impuso la insignia de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras.

Gran Carlos Pérez

Carlos Pérez falleció anoche.

Me duele que el tiempo no le haya permitido compartir con nosotros ese día cercano, en el que un ciclón humano desaloje de los órganos de poder a la inmundicia que hace ya tiempo se instaló en ellos.

Carlos Pérez (Valencia, 1947-2013) fue un erudito, uno de esos escasos ejemplares que pasó inadvertido para la mayoría. Conservador en el IVAM en los tiempos en los que ese centro fue digno de mención y en el Museo Reina Sofía. En su última etapa, como responsable del programa expositivo del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM) logró poner en órbita un museo que hasta entonces carecía de rumbo y que, tras su marcha por jubilación, ha retornado a un estado que transita entre la intrascendencia y el sonrojo.

Recibió numerosas distinciones, entre ellas la de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia, en 2012. Pero por encima de todos sus méritos profesionales y su riqueza cultural, ha sido una persona extraordinaria, inteligente, lúcido y con un fino sentido del humor.

En esta Valencia, «capital de la Tierra de la modernidad imposible», como él la denominó en sus últimos artículos publicados en El Paísno olvidaremos su ejemplo de integridad y su disposición a la travesura intelectual.

Su vitalidad y su combatividad resultaban estimulantes en un lugar y en un tiempo en el que los perfiles apesebrados y monodimensionales abundaban y abundan entre los trabajadores públicos de la cultura y los museos valencianos. Para algunos de nosotros -críticos de arte, comisarios de exposiciones, artistas, diseñadores y otros mediadores culturales independientes- ha sido una referencia inigualable en esta tierra valenciana, de modernidad imposible e ingratitud infinita. Nuestra generación ha podido disfrutar del ejemplo de pocos de sus mayores, envueltos como se han encontrado en una escalada sin fin de silencios y pleitesías al político de turno, por lo que Carlos era nuestro único norte posible.

No podemos decirte adiós, Carlos, porque formas parte de nosotros, de nuestras luchas y nuestros anhelos para hacer de la realidad un lugar mejor para todos y para todas. Un lugar donde políticos iletrados no determinen las pautas educativas de la población, ni crean que las instituciones culturales son propiedad del partido que gobierna. Un lugar donde la democracia tenga un sentido completo y la libertad sea en la práctica mucho más que las letras impresas de una vulnerada Constitución.

Queremos personas que vivan de pié, erguidas ante el despotismo y el abuso de esos que nos quieren de rodillas. Son siempre los mismos, pero nos encontrarán permanentemente en pié, pues nuestro deseo de justicia y equidad se encuentra insatisfecho.

Me duele tu marcha, Carlos, pero me reconforta tu ejemplo y tu enseñanza. Que tu siembra se propague y nos haga mejores.
Gracias, Carlos.

José Luis Pérez Pont

«Las injerencias son una constante en el IVAM»

Entrevista a Carlos Pérez

Carlos Pérez, ex conservador del IVAM, Reina Sofía y MuVIM, hace una radiografía para MAKMA de los dos museos valencianos en los que él trabajó. Repasa, y da un fino repaso, al IVAM, desde sus rutilantes comienzos a la “vía muerta” actual. Al igual que hace con el MuVIM, desde su antaño proyecto “consolidado” a la presente “indefinición”. La impronta dejada en el Instituto Valenciano de Arte Moderno por Vicent Todolí fue, poco a poco, masacrada por la “discutible filosofía expositiva” de Cosme Barañano, y el “estrafalario” programa de exposiciones de Consuelo Císcar. La reciente “injerencia política” en el Consejo Rector del IVAM no sería más que la culminación del “trayecto irreversible hacia una vía muerta”. Esta radiografía vendría a ratificar la idea de Carlos Pérez de que Valencia es “la capital de la Tierra de la Modernidad Imposible”. Lo que estaba previsto como una entrevista, terminó siendo un largo monólogo revelador. Juzguen ustedes mismos.

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Cuando comencé  a interesarme por el arte, ya hace muchos años, en Valencia las posibilidades de trabajar en ese campo eran casi inexistentes. De hecho, muchos artistas y algunas personas que querían ejercer de críticos o de investigadores, se agrupaban y buscaban la relación con otros compañeros que, como los componentes de los Equipos Crónica y Realidad, intentaban dar a conocer sus propuestas fuera de este lugar.

El esfuerzo resultaba prácticamente imposible porque, además de que los funcionarios culturales del franquismo mantenían su presencia, Valencia no era una ciudad con tradición en el arte moderno. Aquí el cubismo, el dadaísmo, el futurismo, el surrealismo, al igual que otras corrientes que configuraron el arte moderno, no hicieron acto de presencia. Por eso, en más de una ocasión, me he referido a Valencia como la capital de la Tierra de la Modernidad Imposible. Aunque hay un crítico-historiador del arte empeñado en hablar de algo que nunca existió: “la vanguardia valenciana de los años treinta”.

La aparición del IVAM, Instituto Valenciano de Arte Moderno, fue todo un acontecimiento y, después de tanto tiempo de penurias, parecía que, finalmente, la ciudad iba a tener un espacio especializado que iba a dar a conocer en directo lo que había sido el arte del siglo XX y, al mismo tiempo, las propuestas más significativas del panorama del arte internacional actual.

Durante casi doce años, el programa expositivo cumplió los objetivos que se había marcado la institución. Y cuando comenzaron a presentarse las primeras muestras, con Carmen Alborch en la dirección y Vicent Todolí de Jefe del Área Artística, hubo una gran aceptación por parte de los profesionales y del público. Por otro lado, Vicent Todolí organizó los fondos de la colección del museo, iniciados por Tomás Llorens, y con una inteligente política de compras fue equilibrando las obras correspondientes a la época de las vanguardias con otras de arte contemporáneo. Cuando Carmen Alborch tuvo que dejar la dirección para hacerse cargo del Ministerio de Cultura, le sucedió José Francisco Yvars que representó la continuidad. No se debe olvidar que Vicent Todolí seguía al frente del Área Artística y siguió contactando al IVAM con los museos europeos y americanos más prestigiosos. Nunca entendí que a José Francisco Yvars, un hombre culto, con los conocimientos necesarios, que encajaba perfectamente en la derecha europea, lo cesaran más tarde para que lo sustituyera Consuelo Ciscar.

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Evidentemente, el proyecto, tal vez por los logros conseguidos en un corto espacio de tiempo, suscitó un interés cada vez más creciente de personas más vinculadas a la política que al mundo del arte. Es decir, de gente que ignoraba que un museo es un centro de estudio e investigación, dirigido y actualizado, día a día, por profesionales, y también un auxiliar indispensable para las instituciones universitarias. Por lo visto, tales personas pensaban (y lo siguen pensando) que la dirección de un museo posibilita una rápida promoción personal, así como que lo más importante de una institución museística son las relaciones sociales y que las salas expositivas, sobre todo en las inauguraciones, se conviertan en un lugar de encuentro entre afines.

La oportunidad para los partidarios de esa manera de pensar se dio en las elecciones de 1996, cuando Consuelo Ciscar, dentro del programa cultural del PP, anunció sus aspiraciones a ocupar la dirección del IVAM. Al margen de que esa manera de acceder a la gerencia de un museo era inusual e inaceptable (no se había anunciado concurso alguno para ocupar la plaza), tal vez el estupor y la inquietud que generó la noticia hizo que el PP, partido ganador de los comicios, y el PSOE acordaran consensuar un director procedente del mundo del arte. De esa manera, llegó Juan Manuel Bonet al IVAM.

Muchos deseábamos que Juan Manuel Bonet y Vicent Todolí hubieran llegado a un acuerdo. Pero, por distintas razones, eso no pudo ser. Sin embargo, Juan Manuel Bonet, buen conocedor del IVAM, llevó una línea en las compras similar a la de Vicent Todolí (en material impreso original de las vanguardias, estos dos profesionales consiguieron articular la mejor colección que se conserva en España) y abrió el museo a exposiciones que, como la dedicada a Erik Satie o al ultraísmo, presentaban, junto a pinturas y esculturas, obras de músicos, arquitectos y escritores. De hecho, reforzó la línea de muestras dedicadas a la difusión de la obra de las vanguardias. Juan Manuel Bonet programó magníficas exposiciones que siguieron gozando del favor del público y de los profesionales del arte. Comenzó a tener problemas cuando no satisfizo las sugerencias de los políticos y, asimismo, de algunos artistas locales. Como manifestó repetidas veces, él dirigía un museo y no soportaba intromisiones de ninguna clase.

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Finalmente, con el pretexto de los problemas ocasionados con la instalación de una escultura realizada por un artista valenciano (con la distancia del tiempo toda aquella historia ha cobrado un aire de opereta bufa), se articuló su cese (aunque, a las pocas semanas, fue nombrado director del MNCARS, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía). Y ese fue el momento en el que Cosme Barañano, conocido en Valencia por sus exposiciones para la Fundación Bancaja y por su vinculación a determinado grupo editorial, entró en la dirección del IVAM. No creo que Cosme Barañano será recordado por las exposiciones que programó, sino por su intención de modificar arquitectónicamente el museo y, también, la dinámica del mismo. Profesionales que aún trabajan en la institución subrayan que, no sólo llevó a cabo una muy discutible filosofía expositiva, sino una muy errónea política de personal. Se puede decir que rompió lo que Carmen Alborch había denominado “el equipo del IVAM”.

Afortunadamente, invitado por Juan Manuel Bonet, comencé a trabajar en el Museo Reina Sofía y me distancié de esta ciudad. Cuando, tras casi cinco años de ausencia, regresé a Valencia percibí con rapidez que el lugar ya comenzaba a perfilarse, una vez más, como la capital de la Tierra de la Modernidad Imposible. Consuelo Ciscar, por razones que se me escapan, había sustituido a Cosme Barañano en la dirección del IVAM y había comenzado con un estrafalario programa de exposiciones que presentaba muy bajo nivel científico y artístico. Como ya dije en una entrevista, el IVAM, con esta directora, había iniciado el trayecto irreversible hacia una vía muerta.

Me parece correcto que los cambios realizados hace escasos días en el Consejo Rector se consideren una injerencia política inaceptable, pero la institución, a lo largo de su relativamente corta historia, ha tenido injerencias mucho más inaceptables. Las injerencias parecen una constante. Y también es una constante el mutismo de la institución sobre las informaciones, muy documentadas, sobre los gastos del museo, en especial las compras de obra, que han ido apareciendo en los medios durante los últimos catorce años. Nadie dice nada y los políticos (perdón por el juego de palabras) parece que se dedican más a elaborar injerencias que respuestas necesarias.

Por su parte, el MuVIM, Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad,  se concibió como un centro dedicado a la Ilustración, a la influencia de dicho movimiento en la España del siglo XVIII y a la figura del historiador, lingüista y polígrafo valenciano Gregorio Mayans y Siscar. El proyecto no estaba muy bien definido y presentaba limitaciones de todo tipo. Al poco de su inauguración, el museo pasó a ser una especie de espacio polivalente. Y en el año 2004 la inactividad era manifiesta.

De acuerdo con Román de la Calle, que había sido nombrado director de la institución, planteé tres líneas expositivas que otros museos no consideraban: el arte gráfico (el cartel, la tipografía y el diseño actual), la fotografía y el libro ilustrado. Además, se estableció una vertiente de muestras, cursos y conferencias, directamente relacionada con el Siglo de las Luces. Una vez más, las injerencias de carácter político hicieron naufragar un proyecto que se había consolidado y había alcanzado un notable prestigio nacional e internacional. En la actualidad, el MuVIM parece haber regresado a la indefinición con un programa de dudosos ensayos y tentativas. Como anécdota puedo referir que el “comisario” de una exposición, celebrada recientemente en ese museo, me envió un correo en el que publicitando su propia muestra decía textualmente: “¡cuántas cosas chulas están pasando en el MuVIM!”. Sin comentarios. En cualquier institución museística seria, la utilización de ese lenguaje para referirse a una manifestación artística, hubiera sido motivo suficiente para que se hubiera rechazado al personaje, también a la muestra (independientemente del contenido de la misma) que había presentado y a esa particular concepción de un espacio expositivo que, con esos ingredientes, se aproxima más a un circo barato que a un lugar de difusión y reflexión sobre el arte.

Resulta  muy evidente que Valencia ha recuperado la capitalidad de la Tierra de la Modernidad Imposible. Esperemos que no ostente ese título durante muchos años.

Carlos Pérez. Foto: Miguel Lorenzo

Carlos Pérez. Foto: Miguel Lorenzo

Salva Torres

Kembo, un león ilustrado y vegetariano

Nuestro encuentro con Kembo. Miguel Calatayud y Carlos Pérez

Colegio Mayor Rector Peset

Plaza Horno de San Nicolás, 5. Valencia

Hasta el 31 de julio

Después de un tiempo dándole vueltas a la idea de trabajar juntos en un libro, Miguel Calatayud y Carlos Pérez se toparon con Kembo. El nombre fue lo primero que tuvieron claro; todo lo demás fue producto de un ensamblaje de ideas que tomó cuerpo uniendo fragmentos que hubiera aprobado el mismísimo Doctor Frankenstein. Partidarios de alejarse del típico cuento clásico, Calatayud y Pérez fueron metiendo en la sala de disección de su libro, todo aquello que formaba parte de su imaginario artístico: ciertas películas de cine (La reina de África, Hatari!), ciertos nombres de la escena musical (Louis Armstrong, Josephine Baker), algunos artistas de circo (Mister Humphrey, Mefisto, Martini), un atrezzo del mejor cartelismo y todo ello enmarcado en el ficticio país africano de Bava Kamo.

Nuestro encuentro con Kembo. Miguel Calatayud y Carlos Pérez. Rector Peset

Nuestro encuentro con Kembo. Miguel Calatayud y Carlos Pérez. Rector Peset

El resultado ha sido un libro ilustrado en el que se narran las peripecias del león Kembo, más vegetariano que carnívoro, pacífico donde los haya y más dado al disfrute de la vida, que a su triste función depredadora. El trabajo en la ilustración de Miguel Calatayud, con esas figuras y contextos cubistas, escenas caleidoscópicas y efervescente línea expresiva, recoge la intención vanguardista que atraviesa el proyecto. El Colegio Mayor Rector Peset exhibe un amplio conjunto de viñetas, con textos impresos en la pared, reveladores del espíritu de Kembo: “Nadine Chouette, una extraordinaria malabarista, pronto advirtió que al joven león le gustaban más las fresas y las zanahorias que los cartílagos y los músculos fibrosos de una maloliente carne”.

Nuestro encuentro con Kembo, de Miguel Calatayud y Carlos Pérez, en el Col.legi Major Rector Peset

Nuestro encuentro con Kembo, de Miguel Calatayud y Carlos Pérez, en el Col.legi Major Rector Peset

En este sentido, Kembo, alejándose de los planteamientos Walt Disney, no deja de ser un león políticamente correcto, contrario al maltrato animal y al que se añade lógicamente su denuncia contra la violencia de género. Ecologismo y feminismo, dos de las grandes ideologías contemporáneas, están sin duda presentes en un texto ilustrado de honda imaginación, trazo vanguardista, pero bien anclado en el presente de esa modernidad líquida descrita por Bauman. Amparado en esa corrección política, Kembo ruge después a sus anchas en el fértil, luminoso, inquietante y espectacular universo de Bava Kamo ideado al alimón por Miguel Calatayud y Carlos Pérez.

Nuestro encuentro con Kembo, de Miguel Calatayud y Carlos Pérez. Rector Peset

Nuestro encuentro con Kembo, de Miguel Calatayud y Carlos Pérez. Rector Peset

Los rugidos de Kembo reverberan las acuarelas, ilustraciones y bocetos de Calatayud, lo mismo que la escritura de Carlos Pérez destila un lirismo irónico al ritmo del vodevil que se representa: “Kembo nunca había herido a nadie, nunca había destruido una choza y nunca se había comido a un niño crudo”. El león que llegó a sustituir al de la Metro cuando éste, de tanto rugir, se quedaba afónico, es un león apócrifo rodeado en el país de Bava Kamo de seres reales, que la ficción devuelve a su estatuto de figuras legendarias y tantas veces soñadas. Juan Peiró remata la faena con un video (Kembo y Duna en la Finca Roja) en el que se recogen las imágenes alusivas al universo descrito por Carlos Pérez.

En el fondo, no es la selva, sino un ilustrativo jardín de las delicias por el que se mueve Kembo y, con él, sus dos socarrones autores. Nuestro encuentro con Kembo, que así se titula la exposición que permanecerá en el Rector Peset hasta finales de julio, es el encuentro del espectador con un mundo que parece salido de la mismísima trompeta de Louis Armstrong: It’s a wonderful world. Pues eso.

Nuestro encuentro con Kembo, de Miguel Calatayud y Carlos Pérez, en Colegio Mayor Rector Peset

Nuestro encuentro con Kembo, de Miguel Calatayud y Carlos Pérez, en Colegio Mayor Rector Peset

 Salva Torres