“ARCO está pensado para vender, no para ver arte”

Desayunos MAKMA
Con Nacho Agrait (responsable de la Galería Punto) y los artistas Carlos Domingo y Mavi Escamilla, con motivo de la feria ARCO que se celebra en el pabellón IFEMA de Madrid del 27 de febrero al 3 de marzo de 2019
Entrevistados por Jose Ramón Alarcón, Vicente Chambó, Merche Medina y Salva Torres, del equipo de redacción de Makma
Restaurante Saona
Gran Vía Marqués del Turia, 46. Valencia
Viernes 22 de febrero de 2019

¿Cuál ha sido o es vuestra experiencia en la Feria ARCO?

Nacho Agrait: Mi primer contacto con ARCO se produjo en Colonia, en el Hotel Mondial, donde quedamos con Juana de Aizpuru y Polígrafa; en esa cena se fraguó ARCO, en la Feria de Colonia de 1979. Nosotros le dimos un apoyo y por eso estuvimos diez años en el comité. A mi padre [Miguel Agrait] le fastidió muchísimo que lo tiraran de ARCO, cuando le dieron el premio ese año, precisamente. Yo, reflexionando con el tiempo, pienso que, en ese caso, nos lo merecíamos. Habíamos bajado la guardia y estábamos haciendo cosas bastante comerciales: yo diría que estábamos muriendo de éxito. Y ahora, este año, no puedo plantearme ir por una razón, porque he tenido cambio de galería y no cumplo los requisitos de exposiciones y demás. Tengo muchísima ilusión por volver, porque he trabajado con mis padres, luego con mi hermano (que tenía un planteamiento completamente diferente, una especie de Benlliure), y más tarde con mi hermana.

Mavi Escamilla: En ARCO hay miedo a la competencia y el criterio de selección de las
galerías es arbitrario

N.A.: Eso ocurre en todas las ferias internacionales. Cuando mi padre estaba en el comité llegó a haber 18 galerías de Valencia y, además, eran buenas. Había mucha actividad. De repente, te quitan ese apoyo y muchas se hundieron. En Alemania está la asociación de galerías. Y la asociación, primero, tiene un porcentaje importante de su país. Aquí tenemos miedo a que los españoles tengan una potencia: es un miedo a la competencia. Es lo mismo que pasa, por ejemplo, con los taxistas y Uber.

M. E.: Hay galerías nuevas, tienen artistas nuevos que despuntan y no es que vayan a ponerte la zancadilla… No sé, hay cierto aburrimiento y desencanto.

De izquierda a derecha, Nacho Agrait, Carlos Domingo y Mavi Escamilla. Fotografía de Merche Medina.

De izquierda a derecha, Nacho Agrait, Carlos Domingo y Mavi Escamilla. Fotografía de Merche Medina.

N.A.: Aburrimiento, mayor que antes. Me preocupa que vas a varios stands y ves a los mismos artistas. Quizás falte algo de aire de libertad. Está claro que los críticos internacionales marcan el canon a seguir. Lo que más me gustó de la feria de Colonia, precisamente, es que el cliente era coleccionista de verdad. Pedía información, pero le gustaba algo y se lo llevaba. Aquí vamos mucho más al dictado. Necesitamos muchos asesores.

Carlos Domingo: Las ferias cumplen un poco ese papel de legitimación, de cara al cliente o al coleccionista.

Concurrir en ferias internacionales auxilió a forjar la idiosincrasia de galerías como Punto, en contraposición a la línea de trabajo de otras en aquellos momentos.

N.A.: Yo ahora voy a hacer más ferias internacionales, tras un ineludible parón. Lo que tengo que hacer es lo mismo y divertirme con lo que me gusta, que es esto. Que se den cuenta de que estás haciendo algo bueno. Un paso muy importante ha sido incorporar a Jorge López, que es un gran profesional. Cuando crees que estás en posesión de la verdad es cuando te estás equivocando.

C.D.: Mi experiencia en ARCO y en otras ferias siempre ha sido positiva, porque supone ventas, visibilidad. Yo tampoco le doy más trascendencia a las ferias de lo que son. El problema viene de que se le quiere dar a la feria un carácter museístico que no tiene. No es un sitio pensado para ver arte, sino para vender. Todos los problemas radican o provienen de esa primera falacia. Las galerías acuden para recuperar lo que han invertido, que es mucho.

Nacho Agrait en un momento del Desayuno Makma. Fotografía de Merche Medina.

Nacho Agrait en un momento del Desayuno Makma. Fotografía de Merche Medina.

N.A.: El mundo del arte es sumamente absurdo, porque cuando alguien ha vendido parece que sea comercial, en un sentido negativo.

C.D.: El arte tiene esas tres facetas: la social, la cultural y la mercantil.

N.A.: Hemos realizado proyectos en los que creo que el artista era el menos importante. Había un ejercicio filosófico de lucimiento personal del comisario o crítico.

Mavi Escamilla en un instante del Desayuno Makma.

Mavi Escamilla en un instante del Desayuno Makma. Fotografía de Merche Medina.

¿Tal vez por falta de comunicación entre quien ejerce la labor curatorial y el artista?

M.E.: Estuve muchos años yendo con My Name´s Lolita, con Cànem… Estuve como doce años. ¿Y las consecuencias de haber estado en ARCO? Pues yo no noté nada relevante: nunca vendí en ARCO. Contactos sí. La última vez que estuve fue con la movida de las barricas de Consuelo Císcar.

Antes, algunos galeristas decían que la feria te salvaba todo el año.

N.A.: Esos tiempos no van a volver.

C.D.: El grueso de la facturación lo hacen en las ferias. La cara negativa es que tienen mucha dependencia y es más complicado que te admitan en una feria, en las que puedes o te pueden permitir estar. La contrapartida es que cuando se focaliza la actividad y la venta en unas fechas concretas, en un lugar concreto, en este caso Madrid, luego la periferia, la actividad cultural y mercantil en la periferia, es un balancín que va en detrimento. Toda la actividad que se hace durante el año, las galerías programando, instituciones, la producción de los artistas, etc, se invisibiliza. Lo que se visibiliza esta semana tiene su cara más neutra, por ser suaves. Y los coleccionistas prefieren esperarse a esta semana.

Carlos Domingo. Fotografía de Merche Medina.

Carlos Domingo. Fotografía de Merche Medina.

En uno de nuestros desayunos Makma alguien dijo que en ARCO los artistas no pintaban nada.

C.D.: El artista pinta bastante poco en todo esto. En la construcción de la historia del arte, el artista siempre ha estado abajo.

Entonces, ¿no habría que darle la vuelta a eso?

M.E.: Estamos en la era del comisario.

N.A.: Como consecuencia de los proyectos presentes en las ferias, con menos cantidad de obras, los artistas son más visibles ahora que antes, cuando tenías un stand que llevabas quince artistas diferentes. La contrapartida es que mucha gente se queda fuera.

M.E.: Te hacen callar. Un ejemplo es cuando Eugenio Merino hizo lo de Franco y al año siguiente lo vetaron. Y T20, que montó también un stand polémico, al año siguiente también lo vetaron.

¿La polémica desde ese punto de vista en un gancho comercial más?

N.A.: De la feria sí. La mayoría de los medios se quedan con lo anecdótico. Eso es malísimo, porque crea una confusión tremenda.

M.E.: Siempre piensan que somos extravagantes, estafadores, absurdos. ¿Crees que alguien va a dedicar su vida para estafarte a ti?

Algunos artistas venden también esa imagen de provocadores, ¿no?

N.A.: La vida del artista es tan sumamente jodida que no va de nada. Para ellos es más difícil.

M.E.: Al artista se le debe juzgar por su trabajo, por su obra.

C.D.: Para juzgar ese trabajo hay que estar informado y eso es lo que falta. Se precisa información y, por supuesto, formación, con el fin de que la gente aprecie lo que está viendo.

M.E.: Es importante la credibilidad en quien emite la información.

N.A.: A mí lo que me interesa es el punto de vista del artista. La visión del artista es siempre la más directa.

De izquierda a derecha, Nacho Agrait, Carlos Domingo y Mavi Escamilla. Fotografía de Merche Medina.

¿Hay demasiados intermediarios en el mundo del arte? ¿Facilitan que se entienda al artista o lo dificultan?

C.D.: Hay muchas veces que se utiliza un hermetismo en el lenguaje que en realidad es un hermetismo del que está escribiendo, no vaya a ser que si dice muy claro lo que quiere decir se equivoque.

N.A.: Tenemos que abrirnos a toda la sociedad. Necesitas una formación para todo.

C.D.: La persona culta es la que es capaz de dominar todos los estadios. El que no, es un pedante.

M.E.: Yo lo que hago lo hago en mi estudio. El público no está presente en la creación.

C.D.: El trabajo tiene que ser sincero. Espero y quiero que sea aceptado, pero no está en el origen. Cuando se sitúa en el origen, falla.

¿Y ahora quién compra?

C.D.: Habría que diferenciar entre coleccionistas, compradores ocasionales y especuladores.

N.A.: Al especulador no le interesa lo que nosotros damos. Ahora está muy preocupado en meterse en Artprice. Y luego está el fenómeno super destructivo de las herencias. Los hijos que desechan la colección de su padre. La destruyen y tiran por tierra. Nosotros vamos a por el tipo de coleccionista que se implica y va buscando algo nuevo. Pintar es muy difícil. Se necesita una vida entera. No se puede despreciar. Hay que reflexionar.

M.E.: ¡Es que estáis de moda!, me han llegado a decir sobre las mujeres. Bueno, pues yo ahora inauguro una de mujeres en My Name´s Lolita.

N.A.: Se debía hacer justicia [con el papel de la mujer en la historia del arte]. Otras galerías se dedican a dar pelotazos, pero tienen los pies cortos. Y a las más jóvenes ya no les interesan los artistas anteriores.

C.D.: Pasas de emergente a sumergido.

De izquierda a derecha, Merche Medina, Salva Torres, Nacho Agrait, Carlos Domingo, Mavi Escamilla y Vicente Chambó. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

De izquierda a derecha, Merche Medina, Salva Torres, Nacho Agrait, Carlos Domingo, Mavi Escamilla y Vicente Chambó. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

¿Los galeristas lleváis la obra más comercial a ARCO?

N.A.: No es cierto. El comité no te lo permite nunca. Al final se trata de subsistir y el artista tiene que comer y pagar facturas. Comercial significa simplemente que lo vendes, que hay alguien que quiere pagar por ello. ¿Qué mal tiene eso?

C.D.: No solo el hecho de la venta. El hecho de que un artista tenga acceso al mercado de manera habitual tiene un retorno sobre la propia obra, porque se está confrontando constantemente con una realidad. Eso es fundamental. No es el artista que está en el estudio haciendo sus cosas que nadie ve, que nunca expone.

¿Se produce ahora más venta por Internet?

N.A.: Yo hice una página y fue un desastre. Lo borré todo. Y el problema encima de no haber vendido nada después. Hubo piezas de nuestra colección particular que creímos en ellas y salió. Son excepciones.

C.D.: Yo nunca.

M.E.: Una vez me preguntaron si podía hacer un cuadro en otro formato (risas).

N.A.: Tienes que estar en contacto directo con la obra.

C.D.: El trato tiene que ser directo. La web puede servir para discriminar a grandes rasgos y a partir de precios medios altos. Con obra gráfica o grabados puede ser. La compra es una experiencia. El coleccionista quiere conocer al artista, al galerista, etc.

N.A.: Se hacen proyectos y se mandan a determinados clientes. En los informes tienes absolutamente todo. No puedes esperar pasivamente a que vengan a la galería.

M.E.: Antes no se enseñaba nada acerca de la presentación de proyectos. En cualquier caso, hay vida más allá de las galerías. Vida de freelance. Yo he trabajado con galerías de forma puntual, con proyectos concretos.

C.D.: Sí que es cierto que sobre la visibilidad del artista, funcionar sin galería tiene un menoscabo de la legitimidad, pero te da una libertad.

De izquierda a derecha, Nacho Agrait, Mavi Escamilla y Carlos Domingo, una vez concluida la entrevista.

De izquierda a derecha, Nacho Agrait, Mavi Escamilla y Carlos Domingo, una vez concluida la entrevista.

El escritor y ensayista Félix de Azúa proclama que el arte ha muerto, puesto que los museos se han convertido en espacios para el turismo y el ocio.

M.E.: El arte no existe, existen los artistas.

N.A.: Yo no lo veo como un problema, es una forma de acercamiento. También el alquilar obras de arte para oficinas. Todo eso propicia enlaces futuros. Al principio se acudía a ARCO por esnobismo, y posteriormente se solidificaba el interés. Eran años de libertad máxima.

¿Qué pensáis de las ferias satélites que rodean a ARCO?

N.A.: Cumplen su función.

C.D.: Pueden tener su sitio, pero tienen más sentido si cuentan con una cierta
especialización. Entonces pueden coger peso.

N.A.: Sin los artistas no hay nada. Hay que colaborar todos juntos y luchar. A algunos artistas, antes ni se les pagaba. Hay otras galerías, en cambio, que se juegan su patrimonio y luchan con lo poco que tienen, porque creen en ello.

De izquierda a derecha, Carlos Domingo, Nacho Agrait y Mavi Escamilla. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

De izquierda a derecha, Carlos Domingo, Nacho Agrait y Mavi Escamilla. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

El inquietante universo (in)animado de Carlos Domingo

Dócil, de Carlos Domingo
Museo de Teruel
Plaza Fray Anselmo Polanco, 3. Teruel
Del 2 de marzo al 16 de abril de 2017

Si hay algo que nos distingue a los seres humanos de los animales es el lenguaje. Mal comienzo, pensará alguno. Porque el lenguaje, he ahí la objeción de entrada, también pertenece al reino animal. De hecho, la etología ya ha dictaminado hace mucho tiempo que los animales tienen lenguaje. ¿Qué tipo de lenguaje? El relacionado con la comunicación mediante señales. De manera que los animales y los humanos emitiríamos por igual mensajes con los que orientar nuestra conducta. Mas no es ese el lenguaje que vendría a distinguirnos de los animales. Como tampoco es ese el lenguaje que vendría a explicar la “extraña” conducta de los artistas.

El lenguaje al que me refiero nada tiene que ver con ello. Sin duda, los animales poseen un sistema de señales, más o menos sofisticado, para comunicarse entre ellos. Al igual que los humanos (ahí está la teoría de la comunicación para explicarlo), al compartir cierto código lingüístico, podemos llegar a entendernos. Ocurre, sin embargo, que más allá de la eficacia instrumental del lenguaje, existe una dimensión simbólica que lo complejiza al interrogarse por sus límites.

Vista de la exposición 'Dócil', de Carlos Domingo. Imagen cortesía del Museo de Teruel.

Vista de la exposición ‘Dócil’, de Carlos Domingo. Imagen cortesía del Museo de Teruel.

De hecho, es esa necesidad de hurgar en los límites que vienen a tejer nuestra cultura,  lo que hace del lenguaje algo más que simple herramienta al servicio de la comunicación, para terminar siendo vehículo de aquello que difícilmente se doblega al orden establecido. Es por ello que la mecánica del lenguaje, en este caso, chirría, manifestando la inquietud de quien se sabe concernido por la grieta que en su interior se abre. El lenguaje entonces deja de emitir señales fácilmente reconocibles (de eficacia probada), para ensayar otras formas de acercarnos a lo que somos. Y lo que somos, por muy cercano que sea nuestro lenguaje al de los animales, tiene que ver con ese plus de lenguaje que hace de nuestra animalidad una incógnita; un resto que no dejamos de rastrear.

A ese resto llamó Georges Bataille lo sagrado, desprendido, claro está, de la contaminación ideológica producida por su adherencia a la institución religiosa. Carácter sagrado que permite a los humanos, mediante ese plus del lenguaje, representar (esto es, presentar de otra forma o mediante otras formas) aquello que precisamente añoramos de los animales: su libertad; el hecho de que no tengan, como nosotros, que someterse a norma alguna. He ahí su inmenso atractivo y el poder de evocación que conlleva imaginar la vuelta a esa naturaleza animal libre de toda atadura social.

Sólo el lenguaje dotado de la dimensión simbólica que anida en lo sagrado, puede hacerse cargo de tamaña paradoja: proyectar lo humano más allá de los límites que impone la cultura, sin tener que perderse por ello en la violencia del reino animal. Un lenguaje, pues, enigmático, donde las luces de la razón instrumental no terminan de aclararlo todo, y donde las sombras de la naturaleza sin límites no acaban de imponer la total oscuridad de aquellos tiempos remotos. Un lenguaje, diríamos, entre sombras, que es el que explora pacientemente Carlos Domingo.

Vista de la exposición 'Dócil', de Carlos Domingo. Imagen cortesía del Museo de Teruel.

Vista de la exposición ‘Dócil’, de Carlos Domingo. Imagen cortesía del Museo de Teruel.

Sabedor de que los objetos, para que salgan de su mutismo instrumental, necesitan tiempo, al igual que los animales, para que cedan en su empeño fiero, necesitan cierto reposo, Carlos Domingo se arma de paciencia para que ese plus de lenguaje, con el que atrapar lo sagrado de la existencia, vaya haciendo acto de presencia. “Me sitúo en la franja de la indefinición”, dice. Y en esa franja, allí donde el animal se confunde con el mundo vegetal y los objetos inanimados van cobrando vida, se mueve Carlos Domingo. Es la suya, por tanto, una actividad casi litúrgica, obrando en su estudio el milagro de la creación a partir de elementos, aparentemente anodinos, que alcanzan un inusitado misterio.

Esa “indefinición” a la que alude el artista viene a diluir la frontera que separa los compartimentos estancos de cada naturaleza. “Somos personas, animales, minerales y vegetales: esos cuatro reinos están desdibujados en mi obra”. Para ello, procede en su trabajo de manera “que las cosas sean ligeras, espontáneas, que no tengan gravedad”. Semejante atmósfera teñida de ambigüedad propicia el misterio y la “emoción no exenta de reflexión”, con las que Domingo apela al espectador, al tiempo que subraya su concepción del acto creativo: “El arte tiene que conmover, emocionar desde lo poético”.

Precisamente lo poético, directamente vinculado con lo sagrado, convierte su trabajo en un campo de experimentación con el lenguaje más propiamente humano, de ahí que utilice a los animales y a los objetos como fuente de evocación. Acude a ellos, diluye las fronteras que nos separan, manteniendo la única que, no obstante, diferencia al ser humano de aquello que representa proyectándolo sobre el papel, el lienzo o la madera: la dimensión poética, sagrada, del lenguaje. Esa “tensión entre opuestos” o, como abunda un poco más el propio artista, ese “aprender a vivir con la paradoja” que supone “pertenecer al reino animal” habiendo introducido “la cultura que nos separa de él”, atraviesa el conjunto de su producción, de la que Dócil es un sobresaliente ejemplo.

Vista de la exposición 'Dócil', de Carlos Domingo. Imagen cortesía del Museo de Teruel.

Vista de la exposición ‘Dócil’, de Carlos Domingo. Imagen cortesía del Museo de Teruel.

Carlos Domingo se mantiene “dócil” al lenguaje poético que le permite revelar el misterio de cuanto nos rodea. Pero al mismo tiempo se sacude tamaña docilidad, cuestionando en el interior de su propia obra los límites que vendrían a adormecer la reflexión, transformando en mensaje, en señal, lo que escapa a tan sumisa concepción. De nuevo, la paradoja: somos animales e incluso vegetales y minerales, gracias a la proyección que el lenguaje poético facilita. De manera que su carácter instrumental, al ceder por obra y gracia del artista y abrirse a esa otra dimensión simbólica, permite poner en contacto realidades contrapuestas que de ninguna otra manera dialogarían tan fructíferamente.

“Cuando negamos una u otra viene el conflicto”, sostiene Domingo. Se refiere a la negación de nuestra condición animal, de cuya violencia tenemos pruebas sobradas a lo largo de la historia que alcanza a nuestros días. O también su contrario: afirmar que está en nuestros genes inscrita esa condición, de manera que conviene propiciar el regreso a la naturaleza. Ni una ni otra. Carlos Domingo lo que hace es aproximarnos a ella, descubrir las conexiones y motivar precisamente la reflexión en torno a esa animalidad instintiva que, en nuestro caso, deriva en pulsión que conviene domeñar por sus efectos todavía más destructivos.

De ahí, por ejemplo, la obra Constelación. En ella, se ve a un ciervo sentado sobre sus patas, débilmente iluminado, pero lo justo para que destaquen sobre su lomo una serie de manchas que da precisamente el título a la pieza. “La imagen procede de alguna fotografía y es el reposo, la quietud, por oposición a la velocidad, lo que me interesa destacar por paradójico”. También el elemento plástico de la constelación que significan las manchas: “Lo pequeño en lo grande y viceversa”. La inconmensurable naturaleza contenida en la piel del animal, que a su vez parece expandir el firmamento reflejado en su lomo.

Vista de la exposición 'Dócil', de Carlos Domingo. Imagen cortesía del Museo de Teruel.

Vista de la exposición ‘Dócil’, de Carlos Domingo. Imagen cortesía del Museo de Teruel.

Tal es, después de todo, la función del tatuaje en el cuerpo humano: representar mediante signos, frases, figuras o escenas, una emoción que se quiere perdurable en el tiempo. El propio cuerpo, pues, como recinto, incluso templo, de un sentimiento oceánico que aspira a la eternidad. Por eso el animal, como ya intuyeran nuestros antepasados, se presenta como vehículo privilegiado de conexión con esa naturaleza anhelada donde ninguna restricción existe y donde impera una libertad absoluta. Un animal de gran belleza, cuya quietud contrasta con la oscuridad del fondo del que procede.

La geometría de esa “constelación” se repite luego en otras obras, mediante la figura del toro o toroide, en tanto “superficie de revolución infinita”, describe el artista. Revolución como juego semántico a través del cual “nos rebelamos ante las cosas, ante lo frágil”, añade. Carlos Domingo nos sitúa de nuevo ante la paradoja de una representación integrada por opuestos en tensión: lo duro y lo frágil, lo animal y lo humano, lo racional y lo emocional, lo dócil y lo rebelde. Como en ‘Azufre, carbón y salitre’, “fórmula de la pólvora”, dice, que alude al carácter explosivo de “la rebelión ante determinadas situaciones”. “¿Por qué tenemos que ser dóciles?”, termina preguntándose.

Ese carácter polisémico y difuso (“no hay verdad absoluta, sino múltiples caras de la misma”) conviene situarlo en su justo lugar. Toda la obra de Carlos Domingo está atravesada por ese carácter ambiguo de las cosas. De manera que un juguete puede convertirse en el Ave de “carne y hueso” que aparenta ser, de igual forma que unos moldes de magdalena se convierten en Podium, una coliflor o una nuez adquirir el aspecto del cerebro, o simples cajas de papel adoptar la fisonomía de un Templo, fortaleza, palacio, fábrica.

Vista de la exposición 'Dócil', de Carlos Domingo. Fotografía: Makma

Vista de la exposición ‘Dócil’, de Carlos Domingo. Fotografía: Makma

Si todo ello tiene lugar en su obra se debe, una vez más, al uso del lenguaje despojado de eficacia y pragmatismo. Nada es lo que parece ser, comportándose de manera impropia y, por tanto, revelando cierta doblez, ésta sí propia de las cosas que no terminan de ajustarse a lo que les corresponde dócilmente. Qué duda cabe que el artista trabaja con ellas, las manipula e instrumentaliza, pero al mismo tiempo, como por arte de magia, descubre un comportamiento extraño que le hace ver ahí una cosa que ya no lo es. De hecho, dejan de ser cosas, objetos y animales, para poseer atributos que les animan a trascender la función para la que fueron creados.

Así, la simple caja de cartón ya no contiene aquello para la que fue destinada, como tampoco los moldes de magdalena, las nueces, las coliflores, una pelota de golf, un guepardo, un pájaro o el propio ciervo se ciñen a la simple aptitud, para revelar cierta espiritualidad producto de la actitud recién descubierta. He ahí la verdad que, por múltiples caras que tenga, alude a la experiencia, siempre fatigosa, de quien insiste en dar forma a la angustia que supone no saber para qué sirven las cosas.

“Esto es lo que me atrae de este oficio: el misterio; piezas que no sabes lo que son y las dejo ahí, esperando el instante de su revelación”. Desconocimiento, misterio, revelación: he ahí las claves del lenguaje poético con el que Carlos Domingo transforma en Trampolín un ave con pluma de grafito, cuya figura se proyecta hacia fuera para dar esa sensación de tabla elástica. O Unicornio en Lisboa, referido al rinoceronte de Durero, que sirve para pensar en lo real y lo imaginario. O Deslumbrado, aludiendo el título al pájaro en tensión por el fogonazo de un toroide cuya forma geométrica desconoce, tal y como sucedía con el extraño monolito en 2001: Una odisea del espacio, la película de Stanley Kubrick.

Toda la obra de Carlos Domingo se halla modulada por esa sensación de extrañeza que propicia el misterio de lo sagrado. Por eso dice que no le interesan los acabados, la imagen cerrada: “De las paradojas surgen las relaciones más fructíferas; si las eliminas, cierras más los significados”. Y ningún significado cabe allí donde el lenguaje se abre a la experiencia simbólica que, en tanto tal, huye de la catalogación reglada. Carlos Domingo ofrece un caudal de posibilidades para que tal experiencia se produzca. Se muestra sin duda Dócil, asumiendo su condición de creador de imágenes que, más que consumidas, deben ser lentamente digeridas. Y precisamente por ese carácter paciente, ceremonioso, ajeno a las prisas producto de la eficacia, la docilidad termina por ofrecernos el rasgo de la rebeldía al iluminar un universo que va por otro cauce. El cauce del lenguaje que nos interroga e inquieta y por el que navega Carlos Domingo.

Carlos Domingo, delante de una de sus obras en el Museo de Teruel. Fotografía: Makma

Carlos Domingo, delante de una de sus obras en el Museo de Teruel. Fotografía: Makma

Salva Torres

Domingo y Chambó, firmas en la 51 Fira del Llibre

51 Fira del llibre
Valencia, hasta el 1 de mayo. Jardín de Viveros.

Vicente Chambó y Carlos Domingo firmarán el libro Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet el sábado 23 y domingo 24 (librería Denes caseta 17 y 18) en la 51 Fira del Llibre de València. Autor e ilustrador del volumen galardonado con el Premio Nacional de Edición (Bibliofilia) Ministerio de Educación Cultura y Deporte, y con el premi al Libre millor editatat, Consellería d’Educació Cultura i Esports de la Generalitat Valenciana compartirán con los lectores los detalles de dicha publicación.

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Edición con obra gráfica original de Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet. Tirada de 100 ejemplares numerados. Ed. El Caballero de la Blanca Luna.

La obra, tiene como preámbulo la narración de Chambó que vertebra la recuperación de la tradición oral con mensajes de sostenibilidad, el debate sobre los problemas políticos e históricos del Tíbet y el amor al libro como elemento aglutinador de todo ello. Se trata de un relato didáctico y original que pone al lector frente al misterioso Tíbet con el máximo rigor, y lo hace encarnando a Kunsang Tapontshang, una mujer tibetana que narra en primera persona la historia y argumentos de los protagonistas, transmite el valor de los cuentos y de la tradición oral, a la vez que desvela muchos detalles del Tíbet místico y desconocido de principios del s. XX hasta la huida del Dalai Lama en 1959. Ver https://www.makma.net/el-libro-debe-superar-al-arbol/

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Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet. Edición sin numerar, tirada de 225 ejemplares. Ed. El Caballero de la Blanca Luna.

Además, el fin de semana firmarán escritoras y escritores como Almudena Grandes (sábado por la mañana en la caseta de la organización), Santiago Posteguillo (sábado por la mañana en las casetas 27 y 28, de Llibreria El Puerto), Carmen Amoraga (viernes por la tarde en la caseta de BiblioCafé y domingo por la mañana en la caseta de la organización) o Ramón Palomar (viernes por la tarde y sábado por la mañana en la Caseta 2, de La Llapissera) entre otros.

Imagen de portada, presentación de Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet en el Centro del Carmen. De izquierda a Derecha, Felipe Garín, José Luis Pérez Pont, Carlos Domingo, Vicente Chambó, Rafael Solaz y José Elías Esteve. Foto archivo MAKMA.

MASQUELIBROS. Feria del libro de artista

MASQUELIBROS
Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trías. Madrid.
8, 9 y 10 de mayo

MASQUELIBROS, el encuentro dedicado al libro de artista en Madrid, y el más importante de España, celebra este año 2015 su cuarta edición. Habitual del mes de junio, adelanta su fecha a los días 8, 9 y 10 de mayo. Esta edición viene también acompañada de un cambio de ubicación: MASQUELIBROS vuelve con ilusión renovada al entorno de las bibliotecas, y tendrá lugar en la BPM Eugenio Trías, situada en el antiguo pabellón conocido como “La Leonera” de la Casa de Fieras. Este lugar idílico fue mandado construir por Fernando VII y ha sido recientemente intervenido por Araujo y Nadal Arquitectos, que han seguido los preceptos de conservación de la identidad del edificio.

Emilio Sdun en MASQUELIBROS 2014. Imagen Vicente Chambó

Emilio Sdun en MASQUELIBROS 2014. Su obra y su recuerdo estarán presentes en MASQUELIBROS 2015. Imagen de archivo MAKMA, 2014.

En el espacio de la biblioteca coexistirán los libros tradicionales con los libros de artista. Así, el objeto se convierte en sujeto del arte por sí mismo. La selección de expositores de MASQUELIBROS se ha llevado a cabo a través de un comité externo que examinó las propuestas presentadas, que crecen en número cada edición evidenciando la buena aceptación y difusión de la disciplina del libro de artista dentro de las Bellas Artes. Se podrán encontrar artistas, colectivos, galerías, editoriales y escuelas que presentan sus propios proyectos.

Caridad Fernández y Carmen Isasi, de Tres en Suma Espacio de Arte. Masquelibros 2014. Imagen Vicente Chambó.

Caridad Fernández y Carmen Isasi, de Tres en Suma Espacio de Arte. Masquelibros 2014. Imagen de archivo MAKMA, 2014.

Como cada edición, MASQUELIBROS desarrollará un programa de actividades paralelas durante los tres días que dure la feria, dirigidas a colecionistas, profesionales y visitantes y para todas las edades.

Como en las ediciones anteriores, MASQUELIBROS contará con un artista invitado de amplia trayectoria y renombre: Daniel Verbis. Además de pintura, murales e instalaciones, entre otras disciplinas, este artista cuenta con una abundante y magnífica obra sobre papel. Habitual de ferias como ARCO y JustMad, traerá a MASQUELIBROS algunas de sus mejores obras. En anteriores ediciones se ha contado con la presencia de grandes nombres del arte contemporáneo español entre las listas de artistas invitados: Isidoro Valcárcel Medina, Pilar Lara o Mateo Maté. Por otro lado, también destaca la figura del artista revelación, que en esta cuarta edición lleva la firma de Manuel Antonio Domínguez: Entre una extensa programación de presentaciones y mesas redondas, también se podrán seguir varias entrevistas a diferentes artistas en el blog creado para el evento www.masquelibrosferia.blogspot.com .

Imagen de la obra de Domínguez Gómez, artista revelación de MASQUELIBROS 2015

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Imágenes de la obra de Domínguez Gómez, artista revelación de MASQUELIBROS 2015. Imágenes cortesía MASQUELIBROS.

Destaca también la presencia de editoriales de culto, como El Caballero de la Blanca Luna con sus reconocidos y galardonados ejemplares: Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, ilustrado por Carlos Domingo; y Fábulas Literarias, ilustrado por María Balibrea y Xus Bueno, ambos distinguidos con el Premio Nacional de Edición (Bibliofilia), Ministerio de Educación Cultura y Deporte, y premio de la Consellería de Educació Cultura i Esports, entre otros. También podrán verse en primicia las primeras ilustraciones que Tánia Blanco está realizando para la edición Fábulas de la Étnia Kikuyu, (Valencia, El Caballero de la Blanca Luna ed.) obra que actualmente está en proceso de creación y verá la luz próximamente.

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, de El Caballero de la Blanca Luna ed. Valencia 2012.

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, de El Caballero de la Blanca Luna ed. Valencia 2012.

MASQUELIBROS, también dará lugar a la presentación del primer libro de artista Suso 33, realizado con motivo de su exposición antológica: One Line en Ceart, y que responde al título, 3 Cuaderno Escocia. El libro, está a mitad de camino entre pieza única y edición limitada. Se compone de 400 ejemplares, numerados que serán intervenidos manualmente por el artista.

Por último, entre otras muchas propuestas que llenaran MASQELIBROS en La leonera de la antigua casa de las Bestias de El  Buen Retiro madrileño, la cuidada selección de 11 artistas de la Asociación MAV (Asociación de Mujeres en las Artes Visuales), muestra comisariada por Susana Blas.

CARLOS DOMINGO, JUAN OLIVARES Y NELO VINUESA

Carlos Domingo, Juan Olivares y Nelo Vinuesa
Galería Rafael Ortiz
Mármoles 12 (Tel. 954214874). Sevilla
Hasta el 30 de abril de 2015
L: 18,00–21,00 h.
M-V: 11,00–13,30/18,00–21,00 h.
S: 11,00 – 13,30 h

La diadema, imagen evocadora encontrada en la relectura de una traducción del poema “Lamia”, nos reconduce al arco iris por su estructura formal pero también a la bóveda celestial-celeste que nos contiene, al universo, al viaje, al descubrimiento. Como imagen simbólica conecta con la idea de corona, que en un sentido amplio y profundo simboliza la propia idea de superación. A su vez, el arco iris, es a menudo el símbolo del puente entre el cielo y la tierra, expresa siempre y en todo lugar unión, relación e intercambio entre ambos. Nos gusta pensar que la diadema parece querer sujetar la razón, pero también nos conecta con el universo mágico y misterioso de la naturaleza.

“Trenzar Diademas”,  hace entonces referencia al modo en que cada uno construye su universo creativo, a la creación de mundos. La poesía, el misterio o la magia, son el punto de partida y la materia de nuestros trabajos, que no se desvinculan del razonamiento y la investigación. Es más, pensamos que hay una razón poética en cada acontecimiento, recordando a María Zambrano.

Si Newton desteje el arco iris en un intento por revelar el misterio de lo oculto, nosotros volvemos a trenzar con la emoción y la razón nuevas diademas. El acto de trenzar representa  un conjunto de tres o más ramales que se entretejen, cruzándolos alternativamente. Esta acción nos sirve conceptualmente como punto de partida para establecer el diálogo y la comunicación entre las tres propuestas.

Carlos Domingo. Paso. 2015. Pasta de papel y madera.

Carlos Domingo. Paso. 2015.
Pasta de papel y madera.

Por un lado, el trabajo de Carlos Domingo se centra en el interés por las cuestiones que sitúan al individuo frente a la metáfora de la representación animal, vegetal o mineral como estrategia plástica y conceptual para reflexionar sobre su naturaleza “humana”. Es un tipo de trabajo que pretende ser un resumen de los procesos de lo natural-orgánico frente a lo humano. La ciencia y el arte han elevado el nivel de humanidad del hombre y al mismo tiempo lo han alejado de su origen natural y primitivo (animal). El conjunto de lo natural, entendido como referente amplio y abierto, se mezcla con los artificios y las convenciones de la cultura.

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013. Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013.
Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

De un modo similar, Nelo Vinuesa sugiere y evoca narraciones que se construyen mediante la utilización de imágenes simbólicas, estableciendo conexiones entre lo fantástico, lo espiritual y lo mágico. Por otro lado, hay cierto romanticismo en las composiciones que plantea, un anhelo por lo lejano, por lo infinito. En su trabajo, el tratamiento del paisaje se relaciona con la idea de espejismo, fenómeno que hace referencia a la distorsión de la percepción sensorial, a la apariencia engañosa de algo que nos lleva a apreciar la realidad erróneamente.

Juan Olivares se identifica emocionalmente con todo lo que le rodea, sea una taza de café, una canción, las sombras proyectadas sobre un asfalto gris cromático, unos luminosos zapatos verdes con matices azules que cruzan las franjas blancas de un paso de cebra, un vestido precioso y su danza, el ruido amarillo del tráfico…

She´s like a rainbow VIII. De Juan Olivares. (110 x 100 cm.)

Juan Olivares. She’s like a rainbow V. 2014.
Pintura vinílica y óleo s/tela. 200 x 180 cm.

En este sentido su pintura está muy cerca de lo que acontece, del fluir permanente de las cosas y su misterio. Sus trabajos se alimentan de destellos cotidianos e instantes huidizos, momentos fugazmente perfectos en los que de alguna manera sales colmado.

(Imagen portada, Carlos Domingo. Tronco, Cactus, Abrazo. 2015. Carboncillo, pasta de papel y madera. Diversas medidas)

 

 

El libro debe superar al árbol

El libro debe superar al árbol.

El proyecto de edición que el presente manifiesto tratará de glosar en las siguientes líneas, seguro que podría ser -para la gran mayoría de las personas- el arquetipo de libro que no sabrían ubicar entre los mal acotados conceptos: edición contemporánea, libro de artista, edición denuncia, libro objeto, edición creativa, obra de arte, libro de bibliofilia, libro ilustrado, edición limitada, primera edición, recopilación de tradición oral, recopilación de cuentos y fábulas, muestra tipográfica, o edición ecológica.

En realidad podría ser todo a la vez, pero en este y en cualquier otro caso, por muy extraordinario o no que fuere su contenido, que el libro sea más o menos ecológico, sostenible, atractivo, e incluso solemne, depende de la conciencia y criterio que tenga su poseedor, que es quien finalmente le concede la gracia de cuidarlo y compartirlo, o la condena de ignorarlo. Y un ejemplar compartido, releído, transmitido y cuidado a lo largo del tiempo, es un ejemplar que habrá optimizado los recursos, y honrado a la materia prima con la que está hecho, principalmente papel, que como todos sabemos, proviene del árbol. No lo expresarían mejor dos citas anónimas:

“Imagínese que los árboles dieran wiffi, todo el mundo plantaría árboles como locos y acabaría la deforestación. Es una lástima que solo produzcan el oxígeno que respiramos”

“¿Creen que su vida es mala?, piensen que hay árboles que han estado creciendo durante 25 años para acabar siendo propaganda electoral”

Primera prueba de imprenta. Imagen, Vicente Chambó.

Primera prueba de imprenta. Imagen, Vicente Chambó.

Cada proyecto editorial me lo planteo con la idea de aportar nuevos elementos que potencien al libro como soporte de comunicación y transmisión de conocimientos, pero también como espacio de creación e investigación sin escatimar tiempo en hacer y deshacer para empezar de nuevo una y mil veces si no me satisface plenamente lo realizado. Es importante explorar todos los territorios y las diferentes fórmulas y técnicas con las que se puede realizar: tipografía móvil, offset, serigrafía, litografía, gofrado, perforado, troquelado o producción de desplegables, por citar algunos ejemplos. Buscar nuevas fórmulas de comunicación entre lector por un lado, y autor, ilustrador y editor por otro, forman parte de la exigencia profesional del editor, y nada más satisfactorio que hacer uso de códigos alternativos al propio texto e imágenes, que por sí mismos, –como no podría ser de otra manera- son y deben seguir siendo a mi entender, los elementos más importantes.

Plancha manchada después de imprimir. Imagen Vicente Chambó.

Plancha manchada después de imprimir. Imagen, Vicente Chambó.

Los editores nacidos en los países desarrollados, tenemos la responsabilidad de no ignorar, al menos por más tiempo, tres grandes problemas inherentes al ser humano y muy relacionados entre sí que necesitan respuestas urgentes: el problema ecológico, el problema energético, y el problema humanitario. Abrir debate e incidir sobre ellos pasa por tenerlos presentes en nuestras publicaciones. Ojalá la apuesta didáctica que propongo pueda servir para ello, yendo más allá del placer de la lectura, la contemplación y el análisis. Por empezar, uno de los problemas que he querido abordar, es la vida programada de los productos industriales, también conocido como obsolescencia programada, y así me propuse incorporar al libro un elemento de reflexión al respecto. Para ello, se me ocurrió hacer la estampación del ejemplar con una imprenta fabricada en Berlín, capital de la antigua República Democrática Alemana antes de la caída del muro y también principal ciudad industrial y tecnológica de los entonces países del COMECON, pues según las prácticas industriales de los antiguos países del Este, las producciones fabriles de vehículos, electrodomésticos y lógicamente también de imprentas debían tener una vida de 25 años funcionando bien, frente a la idea de vida útil programada del aparato que la sociedad de consumo propone (en general de 2 a 5 años), haciendo insostenible el balance entre la materia prima que la madre tierra es capaz de producir y el consumo. Lo cierto, es que dicha imprenta (Planeta, super variant), sigue funcionando -con las revisiones y reparaciones lógicas del desgaste- en perfecto estado desde su fabricación entre los años 1984-1989. Con ello, tenemos un ejemplo de que la fecha de caducidad de dichos productos industriales viene impuesta por el mercado de consumo, e invita a la reflexión y a generar debate sobre dichos problemas. Cabría la afirmación que me gusta citar, del economista, filósofo y poeta Kenneth E. Boulding (Liverpool, 1910-Boulder, Colorado 1993) para profundizar en la cuestión: “Quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito, es un loco o es un economista”

Planet Variant en pleno trabajo de impresión. Imagen, Vicente Chambó.

Imprenta Planet Variant fabricada en Berlín (antes de la caída del muro) en pleno trabajo de impresión de: Fábulas y Cuentos del Viejo Tíbet. Julio de 2012. Imagen, Vicente Chambó.

Imprenta Planet Variant. Placa identificativa de su fabricación en Berlín, antigua República Democrática Alemana. Imagen, Vicente Chambó.

Placa identificativa de la imprenta Planet Variant, fabricada en Berlín, capital industrial de la República Democrática Alemana. Imagen, Vicente Chambó.

Dando un paso más, me planteé reservar una parte del texto para poder imprimirlo con tipografía móvil, en concreto con una imprenta Hispania, cuidando mucho que lo impreso por una y otra imprenta no resultara estridente en la percepción del lector. Para ello, tuve que hacer una exploración entre los diferentes tipos (letras) fabricadas con plomo que pude encontrar y buscar su tipografía homóloga en formato digital. Una vez localizadas con la ayuda de mi tipógrafo, me decanté por la tipografía Bodoni, aunque -montando los moldes para imprimir- descubrimos que nos faltaba una letra mayúscula que no diré, y hubo que sustituirla por otra de una tipografía diferente. En cualquier caso, lo importante es que había hallado en la tipografía Brooklyn digital su similar, la idea se podía llevar a la práctica, dos tipografías y dos técnicas de impresión conviviendo en un mismo texto y en un mismo libro, permitiendo crear un juego perceptible, y a su vez ayudando a reflexionar sobre mis planteamientos. Por lo tanto, hay una parte del libro que se ha impreso con tipos móviles de plomo, -letra a letra- a mano, con la intención de remontarnos más todavía a las diversas técnicas con que se puede imprimir ¿Podrá el lector diferenciar lo impreso por cada una de las técnicas empleadas y distinguir las páginas?

Composición tipográfica. Texto preparado para imprimir: Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet. Imagen, Vicente Chambó.

Tal vez creando este tipo de juegos de apreciación, o dicho de otra manera, invitando a diferenciar, el lector quiera descubrir –con sensibilidad y tino- qué parte del texto se ha realizado con tipografía móvil y qué parte no, o tal vez se plantee buscar la letra que no pertenece a su familia tipográfica, descubriendo entre la lectura y la sensación visual un nuevo elemento de comunicación experimental en el libro.

Detalle de molde tipográfico listo para imprimir Fábulas y cuentos del viejo Tíbet. Imagen, Vicente Chambó.

Detalle de molde tipográfico listo para imprimir un titular de cuento. Imagen, Vicente Chambó.

En ocasiones, me pregunto si con todo ello puedo incidir en modo alguno en los hábitos de la sociedad de consumo, si lo realizado es demasiado complejo y absurdo para hacer una edición cuyo coste de producción es necesariamente elevado por el cuidado y tiempo que requiere su realización, y por lo tanto contradictorio con mi idea de llegar al público con la necesidad de modificar hábitos de consumo y lectura y abrir el debate de la sostenibilidad. Otras veces pienso que tal vez con detalles y creaciones de libros de estas características si puedo influir mínimamente, aunque sea en una sola persona. Una es más que ninguna, y por otro lado mi concepto de edición pasa por la voluntad de crear un volumen que me sobreviva, capaz de reunir a varias generaciones a su alrededor. Solo los libros especiales sobrevivirán, y con ello perpetuarán al árbol del que proceden. Los recursos naturales son finitos, es algo que sabemos de la misma manera que conocemos que algún día moriremos, y actuamos y vivimos como si los recursos fueran infinitos, así como vivimos sin pensar en que la vida también acabará para nosotros cuando llegue el momento, en mis reflexiones siempre sale venciendo la idea que pequeños gestos pueden ser importantes para mantener un planeta mejor.

Plancha con restos de tinta roja, y  plancha con restos de tinta verde después de imprimir Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet. Imagen, Vicente Chambó

Plancha manchada de tinta roja, y plancha manchada de tinta verde después de imprimir Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet. Julio de 2012. Imagen, Vicente Chambó.

Familiares y amigos han dedicado burlas y chirigotas a mi conducta firme en lo que respecta a la separación y reciclaje de residuos domésticos, especialmente con la aparición de reportajes que ponen a la luz hechos como los descubiertos en ciertas plantas de vertidos, en las que una vez recolectados los distintos contenedores que separan, papel, plásticos, o vidrio, acaban siendo mezclados por el propio camión en el vertedero, sin ser reciclados posteriormente, acto lamentable que no debe desanimar en el empeño. Ante ello, solo cabe denunciar y seguir haciendo lo correcto. Dibujo_ori1 - copia sello maque 1 - copia

Las dos imágenes superiores muestran el dibujo original y el diseño del sello de fantasía. Sobre éstas líneas, uno de los sellos franqueados. Imagen Vicente Chambó

 

Dos ejemplos de sellos de fantasía franqueados. Diseñados a partir de dibujos originales de Carlos Domingo. Imagen, Vicente Chambó.

Utilización de varios modelos de sellos de fantasía. Las imágenes están ordenadas de izquierda a derecha y de arriba abajo según el orden en el proceso de creación. Las ilustraciones para diseñar los sellos son de Carlos Domingo. Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet. Imágenes, Vicente Chambó.

Como editor, todavía puedo aportar otros elementos para comunicarme, -al margen de los códigos expuestos utilizados en las técnicas de impresión -como la creación de sellos de fantasía inspirados en sellos reales, haciendo un guiño al correo tradicional y evocando la belleza de piezas filatélicas singulares, o utilizando espacios como lo son las guardas y el colofón, partes del libro muy interesantes para incorporar elementos surrealistas, tanto literarios como iconográficos. Los elementos que custodian la obra, también son espacios que me gusta aprovechar para conectar con el lector, en este caso, una caja realizada a mano, con madera resistente, de roble, (me resultó inviable realizarla con madera tibetana), o la encuadernación, válida para mostrar los colores de las banderas de plegaria tibetanas (1), o la presencia de uno de los seres legendarios míticos de la cordillera del Himalaya, el Yeti, y la apariencia del color blanco nieve, que oscurecerá con el manejo del libro, al igual que las pisadas del hombre convierten la pureza de su blancura en fango.

Dibujo para realizar la caja. Imagen, Vicente Chambó.

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet. Vicente Chambó.

Arriba, apuntes para crear el estuche. Abajo, el estuche del libro. Imágenes, Vicente Chambó.

Otro de los desafíos que me plantea la edición, es mostrar equilibrio entre lo tradicional, la creación contemporánea, y lo pedagógico (implícito en el texto, ilustraciones y diseño). Poder ofrecer un universo por descubrir al lector sin perder la armonía. Las páginas de Fábulas y cuentos del viejo Tíbet están dotadas de un sinfín de minuciosidades y guiños -como voy contando- difíciles de percibir incluso manejando mucho el ejemplar. Provocar el deseo del ser humano para perpetuar el libro en su vida cotidiana es una búsqueda nunca satisfecha, siempre insuficiente, esto sin dejar de ser consciente de la necesidad de incorporar nuevos soportes tecnológicos para ciertos textos. Es obvio que crear debate y despertar interés alrededor de un libro es el mínimo que me exijo como editor, y ¿no son las fábulas y cuentos una forma de hacerlo?

Banderas de plegaria tibetanas.

Banderas de plegaria tibetanas.

Expresadas algunas de mis inquietudes de editor, como autor, he de confesar que hay una buena dosis de sucesos y vivencias personales que me han empujado a escribir y seleccionar el contenido del libro. Lo entenderán más adelante, en cuanto al proemio, obedece a la necesidad de concluir la obra en su concepto global, para lo cual, me resulta más sencillo realizar personalmente la investigación que explicar minuciosamente para luego exigir a terceros, algo que sucede a menudo conmigo mismo, por lo que ponerme sobre el teclado y borrar o reescribir lo propio, cuesta menos que hacerlo con un trabajo ajeno. En este caso, todo comenzó cuando escribía el prólogo para una edición anterior, en la que quería incluir un relato didáctico sobre el origen de las fábulas y en la investigación me encontré con la hermosa historia de Sirechuel, el rey de Persia que financió a su consejero, el físico Berzebuey para ir a la India en busca de unas plantas que procuraban la inmortalidad. Así comienza el primer capítulo de Calila y Dimna (2). Al menos 10 años atrás, yo había tenido un tertulia con Ramón Rodríguez Culebras (Cascueña, Cuenca, 1930-Castellón 2001) quien a modo coloquial me confesó haber encontrado cierto paralelismo entre la crueldad de historias como la de (Judith y Holofernes, o Jael y Sísera) incluidos en los llamados Speculum Humanae (mss. s. XIV-XV), con algunos cuentos tibetanos. Relatos que a éste le habían llegado a través de unos monjes lamaístas en un encuentro interreligioso informal con personas practicantes de varias confesiones. La cosa ocurrió de forma anecdótica. Le pedí que me consiguiera estos cuentos tibetanos por curiosidad, los mandé a traducir, y los comparé con una pequeña edición de Araluce (3) -cuyo contenido leí, disfruté y compartí en muchas ocasiones- que había comprado en el rastro de Valencia en un remoto domingo de finales de los 80.

Portada de la Edición de Araluce.

Portada de la edición de Araluce.

Así, sin querer empezó mi recopilación. Los folios permanecieron en mi cajón varios años y resistieron tres mudanzas, hasta que leí la historia que une a las fábulas con la búsqueda de la inmortalidad. Pensé que las casualidades no existen, y debía hacer algo. En Tíbet se habría mantenido la tradición oral muy pura por el aislamiento geográfico de su territorio, pero mantenía buena comunicación con India a través de Sikim. Por otro lado, pensé en el riesgo que correrían los cuentacuentos tibetanos que por costumbre reúnen a un numeroso público a su alrededor. Cualquier reunión numerosa es incómoda para las autoridades chinas.

Día festivo en Lhasa. Imagen Bruno Berger, 1938/39, cortesía Budesarchive.

Día festivo en Lhasa. Imagen, Bruno Berger, 1938/39, cortesía Bundesarchive.

En la situación política actual, una reunión de personas alrededor de un cuentacuentos podría considerarse una manifestación, por lo tanto, sería disuelta, y la tradición iría desapareciendo, y al fin y al cabo, no hay labor más gratificante para un editor que impedir que historias milenarias se pierdan. De los diez u once primeros cuentos, pasé a recopilar muchos más, para ello ha colaborado conmigo una mujer muy especial que ayudaba a ancianos pobres y desprotegidos de las comunidades tibetanas desplazadas a Nepal, quién en una situación personal muy especial me requirió mantener su anonimato para poder seguir su actividad en aquel país sin el lastre de su única y muy lejana familia.

Tibetexpedition, Militärparade

Lhasa vista por Ernest Schäfer, 1938/39. Imagen, cortesía Bundesarchive.

Otra gran parte de los relatos es fruto de un despliegue de contactos que me ha llevado años. El criterio de selección es sin duda algo íntimo, me interesaban las historias carentes de presencia religiosa, de por sí, la espiritualidad ya está presente en los cuentos y fábulas de todo el mundo, y probablemente, esa carencia, le otorga más posibilidades de que la fábula o el cuento tenga un origen más remoto, procedente de la tradición Bön (4), tradición que se pierde en la historia del remoto Tíbet anterior al Lamaísmo. Algunos de los cuentos fueron completados entre varias versiones del mismo relato, en este caso, cabe destacar “La historia del labio partido de la liebre”. Las fábulas están vivas, y se adaptan a la necesidad del cuentacuentos y su escuchante. Un buen narrador, siempre adaptará la historia a cada situación con ejemplos y enseñanzas llenas de gracejo.

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Otro modelo de sello recreado a partir de una ilustración de Carlos Domingo.

Entre todo el material, fui depurando y adaptando hasta las 29 narraciones que conforman la obra, todas de tradición oral recopiladas y clasificadas en tres tipologías, (9) fábulas, (11) cuentos tradicionales y (9) cuentos maravillosos. Especialmente, los cuentos maravillosos son extraordinarios por sus características, ya que Tíbet era caldo de cultivo de demonios. A juzgar por las antiguas leyendas y creencias populares, eran mucho más numerosos los demonios que los propios seres humanos. En el imaginario tibetano adoptan mil formas distintas, seres maléficos que viven en los árboles, en las rocas, en los valles, en los lagos o en manantiales. De muchos de los cuentos he llegado a reunir múltiples versiones, escogiendo y completando las más puras e interesantes para la edición.

León de piedra,  imagen de la escultura que según ciertas creencias puede haber inspirado en cuento "El león de piedra,  Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet". Imagen Hugh E. Richardson, 1949. Región del valle Chyongye. The Tíbet álbum. Pitt Rivers Museum.

León de piedra, imagen de la escultura que según ciertas creencias puede haber inspirado el cuento con dicho título. Imagen Hugh E. Richardson, 1949. Región del valle Chyongye. The Tíbet álbum. Pitt Rivers Museum.

Según Alexandra David-Neel (1868-1929), “Tíbet está lleno de entes horripilantes que persiguen a los hombres y a los animales para arrebatarles la vida y saciarse. Vagan por gusto a través de las estepas y de los bosques, y el viajero corre peligro de topar súbitamente con uno de ellos en cada recodo del camino”

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El tiro con arco era una de las grandes aficciones de los tibetanos y practicado en días festivos. Imagen de Ernest Schäfer, 1938/39, cortesía de Bundesarchive.

Estas creencias, han dado pie a un amplísimo repertorio de literatura oral trasmitida de generación en generación, costumbre milenaria que en la actualidad no está garantizada en Tíbet, con lo que el aporte literario, es un testimonio exquisito del saber popular puro y poco contaminado de los tibetanos, aislados del mundo por la cordillera del Himalaya hasta hace relativamente poco tiempo, coincidiendo con la política de Pekín.

A pesar de la fe en la reencarnación, hay que comer. imagen, Ernst Krause, 1938/39. Cortesía Bundesarchive.

A pesar de la fe en la reencarnación, hay que comer. Imagen, Ernst Krause, 1938/39. Cortesía Bundesarchive.

Pensé, que las fábulas y cuentos seleccionados debían tener una historia previa como eje vertebrador entre la parte literaria, los mensajes de sostenibilidad, el debate sobre los problemas políticos e históricos del Tíbet y el amor al libro como elemento aglutinador de todo ello. El guión, exigía un relato didáctico, inédito y original, un modelo diferente de proemio, más próximo a un relato breve, capaz de poner al lector frente al misterioso Tíbet con el máximo rigor. Debería tener presente el concepto de libro como pieza homogénea capaz de envolver tantas ideas. Con todos estos datos en mi inconsciente nació Kunsang Tapontshang, la mujer tibetana que narra en primera persona la historia y argumentos de los protagonistas, el valor de los cuentos, de la tradición oral y describe muchos detalles del Tíbet místico y desconocido de principios del s. XX hasta la huida del Dalai Lama en 1959 (5).

Tibetano con la cornamenta de una res. Imagen Ernst Krause, 1938/39. Cortesía Bundesarchive.

Tibetano con la cornamenta de una res. Imagen Ernst Krause, 1938/39, cortesía Bundesarchive.

Los buitres son protagonistas en los funerales celestes tibetanos, y alcanzan a tener grandes dimensiones. Imagen, Erns Krause, 1938/39. Cortesía Bundesarchive.

Los buitres son protagonistas en los funerales celestes tibetanos. Hay animales de grandes dimensiones. Imagen, Ernst Krause, 1938/39. Cortesía Bundesarchive.

Muchacha tibetana. Imagen, Ernest Schäfer, 1938/39. Cortesía Bundesarchive.

Muchacha tibetana. Imagen, Ernest Schäfer, 1938/39. Cortesía Bundesarchive.

Madre tibetana con su hijo. Imagen, Ernest Schäfer, 1938/39, cortesía Bundesarchive.

Madre tibetana con su hijo. Imagen, Ernest Schäfer, 1938/39, cortesía Bundesarchive.

 

Muchacha tibetana cargando piedras. Imagen , Bruno Berger, 1938/39, cortesía Bundesarchive.

Muchacha tibetana cargando piedras. Imagen , Bruno Berger, 1938/39, cortesía Bundesarchive.

En cuanto a las ilustraciones, la elección de Carlos Domingo (San Agustín-Teruel, 1969) como ilustrador se produjo de forma natural. Mi relación con él viene de lejos, ha formado parte de todos los proyectos colectivos que he comisariado, es interesante mencionar que durante el tiempo que duró la selección de los textos, le aporté algunos cuentos y fábulas que se descartaron con posterioridad, aunque para dichos relatos, Domingo ya había realizado algunas ilustraciones. Finalmente dichas fábulas y cuentos fueron descartados y sustituidos por otras consideradas más interesantes para la publicación, pero los dibujos los conservé y les di vida en los personajes del mencionado relato inicial. Me resultaba doloroso renunciar y dejar fuera la belleza y singularidad que vi en esos dibujos, así que había que salvarlos. ¿Palabra pintada o pintura escrita? Siempre me pregunto si el lector será capaz de identificar dichas imágenes y si es posible diferenciar entre la pintura realizada sobre lo leído, o la narrativa inspirada en lo previamente pintado.

Carlos Domingo verificando la gama cromática de la edición. Imagen, Vicente Chambó.

Carlos Domingo verificando la gama cromática de la edición en julio de 2012. Imagen, Vicente Chambó.

Domingo inicia su formación plástica en la facultad de Bellas Artes de San Carlos (UPV, Valencia), donde se licencia en 1993 (especialidad de pintura) y donde actualmente es profesor. En ese mismo año realiza su primera exposición individual (Galería José Cataluña, Santander). El primer reconocimiento destacado por su trabajo llega en la XIX convocatoria del Premi Alfons Roig, cuyo jurado estaba compuesto por críticos como Román de la Calle o Daniel Giralt-Miracle, también es premio Senyera de pintura (2004) entre otros. Posteriormente, trabajó en “Vertical leve”, una individual realizada en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad MuVIM de Valencia con motivo de dicha distinción. Con las muestras: Você està aquí (Galería Valle Ortí, 2007), Superficie de revolución (Galería Alejandro Bataller, 2011), o Preludio de una edición de fábula (El Caballero de la Blanca Luna, 2011-2012) -por citar solo algunas- confirma su interés especial por la relación del hombre con la naturaleza y su entorno. La composición de la obra de Domingo, es una crítica al trato y abuso que confiere el ser humano a la naturaleza. Entre sus ilustraciones, podemos ver animales tanto en miniatura como a página completa que representan secuencias puntuales de los cuentos o fábulas. En muchas de ellas, desafía el límite, como si las ilustraciones quisieran salirse de los lindes del papel que las custodia. Para realizarlas ha utilizado soportes con tramas variadas, en algunas de ellas se aprecian las marcas del papel verjurado. Todo ello, da muestra del ingenio de un lenguaje gráfico excelente. La bondad de su estética, se emite en un código que puede ser sintonizado tanto por los defensores de las proporciones áureas como por quien ve más allá de una simple composición pictórica limpia. A la belleza en la pintura se la relaciona con manifestaciones artísticas del renacimiento, pero cuando se le añade sanguina y mucha sutileza pertenece a Carlos Domingo.

Verificando colores en julio de 2012. Imagen, Carlos Domingo.

Verificando colores en julio de 2012. Imagen, Carlos Domingo.

Compartir proyectos -en materia de arte contemporáneo- me ha permitido conocer la obra y pensamiento de Carlos Domingo en profundidad, y un editor debe contar con un valor seguro para afrontar una aventura con tantos planteamientos abiertos: el viejo Tíbet, la tradición oral, la tipografía, la sostenibilidad, la plástica, la estética, y demás territorios. Y a juzgar por los grandes cambios que aporta la comunicación en soporte digital, hacer un libro puede ser como internarse en un territorio abrupto con climatología complicada, donde la relación entre ilustrador y editor es definitiva.

Vicente Chambó

 

(1) Hay dos tipos de banderas de plegaria: las de tipo horizontal, denominadas lung ta (que significa “caballo de viento”) en tibetano y las verticales denominadas darchor. “Dar” significa “para aumentar la vida, fortuna, salud y dinero”, “cho” significa “todos los seres sensibles”. Las banderas de plegaria lung ta (horizontales) son las que más hemos visto, poseen una forma rectangular o cuadrada y se encuentran unidas a lo largo de su borde superior a una larga soga. Por lo general son colgadas en una línea diagonal de lo alto a lo bajo entre dos objetos (por ejemplo, una roca y la punta de un mástil) en sitios elevados tales como arriba de templos, monasterios, estupas o pasos en las montañas. Las banderas de plegaria darchor (verticales) son por lo general un gran rectángulo solo que se adosa a un mástil a lo largo de su lado más largo. Tradicionalmente, las banderas se encuentran en grupos de cinco, una por cada uno de los cinco colores elegidos. Representan los 5 elementos en la cosmografía tibetana, y se disponen de izquierda a derecha en un orden específico. Los elementos se encuentran asociados con diferentes colores en sus tradiciones que simbolizan; Azul: cielo-espacio; Blanco: agua; Rojo: fuego; Verde: aire; Amarillo: la tierra.

(2) Los orígenes del Calila y Dimna se pierden en la antigüedad, se trata de una de las primeras referencias de la fábula del lejano oriente en el mundo europeo. La obra reúne fábulas y apólogos que en la India aparecen primero en colecciones como el Panchatantra, o el Mahabarata. En el s. VI dC. el médico y filósofo persa Berzebuey tradujo el Calila e Dimna al pahlevi, y Abdalla Ben Almocafa al árabe en el siglo VIII, de cuya traducción se hizo la castellana en 1251 por orden de quien sería Alfonso X el Sabio, a quién algunos críticos se la atribuyen.

 

(3) Cuentos tibetanos. Ilustraciones De la Helguera, J. Colección, los mejores cuentos de todos los países, nº 18. Barcelona: Publicaciones Araluce, 1936.

 

(4)El Bön es una antigua tradición chamánica y animista tibetana, anterior a la llegada del budismo cuya influencia sobre las creencias del Budismo Tibetano influyó hasta el punto de crear una especie de sincretismo religioso. Para el tibetólogo noruego Per Kværne, el término Bön designa tres tradiciones religiosas tibetanas distintas: en primer lugar, una religión tibetana preexistente al budismo y que es suplantada por éste en los siglos VIII y IX, a continuación, una religión sincrética que aparece en el Tíbet en los siglos X – XI, tiempo en el que el budismo, después de un período de decadencia, se propagó desde India para pasar a ser la fe dominante, y por último, el extenso corpus de creencias populares, a menudo mal definidas, incluida la adivinación, que no son de origen búdico y son comunes a los adeptos del bön o bönpos y a los budistas. Hasta hoy el bön sigue existiendo en Tíbet como religión minoritaria.

 

(5)Para saber más, ejemps: (literalA fines de los años 50, cuando terminaba la primera ola de liberación en Tibet, una antigua esclava de 36 años, de nombre Lando, se levantó frente a un grupo de siervos y esclavos emancipados para dar éste testimonio: Cuando Lando tenía ocho años, a su padre le dieron una paliza a latigazos que lo dejó paralizado. Luego el capataz fue a sacarlo de la cama para que volviera a trabajar. Como no pudo levantarse de la cama, lo mató a latigazos por “fingir” que estaba paralizado; lo mató ahí mismo en la cama. El capataz le dio la espalda al muerto y se llevó arrastrando de la mano a Lando como esclava. Ella tenía que dormir en el establo con las ovejas que se le había ordenado pastorear. El amo la violaba cuando le daba la gana y la esposa celosa la golpeaba hasta dejarla inconsciente. Lando quedó embarazada y el amo la vendió para tapar la “vergüenza”. Lando vivió en ese tormento 28 años. No le permitían tener contacto con su familia. Rezaba por la muerte, pero no se suicidaba por temor a que su reencarnación fuera peor. Cuando llegó la liberación, grupos de revolucionarios fueron a organizar a los esclavos y siervos para tumbar a los opresores. Pero Lando jamás había escuchado la palabra “opresión” y no sabía qué significaba. Pensaba que el sufrimiento que vivía era su propia culpa, su insoslayable karma. Al escuchar su relato, los siervos liberados lloraron y gritaron: “¡Abajo la servidumbre!” Para entonces, Lando era activista y dirigente revolucionaria”.

Strong, Anna LouiseWhen serfs stood up in Tibet: a report. Pekín: New World Press, 1959. Disponible en: http://www.marxists.org/reference/archive/strong-anna-louise/1959/tibet/index.htm

Gyatso, Palden; Shakya, Tsering. Fire under the snow: testimony of a tibetan prisoner. London: Panther, 1998

David Neel, AlexandraViaje a Lhasa. Barcelona: Editorial Península, 1999.

David Neel, AlexandraMagos y místicos del Tíbet. Barcelona: Indigo Ediciones, 1988.

Harrer, Heinrich. Siete años en el Tíbet. Barcelona: Editorial Juventud, 1983

Alfred Bell, Sir CharlesThe Tibet AlbumThe British MuseumPitt Rivers Museum.

Schäfer, Ernst. Expedición de 1938 y 1939. Disponible en: http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Deutsche_Tibet-Expedition_Ernst_Sch%C3%A4fer

Film GeheimnisBudesarchive. Disponible en: http//www.youtube.com/watch?v=Vmh4GLddGG8

FrenchPatrick. Artículo (The Guardian, 10 marzo, 2009). Disponible en: http: http//www.theguardian.com/world/2009/mar/10/tibet-dalailama

Miles, James. Entrevista sobre el Tibet (CNN WORLD). Disponible en: http://edition.cnn.com/2008/WORLD/asiapcf/03/20/tibet.miles.interview/

Publicado por Vicente Chambó en Pasiones Bibliográficas, SBVJG. Valencia, 2014.

Perfectum officium editorial: Vicente Chambó

El Caballero de la Blanca Luna
X Aniversario

Determinadas premisas y presupuestos de la inquietud intelectual alumbran un objetivo último de existencia de acción y producción cuyas redes de manifestación y permanencia atesoran, en el caso que nos ocupa, un inmediato vínculo con aquellas estrategias orientadas al servicio del progreso de los individuos en términos de virtud y excelencia.

Paradigma de perfectum officium, Vicente Chambó (Valencia, 1961) rubrica en el presente  un ideario deontológico a través de la consumación y celebración -en forma de decenio- de su “centro de producción y gestión de patrimonio cultural” ‘El Caballero de la Blanca Luna’, presupuesto de excelsas intenciones cuyo denominatio -recuérdese aquí al singular personaje Sansón Carrasco- hubo germinado al calor del IV Centenario de la I Edición de ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’ (1605) -primera parte del conspicuo título cervantino- en modo y forma de aproximación y reinterpretación plástica de esta primera novela polifónica, a través de la perspectiva de una veintena de artistas valencianos que exhibieron sus trabajos en la sede en la que aún prosigue su director, en pleno corazón de Ciutat Vella.

Detalle de la exposición conmemorativa por el IV Centenario de El Quijote, en El Caballero de la Blanca Luna. Imagen cortesía de Vicente Chambó.

Detalle de la exposición conmemorativa por el IV Centenario de El Quijote (2004), en El Caballero de la Blanca Luna. Imagen Consuelo Chambó.

No se antoja errática ni estocástica la deriva que ‘El Caballero de la Blanca Luna’ ha tomado desde su alumbramiento una década atrás. Lo que Vicente Chambó incoa como “proyecto integral”, en cuanto a la recuperación de un espacio arquitectónico depauperado y reconvertido en epicentro de creación, debe entenderse a través de lo que supone para la ecología política el productivismo, huyendo así, como incólume homo ecologicus, de la teleológica producción de bienes materiales -de inherente pervivencia finita- como exclusivo sinónimo de progreso económico y social. Es a partir de este precepto como más notablemente puede comprenderse la metodología de trabajo que emprende a continuación y logra consumarse como un proyecto de diagnóstico, diseño, ejecución y evaluación materializado a través de un sello editorial indubitablemente mirífico.

Detalle de ilustraciones pertenecientes a 'Fábulas literarias'. Imagen cortesía de Vicente Chambó.

Detalle de ilustraciones pertenecientes a ‘Fábulas literarias’. Imagen cortesía de Vicente Chambó.

La singularísima reedición de ‘Fábulas literarias’ -del neoclásico poeta tinerfeño Tomás de Iriarte, con ilustraciones de María Balibrea y Xus Bueno- y ‘Fábulas y Cuentos del Viejo Tibet’ -compilados por el propio Chambó, quien rubrica, además, un decisivo relato/exordio en “voz femenina” para perfilar la deriva de sus protagonistas, e ilustrado por Carlos Domingo- (Premio Nacional de Edición 2008 y 2012, respectivamente, en la modalidad de Libros de Bibliofilia), no sólo permiten al editor valenciano recuperar ecuménicamente el prosopopéyico género literario y didáctico de la fábula, como cáustico hontanar de aprendizaje, sino que sitúan a ‘El Caballero de la Blanca Luna’ como referente inexcusable en el campo de la edición de “Libro de artista” (atendiendo a un sentido primigenio de universalización y acercamiento pedagógico del arte al ámbito consuetudinario de los ciudadanos) y para el estudio de los procesos metodológicos de cada edición que el propio Chambó exhorta a descubrir en cada una de sus manifestaciones o ensayos, como en el reciente opúsculo ‘El libro debe superar al árbol’, publicado por la Societat Bibliogràfica Valenciana Jerònima Galés en el volumen conmemorativo ‘Pasiones Bibliográficas’, fruto de su vigésimo aniversario.

Ejemplar de 'Fábulas y Cuentos del Viejo Tibet'. Imagen cortesía de Vicente Chambó.

Ejemplar de ‘Fábulas y Cuentos del Viejo Tibet’. Imagen cortesía de Vicente Chambó.

En éste último, el editor valenciano pormenoriza cuantas vicisitudes y detalles técnicos hubieron sido decisivos para la constitución de ‘Fábulas y Cuentos del Viejo Tibet’ (estampación de los ejemplares en una superviviente imprenta del Berlín Este de la extinta RDA, “juegos de apreciación” vinculados con el empleo de la tipografía móvil, sellos de fantasía, etc), sino que brinda al lector -y a quien goza del placer de su conversación- el confín de sus motivaciones últimas a la hora de emprender un proyecto editorial, subrayando “al libro como soporte de comunicación y transmisión de conocimientos, pero también como espacio de creación e investigación”, y dibuja un mapa de responsabilidades que asume como editor -y traslada a sus homólogos- en pos del “problema ecológico, el problema energético y el problema humanitario”.

Ilustración de Xus Bueno para el proyecto '1808-2008. La Revisión'.

Ilustración de Xus Bueno para el proyecto ‘1808-2008. La Revisión’.

A lo largo de los dos últimos lustros ‘El Caballero de la Blanca Luna’ no se ha distinguido únicamente como lacre editorial, sino que enarbola una de sus extremidades en labores de comisariado artístico a través de la consumación de diversos proyectos, como ‘1808-2008. La Revisión’ -una aproximación reinterpretativa de la iconografía vinculada con la Guerra de la Independencia Española en su II Centenario a través del trabajo de diversos artistas plásticos, erigiéndose en un precedente para el ulterior volumen ‘Fábulas literarias’- y ‘Fabularte’, senda de “mensaje didáctico de las fábulas y los cuentos populares y tradicionales interpretado en artes plásticas”, cuya última exhibición, emparentada con las fábulas del ínclito Esopo a través del grafito de Carlos Mondriá, puede visitarse en el vestíbulo y sala central del Hotel del Carmen de Valencia, generosamente familiarizado con la trayectoria de ‘Fabularte’ durante el último lustro.

'El caballo y el soldado', de Carlos Mondriá. Imagen de Jose Ramón Alarcón.

‘El caballo y el soldado’, de Carlos Mondriá. Imagen de Jose Ramón Alarcón.

De este modo y con pedagógica voluntad contemporaneizante, ‘El Caballero de la Blanca Luna’ se polariza, desde sus orígenes, en torno de la producción de nuevo patrimonio cultural, decisiva determinación que debe reseñarse por lo que supone de conciencia ulterior en materia de significancia y testimonio, preservación y trascendencia para un horizonte endocultural de frágiles cimientos presentes.

Jose Ramón Alarcón

 

Vicente Chambó, Premio Nacional del Libro 2012

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, de Vicente Chambó

Ilustraciones de Carlos Domingo

Premio Nacional 2012 al Libro Mejor Editado

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, de Vicente Chambó. Ilustraciones Carlos Domingo

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, de Vicente Chambó. Ilustraciones Carlos Domingo

Vicente Chambó, Premio Nacional al Libro Mejor Editado en 2012, dentro de la categoría Bibliofilia, cuida hasta el último detalle cada uno de los proyectos editoriales en los que se embarca a lomos de su propia editorial: El Caballero de la Blanca Luna. Para él, un libro es un tesoro que hay que cuidar como se cuidan los hijos, a base de tiempo, dedicación y un mimo a la altura de su paciente espera. El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha valorado todas esas cualidades, y muchas otras, para concederle un premio que logra por segunda vez en apenas cinco años, tras sus Fábulas Literarias de Iriarte en 2008.

En esta ocasión, el Premio Nacional lo ha obtenido por Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, con ilustraciones de Carlos Domingo y editado por El Caballero de la Blanca Luna, fundada y dirigida por el propio Chambó. Dos ediciones venales de 464 páginas, en las que el editor, comisario de exposiciones, miembro de la Asociación Valenciana de Críticos de Arte (AVCA), escultor y fotógrafo, recoge el imaginario tibetano en forma de leyendas que él ha ido recopilando con la calma del amanuense que impregna en cierto modo el espíritu del libro.

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, de Vicente Chambó

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, de Vicente Chambó. Ilustraciones de Carlos Domingo

Incluso se permite la licencia poética de escribir el prólogo de las Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, adoptando la personalidad de una mujer, para narrar en primera persona la historia de sus protagonistas. Una historia que transcurre en el Tíbet de principios del siglo XX, hasta la huida del Dalai Lama en 1959. Las ilustraciones de Carlos Domingo ayudan a recrear la desbordante imaginación recogida en esas leyendas de tradición oral. Vicente Chambó contribuye, de esta manera, no sólo a la divulgación de un tesoro literario que puede llegar a perderse, sino a la concepción del libro mismo como tesoro.

Para lograrlo, Chambó no duda en emplear todas las técnicas y herramientas que mejor convienen a la transmisión de semejante obra literaria: desde la tipografía móvil a la serigrafía, pasando por el offset, el gofrado, el perforado a mano o el troquelado. El resultado no puede ser más brillante: dos ediciones venales, una de 100 ejemplares numerados en el interior de cajas especiales de madera, con ocho serigrafías originales numeradas y firmadas, más siete sellos de fantasía, junto a una segunda edición de 225 ejemplares sin numerar. Y no contento con ello, Chambó riza el rizo de la edición utilizando una imprenta fabricada en Alemania del Este, antes de la caída del muro de Berlín.

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, con su caja de manera, de Vicente Chambó

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, con su caja de manera, de Vicente Chambó

Los proyectos editoriales de Vicente Chambó son así: primero, una buena historia que contar, que transmitir, que hacer perdurable; luego, unas técnicas y herramientas que permitan poner en entredicho la obsolescencia de las máquinas en la trituradora de la sociedad del consumo, y, como consecuencia de todo ello, el libro no ya como simple producto sino tesoro en sí mismo. Un total de 29 narraciones, entre las 9 fábulas, los 11 cuentos tradicionales, y los 9 cuentos maravillosos, que destila ese espíritu laborioso, divulgativo y entrañable que atesora Chambó, y al que Carlos Domingo da lustre con su brillante obra en sanguina. Sus imágenes, algunas queriendo superar las dimensiones del propio libro, dejan huella indeleble en ese mismo espíritu de transmisión de ciertos valores cercanos a la preservación del entorno social y cultural que la nerviosidad moderna pone en serio peligro.

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha tenido, visto lo visto, sobradas razones para otorgar el Premio Nacional al Libro Mejor Editado en 2012, en su apartado Bibliofilia, a estas Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, que El Caballero de la Blanca Luna ha gestado en compañía de Carlos Domingo. Fábulas y cuentos que, teniendo por origen las leyendas tibetanas, poseen el carácter universal de los grandes tesoros.

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, de Vicente Chambó. Ilustraciones de Carlos Domingo

Fábulas y cuentos del Viejo Tíbet, de Vicente Chambó. Ilustraciones de Carlos Domingo

Salva Torres

MASQUELIBROS

COAM. Colegio de Arquitectos de Madrid.
Calle Hortaleza, 63 (Madrid)
Del viernes 17 al domingo 19 de mayo.

Segunda edición de la Feria de libros de Artista de Madrid donde participan más de setenta expositores entre galerías, artistas y editores especiales. Todo un acontecimiento en el que podrán disfrutarse piezas personales y ejemplares únicos del género más versátil de las Bellas Artes.

Entre algunos de los artistas que aportan obras a esta feria se encuentran firmas de peso mundial como la del activista social, comentarista y artista chino Ai Wei Wei, cuyo libro se  titula “Becoming”; Miquel Barceló, que aporta una instalación que atravesará la feria con poesía, pintura y edición; o la esperada obra ilustrada por Carlos Domingo “Fábulas y cuentos del viejo Tíbet”  editada por El Caballero de la Blanca Luna, pieza que explora otras formas de comunicación con tipografía móvil en combinación con técnicas como, serigrafía, gofrado, troquelados, despliegues de hojas y otros muchos detalles. Por otro lado, también estará presente el artista Suso 33 que repite con sus intervenciones manuscritas, y destaca una sección denominada TOPBOOKS, en la que podrán verse libros creados por artistas como Luis Gordillo, Clara Janés, Isidoro Valcárcel o Antón Lamazares.

Este año, la feria cuenta con la intrigante obra de Pilar Lara como Artista Invitada. MASQUELIBROS tiene además un amplio programa de actividades, entre las que destacan la charla sobre Libros Alternativos del Dr. Daniel Manzano y otra dedicada a “El Libro Mutante”, sin olvidar el taller de Libros Sensoriales o el seminario de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid.

www.masquelibrosferia.com

Carlos Domingo y las bestias

Novedad editorial: Fábulas y cuentos del viejo Tibet

Los días han contado siempre con veinticuatro horas, un tiempo que antes daba de sí para que las personas pudieran llevar a cabo sus vidas. Ahora esas mismas veinticuatro horas parecen haber menguado y nos resulta imposible hacerlas servir como contenedor suficiente para desplegar toda la actividad que se nos requiere. La promesa del progreso, con su expectativa de liberar al individuo de cargas laborales y premiarle con más tiempo libre, ha fallado. A cambio la precarización del sistema productivo obliga a invertir más horas de trabajo para lograr menores resultados, extinguiéndose poco a poco la posibilidad de habilitar un espacio para lo privado.

El fracaso del sistema nos abofetea con la misma frialdad de quien se sabe, pase lo que pase, beneficiario de ese fracaso. También nosotros, por una cuestión de inteligencia aplicada al caso concreto, habremos de esforzarnos por localizar recorridos tangenciales que neutralicen esa situación. En la vida sencilla y el saber popular se contienen muchos de los ejemplos de vida más edificantes que, comunicados oralmente a través de los siglos, llegan a nuestros días con una utilidad clarividente, como demostración de lo poco que –en realidad- ha avanzado el ser humano en sus aspectos más sustanciales. Las máscaras de la forma y los artificios instrumentales no son pruebas concluyentes del desarrollo de la sociedad, son indicadores de otra índole los que aportan los signos de la evolución humana.

A lo largo de la historia numerosas culturas han florecido, alcanzando elevados grados de especialización, refinamiento y conocimiento, para después desaparecer en una hecatombe de la que nos quedan sus ruinas y el testigo encapsulado de parte de sus saberes. Una de esas cápsulas de saber ha sido cuidadosamente recuperada por Vicente Chambó que, con el preciosismo habitual de sus ediciones, nos presenta en el libro de Fábulas Tibetanas que usted tiene ahora en las manos. Se trata de un ejercicio que reivindica también el placer del tiempo dedicado a la lectura y la admiración por la belleza resultante de un trabajo esforzado. La educación de las personas se mide también por su capacidad para distinguir y valorar los detalles, nada empieza ni acaba en los gestos grandilocuentes, pues la sencillez es uno de los indicadores de la inteligencia. Las buenas ideas y el talento son el auténtico motor de cambio de las sociedades, por lo que estimular la imaginación y el pensamiento es una obligación de todos.

Pero las ideas no sólo se comunican a través de la palabra y el texto, las imágenes constituyen un elemento central en el relato social. Los artistas son creadores de imágenes, constructores de sentido a través de lo visual. En este caso, las ilustraciones de Carlos Domingo (San Agustín, Teruel, 1969) son una parte importante de la publicación, con la peculiaridad de que su trabajo, realizado ex profeso para esta edición, no ha querido ilustrar literalmente las fábulas relatadas, sino destacar un detalle de la narración o un fragmento de la historia.

La obra de Carlos Domingo contiene una reflexión constante acerca de la naturaleza, lo primario y la relación de dominación que el ser humano establece con el entorno. El grafito y la pasta de papel son algunos de los materiales que emplea para la realización de sus trabajos, con los que refuerza ese vínculo. La especie humana, al parecer del autor, vuelca con la misma intensidad su acción de doma sobre sus propios congéneres, interpretando que la educación es una versión implacable de ese propósito, un modo de domesticación del carácter. En parte son los usos culturales, derivados de la educación aplicada, los que han conducido a las sociedades a costumbres que restringen el contacto físico entre las personas. El sentido del tacto nos enlaza con nuestros orígenes primitivos, mientras que esa inhibición del contacto se revela como un rastro de la educación que nos quiere alejar de las “bestias”. Nuestra sociedad, preocupada siempre por lo formal, por lo visible, transita sin embargo con tanta ligereza por otros terrenos enfangados y poco dignificantes. Carlos Domingo, a la inversa, crea imágenes que representan un hecho para poner de manifiesto una idea, un trasfondo, abundando en reflexiones que están más allá de la dermis, mediante juegos de opuestos que hacen emerger a la superficie las sencillas evidencias con las que se construye la realidad, como reflejo de la contradicción constante de lo humano. Cuanto mayor es nuestro conocimiento del medio, sin embargo, más nos hemos rodeado de artificialidad. Domingo se interroga, buscando respuestas, y nos hace partícipes de una preocupación que ahora parece no serlo, pues otras contingencias se han instalado en nuestra agenda, puede que por un tiempo aunque puede que otras hayan llegado para quedarse. Nuestro deber, como personas inquietas y curiosas, será preguntar, querer saber más y desear contribuir a aportar respuestas, contrastando puntos de vista. ¿Por qué no habríamos de hacerlo?

José Luis Pérez Pont