Lo bello y lo siniestro de Crajes

Crajes
Plastic Murs
C / Dénia, 45. Valencia
Hasta el 21 de octubre de 2016

‘Lo bello y lo siniestro’ es el título de un libro de Eugenio Trías que, para el caso que nos ocupa, viene que ni pintado. Arranca el texto con dos citas igualmente pertinentes. La primera, de Rilke, dice así: “Lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”. La segunda, de Schelling, apunta: “Lo siniestro es aquello que, debiendo permanecer oculto, se ha revelado”. Crajes, sabiéndolo o no, sigue el rastro dejado por ambas citas en su exposición de la galería Plastic Murs. Y lo hace añadiendo otro aspecto primordial: el humor.

Con el humor o ironía a veces tierna y otras macabra, presente en sus trabajos en forma de adorables dibujos animados o escatológicos instantes amorosos, Crajes logra amortiguar lo siniestro haciéndolo soportable. Trías viene a decir que la repulsión que provoca lo siniestro, encuentra en el humor su antídoto: “Contracarga de placer opuesta a la sobrecarga de violencia con la que el sujeto reacciona al objeto que suscita en él el sentimiento de lo siniestro”.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Carla Rendón y Jessica Ruiz, es decir, Crajes, muestran lo femenino como objeto de esa doble experiencia en torno a su imagen: por un lado, la belleza que encandila, y que ambas artistas recrean de forma glamurosa, y, por otro, el cuerpo que asusta por su destilado de sangre y asociación letal con el esqueleto y la muerte. “Nos interesa la dualidad”, dicen. Romper con el estereotipo de la mujer bella de la que se nutre la publicidad, para que aflore su reverso oscuro como parte indisoluble de la propia mujer. “Lo femenino como concepto de belleza es algo muy vacío, por eso lo contraponemos con algo macabro”, explican estas jóvenes artistas.

De manera que el esqueleto, tan presente en su obra, les sirve para mostrar esa parte macabra de lo femenino, al tiempo que desembraga lo siniestro para que aparezca lo fantástico. “El esqueleto siempre lo asociamos con algo malo y es algo que tenemos dentro”, señalan, para remachar: “Lo bueno y lo malo están dentro de nosotros”. Crajes lo que hace es mantener “una conversación” entre ambos aspectos, sirviéndose en ocasiones de la imaginería religiosa cristiana. De ahí el ejemplo que ponen de María Magdalena y la Virgen María: “Socialmente siempre se entiende como la una o la otra”. Crajes ve ambos aspectos de lo femenino como partes indisociables de la mujer.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

El largo título de la exposición, ‘Accipite et manduca ex hoc omnes: hoc est enim corpus meum, quod pro vobis tradetur’, que remite a la eucaristía cristiana (Tomad y comed todos de él, este es mi cuerpo, que será entregado por todos vosotros), evoca también esa violencia que anida en lo humano desde tiempo inmemorial. Violencia sacralizada que, en el caso de Crajes, aflora desprovista de representación simbólica, para someterse a la pura ficción. “No queríamos sangre realista, sino artificial”, dicen con respecto a las lágrimas rojas de algunas de sus obras.

El rojo también lo asocian al universo del cineasta Stanley Kubrick, por el que sienten predilección. “Los óleos tienen composiciones de corte cinematográfico”, resaltan. Al igual que por Courbet, de quien hicieron una versión de su polémica obra ‘El origen del mundo’, y al igual que le sucedió al pintor también ellas sufrieron críticas ahora vía internet. “A raíz de aquello, ahora mostramos el sexo de forma más explícita”. Lo cual les lleva a manifestar cierta perplejidad: “Estamos insensibilizados ante imágenes hiperviolentas mostradas en los medios y luego ven sangre en una exposición y se escandalizan”. Como tampoco entienden el “tabú que todavía existe en torno a la sexualidad de la mujer”.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

La exposición también incluye algunos bordados (“es la primera vez”) y porcelanas con imágenes alusivas a esa sexualidad incomprendida. Crajes lo que hace es poner sobre el tapete esa incomprensión que, después de todo, remite al origen mismo de la vida. De manera que Carla Rendón y Jessica Ruiz utilizan el cuerpo femenino para rendir cuentas de esa dicotomía entre lo bello y lo siniestro, poniendo el acento en este último. “Es una exposición sobre la maldad humana”, concluyen. Una maldad diluida en ácido como agente provocador.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Salva Torres

Mujeres “crajeadas”

‘Accipite et manducate ex hoc omnes: Hoc set enim corpus meum, quod pro vobis tradetur’ de Crajes (Carla Rendón y Jessica Ruiz)
Plastic Murs
C/ Denia, 45. Valencia
Inauguración: 16 de septiembre de 2016 a las 20.00 h

Mirada inocente, vulva sangrante, cadera andrógina, pecho incipiente; múltiples expresiones del cuerpo femenino deseante castigado una y otra vez por la doble moral opresora y violenta. Es lo que se palpa en el ambiente generado por Crajes, colectivo que aborda los conceptos de deseo, dolor y placer contextualizados a partir de la iconografía concreta de las artistas que lo integran: Carla Rendón y Jessica Ruiz.

Fantasía, imaginación y creatividad a raudales han hecho que sus obras, con distintas técnicas y formatos, predominando en esta ocasión el papel, aborden los principales tabúes de nuestra sociedad en torno al cuerpo. Encontramos en ellas imágenes recurrentes que remiten a la enfermedad, la herida, la sangre o el cuerpo corrupto pero siempre sensual a la par que mórbido, atravesando los límites de lo políticamente correcto para denunciar el cinismo y la hipocresía à la manière del Divino Marqués.

Carnario III de Crajes. Imagen cortesía Plastic Murs.

Carnario III de Crajes. Imagen cortesía Plastic Murs.

La ambigüedad y provocación al contemplar un rostro femenino lagrimoso esbozando una mueca que hace dudar de si goza o se revuelve para liberarse lleva a una reflexión sobre el atractivo del cuerpo yacente, como el célebre minotauro de Picasso que aparentemente fuerza a una joven cuyo cuerpo parece sin embargo estremecerse de placer. Se respira un ambiente de necrofilia en esas escenas cargadas de simbolismo y es que el cadáver que asoma en las obras de Crajes no está siendo ultrajado, mantiene una erección que se confunde entre ciertas sombras y un errático barroquismo que acumula personajes diminutos, huesos y objetos, superpuestos en el escenario pasional. Respecto a las mujeres,nínfulas rodeadas de insectos y masturbadas por gatitos, unas gozan de una especie de delirio sadomasoquista mientras que otras están siendo claramente abusadas, apuñaladas, atadas, vejadas, soportando un daño que tiñe sus pálidos torsos de sangre y sumerge sus almas en tinieblas.

Se trata de una toma de conciencia sobre las raíces de la doble moral con base educacional judeo-cristiana, motivo por el cual escogen un título en latín aludiendo a los orígenes de la Eucaristía: Tomad y comed, este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros. En él se señala la traición inminente de Judas en contraposición a las buenas intenciones del bíblico Jesús que entrega su carne y su sangre en un acto de fe. La reminiscencia religiosa de la que nuestra sociedad actual no consigue desprenderse a menudo culpa a la víctima, en especial si es mujer, por haber mostrado su cuerpo tentador o bien anula su identidad si queda viuda, cubriéndola con el velo negro y esperando, en ambos casos, que jamás se recupere, que sienta el yugo del heteropatriarcado, se doblegue y no replique pero… Inevitablemente lo hace evidenciando los infortunios de la virtud.

Marisol Salanova*

* Texto cortesía de Plastic Murs