Cadáver exquisito: por azar al arte

A los postres un cadáver y otras nimiedades
Exposición del colectivo Cadáver exquisito
La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta finales de febrero

Asociaciones libres. Escritura automática. Cadáveres exquisitos. He ahí los procedimientos utilizados por los surrealistas para hacer emerger un sentido oscuro, violento y pulsional que vendría a contrariar ese otro sentido del orden convencional. “Actividad ultra-confusional que toma sus fuentes en una idea obsesionante”, según afirmó André Breton, uno de sus impulsores. ¿Idea obsesionante? ¿Pero cuál?

Obra de Javier Marisco en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Javier Marisco en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Los propios surrealistas partían de una evidencia: la de hallarse habitados por algo que no entendían, pero que sin duda les afectaba con gran intensidad. Tanta, que se tornaba en esa idea obsesionante que emergía en su obra, tras ponerse en marcha la maquinaria creativa impulsada por el torrentoso azar. Que es lo que hacen los 12 artistas valencianos reunidos en torno a esa misma práctica del Cadáver exquisito. Cadáver o cadáveres exquisitamente dispuestos en una de las salas de La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Iván Campos, Toni Cosin, Violeta Esparza, Manuel Gamonal, Daniel Gordillo, Daniel Granero, Javier Marisco, Jorge Montalvo, Eduardo Romaguera, Jorge Rubert, Nacho Ruiz y Bru Soler. He ahí los artistas, en riguroso orden alfabético sin duda inapropiado, cuya búsqueda de la provocación y del desconcierto, característicos del afán surrealista, adquiere otros derroteros. A estas alturas del culmen televisivo, donde el escándalo o lo escandaloso ha sido transformado en mercancía, la práctica del cadáver exquisito tiene ya otra finalidad.

Obra de Jorge Rubert en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Jorge Rubert en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

En el caso de los artistas reunidos en la muestra colectiva de La Llotgeta, que lleva por elocuente título ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’, se trata de poner el acento en la asociación libre, en la práctica artística de conjunto, en la energía que libera el propio acto creativo. Una energía que se bifurca como el jardín de senderos de Borges, tomando cuerpo de distintas formas.

Obra de Violeta Esparza en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Violeta Esparza en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Y el cuerpo, sin duda, adquiere especial protagonismo en los casos de Daniel Gordillo, Javier Marisco y Eduardo Romaguera. Cuerpos descoyuntados o en bucle como experiencia de abismamiento de la pulsión que nos habita. Lo vivo de la pasión, pues, ligado a su reverso siniestro en forma de esqueleto, de masa amorfa o del eterno femenino. La problemática del deseo se escenifica en esa carnalidad que no termina de hallar la buena forma, por fragmentación del cuerpo, por apelmazamiento o por su repetición incansable.

Obra de Eduardo Romaguera en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

‘Entre dos lunas’, obra de Eduardo Romaguera en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

La sociedad de consumo es otro de los caminos que toma ese espíritu del cadáver exquisito. Dólares (Granero), anagramas (Rubert), recortes de prensa de los medios de comunicación de masas (Montalvo) son utilizados para que emerja ese malestar en la cultura del que habló Freud. Incluso la historia del arte (Rembrandt comparece en la obra de Gamonal) se ve abducida por la seducción de las imágenes en tanto narcótico para la vista. De ahí la deconstrucción practicada en todos esos símbolos que apenas representan cierta alienación del sujeto.

Obra de Jorge Montalvo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. La Llotgeta.

Obra de Jorge Montalvo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. La Llotgeta.

‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’ pone el acento en la catarsis que supone la asociación libre y en los fantasmas que afloran una vez practicada. Por eso de nimiedades, nada. En todo caso, la manifestación real y sin ambages de cuanto este colectivo de artistas lleva dentro y de otra forma no se hubiera atrevido a contar. La neurosis de Woody Allen en materia sexual, trasladada a esta ristra de cadáveres exquisitos que el Aula de Cultura La Llotgeta muestra hasta finales de febrero. Bon profit.

Obra de Manuel Gamonal. La Llotgeta

Obra de Manuel Gamonal en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Salva Torres

Jules Julien, Blues en Espai Tactel

‘Blue Series: A Romantic Cluedo’, de Jules Julien
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 14 de noviembre
Hasta el 31 de diciembre de 2014

El misterio que desprenden las imágenes de Jules Julien sitúa al espectador en un escenario de duda. Le obliga a convertirse en parte del proceso –en “sospechoso”– de la recomposición de las memorias personales del artista, como si de un cadavre exquis se tratara, que ahora aparecen reflejadas en nuestro propio espejo. Desde hace varios años su trabajo artístico consiste en interpretar la realidad y sus experiencias pasadas a través de composiciones digitales. Unas veces son rostros o fragmentos del cuerpo en los que enfatiza diferentes aspectos mediante el encuadre. Otras se trata de objetos o situaciones. Son imágenes que dejan de ser aquello que representan al desdoblarse, se transforman en símbolo y son dotadas de una gran carga enigmática y de extrañeza.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Jules Julien con ‘Blue Series: A Romantic Cluedo’ presenta su primera exposición individual en Espai Tactel. La cual articula bajo un solo color: el azul. Otras series anteriores han sido dedicadas a otros colores, como pueden ser el blanco o el rojo. Si bien es cierto que existen precedentes en la elección monocroma como es el caso de los monochromes blues del también artista francés Yves Klein o de la trilogía Trois couleurs del cineasta polaco Krzysztof Kielowski, la muestra de Julien se compone, por un lado, de una serie de imágenes digitales impresas en diversas tonalidades de color azul –unas partes más claras, con leves matices de un azul claro y otras más oscuras– que componen un fuerte universo poético fácilmente reconocible por el uso de las formas limpias y depuradas. Algunas de las imágenes aparecen duplicadas, mirándose a sí mismas en un intento de recuperar esos recuerdos.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Se trata de imágenes-reflejo. Su obra rezuma una nostalgia por recoger figuras y objetos familiares. Pero siendo conscientes de que, como advierte Enrique Vila-Matas, “la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte”.

Por otro lado, encontramos una proyección en el que se superponen imágenes creando un juego visual a modo de flashback que producirá un efecto confuso y de desorden ante el espectador.

Obra de Jules Julien en la exposición Blues. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Asimismo, la muestra se completa con el libro Les Souveniers –‘Los recuerdos’. Una publicación que recoge fragmentos de aquellas situaciones vividas por el artista: desde los objetos tan bien iluminados y perfectamente definidos en una noche fluorescente azul o un hombre subido a un tractor vestido con unas bermudas azules de lycra hasta la acogedora habitación azul de una artista o las salpicaduras azul-púrpura en las manos al presionar con ellas los racimos de uva en una cubeta. Y es que el azul sirve de nexo de unión de todas sus vivencias. El azul lo impregna todo como el sonido melancólico del blues.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blues Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blues Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

En definitiva, la obra de Julien reunida para esta exposición responde a su personalidad particular que logra elaborar un complejo pero homogéneo discurso poético y plástico a la vez que se constituye como sujeto dentro de su producción. Este trabajo se presenta como piezas de un relato: representaciones de objetos –flores, cráneos, urracas, chicharras, perros–, escritos y proyecciones, que narra un itinerario de las memorias de su universo personal, de su forma de entender la realidad. Además, la estructura hermética de sus obras hace que se presenten como jeroglíficos y exigen al espectador mantener una actitud consciente y activa. Es decir, a ser partícipe de este cluedo. Una verdadera invitación a andar y seguir las pistas en las habitaciones, estancias y pasajes secretos de la Mansion Boddy de Jules Julien. Pues, en cierto modo, como escribe Julio Cortázar en Rayuela: “andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

José Luis Giner Borrull