El compromiso periodístico de Albert Camus

‘Albert Camus, periodista’, de María Santos-Sainz (editorial Libros.com)
Café Literario
Institut Français de Valencia
Moro Zeit 6, Valencia
Martes 21 de febrero de 2017 a las 19:30

Dentro del ciclo ‘Café Literario”, El Intitut Français de Valencia acoge la presentación de ‘Albert Camus, periodista’, de María Santos-Saínz, publicación de la editorial Libros.com que recupera al Camus periodista; al periodista comprometido, al investigador, al modelo a seguir en la profesión y al maestro de periodistas junto a Kapuscinsky, Chaves Nogales y Oteyza.

El libro repasa su trayectoria desde la época de reportero en Argelia hasta su labor como editorialista en París. Partiendo de su serie de reportajes sobre la miseria en Cabilia y llegando a las punzantes editoriales en favor de la democracia y la paz en Alger Républicain y Soir Republicain (entre 1938 y 1940), y en Combat, durante la Guerra Mundial y los primeros años de la posguerra.

Albert Camus. Makma

Probablemente su faceta como escritor, ensayista, novelista y dramaturgo sea la más conocida en España, donde todas sus obras han sido traducidas. Pero su labor periodística apenas había despertado aquí el interés editorial que se merece. Ningún libro hasta ahora recoge y analiza su producción periodística, donde se fraguó su pluma y donde aparecen ya su compromiso moral y su lucidez.

Por ello esta obra le recupera como modelo de periodista, desde que trabajara como joven reportero, a veces al estilo gonzo, hasta su trayectoria como editorialista, en la que difundió reflexiones sobre lo que debe ser el periodismo cuya actualidad es indiscutible.

María Santos-Sainz, doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, es profesora titular de Periodismo en el Institut de Journalisme Bordeaux Aquitaine de la Universidad Bordeaux Montaigne de Burdeos, cuya dirección ha desempeñado desde 2006 a 2012.

Albert Camus. Makma

 

“A los bodegueros no les interesa la cultura”

El Marqués del Vino, de Rafael Simón Redón
Carena Editors

Todo el mundo presume de saber de vinos, pero pocos conocen a fondo la historia de Camilo Hurtado de Amezaga, Marques de Pedral, que en el siglo XIX, con ayuda del vinatero bordelés Jean Pineau, introdujo en España  innovadoras técnicas para su elaboración. Es la historia que cuenta Rafael Simón en su novela ‘El Marqués del Vino’ (Carena Editors), que combina su amor a la historia con su interés por la cultura del vino. Educado en Francia, librepensador, escritor y hombre de negocios, don Camilo regresa a España para desenmascarar  a los enemigos de su padre y relanzar sus negocios.

Sus peripecias es la urdimbre de un tapiz que retrata la España del siglo XIX, una época convulsa y tormentosa que interesa especialmente a Simón,  “aunque la historiografía tradicional lo considere un siglo perdido para España”, comenta. “Tuve la fortuna de estudiar en la Facultad de Historia de Valencia con  Eric Sebastiá y Pedro Ruiz Torres, que en aquel momento abrían un nuevo horizonte. Sostenían que en este periodo en nuestro país se había producido la Revolución burguesa, como en el resto de Europa pero con unas características diferentes”.

Rafael Simón durante la presentación de su libro 'El Marqués del Vino', de Carena Editors. Imagen cortesía del autor.

Rafael Simón durante la presentación de su libro ‘El Marqués del Vino’, de Carena Editors. Imagen cortesía del autor.

En cuanto a las innovaciones enológicas que introdujo don Camilo, fueron tantas y tan variadas “que necesitaría varias páginas para explicarlas”, dice Simón. “Afectaron  desde la concepción del cultivo como la plantación de las viñas al trabajo en la bodega: selección del grano, fermentación, clarificaciones, trasiegos, conservación en barricas, embotellado, etiquetado, etcétera, y también a la distribución”.

A lo largo del siglo XX algunos bodegueros de la Comunidad Valenciana adaptaron  estos cambios, “pero con mucha lentitud e incluso recelo”, matiza Simón. “A finales del siglo pasado ya empezaron a incorporar las novedades técnicas más actuales y a elaborar vino de calidad”.

Rafael Simón, licenciado en Geografía e Historia y docente, ha invertido una década en la preparación de este libro.  “Aparte de los estudios teóricos participé en varias vendimias y experiencias en dos bodegas de Requena. Además, asistí durante tres años a la DO Valencia, donde se organizan catas, charlas, olores de esencias y otras actividades. También he participado en varios cursos programados por diferentes instituciones, y como colofón estuve en la maratón del Medoc (Francia), donde visité varios de los chateaux más importantes de Burdeos.

Portada del libro 'El Marqués del Vino'. Carena Editors.

Portada del libro ‘El Marqués del Vino’. Carena Editors.

Vino y cultura

La intensa y extensa inmersión en el mundo del vino ha supuesto cierta decepción para Simón. “Cuando empecé a interesarme por el tema del vino pensaba que todo cuanto le rodea forma un conglomerado intercultural”, señala. “Sin embargo, ahora que llevo un amplio recorrido, entre presentaciones, eventos, asistencia a catas, cursillos, visita a bodegas, etcétera  tengo la impresión de que  la gente del vino no tiene demasiado interés en la cultura en general, ni en la literatura. Me ha sorprendido desagradablemente que personas que se refieren a su bodega y a sus vinos con una sensibilidad muy acentuada, cuando les he hablado de mi libro, o de otros similares, no han mostrado ningún aprecio ni interés”.

Comer y beber

Aunque no se considera un experto sino un estudioso del tema del vino, Simón tiene una opinión muy clara sobre la eclosión gastronómica que se vive hoy la sociedad. “El placer por comer y beber no es nada nuevo, sólo hay que pensar en las bacanales romanas”, dice. “En mi libro relato cómo en el siglo XIX se introdujo la costumbre de comer plato a plato entre las clases aristocráticas, según la moda que impone el gastrónomo francés Alexandre Grimot de la Reyniére. La diferencia respecto con épocas pasadas es que, mientras antes esta posibilidad era privilegio de las clases acomodadas, de un tiempo a esta parte se ha popularizado, originando un interés general por todo cuanto ocurre en los fogones y  sale de ellos. A esto se une el Carpe diem instalado en la sociedad desde que  los valores religiosos se han relajado de manera considerable en el imaginario colectivo”, concluye Simón.

Rafael Simón Redón. Imagen cortesía del autor.

Rafael Simón Redón. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“La cultura no es cosa de patrias y banderas”

‘El tramvia groc’, de Joan Francesc Mira
Editorial Proa
De venta en librerías

Una evocación del pasado sin ira ni rencores y una visión del futuro sin catastrofismos. La mirada de Mira denota la sabiduría y ecuanimidad de quien ha vivido tiempos mucho peores que los presentes, ‘cuando muchos pasaban hambre, muy pocos estudiaban el Bachillerato y no existía la Seguridad Social’. De ese pretérito imperfecto pero feliz, que destila una dulce nostalgia, habla en El tramvia groc (Editorial Proa), primera parte de sus memorias. El tranvía amarillo es el hilo conductor entre sus paisajes familiares en la huerta de la Torre y el centro de Valencia, donde estudiaba en los Escolapios. En ese largo viaje por el tiempo lo que más le indigna es ‘la destrucción de gran parte de la huerta, la transformación de su belleza en algo horroroso; el triunfo de la fealdad’.

Joan Francesc Mira.

Joan Francesc Mira.

¿Cómo sabe uno que ha llegado el momento de escribir sus memorias?

En mi caso, era una idea que me rondaba por la cabeza mucho tiempo. Cuando terminé la traducción de La Odisea de Homero, pensé que había llegado el tiempo. Entonces, uno se concentra, los recuerdos afloran poco a poco, toman cuerpo, y ya sabes que puedes empezar a darle forma al texto.

¿De qué forma se rellenan los inevitables vacíos del olvido?

Se rellenan con calma, evocando imágenes, dejando que una cosa se asocie a otra. Y si ves que el vacío no se llena, no hay que forzar ni inventar substitutos: hay que dejar el espacio vacío y pasar a otra cosa. ¡Y tampoco es necesario ni posible hablar de todo!

¿Cuáles son los mayores objetos de nostalgia de su infancia en la Torre?

La forma de vivir, en casa, en la calle, en el campo, que era todavía una cultura tradicional, casi la misma de siglos antes. Y la visión de la huerta, y el tranvía, y el tráfico de la carretera, y la carpintería vecina. Y todo.

¿Qué ha ganado y perdido la ciudad de Valencia en los años que usted la ha vivido?

Ha ganado bienestar y modernidad, como cualquier ciudad de Europa. Pero ha perdido gran parte de su personalidad histórica y urbana, se ha banalizado, ha destruido gran parte de su patrimonio, como el antiguo Hospital, como tanta arquitectura en ruinas. El barrio de Velluters, por ejemplo, por donde yo pasaba para ir a las Escuelas Pía. No imagino otras ciudades europeas, como Florencia o Burdeos o Amsterdam, con un urbanismo tan destructor como el de Valencia.

¿Existe el valencianismo? Intente definirlo en un par de párrafos.

Podría ser cualquier forma de afecto, interés o pasión, por todo aquello que cubra la palabra ‘Valencia’ o ‘valenciano’: una ciudad, una lengua, un territorio, una historia, y hasta un club de fútbol. Más seriamente, debería ser un sentido de lealtad y responsabilidad cívica, cultural o política por el País Valenciano. Para algunos, lo es.

¿Se puede hablar de cultura valenciana/cultura catalana, o la cultura es algo universal sin patrias ni banderas? 

La cultura, genéricamente, es universal. Pero siempre tiene unas formas y unos contenidos específicos, propios de sociedades o espacios concretos: contenidos que afortunadamente son diferentes y constituyen la gran riqueza de la variedad humana. No es cosa de patrias y banderas: es cosa de paisaje humano, de historia, de arquitectura, de lengua y literatura, y de tantas cosas que nos hacen ser aquello que somos, no una masa general indiferenciada: no somos hormigas, somos personas. En nuestro caso, hay ciertamente un espacio cultural que podemos llamar valenciano/catalán, con muchos elementos comunes y otros más específicos, y otros compartidos a escala europea. Sobre este tema, ya he escrito varios libros, y muchísimos artículos. 

¿Qué es lo que más le preocupa de la situación que atravesamos?

Me preocupa la realidad de tanta gente que sufre, pero también me preocupa esa sensación de catastrofismo, de estar hundidos y sin solución posible: es algo que puede conducir a la rabia destructiva, o a la indiferencia, al egoísmo y a la inhibición. O a las tentaciones de la demagogia y de la extrema derecha.

¿Cómo calificaría la actividad cultural que genera nuestra Comunidad? 

La producción cultural es bien rica en muchos sentidos, desde la literatura a la música popular, por ejemplo. Tenemos más escritores valencianos y en valenciano que en ninguna otra época, y de un nivel perfectamente homologable. Lo que falta es público lector, quizá por falta de ese mínimo patriotismo que da valor a lo que es propio, como en cualquier país. Pero no hay mayor miseria que una cultura que despierta indiferencia o menosprecio a sus propios responsables públicos.

¿Cómo describiría el prototipo del valenciano?

No lo describiría de ninguna manera, porque no existe. Todos los estereotipos son básicamente tópicos y superficiales: el del valenciano, o el del catalán, el castellano, el inglés o el alemán.

Portada del libro de Joan Francesc Mira, 'El tramvia groc'.

Portada del libro de Joan Francesc Mira, ‘El tramvia groc’.

Bel Carrasco

Atlas oculto de pueblos pasados por agua

Atlas oculto. Anne-Laure Boyer

Instituto Francés

C / Moro Zeit, 2. Valencia

Hasta el 28 de junio

El agua es un bien preciado. Y la construcción de embalses encaminados al abastecimiento de ese agua, también. Por tanto, no conviene hacerlos a la ligera, sino proyectarlos con racionalidad y teniendo en cuenta los beneficios que reportará su construcción, tanto como las pérdidas irreparables que pueden acarrear. España es un país pródigo, desde los tiempos del extinto Franco, en la inauguración de pantanos que, en muchos casos, han traído funestas consecuencias medioambientales y, lo que es más importante, innumerables tragedias personales.

Atlas oculto, de Anne-Laure Boyer. Instituto Francés de Valencia

Atlas oculto, de Anne-Laure Boyer. Instituto Francés de Valencia

La joven artista francesa Anne-Laure Boyer, durante su estancia en la Facultad de Cuenca, concibió un mapa de esos lugares pasados por el agua de artificiales pantanos. El resultado de aquella investigación es el Atlas oculto que ahora se puede ver en el Instituto Francés de Valencia. A base de recortes de prensa, fotografías, una mesa luminosa con copia sobre plexiglás y una serie de cartografías, Boyer recorre todos esos pueblos españoles desaparecidos bajo el agua y que la artista señala en un gran mapa colgado de la pared.

Atlas oculto, de Anne-Laure Boyer. Instituto Francés.

Atlas oculto, de Anne-Laure Boyer. Instituto Francés.

Y del mismo modo que el hundimiento de esos pueblos supuso una tragedia para muchas familias, Boyer toma buena nota de ello mediante crónicas de esos mundos perdidos en un inquietante viaje al fondo del agua. Lo hace con recortes de prensa y un montaje en panel cuya sucesiva fragmentación y collage remite al desgarro existencial producido por tan cruentas construcciones. La escritora Ana María Matute ya dejó constancia de tamaña herida, tras el hundimiento de Mansilla, su pueblo riojano natal. La nostalgia de sus palabras está en consonancia con la memoria líquida que dejó aquella desaparición de calles, lugares y rincones impregnados de un emotivo pasado. 

Atlas oculto. Anne-Laure Boyer. Instituto Francés

Atlas oculto. Anne-Laure Boyer. Instituto Francés

Atlas oculto es una cartografía de territorios sepultados bajo el agua, que Anne-Laure Boyer rescata del olvido mediante sus observaciones y trabajos. La exposición, que permanecerá en el Instituto Francés hasta el 28 de junio, reúne fotografías, mapas y documentos que vienen a ser testimonio del drama por el que tuvieron que pasar muchas personas, obligadas a abandonar los pueblos de toda su vida. Quienes proyectan la construcción de embalses deberían tenerlo muy cuenta. Porque si de racionalizar el agua se trata, primero habría que sopesar las pérdidas que se producen en la red pública de abastecimiento. No vaya a ser que controlando tamaño despilfarro, se pudieran evitar dramas innecesarios. El Atlas oculto de Anne-Laure Boyer saca a la superficie esos dramas, para que sean tenidos en cuenta, antes de hundir pueblos enteros bajo el agua.

Atlas oculto, de Anne-Laure Boyer. Instituto Francés de Valencia

Atlas oculto, de Anne-Laure Boyer. Instituto Francés de Valencia

 Salva Torres