La metacarne que viene: Canibaal 6

‘Carne y Metaliteratura’
Presentación del número 6 de la Revista Canibaal
Colegio Mayor Rector Peset
Sala de la Muralla
Plaza Horno de San Nicolás 4, Valencia
Jueves, 26 de mayo de 2016, a las 19:30

El jueves 26 de mayo de 2016 se presenta el número 6 de la revista de arte y literatura Canibaal, en la Sala de la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset, a las 19:30h.

El acto contará con la presentación a cargo de Ximo Rochera (director), Jesús García Cívico (jefe de redacción), Pablo Miravet Bergón (editor) y la actuación de diferentes colaboradores (Óscar Peyrou, Jose Ramón Alarcón, Graham Bell Tornado y alguna sorpresa cárnica y metaficcional).

Para este número contamos con los siguientes colaboradores: entrevista a Javier Gallego (Carne Cruda), a Esther Ferrer, al escultor sirio Assem Al Bacha y a La Pocha Nostra; relatos de Enrique Vila-Matas, Patricio Pron, Manuel Vilas, Jesús Zomeño, Belén Palos, Scott Duncan, Carmen Rosa, Edu Almiñana, Ximo Rochera, Cristina Morales, Pablo Rubio y Aitana Carrasco; ensayos de María Llopis, Ramón Pérez Parejo, J.S. de Montfort, Miguel Ángel Hernández, Cristina Gutiérrez Valencia y Rubén Barroso, poemas de Eva Vaz, Bárbara Butragueño, David Trashumante, Jose Ramón Alarcón, Berta García Faet, Javier Swift, Román PC, Gabriela Contreras y Luis Tamarit; fotografía de Concha Prada, Isabel Muñoz, Alberto Adsuara, Carles Gisbert, Paola Bragado, Sara Trujillo, Edmundo Saiz, José Manuel Madrona, Judith Vizcarra, Ainhoa García, Jean-Marc Lostetter, obra de Antonio Barroso, María Cañas, Walmor Corrêa, Julián Ortiz, Lidia Nuñez, Miguel Ángel Aranda, Marcos Kowalski, Fernando delhambre, Pedro Sánchez, Miracoloso, Marieta Campos, mariquita desdémona schneider y Senior i por brutal; incluimos la nueva sección de Óscar Peyrou y los Ecos de la caverna Canibaal, con crítica de Eva Peydró, Pedro Uris, Orlando Bosch, Dani Gascó, Rafa Cervera, Jorge Albi, Juan Vitoria y Eduardo Guillot, Aldo Alcota, Jesús García Cívico, Pablo Miravet Bergón y Elisabeth Falomir.

Carne y Metaliteratura. Makma

Canibaal aborda temáticas dobles. Hemos elegido para este número dos asuntos inicialmente divergentes: ‘Carne y metaliteratura’.

Metaliteratura: literatura sobre literatura. Don Quijote, Tristram Shandy, Joyce, Vila-Matas, Piglia, Borges, Perec. Más en general, podemos convenir en que la metaficción produce un distanciamiento del texto y un cuestionamiento de los elementos ficticios o reales que interactúan no solo en el proceso de escritura, sino también en la lectura. Hay metaficción en las novelas, en el teatro, en la pintura, en el cine, en el cómic, en la poesía, en la performance de Esther Ferrer, en la fotografía de Isabel Muñoz o Concha Prada. Nueva historias sobre las historias de Becket, Pynchon, Kundera, Nabokov… Encontramos metaficción en el cine: Ocho y medio de Fellini, La noche americana de Truffaut, Bienvenido Mr. Marshall de Berlanga; tropezamos con ella en Watchmen de Gibbons y Moore, en Maus de Art Spiegelman, en Las meninas de Velázquez.

Efectos mapplethorpianos en los filetes de este número. Sutileza de la imagen que evoca el desgarro de la carne. Podemos verlo en una mirada o detenernos a contemplarlo sobrecogidos junto a Dalton Trumbo: Johnny cogió su fusil. Sugiere materia o ausencia de esta –“¿qué médico ha sido capaz de reducir a un hombre a lo que soy ahora y dejarle seguir viviendo?”– solloza Joe entre páginas que son años. “La carne” frente a la convención social como en La escuela de la carne de Yukio Mishima o, en la obra de Michel Houllebecq; naturaleza cárnica del cuerpo: “La carne” del cubano Virgilio Piñeira. Hay carne en la oposición: carnal/ espiritual, esto es, en la vía del erotismo y todos sus afines; hay una línea de semejanzas con la fragilidad y, ligado a este punto, con la barbarie: matanzas, genocidios, dictaduras. Algunos artistas invitados la han explorado.

Imagen de la obra de Alberto Adsuara que forma parte de 'Carne y Metaliteratura'. Fotografía cortesía de Canibaal. (http://albertoadsuara.blogspot.com.es)

Imagen de la obra de Alberto Adsuara que forma parte de ‘Carne y Metaliteratura’. Fotografía cortesía de Canibaal. (http://albertoadsuara.blogspot.com.es)

‘Meat is murder’ cantaban The Smiths. Hay críticos que nos recuerdan el filete más famoso de The Beatles, el círculo cárnico de la rubia Debbie Harry desde «’n the Flesh»’ segundo single de Blondie, hasta el ‘Manifiesto de la Nueva Carne’ de Cronemberg: Videodrome. En este número de Canibaal hay nichos, hay sexo, hay surrealismo, hay una baronesa rusa encerrada en el Thyssen escribiendo sobre Munch, hay una nueva sección (Ecos de la caverna Canibaal), hay críticos que hablan de las películas que no ven, hay ‘Carne cruda’. La carne apunta al erotismo, a la fragilidad de los jóvenes conducidos a la carnicería pero también a la gula de vivir. Podemos darle un uso macabro como hace Dimitri Tsylakov “es la piel sosteniendo carne para disparar la piel”. Piel sobre piel, metapiel, podríamos decir.

La carne como entelequia, hipocondría dietética, fijación del penitente, origen de la decrepitud, ganas de vida, breve relato de un relato breve.

Fotograma del filme 'Porcile', de Pier Paolo Pasolini. Fotografía cortesía de Canibaal.

Fotograma del filme ‘Porcile’, de Pier Paolo Pasolini. Fotografía cortesía de Canibaal.

Ximo Rochera
Director de Ediciones Canibaal
www.canibaal.es

 

Librerías que se van, ¿sueños que se acaban?

Cristina Guzmán Traver, Fragments de cultura
Palau de Pineda, Plaza del Carmen, 4.
Hasta el 30 de noviembre de 2015

La cerámica de Cristina Guzmán Traver rinde tributo a las librerías

Aquel paraíso que imaginó Borges en forma de librería podría tener un futuro incierto. Los datos son demoledores; indican que entre dos y tres locales clausuran su actividad diariamente.[1] La clave de su supervivencia podría implicar un aumento de apoyo al sector (estableciendo por ejemplo un sello de calidad que permita beneficios fiscales), la reinvención de estos espacios o la creación de nuevas políticas de fomento a la lectura.[2] Pero lo cierto es que, mientras se determinan soluciones, la lucha contra este destino también se visibiliza simbólicamente a través de algunos proyectos artísticos. Desde esa perspectiva, Cristina Guzmán Traver realiza un seguimiento de las librerías emblemáticas que han cerrado recientemente sus puertas y desarrolla una serie de gestos y acciones apoyados en la escultura, la instalación y la pintura como reivindicación de aquel lugar soñado. Algunas de ellas centenarias y todas referentes en sus ciudades, estas librerías se convirtieron en auténticos lugares de encuentro intelectual y humano superando el exclusivo cometido de empresa. Las librerías Luque en Córdoba, Machado en Sevilla, Martínez Pérez y Proa en Barcelona, Galí en Santiago de Compostela o la librería Rumor en el barrio de Chamartín de Madrid cerraron sus puertas y con ello desdibujaron parte de la identidad local.

Cristina Guzmán Traver. "Llibres", gouache sobre papel, 2015. Cortesía de la artista.

Cristina Guzmán Traver. «Llibres», gouache sobre papel, 2015. Cortesía de la artista.

Siguiendo este dramático proceso, durante el mes de noviembre Valencia despedirá otro referente cultural. La librería Valdeska finaliza su etapa y lo hace tal y como comenzó: alejada de las novedades y los best sellers, configurando lo que para algunos fue más bien una “no-librería” cuyo camino se orientaba hacia el arte, el pensamiento y la literatura.[3] En este sentido, la exposición Fragments de Cultura inaugurada recientemente en el Palau de Pineda, recrea iconos a partir del atractivo que representa la particular identidad de las librerías pequeñas y su labor como narradoras de historias. Desde las sutiles alienaciones de estanterías en las composiciones de gouache y las piezas de cerámica y gres que reúnen montañas de pequeños libros agrupados bajo la figura del lector, la mirada de Cristina Guzmán configura un entorno de contrastes donde las texturas incorporan la calidez a la materia hasta llevarla a su origen. Si para Neruda fuimos “párpado del barro trémulo y forma de la arcilla”, en la obra de esta autora somos el recuerdo de la tierra, de sus surcos y su tiempo.[4] Proyectadas desde los comienzos con estructuras de metal, madera o cemento, sus esculturas se consolidan en torno al barro, convirtiéndose en el material más importante en su trayectoria artística. La cerámica actúa como símbolo de permanencia y establece vínculos secuenciales con los trabajos de otros artistas como sus maestros Arcadi Blasco y Enric Mestre, ciertas expresiones de Elena Colmeneiro y, principalmente, con el minimalismo de María Bofill desde un interés por los objetos pequeños y su calidad de ejecución.

No es la primera vez que Cristina Guzmán incorpora la instalación en sus proyectos. El estudio de la técnica, los diferentes métodos de cocción y la integración de nuevos soportes consolidaron otras como Cartes al vent, donde asocia al discurso nuevos ingredientes como el papel y el texto, para posteriormente expandir sus esculturas e integrar la fotografía o el dibujo. En este sentido, la instalación presentada en la exposición compuesta por nueve libros aislados desde la individualidad de nueve peanas, resume  parte de estos procesos y representa la naturaleza de los materiales y el equilibrio de los volúmenes que el fuego petrificará para siempre.

Cristina Guzmán Traver. Instalación "Llibreries", cerámica, hierro y metacrilato, 2015. Cortesía de la artista.

Cristina Guzmán Traver. Instalación «Llibreries», cerámica, hierro y metacrilato, 2015. Cortesía de la artista.

Los libros, convertidos en elementos ajenos al mundo y a la vida, permanecen envueltos en cajas de metacrilato, reposando inertes en sus nichos transparentes. “Murieron 912 y nacieron 226” era la sentencia con la que arrancaba un reciente artículo para explicar el panorama que, hoy por hoy, resisten las librerías. Y como si de un escenario se tratara, la obra de Guzmán representa arquitecturas imaginadas que aluden a cada cierre y nos conducen a reflexionar sobre el vacío de la comunicación, la desaparición de estos espacios (la nostalgia por aquella librería-buena-de-siempre en cuyo local, ahora, han abierto un McDonald’s…) y la pérdida del relato que generó estar en ellos. Porque en muchas ocasiones descubríamos que el librero era también poeta, editor, diseñador, escritor, fotógrafo… y su aportación enriquecía el propio mundo del libro. Valdeska siempre fue una librería peculiar que comenzó en 1979 en la calle Quart, después en Gobernador Viejo, para continuar desde el inicio del IVAM en 1989, hasta llegar a su última ubicación en la calle del Mar. De la mano de Sergio de Diego, Valdeska fue un lugar habitado por historias interesantes que invitaban al hedonismo y a respirar la vida.

Bajo el lema ‘Leer es viajar’ el pasado 13 de noviembre se celebraba la quinta edición del Día de las Librerías cuya iniciativa reivindicaba su papel como motor de la cultura. Recientemente comprobamos con cierta esperanza la sucesión de reconocimientos. Por un lado la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte concedió a Traficante de sueños, de Madrid, el Premio Librería Cultural 2015, destacando así la figura del librero como agitador cultural, y por otro la Consellería de Cultura de la Generalitat Valenciana acaba de distinguir a un lugar emblemático como la librería París-Valencia con el Premio a la Mejor Trayectoria. Todavía nos queda el libro sustentado por páginas de aromas (de cada 100 publicados, 75 continúan editándose en papel) y, en palabras de Daniel Pennac, nos queda la dicha de ser lectores.[5] Porque “la lectura no depende de la organización del tiempo social, es, como el amor, una manera de ser”.

Cristina Guzmán Traver. "Llibres", gres, arcilla y esmaltes óxidos, 2015. Cortesía de la artista.

Cristina Guzmán Traver. «Llibres», gres, arcilla y esmaltes óxidos, 2015. Cortesía de la artista.

Maite Ibáñez


[1] Informe Observatorio de la Librería 2014, presentado en febrero de este año por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL)

[2] “En España, a diferencia de otros países europeos, no existe ningún tipo de régimen fiscal especial para las librerías, ni están sujetas a deducciones por tratarse de un local cultural. Una librería es el mismo tipo de comercio, a efectos fiscales, que una tienda de ropa. Paula CORROTO, “Librerías: muerte, renovación o burbuja, El diario.es, 08/03/2015

[3] Alfons GARCÍA, “Valdeska se despide”, Levante, 06/10/2015

[4] Pablo NERUDA, del poema Amor América, “El hombre tierra fue, vasija, / párpado del barro trémulo, forma de la arcilla […]”

[5] Daniel PENNAC, Como una novela, Anagrama, Barcelona, 1996

Cristina Guzmán Traver. "Lectors de llibres", gres, arcilla y esmaltes óxidos, 2015. Cortesía Inma Caballer.

Cristina Guzmán Traver. «Lectors de llibres», gres, arcilla y esmaltes óxidos, 2015. Cortesía Inma Caballer.

Alex Marco y la hora loca de los gatos

Galería Luis Adelantado. Abierto Valencia
Sala Boiler Room
Hasta el 22 de octubre 2015

La hora loca de los gatos no hace referencia visual a las obras presentadas en la exposición por Alex Marco (Valencia, 1986), no esperemos ver perfiles de dulces mininos con sucios bigotes de pescado recién engullido. Tampoco cazando ratones. El título hace referencia al modus operandi de Marco. Investigación, autoconocimiento y azar son algunas de las claves de su trabajo.

"La hora loca de los gatos", de Alex Marco. El artista preparando la obra en el estudio. Fotografía Ernesto Sampons.

La hora loca de los gatos, de Alex Marco. Preparando la obra en el estudio. Fotografía Ernesto Sanpons.

“El proceso para el desarrollo de cada pieza lo comparo con la hora loca de los gatos porque éstos animales tienen momentos incontrolables en los que parece importarles poco lo que ocurre a su alrededor, momentos de concentración y plenitud, como cuando observan fijamente a una presa” –dice Marco- “Es la hora loca de los gatos”.

"La hora loca de los gatos", de Alex Marco.

«La hora loca de los gatos», de Alex Marco.

Y no le falta razón. Los gatos brincan, trepan y resuelven sus inquietudes a veces de manera espontánea, instintiva y salvaje, pero también nos fascinan con reacciones totalmente opuestas cuando se manifiestan mimosos y próximos, y también Alex Marco parece tener momentos en los que acaricia el lienzo, como cuando los gatos son cachorros y empujan con sus patitas el pecho de la madre para estimular el flujo de la leche que los alimenta.

"La hora loca de los gatos" de Alex Marco.

«La hora loca de los gatos» de Alex Marco.

Y más que con la hora loca, la muestra tiene que ver con la hora irrepetible de lucidez, instinto y honestidad. Irrepetible, porque Alex Marco se enfrenta con el lienzo a la deriva hasta que le llega el momento, toma el rumbo y conduce su obra al puerto de destino. Ese momento de pintor visionario en plena entrega es casi litúrgico. “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”  -diría Borges-. Y ahí concluye la pieza.

“Inicio en una deconstrucción para ir construyendo” –confiesa Marco-, “resuelvo cuando el trabajo me impulsa a remarcar lo que veo, es como en la hora loca de los gatos”.

"La hora loca de los gatos", de Alex Marco. Fotografía Vicente Chambó

«La hora loca de los gatos», de Alex Marco. Fotografía Vicente Chambó

Como un dictamen divino que le arrastra a resolver por una fuerza de inspiración superior, podríamos decir.

“Utilizo la pintura tanto para construir como para hacer deconstrucción”, -continúa Marco-, y sin duda, esa es su manera particular de defender la pintura como recurso.

En cuanto a la presencia del dibujo como arte definitivo: un tríptico de gran formato a tinta china en base a reproducciones de fragmentos de los otros lienzos colgados en la exposición, -7 piezas en total- simboliza el inconformismo del pintor. ¿Y si la hora loca de los gatos no era ésta?, ¿habría habido otro momento para resolver?

"La hora loca de los gatos" ( detalle del tríptico) de Alex Marco.  Fotografía Vicente Chambó

«La hora loca de los gatos» ( detalle del tríptico) de Alex Marco. Fotografía Vicente Chambó

En permanente búsqueda para obtener una explicación que le deje más satisfecho se está dando otra nueva oportunidad para definir. Esas copias de procesos anteriores que pudieron tomar otro rumbo son el testimonio imperceptible a los ojos de quien no conoce el proceso.

Pero ahora ya lo saben. Este pintor siempre buscará una nueva señal celestial que le ofrezca otra visión diferente a la ya resuelta en la primera “hora loca de los gatos”. Es una nueva oportunidad para el felino, será un momento de mimos o de excitación el que determinará si la finalización de cada pieza puede ser diferente a la anteriormente concluida. Y es que cuando le llega la hora loca al gato Alex Marco, las normas de su propia destreza las marca el instinto, ¿hay algo más sincero?

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Vicente Chambó

 

«La vejez es un retorno de la adolescencia»

Un árbol caído, de Rafael Reig
Tusquets Editores

Año 1979. Tres parejas de amigos que comparten una “vida ajardinada” en una urbanización cercana a Madrid comentan el regreso de un amigo común que lleva un tiempo en Estados Unidos. Todos formaron parte de la lucha antifranquista, aunque llevan una vida anodina de burgueses acomodados. Así arranca ‘Un árbol caído’ (Tusquets), la última novela de Rafael Reig, un escritor comprometido con la realidad que afronta con lucidez y valentía en una decena de novelas.

Johnny, hijo bastardo de uno de los protagonistas, es el narrador que les sigue la pista hasta 2003. A través de este muestrario social, Reig pone en la picota a una generación que renunció a sus ideales para disfrutar el éxito y el bienestar económico, acomodados  en el  conformismo. Un arquitecto, un economista, un escritor de éxito y sus respectivas esposas son los personajes de un guiñol de carne y hueso del que sólo se salva Lou, una entrañable ama de casa con síndrome de Down.

A lo largo de la novela se desarrolla una partida de ajedrez, el único juego en el que la suerte no cuenta. El tema de la droga planea en el trasfondo de la historia. “No puedo decir que el Estado indujera el tráfico y consumo porque le convenía: no tengo datos”, dice Reig. “Pero está claro que la aparición de la droga fue muy oportuna, que durmió un descontento social”.

Detalle de la portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Detalle de la portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

‘Todo está perdonado’, ‘Lo que no está escrito’ y ahora ‘Un árbol caído’. Los títulos de sus últimas novelas comparten un tono sentencioso de refranero español. ¿Es pura casualidad o intencionado?

Es por hacerme el contemporáneo. Decía Borges que el único género literario inventado por el siglo XX fue el título. Así es, antes o lo ponía el editor o se ponía cualquier cosa, el nombre del protagonista, el del sitio en que pasaba, Pepita Jiménez o La mina, daba lo mismo; si salía un clavo, se titulaba El clavo y en paz. Hubiera preferido eso, pero me dejé seducir por los títulos rimbombantes, retumbantes y recordables. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el título dirige la forma de leer la novela, enfoca la atención hacia ciertos aspectos.

En la época que describe usted era un niño, ¿cómo ha construido los personajes adultos de la novela?

Bueno, como la mayoría de los niños, y más en aquella época de familias numerosas, tenía a mano padres y amigos de mis padres, tíos y primos mayores, un suministro constante de adultos jóvenes que para mí eran todo un espectáculo y a los que miraba, igual que el narrador de la novela, como si fueran héroes homéricos. Con la edad uno se da cuenta de que eran tan cantamañanas y tan para poco como nosotros mismos, y a la vez igual de conmovedores; de esa evocación melancólica me vino el impulso de escribir esto.

¿Hay algo suyo en el joven narrador? ¿Piensa como él que la vejez es una segunda adolescencia desfigurada?

Hay mucho de mí mismo y, según creo, de mucha gente de mi edad: la misma sensación de ser siempre tan solo personajes secundarios en nuestras propias vidas, para decirlo a la manera de Dickens. Y sí, creo que la vejez, para decirlo ahora a la manera de Marx, es un retorno de la adolescencia, ya no como tragedia, sino como farsa, aunque la verdadera tragedia es, por supuesto, envejecer y morir.

Portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

¿Por qué las ilusiones y expectativas de cambio de aquellos años se desvanecieron tan pronto en el llamado desencanto?

A mí que me registren. Habría que preguntarlo a Felipe González, o a Javier Solana, a quien vi dando gritos de “¡OTAN no, bases fuera!”. Hubo una sensación de malversación de fondos: todo ese capital de entusiasmo invertido en la izquierda se desvió para pagar cosas como el GAL y otra parte se les pegó a las uñas. Así no es extraño el desencanto.

¿Por qué trata cruelmente a sus personajes, especialmente a las mujeres? 

Las novelas hablan de generalidades, aunque haya casos individuales que las contradigan. No todos los burgueses del XIX eran como Juanito Santa Cruz, pero Juanito está en la novela de Galdós en representación de la estéril burguesía decimonónica. No creo que haya crueldad, sino más bien un esfuerzo por comprenderlos, y sobre todo a las mujeres.

El ajedrez como metáfora de que no podemos engañarnos con excusas que justifiquen nuestros fracasos. Pero en el Madrid de los setenta, ¿no hubiera sido más apropiado el parchís, la oca o las damas? 

En esos juegos interviene más el azar, hay quien tira el dado y sale el número que más le conviene. Lo que me interesaba del ajedrez es que impide echarle la culpa al azar o al empedrado. Las damas me aburren, el ajedrez tiene mucho más espesor y más semejanza con la vida, porque cada pieza tiene distinto valor (que además cambia en cada posición; hay momentos en que lo más valioso es un peón) y cada pieza se mueve de distinta forma. La vida, como el ajedrez, es en teoría calculable, pero en la práctica inasequible a nuestra capacidad de cálculo. Me pareció el ajedrez un vehículo perfecto para expresar cómo vivimos.

¿Qué opina de las jóvenes generaciones y de sus relación con sus ‘viejos’?

Sé muy poco de la gente joven y lo que sé se limita a una parte bastante pequeña, a cierta clase social y a ciertos medios. En general desconfío mucho del concepto “generación”, que a menudo me parece un invento para no tener que hablar de clases sociales. A mí, que soy profesor y además doy con frecuencia charlas en Institutos, me parece que los jóvenes sorprenden a cualquiera que, en lugar de darles consejos o contarles batallitas, sea capaz de callarse y escucharles. Escuchar y poner atención es una experiencia enriquecedora, no sólo con los jóvenes.

Hace un par de años se convirtió en librero. ¿Cuesta más vender los libros propios que los ajenos?

Por ahí se andará el esfuerzo. Los libros se imprimen de mil en mil, pero se venden de uno en uno, cada vez con más dificultad. La librería me gusta, es un empleo agradable, siempre que uno tenga paciencia y facilidad de trato. Digan lo que digan, el libro sigue teniendo un atractivo invencible.

Rafael Reig. Imagen cortesía del autor.

Rafael Reig. Imagen cortesía de Tusquets Editores.

Bel Carrasco

Cadáver exquisito: por azar al arte

A los postres un cadáver y otras nimiedades
Exposición del colectivo Cadáver exquisito
La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta finales de febrero

Asociaciones libres. Escritura automática. Cadáveres exquisitos. He ahí los procedimientos utilizados por los surrealistas para hacer emerger un sentido oscuro, violento y pulsional que vendría a contrariar ese otro sentido del orden convencional. “Actividad ultra-confusional que toma sus fuentes en una idea obsesionante”, según afirmó André Breton, uno de sus impulsores. ¿Idea obsesionante? ¿Pero cuál?

Obra de Javier Marisco en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Javier Marisco en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Los propios surrealistas partían de una evidencia: la de hallarse habitados por algo que no entendían, pero que sin duda les afectaba con gran intensidad. Tanta, que se tornaba en esa idea obsesionante que emergía en su obra, tras ponerse en marcha la maquinaria creativa impulsada por el torrentoso azar. Que es lo que hacen los 12 artistas valencianos reunidos en torno a esa misma práctica del Cadáver exquisito. Cadáver o cadáveres exquisitamente dispuestos en una de las salas de La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Iván Campos, Toni Cosin, Violeta Esparza, Manuel Gamonal, Daniel Gordillo, Daniel Granero, Javier Marisco, Jorge Montalvo, Eduardo Romaguera, Jorge Rubert, Nacho Ruiz y Bru Soler. He ahí los artistas, en riguroso orden alfabético sin duda inapropiado, cuya búsqueda de la provocación y del desconcierto, característicos del afán surrealista, adquiere otros derroteros. A estas alturas del culmen televisivo, donde el escándalo o lo escandaloso ha sido transformado en mercancía, la práctica del cadáver exquisito tiene ya otra finalidad.

Obra de Jorge Rubert en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Jorge Rubert en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

En el caso de los artistas reunidos en la muestra colectiva de La Llotgeta, que lleva por elocuente título ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’, se trata de poner el acento en la asociación libre, en la práctica artística de conjunto, en la energía que libera el propio acto creativo. Una energía que se bifurca como el jardín de senderos de Borges, tomando cuerpo de distintas formas.

Obra de Violeta Esparza en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Violeta Esparza en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Y el cuerpo, sin duda, adquiere especial protagonismo en los casos de Daniel Gordillo, Javier Marisco y Eduardo Romaguera. Cuerpos descoyuntados o en bucle como experiencia de abismamiento de la pulsión que nos habita. Lo vivo de la pasión, pues, ligado a su reverso siniestro en forma de esqueleto, de masa amorfa o del eterno femenino. La problemática del deseo se escenifica en esa carnalidad que no termina de hallar la buena forma, por fragmentación del cuerpo, por apelmazamiento o por su repetición incansable.

Obra de Eduardo Romaguera en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

‘Entre dos lunas’, obra de Eduardo Romaguera en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

La sociedad de consumo es otro de los caminos que toma ese espíritu del cadáver exquisito. Dólares (Granero), anagramas (Rubert), recortes de prensa de los medios de comunicación de masas (Montalvo) son utilizados para que emerja ese malestar en la cultura del que habló Freud. Incluso la historia del arte (Rembrandt comparece en la obra de Gamonal) se ve abducida por la seducción de las imágenes en tanto narcótico para la vista. De ahí la deconstrucción practicada en todos esos símbolos que apenas representan cierta alienación del sujeto.

Obra de Jorge Montalvo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. La Llotgeta.

Obra de Jorge Montalvo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. La Llotgeta.

‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’ pone el acento en la catarsis que supone la asociación libre y en los fantasmas que afloran una vez practicada. Por eso de nimiedades, nada. En todo caso, la manifestación real y sin ambages de cuanto este colectivo de artistas lleva dentro y de otra forma no se hubiera atrevido a contar. La neurosis de Woody Allen en materia sexual, trasladada a esta ristra de cadáveres exquisitos que el Aula de Cultura La Llotgeta muestra hasta finales de febrero. Bon profit.

Obra de Manuel Gamonal. La Llotgeta

Obra de Manuel Gamonal en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Salva Torres

Iñaki Torres, a tientas en Lotelito

‘Tanteando lo desconocido’, de Iñaki Torres
Lotelito
C / Las Barcas, 13. Valencia
Inauguración: miércoles 10 de septiembre, a las 19.00h
Hasta el 5 de octubre

Tarjeta de presentación de la exposición de Iñaki Torres en Lotelito.

Tarjeta de presentación de la exposición de Iñaki Torres en Lotelito.

Se cuenta que Garbelli, un famoso boxeador, iba camino del cuadrilátero donde debía disputar un combate en Los Ángeles. De pronto, salió de entre la multitud un negro enorme, se abalanzó sobre él y apretándole entre sus brazos comenzó a besarle. Sin parar de sollozar, le dijo: “Soy tu adversario y te quiero”.

Hay artistas que se comportan igual ante una obra. Cogen la tela o el lienzo, lo miran, saben de la dificultad que supone liberar lo que lleva dentro y, aún así, aman esa adversidad porque, en el fondo, les sostiene en vida. Más que doblegar el arte a su voluntad creativa, simplemente se entregan al combate como si fuera su tabla de salvación. Y al igual que el púgil negro amaba a quien le vencía, el tipo de artista del que hablamos sostiene con su obra una idéntica pasión redentora.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Iñaki Torres, parte de cuya obra se podrá contemplar en Lotelito a partir del miércoles 10 de septiembre, mantiene un mismo talante o espíritu creativo. Él mismo lo ha dicho en más de una ocasión: “Cuando yo pinto, no busco nada concreto”. Podría decirse de otra manera, sintetizando sus palabras: “Yo no pinto nada”. Entiéndase bien: pintar pinta y mucho, pero es su yo el que no pinta nada, el que debe retirarse para que exista la posibilidad de, sin buscar “nada concreto”, que “algo” pueda emerger desde el fondo de la tela.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Tarea sin duda prolija. Someterse a los dictados del lienzo requiere mucha paciencia y entrega, dos cosas que precisamente escasean en nuestra sociedad contemporánea. La paciencia, porque todo son prisas. Y la entrega, porque el “narcisismo de las pequeñas diferencias”, que diría Freud, impide la escucha del otro, en este caso la obra, desprovisto de cuerdas y amarres.

Iñaki Torres lo hace. Algunas de las obras expuestas han sido realizadas en Almería, allí donde el silencio se oye. Otras, en su casa de Bilbao. Y siempre, siempre, buscando las condiciones para que ese yo, tan necesario en la vida cotidiana, deje en el terreno del arte de pintar “nada concreto” y se limite a dejarse guiar por los dictados de la tela. De nuevo, el propio artista: “No entiendo la pintura como una búsqueda”. Sometido el yo, resignado a la suerte que le deparan tanto la paciencia como la entrega, no cabe búsqueda alguna; tan sólo esperar acontecimientos.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Porque eso es lo que nos deparan las obras de Iñaki Torres: una especie de acontecimiento. Puede ser más o menos luminoso, más o menos logrado, pero acontecimiento al fin. Es decir, algo que acontece de forma imprevista. Para lograrlo, el artista se deja llevar, aventurándose por caminos adonde el yo no llega. Prueba diversas materias y colores, a tientas, creando un manto de niebla sobre el lienzo. Y a medida que avanza con los dedos y pinceles por esa bruma creativa, algo empieza a emerger y, antes de que llegue a ser nítido, se queda unos instantes en la superficie del cuadro para enseguida desaparecer. Esa extrañeza perdura en todas y cada una de sus obras.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Iñaki Torres tantea la imagen explorando su misterioso vaivén. Él habla de difuminarla hasta que no queden de ella “más que unos pocos granos”, los suficientes para descubrir sus trazos, “la cosa que muestra y oculta al mismo tiempo”. Y es así, un tanto a la deriva, como el acontecimiento aflora en su obra. Aflora yendo de una orilla a otra, sin quedarse en ninguna, como temiendo ser atrapada la imagen por alguna conclusión apresurada. “Sin embargo, a veces se encuentra”, dice el artista.

Obra de Iñaki Torres en la exposición de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

No esperen, en cualquier caso, encontrar algo definido, mucho menos definitivo. En la obra de Iñaki Torres todo acontece entre opuestos: colores brillantes y opacos; superficies en calma y agitadas; naturaleza exterior e interior, turbia y sosegada. Parafraseando a Machado, la obra de Iñaki Torres no existe de entrada, se va haciendo al caminar que, en su caso, es pintar. No hay un camino “concreto”, sino los muy borgianos senderos que se bifurcan. La obra expuesta en Lotelito son aproximaciones, pistas que él da para aventurarse en su pintura. Ya queda dicho: ninguna búsqueda de por medio. Abrazado al lienzo, Iñaki Torres explora aquello que más ama: la libertad de crear.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito de Valencia. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito de Valencia. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Paco y Manolo, de intensidades y pérdidas

Preludio, de Paco y Manolo
Con la colaboración de Nauzet Mayor
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 27 de junio
Hasta el 8 de agosto

“Lo único que merece la pena vivir en la vida es la posibilidad de experimentar de vez en cuando un momento perfecto. Y tal vez incluso más que eso, tener la capacidad de recordar esos momentos en su totalidad, contemplarlos como joyas” (Paul Bowles, ‘La casa de la araña’).

Todo el trabajo de los artistas Paco y Manolo ha girado en torno a los mismos temas: “la fugacidad de los momentos vividos, la intensidad del encuentro y la oscuridad de la pérdida”, explica Ismael Chappaz, co-director de Espai Tactel. “Esta oscuridad”, continúa diciendo, “desde el punto de vista de su propia existencia, fue el motivo principal de su anterior exposición en Espai Tactel, de Valencia, y Addaya, en Mallorca, ‘Memento Mori’, donde la sensación de ‘nos queda menos tiempo del que hemos vivido’ dio lugar a un trabajo mucho más oscuro y amargo”.

'Preludio', de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

‘Preludio’, de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

En ‘Preludio’, Paco y Manolo trabajan los dos aspectos. “Por un lado”, señala Chappaz, “juegan con las imágenes que nos enseñan la felicidad del momento vivido y las mezclan con reflejos y distorsiones para así convertirlas en espejismos. Finalmente, una serie de imágenes, a la manera de los larvae convivalis, les animan a aumentar esa sensación de felicidad, dando lugar a la fugacidad de la existencia”.

Según los artistas, “la vida es el preludio de ese momento en el que la pérdida (del amor, de la juventud, de la belleza) es el mayor de los males a los que nos hemos de enfrentar”.

'Preludio', de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

‘Preludio’, de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

La comisaria Marisol Salanova alude a Borges, cuando decía que la muerte es una vida vivida y la vida es una muerte que viene. “Paco y Manolo nos presentan escenas de juventud, goce y belleza como preludio al desvanecimiento en un ejercicio de hermenéutica del cuerpo donde los estereotipos no tienen cabida”.

“Las vulnerabilidades del cuerpo”, prosigue Salanova, “y la identidad son un tema recurrente en la obra de esta pareja de fotógrafos catalanes conocidos sobre todo por los retratos que han realizado a lo largo de más de quince años. Si ya habían explorado la sensación de que el tiempo se nos escapa y es el cuerpo quien constantemente nos lo señala durante una primera muestra en Espai Tactel titulada ‘Memento Mori’, ahora vuelcan su talento en una segunda individual, donde podemos disfrutar de sus fotografías y una puntual colaboración escultórica con el artista canario residente en Mallorca Nauzet Mayor”.

'Preludio', de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

‘Preludio’, de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.