«Parking habla de amor, esperanza y desesperación»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Tudor Giurgiu (cineasta)
‘Parking’
110′
Con Mihai Smarandache, Belén Cuesta, Ariadna Gil y Luis Bermejo
Rumanía-España-República Checa, 2019
Filmin
Martes 26 de mayo de 2020

En el atemperado febrero de 2002 recalaba en la estación de autobuses de Córdoba un joven y anónimo immigrante llamado Marin Malaicu-Hondrari (Rumanía, 1971), quien portando consigo apenas un par de palabras en castellano (“hola” y “trabajo”) conseguiría empleo (y vivienda) en el periférico cinturón sur de la ciudad como vigilante de un desvencijado concesionario al aire libre, atesorando por techumbre una precaria caravana estacionada en el recinto.

Sin embargo, Malaicu-Hondrari pronto se revelaría en un individuo singular, perfilado por unas inquietudes literarias alimentadas durante las cálidas, insomnes y solitarias madrugadas cordobesas –entre lecturas de Bolaño (referencia de oficios y narrativa) y transistores–, que hubieron cimentado tanto su perfil lector en lengua española como sus virtudes poéticas –’El vuelo de la mujer sobre el hombre’ (2004, Premio de Debut por la Unión de Escritores de Rumanía)– y prosísticas –’El libro de todas las intenciones’ (2008), publicado un año después del retorno definitivo a su país–. Dedicaciones que le han granjeado venturoso horizonte profesional como traductor literario del castellano al rumano y, aún más relevante, una inopinada celebridad como escritor de éxito al oeste del delta del Danubio.

Sería en la primavera de 2010 cuando Marin Malicu alumbraría ‘Cercanías’ (editado en España por el sello granadino Traspiés y traducido por Elena Borrás), una novela polifónica que concita buena parte de sus deriva vital en España y con la que procura un ejercicio reflexivo en torno del amor, la inmigración y la literatura; elementos con los que gestar una libérrima y noctívaga adaptación cinematográfica junto a su compatriota, el cineasta Tudor Giurgiu, quien dirige ‘Parking’ –séptimo largometraje del también productor y organizador del Transilvania International Film Festival–, una coproducción rumano-hispano-checha –protagonizada por Mihai Smarandache, Belén Cuesta, Ariadna Gil y Luis Bermejo– que ha sido estrenada directamente en la plataforma Filmin como consecuencia de la COVID-19 y sobre la que MAKMA cuenta con el testimonio de su director en la siguiente entrevista.

¿Qué proceso de incubación ha desarrollado esta película desde la publicación, en 2010, de ‘Closeness’ (‘Cercanías’), de Marin Malaicu-Hondrari? ¿Qué le incita a contactar con el escritor?

El libro me impresionó mucho. Es una historia muy singular contada en un estilo muy particular. Me gusta la forma en que se retrató la inmigración, totalmente diferente a cualquier otro libro que haya leído; me gustó mucho la amistad masculina entre Adrián y Rafa y, sobre todo, su toque romántico y esta mirada muy especial hacia Andalucía. Un rincón muy marginal, pero aún poético, donde pueden suceder cosas mágicas.

¿Contar con la presencia y colaboración de Marin en la escritura del guion le ha permitido ajustarse fielmente a la novela o, en cambio, han introducido variaciones en la composición de personajes, relaciones y sucesos?

Nos vimos obligados a cortar muchos personajes y subtramas del libro. Estoy realmente agradecido con Marin porque aceptó muchas de mis sugerencias. Tenía ganas de comenzar de nuevo todo el proceso de escritura del libro. Todos estos elementos policiales o de suspense que aparecen en la segunda parte de la película no estaban en el libro y todavía me pregunto si fue correcto agregarlos a la trama principal.

Una extremidad fundamental de su película se encuentra en ciertas localizaciones, especialmente el aparcamiento de vehículos que brinda título al filme. ¿Era este un emplazamiento real y fidedigno, presente en el relato autobiográfico de Marin Malaicu?

El estacionamiento es muy real y es el mismo lugar donde Marin solía ser el guardia nocturno en 2002 y durante, aproximadamente, dos años. El lugar me pareció muy especial y no pude encontrar ningún emplazamiento que coincidiera con la poesía del libro. Esperaba que este estacionamiento fuera como un personaje principal de la película; es como un lugar del fin del mundo, un limbo, al que los cuatro personajes llegan y nos cuentan sus historias sobre el amor, la esperanza o la desesperación.

Adrian (Mihai Smarandache) escribiendo en su caravana durante una de las madrugadas de ‘Parking’. Fotografía cortesía de Filmin.

Sin embargo, ‘Parking’ apenas cuenta con referencias que sitúen geográficamente la diégesis de la película (a lo sumo, un gaitero tocando en Candás que rubrica el viaje efímero del protagonista a Asturias). ¿Considera que la historia podría evolucionar del mismo modo en cualquier otro lugar?

No lo creo. Soy un cineasta que cree que el espacio físico alrededor de los personajes está influyendo en ellos o en sus acciones. Siempre estoy buscando lugares y ubicaciones que puedan decir mucho sobre cómo son mis héroes o cómo se comportan. Me resulta difícil imaginar otro lugar perfecto como las afueras de Córdoba o este maravilloso pueblo de Candás, con su promontorio sobre el mar.

¿Es ‘Parking’ una mirada sobre las singularidades y dificultades de la inmigración o, en cambio, para usted este no es más que un subtema a partir del que filmar cuestiones existenciales relacionadas con la transformación individual?

La experiencia de inmigración fue un tema secundario cuando comencé el proceso de adaptación del libro. Pero, más tarde, se volvió bastante importante, ya que he hablado mucho con Marin sobre su experiencia personal, estar solo y aislado en una cultura extranjera. No quería hacer otra película que tratara aspectos sociales de la inmigración, hay muchas buenas. Quería centrarme en las transformaciones de este poeta, que es un tipo muy diferente de inmigrante.

¿Qué papel juega la literatura en el horizonte vital de Adrian?

No puede vivir sin literatura, es su adicción. Le encanta la literatura española y espera poder algún día leer todos los clásicos directamente en español.

Repite con Mihai Smarandache y se estrena con un plantel de actrices y actores españoles. ¿Cómo ha sido su experencia con este singular reparto?

Trabajar con actores tan buenos como Belén (Cuesta), Ariadna (Gil) o Luis (Bermejo) fue un sueño. Después de conocer a Belén y ver sus películas, supe que sería genial para el papel. Incluso me sorprendió que ella no haya tenido muchos papeles dramáticos antes e hiciera muchas comedias o historias ligeras. Tiene una personalidad fuerte y puede hacer papeles muy diferentes, es inteligente, una actriz completa, incluso muy joven (estoy tan feliz por su éxito en los Goya); estoy seguro de que será una de las grandes estrellas del cine europeo en los próximos años.

Conocer a Ariadna fue mágico, nunca hubiera imaginado que trabajaría con una actriz tan genial. Ella leyó el guión completo antes de nuestro primer encuentro y se le ocurrieron puntos muy buenos sobre la narración. Ella no dijo que sí de inmediato, pero quería tenerla en la película, hicimos todo lo posible para adaptar su horario de teatro al nuestro. Seguimos siendo amigos, le escribiría un papel en cada película que haga.

Luis es un actor increíble, una personalidad maravillosa. Filmar las escenas con Luis en el caballo fue lo más destacado de nuestro período de rodaje en Córdoba, ¡fue único!

Estoy tan feliz de haber encontrado un elenco maravilloso; realmente soñé con encontrar cuatro actores (incluido Mihai) que encajen y funcionen como un conjunto. Supongo que ayudó mucho el hecho de que hacen teatro regularmente (creo que la experiencia teatral brinda habilidades maravillosas a los actores).

¿Su inesperado estreno online a través de Filmin ha variado generosamente sus expectativas? ¿Considera que esta eventualidad, fruto de la pandemia, puede beneficiar a su película?

Creo que es un movimiento valiente e inteligente de nuestros coproductores españoles. Esta crisis por la COVID-19 nos obligó a todos a repensar los circuitos de distribución habituales y estoy bastante seguro de que los lanzamientos de VOD pueden convertirse en una fórmula ganadora para proyectos como ‘Parking’, que no apuntan a un lanzamiento comercial amplio. Muchos títulos europeos no son exhibidos en Estados Unidos, por ejemplo, y algunos pueden tener una vida más larga en las plataformas VOD. Espero que haya suficiente curiosidad en España por mi película y espero que tengamos una buena audiencia.

Tudor Giurgiu. Fotografía de Cornel Lazia cortesía de cineuropa.

Jose Ramón Alarcón

‘La trinchera infinita’: un topo andaluz y la represión franquista

‘La trinchera infinita’, de Jon Garaño, Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi
Con Antonio de la Torre, Belén Cuesta y José Manuel Ponga
Coproducción España-Francia; La Claqueta PC, Manny Films, Irusoin, Moriarti Produkzioak, 2019

Antonio de la Torre. Escena de ‘La Trinchera infinita’.

Que yo sepa no es un tema que se haya tocado demasiado a nivel de cine, literatura u otras ramas de la cultura, y eso que es un asunto que da para mucho. Hablo de los topos, un término que se normalizó a partir de 1977 gracias a la obra titulada con ese vocablo por el leonés Jesús Torbado y por el vasco Manuel Leguineche, y que desde entonces se utiliza para definir a las personas que se escondieron durante bastantes años en zulos de casas, cobertizos, corrales, establos…, con el fin de evitar la durísima represión franquista de la posguerra.

Belén Cuesta y Antonio de la Torre. Escena de ‘La Trinchera infinita’.

Hay constancia de que hubieron abundantes casos hasta que se publicó el decreto-ley del 1 de abril de 1969, por el que se declaró la prescripción de los delitos cometidos con anterioridad al final de la Guerra Civil. Muchos de estos seres humanos fueron perseguidos por chivatazos, con manipulaciones vengativas de sus paisanos del pueblo, sin haber cometido delitos de sangre o sin pertenencia política a instituciones republicanas y, curiosamente, también recibieron la reprobación de los maquis debido a su oculta falta de acción contra el régimen dictatorial. De uno de ellos –del andaluz Higinio Blanco– trata la nueva película de Jon Garaño, José Mari Goenaga y Aitor Arregi, tres guipuzcoanos que ya saborearon las mieles del éxito –o mejor sería decir del reconocimiento crítico– gracias a ‘Loreak’, en 2014, y a ‘Handia’, en 2017.

Antonio de la Torre. Escena de ‘La Trinchera infinita’.

Visto lo visto, mucho me tendría que equivocar si ‘La trinchera infinita’ no lograse, nuevamente, tanto o, incluso, mayor valor crítico que sus antecesores largometrajes, puesto que es un peliculón de tomo y lomo, donde, además, Antonio de la Torre y Belén Cuesta se salen en sus respectivos papeles protagonistas; tanto, que rozan la mayor de las excelencias interpretativas. 

Escena inicial de persecución. ‘La Trinchera Infinita’.

A destacar los primeros planos de la persecución inicial antes de entrar en la angustia de una situación que influye en el trato con los vecinos y en una relación personal de pareja –o, posteriormente, también con la de su hijo– que, gradualmente, se va deteriorando por todo el conjunto de difíciles circunstancias. 

Antonio de la Torre en una escena de ‘La Trinchera infinita’.

Considero que es una película que deberían ver todos los españoles, primero, porque, a pesar de la dificultad de su argumento, es tratada con ingenio para no perder intensidad a lo largo de todo su visionado; segundo, porque ofrece brillantemente el lado oscuro del sufrimiento personal a partir del temor constante, del sentimiento de soledad o de tortura psicológica convertida en pesadilla; y tercero, porque es parte de una historia nuestra que no se podrá borrar por mucho alzheimer colectivo que se quiera imponer.

Cartel de ‘La Trinchera Infinita’.

Por todo ello y por mucho más, el resultado es una peli sumamente detallista, emotiva y con buenas dosis de suspense. No, no es cuestión de comparar y para gustos no hay nada escrito, pero, por mucho bombo que le den a Amenábar o a Almodóvar, yo apuesto por ‘La Trinchera infinita’ como la más seria candidata a los próximos Goya, tanto como mejor película como respecto a los actores principales. Veremos. 

Juanjo Mestre