¿Es posible alcanzar el paraíso?

‘Paraísos artificiales’
Jose Ramón Ais, Ana Barriga, Sergio Belinchón, Xavier Deloray, Leo Gutiérrez Guerra,  Jesús Madriñán, Deva Sand, Kalo Vicent y Nelo Vinuesa
Las Naves, espai d’innovació i creació
C/ Juan Verdeguer 16, Valencia
Hasta el 18 de junio de 2016

El romanticismo moderno de Baudelaire continúa teniendo una gran trascendencia sobre un gran número de artistas, sobretodo en numerosos que tratan las artes plásticas visuales. No sorprende que en sus poesías y ensayos estuviera presente una continuada relación entre arte y drogas, casi como si de una pareja inseparable se tratara. Esta dualidad ha sido una analogía continuada desde la bohemia parisina del XIX, y sino que se lo digan a Ken Kesey y al ponche de ácido lisérgico que, desde otra perspectiva, también ayudó al periodista Tom Wolfe…

El ensayo ‘Paraísos artificiales’ publicado en 1860 narra todo un viaje, ese que le llevó a escribir ‘Un comedor de opio’ y ‘El poema del hachís’. Desde entonces, y obviando el escándalo que la propia persona de Charles Baudelaire producía en su coetánea sociedad, prácticamente no existen tabúes en lo referente a la recepción de estos estímulos exteriores a la hora de crear. En palabras de Francisco Ramallo “Se trata de una práctica ya conocida en tiempos primitivos, que ha originado praxis tan interesantes como la escritura automática de Masson o el arte psicodélico (…)”. Por supuesto, no se trata de exaltar el consumo en ningún momento, ya que las diez propuestas artísticas reflexionan en torno a la pregunta lanzada por Baudelaire “¿qué sentido tiene trabajar, labrar el suelo, escribir un libro, crear y dar forma a lo que fuere, si es posible acceder de inmediato al paraíso?”.

Obra de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de la organización.

Obra de Nelo Vinuesa. Imagen cortesía de la organización.

Nos adentramos en esa reinterpretación del paraíso a través de la obra de Jorge Fuembuena. ‘The Warner them park’ es una gran fotografía de un paisaje urbano subdividido por el propio marco. El artista, en su afán por redescubrir la realidad centra la mirada del espectador a través de la imagen partida. En esta pieza perteneciente a la serie ‘Inside Insect’ investiga y homenajea el trabajo de Luis Buñuel, que también se relacionó con la vanguardia parisina. Diferente paisaje pero reconocible a su estilo es el que muestra Nelo Vinuesa, donde la naturalidad se esconde bajo los monocromos y acaba por desaparecer. Vinuesa, como siempre, nos traslada a paisajes soñados pero artificiales,  bucólicos pero sintéticos… Con esta sensación regresamos al ‘Palacio Ingrávido’ de Deva Sand que pudimos disfrutar hace poco en la galería Mr.Pink. La instalación encaja dentro de la muestra ya que continua con el idilio planteado por Baudelaire donde los sueños juegan un papel esencial en la búsqueda del paraíso, para Sand el paraíso se encuentra en su interior.

La fotografía es una constante a lo largo de la muestra y vuelve a actuar justo enfrente de la instalación de Sand con piezas creadas por José Ramón Ais y con Sergio Belinchón. El hiperrealismo que desprende Ais lo toma de los antecedentes románticos de Baudelaire aportando, con esas naturalezas imposibles despejadas de intervención humana, el toque de materia imprevisible, de paraíso temible. Belinchón, por su parte, continua con esa carencia de humanidad pero recalcando lo surreal y fotografiando grandes construcciones fantasmales o animales ingentes, o jugando con la paradoja de fotografiar una playa abarrotada.

Xavier Delory expone su personal ‘Villa Saboye’ ideada por Le Corbusier en una serie de fotografías donde se aprecia el edificio como si hubiera sido abandonado y profundamente maltratado. Esta estética ruinosa hace reflexionar al espectador sobre el factible paso del tiempo, ¿es el paraíso, tal y como lo entendemos, infinito? Con ‘Apnea’ Leo Gutiérrez Guerra plantea otra posibilidad para el edén, una bajo el agua. Haciendo hincapié en una poética de nuevo relacionada con el mundo de los sueños, Gutiérrez compone una metáfora que sale de la fotografía para convertirse en una escultura de mármol de una aleta.

'Apnea' de Leo Gutiérrez. Imagen cortesía de la organización.

‘Apnea’ de Leo Gutiérrez. Imagen cortesía de la organización.

Tras la inmersión, se aproximan las últimas paredes. En la esquina más visible del espacio, Ana Barriga nos desprende de la centralidad en su obra pues le propone al observador, a través de la experimentación con la pintura, que trate de completar los huecos que va dejando en blanco. Provoca así que nos alejemos de la realidad, aunque al mismo tiempo tratemos de permanecer en ella. Del gallego Jesús Madriñán podemos ver una muestra de sus fotografías donde la retratística barroca de la pintura ha dejado paso a las nuevas tecnologías y a formas de ocio nocturno, aunque sin perder la solemnidad. Imágenes de naturaleza nocturna acompañan a estos personajes creando un contexto nuevo, en el que parecen no encajar; al igual que Baudelaire no encaja en su época. Por último, Kalo Vicent dirige su mirada hacia un proyecto autobiográfico, de ensoñaciones y narrativa personal, donde muestra cuál es su experiencia en su propio nirvana terrenal.

Este último grupo de obras da paso a lo que se avecina, pues una vez haya terminado ‘Paraísos artificiales’ se dará paso a ‘Paraísos Terrenales’, donde otra serie de artistas nos aportarán su particular visión sobre este concepto tan aprovechado a lo largo de la Historia. Los intermediarios que han hecho posible llevar a cabo esta muestra colectiva se hacen llamar ‘Black Refuge’ un grupo conformado por Ismael Chappaz, Juanma Menero y María Tinoco. Los dos primeros son directores de Espai Tactel y del estudio de diseño Tactelgraphics. Por su parte, Tinoco dirige la galería Mister Pink y, ambas galerías formar parte de LaVAC. Es por eso que quizá podamos identificar a artistas que ya han trabajado con estas galerías, reconocemos piezas de ambos ambientes, pero que quedan unificados bajo este interesante proyecto que pone en valor literatura, fotografía, instalación, escultura y en general, la interdisciplinariedad de las artes bajo la atenta mirada teórica que nos proporcionó en su día el gran poeta maldito Charles Baudelaire.

Obra de Jesús Madriñán. Imagen cortesía de la organización.

Obra de Jesús Madriñán. Imagen cortesía de la organización.

 

María Ramis

La mirada despierta de Sergio Larraín

Sergio Larraín: Vagabundeos
Organizada por el Centro José Guerrero de la Diputación de Granada y producida por
Magnum Photos
Centro José Guerrero
C / Oficios, 8. Granada
Hasta el 27 de marzo de 2016

El fotógrafo chileno Sergio Larraín (1931-2012) atravesó el universo de la fotografía como un meteorito. Su preocupación por la pureza y su atracción por la meditación lo llevaron, después de muchos viajes, a retirarse al campo chileno, donde enseñó yoga para vivir en autarquía. Desde allí escribió mucho, preocupado por la necesidad de transformar la humanidad.

La exposición abarca toda su trayectoria, desde los primeros años de aprendizaje hasta su período Magnum, de las imágenes documentales a aquellas más libres de sus dibujos y los satori. Sergio Larraín tenía un ojo muy vivo, desligado de toda convención. Este enfoque a la vez social y poético hace de Larraín un fotógrafo brillante y un modelo que han seguido las nuevas generaciones.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

La del vagabundeo es quizá la poética con la que el arte entró en la modernidad. Baudelaire y Benjamin valoraron en ella la observación atenta y cabal de la ciudad, la confluencia de los ritmos urbanos y el cuerpo del paseante (la mirada alerta, la escucha). También Sergio Larrain elogió (y eligió) esa actitud. Fue fotógrafo por el placer del vagabundeo, por el deseo profundo de estar en el mundo y por la pureza del gesto. Y sin embargo, pasó gran parte de su vida retirado, practicando yoga y meditación, escribiendo y dibujando. Entre esos dos extremos brilla la estela de su paso por el mundo, intensa como la de una estrella fugaz.

Hijo de una familia de la alta burguesía chilena, Sergio Larrain (1931-2012) se alejó muy pronto del ambiente mundano que se respiraba en casa de su padre, conocido arquitecto y coleccionista de arte. A pesar de las difíciles relaciones que mantuvo con él, llegó a reconocer que gracias a la nutrida biblioteca familiar pudo educar su mirada y acceder a la fotografía.

Tras comenzar los estudios en Estados Unidos, viajó por Europa con su familia. A su regreso a Chile en 1951, se aisló durante una temporada y se inició en la meditación. En Norteamérica había comprado una Leica, y comenzó a hacer fotografías al tiempo que frecuentaba asiduamente el animado ambiente artístico de Santiago. En 1954, deseoso de obtener una opinión sobre su trabajo, envió un portfolio al MoMA de Nueva York y Steichen le compró algunas fotografías, lo que le reafirmó en su deseo de ser fotógrafo.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Trabajó como free-lance para la revista brasileña O Cruzeiro, viajó por América del Sur y más tarde recibió una beca del British Council para hacer fotografías en Londres, donde residió durante el invierno de 1958-1959. Con ocasión de este viaje a Europa se hizo realidad su deseo de entrar en Magnum: mostró a Henri Cartier-Bresson su trabajo sobre los niños abandonados de Santiago y fue aceptado en la prestigiosa agencia. Se instaló, pues, en París durante una temporada, lugar desde donde partiría para realizar numerosos reportajes de prensa.

Muy pronto comprendió que ese mundo apresurado no era para él y volvió a Chile. Allí culminó su principal trabajo, sobre Valparaíso, junto a Pablo Neruda, antes de volver a la meditación, al yoga y al dibujo. A partir de entonces vivió en un aislamiento voluntario, durante el que mantuvo correspondencia con numerosos amigos, obsesionado con la idea de salvar al planeta de los estragos causados por el hombre. Pasó los últimos treinta años de su vida en Tulahuén, en el norte de Chile.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Esta exposición, comisariada por Agnès Sire, abarca toda la trayectoria de Sergio Larraín, fotógrafo cuya mirada despierta, desligada de toda convención, y cuyo enfoque a la vez social y poético hicieron de él un brillante referente para generaciones posteriores. En las salas del Centro José Guerrero se distribuye su obra en distintas secciones, con un arco cronológico que va de 1954 a 1977, desde los primeros años de aprendizaje hasta su período Magnum, de las imágenes documentales a aquellas más libres de sus dibujos y los satori.

En la planta baja se muestran las series Isla de Chiloé (1954-1963) y Niños abandonados (1955-1963), a la que acompaña el corto Niños del río Mapocho. La primera planta acoge las series tituladas Bolivia, Perú, Buenos Aires, París y Londres (1958-1975). En la segunda planta se exhiben las obras de las series Italia, Valparaíso y Santiago (1959-1977), además de una muestra de los satori y dibujos de su última época y libros, catálogos y revistas que recogen su obra, así como algunos tirajes originales.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

 

Despertando a Walden

Exposición del Proyecto Walden
Galería Walden Contemporary, Valencia
Desde el 16 de enero 2015

 

 

“Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme solo a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, y para no descubrir, cuando tuviera que morir, que no había vivido.”

Con estas palabras Henry David Thoreau explica por qué abandonó a sus vecinos de Concord (Massachusetts) y se refugió en una cabaña junto al lago Walden, nombre que recibe este ensayo publicado en 1854 por uno de los pensadores o “filósofos de la naturaleza” que más influencia ha ejercido en el pensamiento ecológico o en movimientos de resistencia no violenta del siglo XX, así como en Gandhi y otros grandes pensadores de nuestro tiempo.

El día 4 de julio de 1845 Thoreau se recluye en una cabaña, construida por él mismo desde la primavera anterior, junto al lago Walden. Alejado de la ciudad, inicia un período relativamente solitario que durará dos años, dos meses y dos días. De esta experiencia surge Walden, un ensayo sobre cómo hay que vivir y qué podemos extraer de la vida.

Felipe-thoreau

H.D. Thoreau por Felipe Ortega-Regalado

“Vivir deliberadamente”, y para ello, despertar. Aquellos que nos sentimos en un “profundo sueño” vemos en Walden un ápice de luz ante una nueva forma de vida, aislada e introspectiva, de trabajo y dedicación. En “Educar la mirada”, Javier Alcoriza, encargado de la traducción de Walden por la editorial Cátedra junto a Antonio Lastra, nos habla de cómo “un buen libro nos hace despertar, como si hubiéramos estado dormidos antes de leerlo. Para leer, en el sentido noble de la palabra, hace falta abrir los ojos, fijar la mirada”.

Thoreau nos propone que desviemos la atención a lo esencial, pues la ornamentación engañosa que rodea al individuo crea una apariencia de quienes podríamos ser y a dónde podríamos pertenecer, cuando en realidad ni nosotros mismos nos conocemos.

“No sabemos dónde estamos. Además, casi la mitad del tiempo estamos profundamente dormidos. Sin embargo, juzgamos que somos sabios y tenemos un orden establecido en la superficie”

 

Obra de Victoria Iranzo

Obra de Victoria Iranzo

En Walden, Thoreau reflexiona sobre la necesidad de leer los grandes libros para construir “nobles ciudades de hombres” en las que la cultura sea el pilar que las sostenga. “La educación real se produce solo cuando avanzamos en la comprensión de los grandes libros.”

Y sin duda, Walden es uno de esos libros que, con el tiempo, se ha hecho grande. Una auténtica Biblia para muchos, que refleja la apasionante aventura de un hombre que pretende construirse a sí mismo. A pesar de este tiempo de “exilio” que vivió, Thoreau llevaría a cabo excursiones durante toda su vida, en la que tomaría notas, de las que hoy en día han salido ensayos tan ricos como Musketaquid de la editorial Errata Naturae, en la que también encontramos las Cartas a un buscador de sí mismo, una serie de conversaciones pausadas con Harrison G. O. Blake, uno de sus buenos amigos junto al filósofo Ralph Waldo Emerson.

Walden por Joël Mestre

Walden por Joël Mestre

Una vez escrito Walden, Thoreau “tenía más vidas que vivir” y para él, el arte de escribir era, en efecto, el arte más cercano a la Vida. Falleció un 6 de mayo de 1862 y el propio Emerson leería como elogio en el funeral:

“Agotó en su corta vida con intensidad las capacidades de este mundo; donde exista conocimiento, donde haya virtud, en donde exista la belleza, allí tiene Thoreau su propia casa.”

Su obra no tiene precedentes. Walden sería un modo de escribir, una auténtica Escritura que da lugar a la narración de su propia experiencia. Esta experiencia es un toque de atención al lector ante el hecho mismo de la vida que se escapa sin darnos cuenta, una idea muy presente en nuestros días, pues vivimos “aislados” a causa de los aparatos electrónicos y las preocupaciones fruto del propio sistema impuesto y el mecanicismo de la ciudad, y sin embargo, estamos alineados con la sociedad, una sociedad que se retroalimenta en su propio tedio, ese “ennui” del que hablaba Baudelaire en Las Flores del Mal.

Neo Walden por  Juan Cuéllar

Neo Walden por Juan Cuéllar

Walden no es solo un libro, es una forma de vida, de pensamiento, de mentalidad, que renace cada vez que alguien lee sus páginas, pero sobre todo, cada vez que alguien, invadido por el deseo de homenajearla, ilustra esta cabaña y las ideas que le evocan sobre el papel.

Y con este homenaje, invito a intentar “despertar” a todo aquel que quiera, y digo “intentar”, pues el mismo Thoreau “nunca había conocido a un hombre completamente despierto”.

Y fruto de este intento, y rememorando una vez más la obra de Thoreau, se presentó el pasado viernes 16 de enero la exposición del “Proyecto Walden” en la galería de arte que precisamente lleva el nombre “Walden Contemporary”.  La exposición que presenta treinta dibujos de las tres carpetas realizadas, se complementa con la presentación de un poemario realizado por Ferrer Lerín  e ilustrado por los dibujos de los artistas Juan Cuéllar, Paco de la Torre, Victoria Iranzo, Gloria Martín, Pepe Medina, Joël Mestre, Roberto Mollá, Felipe Ortega-Regalado, Jorge Tarazona y Teresa Tomás.

En palabras de Joël Mestre: “Les aseguro que todos los autores reunidos en este proyecto son gente muy ocupada, no importa su edad ni su sexo, en sus agendas apenas quedan claros ni fines de semana, hay muy pocos huecos para concesiones. Aunque les sorprendieran vagando por alguna colina o tumbados en el sofá con una brizna de hierba en la boca y en una aparente inactividad, su ocupación no cesa.”

Cada autor presenta cinco obras afines a su lenguaje, realizados en diferentes técnicas sobre papel formato A4 (297 x 210 mm). Los diez dibujos firmados se distribuyen en una carpeta entelada y editada por  la Editorial Fire Drill en colaboración con Encapsulados.

Walden por Roberto Mollá

Walden por Roberto Mollá

El propio Joël Mestre señala: “La alternancia entre la vida sofisticada de la urbe, con sus derivas tecnológicas, y periodos de retiro en plena naturaleza, siguen siendo una buena fórmula de inspiración y de equilibrio. La ausencia de ciertas comodidades y la presencia de rudezas, nos revelan como un animal desnudo y desentrenado en situaciones adversas. En la medida que uno conoce los mecanismos de cada entorno aprende a respetar, disfrutar y orientar mejor sus pasos. Pero la dificultad, como ya sabemos, no está únicamente en cómo posicionarnos en el entorno, sino en cómo encontrar el tiempo de disponibilidad y disfrute, un tiempo de ocio y deseo del que han sido robados estos dibujos.”

Muchos sentimos la inestabilidad propia de un tiempo en el que todo tiembla y en el que necesitamos cuestionarnos cada aspecto de nuestra vida, desde convicciones políticas a metas existenciales que se transforman dado el contexto que vivimos, y buscamos nuevas vías, nuevas formas de entender, un consejo u orientación hacia una vida más “verdadera”. Buscamos despertar.

Walden por Teresa Tomás

Walden por Teresa Tomás

Patricia García Carbonell