Galería Muro, al rescate de Jacinto Salvadó

Jacinto Salvadó
Galería Muro
C / Verónica, 5 – 2ª. Valencia
Hasta finales de octubre de 2015

Lo poco que se conoce de la vida de Jacinto Salvadó es digna de una novela escrita por Alejandro Dumas. Una biografía que recorre dos guerras mundiales y una guerra civil, el fallecimiento traumático de un hijo, una grave enfermedad cuando tenía 10 años, largos viajes a pie por el norte de España,  problemas con la autoridad, residencia en diferentes países europeos, varios personajes de la vanguardia de principios de siglo, masonería, anarquismo, intrigas entre pintores famosos, un viaje fallido a Hollywood la meca del cine, profundo olvido oficial y merecida posterior recuperación histórica. Todos los ingredientes necesarios para dotar a Salvadó de una fuerte personalidad que cristaliza creativamente, porque todo lo que necesita un pintor  está en los libros, en el taller y en la calle, o sea, en la vida, y a Jacinto la suya le dio para mucho.

Diferente es la suerte crítica que nuestro protagonista ha tenido a lo largo del tiempo y, a pesar de ser muy valorado en algunos periodos, al llegar a la vejez se había convertido en un “transpapelado”. Es solo muy al final de su vida cuando, gracias a la labor de galeristas como Juana Mordó y Basilio Muro, y de críticos como Juan Manuel Bonet,  comienza a fraguar el lugar que la historia reserva a este exitoso pintor español. ¿Y por qué digo exitoso si antes lo señalo como un olvidado?. Porque desde mi punto de vista, uno de las mayores cotas a las que puede aspirar un pintor es, a la de poder y querer pintar hasta el final. Sobreponerse a la incertidumbre, la moda, los contratiempos, el público, el mercado, los críticos, la vida, las responsabilidades cotidianas, las necesidades económicas, es mucho mas difícil de lo que puede parecer.

La prueba fehaciente es que hay muchos artistas, grandes y pequeños, que dejaron de pintar. Algunos por pereza como Sebastian del Piombo (1485-1547), la mayoría porque abandonan antes de tiempo y otros porque delegaron completamente su taller en aprendices o ayudantes.  En cambio están los que como Picasso y Salvadó, pintaron hasta el último suspiro. Si traigo a colación al genio malagueño es por dos motivos; primero porque él es a uno de los pocos a los que se les ha permitido cambiar de estilo sin pagar tributo por ello. Y puede que sea precisamente esto, el estilo, o mejor dicho la falta del mismo, de un estilo unitario, una de las causas que ha desubicado a Jacinto durante tanto tiempo en la historiografía oficial.

Obra de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

Obra de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

A muy pocos pintores se les deja campar a sus anchas por la pintura sin ser crucificado por ello -¡que le pregunten a Philip Guston (1913-1980)!-, porque como decía el actor Benicio del Toro en la película de Basquiat (Jualian Schnabel, 1996), “para tener éxito tendrás que hacer siempre lo mismo”. Y Jacinto Salvadó hizo siempre lo que le vino en gana; y segundo porque, para bien o para mal, Pablo Picasso ha sido uno de los personajes mas influyentes en la figura de Salvadó. No ya en su persona o en su obra, sino en su nombre, en su recuerdo, en su lugar en los libros. Hasta su restauración como un nombre a tener en cuenta de la escuela de París española, Jacinto era mas conocido por ser el modelo de un famoso arlequín pintado por Picasso y expuesto en El centro Pompidou de Paris, que por sus propios cuadros. Mas nombrado por la anécdota que por el sudor vertido sobre sus obra. Porque esto es al fin y al cabo lo importante, o mejor dicho, estos, en plural, los cuadros, sus cuadros.

Y es que a pesar de que haya comenzado enumerando brevemente alguna de sus aventuras, un pintor no es por lo que vive o deja de vivir, por la cantidad de nombres conocidos que puede poner en la lista, por una biografía, sino por como es capaz de filtrar, transformar, y plasmar sus experiencias, seas estas del tipo que sean, en su pintura. Como técnica, idea y espíritu se objetualizan en la obra de arte. Por eso debemos respetar una obra que tan bien afronta el juicio del tiempo que es, sin duda, el último tribunal. Una pintura con aciertos y errores, con logros y fracasos, pero que desafía abiertamente a todos aquellos que quisieron desplazarlo de un lugar en nuestra memoria.

La mayoría de los críticos aciertan en coincidir que su obra mas lograda es, aquella que realiza al llegar a la vejez, en la década de los 70. Bendita vejez para él. Una obra abstracta, acrílica -¡que acorde para los tiempos!-, mineral pero también orgánica. Una obra que a muchos lleva a otra obra, a otros pintores, pero como decía Balthus: “un pintor usa un pincel y otro también, ahí está la influencia”.

Desde luego que Salvadó, como buen viajante y buen artista, siempre tuvo los ojos abiertos y decidió beberse sin tapujos todo lo que encontraba a su paso, destilado cuadros que siempre tenían algo de aquello y un poco de lo otro. Pero siempre dotando su trabajo con una entidad propia. Una personalidad que finalmente fragua mas allá de su madurez, en los años sabios, al final del camino, dejando para el recuerdo una serie pictórica que entra por derecho propio en esa cadena de conocimiento y experiencia que los seres humanos llaman cultura, y mas concretamente en este caso, en la historia de la pintura.

Obras de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

Obras de Jacinto Salvadó. Cortesía de Galería Muro.

Pedro Paricio*

*Texto extraído del catálogo de la exposición del Instituto Cervantes de París

 

El ‘éxito’ de Jacinto Salvadó

Jacinto Salvadó (1892-1983)
Galería Muro
C / Correjeria, 5. Valencia
Inauguración: jueves 26 de marzo
Hasta el 30 de abril, 2015

Lo poco que se conoce de la vida de Jacinto Salvadó es digna de una novela escrita por Alejandro Dumas. Una biografía que recorre dos guerras mundiales y una guerra civil, el fallecimiento traumático de un hijo, una grave enfermedad cuando tenía 10 años, largos viajes a pie por el norte de España,  problemas con la autoridad, residencia en diferentes países europeos, varios personajes de la vanguardia de principios de siglo, masonería, anarquismo, intrigas entre pintores famosos, un viaje fallido a Hollywood la meca del cine, profundo olvido oficial y merecida posterior recuperación histórica. Todos los ingredientes necesarios para dotar a Salvadó de una fuerte personalidad que cristaliza creativamente, porque todo lo que necesita un pintor  está en los libros, en el taller y en la calle, o sea, en la vida, y a Jacinto la suya le dio para mucho.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Diferente es la suerte crítica que nuestro protagonista ha tenido a lo largo del tiempo y, a pesar de ser muy valorado en algunos periodos, al llegar a la vejez se había convertido en un “transpapelado». Es solo muy al final de su vida cuando, gracias a la labor de galeristas como Juana Mordó y Basilio Muro, y de críticos como Juan Manuel Bonet,  comienza a fraguar el lugar que la historia reserva a este exitoso pintor español.

¿Y por qué digo exitoso si antes lo señalé como un olvidado? Porque desde mi punto de vista, una de las mayores cotas a las que puede aspirar un pintor es la de poder y querer pintar hasta el final. Sobreponerse a la incertidumbre, la moda, los contratiempos, el público, el mercado, los críticos, la vida, las responsabilidades cotidianas, las necesidades económicas, es mucho mas difícil de lo que puede parecer. La prueba fehaciente es que hay muchos artistas, grandes y pequeños, que dejaron de pintar.

Algunos por pereza, como Sebastian del Piombo (1485-1547), la mayoría porque abandonan antes de tiempo y otros porque delegaron completamente su taller en aprendices o ayudantes.  En cambio están los que como Picasso y Salvadó pintaron hasta el último suspiro. Si  traigo a colación al genio malagueño es por dos motivos, primero porque él es uno de los pocos a los que se les ha permitido cambiar de estilo sin pagar tributo por ello. Y puede que sea precisamente esto, el estilo, o mejor dicho la falta del mismo, de un estilo unitario, una de las causas que ha desubicado a Jacinto durante tanto tiempo en la historiografía oficial.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

A muy pocos pintores se les deja campar a sus anchas por la pintura sin ser crucificado por ello -¡que le pregunten a Philip Guston (1913-1980)!-, porque como decía el actor Benicio del Toro en la película ‘Basquiat’ (Jualian Schnabel, 1996) para tener éxito tendrás que hacer siempre lo mismo. Y Jacinto Salvadó hizo siempre lo que le vino en gana; y segundo porque, para bien o para mal, Pablo Picasso ha sido uno de los personajes más influyentes en la figura de Salvadó. No ya en su persona o en su obra, sino en su nombre, en su recuerdo, en su lugar, en los libros.

Hasta su restauración como un nombre a tener en cuenta de la escuela de París española, Jacinto era más conocido por ser el modelo de un famoso arlequín pintado por Picasso y expuesto en El centro Pompidou de París, que por sus propios cuadros. Más nombrado por la anécdota que por el sudor vertido sobre sus obra. Porque esto es al fin y al cabo lo importante, o mejor dicho, estos, en plural, los cuadros, sus cuadros.

Y es que a pesar de que haya comenzado enumerando brevemente alguna de sus aventuras, un pintor no es por lo que vive o deja de vivir, por la cantidad de nombres conocidos que puede poner en la lista, por una biografía, sino por cómo es capaz de filtrar, transformar, y plasmar sus experiencias, sean estas del tipo que sean, en su pintura. Como técnica, idea y espíritu se objetualizan en la obra de arte. Por eso debemos respetar una obra que tan bien afronta el juicio del tiempo que es, sin duda, el último tribunal. Una pintura con aciertos y errores, con logros y fracasos, pero que desafía abiertamente a todos aquellos que quisieron desplazarlo de un lugar en nuestra memoria.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

La mayoría de los críticos acierta en coincidir que su obra más lograda es aquella que realiza al llegar a la vejez, en la década de los 70. Bendita vejez para él. Una obra abstracta, acrílica -¡qué acorde para los tiempos!-, mineral pero también orgánica. Una obra que a muchos lleva a otra obra, a otros pintores, pero, como decía Balthus, “un pintor usa un pincel y otro también, ahí está la influencia».

Desde luego que Salvadó, como buen viajante y buen artista, siempre tuvo los ojos abiertos y decidió beberse sin tapujos todo lo que encontraba a su paso, destilando cuadros que siempre tenían algo de aquello y un poco de lo otro. Pero siempre dotando su trabajo con una entidad propia. Una personalidad que finalmente fragua mas allá de su madurez, en los años sabios, al final del camino, dejando para el recuerdo una serie pictórica que entra por derecho propio en esa cadena de conocimiento y experiencia que los seres humanos llaman cultura, y más concretamente en este caso, en la historia de la pintura.

La galería Muro le dedica a Jacinto Salvadó una exposición a partir del 26 de marzo, que coincide en el tiempo con otras dos en la Sala Dalmau de Barcelona (ya inaugurada el 3 de marzo, que se mantendrá hasta el 20 de abril) y en el Instituto Cervantes de París (del 8 de abril al 30 de mayo).

Obra de Jacinto Salvadó, extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Pedro Paricio

Travesías

Travesías
Reales Atarazanas de Valencia
Del 23 de octubre 2014 al 6 de enero 2015

En este año 2014 se cumplen dos décadas de la celebración de la exposición Muelle de Levante (Club Diario Levante, Valencia 1994), una referencia representativa de la nueva pintura figurativa española, cuyo núcleo levantino fue denominado “neometafísico” para distinguirlo de otras fenómenos artísticos como La Nueva Figuración Madrileña o la pintura sevillana de los ochenta.

Fue en la década de los años 90 cuando, desde posicionamientos individuales y unas claves comunes, un grupo de artistas manifestó un modo de entender la pintura basada en la tradición y las aportaciones de la vanguardia. En el eje mediterráneo, y especialmente en la Comunidad Valenciana, fue donde se localizó su epicentro más activo. Esta original propuesta se nutre de influencias tan variadas como el cómic, el cine, la literatura, la arquitectura o la propia pintura.

Dis Berlin. Cantos, Arquitectura moderna. 2012. Acrílico, vinílico y óleo/lino. 195 x 195 cm.

Dis Berlin. Cantos, Arquitectura moderna. 2012. Acrílico, vinílico y óleo/lino. 195 x 195 cm.

Gran parte de los artistas que hace veinte años formaron parte de Muelle de Levante, y algunos más que podrían haber participado, se reagrupan dos décadas después en la exposición Travesías. Una muestra que quiere ser, ante todo, una celebración de aquel acontecimiento analizando el estado actual de dicho fenómeno artístico y de la sólida trayectoria de los artistas que, de un modo u otro, han participado en su desarrollo.

Joël Mestre. Pecio nacionalista. 2012. Pigmento y látex sobre loneta. 195 x 150 cm.

Joël Mestre. Pecio nacionalista. 2012. Pigmento y látex sobre loneta. 195 x 150 cm.

Sus múltiples referentes culturales abarcan desde Tintín a Micky Mouse, de Moby Dick al western, del racionalismo o el cubismo arquitectónico al surrealismo, de Modiano a Góngora, pasando por un conocimiento exhaustivo de la historia del arte y el influjo de poéticas de pintores orillados por las vanguardias conceptuales como Hopper, Morandi, Deineka, De Chirico o Balthus.

Teresa Tomás. Terciopelo azul. 2014. Óleo/lienzo. 195 x 130 cm.

Teresa Tomás. Terciopelo azul. 2014. Óleo/lienzo. 195 x 130 cm.

Travesías muestra una representativa variedad de poéticas, donde se incluyen desde concepciones próximas al realismo como las de García-Alix, Flores y Carratalá, a las abstracciones de Dis Berlin, Cordón, Domènech y Mollá. Entre los dos extremos podemos encontrar las complicidades con la imagen fotográfica, el cine y los media, presente en la obra de Sicre, Charris, Villalba, Rubert, La Mutua Artística y Tena. La figuración esencial de Balanzà, Mendoza, Bloise, Esteban, Gálvez y Tarazona. Los espacios híbridos de Rojas y De la Torre. Para concluir con las imágenes sintéticas de Mestre, Cuéllar, Ribes y Teresa Tomás.

Ángel Mateo Charris. Euronómadas. 2011. Óleo/lienzo. 200 x 200 cm.

Ángel Mateo Charris. Euronómadas. 2011. Óleo/lienzo. 200 x 200 cm.

La exposición está patrocinada por Heineken y cuenta con la colaboración de Mapfre, ABBA Acteón, Arte10.com, OFP Observatorio de la Figuración Postconceptual, L3C Multimedia y el Departamento de Pintura de UPV. En ella, podrá verse obra de los ya citados Enric Balanzà, Andrea Bloise, Calo Carratalá, Fernando Cordón, Juan Cuéllar, Ángel Mateo Charris, Paco De la Torre, Dis Berlin, Antoni Domènech, Pedro Esteban, Damián Flores, Alberto Gálvez, Carlos García-Alix, La Mutua Artística (José V. Martín e Iván Albalate), Joël Mestre, Tomás Mendoza, Roberto Mollá, Jordi Ribes, Antonio Rojas, Gino Rubert, Gonzalo Sicre, Jorge Tarazona, Santi Tena, Teresa Tomás y Aurelia Villalba.

Más información en http://www.figuracionpostconceptual.com