Cerámica y pintura de Lee Seyong

Tierra, fuego y naturaleza, de Lee Seyong
Centro Cultural Coreano
Paseo de la Castellana, 15. Madrid
Del 11 de agosto al 30 de septiembre de 2016

‘Tierra, fuego y naturaleza’ es una muestra de artesanía elaborada con porcelana blanca y azul. Inspirada por motivos de la naturaleza, la tierra y el fuego, como pájaros, personas, flores y diversos utensilios. Predomina principalmente el color azul, aunque hay obras con estampados de otros colores, como el marrón o el verde.

El arte de la porcelana tradicional coreana Qinghua tiene gran influencia de las dinastías chinas, como la Yuan o la dinastía Ming. Este hermoso arte importado de China en el siglo XV desarrolla figuras de gran belleza y delicadeza. La pintura natural, sensorial y de excelente cuidado y pureza da como resultado objetos de gran armonía.

Notable por su blancura luminosa, se las conocía como porcelanas de blancura de nieve. Los motivos suelen ser florales e inspirados por la naturaleza, así como por historias, canciones y paisajes. También podemos encontrar figuras ecuestres o montañas. Sobre el fondo blanco se dibuja con tintes de diversos colores, como verdes, marrones o rojos, aunque en el caso de la exposición de Lee Seyong el color más utilizado es el azul.

Obra de Lee Seyong. Imagen cortesía Centro Cultural Coreano.

Obra de Lee Seyong. Imagen cortesía Centro Cultural Coreano.

De origen coreano el artista Lee Seyong ha sido investigador principal en el Instituto de Ingeniería y Tecnología de Corea, así como profesor adjunto en diversos centros educativos como la Universidad Nacional de Ciencia y Tecnología de Seúl, la Universidad Kangnam o el Incheon City College.

Como artista ha participado en numerosas exposiciones en grupo y hasta 26 individuales, como la Exposición de artistas Coreanos y Turcos en Estambul o la colección pública en el Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Corea. Sus exposiciones le han llevado a países y ciudades de todo el mundo, como Nueva York, Japón, China, Londres o Miami.

Además de dar a conocer la cultura coreana a través de la cerámica, Lee Seyong desea “presentar el nuevo aspecto de la cerámica coreana moderna, que es un arte que trabaja cruzando la cerámica y la pintura, y aplicándola de una manera tanto tradicional como contemporánea”.

El Centro Cultural Coreano desea que esta muestra represente una gran oportunidad para conocer las obras de artesanía del artista coreano, y dar a conocer artistas del país asiático y obras de la cultura coreana en España. Por ello, también ha programado diversos talleres que contarán con la presencia del artista.

Jules Julien, Blues en Espai Tactel

‘Blue Series: A Romantic Cluedo’, de Jules Julien
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 14 de noviembre
Hasta el 31 de diciembre de 2014

El misterio que desprenden las imágenes de Jules Julien sitúa al espectador en un escenario de duda. Le obliga a convertirse en parte del proceso –en “sospechoso”– de la recomposición de las memorias personales del artista, como si de un cadavre exquis se tratara, que ahora aparecen reflejadas en nuestro propio espejo. Desde hace varios años su trabajo artístico consiste en interpretar la realidad y sus experiencias pasadas a través de composiciones digitales. Unas veces son rostros o fragmentos del cuerpo en los que enfatiza diferentes aspectos mediante el encuadre. Otras se trata de objetos o situaciones. Son imágenes que dejan de ser aquello que representan al desdoblarse, se transforman en símbolo y son dotadas de una gran carga enigmática y de extrañeza.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Jules Julien con ‘Blue Series: A Romantic Cluedo’ presenta su primera exposición individual en Espai Tactel. La cual articula bajo un solo color: el azul. Otras series anteriores han sido dedicadas a otros colores, como pueden ser el blanco o el rojo. Si bien es cierto que existen precedentes en la elección monocroma como es el caso de los monochromes blues del también artista francés Yves Klein o de la trilogía Trois couleurs del cineasta polaco Krzysztof Kielowski, la muestra de Julien se compone, por un lado, de una serie de imágenes digitales impresas en diversas tonalidades de color azul –unas partes más claras, con leves matices de un azul claro y otras más oscuras– que componen un fuerte universo poético fácilmente reconocible por el uso de las formas limpias y depuradas. Algunas de las imágenes aparecen duplicadas, mirándose a sí mismas en un intento de recuperar esos recuerdos.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Se trata de imágenes-reflejo. Su obra rezuma una nostalgia por recoger figuras y objetos familiares. Pero siendo conscientes de que, como advierte Enrique Vila-Matas, “la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte”.

Por otro lado, encontramos una proyección en el que se superponen imágenes creando un juego visual a modo de flashback que producirá un efecto confuso y de desorden ante el espectador.

Obra de Jules Julien en la exposición Blues. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Asimismo, la muestra se completa con el libro Les Souveniers –‘Los recuerdos’. Una publicación que recoge fragmentos de aquellas situaciones vividas por el artista: desde los objetos tan bien iluminados y perfectamente definidos en una noche fluorescente azul o un hombre subido a un tractor vestido con unas bermudas azules de lycra hasta la acogedora habitación azul de una artista o las salpicaduras azul-púrpura en las manos al presionar con ellas los racimos de uva en una cubeta. Y es que el azul sirve de nexo de unión de todas sus vivencias. El azul lo impregna todo como el sonido melancólico del blues.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blues Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blues Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

En definitiva, la obra de Julien reunida para esta exposición responde a su personalidad particular que logra elaborar un complejo pero homogéneo discurso poético y plástico a la vez que se constituye como sujeto dentro de su producción. Este trabajo se presenta como piezas de un relato: representaciones de objetos –flores, cráneos, urracas, chicharras, perros–, escritos y proyecciones, que narra un itinerario de las memorias de su universo personal, de su forma de entender la realidad. Además, la estructura hermética de sus obras hace que se presenten como jeroglíficos y exigen al espectador mantener una actitud consciente y activa. Es decir, a ser partícipe de este cluedo. Una verdadera invitación a andar y seguir las pistas en las habitaciones, estancias y pasajes secretos de la Mansion Boddy de Jules Julien. Pues, en cierto modo, como escribe Julio Cortázar en Rayuela: “andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

José Luis Giner Borrull

La Noruega de Carratalá, en pequeño formato

Noruega 2011, pequeño formato, de Calo Carratalá
Galería Cuatro
C/ La Nave, 25. Valencia
Inauguración: jueves 16 de enero, a las 20.00h
Hasta el 17 de febrero

En la epopeya de Gilgamesh se cuenta en cierto pasaje cómo “el miedo hizo nido dentro de sus entrañas”, para rematar a continuación: “Su rostro era el de un hombre que llega de muy lejos”. Es esa lejanía, sin duda desoladora, la que se percibe en la obra de Calo Carratalá que, tras ser expuesta en el Centro del Carmen, recala ahora en la Galería Cuatro en pequeño formato. Atraen, al tiempo que provocan, si no miedo, una enorme inquietud, esos paisajes realizados hace poco más de dos años durante una estancia en Noruega. La tensión entre esos grandes fondos sin figuras, cuyo despojamiento asombra, y esos diminutos colores marrones de las cabañas a las que uno se agarra en medio de la blanca nieve, provocan en el espectador esa suerte de atracción y melancolía que destila la obra de Carratalá.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

El conjunto de piezas lo ha titulado el artista lacónicamente Noruega 2011. Otro acierto. Porque a esos grandes paisajes nórdicos pintados con gran economía de recursos y compleja sencillez, sólo se puede entrar con el silencio sobrecogedor al que invita la propia naturaleza. Las montañas, los lagos, las carreteras nevadas, flanqueadas por finos postes telegráficos, todo parece destinado al sobresalto hierático, a despojarse de las comodidades que abotargan los sentidos, para mantener una mirada perpleja ante tamaña vastedad.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011.

Calo Carratalá llegó a la residencia para artistas en Alvik, cerca de Bergen, a la que fue invitado, y desde allí emprendió la aventura exploratoria que refleja en sus cuadros. Descubrió islas, lagos, fiordos, montañas, entre Oslo y Tronson, ya en el círculo polar ártico. Y magnetizado por ese paisaje, fue tomando notas en unos cuadernos de viaje y trazando el mapa sentimental de su experiencia por aquellos espacios nevados. Experiencia que el espectador, si quiere ponerse a su altura, debe repetir con el mismo asombro que el artista recoge en su obra.

Enormes montañas en Lyngen, fiordos en Nor-Norge, las islas Lofoten, casas en la costa de Sor-Trondelag: no hay respiro para la mirada, que asiste impávida a ese recorrido por la vasta soledad del paisaje nórdico, blanco, nevado, temblando ante la posibilidad de que tan majestuosas y grises montañas descarguen su ira de un momento a otro. Calo Carratalá, de vez en cuando, deja que se asome cierto azul del cielo, entre blancos, ocres y negros. Y con qué alivio descubre el espectador esas pequeñas cabañas de madera, refugio para una vista que se pierde en la inmensidad de esa naturaleza amenazadora.

Obra de Calo Carratalá de sus serie Noruega 2011.

Obra de Calo Carratalá de sus serie Noruega 2011.

Noruega 2011 es un ejercicio plástico que no deja precisamente helado, sino que, gracias a la destreza del artista al captar sin artificios añadidos la esencia de esos paisajes nevados, fríos, sobrecogedores, provoca cierto deshielo en la mirada. Por eso atrae, al tiempo que produce escalofrío, esa naturaleza nórdica. Será porque, en el fondo, compartimos con Rilke aquello de que la belleza es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar. Y lo soportamos, después de todo, gracias al trabajo viajero de Calo Carratalá, el artista que surgió del frío para animarnos a compartir su honda experiencia nórdica.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Obra de Calo Carratalá de su serie Noruega 2011. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Salva Torres