Saura: «siempre estoy pensando en el futuro»

Entrevista al director de cine, fotógrafo y escritor Carlos Saura, con motivo de la presentación su última novela, ‘Ausencias’, editada por el sello Laborinto
Librería Railowsky
53 Fira del Llibre de València

El eximio director de cine Carlos Saura ha recalado en la ciudad, en compañía del editor Emilio Pascual y del catedrático de la Univesidad de Alcalá de Henares Antonio Fernández Ferrer, para presentar ‘Ausencias’ –cuarta novela del autor, publicada por el sello madrileño Laborinto–, invitado por la Librería Railowsky y en pleno cronograma de la 53 Fira del Llibre de València.

Con tal motivo y tras los encuentros con el público celebrados en La Llotgeta y en la sede de la Librería Railowsky, Makma entrevista en los Jardines de Viveros (entre rúbicras y dedicatorias) al provecto y prolífico autor aragonés con el fin de aventurar una mirada reflexiva sobre algunos aspectos de su cosmogonía metodológica.

Se presenta en Valencia con su cuarta novela, ‘Ausencias’, polarizada en torno de la ausencia fotográfica, de la cámara como germen y elemento vertebrador y, a la par, como enigma.

Sí. Aunque no me gusta desvelar demasiadas cosas de la novela, la asuencia proviene de un libro de Diane Arbus, la fotógrafa americana (por cierto, maravillosa). Me compré un libro sobre su obra en Madrid y tenía una página rasgada, rota, y me pareció como una especie de violación de un libro tan precioso. Lo iba a devolver y entonces pensé: “en vez de devolverlo, voy a pensar qué es lo que había en esta página”. Entonces comencé a escribir la novela.

¿Se advierte usted en la narrativa transitando por un territorio libérrimo, en comparación con otros oficios artísticos?

No. Lo que pasa es que escribir es un proceso solitario, es una maravilla. En el cine escribir un guión es igual, estás solo, pero luego tienes que hacer una película y estás con cuatrocientas personas; es un lío trabajar con un grupo tan grande de gente. En cambio, dibujar, pintar, escribir música (no interpretarla, claro) o escribir una novela son procesos solitarios y todo lo que ocurrre te sucede a ti, no hay nadie que te pueda ayudar; eso me parece muy interesante.

Carlos Saura, durante un instante del acto de presentación de su novela 'Ausencias', en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Carlos Saura, durante un instante del acto de presentación de su novela ‘Ausencias’, en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Sin duda, un concepto que puede ajustarse a su perfil creador es el dilentantismo, en tanto que usted ejerce y se nutre de múltiples campos, influjos e inquietudes.

Es verdad. Yo digo siempre que soy un aficionado de todo. De la fotografía menos, porque he sido profesional y puedo ser un buen fotógrafo si quiero, aunque no me interesa serlo tampoco. Pero en cuanto a todo lo demás, excepto el cine, son cosas periféricas que me sirven, en el fondo, para cultivarme y estar con la cabeza despierta y para hacer alguna película, aunque no siempre. Creo que escribo ahora mucho mejor que antes, porque, como todo en la vida, si escribes todos los días un poco terminas escribiendo bien, como sucede con la fotografía, la pintura, todo; si practicas terminas haciéndolo mejor. Pero bueno, nunca presumo de ser un gran pintor ni escritor, ni me interesa.

¿Encontrarse en permanente ebullición creativa también es un motivo para no volcar la mirada o no revisitarse?

Sí, a mí no me interesa revisitar mi obra, nada. A veces, no tengo más remedio, porque he hecho más de cuarenta películas y, en ocasiones, me reclaman de un festival o me realizan un homenaje y me da vergüenza levantarme y marcharme; no tengo más remedio que verlo. No me gusta nada ver mis películas, siempre estoy pensando en el presente y en el futuro, en lo que vas a hacer, y no en lo que has hecho ya, porque eso es muy aburrido. Es más, a veces las veo y no me parece que sean mías.

¿Qué le ha parecido el trabajo documental sobre su trayectoria implementado por Félix Viscarret en ‘Saura(s)’?

Me pareció bien. Un trabajo muy agradable. Me convenció, vino a mi casa, me habló del proyecto, fue muy simpático y amistoso y dije: “Venga, vamos a lanzarnos a esta aventura”. Lo malo es que ahora hay varias personas que quieren hacer lo mismo y ya me niego. Ese documental está hecho y ya está.

Sobre usted puede componerse un retrato de infatigable y diversificado autor que se adentra en ciertos territorios recurrentes. ¿Qué papel de relevancia concede a la obsesión como elemento de creación?

Creo que eso es muy importante, siempre que eso no te lleve a ausencias. Debe tenerse mucho cuidado con esos límites. Pero las obsesiones son fundamentales en la vida; y no solo eso, sino la pasión por las cosas. Buñuel decía una cosa que a mí me interesaba mucho: “la pasión lo justifica todo”. Si embargo, yo creo que no, que no justifica un crimen, por ejemplo. Para él hasta un crimen, si es pasional, estaba justificado. Yo creo que eso es una barbaridad, sobre todo ahora.

Carlos Saura, en compañía de Juan Pedro Font de Mora, propietario de la Librería Railowsky, y Merche Medina, miembro de la revista Makma y co-directora de Versos y Trazos Editorial, durante la firma de ejemplares del director y escritor aragonés en la 53 Fira del Llibre de Valéncia. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Carlos Saura, en compañía de Juan Pedro Font de Mora, propietario de la Librería Railowsky, y Merche Medina, miembro de la revista Makma y co-directora de Versos y Trazos Editorial, durante la firma de ejemplares del director y escritor aragonés en la 53 Fira del Llibre de Valéncia. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Una de sus pasiones artísticas de fuste profesional, como mencionaba, se encuentra en la fotografía. Sin embargo, no solo le concede relevancia a la composición de la imagen sino a los entresijos de su mecánica, a las entrañas de la cámara fotográfica. 

Sí, siempre he sido muy manitas, muy habilidoso. Durante una temporada construía muebles para mi casa, por ejemplo. Y, sobre todo, llevo muchos años trabajando con los objetivos y las cámaras, desmontándolas, tratando de arreglarlas, aunque a veces no las arreglo, sino que las destruyo (risas). Encuentro fundamental trabajar con las manos, con los dedos. Es una cosa esencial, no solo escribir y pensar, sino que hay que hacer cosas manuales. Esa es una gran ventaja de los pintores, por ejemplo; por eso ellos suelen vivir muchos años en general, porque trabajan de pie, permanecen activos, etc.

¿Qué les aconsejaría al respecto a los nativos digitales?

A los nativos digitales hay que decirles que trabajen con las dos manos. No solamente con la derecha, sino también con la izquierda. Me parece que es muy importante tener ocupadas siempre las dos manos; no perder la manualidad. Es algo que veo en mis propios hijos, especialmente a través de los teléfonos móviles. Aunque he visto a mi hija escribir con las dos manos y no parece una cosa tan fácil.

Esta transformación técnológica aplicada al cine puede convertir a la figura del director en un potencial y verdadero demiurgo, que no solo es capaz de controlar aquellas cuestiones que afectan a la semántica y al contenido de sus creaciones, sino que también se encuentra facultado para dominar todos los elementos técnicos. Sin embargo, usted siempre se ha caracterizado por procurar una férrea autoridad sobre todas las facetas metodológicas que entran en juego durante el rodaje. 

Yo he intentado siempre controlarlo todo. Sobre todo a partir de ‘La caza’, porque yo hice una película anterior, que se llamaba ‘Llanto por un bandido’, que la montaron en Italia y no llevaron a cabo nada de aquello que quería montar. A partir de ahí decidí controlar absolutamente todo, haciendo películas pequeñas que pudiera controlar (aunque he hecho alguna grande); que no se escape nada, ni la música, ni la fotografía. He trabajado con fotógrafos estupendos, pero si hay algo que no me gusta lo digo directamente. No hay nada que no me guste que esté presente en mis películas.

De todos modos, en el cine tienes que delegar. Si tienes un fotógrafo como Vittorio Storaro, que es una maravilla, ya sabes que llegas a un acuerdo con él. Puede haber alguna cosa que no te guste, pero, vamos, pocas cosas, porque ya estamos muy de acuerdo. Es una tranquilidad tener a una persona que es una maravilla iluminando y que sabe iluminar mucho mejor que tú. Yo puedo hacer técnicamente una película en blanco y negro, pero nunca la podría hacer en color; el color es muy complicado.

¿Cómo ha recibido y aplicado esta metamorfosis digital en el universo cinematográfico?

El cine ha cambiado radicalmente, como la fotografía. Las cámaras digitales son cada vez más perfectas. Rodar con cámaras digitales es una comodidad enorme, porque antes se paraba cada diez minutos, había que cambiar el rollo, nunca veías el material hasta que no se positivaba en el laboratorio y, de repente, te llevabas sorpresas, como un micrófono que se veía por ahí y había que cambiar la toma. Ahora con un par de monitores y demás estás viendo y dominando todo ese campo. En ese sentido, como en la fotografía, se ha dado un salto vertiginoso; estoy completamente a favor de estos cambios. No soy como algunos que piensan que todo era mejor antes (eso es una tontería).

El director de cine y escritor aragonés Carlos Saura posa frente al Mercado Central de Valéncia en los instantes previos a su encuentro con el público en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El director de cine y escritor aragonés Carlos Saura posa frente al Mercado Central de Valéncia en los instantes previos a su encuentro con el público en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

Carlos Saura se presenta en Valencia con ‘Ausencias’

Ausencias, de Carlos Saura
La Llotgeta (Plaza del Mercado, 4)
Librería Railowsky (Grabador Esteve, 34)
Miércoles 2 de mayo de 2018, a las 19.00 y las 20.30h, respectivamente
Jardines de Viveros. Feria del Libro de Valencia
Jueves 3 de mayo, de 11.30 a 13.00h

El director de cine Carlos Saura presenta en València, en el marco de la Feria del Libro, su novela ‘Ausencias’. Lo hará en tres actos que tendrán lugar en La Llotgeta, a modo de coloquio con el autor, y en la Librería Railowsky, ambos el miércoles 2 de mayo, y en los Jardines de Viveros, donde firmará ejemplares de su libro, el jueves 3.

Carlos Saura (Huesca, 1932) ha dirigido más de 40 películas, entre las que cabe recordar: ‘La caza’; ‘Peppermint frappé’; ‘El jardín de las delicias’; ‘Ana y los lobos’; ‘La prima Angélica’; ‘Cría cuervos’; ‘Elisa, vida mía’; ‘Bodas de sangre’; ‘Carmen’; ‘¡Ay, Carmela!’; ‘Sevillanas;’ ‘Flamenco’; ‘Tango’; ‘Goya en Burdeos’; ‘El séptimo día’; ‘Io, Don Giovanni’ y ‘La jota’.

Saura desarrolla también una constante actividad como novelista, dibujante y fotógrafo. Entre sus novelas publicadas: ‘Pajarico solitario’; ‘Esa luz’; ‘Elisa, vida mía’. De sus libros de fotografías, cabe reseñar: ‘El Rastro’; ‘Flamenco’; ‘Las fotografías pintadas de Carlos Saura’; ‘Saura x Saura’; ‘VanishedSpain / España, años 50’.

‘Ausencias’, la novela que presenta en València, cuenta a su vez con una edición limitada exclusiva de caja-estuche (200 ejemplares numerados) diseñada por Laura Casalis (Franco Maria Ricci Editore). La caja-estuche (25,6 x 34,6 x 3,5 cm.) contiene: Plaquette ilustrada, de 16 páginas con firma autógrafa de Carlos Saura y textos de presentación; carpeta con 28 láminas en color (tamaño 20,5 x 29 cm.) en papel Stucco Sirio de 250 gramos, y ejemplar de la novela ‘Ausencias’ (Madrid, Ediciones Laborinto, 350 páginas).

Carlos Saura nos ofrece en esta novela (mucho más que un thriller) un sobrecogedor juego laberíntico que borra las fronteras entre realidad y ficción. El libro también incluye, como primicia exclusiva, los dibujos en blanco y negro de cámaras fotográficas pertenecientes a la colección del autor y elementos fundamentales en la intriga de una obra en la que también los más grandes fotógrafos (Erich Salomon, Weegee, Diane Arbus, Edward Weston…) tienen un papel estelar.

Carlos Saura. Autorretrato con Ernemann. Por cortesía del autor.

Carlos Saura. Autorretrato con Ernemann. Por cortesía del autor.

Mr. Pink se llena de múltiples Ausencias

Ausencias. Cristóbal León, Joaquín Cociña & Niles Atallah, Andreas von Gehr, Martínez Bellido, Francisco Reina, Rodríguez Silva y Eduardo Nave
Galería Mr. Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Hasta el 3 de marzo de 2017

Mr. Pink y AJG Contemporary Art Gallery presentan el proyecto expositivo ‘Ausencias’, comisariado por Antonio Jiménez con la obra de los artistas Cristóbal León, Joaquín Cociña & Niles Atallah, Andreas von Gehr, Martínez Bellido, Francisco Reina, Rodríguez Silva y Eduardo Nave. Esta muestra es un proyecto ‘pop-up’ de AJG Gallery realizado en la galería Mr. Pink de Valencia que podrá verse hasta el 3 de marzo.

La presente muestra expone los modos de entender la ausencia de una selección de artistas que manifiestan, a través de sus obras, este complejo e inabarcable concepto. La ausencia puede analizarse desde diferentes perspectivas, hablamos de ausencia en el silencio, en la omisión de la imagen, en los espacios vacíos y en la muerte -quizás la más imponente y temida de las ausencias-. En cualquiera de sus connotaciones, la ausencia siempre la entendemos como un elemento antagónico, siendo el paso del tiempo lo que modifica la condición de lo que existe -la presencia- en lo que deja de existir -ausencia-.

Lucia. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Cociña, León y Atallah. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Estas obras son el ejemplo más claro de la presencia impalpable, de lo que fue y ya no es, de lo que permanece pero de otra manera, más allá del umbral de la existencia. Bajo estas nociones podemos entender obras como Lucía y Luis, obras de Joaquín Cociña, Cristóbal León y Niles Atallah. Su trabajo consta de dos vídeos construidos en stop motion donde los protagonistas relatan sus propias historias. Las secuencias no se disponen en un orden lógico en el tiempo, sino que son narrativas fragmentadas con voz en off; Lucía y Luis no conocen el modo de verbalizar las emociones que les invaden y se expresan con toda la pureza e intensidad que sólo un niño es capaz de sentir. El espectador deberá convertirse en su cómplice e intentar reconstruir la verdadera historia.

Obra de Eduardo Nave. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Eduardo Nave. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Por otro lado, Eduardo Nave nos trae la ausencia en los espacios, de aquellos que fueron habitados y en los que ya sólo retumba el eco de las voces en el olvido. En su trabajo SOLO VOL.IV. muestra algunos de los escenarios de la antigua cárcel de Segovia, captando la esencia original del lugar y permitiendo al espectador imaginar el modo en que podía desarrollarse la vida en su interior; precisamente por su ausencia, se advierte el peso de las historias que entre esos muros y tras esas puertas acontecieron.

Obra de Martinez Bellido. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Martinez Bellido. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Si la fotografía surge como un modo de aligerar el proceso de plasmación de la imagen, Martínez Bellido aniquila este principio de instantaneidad para convertir la fotografía en dibujo. El artista se sirve del halo del que están dotadas antiguas fotografías pertenecientes tanto al archivo familiar como a otros completamente ajenos a él y las modifica, creando una suerte de punctum barthesianos que convierten a cada fotografía en una incógnita. En ocasiones, esos punctum o sugestivos detalles residen en la escena, y otras en los rostros de quienes parecen estar enterrados en el recuerdo, como un fantasma que no traspasa la vida, pero tampoco el linde de la muerte; como diría Alberto Ruiz de Samaniego, son «seres en el dominio de lo espectral».

Obra de Francisco Reina. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Francisco Reina. Imagen cortesía de Mr. Pink.

En las obras de Francisco Reina la ausencia reside en lo innecesario de la representación en la fotografía y en la demostración de la carga expresiva que puede albergar un solo detalle, enfrentándonos ante un modo de comunicación que, aunque no verbal, es toda una declaración de intenciones. Su serie de fotografías tiene una base de intencionalidad política, manifestando la sutil agresividad encubierta de los métodos de persuasión que ejercen políticos y demás cargos de poder sobre la población. El artista ha descontextualizado no sólo el momento de lo que parece ser un discurso, sino también la propia imagen, negando la identidad del sujeto para potenciar un rasgo de su psicología y de su propósito a través de los gestos.

Obra de Andreas Von Gehr. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Andreas Von Gehr. Imagen cortesía de Mr. Pink.

El trabajo de Andreas von Gehr es una reivindicación del recuerdo, un alegato en defensa de la memoria. La dictadura de Chile dejó tras de sí un gran número de desaparecidos cuyo paradero aún se desconoce. Actualmente, en las manifestaciones donde se reclama justicia, los rostros de las víctimas son los que aparecen impresos, como un modo de hacerlos hablar a través de la imagen. Sin embargo, von Gehr modifica este orden y muestra el rostro de una mujer viva en el lugar que debería ocupar un desaparecido, manifestando de este modo el dolor que sienten por “ese vacío eterno entre no saber si está vivo o muerto” los que permanecen. Un detalle revelador será la estrella -símbolo de la bandera chilena-que explosiona y se derrama sobre el rostro de quien sigue soportando la ausencia de sus seres queridos.

Por último, la obra de Rodríguez Silva revela el antitético paisaje de una naturaleza no visible pero sí envolvente. «La obra de arte es un rincón de la naturaleza visto a través de un temperamento» mencionaba Zola en El naturalismo en el teatro, frase que perfectamente podría definir este paisaje antagónico que, precisamente por la ausencia de imagen, multiplica sus posibilidades evocadoras. La serie de texturas que se observan dentro del juego matérico son denominadas por el propio autor como accidentes, y son producto de una gestualidad donde la forma se configura según el capricho de la pintura -donde el autor pierde, voluntariamente, todo control-.

El peso de lo que no es visible o palpable puede llegar a ser mucho más poderoso sensitiva y emocionalmente que el sujeto u objeto cuya presencia sea un hecho. Por esta misma condición contradictoria, Ausencias cuestiona la esencia del propio concepto, mostrándose como un proyecto donde la paradoja está servida, ya que será la ausencia la responsable de inundar todo el espacio.

María Arregui Montero

Kir Royal se llena de Ausencias

Ausencia. Gil Gijón, Carlos Sagrera y Josep Tornero
Kir Royal Gallery
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Inauguración: viernes 29 de mayo de 2015, a las 20.00h
Hasta el 10 de julio, 2015

La galería Kir Royal presenta la exposición colectiva  ‘Ausencia’ con las obras de los artistas españoles Gil Gijón Bastante, Carlos Sagrera y Josep Tornero. A través de técnicas y metodologías diferentes, los tres artistas abordan el tema de la ausencia concebida como pérdida, falta, o simplemente como recuerdo y memoria.

La exposición abre con los lienzos de Carlos Sagrera (Madrid, 1987), que proyectan al visitante en las estancias de la casa de sus abuelos, vacía tras su desaparición. A partir de unas fotografías de los años setenta, el artista empieza a realizar una reconstrucción pictórica de los espacios en los que ha crecido. Utiliza el material fotográfico como documentación y como catalizador de su memoria, recuperando un pasado individual que de alguna forma puede llegar a conectarse de manera colectiva dentro de un marco geográfico temporal.

Obra de Carlos Sagrera en la exposición 'Ausencia'. Imagen cortesía de Kir Royal.

Obra de Carlos Sagrera en la exposición ‘Ausencia’. Imagen cortesía de Kir Royal.

¿Qué es lo que queda del pasado en estos espacios ahora vacíos? Mediante el material fotográfico que ha ido encontrando y realizando posteriormente sobre la casa, Sagrera trata de recomponer desde un punto de vista personal la idea de la pérdida, el duelo, el refugio… Le interesa entrar en la vida privada para llegar a lo que se oculta a conciencia, lo que permanece dentro, detrás de lo que vemos a primera vista y no se deja ver, lo siniestro, los espacios que comienzan en los límites de la imagen.

La memoria y el paso del tiempo son dos factores que producen inquietud al artista, es por ello que comienza a trabajar con esta reconstrucción como con un sentido de “frenar” ese desarrollo natural y la pérdida del espacio haciéndolo imagen. Para ello ha ido buscando diferentes formas de representar el olvido, las alteraciones y alucinaciones de la memoria, las huellas del paso del tiempo, las marcas de los objetos que ya no están… La negación a representar figuras humanas dentro de los espacios viene dada por el hecho de que generalmente el espacio permanece tras la desaparición de éstos.

Obra de Josep Tornero en 'Ausencia'. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Obra de Josep Tornero en ‘Ausencia’. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Seguidamente se encuentran los cuadros en blanco y negro de Josep Tornero (Valencia, 1973). Se trata de fragmentos, pinturas que representan manos como en la serie Fighters (Luchadores) o sábanas abandonadas como en la serie Phantoms (Fantasmas). A través de las imágenes que de alguna manera quedan en nuestra memoria, a través de la lectura de algún poema o algún escrito que haya podido hacer surgir una imagen interna… a través de todos estos filtros, se van materializando las imágenes que después el artista desarrolla.

Es la imagen la que motiva a Tornero a pintar. La obra de este artista combina con maestría la belleza, el rigor intelectual y, sobre todo, el medio para dotar de simbolismo a la imagen creada. Una atmósfera personal invade cada cuadro, consiguiendo que el espectador se exija una segunda mirada que descubre una belleza ideal que se manifiesta en composiciones que conjugan lo contemporáneo con lo clásico.

Josep Tornero aborda su obra de manera lenta, meditada y laboriosa, captando con el modelo un diálogo que es reflejo de la fuerte tensión psicológica del momento. Las composiciones vienen cargadas de un dramatismo tan inquietante como bello. En su obra es central el tema del cuerpo humano, aunque se trate simplemente de fragmentos o huellas que, como tales, evocan el tema de la memoria. Recuerdos que remiten a un pasado en el que estas manos lucharon y estas sábanas acogieron cuerpos, historias y relatos apenas citados como dejando un halo de misterio. El cuerpo humano contiene una potencia visual que acaba por atrapar y es potencialmente un elemento de comunicación. No hacen falta excesivos discursos cuando una obra se centra en el cuerpo, rápidamente empatiza con el espectador, dice seguramente mucho más de lo que el artista pretende representar.

Obra de Gil Gijón en 'Ausencia'. Imagen cortesía de Kir Royal.

Obra de Gil Gijón en ‘Ausencia’. Imagen cortesía de Kir Royal.

Finalmente, las obras en polvo de Gil Gijón Bastante (Puertollano, Ciudad Real, 1989) tratan también el tema de la identidad, la memoria y el paso del tiempo. El polvo y la pelusa de una casa está formado por infinidad de partículas que provienen de la suciedad que arrastramos bajo nuestros zapatos, la polución del ambiente, el desgaste de los objetos que tenemos en casa, fibras de la ropa que usamos y un tanto por ciento de la piel muerta y desechos de las personas que viven allí.

Nada, según el artista, puede representar mejor que eso la degradación continua que produce el tiempo. A raíz de ahí Gil centra su atención en la memoria, en reconstruir el recuerdo a partir de ese excedente que la acción del tiempo va dejando como rastro. Él comienza su trabajo rescatando fotografías antiguas de álbumes familiares, instantes cargados de huellas, reproduciéndolas empleando simplemente un adhesivo y el polvo recogido de los hogares de las personas allí representadas.

Se trata de retratos minuciosos en los que poco a poco el autor va dándole forma al polvo hasta configurar el claroscuro de la fotografía lo más fielmente posible al original para no alterar el recuerdo que encierra. Somos polvo, o solamente sombra como la que proyectan las ultimas obras «invisibles» de Gil.

El artista se acerca así a las practicas anti-visuales del arte, en una obra tan frágil que roza lo efímero, pero de una forma que incluso minado por su propia fragilidad o desaparición, no parece escapar de la paradoja inicial de lo efímero en el arte. Una paradoja que apunta explícitamente a como lo efímero desea aun así durar para siempre. Pretende provocar una reflexión acerca de la caducidad de la materia y del ser, apelando para ello a la memoria y a la identidad.

Obra de Carlos Sagrera en 'Ausencias'. Imagen cortesía de Kir Royal.

Obra de Carlos Sagrera en la exposición ‘Ausencia’. Imagen cortesía de Kir Royal.