La pantanada de Tous en clave artística

Ausencia, presencia en el habitar contemporáneo
Conmemoración del 36 aniversario de la pantanada de Tous de 1982
Varios pueblos de la Ribera Alta y la Costera (Valencia)
Del 21 de octubre al 25 de noviembre de 2018

‘Ausencia, presencia en el habitar contemporáneo’, es el título de la exposición itinerante que recorrerá en los próximos meses varios pueblos de las comarcas de la Ribera Alta y la Costera y que fue inaugurada el pasado 21 de octubre en la iglesia de Beneixida ‘la vella’ como parte de los eventos conmemorativos del aniversario de la pantanada. La propuesta es el resultado de una investigación y reflexión, cuyo punto de partida ha sido la catástrofe acaecida hace 36 años y que tuvo consecuencias devastadoras, sobre todo en las comarcas de La Canal de Navarrés, la Ribera Alta y la Ribera Baixa.

Ausencia, presencia en el habitar contemporáneo. Imagen cortesía de los comisarios

Ausencia, presencia en el habitar contemporáneo. Imagen cortesía de los comisarios

La itinerancia expositiva pasará por Beneixida, l’Alcúdia, la Llosa de Ranes y Algemesí, municipios que impulsan y producen este acontecimiento cultural subvencionado por el Área de Cultura de la Diputación de Valencia en una nueva línea de ayudas para Proyectos Intermunicipales de Artes Plásticas. Estas son las primeras localidades que participan en el proyecto comisariado por Miguel Mallol, Rafael Tormo i Cuenca, Adrián Ripoll y Elena Llácer. Es un trabajo que acentúa y pone en común el carácter multidisciplinar de sus organizadores con el objetivo de acometer este hecho desde la multiplicidad. La idea converge alrededor de la noción de dispositivo expositivo como un repositorio de las diversas experiencias provenientes del entorno, la gente y lo acontecido. El proyecto a medio plazo pretende abarcar la totalidad del territorio afectado.

El 20 de octubre de 1982 es una fecha marcada para numerosos municipios y personas de la cuenca del Júcar, la Canal de Navarrés y la Ribera Baixa. La pantanada de Tous fue un acontecimiento que golpeó todas las esferas de la realidad: la natural, la física, la económica y la emocional. En ese instante, y todavía ahora, quedó una profunda sensación de pérdida.

Ausencia, presencia en el habitar contemporáneo. Imagen cortesía de los comisarios.

Ausencia, presencia en el habitar contemporáneo. Imagen cortesía de los comisarios.

Este suceso catastrófico sirve, partiendo de ese vacío, para hacer una reflexión sobre el habitar contemporáneo, es decir, cómo ha cambiado la manera de vivir en las localidades que se vieron afectadas. Con este trabajo se pretende trasladar al presente este hecho y llevarlo allende de la memoria, para diluirlo entre las problemáticas surgidas en estos tiempos convulsos.

La propuesta expositiva pretende profundizar sobre todo lo que generó este suceso en el ámbito social, económico y de identidad de los pueblos. Además de enlazar esa reflexión con realidades que actualmente pueden parecer lejanas, pero que están muy relacionadas como son los refugiados, el contraste del pueblo y las metrópolis, la adaptación a las nuevas tecnologías y la construcción de los espacios en la arquitectura contemporánea.

Ausencia, presencia en el habitar contemporáneo. Imagen cortesía de los comisarios.

Ausencia, presencia en el habitar contemporáneo. Imagen cortesía de los comisarios.

La contextualización histórica y social junto a la investigación y la reflexión artística, sirven para ir más allá de la consideración de la investigación como mero material documental. Para desvincularse de esta clasificación se ha trabajado con las escuelas de Beneixida y la gente local de todas las generaciones.

La propuesta se completa con la participación de los trabajos artísticos que complementan la reflexión y abren otros campos de diálogo como la instalación ‘Implosió Impugnada 16’ del artista Rafa Tormo i Cuenca, el proyecto 48_NAKBA de Domènec, el trabajo llamado ‘Paisajes Alterados’ de Juan delGado y las fotografías de Janet Hesse como parte de su proyecto ‘Pacified’.

Ausencia, presencia en el habitar contemporáneo. Imagen cortesía de los comisarios.

Ausencia, presencia en el habitar contemporáneo. Imagen cortesía de los comisarios.

Elena Martí: La naturaleza como pretexto

La naturaleza como pretexto, de Elena Martí
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 2 de octubre, a las 20.30h
Hasta el 14 de diciembre de 2015

El paso contínuo y obstinado del tiempo ha estado siempre presente en la obra de Elena Martí: el tiempo y su efecto en la materia…el tiempo y las ausencias… la fugacidad de nuestras vidas y la resistencia que oponemos para perdurar. La naturaleza no es el fin, es un medio. Elena Martí fue seleccionada en el año 2013 como ‘Artista per la Natura’ por el Institut Valencià d’Excursionisme i Natura por sus trabajos realizados sobre el paisaje en tinta y óxidos.

El proyecto que presentó en el Centro Excursionista fue más allá de sus obras de óxido ya conocidas. En la exposición se pudo ver una serie de trabajos realizados con materiales reciclados, papel hecho a mano con objetos encontrados, latas, óxidos. Con ello planteaba una reflexión sobre lo material, lo efímero de la naturaleza.

Obra de Elena Martí. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Obra de Elena Martí. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Desde entonces, ha seguido trabajando en este camino. En diferentes instalaciones presentadas en el ‘Certamen Open Natura’ (Cuenca) en el que ha participado en dos ocasiones, quería hacer reflexionar sobre la delicadeza del paisaje (ecosistema). En su obra Out of Place, realizada con fibra de las plantas acuáticas posidonia y en su obra Frágil, sobre el agua, seguía planteándonos una reflexión de cómo durante años, los paisajes y el ecosistema han sido tratados por el hombre como si fueran inagotables e  indestructibles.

En esta nueva exposición, La Naturaleza como pretexto, presenta un conjunto de obras de distintos formatos y técnicas con un elemento común, la fragilidad que nos transmiten los materiales con los que trabaja, utilizando las propiedades simbólicas que le pueden ofrecer. Los paisajes, que le gusta llamar interiores, son paisajes atemporales, que no describen un lugar ni un tiempo concreto.

Obra de Elena Martí. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Obra de Elena Martí. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Alguno de ellos los presenta de forma desestructurada y vuelto a crear de forma ordenada, ordenando el caos. En las obras realizadas con papel reciclado, en las que inserta objetos que hablan del contraste entre lo efímero y lo duradero. Los objetos en sí, las latas, papeles viejos, materiales aparentemente desprovistos de belleza, tienen memoria, esconden una historia y una gran riqueza plástica.

Por último, las estructuras creadas con alambres de la construcción,  papeles y cartones reciclados, son obras que hacen referencia a la vulnerabilidad de la materia, del ser y de la brevedad de nuestra existencia. Como dice la propia Elena Martí, citando a Bourgeois, «el mensaje, la intención del creador, carece de importancia, cada uno podrá ver en cada obra cosas que no hemos puesto».

Vista de la exposición La Naturaleza como pretexto, de Elena Martí. Cortesía de Imprevisual Galería.

Vista de la exposición La Naturaleza como pretexto, de Elena Martí. Cortesía de Imprevisual Galería.

Insólita Wertmüller en Sala Berlanga

Insólita aventura de verano, de Lina Wertmüller
Sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Viernes 12 de junio de 2015, a las 20.15h

La Filmoteca de CulturArts IVAC, tras la primera proyección en mayo de ‘Una mujer en África’, de Claire Denis, ofrecerá el viernes 12 de junio el pase de un segundo largometraje, ‘Insólita aventura de verano’ (Lina Wertmüller), fruto del acuerdo con CIMA CV, Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales Comunidad Valenciana.

Estas proyecciones surgen de la colaboración entre CIMA CV e IVAC para incluir en su programa y debatir películas dirigidas por mujeres, como forma de visibilizar estos trabajos muchas veces ausentes en los circuitos comerciales. Esta vez es el turno de Lina Wertmüller, la primera mujer en ser nominada al Óscar a la mejor dirección en 1976.

Giancarlo Giannini y Mariangela Melato en 'Insólita aventura de verano', de Lina Wertmüller.

Giancarlo Giannini y Mariangela Melato en ‘Insólita aventura de verano’, de Lina Wertmüller.

Mariangela Melato y Giancarlo Giannini (actor fetiche de la directora ya que actúa en varias de sus películas) protagonizan ‘Una insólita aventura de verano’ (1974), película en la que se narra la singular relación entre una rica y mimada mujer y un marinero comunista durante un rocambolesco naufragio en una isla desierta.

Comprometida políticamente, Lina Wertmüller confronta de manera irónica e impertinente lo social y lo económico del momento en que vive, desembocando en esta dramática comedia.

Fotograma de la película 'Insólita aventura de verano', de Lina Wertmüller. Cortesía de CIMA CV.

Fotograma de la película ‘Insólita aventura de verano’, de Lina Wertmüller. Cortesía de CIMA CV.

El tiempo que hiere de Pilar Pequeño

Huellas, de Pilar Pequeño
Railowsky
C / Gravador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

Pilar Pequeño habla de “tiempos acumulados”. De las “huellas que va dejando el paso del tiempo”. También de “recuerdos y nostalgia” y de cómo la naturaleza se encarga de unir “diferentes instantes del pasado”. Lo dice con una voz mansa, serena, a veces abriendo mucho los ojos cuando una pregunta le llega con escasa nitidez. Los abre entonces como abre su objetivo para captar la luz igualmente escasa que, en muchas ocasiones, penetra débilmente los espacios abandonados que tanto le gustan. Espacios que Railowsky acoge en una exposición de elocuente y atinado título: ‘Huellas’.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

La que fuera hace cuatro años premiada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, manifiesta a través de 17 fotografías su concepción del tiempo, de la naturaleza, de la vida. Nada que ver con la sensación de eterna juventud que prima en la publicidad. Como tampoco tienen nada que ver sus imágenes con esa idea del mundo estable, seguro, razonable, que vive de espaldas a lo real de la corrupción que impone el paso del tiempo. “Intento que mis imágenes sean ambiguas”. Ambiguas, no por dejar de mostrar explícitamente esas huellas del implacable tiempo, sino porque “me gusta que el espectador las sienta a su manera”.

No es lo mismo la impresión que lógicamente le produce a Pilar Pequeño fotografiar el edificio abandonado que fuera colegio de su padre (de ahí “el recuerdo, la nostalgia”), que la que pueda tener el espectador ante un lugar que desconoce. Aún así, esa vegetación que invade las habitaciones, estancias y balcones del caserón de finales del siglo XIX en la que Pequeño deposita su mirada, con sus paredes desconchadas y sus frágiles suelos de madera, impacta por igual. “Es la ausencia y la presencia de la gente que ha pasado por allí lo que conmueve”.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Pilar Pequeño tomó fotografías en blanco y negro de ese espacio en 2003 y lo volvió a visitar diez años después con su cámara digital y en color. “Aquí en Railowsky, por razones de espacio, he preferido reunir imágenes de un solo edificio, para no mezclar”. Imágenes que siempre realiza utilizando la luz natural. “No utilizo flash porque falsea la realidad”. Y la realidad que quiere captar Pequeño tiene que ver con esas naturalezas muertas del paisaje, las plantas o los bodegones, con los cuales disfruta disponiendo “la escena lumínica”, que va “tamizando con papeles y plásticos”.

Las ‘Huellas’ a las que se refiere la exposición son el depósito acumulado de ese tiempo fugitivo que la artista persigue como lo hacía Marcel Proust, mediante su célebre ‘En busca del tiempo perdido’, o Antonio López en ‘El sol del membrillo’, la película de Víctor Erice. Huellas de lo real del tiempo que va desgastando las cosas, de la vida que se marchita y, en consecuencia, de su carácter frágil y caduco. Los marcos de puertas y ventanas, por las que penetra esa vegetación y esa luz que Pilar Pequeño modula para evitar el letal reinado de las sombras, son “estructuras geométricas” características igualmente de su obra.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

“Yo he seguido siempre mi camino. He hecho lo que me ha gustado”. Y aunque venda lo justo, “no para hacer una vida maravillosa”, lo cierto es que sus fotografías atrapan esa verdad que escapa a los dictados del simple mercado. La verdad de las huellas que el tiempo deposita en esa vasta naturaleza, esas plantas o esos edificios abandonados. Porque el tiempo hiere, Pilar Pequeño lo que hace es contener su escozor mediante el tratamiento artístico de la luz a punto de ser devorada por las sombras. Como ha llegado a decir la propia artista: “En estos paisajes cercanos me estoy fotografiando yo, es un permanente mirar hacia dentro”.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres

Los fantasmas de Chema López

Un cuento de fantasmas para adultos, de Chema López
Sala Martínez Guerricabeitia
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 7 de septiembre

“Parece todo pensado, intelectualizado, pero me he dejado llevar por sensaciones”. He ahí, claramente expuesto por Chema López, la cuerda floja en la que se mueve el fantasma o los fantasmas aludidos en la muestra de La Nau. Por un lado, la racionalidad y, por el otro, las sombras. Por un lado, los avances técnicos que propiciaron la aparición de la fotografía, a la que Chema López rinde homenaje. Y, por otro, las fantasmagorías surgidas del propio aparato fotográfico como reflejo de una realidad esquiva al fenómeno científico.

Obra de Chema López en 'Un cuento de fantasmas para adultos'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Chema López en ‘Un cuento de fantasmas para adultos’. La Nau de la Universitat de València.

Bastaría una rápida hojeada a la literatura romántica para constatar el movimiento de gran parte de sus protagonistas por esa cuerda floja. Sujetos obsesivos, de pensamiento agudo e incisivo, que terminan viendo fantasmas allí donde buscaban certezas. La “presencia / ausencia” aludida por Chema López convirtiendo la exposición ‘Un cuento de fantasmas para adultos’ en un viaje alucinante al fondo de la mente. Allí donde la luz debe reinar, aclarando la realidad con sus múltiples figuras presenciales, es paradójicamente motivo de sospechas e inquietantes sombras.

Obra de Chema López en 'Un cuento de fantasmas para adultos'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Chema López en ‘Un cuento de fantasmas para adultos’. La Nau de la Universitat de València.

Chema López convoca un buen puñado de fantasmas en su exposición de la Sala Martínez Guerricabeitia. Fantasmas de reyes, de políticos, de criminales; de sujetos anónimos, reconocibles y particulares. Todos ellos convocados por el artista a modo de espectros que vienen a poner en cuestión los límites entre realidad y ficción. O también: a mostrar la extrañeza que provoca cierta realidad, cuando se somete a los dictados de la técnica.

Obra de Chema López en 'Un cuento de fantasmas para adultos'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Chema López en ‘Un cuento de fantasmas para adultos’. La Nau de la Universitat de València.

Utilizando el retrato, la catalogación científica del archivo criminal o el video documental, Chema López pone en igualdad de condiciones a los sujetos que protagonizan su cuento, merced a la fantasmagoría que los une como espectros del pasado. El inquietante cuadro de Miguel Primo de Rivera (“lo pintó mi tío”) y una fotografía de Los Ramones, colgada en la alcoba de una casa familiar del artista, vuelven a convocar fantasmas en un video que acompaña la exposición.

La ironía y el sentido del humor permiten rebajar la densidad de tan siniestra atmósfera, pero en ningún caso disminuye el atractivo por la figura en sí del fantasma, en tanto portador de una muerte que encandila y asusta. Atrae su comparecencia una vez desaparecido el cuerpo que le dio vida. Y produce miedo el reflejo de lo que nos aguarda a los vivos que, como ellos, seremos idéntico pasado pese a la tozudez con la que nos aferramos al presente.

Obra de Chema López en 'Un cuento de fantasmas para adultos'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Chema López en ‘Un cuento de fantasmas para adultos’. La Nau de la Universitat de València.

El cuento de fantasmas que Chema López nos cuenta a los adultos, con primoroso acabado tras “dos años preparándolo”, apela a cierta nostalgia del pasado, toda vez que el presente hace aguas por la crisis y el futuro se muestra incierto. Pero Chema López piensa que es precisamente de tanto “vivir en la esperanza”, como terminamos por “no vivir el ahora”. Los fantasmas de su cuento están ahí para recordarnos que reyes y villanos, militares y rockeros punk, son finalmente espectros que conmueven una vez transformados sus mortales cuerpos en figuras de un envolvente imaginario. La muerte, que el fantasma recuerda con su ¿presencia?, termina en cualquier caso imponiéndose en el arrebatado espectáculo de la mirada alucinada.

Obra de Chema López en 'Un cuento de fantasmas para adultos'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Chema López en ‘Un cuento de fantasmas para adultos’. La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

Javier Romero. Código compartido

Javier Romero. Código compartido
Comisario: Jordi Navas
Arte en la Casa Bardín
Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert
C/ San Fernando, 44, Alicante
Inauguración: 14 de mayo, 20h.
Hasta el 25 de junio de 2013

Javier Romero. S/t. Serie Still Lifes, 2012. Grafito sobre panel, 41 x 51 x 2 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert

Javier Romero. S/t. Serie Still Lifes, 2012. Grafito sobre panel, 41 x 51 x 2 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert

Javier Romero se expresa con una voz cadenciosa y trémula. Sus ideas se van desplegando en los oídos del interlocutor como hilos muy leves, puntadas en las que se entrecruzan la memoria personal, el conocimiento de los referentes artísticos, la búsqueda de la experiencia y una aguda conciencia reflexiva de su propia obra.

De este modo, con aparente indiferencia y sin alardes formales o conceptuales, este artista, capaz de prescindir de las cartelas y hasta del título en sus exposiciones, va tejiendo desde el lenguaje una malla tan sutil y heterogénea como los trazos de lápiz y alambre que se confunden en alguna de sus esculturas.

El juego consiste en envolver al espectador de la obra con sugerencias casi imperceptibles. La memoria familiar se congela a través de unos paisajes exteriores proyectados en las estancias del hogar a punto de ser demolido (Crepúsculo). Dibujos con una estética significante propia del grabado se difuminan mediante un borrado gestual, como si un golpe de mar arrastrara a su paso toda la carga histórica y sentimental de la tradición representativa del arte occidental.

Morandi paga un alto precio por la apropiación de sus silencios. Una capa de grafito vela la luz de sus cuadros y traiciona el misterio del color (Still lifes). La arquitectura se convierte en territorio explorado por el arte a través de los tejados (Collage Roofs) que el arquitecto alicantino Francisco Fajardo diseñó para su proyecto de viviendas en Ciudad Jardín.

De nuevo, la imagen coloniza una arquitectura. En esta ocasión las fotografías de jardines anónimos sirven de materia prima para formalizar geometrías ajenas y el fruto de esta meticulosa alquimia entre fotografía y arquitectura deviene en hallazgo pictórico.

Apropiación, deslizamiento de sentido, solapamiento de planos de significación. Recursos que renuncian a la comunicación explícita y abordan una pléyade de vías de revelación para que la mirada sólo atisbe. Nada de deslumbramientos innecesarios.

Las series que confluyen en esta exposición para el proyecto Arte en la Casa Bardín representan un apunte de los trabajos que Javier Romero viene desarrollando en The Elizabeth Foundation of Arts de Nueva York, donde el artista alicantino tiene su estudio. Esta institución desarrolla un programa pionero en Estados Unidos. Se trata de Open Studios, una iniciativa que permite el contacto directo de público y galeristas con el entorno de los creadores. Más de tres mil personas pasan al año por el estudio de Romero y del resto de artistas vinculados a la institución, lo que confiere a estas obras un ámbito de difusión internacional que llega ahora hasta Alicante.

La más antigua de las series, Crepúsculo, enlaza con la exposición realizada en 2007 en la galería Evelyn Botella y tiende un puente entre el discurso que Romero fue urdiendo durante su etapa anterior. Un periodo en el que el artista compaginó su labor creativa con el trabajo como técnico de la Fundación de la Universidad de Alicante. Por aquellos años, su investigación transitaba por los territorios de la memoria, con un constante ir y venir a través de lenguajes y recursos expresivos. La pérdida, la ausencia o el silencio constituían los ejes de un itinerario plástico con parada en las exposiciones que, a principios y mediados de la pasada década, protagonizó en las galerías Aural y Evelyn Botella y en el Centre Municipal d’Exposicions d’Elx.

El mito de Cipariso, convertido en ciprés tras matar por equivocación al ciervo favorito de Apolo, ocupaba por aquel entonces un lugar central en el relato artístico y las formas de aprehensión del motivo introducían un abanico de dispositivos formales, que iban de la fotografía manipulada (cipreses de la Toscana) hasta las proyecciones o la instalación objetual.

De esa etapa, sobreviven las obsesiones, la prolífica búsqueda expresiva, el dominio del lenguaje artístico y la persistente querencia exploratoria hacia la memoria, tan frágil y tan relevante a la vez. Por el camino se han ido quedando los argumentos narrativos que se imponían a la idea y forzaban una cohesión conceptual, a la que el artista ha decidido renunciar. Las series actuales son más abstractas y esquemáticas. La obra se ha ido desnudando para quedarse en meros perfiles insinuantes, que se ofrecen a modo de delgadas pasarelas para liberar al arte de la retórica comunicativa y al espectador del incómodo papel de destinatario. Gana el artista capacidad de experimentación, gana la obra autonomía, gana, en definitiva, el ojo atento.

El título de esta exposición, Código compartido, responde a esta búsqueda de un itinerario libre a disposición del viajero dispuesto a adentrarse en la ruta que se propone. La urdimbre expositiva puede desorientar o guiar por diferentes caminos. No hay certezas. Cada uno dispone de un equipaje que ojalá no se pierda en el camino. Solo resta disfrutar del vuelo.

Jordi Navas

Javier Romero. S/t. Serie Crepúsculo, 2006-07. Fotografía color Lambda, 80 x 120 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert

Javier Romero. S/t. Serie Crepúsculo, 2006-07. Fotografía color Lambda, 80 x 120 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert