El Mediterráneo y el Atlántico unidos

Galaicos. Un pobo entre dous mundos
Museu de Prehistòria de València
C / Coronas, 36. Valencia
Hasta el 1 de septiembre de 2019

El Museu de Prehistòria de València acoge ‘Galaicos. Un pobo entre dous mundos’, la nueva exposición temporal que se puede visitar en las dependencias del museo, en el Centre Cultural La Beneficència, hasta el próximo 1 de septiembre. La muestra, comisariada por Antoni Nicolau y Rafael M. Rodríguez para el Servicio de Turismo-Rías Baixas de la Diputación de Pontevedra, llega a València después de pasar por el Museo Arqueológico Nacional y pretende poner en valor la cultura galaica, desde la Edad de Bronce Final hasta el siglo VI, mediante una selección de más de 60 objetos arqueológicos, fotografías, ilustraciones y audiovisuales.

La exposición, con una clara voluntad divulgativa y didáctica, parte de la tesis que el noroeste peninsular era una región que se integraba en los circuitos comerciales de la época, que se abrían y expandían desde el Mediterráneo, convirtiéndola en un lugar de confluencia de las tradiciones culturales de dos mundos, el Mediterráneo y el Atlántico.

Vista de la exposición 'Galaicos. Un pobo entre dous mundos'. Foto de Abulaila por cortesía del Museu de Prehistòria.

Vista de la exposición ‘Galaicos. Un pobo entre dous mundos’. Foto de Abulaila por cortesía del Museu de Prehistòria.

María Jesús de Pedro, directora del Museu de Prehistòria, destacó que la exposición era «el fruto de la colaboración de dos instituciones que trabajan constantemente en la promoción de su patrimonio cultural y arqueológico”. Además, remarcó que ‘Galaicos. Un pobo entre dous mundos’ mantiene “un discurso muy claro y didáctico con la clara vocación de dar a conocer el noroeste peninsular y la cultura galaica”.

Por su parte, el presidente de la Diputació de València, Toni Gaspar, agradeció la voluntad de la Diputación Provincial de Pontevedra de “compartir con los valencianos una parte de su legado y su historia, de manera que se pueda comprobar que ambos territorios comparten mucho más de lo que los separa”. Digna Rosa Rivas, diputada de Cohesión Social de la Diputación de Pontevedra,  afirmó que era «un placer estar en este museo que es una joya y en València y el Mediterráneo, un referente en cuanto a cultura y patrimonio”. Rivas destacó que el objetivo de esta muestra es “visibilizar nuestro patrimonio cultural y dar a conocer nuestra historia y nuestros orígenes”.

Antoni Nicolau, comisario de la exposición, afirmó que “pretende hacer ver que el noroeste peninsular no estaba aislado, que desde la Edad de Bronce Final comienzan a aparecer elementos de contacto entre la cultura mediterránea y el noroeste peninsular y todo esto lo sabemos gracias al trabajo de investigación, un compromiso que hermana a estas dos instituciones”.

Una mujer contempla una de las obras de la exposición 'Galaicos. Un pobo entre dous mundos'. Foto de Abulaila por cortesía del Museu de Prehistòria de València.

Una mujer contempla una de las obras de la exposición ‘Galaicos. Un pobo entre dous mundos’. Foto de Abulaila por cortesía del Museu de Prehistòria de València.

El comercio y contacto comenzaron a ser fluidos en el siglo V a. C., cuando el Atlántico se abre al Mediterráneo, intensificándose después del final de la Segunda Guerra Púnica, cuando se convierte en una tierra conocida por su riqueza de recursos, especialmente mineros, provocando el interés de Roma. La conquista de Roma conllevará una reestructuración social, económica y territorial que transformará Gallaecia para siempre. Esta región alejada irá evolucionando hasta convertirse en un gran espacio dinámico de dónde surgirán un buen número de personajes de importancia política, cultural o religiosa.

La exposición se plantea como un viaje que mantiene el noroeste peninsular entre dos mundos, la cultura atlántica y la cultura mediterránea. La muestra se articula en cinco ámbitos cronológicos: ‘¿Campesinos y guerreros? Edad de Bronce Final (1500-800 a. C.)’; ‘Poblados fortificados de la Primera Edad de Hierro (800-400 a. C.)’; ‘El Atlántico se abre al Mediterráneo (400-19 a. C.)’; ‘En la esfera de Roma: Gallaecia (siglos I-III)’; y ‘La provincia de Gallaecia (finales del siglo IV-siglo VI)’. A lo largo de estos diferentes ámbitos, los  visitantes obtendrán una visión de la evolución y la transformación social y cultural de las comunidades galaicas, con la caracterización y la evolución de las unidades domésticas como hilo conductor.

Vista de la exposición 'Galaicos. Un pobo entre dous mundos'. Foto de Abulaila por cortesía del Museu de Prehistòria de València.

Vista de la exposición ‘Galaicos. Un pobo entre dous mundos’. Foto de Abulaila por cortesía del Museu de Prehistòria de València.

Mujeres que volaron muy alto

Amelia. ¡Qué no te corten las alas!, de Marea Danza
La Rambleta
Bulevar Sur, esquina C / Pío IX. Valencia
Sábado 18 y domingo 19 de noviembre de 2017

Mujeres que rompieron moldes y esquemas, sortearon obstáculos y volaron muy alto para alcanzar sus sueños.  Todas ellas son las protagonistas de ‘Amelia. ¡Qué no te corten las alas!’, un espectáculo familiar de la compañía Marea Danza inspirado en  la historia de Amelia Earhart, la primera mujer en cruzar el Atlántico pilotando un avión, que se presenta los días 18 y 19 de noviembre en Rambleta. Cinco bailarinas valencianas que también  son productoras: Elena Martínez, Lourdes de la Rúa, María José Mora, Paula Sebastián y Rosa Sanz aproximan la danza española y el flamenco a la creación contemporánea. La dramaturgia y dirección es de La Teta Calva, Carles Chiner es el creador de la banda sonora y Pascual Peris el del original vestuario que combina la típica indumentaria de los primeros pilotos con los zapatos de taconear.

Un equipo vanguardista para crear este espectáculo de danza para todos los públicos, sobre una mujer nacida para volar que se convirtió en una heroína de los cielos, hasta acabar engullida por el mar. Una mujer que luchó por un sueño y lo vio cumplirse. Para conseguirlo tuvo que enfrentarse a las convenciones sociales de su época y prejuicios de género. Con este punto de partida, las bailarinas de Marea Danza van más allá y, a través de una coreografía de Paco Berbel con aportaciones suyas llevan a escena el espíritu de todas las mujeres que se proponen ver el mundo desde las alturas,  que persiguen sus metas y agitan las alas contra el vendaval.

Marea Danza. Imagen cortesía de la compañía.

Marea Danza. Imagen cortesía de Rambleta.

El objetivo de Marea Danza es llevar la danza española y el flamenco a terrenos poco explorados gracias a la insistencia por dotar a sus producciones de un contenido y estética que sobrepasan los límites de lo tradicional. Por ello la nueva producción de la compañía cuenta con un equipo que toma la esencia del flamenco y la impregna del mundo de Amelia.

Nacida en 2014, la compañía Marea Danza fue fundada por Elena Marava, María José Mora, Paula Sebastián, Lourdes de la Rúa y Yolanda López. Todas ellas entre los veinte y treinta años combinan la danza con otras actividades artísticas y son a la ver intérpretes y productoras. Una de ellas ya es madre de una niña.

“Nuestro principal objetivo es acercar la danza española y el flamenco a la creación contemporánea y con ello a un público heterogéneo”, dice Mora. “Queremos contar historias, lanzar mensajes mediante producciones que se alejan del sentido y construcción tradicional del flamenco. Por otro lado, como mujeres, estamos muy vinculadas a todos los temas que nos atañen. El desarrollo profesional, la conciliación laboral, la maternidad, la igualdad, etcétera. Nos sentimos cómodas y con fuerza para defender estos temas en escena”.

Marea Danza. Fotografía de Jorge Herrero por cortesía de Rambleta.

Marea Danza. Fotografía de Jorge Herrero por cortesía de Rambleta.

Para cada una de sus producciones la compañía crea un equipo artístico diferente y  en esta ocasión escogieron La Teta Calva.  “Ellos aceptaron el reto de crear algo especial para la danza y para el flamenco”, señala Mora. “Ambas compañías pisamos lo desconocido, tenemos inquietudes y queremos seguir creciendo e innovando. Ellos son los creadores y directores del espectáculo, nosotras las productoras e intérpretes. Tras varias reuniones en las que pudimos conocernos personalmente y expresarles nuestras inquietudes, nos presentaron, entre otras, la historia de Amelia Eahart, la primera mujer aviadora en cruzar el Atlántico y la primera que intentó dar la vuelta al mundo pilotando en solitario un avión».

«Una mujer valiente que luchó por sus sueños, que se enfrentó a convenciones sociales de su época y que a veces ganó y otras perdió, pero que tuvo un objetivo profesional muy claro. Nos parecía muy interesante que Amelia fuera más allá de sus metas y ayudara a otras mujeres a lograr ser aviadoras. Nos sentimos identificadas con el personaje y su historia y quisimos darle vida  a través del movimiento”.

Su director coreográfico Paco Berbel ha a trabajado la coreografía a partir de vuelo de pájaros, aviones, militares, etcétera sin  perder la esencia del flamenco, pues Marea Danza está abierta a que el flamenco y la danza española se combinen con otros estilos al servicio de la dramaturgia. Cada una de las bailarinas ha hecho un trabajo de construcción de personaje e interpretación con La Teta Calva.

Marea Danza. Imagen cortesía de Rambleta.

Marea Danza. Imagen cortesía de Rambleta.

“Era muy importante para nosotras no solo centrarnos en Amelia sino que su figura fuera un punto de partida para dar alas a tantas mujeres que las agitan contra el vendaval”, apunta Mora. Por eso, el mensaje principal del espectáculo es que todas tenemos un poco de Amelia, todas podemos conseguir nuestros sueños. El lema,’que no te corten las alas’ tiene importancia porque anima a perseguir los sueños y a no frenarse ante inconvenientes. De hecho el espectáculo también muestra la cara menos amable de la historia de Amelia, que incluye la guerra o cuando fue convertida en mujer objeto- marca para ciertos intereses comerciales”.

Por otro parte esta obra ha supuesto para la compañía el reto de crear un espectáculo para toda la familia y edades, a partir de los seis años, lo que le da una mayor proyección y amplitud ya que hay muy pocas producciones de este estilo de danza dedicadas al público familiar e infantil. Los detalles de la producción están cuidados al máximo. El vestuario es de Pascual Peris; el espacio escénico ha sido diseñado por Luis Crespo, la iluminación por Ximo Rojo, y la banda sonora la ha creado Carles Chiner. La imagen la ha realizado la diseñadora María Herreros. “Estamos contentas de poder sacar al flamenco y la danza española de su onda habitual, impregnarlo de conceptos, sorprender. Estamos apostando por un nuevo camino para estas disciplinas en la Comunidad Valenciana”.

Esta satisfacción fruto de un gran esfuerzo no excluye una crítica al precario sistema de subvenciones. “Sobrevivir no es nada fácil para esta compañía de cinco bailarinas que, a la vez tenemos diversos trabajos de subsistencia, varios cada una, relacionados con la danza y la gestión cultural. Cada producción supone un esfuerzo tremendo y siempre con la amenaza del fracaso económico. Por suerte, somos compañía residente de la Escuela de Danza María Carbonell, pues sin el apoyo de su directora sería imposible. Aunque recibimos ayuda del Instituto Valenciano de Cultura no es suficiente, las artes escénicas necesitan más apoyo, más inversión pública y privada. No queremos apostar todo a una ayuda, pero sí es necesario un trampolín, un empujón. En Marea Danza trabajamos el marketing, la difusión, los públicos, etcétera para lograr subsistir”.

Marea Danza. Imagen cortesía de Rambleta.

Marea Danza. Imagen cortesía de Rambleta.

Bel Carrasco

Rodando en skate

Cruzando el sentido
Iván Fernández de Córdoba

No hay muchas formas de viajar sin pagar un billete o gastar gasolina. Una de las más originales es moverse en monopatín. Es lo que hace Alonso, un joven en busca de un sueño y de sí mismo, que emprende en solitario una larga travesía desde Valencia a Galicia, del Mediterráneo al Atlántico. A lo largo del periplo tropieza con personajes que influyen en su evolución personal y que le ayudan a descubrir quién es realmente.

Es el argumento de Cruzando el sentido, primer largometraje del joven director de 25 años, Iván Fernández de Córdoba formado en Ciudad de la luz y gran aficionado al skate. La película se presentó en el Festival Cinema Jove, en el Festival de Sax (Alicante), donde obtuvo el Premio al Mejor Proyecto, y se proyectó el 10 de septiembre en la sala de la SGAE de Valencia. Dentro de la fórmula de road movie, la historia mezcla de forma original la ficción con tintes de falso documental.

Cruzando el sentido, de Iván Fernández de Córdoba. Imagen cortesía del autor.

Cruzando el sentido, de Iván Fernández de Córdoba. Imagen cortesía del autor.

Dos años de tiempo, 8.000 euros reunidos a base de crowfunding  y toneladas de trabajo e ilusión se plasman en este filme.  “La película se rodó a lo largo del 2014, pero el montaje no se finalizó hasta abril de este año”, cuenta Fernández de Córdoba. “Como tiene una financiación low cost, pasamos malos ratos, condiciones duras sin ninguna comodidad, pero no todo fue sufrir. En las entrevistas a modo falso documental disfrutamos y nos reímos mucho”.

En Galicia tuvieron un encuentro con la guardia civil. “Estábamos rodando una escena con el actor protagonista, Román Méndez de Hevia, que estaba desnudo y ensangrentado”, cuenta el joven director. “Los aldeanos nos vieron de lejos y, asustados, llamaron a las fuerzas del orden. Un coche de la guardia civil se acercó y tras una breve conversación, se fueron entre risas deseándonos suerte”.

Secuencia de Cruzando el sentido, de Iván Fernández de Córdoba. Imagen cortesía del autor.

Secuencia de Cruzando el sentido, de Iván Fernández de Córdoba. Imagen cortesía del autor.

Los realizadores contaron con el apoyo de tiendas y marcas relacionadas con el mundo del skate, así como de varios  bares que utilizaron como escenario para grabar algunas secuencias. Fernández de Córdoba escribió el guión junto a Natxo Fuentes y en la fase de rodaje, el equipo principal lo formaban: Víctor Montoya, Noelia Martínez, Ana Martínez y Román Méndez de Hevia, el actor protagonista que debuta con esta película.

“Fue un rodaje muy duro, de guerrilla”, confiesa Fernández de Córdoba. “Nos metíamos cinco personas y un montón de material en el coche y allá que nos íbamos. La fuimos rodando en sentido inverso, de Galicia hacia Valencia aprovechando las mejores condiciones de luz. En los exteriores intentábamos rodar siempre a la mejor hora y que la localización jugara a nuestro favor. Era muy importante colocar bien la cámara, no queríamos perdernos nada imprescindible de la historia”.

Secuencia de Cruzando el sentido, de Iván Fernández de Córdoba. Cortesía del autor.

Secuencia de Cruzando el sentido, de Iván Fernández de Córdoba. Cortesía del autor.

La historia está llena de referencias a road movies como Easy Rider, París Texas o Una historia verdadera, que marcaron al joven director. También refleja su visión del mundo, un alegato contra las prisas de nuestra sociedad y la obsesión por alcanzar enseguida los objetivos y las metas marcadas.

Rodada con un reducido equipo técnico, entre tres y seis personas, la película tiene una factura digna de una producción convencional. Se utilizó una Canon 5D Mark II para la ficción y una Sony FDR-Ax 100 para el documental.

Otros profesionales de la Comunidad Valenciana que intervinieron en el proyecto son: Albert Forner, Emilio Mencheta, Olga Alamán, Paco Sarro, Álex Viciano, Lola Moltó y Mariam Torres o Juli Mira, entre otros.

Cruzando el sentido se dividirá en una decena de capítulos una vez finalizado su recorrido por festivales y cines. Los primeros serán publicados de forma online y gratuita. Para ver el total del metraje, el espectador tendrá que comprar el dvd/bluray o acudir a una plataforma de pago.

Secuencia de la película Cruzando el sentido, de Iván Fernández de Córdoba. Imagen cortesía del autor.

Secuencia de la película Cruzando el sentido, de Iván Fernández de Córdoba. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

15.000 valencianos a la conquista del Oeste

Barras y Estrellas. Los valencianos y los USA
Museu Valencià d’Etnologia
C / Corona, 36. Valencia
Hasta el 24 de mayo de 2015

“A principios del siglo XX un valenciano de la comarca de la Safor o de la Marina, vivía en un contexto socioeconómico desde el que la percepción de lo ‘norteamericano’ resultaba cuanto menos exótica”. Lo dice Joan Seguí, director del Museu Valencià d’Etnologia. Luis García Berlanga se hizo eco de ese mismo exotismo en su genial ‘Bienvenido Mr. Marshall’. Eran tiempos de penuria en España, que miraba hacia América como la “tierra de oportunidad” tantas veces mostrada en las películas del Oeste. Y hacia allí se fueron, hace un siglo, los 15.000 valencianos de los que se hace eco la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los Estados Unidos’.

Algunos de los objetos incluidos en la exposición 'Barras y estrellas. Los valencianos y los USA'. Museu Valencià d'Etnologia.

Algunos de los objetos incluidos en la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los USA’. Museu Valencià d’Etnologia.

El “99’9%” de los que emigraron regresó tiempo después, porque como apuntó Robert Martínez, comisario de la muestra junto a Sunció García, el viaje tenía como objetivo lo que Woody Allen sintetizó en una de sus obras: “Coge el dinero y corre”. La tierra de oportunidad americana consistía en eso, algo que también recoge Dos Passos en su emblemático ‘Manhattan Transfer’: “Quiero llegar a algo en este mundo. Europa está podrida, apesta. En América uno puede abrirse camino”.

Una de las imágenes pertenecientes a la exposición 'Barras y estrellas. Los valencianos y los USA'. Museu Valencià d'Etnologia.

Una de las imágenes pertenecientes a la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los USA’. Museu Valencià d’Etnologia.

Y para abrirse camino, esos 15.000 valencianos no dudaron en cruzar el Atlántico y, a través de Ellis Island, entrar en los Estados Unidos en busca del sueño que destilaba tan exótico territorio. Comparado con otras migraciones, la valenciana fue como “una milésima parte de una gota de agua”, si, como apuntan los comisarios siguiendo al historiador James D. Fernández, las demás oleadas representan “una gota en un océano”.

Barras y estrellas. Los valencianos y los USA. Museu Valencià d'Etnologia.

Barras y estrellas. Los valencianos y los USA. Museu Valencià d’Etnologia.

El Museu Valencià d’Etnologia recoge la huella de su paso minúsculo por aquel inmenso país, mediante fotografías, cartas y diversos objetos personales, entre los que se encuentran visados, monedas, el baúl de Concha Piquer o multitud de gorras (“allá donde dejo mi sombrero, allá es mi casa”, como dice un proverbio anglosajón señalado por los comisarios). El montaje de la exposición tiene un marcado carácter escenográfico, lo que permite entroncar ese viaje de ida hacia el exotismo de los Estados Unidos, con el posterior retorno y la influencia de aquella cultura en la sociedad valenciana.

Instalación perteneciente a la exposición 'Barras y estrellas. Los valencianos y los USA'. Museu Valencià d'Etnologia.

Instalación perteneciente a la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los USA’. Museu Valencià d’Etnologia.

La segunda parte de la exposición ‘Barras y estrellas’ supone una reflexión acerca de esa “apabullante influencia cultural” (Seguí) de los Estados Unidos en nuestra sociedad más próxima. “Un reflejo poliédrico en el cual encontramos desde la emulación hasta la crítica, pero nunca la indiferencia”, destacan Robert Martínez y Sunció García. De la emulación se encargan los numerosos objetos que, a modo de iconos, representan aquella cultura del rock, el cómic, el cine y la televisión. Hay chapas de Coca-Cola y Pepsi, referencias a Elvis Presley, carteles con frases alusivas al universo mediático (“siempre nos quedará París”), la famosa sopa Campbell y hasta una Harley Davidson.

Pieza de José Sanchis en la exposición 'Barras y estrellas. Los valencianos y los USA'. Museu Valencià d'Etnologia.

Pieza de José Sanchis en la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los USA’. Museu Valencià d’Etnologia.

Y como reverso, la crítica acerada contra esa cultura tan omnipresente como avasalladora. Hay piezas de Equipo Crónica, de Josep Renau o de Rafael Calduch, dando paso a una instalación con disfraces tipo Superman y otra con hueveras, un sillón y diversas series de televisión, desde Mad Men a Equipo A. De manera que el viaje de aquellos 15.000 valencianos se torna agridulce. Aquella cultura exótica, de la que muchos regresaron con los bolsillos vacíos y una vieja maleta, dejando paso al seductor encanto de unas imágenes con el The End interminable sobre una pantalla.

Obras de Josep Renau en la exposición 'Barras y estrellas. Los valencianos y los Estados Unidos', en el Museu Valencià d'Etnologia.

Obras de Josep Renau en la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los Estados Unidos’, en el Museu Valencià d’Etnologia.

Salva Torres