José Cobo: El Espectador

José Cobo: El Espectador
Galería Juan Silió
C/ Sol, 45. Santander
Hasta el 21 de junio de 2014.

José Cobo (Santander, 1958) regresa a la Galería Juan Silió con “El espectador”, un conjunto de esculturas donde la figura infantil asume el protagonismo junto con obras recientes que consisten en monos de apariencia real. La exposición se completa con la obra que da título a la muestra, que se compone de una escultura de un niño a tamaño natural que observa su sombra sobre una proyección de video.

Durante los últimos años José Cobo ha trabajado con conceptos relacionados con niños, el aprendizaje y la conceptualización del espacio y la realidad física en su periodo de crecimiento más temprano.

José Cobo, “El Espectador” (esculturas de resina de epoxi marrón. 2014). Imagen cortesía de la Galería Juan Silió.

José Cobo, “El Espectador” (esculturas de resina de epoxi marrón. 2014). Imagen cortesía de la Galería Juan Silió.

El material empleado para la realización de estas esculturas es resina de epoxi, esta tratado de manera que la ropa con sus pliegues adquiere una apariencia orgánica, de vida propia.

Estas esculturas casi siempre se presentan en el suelo. Debido a su pequeño tamaño, cada una se puede abarcar de un solo golpe de vista desde la altura de los ojos de un adulto. Cuando se trata de una composición de varias figuras, se instalan en una pared de manera que se puedan seguir viendo como desde arriba, ya que la distancia entre nuestra mirada y las esculturas se puede extender tanto como amplio sea el espacio expositivo. El punto de vista en relación a las figuras sigue siendo desde arriba. Estas esculturas instaladas en la pared también se podrían interpretar como desafiantes de la gravedad en un entorno distorsionado.

José Cobo, “El Espectador” (esculturas de resina de epoxi marrón. 2014). Imagen cortesía de la Galería Juan Silió.

José Cobo, “El Espectador” (esculturas de resina de epoxi marrón. 2014). Imagen cortesía de la Galería Juan Silió.

Estos niños, se desenvuelven en un espacio propio, ajenos a nuestra mirada. Inspeccionan su entorno que comienzan a percibir palpando y midiendo con su cuerpo para dotarlo de sentido. Nosotros, nos convertimos temporalmente en antropólogos que observan desde afuera las evoluciones e interacciones entre ellos. Por esta razón permanecemos alejados, asumiendo un punto de vista objetivo. Un salto hacia nuestro pasado orgánico, individual y colectivo en un intento de interpretar el presente y el pasado y de esta manera proyectar en el devenir de la especie.

José Cobo, “El Espectador” (esculturas de resina de epoxi marrón. 2014). Imagen cortesía de la Galería Juan Silió.

José Cobo, “El Espectador” (esculturas de resina de epoxi marrón. 2014). Imagen cortesía de la Galería Juan Silió.

Los monos de apariencia real miran a un espejo que cubre parte de la pared. Su mirada rebota en el espejo en un ángulo que intenta captar nuestra mirada. Los ojos de estos monos son muy realistas por lo que se perciben como ojos vivos, como parte de un cuerpo que siente y percibe como el nuestro. El espacio de exposición, por medio del espejo se integra en la obra, así como nuestro propio reflejo. El tamaño de los monos es parecido al de los niños. En ambos casos los espectadores podemos dominar la imagen o la acción desde arriba.

En la proyección de video de la obra “El espectador”, cada cierto número de pixeles corresponde con un número de 2 cifras. El color de los fragmentos de la imagen es la resultante de la suma del color de cada 2 números más el fondo que abarcan. A medida que el video evoluciona los números van rotando y variando el color de la imagen. La sombra del niño se proyecta en la pared muy ampliada, más grande que el espectador y los números en continuo movimiento. Esta obra hace referencia a la cosmología pitagórica en la cual la realidad del universo estaba basada en un orden matemático. Ciertamente la información, al menos en el mundo virtual y las imágenes digitales están codificadas en números. Esta instalación prolonga la obra anterior del artista titulada «Alegoría de la caverna» sobre el mundo ideal propuesto por Platón.

José Cobo, “El Espectador” (esculturas de resina de epoxi marrón. 2014). Imagen cortesía de la Galería Juan Silió.

José Cobo, “El Espectador” (esculturas de resina de epoxi marrón. 2014). Imagen cortesía de la Galería Juan Silió.

José Cobo Calderón nació en Santander el 29 de julio de 1958. Se graduó en The School of the Art Institute of Chicago en 1985, con el título de Master de Escultura. Posteriormente, en 1995, obtuvo el Certificado en Historia del Arte y Crítica. Cursó estudios de pintura al fresco y talla de piedra en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Desde 1994 y hasta 1997 impartió clases en el Chicago Art Institute.
En su andadura profesional, de más de 25 años, José Cobo ha participado en numerosas exposiciones, tanto individuales como colectivas. Ha expuesto en ciudades como Colonia o Berlín (Alemania) y destacada su presencia en Estados Unidos en ciudades como Miami, Nueva York y Chicago, donde expone regularmente. Ha participado en ferias internacionales como ARCOmadrid, MACO, PULSE Nueva York, Art Chicago o Art Miami y su obra se encuentra presente en importantes colecciones públicas y privadas.
Además, ha realizado intervenciones en espacios públicos, como el “Monumento al incendio y Reconstrucción de 1941”, los “Dos Toros” de la puerta de la Plaza de Vista Alegre en Madrid y “Los raqueros” del paseo marítimo de Santander.

José Cobo, “El Espectador” (esculturas de resina de epoxi marrón. 2014). Imagen cortesía de la Galería Juan Silió.

José Cobo, “El Espectador” (esculturas de resina de epoxi marrón. 2014). Imagen cortesía de la Galería Juan Silió.

93 miradas de frente: ¡eso sí es dar la cara!

Desaparecidos, de Gervasio Sánchez

Museu Valencià d’Etnologia

C / Corona, 36. Valencia

Hasta el 13 de octubre

Cuando los dirigentes políticos y militares toman decisiones enfebrecidos, pero al mismo tiempo hieráticos, por el ambiente caldeado de la guerra, suelen atender a intereses que excluyen la vida humana. Lo mismo vale para la guerra de guerrillas, el terrorismo o la famosa lucha armada. Queda excluida la defensa legítima ante la violencia del tirano. En todos esos casos, las víctimas lo son a título de inventario, tras haber sido objeto excusable de las más variadas felonías. El régimen nazi creó un departamento encargado de la destrucción de los judíos que se denominó Sección de Administración y Economía. No hay personas muertas, sino bajas y, lo que es todavía peor, desaparecidos.

Imagen del video de Gervasio Sánchez y Marta Palacín, en la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d'Etnologia

Imagen del video de Gervasio Sánchez y Marta Palacín, en la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d’Etnologia

Por eso es tan singular el trabajo del fotoperiodista Gervasio Sánchez: porque le pone rostro a las cifras y, en el caso que nos ocupa, le pone rostro al colmo de la ignominia: los desaparecidos durante el combate. De las casi 200 fotografías y dos videos que ocupan el Museu Valencià d’Etnologia, entre primeros planos e imágenes que recogen restos humanos, exhumaciones o ceremonias funerarias, destacan los 93 rostros que, mirándonos de frente, muestran a su vez fotografías de seres queridos desaparecidos. Ese casi centenar de miradas frontales debería bastar para darle la razón a Freud: el primer enemigo de la civilización es el propio individuo animado por su primitiva tendencia destructiva.

Imagen de Gervasio Sánchez, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d'Etnologia

Imagen de Gervasio Sánchez, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d’Etnologia

Con ser mucho el dolor que muestran esos rostros, perplejos por el olvido con que la sociedad barre ese pasado de violencia, Gervasio Sánchez llega a una triste conclusión: “Mi trabajo apenas describe una parte ínfima del drama de los desaparecidos”. Y concluye: “Es poco menos que una lágrima en un gran río de silencio, desesperación y dignidad”. Para que ese río vaya a parar al más extenso mar, es necesaria la complicidad de mucha gente, expresada en ese silencio, aludido por Gervasio Sánchez, y que Albert Einstein explicó más o menos en estos términos: el peligro de la vida no está sólo en todos esos seres dispuestos a ejercer el mal, sino en todos los que se sentaron a ver lo que pasaba.

Imagen del video de Gervasio Sánchez y Marta Palacín, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d'Etnologia

Imagen del video de Gervasio Sánchez y Marta Palacín, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d’Etnologia

Gervasio Sánchez, con su exposición titulada precisamente Desaparecidos, no es de los que se sientan, sino de los que tratan de revelar la dignidad de todas esas personas desesperadas por el olvido hacia sus personas queridas, y durante tanto tiempo invisibles. Personas desaparecidas en Guatemala, Colombia, Perú, Argentina, El Salvador, Chile, Bosnia-Herzegovina, Camboya, Irak y, por supuesto, España. Y en este punto, Gervasio Sánchez se hace la siguiente pregunta: “¿Por qué son más valientes los guatemaltecos, los iraquíes o los bosnios que los españoles? Sus guerras fueron tan brutales como la nuestra. Sus transiciones tan complejas como la nuestra. Sus políticos tan viciados por el olvido y la comodidad como los nuestros. Pero ellos han avanzado y nosotros seguimos empantanados”.

Desaparecidos, más que una lágrima, aporta los rostros ajados de personas que ya han derramado, no una, sino cientos de lágrimas. Y ahí están, de pie, sosteniendo con dignidad las fotografías que recuerdan hasta dónde puede llegar la crueldad humana. Hipnotizados por las imágenes más placenteras de la sociedad de consumo, y completamente de espaldas a lo real de la existencia, parecemos inmunes al dolor ajeno, que no sea el amable y amortiguador acto caritativo. Conviene saber lo que Gervasio Sánchez muestra directamente y, sin embargo, desprovisto de espectacularidad morbosa: que basta escarbar un poco, para mostrar nuestras vergüenzas. En este caso, alrededor de 200. Imágenes que, además de provocar sonrojo, muestran igualmente el lado heroico de quienes las dignifican con su insistente presencia. Eso sí que es dar la cara. 

Detalle de una de las imágenes de Gervasio Sánchez, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d'Etnologia

Detalle de una de las imágenes de Gervasio Sánchez, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d’Etnologia

Salva Torres