Sótano de excelsos: Ángel Vázquez

‘La vida perra. Ángel Vázquez y el Tánger Internacional’
Pablo Macías y Soledad Villalba
60 minutos
España, 2019

“Un hombre es la imagen de una ciudad
y una ciudad las vísceras puestas al revés de un hombre”
(‘Tiempo de silencio’, Luis Martín-Santos)

Bajo la tórrida arquitectura del Magreb se alza un territorio cronológico henchido de históricos acontecimientos de la geopolítica internacional, lubricado por el perfumado oropel de las mandarinas literarias: la nocturnidad tangerina y el fascinante desorden de hambre y smoking, velos y lenocinio, marineros y contrabandistas, falsarios, impostores y beat generation, combinados espirituosos y admoniciones espirituales, cuyos oleosos vestigios se concitan, como una densa canícula de sempiterno estío, al otro lado del Estrecho.

En aquella dilatada Zona Internacional de Tánger – bajo el protectorado de países como Francia, España, Portugal, Países Bajos y Bélgica, de 1923 a 1956– se congregaban soldados de las fuerzas aliadas, gerifaltes del ejército nazi y espías de ambos bandos; urbe revelada en refugio y lupanar para gánsteres, estraperlistas, exiliados, escritores, homosexuales, canallas y un nutrido y heterogéneo grupo de inclasificables y heterodoxos de diverso orden. “Caracola que va recogiendo los peores ruidos del mundo” (Ángel Vázquez).

En este fecundo, onírico e irrepetible dominio tingitano es alumbrado –prematuro, achampañado y ungido por una maldición judío sefardí– Antonio Vázquez Molina (Ángel Vázquez para el oficio literario), y así lo narra el fúlgido relato polifónico y documental ‘La vida perra. Ángel Vázquez y el Tánger Internacional’, de Pablo Macías y Soledad Villalba, recientemente estrenado en el XVI Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT).

Macías y Villalba recuperan, de este modo, la postergada y pulverulenta figura del malogrado e inaudito escritor Ángel Vázquez (Tánger, 1929 – Madrid, 1980), quien conoció los efímeros oropeles del orbe literario peninsular –premio Planeta en 1962 por ‘Se enciende y se apaga una luz’– y legó para la posteridad –el “milagro literario” (Javier Valenzuela), el “libro obligatorio” (Alberto Gómez Font), ”la vida derrotada de una mujer que vive en un paraíso” (Jesús Nieto)– una de las obras cumbre (tan omitida como excelsa) de la literatura española del siglo XX: ‘La vida perra de Juanita Narboni’ (Planeta, 1976).

Emulando el raquis morfológico de Juanita Narboni, ‘La vida perra’ transita durante dos partes y seis capítulos –’El mito de Tánger’, ‘Mariquita la sombrerera’, ‘Antoñito’, ‘Emilio y los anglosaxons’, ‘Se enciende y se apaga la luz’ y ‘Juanita’– por la apocada y dipsómana biografía tangerina y madrileña del autor, de la mano testimonial de afectos y conocidos, investigadores, artistas, cineastas, escritores y periodistas de aquel o este lado del Estrecho, consanguíneos por motivos personales, diletantes o profesionales con el autor, como son: Sharon E. Smith, Javier Valenzuela, Alberto Gómez Font, Jose Ramón Da Cruz, Rocío Rojas-Marcos, Alfonso Fuentes, Farida Benlyazid, Rachel Muyal, Randa Jebrouni, Sonia García Soubriet, Ignacio Gómez de Liaño, Ibírico, Luis Antonio de Villena, Alberto Pimienta, Domingo del Pino, Lydia Sanz de Soto, Paco Cumpián y Jesús Nieto.

Fotograma del documental ‘La vida perra. Ángel Vázquez y el Tánger Internacional’. Fotografía cortesía de Pablo Macías y Soledad Villalba.

Entre los acordes de la canción ‘El día que nací yo’ (“¿Por qué me llevas por este calvario llenito de cruces?”), interpretada por la reina del cuplé, el tango, la copla y la vidalita, Imperio Argentina –que principia y reporta epílogo al documental–, amanecen al unísono el Tánger Internacional –“refugio de traidores” (Jean Genet), como apunta Valenzuela; “Torre de Babel de concordia”, verifica Rachel Muyal; “una deliciosa mentira”, acostumbraba a sentenciar el acendrado e imprescindible “polinizador de la cultura” (Farida Benlyazid) Emilio Sanz de Soto– y las reminiscencias infantes del relato alcahueto en haquetía –dialecto judío sefardí del norte de Marruecos, tan preciado y presente en Juanita Narbori–, entre chambergos, monteras, pamelas y canotieres, de Mariquita Molina la Sombrerera –madre omnipresente del escritor, frente a la ebria y violenta ausencia del padre– y sus clientas. Orbe cosmopolita y ciénaga particular de un cohibido, autodidacta y desnortado Antonio Vázquez, quien sortea la mácula sempiterna de los oficios perecederos y se bebe el pecunio de los franqueos en los cafés, etílicos y diurnos, del Zoco Chico o la tinta de su “castellano hermoso” (Sonia García Soubriet) en la redacción del diario España.

Antoñito se transmuta para la literatura en Ángel, huyendo, así, de la referencia homónima del torero sevillano Antonio Vázquez Garcés –“la única vez que le he visto reir”, apostilla Luis Antonio de Villena, al interrogarle por el motivo de este exiguo seudónimo– y uno advierte que planea, a partir de entonces, la ubicua sombra tangerina y capital del referido y opíparo Emilio Sanz de Soto, quien sumerge al escritor en los fértiles sótanos del marjal intelectual tingitano y las ulteriores madrugadas del proverbial y fructuoso pub madrileño Oliver, paseando, así, su precaria longitud focal y el sempiterno overol de oficinista –ajeno al “show off tangerino de las apariencias” (Alfonso Fuentes)– de la Rue d’Italie, junto al Gran Zoco, y los preclaros influjos biográficos y literarios de Jane Bowles, a la “mansión de Drácula” de Atocha 98 de Madrid –tras una sucinta y censal estancia en el Jubrique familiar y malagueño–, donde habría de recalar tras el fallecimiento hepático y miserable de abuela y madre, huérfano ya de las primeras referencias y ante un horizonte decadente de la ciudad portuaria que le hubo amamantado.

Y habrá de ser el Madrid ulterior a Juanita Narboni el que se convierta en sepultura última para este escritor “fuera de nómina”, camposanto en el que incinerar sus postreros e inéditos relatos, feudo nocturno de homoeróticas lujurias incógnitas y existencias al margen.

Si Emilio Sanz de Soto dejó escrito en su obituario sobre Ángel Vázquez para El País, el 12 de marzo de 1980, que “El poeta surrealista y erudito en arte, el norteamericano Edouard Roditi, escribió en World Literature Today: ‘A esta novela, estoy convencido, le llegará su hora’” –en relación a ‘La vida perra de Juanita Narboni’–, uno se aventura a concluir que al hijo de la Sombrerera le ha llegado la suya, tras lustros de periferia y olvido, merced al mirífico trabajo de Pablo Macías y Soledad Villalba. Deba ser ‘La vida perra. Ángel Vázquez y el Tánger Internacional’ testamento y referencia audiovisual ineludible del último réprobo de la literatura española.

Fotograma del documental en el que figura una instantánea del escritor Ángel Vázquez. Fotografía cortesía de Pablo Macías y Soledad Villalba.

Jose Ramón Alarcón.

Malditismo literario en el XVI FCAT

Estado

XVI Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT)
Del 25 de abril al 4 de mayo de 2019

La 16 edición del Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger, que se celebrará entre el 25 de abril y el 4 de mayo de 2019, tendrá 29 estrenos cinematográficos, uno de ellos mundial. Se trata del documental ‘La vida perra (Ángel Vázquez y el Tánger internacional)’, de Pablo Macías y Soledad Villalba, sobre la figura de este escritor tangerino, autor de la novela, ‘La vida perra de Juanita Narboni’, considerada una de las mejores novelas, entre las malditas, del siglo XX en España.

¿Quién fue Ángel Vázquez? ‘La vida perra’ retrata la figura de Ángel Vázquez y el espacio en el que se desarrollaba su obra, aquel estimulante refugio que fue el Tánger internacional. Este estreno se incluye en la sección paralela ‘Miradas españolas’, entre cuyas películas de producción hispana que miran al continente africano se encuentran las ficciones ‘4 latas’, de Gerardo Olivares; ‘Idrissa, crónica de una muerte cualquiera’, de Xapo Ortega y Xavier Artigas. Los cortometrajes ‘Al’Amar’ (Nata Moreno) y ‘Foreigner’ (Carlos Violadé), además de los documentales ‘Owino’ (Javier Marín, Yusuf Razzaque) y ‘El naufragio, 30 años de memoria sumergida’, realizado por la Diputación de Cádiz, con guión de Nicolás Castellano, sobre los primeros muertos en la orillas del Estrecho y la evolución del discurso periodístico en torno este tema.

Afroscope

Esta sección clásica del FCAT, que ofrece cada año una elección panorámica de películas africanas o internacionales acerca de las realidades africanas contemporáneas, incluye en esta edición cuatro filmes –dos ficciones, un documental y una cinta de animación–. La portuguesa-caboverdiana-brasileña ‘Djon África’, de Filipa Reis y João Miller Guerra, gira en torno a un joven que busca a su padre; por su parte, la keniana ‘Rafiki’, (Wanuri Kahiu) aborda el amor lésbico en una sociedad conservadora.
La completan el documental ‘Winnie’ (Pascale Lamche), premiado en Sundance y que enfoca la figura de Winnie Mandela y el filme de animación, coproducción española, ‘Un día más con vida’ (Damian Nenow y Raúl de la Fuente), que narra a modo de crónica periodística cómo la guerra de Angola cambió a Ryszard Kapuscinski.

Cartel del XVI Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT)

Ghana en cuatro actos

Esta sección rinde homenaje a la contribución de Ghana al cine a través de cuatro películas significativas e importantes, comenzando por la divertida comedia ‘Heritage Africa’, del veterano Kwaw Ansah. Galardonada con el Etalon de Yennenga en Fespaco en 1985, la obra retrata el desasosiego de Quincy Bosomfield’s en los albores de la independencia del país.

‘Una tortuosa historia’ es un relato apasionante que pone en escena a dos jóvenes desempleados que exploran el mundo que les rodea. La comedia ‘Keteke’ de Peter Sedufia, premiada en varias ocasiones, y ‘El entierro de Kojo’, de Samuel «Blitz» Bazawule, de una deliciosa poesía visual, son dos de las películas más recientes de la producción ghanesa que han cautivado allá por donde ha pasado.

Homenajes

La 16 edición del FCAT estará dedicada a dos de los cineastas que nos han dejado recientemente. La libanesa Jocelyne Saab, de quien se proyectará ‘Dunia’, que enfrenta el pensamiento sufí y el amor a la tradición egipcia; y el cineasta mauritano Med Hondo, uno de los realizadores históricos del continente, al que el festival rendirá homenaje con la proyección de ‘Soleil Ô’, rodada en cuatro años con un presupuesto muy reducido, que cuenta la historia de un inmigrante negro que va a París, al país de “sus antepasados los galos”.



MAKMA