Ver visiones: la corrupción y el fraude

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

El Roto (Galería Alba Cabrera) / Hugo Martínez-Tormo (Galería Kessler-Battaglia)
CIS: La corrupción y el fraude

Vista de sala con obras de El Roto en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

Vista de sala con obras de El Roto en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

Los resultados del estudio realizado por el CIS del barómetro del mes de abril de 2014 muestran como la corrupción y el fraude se han convertido en la segunda cuestión que más nos preocupa, tan solo el paro queda por encima ¿Qué ha cambiado para que a finales del 2007 esta cuestión preocupa­ra al 0,4% de los encuestados y en el último barómetro al 44,5%? La verdad es que estos años ha llo­vido mucho, han llovido casos como el Gürtel, Nóos, Bárcenas, Palma Arena, Emarsa, Brugal, EREs fraudulentos y muchos otros casos con menor repercusión relacionados con programas de actuación urbanística, recalificación de terrenos y una apretada lista de personajes de novela negra interpreta­dos por alcaldes, funcionarios, constructores y agentes urbanizadores. Sin embargo siempre que se han destapado casos de corrupción en este país hemos demostrado tener unas buenas tragaderas aceptando con gran naturalidad todo lo que nos ha caído. La única explicación que encuentro a esta vergonzosa tolerancia es que en el fondo todos hemos llegado a trampear alguna vez. No podemos negar que el pequeño fraude nos es familiar, por supuesto salvando la gran diferencia de escala y las razones para hacerlo, en algunos casos no se tiene otra opción, ya que pagar o no pagar impuestos significa comer o no comer. Pero pongamos la vista en esos otros casos que no vienen motivados por una necesidad ¿Qué es lo que realmente mueve a alguien, que ya se encuentra en una situación de privilegio, a arriesgarse a actuar de manera ilícita para conseguir más beneficio? Seguramente habrá varias motivaciones pero me temo que el origen de gran parte de ellas está en la manera en la que nuestra sociedad mide el éxito o el fracaso, atendiendo únicamente a resultados cuantificables y de­jando de lado valores y principios éticos que no resultan productivos.

Hugo Martínez-Tormo. String Vibration. Contour lines, 2014. Instalación, erosión con tinta sobre papel. 500 x 200 x 3 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler Battaglia.

Hugo Martínez-Tormo. String Vibration. Contour lines, 2014. Instalación, erosión con tinta sobre papel. 500 x 200 x 3 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler-Battaglia.

La corrupción es tan antigua que resulta imposible datar su origen, posiblemente el primer caso de corrupción documentado sea el de un funcionario en época de Ramsés IX (1.100 a.C). En la Roma clásica se dieron casos sonados, pero a diferencia de hoy en Roma pesaban más los valores y el suicidio era una salida muy recurrida entre los políticos acusados de corrupción, ya que esta vía permitía conservar el honor.1 ¿Qué pocos suicidios vemos hoy en política, verdad?

Vista de sala con obra de Hugo Martínez-Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler Battaglia.

Vista de sala con obra de Hugo Martínez-Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler-Battaglia.

Entre las obras de Hugo Martínez-Tormo (Valencia, 1979) encontramos varias representaciones de suicidios2, el hecho de que el protagonista de estas acciones sea el propio artista es algo secun­dario, no estamos ante un artista atormentado, la clave está en la autodestrucción. En todas estas obras el suicidio es doble: por un lado tenemos el autorretrato del artista quitándose la vida y por otro el registro en vídeo de la destrucción de la propia obra. La destrucción toma fuerza como idea recurrente, la destrucción del territorio, de la naturaleza y en especial del propio individuo como modelo de todo un sistema fallido. Cuando algo está tan viciado que ha dejado de funcionar, hacer tabula rasa se convierte en una necesidad. Destruir para poder empezar de cero.

Vista de sala con obra de Hugo Martínez-Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler Battaglia.

Vista de sala con obra de Hugo Martínez-Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Kessler-Battaglia.

String Vibration es el título de una serie de obras vinculadas a una teoría científica llamada “teoría del todo” o “ToE” (Theory of Everything), esta teoría busca hipótesis capaces de unificar o explicar todas las interacciones fundamentales de la naturaleza bajo una sola fórmula.3 La influencia de esta corriente se traduce al campo artístico en una voluntad de unificar disciplinas y conceptos en una misma obra. En el proceso de creación de String Vibration se establece un juego entre dimensiones en el que la obra pasa de la bidimensionalidad del dibujo y la fotografía a la tercera dimensión del volumen escultórico que resulta de la acción desarrollada por el artista. En esta serie de obras se ha seguido una metodología concreta que tiene algo de ritual y consiste en lanzar una cuerda atada en sus extremos a un bloque de papel formado por 250 hojas selladas por todos sus lados. El dibujo que resulta al dibujar la silueta de la cuerda será objeto de una repetición intensiva. El artista repite mecánicamente el mismo dibujo, siguiendo el sentido inverso a las agujas del reloj hasta agotar la tinta de varios bolígrafos y conseguir horadar el papel atravesando el bloque por completo. Esta acción que puede llevar hasta 20 horas refleja la cuarta dimensión, la del tiempo. Durante este largo proceso de varias jornadas la mente queda en blanco como en un ejercicio de meditación.

El Roto. Degradación moral. Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

El Roto. Degradación moral. Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

Andrés Rábago García (Madrid, 1947), El Roto, dice que pensar no es lo que habitualmente en­tendemos como pensar, “llamamos pensar a un movimiento mecánico de la mente, parar el pen­samiento es una forma de pensar”4. Es decir que para poder empezar a pensar hay que partir de un estado concreto en el que la mente esté preparada para pensar. Rábago utiliza la pintura como ejercicio para llevar la mente a ese estado de pensamiento no dirigido donde se trabajan las ideas que originan sus dibujos. No ve televisión desde la guerra del Golfo pero lleva años siendo uno de los mejores barómetros de la sociedad ilustrando a diario en sus viñetas los temas que preocupan a los ciudadanos. Su lenguaje es sintético y eficaz y está perfectamente adaptado al medio y al tiempo en el que publica. En sus dibujos no sobra nada, son ellos los que consiguen captar la aten­ción del lector para más tarde disparar a la conciencia los textos que acompañan a sus personajes. En las viñetas de El Roto casi siempre aparecen hombres con traje oscuro: empresarios, brokers, banqueros y políticos, son quienes encarnan los aspectos negativos de un sistema económico que hace aguas. En sus ilustraciones se sirve de la ironía para retratar realidades relacionadas con la desigualdad entre clases, el neoliberalismo o la corrupción.

El Roto. ¡Nos están desalando! Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

El Roto. ¡Nos están desalando! Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

El Roto no sería El Roto sin los textos que acompañan la mayoría de sus dibujos, me atrevería a decir que debe a sus sentencias más de la mitad de su éxito, son frases muy cuidadas al igual que las que encontramos en publicidad solo que en este caso el objetivo es el contrario, lo que busca El Roto no es que compremos sino que pensemos, su obra apela a nuestra capacidad crítica y a nuestra responsabilidad como ciudadanos, no sólo a la hora de votar, sino también en nuestras propias acciones. «La corrupción que se achaca a los que están arriba no está sólo arriba, porque no sería posible sin los de abajo (…) Tiene que haber una limpieza colectiva. Conviene que cada uno de nosotros limpie su cuadra»5.

El Roto. Broker. Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

El Roto. Broker. Tinta y rotulador sobre cartulina. 34 x 32 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Alba Cabrera.

David Arlandis

1 Perea Yébenes, Sabino. La corrupción en el mundo romano. Ed. Bravo, Gonzalo. Signifer libros.
2 Por ejemplo en: Diálogo tautológico, Diálogo entre dimensiones, When X cuts Y, Global Sepukku, Diálogo & materia, Dimensional game.
3 Colaboradores de Wikipedia. Teoría del todo [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2014. [fecha de consulta: 21 de abril del 2014]. Disponible en
http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Teor%C3%ADa_del_todo&oldid=73813301
4 Entrevista a Andrés Rábago García. La casa encendida TV. Programa nº 41, 2010.
5 Montilla, Cristóbal G. El roto irrumpe en el museo, [en línea]. Diario El Mundo, Arte, Exposición tempo­ral.14/02/2014. [fecha de consulta: 21 de abril del 2014]. Disponible en
http://www.elmundo.es/andalucia/2014/02/14/52fe730222601d35678b4588.html

 

El Roto y sus lúcidos agujeros negros

OPS, El Roto, Andrés Rábago: Un viaje de mil demonios (y un par de ángeles)
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 12 de enero

No habrá paz para los malvados. La película de Enrique Urbizu, su título, bien pudiera servir de carta de presentación de la obra de Andrés Rábago, primero OPS, luego El Roto. Sus ilustraciones o viñetas ácidas parecen ajustar cuentas con todo aquello que convierte el mundo en un lugar ruidoso, sucio, puro sumidero o agujero negro por donde se evacúa la mala bilis destilada por individuos aquejados de la fiebre del oro. Su manera de dibujar, de proclamar a los cuatro vientos las contradicciones humanas mediante frases lapidarias, al igual que su pintura extraña y misteriosa, parecen llevar dentro la marca del Zorro, de Robin Hood o el más próximo Tío de la Vara.

Viñeta de El Roto en La Nau.

Viñeta de El Roto en La Nau.

Y la tentación es inmediata: convertir a El Roto en el paladín de las causas justas. Parece un indignado al que los indignados toman por bandera; un espía que surgió del frío páramo franquista con el fin de sembrar la incertidumbre en las cerradas filas del poder. Y así sucesivamente hasta llegar al calificativo de “intelectual comprometido” que le colgó a El Roto como una medalla Antonio Muñoz Molina. En un país tan dado a la búsqueda de Cid Campeadores que nos liberen de nuestra responsabilidad individual para izar pensamientos traducidos en justa acción, allí donde bulle el más apasionado desconcierto, sujetos creativos como OPS, El Roto o Andrés Rábago están llamados a ocupar, los tres juntos y por separado, el espacio creativo que debería de ser patrimonio de muchos.

Detalle de uno de los dibujos de El Roto en La Nau.

Detalle de uno de los dibujos de El Roto en La Nau.

Por eso El Roto para en seco los caballos de quienes quieren cabalgar a lomos de sus lúcidas viñetas, entre impulsadas por miles de demonios y un par de ángeles, y advierte: “Soy un dibujante contenido; no trato de hacer exhibición de valentía, sino que lo que hago sea útil, no hiriente”. O sea, que quienes quieran ver sólo agujeros negros en sus ilustraciones (que los hay y muchos), por los que adentrarse en un goce extremo, hallarán contrariados la paciente reflexión de El Roto: “Pretendo añadir comprensión, claridad y luz en el mundo en que nos movemos”. Y remacha, por si acaso: “No pretendo ser el que castiga a los malvados”.

Viñeta de El Roto en el Centre Cultural La Nau. Imagen cortesía de la Nau de la Universitat de València.

Viñeta de El Roto en el Centre Cultural La Nau. Imagen cortesía de la Nau de la Universitat de València.

Y ahí le tienen, tan campante, llenando con sus dibujos, ilustraciones y pinturas, tres salas de La Nau de la Universitat de València, en la exposición más amplia dedicada a su obra. Felipe Hernández, comisario de la muestra, la resumió así: primero, “un viaje desde lo profundo de la mente”, que OPS tradujo en un “combate contra los rituales del franquismo”; después, “un trabajo conectado con la realidad en que vivimos”, que El Roto realizó a base de un “excelente dibujo y unas palabras precisas”, y, para rematar, “subimos una planta para meternos en un plano de conciencia superior donde se halla su pintura trascendental, el ámbito del misterio y de lo sacro”.

Una de las viñetas de El Roto en La Nau.

Una de las viñetas de El Roto en La Nau.

Alrededor de 200 obras, más una serie de publicaciones de apoyo en vitrinas, conforman esos “tres estratos temporales, desde el punto de vista histórico y mental”, subrayó El Roto, que definen el conjunto expositivo. Histórico y mental porque Andrés Rábago tiene muy claro que cuando critica algo, por muy externo y social que parezca, “también se refiere a mí mismo”. Porque los descosidos de El Roto no sólo revelan los agujeros negros de una sociedad enferma, sino los propios síntomas de la conciencia herida por dentro. Agujeros negros, mas agujeros acompañados de la lucidez que provoca la mirada atenta y profunda de los asuntos humanos.

Pintura de El Roto en la exposición de La Nau. Imagen cortesía del Centre Cultural La Nau.

Pintura de El Roto en la exposición de La Nau. Imagen cortesía del Centre Cultural La Nau.

OPS, El Roto, Rábago: Un viaje de mil demonios (y un par de ángeles), tal es el título de la exposición, ha sido producida por la Universitat de València y el Patronato Martínez Guerricabeitia, junto al Ayuntamiento de Llobregat y el Centre d’Art Tecla Sala, y permanecerá en La Nau hasta el 12 de enero. Más de tres meses para poder contemplar esa “rabiosa actualidad”, tan del gusto de unos medios de comunicación a los que El Roto critica, a través de una obra que cabalga tirada a partes iguales por demonios y ángeles: abducida por los agujeros negros de su ácida mirada, y por la esperanzada salida a la que nos convoca igualmente su lúcida reflexión.

Una de las viñetas de El Roto en el Centre Cultural La Nau. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Una de las viñetas de El Roto en el Centre Cultural La Nau. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres