El poder de la sombra de María José Moreno

Presentación libro ‘El poder de la sombra’
Editorial Versátil, María José Moreno
Librería Soriano
C/ Játiva, 15. Valencia
Jueves 12 de mayo 2016, a las 19.30h

El jueves 12 de mayo se presenta en la Librería Soriano la segunda entrega de la serie de libros ‘La Trilogía del Mal’, titulada ‘El poder de la sombra’. La autora es María José Moreno profesora de la Universidad de Córdoba que atiende a pacientes en su consulta psiquiátrica desde hace más de 30 años. Desde la ficción, María José Moreno aborda el asunto de los abusos sexuales a menores en el ámbito familiar. La tercera entrega de esta serie, ‘La fuerza de Eros’, se publica el 19 de septiembre.

Imagen del booktrailer de 'El poder de la sombra', de María José Moreno.

Imagen del booktrailer de ‘El poder de la sombra’, de María José Moreno.

Sinopsis del libro

‘El poder de la sombra’ es un thriller vertiginoso. La psicóloga Mercedes Lozano solo tiene 15 días para averiguar qué esconde la mente de Rosa María Luque, que se enfrenta a una doble acusación por asesinato y, aunque se cree inocente, tiene una defensa legal muy complicada: su ADN está en las escenas del crimen y ella no recuerda absolutamente nada.

Varios asesinatos con idéntico modus operandi señalan como sospechosa a Rosa María Luque, novia de un reputado político, famosa escultora y heredera de una familia muy conocida Córdoba. Aunque mantiene su inocencia con absoluta convicción, todas las pruebas recaen sobre ella y su hermetismo psicológico no es de gran ayuda.

¿Es cierto o fingido?¿Puede una mente aferrarse al vacío estando al borde de la cor- dura?¿Puede la mente olvidarse del ayer, vivir el hoy y no prever el mañana?

Rosa, acarrea un pasado bastante turbulento y lleno de mentiras e incógnitas. Su mente es un puzle incompleto, desordenado y al que faltan fragmentos de suma importancia. Tan solo recuerda tres palabras que aparentemente no tienen ningún sentido entre sí.

Su amnesia, su angustia y su inestabilidad emocional complican su defensa en el in- minente juicio por lo que su abogado defensor, Felipe Castilla, contrata los servicios de Mercedes Lozano, psicoterapeuta interpersonal, y Miguel Vergara, psiquiatra, con la intención de demostrar la inocencia de su cliente o su falta de cordura. Ante ellos se presenta la difícil tarea de reconstruir su pasado, para entender el presente y solventar el futuro de Rosa.

Portada del libro 'El poder de la sombra'. Imagen cortesía de la organización.

Portada del libro ‘El poder de la sombra’. Imagen cortesía de la organización.

Chiharu Shiota: tejido telúrico

State of being. Kimono dress, 2012
Obra invitada de Chiharu Shiota
Patrocinio de la Fundación Banco Santander y colaboración de la Galería Nieves Fernández de Madrid
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 13 de octubre, 2014

Con manos de parca, como esas diosas del destino que tejen el hilo de la vida desde el nacimiento hasta la muerte, Chiharu Shiota (Osaka, 1972), trenza con hilos de lana negra finos encajes de tela envolviendo, velando, haciendo inaccesibles, objetos personales (en algunos casos rotos o quemados) como zapatos, máquinas de coser, camas, maletas, escaleras o vestidos, trazando con ellos la huella de experiencias tan vitales como viajar, caminar, soñar o vestir.

Detalle de 'State of being. Kimono dress', de Chiaru Shiota, pieza invitada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Fotografía: Pilar Torres.

Detalle de ‘State of being. Kimono dress’, de Chiharu Shiota, pieza invitada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Fotografía: Pilar Torres.

En el caso de la nueva obra invitada que el Museo de Bellas Artes de Bilbao muestra estos días hasta octubre, se trata de un kimono floreado rojo que la artista japonesa envuelve en una hipnótica maraña de lana que encoge y raya la luz en un espacio claustrofóbico y onírico. La titula “State of being, kimono dress” (Condición de existencia, vestido kimono) (metal, kimono e hilo negro. 260 x 180 x 80 cm), una pieza de 2012 que la pinacoteca bilbaína presenta como contraste contemporáneo a su interesante exposición de arte japonés.

No se puede saber dónde empieza ni dónde termina la seda de araña que teje. Antes del primer nudo, lo desconocido, como también lo desconocido después de ese hilo final. Y sin embargo, en medio de esos dos puntos de misterio, de inexistencia o existencia inmaterial atrapada en la trama del tiempo, algo existe…

'State of being. Kimono dress', de Chiaru Shiota, pieza invitada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

‘State of being. Kimono dress’, de Chiharu Shiota, pieza invitada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

La misma ecuación que alguien pensó hace más de dos mil años: si antes de nacer no era, y si después de muerto no seré, ¿qué soy ahora?

Lo que hay ahí es un kimono rojo que gente desconocida vistió una vez. La propia artista dice: “Utilizo vestidos porque para mí son la segunda piel humana. En este caso empleo un kimono tradicional japonés que encontré en Osaka. Es de seda y pertenece a la clase hōmongi (un traje de visitas, popular como traje semiformal desde hace siglos, que se viste en bodas, nacimientos o ceremonias del té). Los kimonos de las bodas sólo pueden utilizarse una vez, pero los hōmongi pueden emplearse en más ocasiones y siempre en celebraciones alegres. Lo cual significa que este kimono ha experimentado muchos momentos felices. Sus dueños lo utilizaron para eso y ahora comparte con nosotros algunas de esas hermosas vivencias. Realicé esta pieza pensando e imaginando estos recuerdos, que quedaron dentro abrazados entre las trazas de la lana y la seda”.

Detalle de la obra 'State of being. Kimono dress', de Chiaru Chiato, pieza invitada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Detalle de la obra ‘State of being. Kimono dress’, de Chiharu Chiato, pieza invitada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Lo que se muestra es pues un vestido que es al mismo tiempo el espectro que aparece cuando el cuerpo se duerme o muere, hecho de jirones de memoria, retales de experiencias, deseos quizá todavía intactos, sueños que se materializan aún y se resisten a borrarse. Un espectro hecho de memoria y también de amnesia, detenido o suspendido en esa trama de espacio-tiempo de una vida real que el espectador siente con cierto suspense agobiante como una pérdida, con melancolía y fascinación.

Obra de Chiaru Shiota, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Fotografía: Pilar Torres.

Obra de Chiharu Shiota, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Fotografía: Pilar Torres.

Iñaki Torres

Donde habita el olvido

No es cierto que el poder corrompa. El poder, sencillamente, produce amnesia. Del mismo modo que la melancolía, hoy tipificada como depresión, fue una enfermedad corriente a  finales del siglo XIX, la no menos dañina amnesia política, o el olvido sistemático del que ciertos políticos hacen gala  será, con seguridad, una de las patologías características de finales del siglo XX y comienzos de éste. Un olvido selectivo y una falta de pigmentación sanguínea, que impide el rubor en situaciones vergonzantes, en las que un ciudadano normal parecería un crustáceo cocido, son los síntomas más evidentes de esta dolencia. Bajo esta óptica, por tanto, podemos comprender no solamente el sistemático incumplimiento de programas electorales por parte de los dos partidos que se alternan en el poder, sino las recientes declaraciones de Felipe Garín, director del Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana, el pasado 24 de junio en este mismo medio, las cuales son el motivo por el que se escribe este artículo.

Pero vayamos por partes. Sería terriblemente indecoroso señalar con un dedo acusatorio a cualquier persona cuyas acciones, palabras o sentimientos son producto de una enfermedad. Por no mencionar que olvidos, sean pequeños o grandes, tenemos todos: ¿quién no se ha visto nunca en la situación de apelar al donde dije digo, digo Diego? Sin embargo, lo que sí se puede hacer es argumentar y razonar, lo cual, si el sentido común imperara en las instituciones culturales  valencianas, tendría que ser la constante dentro del marco de una democracia plena y saludable, pero como ya se ha dicho en alguna otra ocasión recientemente, tenemos la cultura que tenemos (sic), y punto. Y si dicen las malas lenguas que falta comunicación entre las instituciones valencianas y los profesionales del sector del arte, habrá que hacer oídos sordos porque en realidad no hace falta, y es que ya hay una comisión científico-técnica que lo resuelve todo. Para mí, particularmente, el mero hecho de calificar de científica a una comisión encargada de dar el visto bueno a las exposiciones del Consorcio podría aparecer en una antología del dislate, pero nos estamos desviando del tema. El tema es que a estas alturas la comisión científico-técnica todavía no le ha explicado a don Felipe Garín cual es la diferencia entre pagar la producción de una pieza y ponerle un marco, y de que no hay argumento científico que sostenga que el único profesional que no debe cobrar por trabajar en un proyecto expositivo es el artista, como de hecho sucede, de modo que al parecer no sólo no hay comunicación entre el Consorcio y los profesionales del arte, sino que ni tan siquiera hay comunicación entre los propios integrantes de tan magna institución. A ver si un día de estos le explican que en la producción van incluidos todo tipo de gastos, honorarios del artista incluidos.

Porque el artista, y este es otro tema, no es exactamente un trabajador (sic). Al artista las obras le crecen en el estudio por generación espontánea. No son fruto de años de estudio y dedicación, las más de las veces pasando por la Universidad, y el alquiler del taller, los materiales frecuentemente costosos y las horas de trabajo físico y mental son pequeñas bagatelas que corren a cuenta de esa tía ricachona que cualquier artista que se precie tiene a la vuelta de la esquina, encantada de resucitar la antigua costumbre del mecenazgo. De modo que si cede para una exposición alguna de esas obrillas de poca monta que nada le han costado de realizar, pues que no se le suba el ego a la parra que todavía no ha llegado a la categoría de pintor normal. Los cuales habrá que suponer que son los que pintan las paredes de blanco, es decir, los auténticos profesionales.

Esto viene a cuento de que todavía recuerdo la alegría, no exenta de cierto escepticismo, con la que Nacho París, el anterior presidente de AVVAC, tras una reunión con Felipe Garín hará ya más de año y medio, nos transmitió a algunas personas la firme convicción que había mostrado el director del Consorcio respecto a la obvia obligación moral del pago a los artistas en las exposiciones, ejemplificando que a él mismo, tras dar una conferencia, le habían pagado con un libro, a lo que él se había preguntado dónde estaba el libro para pagar al electricista que fuera a su casa. Pero ya se sabe la epidemia que está asolando la política, haciendo estragos en los más inopinados recuerdos de nuestros dirigentes. Algunos de ellos olvidan incluso que su labor consiste en servir a la ciudadanía, y hay que recordarles que la tarea principal del Consorcio de Museos consiste en promover una política museística sostenible y de calidad, que para eso cuentan con un presupuesto de más de dos millones de euros, como se dijo en una rueda de prensa a principios de año. Por tanto, sostenible significa que apoyan y enriquecen el tejido cultural de la región, pagando a los profesionales por su trabajo y ofreciendo una programación expositiva de calidad, que es la única forma de que ese dinero público, de todos los ciudadanos, revierta en la sociedad.  Puesto que si priorizan la financiación privada de las exposiciones y no pagan a los artistas, la gran pregunta que a todos nos gustaría que nos respondieran es a qué pesebres van a parar tantos dineros, y en qué medida ese reparto beneficia a nuestra sociedad. Puesto que con unos presupuestos tan jugosos, y unos resultados tan magros, resulta como mínimo chocante la comparativa con el EACC de Castellón, el cual ha mantenido una política expositiva con unos estándares de calidad muy superiores a la del Consorcio, con una quinta parte de ese dinero y pagando a los artistas, por supuesto. Por no hablar de las maravillas que harían con ese mismo dinero al norte de los Pirineos.

Por otro lado, tengo que aclarar que jamás he puesto en duda la caballerosidad y gentileza, de la que puedo dar fe, de don Felipe Garín: con lo que tengo problemas es con su memoria. Es por eso que creo oportuno repetir, una vez más,  este tema hace tiempo superado, y es que el hecho de que los artistas cobren por su trabajo ya no es un tema de debate. Trabajar y no cobrar tiene un nombre, y es algo que, tras la Revolución francesa y la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, se abolió, en Francia, en 1794, y no hay mucho más que decir al respecto. Quizás tan sólo haya que recordarlo.

Ernesto Casero es artista y miembro de la junta directiva de AVVAC